Relectura del franquismo por las vanguardias

España. Vanguardia Artística y Realidad Social, 1936-1976
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Desde el 13 de septiembre de 2018 al 13 de enero de 2019

El director del Institut Valencià d’Art Modern, José Miguel G. Cortés, y el comisario de la muestra, Sergio Rubira, han presentado la exposición Caso de estudio ‘España. Vanguardia Artística y Realidad Social, 1936-1976′, que lleva el mismo título que la célebre exposición que se presentó en la Bienal de Venecia de 1976.

“La Bienal de Venecia de 1976 fue un acontecimiento histórico muy importante en el mundo del arte ya que por primera vez se planteó para el Pabellón Español un proyecto alejado de la oficialidad”, explicó el director del IVAM sobre la muestra que reúne 33 obras de la Colección del museo de artistas como Pablo Picasso, Joan Miró, Julio González, Josep Renau, Eusebio Sempere, Antoni Tàpies, Antonio Saura, Monjalés, Jordi Teixidor, Equipo Crónica, Eduardo Arroyo y Alberto Corazón, que formaron parte de aquella exposición histórica.

La intención principal de la exposición que se organizó en la Bienal de 1976 era corregir la imagen que el régimen franquista había dado del arte español de vanguardia en el contexto internacional y evidenciar cómo ese vanguardismo había sido moldeado por el proceso de una lucha ideológica. “En este nuevo curso en el que el IVAM celebrará su aniversario en 2019 nos planteamos conocer el pasado para construir el futuro”, comentó Cortés sobre la importancia de este nuevo Caso de Estudio del IVAM, la línea de exposiciones que investiga los fondos de la Colección.

Crucifixión, de Antonio Saura. Imagen cortesía del IVAM.

Crucifixión, de Antonio Saura. Imagen cortesía del IVAM.

El comisario de la exposición, Sergio Rubira, destacó que “nunca hasta 1976 se había hecho una exposición que contextualizara las condiciones políticas y sociales de la producción de las obras”. De ahí la importancia de aquélla muestra para entender “el relato de la historia del arte durante la dictadura”, resumió.

Considerando el papel que desempeñaron los críticos y artistas valencianos como Tomás Llorens, que ejerció de co-comisario, Manuel García, que actuó como secretario de la ‘Comisión de los Diez’ que organizó la exposición, junto con artistas como Jordi Teixidor, Equipo Crónica, Equipo Realidad o Monjalés, no es extraño que la Colección del IVAM conserve más de 40 obras que formaron parte de la muestra de 1976. “Algunas de las ideas de aquella muestra tomaron forma posteriormente en la creación de la Colección del IVAM. Es el caso, por ejemplo, de Julio González”, apostilló Rubira.

El recorrido de la exposición en la galería 3 del IVAM mantiene el orden que se le dio en la muestra del 76 y que “comenzaba mostrando las raíces de la vanguardia con imágenes de la Guerra Civil y el Pabellón de la República de la Exposición de París de 1939″, manifestó el comisario.

A partir de ese momento, la exposición sigue un recorrido circular con la escultura Cabeza de Monserrat girando, (1942) de Julio González para culminar con otra imagen de mujer, el retrato Sama de Langreo (1970) de Eduardo Arroyo, que muestran la heterogeneidad de lenguajes artísticos, sin olvidar los artistas forzados al exilio.

Vista de la exposición 'España. Vanguardias artísticas y realidad social. 1936-1976'- Imagen cortesía del IVAM.

Vista de la exposición ‘España. Vanguardias artísticas y realidad social. 1936-1976′- Imagen cortesía del IVAM.

Treinta y tres para ir abriendo boca

‘Art Contemporary de la Generalitat Valenciana / Primers moments’
Centre del Carme
Museo 2, Valencia
Hasta el 23 de Septiembre de 2018

Por el momento, solo en el Centre del Carme, pero próximamente en otras partes del territorio valenciano, se puede contemplar la exposición ‘Art Contemporani de la Generalitat Valenciana / Primers moments’, un interesante recorrido marcado más por la intuición del espectador que por pautas museológicas, que le llevará a hacerse una idea general del panorama del arte contemporáneo dentro del territorio valenciano. Un recorrido por los debates más actuales y aquellos que más acucian a los artistas más activos del panorama. Un primer acercamiento expositivo a esas primeras 33 obras que fueron seleccionadas para formar parte de la primera Colección de Arte Contemporáneo de la Generalitat Valenciana.

En la selección de obras no se tuvo en cuenta pautas generacionales ni tampoco una restricción por temáticas, pero una serie de líneas de trabajo fueron abriéndose camino, acabando por dar orden a estas primeras obras. A pesar de las controversias que pueda generar las fundamentaciones políticas asociadas a los comienzos de una colección como esta (siempre las hay, pues el arte actual es político, como lo son sus acciones derivadas), queda patente que la Generalitat Valenciana se ha lanzado a atesorar el principio de una más que probable colección de arte contemporáneo que, esperemos, se vaya consolidando. De momento, ya han confirmado que la segunda selección de artistas está en marcha.

La mirada al pasado, feminismos, las fricciones entre lo cotidiano y lo tecnológico, la cultura de la sostenibilidad y un claro binomio entre individuo y sociedad son discursos que pueden leerse en las obras; muchas van más allá y otras juegan, intercambian y deliberan sobre varios de estos conceptos. Han hecho falta más de 3 salas del Centre del Carme para acoger todas las obras. Un primer vistazo a la Sala Refectori parece dirigirnos hacia el trabajo del color, con la obra seleccionada de Jöel Mestre, huellas compositivas en 3 “pecios” enfocados a la personal geometría del artista. El recién fallecido escultor Sebastià Miralles es representado en la muestra a través de una escultura que pone la mirada en el sur, una perspectiva actual y que da pie a los pensadores exiliados que Ana Teresa Ortega ha querido plasmar en sus fotomontajes, resaltando la capacidad que tuvieron para hablar desde el “margen”. La política social siempre presente en las reflexiones actuales desde diferentes perspectivas.

El conocido dúo Bleda y Rosa continúan esa línea de juego, añadiendo el factor tiempo y memoria, haciendo hincapié en el territorio y en su capacidad histórica. Una memoria que se construye colectivamente en la obra de Mira Bernábeu y que incita a plantearse diferentes formas de crear arte. El estudio formal de Amparo Tormo es una constante en su dilatada carrera y una muestra de su consolidado trabajo, sintético y penetrante. La ‘Madriguera’, de Xavier Arenós, inunda el espacio y nos acerca un poco a Lissitzky, reformulándolo y dando forma a todo aquello que fue reprimido.

Sala del Refectorio, donde se pueden ver las obras de Mery Sales, Maribel Domènech y Xavier Arenós. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Sala del Refectorio, donde se pueden ver las obras de Mery Sales, Maribel Domènech y Xavier Arenós. Imagen cortesía del Centre del Carme.

