La perturbadora inocencia de Agente Morillas

Ecosistemas invisibles, de Agente Morillas
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 30 de abril de 2016

Las criaturas que habitan la obra de la artista malagueña Agente Morillas no proceden del reino animal ni vegetal, sino del mundo de las ensoñaciones y la fantasía. Seres singulares que transmiten una inquietante sensación de candidez terrorífica, de perturbadora inocencia y remiten a los universos de Murakami o Miyazaki. Una muestra de su última obra, ‘Ecosistemas invisibles’, se puede disfrutar en la galería Pepita Lumier a lo largo de este mes. Son una treintena de dibujos de distinto formato y una veintena de esculturas de cerámica que reflexionan en torno a la naturaleza, no como modelo u objeto de representación, sino como punto de partida para cruzar el umbral de la realidad e indagar en el otro lado.

“Este conjunto de obras surge del interés que me inspira la naturaleza, que ha ido evolucionando y desarrollándose de manera progresiva”, dice Morillas. “En primer lugar mediante la observación directa en las salidas al campo que hacía de niña con mi familia, posteriormente, tras una colaboración con el Museo de Historia Natural de Londres”.

Esta experiencia le dio la posibilidad de comparar el presente con el pasado, las especies vivas y las extintas. “Me ha llevado a admirar la belleza de la vida y de la evolución y a avivar el interés científico que siempre he tenido. El contacto con lo real y lo empírico me ha hecho plantearme cuestiones sobre el camino evolutivo del mundo y la naturaleza, así como orientar la mirada hacia pensadores y naturalistas que han estudiado el tema, sobre todo Darwin”.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Amor por la naturaleza

El leiv motiv de esta exposición parte de una idea de este científico. La especie más fuerte no es la que sobrevive o es más inteligente, sino la que mejor se adaptaba al cambio. “A partir de este principio he creado pequeños emplazamientos naturales habitados por determinadas especies de flora y fauna ficticias, que conviven y comparten un mismo espacio sin necesariamente por ello interactuar”, explica la artista.

“Son lugares perdidos a los ojos del ser humano en los que recreo ecosistemas perfectos, evolutivamente hablando, reductos inalcanzables por el hombre, que los convierte en supervivientes.  En definitiva, trato de transmitir  el sentimiento que la naturaleza despierta en mí y la admiración que me inspira como un ente bello en formas y colores,  inexplicablemente perfecto, inquietante y siniestro, misterioso y mágico a partes iguales. Algo salvaje, con sus propias normas y leyes, y que es por ello la fuente creadora y cambiante de la que emana toda la vida y en la que sucumbe el último aliento de todos los seres que la conforman. Me recreo en todas sus cualidades para imaginar un mundo maduro, sano y bondadoso que rezuma esplendor y que evoluciona de forma muy distinta a cuando el ser humano está comprendido dentro de sus inmediaciones”.

Así, la artista ha creado una serie de piezas con autonomía propia que funcionan de manera independiente y que pueden fusionarse y dialogar con otras creaciones para formar piezas mayores con sentido más complejo y una lectura más amplia, como funcionarían las distintas piezas de un ecosistema, tanto animales como vegetales en un hábitat determinado.

Obras de Agente Morillas en Pepita Lumier. Fotografía de Nacho López Ortiz.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Espíritu inquieto

Su nombre auténtico es Mamen Morillas y eligió este seudónimo en homenaje a la agente Scully de Expediente X, una serie que la marcó. “Es una de las muchas fuentes que me nutren, además de libros ilustrados, multitud de películas y programas míticos de la tele, desde los Pitufos o las Tortugas ninjas a Planeta imaginario o La Bola de cristal”.

Al acabar los estudios secundarios, con 19 años, y sin una idea muy definida sobre lo que quería ser, se marchó a Oxford a estudiar inglés. En 2001, ya con su vocación clara, se instaló en Barcelona, donde estudió ilustración en la Escola Massana. En su segundo año ganó un premio convocado por La Vanguardia y La Generalitat y comenzó a publicar las portadas del suplemento Mes Jove de dicho periódico. Agente Morillo es uno de los referentes de la ilustración española en moda, humor gráfico, pintura en directo y mural. Desde 2005 ha expuesto sus trabajos tanto en solitario como en grupo.

Entre su clientes se encuentran: Amnistía Internacional, Primavera Sound, Advance Music, Sónar Kids, Converse, Ajuntament de Barcelona, Club Q Zurich, Hydroponic, Apolo Club, Bibian Blue, Pepa Karnero, etcétera. Forma parte del profesorado de BAU (Escuela Superior de Diseño de Barcelona). Ha residido en París y en Londres, y esta primavera volverá a su ciudad natal, Málaga, con una beca de La Térmica.

“Mi trabajo es bastante narrativo, gira en torno a un universo de personajes y simbología que he creado, en los que me apoyo para contar historias y cuentos”, señala. “Mis personajes son un tanto naïf y fantásticos, muchas veces sombríos, casi siempre infantiles. Es un trabajo en parte autobiográfico y personal, en el que hablo de las cosas que me preocupan o me inquietan, sobre todo de los sentimientos y la naturaleza de los seres que habitan el mundo, desde un punto de vista un poco naïf”.

