Art Rooms en el Meliá White House de Londres

Art Rooms
Meliá White House
Albany Street, Regents Park. London NW1 3UP
Del 23 al 26 de enero 2015

Antiguas estaciones, pabellones, parkings, estaciones de metro, fábricas o carpas. Múltiples son los espacios en los que se han celebrado y acontecen exposiciones o ferias de arte, pero nunca se había sugerido en Londres una feria de arte contemporáneo en un hotel. Desde el 23 al 26 de enero, Art Rooms 2015 se alojará por primera vez en el prestigioso Hotel Meliá White House, a pocos pasos del céntrico Regent’s Park, con más de 70 habitaciones abiertas al público para el evento.

La primera planta será tomada literalmente por todo tipo de expresiones artísticas que se adaptarán al espacio que ocupan, siguiendo la filosofía de la organización: presentar el arte como si el visitante entrara en una casa. Este contacto directo entre público y obra, en un contexto diferente pero elegante, hará que el diálogo entre el espectador y el arte sea más fluido. Se contará además con la presencia de los artistas, que acudirán en gran número a la feria para presentar y discutir con los visitantes acerca de su trabajo.

Obra de Lorenzo Belenguer. Cortesía de Art Rooms.

Obra de Lorenzo Belenguer. Cortesía de Art Rooms.

Entre los participantes habrá presencia latina con las fotografías de la gijonesa Susana López, las instalaciones y pintura alternativa de Lorenzo Belenguer, además de los intrigantes óleos del chileno Pato Bosich y las obras de las venezolanas Renata Fernández y Liliana Mascio, todos ellos disfrutarán de un espacio individual en el que exponer sus trabajos.

Un comité entre los que se encuentran Roberta Cremoncini, Directora de la Estorick Collection, Greta Scacchi, Ian Rosenfeld, Curador en Rosenfeld Porcini Gallery y Arturo Galansino, curador de exhibiciones en la Royal Academy of Arts, ha seleccionado más de 70 artistas entre consolidados como Richard Niman o Gaspare Manos, e interesantes figuras emergentes como el fotógrafo Joe Reddy o Fabio Mariani.

A los artistas independientes que colgarán sus obras en mini exposiciones individuales,  se unen galerías como la Amstel Art, Reissue Korea, Le Dame Art Gallery o la efervescente asociación de promoción de artistas y eventos culturales The Cult House, que ha realizado una selección internacional de jóvenes valores, completando el más de un centenar de artistas que formarán parte del evento.

Obra de Joe Reddy. Cortesía de Art Rooms.

Obra de Joe Reddy. Cortesía de Art Rooms.

El ente organizativo de la feria, formado por Le Dame Art Gallery, Triumph UK y GEM Creative, ha dispuesto además una cena de gala donde se celebrará una subasta con piezas donadas por los artistas participantes, con el fin de recaudar fondos para Bow Arts Trust, una de las principales organizaciones benéficas de Londres que trabaja como soporte y ayuda financiera para artistas con proyección.

En estos días de finales de enero se solapan diferentes eventos que complementan la propuesta artística de esta feria, y que ayudan a que el flujo de visitantes pueda disfrutar de varias alternativas de calidad como son: la consolidada London Art Fair, que celebra desde el 21 al 25 de enero su vigesimoséptima edición, y la nueva propuesta situada en la estación de metro de Angel llamada ‘Art of Angel’ desde el 22 al 25 del mismo mes.

Obra de Susana López Fernández. Imagen cortesía de Art Rooms.

Obra de Susana López Fernández. Imagen cortesía de Art Rooms.

Miguel Mallol

Cohen: Al(gu)ien en tierra de nadie

Lynne Cohen, restrospectiva
Comisaria: Nuria Enguita Mayo
Sala Rekalde*
Alameda de Recalde 30. Bilbao.
Hasta el 25 de enero de 2015

Lynne Cohen (1944–2014) empezó a fotografiar a comienzos de los setenta –provenía de la escultura y el grabado– los salones de sus vecinos y otros espacios íntimos que le parecieron dignos de ser retratados para “plasmar las realidades sociológicas de un mundo cambiante”, según sus palabras. Hay una curiosidad etnográfica en esa intimidad circundante pero sin ánimo científico; no data su fotos, ni revela su exacta ubicación (con la salvedad de unas pocas al comienzo) en un intento de que el relato no se someta a prejuicios geográficos, se someta a clichés culturales, o pruebas de cargo sociológicas. Es su manera de superar la anécdota visual y dotar de entidad a la fotografía al aislarla del intrusismo controlador (que las pequeñas comunidades consideran normal en el intercambio de información local).