La forma de trabajar de Anna Talens se ve reflejada en ‘Horizonte Diagonal’, donde la contemplación se va tejiendo en forma de hilo de oro. Aquí la luz resulta imprescindible. La idea de tejer pasa, a partir de la obra de Talens, a tener casi un papel protagonista. En Teresa Lanceta puede observarse su capacidad por no querer aceptar la línea discutida desde siempre entre arte y artesanía; Lanceta compone y refórmula la técnica desde una perspectiva antropológica. Más social que antropológica, la casa tejida de Maribel Domènech cuelga casi etérea y se aferra a palabras de aluminio en la pared: ‘resistencia’, ‘rabia’, ‘incerteza’… Teresa Cebrián también trabaja la palabra y tiene un hueco en la colección –aunque ‘El bolsón de las palabras’, pieza seleccionada, puede contemplarse en la Sala Ferreres, al formar parte de otra exposición, ‘El largo viaje’–. Para finalizar el recorrido del Refectori, Mery Sales rinde homenaje a Hannah Arendt, cuya otrora voz acallada consigue aquí un verdadero protagonismo. Paloma Navares compone ’Cantos rodados a la memoria’ de manera elegante y personal; el color proyectado se transforma en sus valores que han quedado impresos en el frágil material.

Queda patente la fuerza de la memoria personal en muchas de las obras, pero quizá, conforme nos adentramos en la obra de Olga Diego, esa sensación vaya en aumento. La gran instalación encierra, más allá de lo personal, un sentido poético que dialoga con la transmisión de lo cotidiano del lienzo de Jorge Julve. Julve ha creado un marco de profundidades que se identifican con la discrepancia entre lo privado y lo público, lo íntimo y lo manifiesto. Adentrándose en un nuevo lenguaje de interpretación del paisaje, Damià Jordà presenta la primera pieza de video, ‘Aquestes coses que fem avui dia’, una sucesión de imágenes en movimiento donde la narrativa y la voz en off adquieren vital importancia. La siguiente obra rompe quizá con la estética contemporánea clásica, una fórmula matemática –la de objetos en suspensión– ha sido reformulada por Rosana Antolí en una instalación performática que aúna a la perfección el carácter multidisciplinar de su obra: dibujo, mínimal, Steve Reich y, sobre todo, mucho estudio del movimiento.

En el siguiente recodo, el espectador es obligado casi a tropezar con la obra de Xavier Monsalvat; ‘Be careful what you with for…’ es una premonición, un alto en el recorrido parar detenerse en el detalle. El uso de la cerámica, de la ilustración y la clara referencia a la vanguardia han hecho que el reconocible trabajo de Monsalvatje encuentre un hueco en los primeros momentos de esta colección. Un sonido casi inaudible nos saca de la contemplación de la pieza de Monsalvatje para llevarnos a la instalación de Moisés Mañas, donde continúa la dualidad entre arte e industria. Mañas crea una gran estructura con vida y sonido propios, una gran parábola casi imposible, pero certera. Esa industria fruto de la acción humana es lo que nos lleva, a continuación, a los dibujos de Ernesto Casero. Animales inexistentes se muestran bajo una rúbrica también desfasada; ‘A darwinian point of view’ llama la atención por lo directo y por lo real: la destrucción humana arrojada sobre lo natural.

Sala Carlos Pérez, donde se pueden ver las obras de Xavier Monsalvatje, Moisés Mañas y Ernesto Casero. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Sala Carlos Pérez, donde se pueden ver las obras de Xavier Monsalvatje, Moisés Mañas y Ernesto Casero. Imagen cortesía del Centre del Carme.

En la parte de arriba, en las Salas 1 y 2 del Centre del Carme, Tania Blanco invita a pasear por recientes movimientos sociales, un recuerdo que inmortaliza, enmarcándolo y cuestionando, así, los canales comunicativos y, con ellos, el sistema democrático actual. También con una dialéctica coetánea, Agustín Serisuelo nos acerca más al territorio transformando la manera de ver el paisaje, no como género, sino de una forma situacional; su instalación habla de espacios y de lugares periféricos inconscientemente deshabitados. Si Blanco utiliza la memoria reciente para transportar al espectador, el dúo Art al Quadrat, como ya han hecho en otras ocasiones, se apropian de ese pasado casi reciente y lo sitúan en la sala. Su ‘Limbo económico’ es un discurso múltiple entorno al dinero, a los ahorros y a las autoinversiones. Con una mirada más poética, Mar Arza también genera su pieza entorno al capital, pero lo transforma desde dentro. En esta ocasión, el principal capital pasa a ser la palabra.

Para disfrutar de la obra de Pilar Beltrán se hace necesario acercarse a ella y girar las bobinas fotográficas, trabajando el concepto de viaje desde el principio hasta el final. Una reflexión sobre ese tiempo gastado, un paseo por el no-lugar. Muy cerca, Fermín Jiménez Landa inunda la sala con dos grandes –y tambaleantes– piezas, conjunto que ha titulado ‘Ecuestre’ y donde la ausencia es quizá la lectura más importante, oculta, pero evidente al mismo tiempo. Xisco Mensua genera con sus acuarelas un políptico con instantes históricos decisivos en la historia y los presenta en conjunto, formando una paradoja que se ha repetido siempre; la palabra Run enmarca unas escenas donde el tiempo corre en contra del objetivo.

A mitad de camino entre dos series, Aurelio Ayela presenta un gran formato colaborativo y, al mismo tiempo, una reflexión sobre el signo, sobre el lenguaje. Dota a la obra de una violencia a veces no implícita que recae sobre los recortes del papel y, sobre todo, por la escenificación recreada. Decir “Gracias” se convierte aquí en un juego de tensiones. Cercano a él, y continuando con la estética geométrica, Nelo Vinuesa expone ‘Atlas’, una nueva mirada muy especial a la forma en la que el artista considera el paisaje. Una vuelta de tuerca a cómo observamos nuestro entorno, encriptado y desconocido. Con esa base observacional también encontramos la obra de Hugo Martínez-Tormo, que en la línea de lo que ya conocemos, se apropia de un material que está tratando de reutilizar y obliga a mirar (durante largo rato), generando una sensación casi incómoda. El punto de atención se coloca sobre el desperdicio y sobre cómo se crea una situación paradigmática que casi llega a regir nuestras vidas.

'Spectrum Screensaver', instalación Inma Femenía dentro de la exposición 'Art Contemporani de la Generalitat Valenciana/ Primers Moments'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

‘Spectrum Screensaver’, instalación Inma Femenía dentro de la exposición ‘Art Contemporani de la Generalitat Valenciana/ Primers Moments’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Jesús Rivera aporta en este punto lo antagónico, ya que hace uso de lo artificial para crear un paisaje idílico, inexistente. Un trabajo que parte de la base teórica de la ciencia ficción, transformando iconografías y cuya sensación tangible, tan bien recreada, se torna humo al tomar distancia con la obra. Ángel Masip encauza otra mirada hacia el entorno; ‘Cataclismo’ es, como ya se intuye por el nombre, una manera de acercarnos al caos, una explosión y, al mismo tiempo, una experiencia casi espiritual de entender nuestro momento. Cierra la muestra Inma Femenía, cuyas obras, también ampliamente conocidas, tienen aquí un momento culminante. Dentro del contexto actual de los mass media, Femenía se apropia de la tecnología, de la luz y lanza una última pregunta directa: “De todo lo que has visto, ¿sabrías decir qué es real?”.