En cuanto a su estilo,  es bastante gráfico, de trazos y formas limpias, con predominio de colores pasteles, rosas y negros, sobre los fondos de los soportes que utiliza, aunque cada vez experimenta más con las disciplinas y el lenguaje. “Dibujo, pintura, escultura, pintura mural, pasando del grafito a los acrílicos, la arcilla o la madera. Hace cuatro años hice un curso de modelado en Londres y descubrí que me encanta dar volumen a mis personajes”, comenta.

En su obra, según ella misma confiesa,  se percibe el influjo de una larga lista de autores: Alphonse Mucha, Edward Gorey, Anette Messeger, Keith Haring, Mark Ryden, Goya, Yoshimoto Nara, Gary Baseman, Win Delvoye, Joana Vasconcelos, Camille Rose García, Elizabeth McGrath, Laurie Lipton, Marion Peck… Influencias que se reflejan en personajes de grandes y misteriosos ojos que a veces se esconden tras grandes flequillos.

Obras de Agente Morillas en galería Pepita Lumier. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Obras de Agente Morillas en galería Pepita Lumier. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Bel Carrasco

La metamorfosis en el arte

Proyecto 3CMCV ‘Arte y Metamorfosis’
Daniel Jordán, Hugo Martínez-Tormo y Alejandra de la Torre
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 7 de febrero

El Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana presenta la exposición de la tercera edición del Proyecto 3 CMCV ‘Arte y Metamorfosis’ que se podrá ver en el Centro del Carmen del 5 de noviembre al 7 de febrero. En ella los artistas Daniel Jordán, Hugo Martínez-Tormo y Alejandra de la Torre presentan tres propuestas multidisciplinares que reflexionan sobre la idea de la transformación de la obra de arte y del propio artista.

Se trata de la tercera convocatoria del programa Proyecto 3 CMCV que publica el Consorcio de Museos anualmente. En ella, se seleccionan tres proyectos expositivos dotados cada uno con una ayuda a la producción de 5.000 €. Una vez realizados, los tres proyectos conforman una exposición que itinera por las tres provincias de la Comunitat.

Clásicos del cine y de la literatura universal como La ventana indiscreta de Hitchcock, en la pasada edición, o ahora La metamorfosis de Kakfa han servido de hilo conductor en las diferentes convocatorias proponiendo temas de interesante reflexión. Temas, por otra parte, muy recurrentes en la historia del arte como es este año la idea de la transformación, el cambio, o incluso la monstruosidad rozando ya la imagen fantástica.

A partir de la novela de Franz Kafka La Metamorfosis, de la que se cumple este año su centenario, los tres artistas presentan en esta exposición una obra de gran carga simbólica trabajando en diferentes disciplinas tales como pintura, escultura, instalación audiovisual o fotografía.

Formalmente la exposición presenta una obra por cada artista que no se centra en una única pieza sino en un conjunto de ellas con el objetivo tanto de transmitir su mensaje como de conocer la personalidad artística del creador.

Instalación de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Instalación de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

En el caso de Hugo Martínez-Tormo, éste centra la mirada sobre el proceso de creación de la obra de arte mostrando cada fase de transformación de la misma, pasando de la pintura a la escultura a través del audiovisual. Su obra titulada ‘Tríptico’ consiste en una instalación audiovisual compuesta por tres fotografías, tres vídeos y tres volúmenes geométricos, que a su vez recuerdan a tres crisálidas. Formas, volúmenes y colores, todos ellos primarios, que combinándose entre sí, producen variaciones infinitas y generan todas las formas y colores posibles.

Daniel Jordán, junto a su obra. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Daniel Jordán, junto a su obra. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

En su obra ‘The Fool Show’ (instalación a partir de esculturas y pinturas), Daniel Jordán hace una interpretación de la novela basándose en su carácter autobiográfico. Jordán se identifica como artista con la pasión que sentía Kafka por la escritura. La transformación muestra la situación en la que se encuentra el creador, quien se siente un bicho raro por querer dedicarse a su pasión, la cual es entendida de forma cuanto menos sospechosa a ojos de la sociedad mercantil moderna.

Alejandra de la Torre, junto a su obra. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Alejandra de la Torre, junto a su obra. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Alejandra de la Torre en su obra ‘El estigma del Parado’ hace una crítica social de la situación del parado en España. A modo autobiográfico describe el proceso transformador del ser humano, del artista, con sus ilusiones, su formación y su proyección profesional, en un objeto, en un parásito de la sociedad, en definitiva en un bicho, con las esperanzas ya mermadas por el fracaso ante la falta de apoyo y de salida laboral.

La exposición de esta tercera edición del Proyecto 3 CMCV se expondrá en el Centro del Carmen hasta el próximo mes de febrero de 2016, cuando viajará a Castellón para mostrarse en la Sala San Miguel y posteriormente a Alicante.