En estas primeras fotografías hay un cierto pasmo ante la profusión de objetos, algunos curiosos, bizarros, en ese espacio de exposición que es el salón de la casa. Un espacio teatral por excelencia donde la familia representaba –simulándolas– su buena cuna y sus posibles; un lugar donde lucía la memoria familiar. Pero el moderno living tiene una incoherencia plástica que se impone sobre los objetos cuajados de recuerdos, la limpieza: el rechazo de lo deteriorado, de las manchas, de las cicatrices del tiempo.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Las primeras fotos de Lynne Cohen son casi coetáneas de aquel viejo anuncio del sacabrillos cuyo slogan gritaba “cambie el polvo por brillo natural”. Así frente el deterioro (que sí es lo “natural”), el brillo oculta el paso del tiempo y hace que la memoria familiar sea sometida también a una limpieza, a un expurgo, y a un brillar y deslumbrar en su exhibición.

La fotógrafa también nos muestra salas de clubs masculinos donde la representación se ensimisma y la intimidad grupal se sobredimensiona hasta lo kitsch: hombres tocados de sombreros turcos con inscripciones, sillones con astas de alce, una galería de notables custodiada por un ciervo disecado. Ahí parece nacer lo que será el leit motiv de su fotografía: mostrar interiores que por diferentes razones no son accesibles.

En los comienzos son fotografías de pequeño formato con una invisible —pero perceptible— mano que gira palma arriba para mostrar las salas. Es la única presencia humana, sobreentendida: Lynne fotografía los interiores sin persona alguna (“no sabría dónde ponerlas”) aunque se puede percibir la presencia fuera de cuadro, contemplando –ufanas– su escenario favorito.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Cohen se vale de composiciones equilibradas, una iluminación bien compensada (con una exposición larga) que permita detallar todo el espacio; un punto de vista natural en altura y una acusada simetría compositiva. Así consigue distanciarse y ofrecer una mirada neutra; de modo espontáneo brota la curiosidad objetiva que desea escudriñar. Este ofrecimiento a mirar se troca en “invitación a entrar” cuando sus fotos pasan a formato más grande al inicio de los 80. La ausencia de personas, la desaparición de la autora y el tamaño grande hacen que la retrospectiva de la Sala Rekalde sean más de sesenta ventanas a las que asomarse.

Agotado el tema de los livingroom y los clubs masculinos, Cohen da rienda suelta a esa necesidad de mostrar lugares poco accesibles e incluso lugares que están a dos pasos en un instante inédito. Durante el resto de su producción surgen sus series de fotografías agrupadas bajo colecciones genéricas: aulas (classroom), spas, laboratorios, warehouse, escuelas de vuelo, fábricas, instalaciones militares. Son espacios muy distintos a los salones “de exhibición” anteriores: la mano alegre que mostraba pasa a ser una mano que abre una cortina donde está lo que no se enseña (muchos a regañadientes, según comentó). Queda atrás el espejo que se mira la cara maquillada, el ornamento y la ostentación.

Cohen fotografía los órganos del sistema, donde los procesos ocultos: ahí donde se experimenta, se aprende, se descansa, se ensaya, se fabrica, se relaja, se prueba, se sanea, se almacena, se adiestra… a disparar. Pasa de una fotografía que no estaría lejos del cuché (salones y clubs en modo show), a otra mucho más distante, más cercana a la ecografía de los interiores del sistema (donde el control).

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

En la retrospectiva, la serie de Aulas es notable y se funde con la de otros espacios de entrenamiento y aprendizaje como las galerías de tiro, los simuladores o incluso las salas de baile. Son todas fotografías de gran formato lo que dota al observador de detalles e imperfecciones como abolladuras, muescas, arreglos que enriquecen el genérico título de la foto con el espacio retratado. En algunos casos muy evidente y en bastantes asalta el extrañamiento visual.

La mirada pasmada suele encontrar en el humor una manera rápida de salir de ese estado oleaginoso: buscar una ganzúa en los varios significados que la ambigüedad ofrece con la esperanza de que una de las puertas ofrezca el escape. En algunas fotografías no queda muy claro qué son, qué se hace (ni, por supuesto, quién lo hace). Los objetos no destacan en forma, ni en ubicación. Salas y estancias carentes de un punto central funcional que dé significado y ofrezca líneas de fuga hacia los matices. No, todo conjuntado y cerrado en sí mismo.