En resumen, estos ‘Primers Moments’ no dejan indiferente. A fuerza de recorrer la trayectoria de estos 33 artistas se pueden establecer unos parámetros de semejanza, guiados, sobre todo, por la transmisión de la experiencia personal y derivados, al mismo tiempo, de la observación del entorno: el físico, el mental y el social. Al final y al cabo, estos ‘Primers Moments’ conforman una generación de artistas, no en el sentido de generación por tener una edad cercana, sino una generación unida por una situación donde la actividad del artista se enmarca en la precariedad al mismo tiempo que en el auge de las prácticas culturales, todo ello dentro de un territorio tan singular como es el valenciano. Un contexto capaz y lógico para unos resultados que hablan por si solos.

Muestra de la exposición con las obras de Art al Quadrat, Fermín Jiménez Landa y Mar Arza. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Muestra de la exposición con las obras de Art al Quadrat, Fermín Jiménez Landa y Mar Arza. Imagen cortesía del Centre del Carme.

María Ramis

“El paisaje cercano es inspiración”

Entrevista con el artista Nando Ros con motivo de:
‘Ben Davant’, de Marisa Casalduero y Nando Ros
Sala ‘exposicions de la Rectoria, Banyalbufar (Mallorca)
Hasta el 9 de septiembre de 2018

Conocí Banyalbufar (Mallorca) hace ya bastantes años, en el verano de 1994. En realidad, yo, a mi manera, ya había estado allí, todos los amigos de una forma u otra sentíamos que lo conocíamos. Y es que nuestra imaginación había vagado ya subiendo y bajando sus calles y laderas, descansado en los sugerentes paisajes de su escarpada orografía, llamado a algún vecino por su nombre y, a veces, hasta teníamos la sensación de haber nadado en sus calas transparentes. Nando (Fernando Ros) nos habló tanto, cuando aún vivía en Valencia, de su escondite mallorquín; nos contaba tantas cosas, tantas historias, tantas anécdotas… que el contagio de emociones había sido intenso y todos intuíamos antes de ir que aquel paraíso particular, referente vital de nuestro amigo, iba a marcar para siempre, también, nuestra cartografía más personal.

Aquella primera vez desembarcamos en el pueblo una pandilla de quince personas. Un grupo variopinto formado por artistas, incipientes galeristas, biólogos, psicólogos… amigos de siempre y amigos recientes. Nos alojamos en una casa preciosa, con unas vistas increíbles, azules. Su terraza fue testigo de charlas sin pausa y risas infinitas. Como éramos tanta gente y dormíamos bastante incómodos, acortábamos las noches allí, bajo la luna, con el sonido del mar al fondo. Fue un viaje de iniciación maravilloso, la mayoría teníamos “veintitantos” y esos días quedarán ligados a la idea que tenemos de esa palabra tan grande y resbaladiza que es felicidad.

Desde entonces hemos venido muchas veces, unos más y otros menos, por separado, juntos, con gente nueva, con novios, parejas… a casa de Nando, al hotelito lleno de encanto de Penny y Mateo, a casas alquiladas… y siempre nos han recibido tan bien, hemos sentido tan cerca el cariño de sus habitantes generosos, especiales, hemos disfrutado tanto, hemos hecho tan nuestro el pueblo que volver hoy con una excusa tan bonita es un regalazo.

Y, sin embargo, a partir de un momento, recordar deja de ser un viaje dulce, placentero. Ya no estamos todos y es duro, insoportable, pensar que nada volverá a ser lo mismo. Hace cinco años que Marisa Casalduero nos dejó y su ausencia duele. Impulsar esta exposición, ‘Ben Davant’ es una muestra más de lo mucho que la echamos de menos. Creo que a ella le hubiera encantado mostrar su obra aquí, en Banyalbufar, donde tan feliz fue, organizada con tanto amor por Juanra, compartiendo espacio con Nando, arropada por su familia, sus amigos, rodeada de su mar…

Nando Ros. MAKMA

Hoy hablamos con Nando Ros de este reencuentro de emociones, de recuerdos compartidos y de su recorrido vital y artístico.

Hablemos de este rincón mallorquín mágico de la Serra de Tramuntana, que hoy nos vuelve a unir con motivo de la exposición ‘Ben Davant’, una muestra esperada y celebrada por todos los que conocimos a Marisa, te conocemos a ti y admiramos vuestra obra.

Banyalbufar es un pueblo lleno de encanto para el visitante que lo descubre y disfruta pero es también un lugar ligado a la cultura internacional ya que ha sido refugio de muchos artistas. Desde algún poeta de la Generación Beat americana, hasta creadores contemporáneos han encontrado aquí la inspiración.

Es cierto, uno de los últimos poetas de la Generación Beat, Robert Creeley, vivió en Banyalbufar por algún tiempo. Mucha gente descubrió esta zona de Mallorca y se instaló en Deià, Valldemossa, Sóller… Son conocidos los casos de Joaquín Mir, Santiago Rusiñol, George Sand y Chopin; Robert Graves y músicos como Mike Oldfield, Kevin Ayers… El referente fue Robert Graves, muchos de estos artistas llegaron de su mano. Venían a verle, a pasar unos días, les encantaba el lugar y acaban quedándose. En Palma, desde los años cincuenta, Camilo José Cela, editaba Papeles de Son Armadans, una publicación que atraía a la isla a los mejores escritores del momento; también, en torno al mítico Hotel Formentor se concentró una nutrida colonia de artistas. Muchos venían y se iban, otros se quedaron. Banyalbufar permaneció como un último reducto, tal vez por eso hoy lo disfrutamos casi intacto

La Serra de Tramuntana es uno de los últimos lugares vírgenes, tanto por su naturaleza como por su cultura, que quedan en el Mediterráneo español y Banyalbufar es un imán. Caminas por la Tramuntana gozando del paisaje, que es maravilloso, y, de repente, te encuentras por sorpresa con Banyalbufar, casi te dejas caer, y te cautiva. Tienes el mar delante, la montaña detrás, verde y azul perfecto, tal y como debía de ser hace mucho tiempo. Un pueblo íntegro sin anexos de barriadas residenciales, ni nada parecido, de una pureza que es arrebatadora y de la que no es fácil escapar. Te sientes tan prendado, tan enganchado al lugar, que quieres quedarte. Le ocurre a mucha gente. Decía George Sand (pseudónimo de Aurore Dupin) que a ella le costó mucho trabajar en Mallorca, porque el paisaje era tan subyugante, tan invasivo para su mente, que se sentía incapaz de superar la belleza de lo que estaba contemplando, que le costaba inventar algo mejor que lo que tenía delante de los ojos.

Yo vivía en Valencia y durante muchos años soñaba con los fondos azules, las aguas cristalinas, con los encinares sombríos y, hasta que no conseguí venir a vivir aquí, no descansé. Hay quien lo ve como un terreno hostil, cuesta llegar, la carretera es complicada, el mar y la sierra son como dos murallas, estás emparedado y a mucha gente esto le ha resultado angustioso. Yo lo he disfrutado y lo sigo disfrutando y me parece que esta complicada orografía funciona como un filtro que permite mantener intacto su encanto.

En Valencia estudiaste Bellas Artes, allí comenzaste tu carrera artística y un día decides venir y quedarte, ¿cómo ha sido y es tu relación con Banyalbufar?