Las estructuras anímicas de Rafa de Corral

Persistencia del vacío, de Rafa de Corral
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta noviembre de 2015

¿A qué vacío se refiere Rafa de Corral cuando lo alude en una de las cuatro piezas inéditas que muestra en la galería Alba Cabrera? Para responder a esta pregunta, sin duda clave en su obra, se hace necesario desprenderse de la seguridad con la que habitualmente nos manejamos. Porque al hacerlo, descubrimos precisamente el lugar hacia el que los artistas (y Rafa de Corral lo es en alto grado) nos convocan. Lugar que no es otro que ese vacío aludido, en torno al cual los creadores van generando formas que hagan soportable la angustia de quien se arriesga a vivir próximo al caos.

Estructura ambigua, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Estructura ambigua, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Por eso Rafa de Corral combina en su obra estructuras pesadas que parecen unas veces flotar y otras alejarse de su condición sólida para evocar tumultuosos estados de ánimo. La firmeza y la fragilidad van dialogando en su obra, mostrando la tensión de la vida bajo múltiples formas. Todo empieza así: “Tengo sensaciones, veo formas y colores y los dibujo”, dice el artista. Diríase que del fondo oscuro, ése que algunas noches de infancia llegó a provocar la angustia de la que se nutre el vacío, van surgiendo esas formas y colores que, a base de inspiración y mucha transpiración, permiten alcanzar la plétora del sentido.

Rafa de Corral confiesa que a veces se pasa más de ocho horas seguidas intentando domesticar esas estructuras que parecen figuras. Porque la suya es una abstracción con los pies en el suelo, aunque sienta cómo cada vez más huye del referente. “Me impone mucho respeto la abstracción geométrica”, comenta. Esa sensación de perder pie, de alejarse por completo de la realidad, hasta caer en ese vacío que, no obstante, se muestra persistente en su obra. No sólo porque lo evoca una de sus últimas piezas (Persistencia del vacío), sino porque es su forma de trabajar.

Puerta del olvido, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Puerta del olvido, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

El vacío en la obra de Rafa de Corral se intuye en esas “estructuras con vida dentro”, según expresión del propio artista, que sin duda sirven de guía de su trabajo. Estructuras y formas que sin retorcerse, porque la línea nunca pierde su compostura, destilan una energía desbordante. Como si esas formas arquitectónicas, pesadas y firmes, perdieran precisamente su firmeza en medio de la nada. Como si la orgánica naturaleza del fondo mantuviera un pulso con esas formas próximas a derrumbarse, a pesar de su energía, de su mayestática presencia.

The Infinitive Live Ii, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

The Infinitive Live Ii, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

“Yo lo veo como estados de ánimo, siempre bajo el signo de la dualidad, entre una parte orgánica y otra parte estructural; en lucha ambas partes”. Rafa de Corral dice trabajar con muchos bocetos previos, como si él mismo luchara por contener el vacío. Esto es, por dotarlo de contenido que amortigüe la angustia del fondo magmático, y por literalmente contenerlo a base de formas que casen con esa luz propiciada por el trabajo con los colores. “Trabajo por capas: del oscuro al claro”, dice. Y añade: “Trabajo con acrílico, pero la plasticidad me lo da el óleo”.

A base de una “luz escenográfica que genera inquietud”, Rafa de Corral va creando esas estructuras anímicas que recorren su obra en dirección a una cada vez más depurada realidad. Como si ese vacío persistente (“los títulos en mi obra son pistas, partes del cuadro”) le obligara a afinar su  propuesta con vistas a ceñirlo mejor. A reconocerse digno de la verdad que ese vacío encierra. Porque el vacío al que Rafa de Corral insiste en acercarse es, más que sinónimo de angustia, la posibilidad última de afrontarla sin miedo a perderse.

La persistencia del vacío, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

La persistencia del vacío, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

Un MuVIM para comérselo

Quique Dacosta. Paisajes Transformados
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 29 de noviembre

Como apuntó Paco Molina, director de MuVIM, “la gente se extraña de que no haya recetas”. Y no las hay en la exposición Quique Dacosta. Paisajes Transformados, porque el universo del cocinero asentado en Denia (Alicante) va más allá del escueto corolario de ingredientes con los que preparar un plato de comida. Es un universo repleto de olores, sabores, texturas y formas que trascienden la simple deglución de alimentos para alcanzar la categoría de arte. Por eso está en el MuVIM hasta el 29 de noviembre, después de que haya sido prorrogada un mes su exhibición que tenía previsto concluir el 27 de septiembre.

Quique Dacosta en su exposición. Fotografía de Raquel Abulaila, cortesía del MuVIM.

Quique Dacosta en su exposición. Fotografía de Raquel Abulaila, cortesía del MuVIM.

Algunos dirán que se exagera metiendo en un museo la gastronomía. Pero la sociedad del bienestar, en su punto álgido, hace ya tiempo que viene considerando el acto de comer una cuestión estética. De manera que una vez superada la subsistencia, en aquellos lugares que tienen tamaña suerte, se busca alcanzar la plétora de los sentidos por vía no sólo oral, sino también visual, táctil e incluso auditiva. De todo ello se hace cargo la exposición de Quique Dacosta mediante paneles explicativos, escenografías, videos, fotografías de Sergio Coimbra y reproducciones de algunos platos.

El proceso creativo del famoso cocinero se enmarca en tres paisajes relacionados con su singular actividad culinaria: el Montgó, la Marjal de Pego y el Mediterráneo. Del primero derivan una infinidad de aromas; del segundo, su inigualable arroz, y del tercero, la gamba roja como uno de sus productos estrella. Tres grandes fotografías, medio estáticas medio dinámicas, alusivas a esos tres espacios de referencia reciben al visitante nada más acceder a la exposición. Luego, una especie de túnel ideado a modo de ‘Tránsito espiral’, va mostrando ese proceso creativo ligado a territorios transformados en estados de ánimo.

Fotografía de Quique Dacosta en la exposición del MuVIM.

Fotografía de Quique Dacosta en la exposición del MuVIM.

Quique Dacosta lo recordó el día de la inauguración: “Con el lenguaje de la cocina cuento mi vida y mis recuerdos”. En lugar de utilizar los platos, que también, el chef valenciano se sirve de las paredes del túnel construido en el interior del MuVIM, para desplegar toda esa imaginación culinaria que le ha valido el título de doctor honoris causa en Bellas Ares, amén de sus tres estrellas Michelín por el restaurante que posee en Denia.

Comisariada por Beatriz García, de QB Arquitectos, en colaboración con el Estudio 2E+1L, Quique Dacosta. Paisajes Transformados es una exposición recreativa del alto valor alcanzado en los últimos años por la gastronomía en manos de cocineros artistas. Aquí no es que esté señalado como peyorativo lo de comer con los ojos, sino que es condición indispensable para adentrarse en el universo creativo de Quique Dacosta. Basta para ello detenerse en la reproducción de platos como Salmonetes azafrán Mark Rothko, Cuba libre de foie, Ostra Guggenheim o La gamba [roja de Denia], para entenderlo. También las 43 fotografías de Coimbra ayudan, y de qué forma, a consumir por la vista el universo de formas, colores, sabores y olores de Dacosta. La gastronomía convertida definitivamente en un nuevo espectáculo.

Fotografía de uno de los platos de Quique Dacosta en la exposición del MuVIM.

Fotografía de Sergio Coimbra de uno de los platos de Quique Dacosta en la exposición del MuVIM.

Salva Torres

Laura Iniesta, apego a la tierra

Mujer Tierra, de Laura Iniesta
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 31 de marzo, 2015

‘Mujer Tierra’. He ahí el binomio que Laura Iniesta trabaja en su última exposición, así mismo titulada, en la galería Alba Cabrera. Diríase que la artista catalana, dejándose llevar del carácter conflictivo que encierra todo buen texto artístico, utilizara las 21 piezas que integran la muestra para interrogarse acerca de esa conexión entre la mujer y la tierra. Porque haberlas haylas. De hecho, se suele hablar de la madre tierra, en femenino, al igual que del cuerpo femenino como recinto primordial del origen de vida en esa tierra.

Laura Iniesta en la presentación de 'Mujer Tierra'. Cortesía de galería Alba Cabrera.

Laura Iniesta en la presentación de ‘Mujer Tierra’. Cortesía de galería Alba Cabrera.

En este sentido, por si hiciera falta alguna justificación, la obra más reciente de Laura Iniesta transita por esos derroteros. Derroteros, en todo caso, nada extraños para una artista que lleva tiempo interrogándose en su trabajo por esa materia que, en mayor o menor medida, nos conmueve por igual a hombres y mujeres. Materia de la que Shakespeare anunció que estábamos hechos a semejanza de los sueños y, sin duda, de no pocas pesadillas. Se entiende, pues, el interés de Iniesta por explorar esa materia, haciendo tangible en su obra las múltiples contradicciones que nos asolan.

Obra de Laura Iniesta en la exposición 'Mujer Tierra'. Galería Alba Cabrera.

Obra de Laura Iniesta en la exposición ‘Mujer Tierra’. Galería Alba Cabrera.

Las evocaciones a la luna, el sol, la mar y el terreno que pisamos son frecuentes en ‘Mujer Tierra’. Están ahí a modo de fuerzas telúricas cuyo influjo atrae y espanta, ya sea por el sentimiento oceánico de intensa armonía que a veces producen o por su signo contrario: la de remover cierta angustia derivada de su excesiva potencia. Laura Iniesta lo sabe. Sabe que encontrar un equilibrio en medio de ese torbellino de formas, colores y temperaturas que nos envuelven no es tarea fácil. De hecho, una de sus obras, ‘Equilibrio en blanco con la luna’, ya dice a las claras ese esfuerzo por contener el poderoso influjo lunar tras un laborioso esfuerzo creativo.

Como apunta Jesús González Requena, en ‘El texto y el abismo’, un artista es, después de todo, “alguien que necesita desesperadamente crear formas para sobrevivir y eso tiene que ver con que vive muy cerca del caos”. A Laura Iniesta le atraen poderosamente las fuerzas naturales del sol, la luna, los mares y los vastos territorios, como por ejemplo África o la isla griega de Milos. Y atraída por esa fuerza que le conmueve, en tanto se halla rodeada e incluso empapada de todo ello, se mete en su estudio para tratar de contener en su obra lo que previamente le anonada.

Obra de Laura Iniesta en la exposición 'Mujer Tierra'. Galería Alba Cabrera.

Obra de Laura Iniesta en la exposición ‘Mujer Tierra’. Galería Alba Cabrera.

Decimos contener en el doble sentido de dotar de contenido aquello que tan fuertemente le motiva y de contenerlo, esto es, darle un sentido a lo que tiende a desbordarse. Y Laura Iniesta lo logra en su obra equilibrando formas y colores, y propiciando la emergencia de texturas tras las que se adivinan tenues grafismos al modo de restos arqueológicos. Hay ocres, grises, blancos y negros, pero también azules, amarillos y un rojo menos apabullante que en su anterior trabajo mostrado en Alba Cabrera (‘De puño y letra’). Colores que pretenden reflejar, sabiamente dispuestos, la geología de cierta memoria.

‘Mujer Tierra’. He ahí el binomio con el que Laura Iniesta trabaja, interrogándose por su condición femenina asociada a esa tierra y sus elementos naturales. Ninguna biología de por medio. Tan sólo el afán de comprender, disponiendo esa materia de la que están hechos los sueños, las tensiones que nos habitan.

Obra de Laura Iniesta en la exposición 'Mujer Tierra'. Galería Alba Cabrera.

Obra de Laura Iniesta en la exposición ‘Mujer Tierra’. Galería Alba Cabrera.

Salva Torres

Luis Adelantado y su cantera del arte

Taller para niños, a cargo de la historiadora del arte Isabel Puig
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Viernes 13 de junio, a las 18.00h

Nos quejamos del escaso calado que tiene la cultura en nuestro país. Y cuando lo tiene decimos que se debe al carácter gratuito de una actividad que se entiende bajo los parámetros del más burdo entretenimiento. Como si el entretenimiento estuviera, por otro lado, reñido con la reflexión. La cultura se consume cuando es gratis total y promueve colas de advenedizos en busca de simple escapismo. Lo decimos, pero apenas reaccionamos con propuestas tendentes a cambiar ese panorama. La galería Luis Adelantado ha decidido poner en marcha dos actividades que vienen a paliar esa tendencia conformista: visitas guiadas y talleres para niños, ambas a cargo de la historia del arte Isabel Puig.

Isabel Puig en un momento del taller para niños en la galería Luis Adelantado.

Isabel Puig en un momento del taller para niños en la galería Luis Adelantado.

Olga Adelantado, responsable de la sala valenciana, pretende abrir sus puertas para que el arte se aproxime a la gente; que no sea ese espacio aislado del común de los mortales que ha venido caracterizando la actividad galerística. Además, promueve con sus talleres el interés de los más pequeños por el arte, ejerciendo de cantera artística para que en el futuro esos niños aprecien la cultura y puedan llenar los recintos donde ésta se ofrezca. En suma, que la valoren y, al apreciarla, tenga precisamente ésta el precio y valor que se merece.

Isabel Puig, con la sapiencia y paciencia propia de quien comprende la actividad a largo plazo emprendida en Luis Adelantado, guía a los 12 niños, de edades comprendidas entre los cinco y diez años, en su aproximación al arte contemporáneo. La tarde que dio pie a este reportaje se hallaban ante dos artistas, Folkert de Jong y Delphine Courtillot, cuyas obras Isabel Puig trataba de hacerles comprender.

Olga Adelantado, rodeada de niños, ante la atenta mirada de Isabel Puig en el taller para pequeños de la galería Luis Adelantado.

Olga Adelantado, rodeada de niños, ante la atenta mirada de Isabel Puig en el taller para pequeños de la galería Luis Adelantado.

“Son artistas conceptuales, ¿qué entendéis por concepto?”, preguntaba Puig. Y una niña levanta la mano: “Es una idea”. “Ese señor tenía muchas ideas”, dice otra al verse rodeada de tantas cabezas escultóricas. “Todas las caras están hechas de piedra”, abunda otro niño. Isabel Puig realiza una serie de matizaciones y deja que el grupo siga adentrándose con su imaginación en las obras de De Jong y Courtillot, cuyas exposiciones permanecen abiertas al público hasta el 7 de julio.

“Parece un bosque”, aprecia otro pequeño ante la acumulación de esos rostros “extraños” que los niños no dejan de observar. “Ahora vamos como si fuéramos por ese bosque”, y los niños se levantan siguiendo a Isabel Puig, que les aproxima hacia las obras para que ellos anoten en cartulinas las emociones que les suscita. Y con esas cartulinas y esas emociones suben al piso superior donde se hallan las piezas de Delphine Courtillot. “¿Se llama ‘Delfín’?”, y el niño aprende que también se trata de un nombre propio femenino en Francia.

Niños del taller de la galería Luis Adelantado rodeando las esculturas de Folkert de Jong.

Niños del taller de la galería Luis Adelantado rodeando las esculturas de Folkert de Jong.

“Son camisetas pintadas”, se arranca enseguida una niña al ver la obra de Courtillot. “No son precisamente camisetas, sino obras de arte porque están colgadas en un lugar poco convencional”. Isabel Puig va poco a poco haciéndoles comprender, a partir de las propias intuiciones de los pequeños, la importancia del arte, en tanto prolongación de sus propias vivencias, sensaciones y recuerdos. “Los dibujos son abstractos y extraños”, sugiere una niña, a lo que otra responde: “Son dibujos de tu imaginación”. “Entonces”, interviene otro, “no pueden salir personas normales, sino raras”. Y ante el bosque de rostros, que todavía colea en sus mentes, y las diversas formas y colores de las “camisetas” que tienen a su alrededor, alguien dice: “Es como una misma familia que cuenta lo que cada uno siente”.

Isabel Puig les ofrece la oportunidad de expresar lo que ellos sienten, mediante una serie de camisetas de papel en las que pueden intervenir libremente con colores y pegatinas. Luego rematarán el taller en otro piso superior con más propuestas imaginativas que, en el fondo, no hacen más que dotar de sentido a la propia necesidad de los pequeños por comprender el mundo que les rodea. Que es, también, lo que persiguen Folkert de Jong y Delphine Courtillot con sus exposiciones. Bienvenida sea una actividad que acerca la imaginación de unos y otros, tendiendo puentes entre el arte contemporáneo y sus futuros espectadores o, quién sabe, futuros artistas.

Niños en el taller organizado por la galería Luis Adelantado, bajo dirección de Olga Adelantado y comisariado de Isabel Puig.

Niños en el taller organizado por la galería Luis Adelantado, bajo dirección de Olga Adelantado y comisariado de Isabel Puig.

Salva Torres

Ernesto Casero y sus taxonomías

Taxonomías, de Ernesto Casero
Gris. Magatzem d’Art
Literato Azorín, 14. Valencia

La naturaleza imita al arte, escribió Óscar Wilde, en uno de sus habituales tours de force. Y, en efecto, a veces da la sensación que la naturaleza es resultado de un proceso creativo, y que tanta belleza y biodiversidad tan sólo pueden tener una explicación artística. El mundo se divierte pergueñando formas, combinando colores, integrando coreografías, combinándolo todo con composiciones musicales y dotando de nexos inverosímiles a los seres vivos.

Obra de Ernesto Casero. 'Taxonomías', en Gris Magatzem d'Art.

Obra de Ernesto Casero. ‘Taxonomías’, en Gris Magatzem d’Art.

Ernesto Casero juega con estos estímulos y desarrolla su amplio y sorprendente catálogo de formas biológicas. Tras ellas hay un dibujo excepcional, una mirada sabia de fisiólogo y de artista. Aquellos seres que Casero dibuja no sólo han de resultar admirables, sino funcionalmente posibles, o al menos que así lo parezcan. Sus láminas nos remiten al universo de la Historia Natural, a los fantásticos dibujos de los libros de Haeckel, o incluso a los catálogos especializados de malacólogos y entomólogos.

Obra de Ernesto Casero. 'Taxonomías', en Gris Magatzem d'Art.

Obra de Ernesto Casero. ‘Taxonomías’, en Gris Magatzem d’Art.

Sus modelaciones de plastilina son un paso más: aquella vitrina museística de corales, equinodermos, poríferos, radiolarios, poliquetos, diatomeas, pólipos,…tiene un encanto especial. Hace unos años se descubrió en Canadá un yacimiento de fósiles del BurgessShale, de mediados del Cámbrico, que permitió el hallazgo de todo un universo de seres absolutamente extravagantes, entre ellos una especie que los biólogos llamaron Hallucigenia, por su prodigiosa anatomía. Viendo la obra de Casero he recordado aquel yacimiento, de formas biológicas tan bellas e inauditas. La naturaleza imita al arte, sin duda, y en Ernesto Casero tiene un buen maestro.

Obra de Ernesto Casero. 'Taxonomías', en Gris Magatzem d'Art.

Obra de Ernesto Casero. ‘Taxonomías’, en Gris Magatzem d’Art.

Martí Domínguez

Oliver Johnson, gota a gota en Área 72

Oliver Johnson
Frequency & Pitch. The Dripping Tap
Área 72
C / Barón de Cárcer, 9. Valencia

Diez años después de su última individual en Valencia y de la mano del nuevo proyecto de la renovación de Galería Punto (Área72), Oliver Johnson vuelve a exponer en la ciudad para mostrar al público sus obras más recientes. Bajo el título ‘Frequency & Pitch. The Dripping Tap’, la exposición reúne los últimos cuadros del pintor inglés afincado en Valencia desde 1995.

Vinculada a la extensión de la pintura de campos de color, al postminimalismo y a la perversión misma de la idea de monocromo, la obra de Oliver Johnson mantiene el pulso de su evolución con la fuerza y la calidad de la mejor pintura contemporánea.

Hace unos meses, Jorge Wagensberg publicaba el siguiente aforismo en El País: «Una ballena de 200 toneladas vive más de ochenta años y una musaraña de 2 gramos apenas dos, pero si no medimos sus vidas en años, ni en días, sino en número de latidos del corazón, igual resulta que viven lo mismo.» Y desde que lo leí, no puedo separar esta comparación de mi opinión y gusto sobre los cuadros de Oliver Johnson (Londres, 1972), que siempre me han parecido ballenas —por su tamaño, por su belleza, por su textura— mientras los contemplo absorto como una musaraña.

Obras de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Área 72.

Obras de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Área 72.

Por otro lado, el abismo que supone el recuento de latidos, esa imagen, nos aboca a algo casi imposible pero factible en la mente. Como cuando en la noche insomne ajustamos el ritmo de nuestros latidos y por lo tanto el tiempo, la vida, al gotear perdido de un grifo, allí al fondo, quizás desde la cocina nueva.

Estas son las ideas que situaríamos como notas al margen del trabajo de pintura y que nos permiten explicar si acaso algo de los últimos cuadros de Oliver Johnson. Como una parte de la ciencia contemporánea, se trata de interpretar y no de explicar el fenómeno. Se trata, en su caso, de orquestar una serie de cuadros poniendo en escena ideas y conceptos en los que participan la física de la luz y el color y donde la implicación del espectador delante de las obras es siempre fundamental, su participación activa.

Además, de fondo, se trata en definitiva de una experiencia del fenómeno convertida en pintura, de un juego de tiempos y gotas, de latidos y gotas que nos plantean, sobre la superficie del cuadro, secuencias de equilibrio en una estructura compleja de belleza caótica (Mitchell J. Feigembaum), la del aparente y completo desorden de las partículas de pintura.

Digamos que podemos intuir cómo actuará la pintura en un momento dado pero luego su comportamiento —incluso desde el principio del proceso, al pintar— se nos aparece azaroso, quizás errático o irregular, difícil de conducir por la potencialidad de los efectos ópticos, las variaciones lumínicas según la posición detrás de una armonía general, la indeterminación en los bordes, la casualidad en las transiciones y, así, todo marcado por el principio de incertidumbre.

Obras de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Área 72.

Obras de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Área 72.

Pero, como comprobó John von Neumann al estudiar la complejidad del caos en el goteo perdido de un grifo, incluso en el desorden caótico de lo que aparentemente sigue un patrón matemático o pretendidamente circular, existen turbulencias y secuencias de equilibrio. Dicho de otro modo y en relación a estos cuadros de Oliver Johnson, es algo que podríamos formular, como en un juego de palabras de concentración, de esta forma: las variables inciertas de la luz sobre cierto orden compositivo de color y el desorden siempre de las partículas elementales de la pintura, depositada gota a gota.

El título que agrupa esta docena de obras, ‘Frequency & Pitch. The Dripping Tap’, ha sido elegido por la sonoridad de unas palabras (algo así como frecuencia y tono, el grifo goteando) que evidencian una extensión musical en referencia a las composiciones de color en las que viene trabajando Oliver Johnson. De hecho, ‘Colour Composition’ ha sido la forma con la que ha titulado buena parte de su obra hasta hace relativamente poco, cuando comienzan a aparecer palabras o frases seleccionadas por su sonoridad fonética y con alguna vinculación (o no) con lo que se ha pintado. Por otro lado, el título encierra ese vínculo con el pensamiento científico fascinado por la interpretación de determinados fenómenos complejos y, especialmente aquí, con la teoría del caos con la que se intenta explicar el mundo desde hace medio siglo.

Obras de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Área 72.

Obras de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Área 72.

En esta nueva etapa en la obra de Oliver Johnson destaca su madurez de estilo y una mayor concentración en los efectos ópticos y cromáticos a través de cuadros realizados sobre soportes de aluminio con pinturas industriales destinadas a colorear las carrocerías de los automóviles y aplicadas siguiendo los mismos procedimientos técnicos. De ahí que el resultado sea realmente impactante, por sus mezclas, contrastes y degradados metalizados, tanto en la mirada del espectador mientras se desplaza delante de la pintura como sobre la perfecta superficie pulida de las obras que actúan como espejos.

Así funcionan sus degradados sutiles, tanto en formatos rectangulares a modo casi de monocromos paisajísticos como los circulares, quizás recordando al iris de un ojo, en los que es casi imposible calibrar las transiciones y tomar su medida. También las composiciones a partir de barridos verticales donde las características de la pintura se descubren más camaleónicas todavía, absolutamente cambiantes y mágicas al ojo del espectador. Y en la serie de cuadros en los que recupera el empleo de la trama y la cuadrícula, en este caso como veladuras, para dibujar unas composiciones de puntos —de nuevo la retícula y la ameba de Alfred H. Barr— que podrían recordar las imágenes ampliadas de las secuencias del genoma.

Esta es la manera de proceder de un pintor magnífico que se plantea trabajar en el taller a partir (o a través) de una teoría, de un argumento que, aunque pudiera parecer alejado de la pintura, supone el mejor ejercicio mental desde el cual abordar el proceso de trabajo de estas superficies pulidas y metalizadas que a su manera toman la naturaleza como modelo y, de la naturaleza, su manera de responder tantas veces arbitraria o caótica, con su propio orden interno. Por ejemplo, si acertamos a pensar en esos horizontes imposibles, siempre en transición, o en los juegos de reflejo y virado de los colores, siempre una variable importante en la pintura de Oliver Johnson.

Obra de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Área 72.

Obra de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Área 72.