Objetos y muebles, suelos y techos, paredes, todo queda a merced de un diseño monótono de motivos geométricos o vegetales como si fuera un tejido de camuflaje (especialmente en blanco y negro). Puede ser un recibidor de un hotel pretencioso, o un espacio mixto frente una oficina industrial, o una antesala donde entregar paquetería. Mediante patrones llamativos y chillones se configura el equívoco, el pasmo, un paréntesis a nuestro mirar etiquetador. Sin buscar la sobreinterpretación que es el peligro de esta obra, ya que cualquiera de sus fotografías con maniquíes se impone casi; en una segunda observación aparece más abstracto que hay engaño, artificio y ese debate entre lo absurdo (de mirar para clasificar) y lo serio.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

De la fotografía de Cohen suele destacarse que causa inquietud por carecer de personas e inspira a percibir presencias, ausencias, incluso ver fantasmas en sus instantáneas. La habitación deshabitada se utiliza contra el que mira: anula el mirar forense, produce apariciones, la fantasía encuentra interrogantes que habitar. La perturbación no nace de ninguno de los objetos que Cohen fotografía, sino de la pérdida de éstos (de escala humana en las primeras fotografías hacia estructuras y aparatos sobrehumanos) y en consecuencia da paso a el aire; un aire vaciado que permite a la imaginación entrar y, claro, obligarla a husmear por marcas, aparatos, reflejos, ventanales y romper los confines de cada imagen.

En algunas fotografías los maniquíes, los muñecos, las siluetas de figura humana invocan la presencia humana abstracta y cosificada de las víctimas del ensayo: estar ahí para ser tiroteadas, golpeadas, vestidas. En otras hay mirillas y troneras, cabinas de observación, barricadas que materializan la presencia no visible de personas que observan y controlan; al igual que al otro lado de micrófonos y tuberías, en el origen de cableados, leyendo indicadores, medidas, ajustando parámetros. Y por último, la simple orfandad del mobiliario vacío, de las salas despobladas de baile o las aguas quietas de las piscinas acaban por imponer una nostalgia de cuerpos. No en vano Lynne Cohen tituló a sus exposiciones más famosas “Camouflage”, “Occupied territory” (Territorio ocupado) y “No Man’s Land” (Tierra de nadie). Quizá dando a entender que si bien ella no sabía dónde poner las personas, los espectadores podrían.

La última imagen de Cohen es la pared lateral de un frontón de la serie llamada classroom (algunas fotografías fueron tomadas en España en los 90). Un frontón sin números, ni los pasa y falta: las rayas pintadas revelan que no es el largo frontón clásico de pelota. Un guiño local, una manera de mirar a uno de esos espacios comunes con otro ángulo, una invitación a reposar la mirada y apreciarlo con la misma luz, sin nadie, con otra velocidad.

¿Y si se revisaran todas estas fotografías como la persona encargada de limpiar y ordenar el lugar? Como si se acabara de evaporar la última marca de agua jabonosa en el suelo y, acodado sobre un carrito de baldes y escobones, se contemplaran los espacios que otros usarán justo antes de volverse para apagar la luz. Espacios donde poder descansar nuestra mirada mientras ellos descansan a su vez de nosotros.

* La retrospectiva de la Sala Rekalde consta de 78 fotografías. Se inició en la Fundación Mapfre en Madrid en febrero de 2014. La autora se ausentó de la inauguración por problemas de salud que no pudo superar y falleció en mayo. Afortunadamente para los lectores de Makma, se puede visitar la exposición madrileña mediante una visita virtual con apoyo gráfico y auditivo en la dirección:

http://www.exposicionesmapfrearte.com/lynnecohen/visita_virtual/visita_virtual.html

Esta retrospectiva también estuvo expuesta en la Sala Vimcorsa en Córdoba. La obra completa en la web de la autora también merece una visita aunque las imágenes son de resolución media-baja: http://www.lynne-cohen.com

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Lynne Cohen. Exposición organizada por Fundación Mapfre y Sala Rekalde.