Llevo 20 años viviendo aquí, los últimos en Palma por motivos familiares, pero sigo estrechamente ligado a Banyalbufar. Mi relación es de amor profundo. Siempre me he visto acogido por el pueblo y su gente, siempre me he encontrado bien. Me siento comodísimo, me siento en casa, es una relación de amor incondicional, me da todo, me provoca cosas siempre buenas, me crea estabilidad, me incita a crear. Lo disfruto de todas las maneras posibles. Además, para nosotros, los valencianos, es un sueño y creo que nos es familiar porque es como debería ser nuestra costa antes de la llegada masiva del turismo; es como un paraíso.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Desde que llegaste aquí se ha creado una discreta pero profunda y permanente corriente artística que hace que muchos artistas, galeristas y profesionales relacionados con la cultura vengan y conviertan Banyalbufar en uno de sus rincones favoritos.

Cuando vivía en Valencia tenía la suerte de estar rodeado de gente maravillosa que de una u otra forma estaban conectados con el mundo del arte y la cultura, tengo muy buenos amigos artistas, galeristas, promotores, gente que se conoce entre sí y he tenido la fortuna de ser muy amigo de alguno de ellos. Muchos han venido a visitarme, les he invitado a mi casa, han repetido, han venido acompañados de gente, que luego ha vuelto con otros amigos… También ha funcionado mucho el “efecto llamada”. La gente que ha venido ha quedado cautivada y se ha producido cierto circuito e, incluso, alguno se ha quedado por aquí.

Tu relación artística con el pueblo es intensa. Has expuesto, impulsado proyectos, ilustrado publicaciones…

Yo llegué aquí y ya tenía una línea de trabajo. Mi primera ilusión fue montar un estudio en mi casa, con todas las energías renovadas de llegar a un sitio así y de encontrarme el gran escaparate delante de los ojos. Alquilé un local y promovimos una pequeña galería de arte, pero no resultó viable y tuvimos que abandonar el proyecto. Yo he continuado trabajando y exponiendo tanto en Valencia como en Mallorca y en otros lugares. Aquí he expuesto en varias ocasiones, hay una escultura mía en un rincón del pueblo, he ilustrado varios libros, algunos de poesía, otros de narrativa, ensayo, incluso diccionarios, algunos promovidos por el Ayuntamiento de Banyalbufar y, bueno, he continuado trabajando, haciendo cosas…

Esta exposición es de dos artistas con amplia trayectoria y una obra consolidada en el tiempo, pero es, también, la exposición de dos amigos. ¿Qué significa para ti exponer con Marisa Casalduero?

Íntimamente siempre había sido un deseo. Siempre quise exponer con ella por muchas razones. Marisa y yo éramos buenos amigos –era imposible estar cerca de Marisa y no ser un buen amigo suyo–. Marisa era una gran trabajadora, una gran artista y es una referencia para todos por muchos motivos, y cuando Juanra, su marido, me propuso la idea, acepté agradecidísimo. Ella, por supuesto, estuvo en Banyalbufar, le encantaba, incluso dejó alguna pequeña obra (con el tiempo he conseguido recuperar algún dibujo que dejó a amigos de Banyalbufar). Ella era así, hacía las cosas, demostrando todo el cariño, todo el amor. Marisa también tenía una vinculación muy fuerte con el mar, con el Mediterráneo, con la costa, se reflejaba mucho en su obra y para mí era un sueño, siempre tuve esa ilusión y desde luego poder hacerlo al fin, más que un sueño, es un honor. Estoy entusiasmado con la idea.

Imagen de algunas de las piezas de la artista Marisa Casalduero que forman parte de la exposición. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de algunas de las piezas de la artista Marisa Casalduero que forman parte de la exposición. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

¿Cómo definirías la obra de Marisa Casalduero?

Es especialmente sugerente por lo vitalista, el trabajo de Marisa es siempre un canto a la alegría, a la vida, al color, a la luz, y lo muestran sus obras y sus escritos; conocerla era darte cuenta de que su obra es su reflejo, su manera de ver la vida, y ahí hay un cierto punto de conexión con lo mío, compartimos un cierto disfrute, casi infantil. La suya es más luminosa, también más vitalista. En la mía hay siempre un elemento subyacente dramático, a veces hasta ridículo; un barquito que se hunde… Me siento unido a su obra por esa perspectiva casi infantil de la vida, esa visión limpia y alegre de verla, aunque tengas un drama dentro de ti.

Respecto al uso de técnicas y materiales, sí que se observan diferencias entre vosotros. Tú eres más dibujante, más pintor. Ella juega, experimenta, con diferentes técnicas y soportes; objetos encontrados, telas, papeles, piedras…

Yo me amarro al dibujo, me aferro, me sujeto fuerte. Lo mío siempre está colgado de un esqueleto de dibujo, siempre hay un armazón al que me agarro como a un clavo ardiendo y sobre el que pongo pintura o dispongo otros materiales. Sin embargo, a Marisa le provoca cualquier objeto encontrado, papeles, piedras, palos, elementos del mar, incluso pequeños juguetitos (hablábamos antes de la mirada infantil, alegre, de la vida). Variadísimos elementos le sugieren una obra de arte y yo necesito recalcularla, redibujarla y atarla a algo. Ella es mucho más directa, dispone directamente sobre el soporte, yo voy siempre haciendo capas, añadiendo capas. El 90% de mi obra no se ve, está detrás de lo que se ve, pero está ahí, debajo. Marisa es mucho más directa, es mucho más plana en el mejor de los sentidos, más limpia. En lo mío siempre hay un elemento subyacente dramático que a veces se percibe y otras veces no.

Tu obra está plagada de una personal iconografía: animales que actúan como humanos, seres oníricos, fantásticos, fondos negros que evocan pizarras de infancia. ¿Bebe de influencias surrealistas y dadaístas?

Siempre hay un imaginario, una iconografía a la que me cuesta renunciar. A veces, los personajes salen ellos solos y, a veces, se me plantan directamente dentro de la obra, incluso, a veces, pretendo renunciar a ellos… y surgen. Hay referencias, gestos humanos… Hablando con Àngel Bofarull –artista de referencia en el ámbito del collage contemporáneo–, aquí, en Banyalbufar, hace años, él sí se reconocía como hijo del surrealismo, de Max Ernst, aunque también de Schwitters; yo, sin embargo, siempre he querido negarme, no me siento surrealista. No tengo esa referencia onírica, no la reconozco, es más la visión infantil de una persona adulta sobre el drama de la vida. Sí que tendría que ver más con el dadaísmo de alguna manera, es verdad, pero también con el expresionismo y los alemanes de entreguerras, como Dix o Grosz, y esas referencias a la pizarra, con otros elementos, y luego el animal como parte del ser humano que es casi incontrolable.

El animal en mis obras siempre está relacionado con ese algo que se nos escapa, que no podemos negar y que no podemos controlar, que nos obliga a hacer cosas y luego… la parte contraria, la del humano, con referencias animales que es un poco la misma, pero es casi más ridícula, es la de aquel que quiere controlarse, que quiere ser cerebral, que quiere controlar todo lo que le rodea y, en el fondo, obedece a un instinto; hay una parte que se le escapa a su control, a su cerebro, a su raciocinio… y que tiene más importancia de la que él quiere reconocer. El animalito siempre es más libre, siempre hace un poco lo que quiere y no se arrepiente, y esa parte sale mucho en mi obra, es verdad. Eso tiene mucho que ver con el niño, la parte infantil, esa parte que funciona completamente libre y que tiene mucho que ver con el disfrute y con el vivir, simple y llanamente, sin darle tantas vueltas. La parte humana siempre tiene algo de ridículo o patético en mi obra.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

La parte bohemia relacionada con el arte, el sabor parisino de principios del siglo XX, los cafés, vapores de humo y alcohol… están muy presentes en muchos de tus cuadros, dibujos y grabados. ¿Qué te sugieren tanto estos ambientes?

Tiene mucho que ver con el disfrute del artista, con lo que le rodea, con su mundo. Esa manera de entender la vida que busca la evasión, el momento oscuro, el rincón… dejar que nuestra cabeza se vaya en vapores de todo tipo que puede acabar de cualquier modo, o entablando relaciones profundas, en borrachera… o en disfrutes más grotescos. Dejar salir todo lo que hay dentro y disfrutar de la diferencia, siempre buscar el momento distinto y que nada te ate demasiado; me atrae esa parte bohemia de la noche, esas reuniones alrededor de una mesa que invitan a mantener conversaciones interminables y provocan situaciones especiales que siempre se recuerdan. Creo que todo esto estimula la creación e incita a lo extraordinario, ayuda a que la cabeza se vaya un poquito por donde quiera. También hago mucha referencia a la literatura y a los libros.

¿Qué influencia tiene la literatura en tu proceso creativo?

Cuando preparo una exposición la preparo fundamentalmente leyendo; me gusta mucho leer, meterme dentro de todo lo que estoy leyendo y que todas esas referencias queden dentro de la cabeza y acaben reflejándose de alguna manera en mis obras. Al fin y al cabo, es creatividad sobre creatividad, alguien ha inventado algo que te provoca, tu cabeza sigue dando vueltas y estás así un día tras otro. Procuro leer mucho y, especialmente, cuando estoy pintando, cuando estoy dibujando. Me gusta tener todo tipo de referencias y, a veces, esto se plasma en mi trabajo. Parece que no, pero siempre está ahí.

¿Qué artistas reconoces como fundamentales en tu desarrollo artístico?

Para mí hay una referencia clarísima que es Chagall, incluso sin ser consciente de ello, siempre me gustó, desde niño, y, cuando me doy cuenta, miro y es verdad, incluso la iconografía se parece. Hay algo, hay cosas muy reconocibles. No lo puedo negar. Picasso me marca mucho también, ya he hablado de los dadá y los alemanes y luego me marcan mucho los antiguos; Giotto y aquel primer renacimiento, los últimos góticos…

Muchos de tus personajes aparecen tocando instrumentos, la música está presente en muchas de tus escenas.

Sí, yo siempre digo que mi vida es con banda sonora. Siempre tengo una canción en la cabeza. Siempre estoy cantando. No entiendo la vida sin música, la encuentro en todos los sitios, la provoco y la echo de menos siempre que no la tengo. Creo que el arte es universal y lo invade todo. Necesito oír música, ver cosas, leer cosas y todo lo que sea creación me parece que es absolutamente necesario. Para mí es muy difícil desligar una cosa de la otra. No entiendo al artista encasillado, que nada le influye más que lo suyo, lo que toca. Me parece que las ramas se entrelazan y son una misma cosa, la creación pura y dura. La música es sugerencia, te transporta. Es pura abstracción, sonidos organizados, es fundamental. No sé vivir sin música.

La música forma parte de tu día a día, ¿sigues componiendo y tocando en varios grupos?

En este momento toco en tres grupos y en dos de ellos con gente de Banyalbufar. Hace un mes hemos presentado con Musol (con Guillem Coll y Rodrigo Álvarez) un disco en el teatro Mar i Terra de Palma con bastante éxito, tengo que decir; salió muy bien, ahora tratamos de promocionarnos. Los Aphònics llevamos más de 20 años tocando en verbenas, fiestas y no perdemos ocasión de divertirnos. Ramón Rosselló, de Esporles, también cuenta conmigo (y Pep y Jaime). Bueno, la cosa es difícil, porque tocar por ahí es muy complicado, pero lo hacemos con mucha ilusión y con mucho amor y disfrutamos mucho. El disco que hemos grabado de Musol tiene una portada mía, por cierto.

Volviendo a la exposición, en esta muestra cambias de registro y presentas obra muy diferente a la anterior, temas nuevos y distintas técnicas. Háblanos de esta etapa que comienza.

A la idea de exponer mi obra con la de Marisa le estuvimos dando vueltas. El hilo conductor entre nosotros podría encontrarse fácilmente, nuestra referencia personal es directa; éramos amigos, compartimos muchos momentos, pero también queríamos poner en relieve la vinculación que tenemos con el mar Mediterráneo, que tanto nos separa y tanto nos une. Imagino que ella está delante de mí y yo delante de ella, en dos orillas diferentes, enfrentados en el mismo mar, uno delante del otro, queriendo vernos, pero sin vernos, disfrutando de lo mismo, o viendo lo mismo pero sin saberlo. Este hecho nos sugirió, también, que la exposición se dispusiera en paredes enfrentadas, un wall to wall, y que la obra de uno estuviera delante de la del otro; esto marcó la manera de seleccionar la obra para la exposición.

La idea que elegí, finalmente, fue la de dar protagonismo a aquello que nos inspira, justamente lo que tenemos delante, ben davant, y procurar prescindir de todo el imaginario, de todo el animalario, toda la serie de personajes que aparecen casi de forma espontánea en mis obras y quedarme justo en lo que tengo enfrente, en lo que está delante de todos esos personajes, lo que nos envuelve, lo que nos rodea, aquello que forma nuestra corteza, lo que nos sugiere todo lo demás y que, a veces, lo tenemos tan cerca que nos cuesta verlo. Concentrarme en lo que en otros momentos ha sido el decorado, empleando técnicas que provoquen sensaciones que esquiven la introspección o el examen, técnicas que ataquen directamente el soporte, como óleos, acuarelas o acrílicos, buscar la inmediatez, no recurrir al grabado, por ejemplo, que exige cierta continuidad técnica y pide estar sobre la pieza tocando y retocando varios días.

Esa era la idea de ‘Ben Davant’, que es el título de la exposición. Quedarnos con lo que tenemos justo enfrente de nuestros ojos. Las Baleares tienen mil colores delante, tienen el mar, la montaña, el bosque… algunas de las acuarelas que se van a colgar están hechas en Cabrera, otras en otros lugares de las islas, Marisa también tiene piezas hechas en Formentera. El paisaje cercano es inspiración, volvemos la vista a nuestro entorno más íntimo.

El artista Nando Ros durante un instante de la entrevista con motivo de la exposición 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

El artista Nando Ros durante un instante de la entrevista con motivo de la exposición ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Marisa Giménez Soler

 

Identidades estéticas, personalidades indelebles

‘Personalidades Indelebles’, de Factoryart Plataforma de Arte Independiente
Artistas: Almudena Mahiques, Ana Torralba, Bárbara Traver, Jesús Molinera, m.e.santiso, Miguel Ángel Punter, Quique Sena y Roberto Reula
Comisario: Miguel Ángel Punter
Sala municipal de exposiciones Coll Alas
Plaza Escuelas Pías 7, Gandía
Del 24 agosto al 22 de septiembre de 2018

‘Personalidades Indelebles’ son las protagonistas que erigen el horizonte caótico que encauza y da forma al contenido de la propia exposición. Narran, a través de la plástica, las emociones que invaden la relación que estos artistas mantienen con su trabajo y cómo estas son vertidas sobre sus obras, creando sus propias cargas narrativas indelebles desde su perfil más íntimo y personal. Estas obras, creadas con total libertad, denotan una evidente y clara apertura hacia posibilidades transformadoras de experiencias visuales innovadoras y transgresoras.

Esta muestra de arte plantea un cierto consenso de mestizaje entre sus diferentes formas de expresión, donde se dinamiza y destaca la imaginación creativa como agente provocador y autorreflexivo. Desde lo visual, muestra el interior de sus formas y contenidos en el plano artístico, mostrando al espectador sus propias formas de verbalizar sus capacidades visuales y poéticas, de entender su mundo interno, con total pureza e intensidad, convirtiendo al espectador en cómplice de la reconstrucción de sus verdaderas historias volcadas en arte.

Personalidades Indelebles. MAKMA

Una amplia pluralidad de tendencias y discursos ofrecidos en la muestra que nos invita a conocer sus propuestas estéticas desde la instalación, la pintura, la escultura y la fotografía, entre otras. Una invitación sutil a explorar la confrontación de realidad y emotividad estética y visual que nos presentan estos ocho artistas plásticos, con sus personalidades íntimas e indelebles que, siendo dispares entre ellas, presentan y consiguen en el conjunto una armonía visual sin interposiciones de los unos sobre los otros, brillando con una luz propia, mostrando su presencia plena y consciente, dejando entrever la identidad de su propósito a través de las formas.

Esta manifestación de ideas y emociones artísticas, creadas desde un lenguaje visual, ofrecen posibilidades de refinamiento del pensamiento, confrontando mundos artísticos diversos, incitando a la reflexión y estimulando una imaginación visual más sólida cuanto más formada e integral sea.

Imagen de una de las obras pertenecientes a la serie 'Human', de Bárbara Traver. Fotografía cortesía de Factoryart.

Imagen de una de las obras pertenecientes a la serie ‘Human’, de Bárbara Traver. Fotografía cortesía de Factoryart.

Una exposición colectiva ofrecida por un grupo de artistas emergentes que, por formación, pasión y conocimiento, demuestran con sus obras una admirable sofisticación formal y conceptual, creando y dando forma a esta exposición para ofrecer su potencial conocimiento intelectual y mostrando cuestiones de carácter estético, social, discursivo, etc., cuestiones que el arte, a menudo, anticipa a su tiempo, siendo el latido más sincero de este.

En conclusión, trata de dejar ver entre sus costuras  el deseo de mirar el mundo de un modo diferente, desde un tratamiento particular de la imagen finalmente ofrecida, inventada, repetida, manipulada, sugerida, etc. Cuestiones, en definitiva, relacionadas con la realidad y el modo con que esta se da a lo visible.

Imagen de las obras 'El hombre que sonríefugio' y 'Víctima o verdugo?', de Jesús Molinera. Fotografía cortesía de Factoryart.

Imagen de las obras ‘El hombre que sonríefugio’ y ‘Víctima o verdugo?’, de Jesús Molinera. Fotografía cortesía de Factoryart.

Miguel Ángel Punter

 

Arquitectura caduca, naturaleza perenne

‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño
Librería Railowsky
Gravador Esteve 34, València
Hasta el 9 de septiembre de 2018

Los artificios creados por la mano del hombre están condenados a sucumbir al deterioro si son abandonados a su suerte. La naturaleza circundante, sin embargo, se regenera a sí misma y permanece incólume, aunque sufra cambios al ritmo de las estaciones y alguna baja. Lo caduco y lo perenne son las manecillas de un reloj metafórico que marca la evolución del paisaje y de quienes lo contemplan con mirada calma y profunda.

Imagen de la arquitectura deshabitada perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen de la arquitectura deshabitada perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Es el mensaje que transmite ‘Huellas/Traces”, la sugerente exposición de la fotógrafa Pilar Pequeño, compuesta por 27 piezas en blanco y negro y color, que se puede ver en la librería Railowsy hasta el 9 de septiembre de 2018. Se trata de un trabajo realizado por Pequeño en dos etapas distintas –la primera entre los años 2000 y 2005, y la segunda entre 2012 y 2016–, en torno a un par de edificios de un significado muy especial para ella –uno situado en la desembocadura del río Miño y otro en el Mar Menor–.

Un trabajo sobre la acción del hombre en el paisaje, el paso del tiempo, la memoria y la recuperación de la naturaleza de los lugares abandonados. Situados ambos a la orilla de dos mares –-el Atlántico y el Mediterráneo–, representan dos tipos muy diferentes de arquitectura y de clima que reflejan cómo el entorno geográfico condiciona el carácter de las ruinas. La imagen de la palmera enmarcada en el pórtico –correspondiente a la serie sobre el Mar Menor–, primero viva y años después decapitada, es paradigmática de ese tratamiento de la mutación temporal: Tempus fugit.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

“Las ruinas me fascinan”, afirma Pequeño, que disfruta de sus vacaciones familiares en Altea (Alicante). “Empecé a fotografiarlas en 1975, en concreto las del Balneario de Mondariz. A estas les dediqué un estudio más profundo a lo largo de varios años, con un intervalo de tiempo”.

El edificio del Bajo Miño, en Pontevedra, está situado cerca del lugar donde pasó su infancia, en la frontera con Portugal. “A finales del siglo XIX fue construido por los Jesuitas para albergar un selecto centro de enseñanza donde iban a estudiar los hijos de la burguesía de la época. Una cuna del saber, germen de las universidades de Deusto y Comillas. Allí estudió mi padre. Luego se le dio otros usos y hoy se encuentra en estado ruinoso”.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

El otro espacio que cautivó a la fotógrafa, en el extremo  opuesto de la península, tiene también su historia. Era la vivienda de Ramón Franco, el héroe del Plus Ultra y hermano del dictador, que fue  durante una época jefe de la base militar de Murcia. “Lo descubrí por casualidad cuando fui al Mar Menor con mi marido, que es muy aficionado a los deportes náuticos”, recuerda Pequeño. “Entonces se podía acceder libremente a él y me gustaba ir allí a pasear y a leer, a observar con calma los cambios de la luz a lo largo de las horas”.

Pequeño utilizó imágenes en blanco y negro hasta que, entre 2009 y 2016, fue adoptando el color, yendo más allá del cromatismo tradicional. Invernaderos, paisajes y plantas son motivo ineludible de su objetivo y, con ellas, el agua, la luz, la vida y la muerte. “Me gusta controlar todo el proceso de elaboración de la fotografía y antes eso era imposible trabajando con color”, comenta. “Con las cámaras digitales ya es posible y por eso me pasé al color”. En ‘Huellas/Traces’ está muy presente esa dualidad, blanco y negro versus color, que enfatiza la sensación del paso del tiempo, al resaltar su efecto transformador tanto sobre la piedra como en el paisaje.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

“La diferencia entre la ruina y el escombro es la memoria”, escribe Rosa Olivares en el libro catálogo editado con motivo de la exposición. “La vida que albergó ayer lo que hoy es piedra; estas paredes que ya no protegen a nadie ni a nada fueron colegio, casa, universidad, campo de concentración, albergaron no solo a personas, a niños, a hombres, sino a sus sueños y a sus miedos (…) Pilar Pequeño realiza un trabajo casi de estudio arqueológico volviendo a los mismos lugares abandonados, que no parecen interesar a nadie, repletos de historias de otros tiempos”.

Por su parte, María Teresa Gutiérrez Barranco señala: “Huellas es un relato visual sobre la poética del paso del tiempo. En él confluyen avatares de dos recorridos. Dos escenarios que se funden en una única narración personal (…), un profundo y conmovedor diálogo con dos edificios que van muriendo lentamente. Transformación del fin en un nuevo comienzo”.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Bel Carrasco

 

 

 

 

 

 

 

 

Residuos, deshielo e incendios en Las Naves

‘Fotos pel Canvi’, de VV.AA.
Las Naves
Joan Verdeguer 16, València
Hasta el 8 de septiembre de 2018

Las Naves, a través de su red Connecta Cultura, y la Fundación Observatori del Canvi Climàtic. del Ayuntamiento de València, han organizado esta exposición de fotografías, en la que trece artistas de ámbito internacional denuncian el terrible panorama al que la acción humana ha sometido al medio ambiente.

Nombres como los de Gregg Segal, Caroline Power, Kerstin Langenberger, Georgina Goodwin, Patricia de Melo, Mark Gamba, Xaume Olleros, Olmo Calvo, Eloy Alonso, Miguel Lorenzo, Marc C. Olsen, Paulo Oliveira y la propia comisaria de la exposición, Tania Castro, son los autores y autoras de esta exposición que permanecerá en Las Naves hasta el próximo 8 de septiembre de 2018.

Imagen de la obra 'Acabando con los recursos del planeta', de Mark Gamba. Fotografía cortesía de Las Naves.

Imagen de la obra ‘Acabando con los recursos del planeta’, de Mark Gamba. Fotografía cortesía de Las Naves.

Por primera vez en España y en el seno de la exposición se presenta el trabajo del fotógrafo estadounidense Gregg Segal, ‘Seven days of garbage’ (siete días de basura), en el que el autor ha invitado a varias personas a no tirar los residuos que producían durante una semana para retratarlos con ellos tras siete días. Las imágenes nos muestran el gran número de residuos que producimos cada uno de nosotros. Se estima que cada persona genera 478 kilogramos de residuos al año y su tratamiento tiene graves carencias. Esta situación, entre otras cuestiones, origina importantes emisiones de gases de efecto invernadero.

Por su parte, Caroline Power pone el ojo sobre el grave problema del plástico; en las fotos y videos, que se difundirán a través de las redes sociales de Las Naves, la autora muestra la ínsula de plástico que se ha creado en la isla de Roatán, en el Caribe.

Igualmente, el deshielo y sus consecuencias son reflejados en las imágenes de Kerstin Langenberger, Eloy Alonso y Marc C. Olsen.

Imagen de la obra 'Plástico', de Paulo Oliveria. Fotografía cortesía de Las Naves.

Imagen de la obra ‘Plástico’, de Paulo Oliveria. Fotografía cortesía de Las Naves.

Los incendios forestales son cada vez más grandes y más devastadores, siendo uno de los impactos más claros del cambio climático advertidos por la ONU. En España, solo el año pasado, se quemaron un total de 174.788 hectáreas, aproximadamente un 0,63% del total del territorio. Sobre este tema se observa, con dolor las imágenes de Patricia de Melo,Tania Castro y Miguel Lorenzo.

En la exposición también se pueden ver imágenes del internacionalmente galardonado Olmo Calvo, de Mark Gamba, Paulo Oliveira, Georgina Goodwin y el fotógrafo valenciano Xaume Olleros, autor de la reconocida portada del Times durante la Umbrella Revolution en Hong Kong.

Esta exposición forma parte de la línea abierta recientemente en Las Naves, en la que se ha puesto en marcha un grupo de trabajo con el sector fotográfico de València, apoyando, así, a las industrias creativas culturales desde el área de la innovación.

Imagen de la obra 'España, camino de ser un gran desierto', de Eloy Alonso. Fotografía cortesía de Las Naves.

Imagen de la obra ‘España, camino de ser un gran desierto’, de Eloy Alonso. Fotografía cortesía de Las Naves.

 

La destrucción de la memoria de Endika Basaguren

‘Borrar las huellas de la memoria’, de Endika Basaguren
Art Room (Espacio Experimental)
Sta María 15, Madrid
Del 5 al 26 de julio de 2018
Inauguración y performance: viernes 5 de julio de 2018 a las 20:00

La performance de Endika Basaguren “Borrar las huellas de la memoria” recala en Art Room (Espacio Experimental) como punto de destino de un largo viaje, después de haberse presentado en lugares como Bilbao, Galeria Arte Extremo (Lisboa), Culturgal (feria de las industrias culturales gallegas), Espazo de Arte Contemporánea (Pontevedra), el festival internacional de performance Latitudes (Sta cruz de la Sierra, Bolivia), y el festival internacional Itinerant (Nueva York). De este modo, Endika ofrece la oportunidad de disfrutar en directo su performance ‘Borrar las huellas de la memoria’, pieza indispensable para entender su último trabajo de nombre homónimo, que presenta en Madrid.

Becado para su realización por la Diputación Foral de Bizkaia, ‘Borrar las huellas de la memoria’ se trata del trabajo más íntimo y personal del artista bilbaíno. Si Henry Michaux solía definir al artista como aquel que se resiste de manera absoluta al impulso de no dejar huellas, nunca como hoy la fiebre por dibujar un rastro ha marcado tanto la cultura.

Imagen de una de las acciones de Endika Basaren. Fotografía cortesía del artista.

Imagen de una de las acciones de Endika Basaren. Fotografía cortesía del artista.

Allí están Facebook o Instagram y su respectiva obsesión por dejar una señal capaz de probar cualquier experiencia. Facebook resulta una mezcla del sueño de Beuys (todos somos artistas) con la actitud de Oscar Wilde (todo es susceptible de ser arte) . Tal vez ahora lo más inquietante se juegue en la negativa a dejar rastro, con el artista convertido en un borrador de pistas.

“Mi propuesta es precisamente la de actuar como borrador, como destructor de mi propia obra y pasado, para que esa acción genere una nueva obra que defina lo que soy. Lo cierto es que los artistas siempre han tenido una pulsión destructiva que complementa la creativa. Para crear algo nuevo hay que destruir lo que había previamente. El arte avanzado es la destrucción de lo anterior”.

Rauschenberg es el gran ejemplo de que se puede crear destruyendo. Con ‘Erased de Kooning’ realizó la primera obra que surgía de la destrucción de otra pieza consagrada en el mundo del arte. Una creación por eliminación y no por adición. Una serie de artistas trabajaron después de forma similar: El grupo Fluxus, Wolf Vostell y sus decollage o la artista contemporánea Valerie Hegarty.

“Todas las acciones destructivas de estos artistas se han realizado para romper con el arte del pasado, reflexionar sobre la historia del arte, pero en mi caso esa ruptura es con mi propia obra y con mi propia historia. En esta línea, he destruido buena parte de mi trabajo; obra realizada durante aproximadamente 6 años, que siempre he mantenido oculta, quizás como negación de lo que en ese momento fui. Se trata de una etapa/obra con la que no me identifico debido a la falta de consciencia y lucidez a la hora de ejecutarla”.

Imagen del políptico 'Per-ma-ne-cer', de Endika Basaguren. Fotografía cortesía del artista.

Imagen del políptico ‘Per-ma-ne-cer’, de Endika Basaguren. Fotografía cortesía del artista.

Las últimas piezas que quedan de aquella etapa son las que se destruirán en la performance que se realizará en Art Room, siendo que algunas estuvieron aquí expuestas en el año 2006. De esta acción y de la destrucción de las últimas piezas se creará una serie de obras exclusivas y firmadas en directo para los asistentes.

La última exposición puramente pictórica que realizó Endika Basaguren fue precisamente la primera individual que hubo materializado en la entonces llamada galería Catarsis (Investigación y Arte). Es por ello que la destrucción en este espacio de esos últimos vestigios pictóricos que le atormentan cierra un ciclo artístico para el artista, invitando al visitante a participar de esa catarsis creativa tan íntima.

Imagen de una de las acciones de Endika Basaren. Fotografía cortesía del artista.

Imagen de una de las acciones de Endika Basaren. Fotografía cortesía del artista.

 

Cartografías de Silvia Mercé en Xàbia

‘Profundidades accesibles’, de Silvia Mercé
Comisariada por Marisa Giménez Soler
La Casa del Cable Espai D’Art
Triana 24, Xàbia (Alicante)
Del 1 de junio al 1 de julio de 2018
Inauguración: viernes 1 de junio a las 20h

Buscar a través del arte su lugar en el mundo, descubrir y conquistar ese recodo íntimo en el que las ausencias se transforman en luz y ya no duelen tanto, cartografiar un mapa propio de emociones donde las coordenadas crucen en el mismo plano recuerdos y anhelos, espejismos y vivencias. Enloquecer la brújula, esquivar el Norte, distraer los rumbos y lanzarse al mar.

Y entonces cambiar de esencia, de piel, fundirse con las profundidades teñidas de leyendas e historias, plantar cara a las mareas, escuchar sin miedo el eco lejano de los cantos que en la antigüedad cautivaron a aquel héroe aqueo, superar límites y así… dejarse mecer, permanecer.

Solo desde ese lado, desde esas aguas, rocas, islas, orillas…, desde esa mirada, es posible imaginar visiones contemporáneas inyectadas de color, energía y talento como las que nos propone en esta exposición, ‘Profundidades accesibles’, la artista Silvia Mercé. Sirenas, “sirenos”, seres mitológicos revolcados de modernidad; hábitats, fondos y paisajes marinos imbuidos de fuerza y sugerente transgresión. Peces, cetáceos… que se escapan de su ámbito, sumergiéndose en un fascinante caos de trazos, líneas y esbozos.

Silvia Mercé. Makma

El agua que seduce y atrapa, el cielo que empuja a la elevación, a la trascendencia. Lo desconocido, lo misterioso, siempre ha despertado la curiosidad de la artista. Su primera exposición, allá por los años noventa, que tuvo lugar en La Esfera Azul, se llamó ‘Mirando las estrellas’. Desde entonces, su inspiración ha transitado varias veces en busca de respuesta por el octavo cielo, desde donde, según la teoría medieval geocéntrica, estos astros irradian su luz. También las plantas que imagina Silvia trepan y se elevan hacia lo infinito. De savia bruta y hoja perenne, se agarran a la vida negando su rareza y fragilidad.

Los títulos que aúnan sus series guían su recorrido artístico y también vital; ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, representada con varias piezas en esta muestra, nos habla de la identidad inmutable, de la incapacidad manifiesta de la raza humana de mezclarse con los otros, de mimetizarse con la naturaleza, de empatizar.

Errante y viajera, Silvia Mercé necesita experimentar, lanzarse a nuevos retos, dar vueltas por el mundo, enriquecerse de sensaciones, alimentar su alma, para más tarde parar, tomar aliento y regresar a sus puntos de referencia a los que se aferra fuertemente.

De sus viajes, de cómo vive y cómo siente, nacen obras que encapsulan recuerdos. Fotografías, collages, dibujos, pinturas… que ella luego mezcla y manipula digitalmente, deteniendo en el tiempo imágenes que son ya reminiscencias, momentos que fueron mágicos; frases repetidas, marcadas a modo de tatuaje que reflejan un estado de ánimo, un grito en la noche, un estallido de felicidad, una ráfaga de placer. Esquinas de la memoria que el color tiñe, intensificando para siempre instantes que no volverán, pero que reivindican su presencia en estos micromundos que componen la existencia.

Imagen general de una parte de la exposición 'Profundidades accesibles', de Silvia Mercé, comisariada por Marisa Giménez, en La Casa del Cable Espai D'Art de Xàbia. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen general de una parte de la exposición ‘Profundidades accesibles’, de Silvia Mercé, comisariada por Marisa Giménez, en La Casa del Cable Espai D’Art de Xàbia. Fotografía cortesía de la artista.

Marisa Giménez Soler

 

Lo digital y el factor humano

La enseñanza de las artes en la era digital: el factor humano
Las Naves
C / Joan Verdeguer, 16. Valencia
Jueves 31 de mayo de 2018, a las 19.00h

La tecnología y las redes sociales han cambiado la forma de ver el arte. La tecnología, para inducir a un significativo cambio de apoyo, y las redes sociales, democratizándolo.

Haría falta un debate profundo que analizara las consecuencias que ha generado el digital en la enseñanza de la creación en general y la de las artes aplicadas en particular. De momento, en esta mesa redonda el debate se centrará en la importancia del factor humano en la enseñanza de las artes en la era digital. Sobre todo en un momento en el que la información se encuentra fácil a golpe de clic.

Posiblemente sea ahora, cuando en cualquier tutorial puede encontrarse la manera de hacer algo, cuando más necesario se haga el factor humano. No deja de ser una tesis que resulta verosímil si atendemos al auge y proliferación de cursos y carreras artísticas.

Se trata de indagar, a través de la exposición y la mesa de debate, sobre las relaciones, vínculos e influencias que todavía se generan entre profesorado / profesionales de la materia que imparten y su alumnado. Y es en el ‘todavía’ donde encontramos la necesidad de abordar un tema no suficientemente explorado ni analizado. Y es en el ‘todavía’ donde toman relevancia estos vínculos y estas influencias citadas debido, precisamente, a esta individualidad hacia la que nos conduce el mundo digital, con sus vídeo-conferencias, cursos online y tutoriales de todo tipo.

Cartel de la mesa redonda. Imagen cortesía de ESAT.

Cartel de la exposición ‘Revolutum’. Imagen cortesía de ESAT.

Participantes

Ricard Huerta: Profesor en la Universidad de Valencia. Educador en artes. Investigador del Institut Universitari de Creativitat e Innovacions Educatives. Director de ERARI y eMuseari. Presidente de Avalem.

Elías Pérez: Profesor titular en el Departamento de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos, Universidad Politécnica de Valencia. Decano de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de la Universidad Politécnica de Valencia de 2004 a 2009.

Victoria Contreras: Artista multimedia y profesional freelance especialista en herramientas electrónicas e integración de recursos digitales. Socia fundadora de DES.AR.ME. (Desarrollo artístico de los Medios).

Moderador: Alberto Adsuara. Director adjunto de Art & Design en ESAT. Profesor de Fotografía y Narración Visual. Ha publicado cinco ensayos, entre los que destacamos el último por su vinculación a la imagen sintética, tan presente en los creadores contemporáneos.