Ricardo Forriols

Anzo: geometría, lirismo y soledad

Homenaje a Anzo
Galería Muro
C / Corretgeria, 5. Valencia
Hasta el 16 de mayo

José Iranzo Almonacid, artísticamente Anzo, nunca halló fácil acomodo en su obra entre la belleza geométrica, fruto de su querencia por la arquitectura y la matemática, y el lirismo apasionado que tiende a desbordar los límites impuestos por el rigor de líneas y formas. Es su caso emblema de la dialéctica entre la razón instrumental, que las ciencias fomentan, y el nervio artístico, incapaz de vivir sujeto a consideraciones de tipo estructural. De manera que Anzo, y ahí está su obra para reflejarlo, no ha dejado nunca de sentir la contradicción entre la hermosura geométrica, racionalista, y las sombras que produce el orden cuando su brillo se transforma en atmósfera claustrofóbica.

Obra de Anzo en la exposición homenaje que le dedica la galería Muro.

Obra de Anzo en la exposición homenaje que le dedica la galería Muro.

Basilio Muro le prometió, cuando cediera la enfermedad que lamentablemente le condujo a la muerte en marzo de hace ya ocho años, una exposición a Anzo. Se la debía, por aquella promesa y porque su obra lo pedía a gritos. Y ahí está, en la galería Muro, una cuidada selección que a modo de Homenaje a Anzo (tal es el título de la muestra) sirve para comprobar las diferentes etapas de su brillante trabajo y, en cierta manera, dibujar el perfil picassiano de esa doble faz geométrica y lírica que confluye en el aislamiento o soledad revelado en su figuración.

'Cuadro dentro del cuadro, de Anzo, en la exposición homenaje que le dedica la galería Muro.

‘Cuadro dentro del cuadro, de Anzo, en la exposición homenaje que le dedica la galería Muro.

Esa divisoria que pudiera compartimentar sus trabajos, entre los puramente geométricos y los más gestuales, pasando por los figurativos del pop o los del aislamiento, también puede aplicarse a cada una de las etapas en sí. De hecho, su geometría lírica pudiera resumir esa tendencia de Anzo a aglutinar en una sola línea, que sin duda puede tomar en su caso diversos derroteros, ambos aspectos de su percepción artística y vital.

Obra de Anzo en la exposición homenaje de Galería Muro.

Obra de Anzo en la exposición homenaje de Galería Muro.

A base de líneas rectas y formas circulares, el artista va dibujando interiores o exteriores, cuyas escenas conjugan ese carácter matemático de la naturaleza a la que aludía Galileo, al tiempo que fluye por dentro cierto lirismo desbordante. Lo mismo sucede con sus cuadros más figurativos, donde ciertos sujetos comprueban la soledad a la que conduce la sociedad de consumo, cuando ésta se reduce a tejido de significación vaciado de sentido.

En el fondo, Anzo lo que no ha dejado de hacer a lo largo de su trayectoria es trasladar esa tensión a su obra. Tensión entre la pregnante maravilla de las formas y su sombrío reflejo; entre la atracción que supone dominar el mundo de lo real con los aparatos que proporcionan las ciencias, y la paradoja de sentirse abrumado por ese control que, en exceso, conduce a la alienación y la soledad. Como buen artista, Anzo ha sabido recoger en su trabajo, del que la galería Muro ofrece una ejemplar muestra a modo de homenaje, la contradicción humana. Geometría lírica, sin duda, por cuanto la razón tan pronto es motor de orden y belleza, como desencadenante de cierta melancolía allí donde la sola razón no basta.

Detalla de una de las obras de Anzo en el homenaje que le brinda Galería Muro.

Detalla de una de las obras de Anzo en el homenaje que le brinda Galería Muro.

Salva Torres

Doro Balaguer en Rosalía Sender

Doro Balaguer
Galería Rosalía Sender
C / Mar, 19. Valencia
Inauguración: jueves 8 de mayo
Hasta el 14 de junio

Doro Balaguer nace en Valencia en 1941 y empieza a pintar a finales de los 40, alejándose del figurativismo de la mano de su gran amigo Salvador Victoria. Se vinculó posteriormente al grupo Parpalló, introductor del informalismo y de cuanto se hacía fuera de España en el terreno artístico. Con Salvador Victoria marchó a París poco después de finalizar Bellas Artes, donde fue abandonando sus inicios figurativos y adentrándose en la abstracción.

Obra de Doro Balaguer. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Obra de Doro Balaguer. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Apartado pronto de la carrera artística por razones familiares, sociales y también políticas (perteneció al Partido Comunista en Valencia), ha retomado, después de su jubilación, la costumbre de pintar, realizando una pintura libre y fresca muy fiel a sus planteamientos iniciales.

Obra de Doro Balaguer. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Obra de Doro Balaguer. Imagen cortesía de Galería Rosalía Sender.

Esta muestra se compone de 18 obras en la que, seguramente, es la primera exposición comercial de su vida. La Fundación Chirivella Soriano acogió hace tres años la que sería su primera muestra individual, tras exponer en múltiples colectivas. Su segunda juventud artística promete.

Detalle de una de las obras de Doro Balaguer. Imagen cortesía de galería Rosalía Sender.

Detalle de una de las obras de Doro Balaguer. Imagen cortesía de galería Rosalía Sender.