Jorge Laespada

Alcaraz, las ruinas industriales como arte

Espacios industriales. Patrimonio de futuro, de Antonio Alcaraz
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Hasta el 20 de marzo

Antonio Alcaraz dice que utiliza la fotografía como medio, pero que él lo que verdaderamente se siente es pintor. De manera que imprime sus fotos en metacrilato y se sirve de ellas, para “poner en valor ciertos edificios industriales” recogidos en esas imágenes. Imágenes que luego inserta en el marco de una obra mayor, realizada con materiales diversos, desde pintura a madera y hierro procedentes de planos de estructura de edificios. El resultado es un conjunto de piezas que desborda los límites del cuadro y cuyo collage pretende hacerse cargo del vasto patrimonio industrial amenazado por el abandono y el desuso.

Obra de Antonio Alcaraz en 'Espacios industriales. Patrimonio de futuro'. Imagen cortesía del autor

Obra de Antonio Alcaraz en ‘Espacios industriales. Patrimonio de futuro’. Imagen cortesía del autor

“Es algo que vengo haciendo desde finales de los años 80”. Esto es, salvaguardar el patrimonio industrial de la Comunidad Valenciana, mediante una obra que funde el arte con la industria. En la exposición recién inaugurada en el Centro del Carmen, Espacios industriales. Patrimonio de futuro, Alcaraz muestra su “labor arqueológica” incluyendo algunos ejemplos de esa iconografía pertenecientes a otros territorios próximos o lejanos (A Coruña, Murcia). Es un modo de comparar edificios, fábricas, altos hornos, chimeneas o puentes de indudable valor arquitectónico que, sin embargo, yacen pasto del olvido.

Obra de Antonio Alcaraz en 'Espacios industriales. Patrimonio de futuro'. Imagen cortesía del autor.

Obra de Antonio Alcaraz en ‘Espacios industriales. Patrimonio de futuro’. Imagen cortesía del autor.

“Es un patrimonio muy rico que deberíamos mantener”. Su obra pretende llamar la atención de tamaña desidia institucional, sin olvidar que esa huella de lo real recogida en sus fotografías tiene un trasfondo pictórico. Por eso Alcaraz no niega el “carácter reivindicativo” de su trabajo (“las imágenes están ahí”), sino que se vale de ello para ensanchar los límites de esa mirada cautiva, mediante la recreación artística. Y como le parece “poco” reconocer algunos símbolos de lo que queda, es por lo que Antonio Alcaraz equipara industria y arte como fiel reflejo de su labor arqueológica.

Obra de Antonio Alcaraz en 'Espacios industriales. Patrimonio de futuro'. Imagen cortesía del autor.

Obra de Antonio Alcaraz en ‘Espacios industriales. Patrimonio de futuro’. Imagen cortesía del autor.

“Ya no se construye así”, comenta en relación a esos edificios que, al modo de los dinosaurios, muestran su majestuosidad como si fueran tristes vestigios del pasado. Alcaraz les da “una segunda oportunidad”, al encontrar “otra vida” en el elemento industrial. Y lo hace rompiendo el formato para que esas “piezas irregulares” tengan su justa correspondencia. Si la planta de esos edificios rescatados del olvido “no es regular”, era lógico que desbordara los límites del marco tradicional. “Fuerzo para que se salga”. Y ese forzamiento es el que permite conectar el vasto espacio industrial objeto de su recuperación, con el arte que lo acoge para trasmitirle la vida que van perdiendo esos edificios abandonados.

Obra de Antonio Alcaraz en 'Espacios industriales. Patrimonio de futuro'. Imagen cortesía del autor

Obra de Antonio Alcaraz en ‘Espacios industriales. Patrimonio de futuro’. Imagen cortesía del autor

La fotografía, como bien apuntó Roland Barthes, le permite a Alcaraz llamar la atención acerca de esa huella de lo real que escapa a lo inteligible. Esos edificios fotografiados tuvieron una vida que ahora, dejados a su suerte, languidece. Se asemejan a esos cuerpos inertes en los campos de batalla que únicamente dignifica la memoria. Antonio Alcaraz con su trabajo ofrece esa memoria a los espacios industriales cuyos esqueletos aparecen desperdigados a lo largo y ancho de nuestra geografía. Un patrimonio muerto que revive por obra del arte. Espacios industriales, sin duda ruinosos, cuyo Patrimonio futuro depende de esa segunda oportunidad que Antonio Alcaraz les brinda con su memorioso trabajo.

Obra de Antonio Alcaraz en 'Espacios industriales. Patrimonio de futuro'. Imagen cortesía del autor.

Obra de Antonio Alcaraz en ‘Espacios industriales. Patrimonio de futuro’. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres