Varvara & Mar, arte electrónico en Rambleta

Camaleón, de Varvara & Mar
Ganadores de la III Beca Espai Rambleta

Camaleón, de Varvara & Mar, son los ganadores de la III Beca Espai Rambleta. La estonia y el catalán son un referente mundial del arte electrónico. La tercera edición de la Beca de Investigación y Producción Artística de Espai Rambleta se consolida como convocatoria artística. El jurado, compuesto por refutados expertos del sector, ha tenido que decidir entre las 138 propuestas llegadas desde todas partes del mundo.

El programa de artes visuales de Espai Rambleta, en su propósito de impulsar la creación y difusión artística, creó en 2013 esta beca. Un galardón que tiene como objeto la concesión de diferentes ayudas materiales y económicas para la realización de proyectos artísticos. La convocatoria está abierta a cualquier disciplina artística, individual o colectiva, así como a proyectos de producción, investigación y comisariado. Varvara & Mar recogen el testigo de Santiago Morilla y Avelino Sala, ganadores del certamen en las dos ediciones anteriores.

Varvara Guljajeva y Mar Canet, ganadores de la III Beca Espai Rambleta. Imagen cortesa de La Rambleta.

Varvara Guljajeva y Mar Canet, ganadores de la III Beca Espai Rambleta. Imagen cortesa de La Rambleta.

El proyecto consiste en una bandera que hibrida de una a otra como un camaleón. Las banderas son símbolos muy fuertes que transportan muchos significados con ellas. Significados que han ido añadiendo y transformando a través de su contexto histórico. “En España, por ejemplo, la bandera nacional genera diferentes sentimientos según quién y cómo la interprete”, señalan Varvara & Mar. El significado de una bandera no está determinado definitivamente y puede cambiar con el tiempo. “El significado de las banderas es vástago de la historia de la que el trapo colorido es bandera”, añaden los propios artistas.

Varvara Guljajeva es una artista de Estonia, que trabaja con el arte, la gente, la tecnología y los materiales. Su experimentación se centra en el arte participativo, instalaciones interactivas y esculturas cinéticas. El catalán Mar Canet centra su actividad en la visualización artística de diferentes tipos de datos con base tecnológica.

El trabajo conjunto de Varvara y Mar se articula alrededor de la sobre-saturación de información de la actualidad, tratando los datos de diferentes tipologías para dar nuevas visualizaciones de éstos a nivel de luz, sonido o instalaciones de muy diversa índole. Pretenden presentar la realidad que nos rodea con un aspecto y sentido diferente apoyándose en datos concretos y releyéndolos de manera inusual con herramientas nuevas o readaptadas. El dúo desafía la tecnología con el fin de explorar nuevos conceptos en el mundo del arte y del diseño. Por lo cual, la investigación es una de las partes fundamentales de su práctica artística.

Varvara & Mar. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

Varvara & Mar. Imagen cortesía de Espai Rambleta.

“La política de Wert es de las más nefastas”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Carlos Madrid, director del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina
Filmoteca de Valencia, La Nau de la Universitat de València e Institut Français
Del 6 al 16 de noviembre, 2014
Entrevista realizada por el equipo de dirección de Makma: Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont y Salva Torres

Carlos Madrid no necesita alzar mucho la voz para decir cosas que transmiten la seguridad de quien confía ciegamente en lo que hace. “Si se cierra una puerta, siempre puede abrirse otra”. Él, como sus admirados directores de mediometrajes, posee la valentía de cuantos se dedican a sacar adelante proyectos casi imposibles, teniendo en cuenta el país en que vivimos. Un país cuyo ministro de Educación¿?, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, aprobó la subida del IVA cultural al 21%, y a quien Jordi Savall envió una dura carta de renuncia al Premio Nacional de Música 2014, “en defensa de la dignidad de los artistas”.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

“La política de Wert es de las más nefastas”, subraya Carlos Madrid, en sintonía con la dura crítica de Savall. En este sentido dice que “cualquier protesta estará bien”. Aún así, el director del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina sigue a lo suyo: que es abrir puertas allí donde suenan con más fuerza los portazos. Menos mal que la Universitat de València y la Filmoteca de CulturArts, o lo que es lo mismo, Antonio Ariño y José Luis Moreno, han visto el diamante en bruto que supone contar en Valencia con un festival único en su especialidad, y lo apoyan para que se consolide incluso en tiempos precarios.

“Hacer un mediometraje es un acto de valentía”

Y el caso es que, como dice Carlos Madrid, los mediometrajes “se ven más de lo que pensamos”. Se refiere al impacto actual de la series de televisión, cuya duración “es similar a la del mediometraje”. Hasta ahí el paralelismo en cuanto al formato, porque luego las series y las películas de entre 30 y 60 minutos van por caminos distintos. “Hacer un mediometraje es un acto de valentía, porque no hay canales de distribución y exhibición que permitan mostrar esas obras al público”. Por eso admira a los cineastas que se dedican a expresar lo que sienten, a través del mediometraje.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Como admira las políticas culturales que se hacen en Francia, donde existe “mucha producción y mucha distribución”, y donde la televisión juega un papel importante “exhibiendo sus mediometrajes”. “Los franceses pagan 50 céntimos por cada entrada de cine, que luego se destina a la producción de películas”, destaca Madrid. En España, ni siquiera se reconoce al mediometraje, aplastado entre el corto y el largo dentro de la industria de cine español. “Poco a poco hemos logrado que, al menos, la gente sepa que nuestro festival está dedicado al mediometraje, no al corto”.

“Hay que propiciar políticas de visibilidad de nuestro cine”

La secuencia sería la siguiente: realización de obras en ese formato, su distribución y exhibición, para lo cual un festival como La Cabina es fundamental y, lógicamente, “que la gente vaya a verlas”. Por eso Carlos Madrid piensa que las instituciones no deberían limitarse a dar el dinero y salir corriendo, sino a “propiciar políticas que permitan la visibilidad de esas películas mediante carteles por toda la ciudad”. Y pone el ejemplo de ‘Magical girl’, de Carlos Vermut, premiada en San Sebastián, y cuya promoción publicitaria posterior ha sido prácticamente nula.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Carlos Madrid, director de La Cabina, en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

“Echo en falta una mayor profesionalización del sector, porque hay proyectos que pueden mejorar si contáramos con buenos profesionales”. En su caso, como recordó en rueda de prensa el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño, esa profesionalización está fuera de toda duda. Aún así, él insiste en esa mayor capacitación para obtener los mejores resultados. La Cabina, desde luego, está en esa franca progresión. “A nivel de público, el año pasado superamos los 3.000 espectadores, una cifra que nos parece muy satisfactoria”. El presupuesto, alrededor de 12.000€, también ha mejorado con respecto a la pasada edición, aunque se halle lejos de los 48.000€ estimados de “coste real”.

De izquierda a derecha, Gonzalo de Zárate, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Carlos Madrid y Vicente Chambó, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

De izquierda a derecha, Gonzalo de Zárate, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Carlos Madrid y Vicente Chambó, en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

En cuanto a la programación de esta séptima edición, Carlos Madrid destaca la “nueva hornada de cineastas polacos”, con un cine de “humor socarrón, fresco, irónico”, además de la abundante presencia francesa. Que haya más de unos países u otros depende única y exclusivamente de la calidad de las películas. “No buscamos determinado tipo de mediometrajes, sino que se impone la calidad, de ahí que tampoco hayamos querido mostrar cierto fatalismo, porque eso es algo que descubres después de la selección”.

Además de la novedad de proyectar las 24 películas a concurso en la Filmoteca, por primera vez después de haberlo hecho tres años en el MuVIM y tres más en el IVAM, La Cabina estrena sección en el Instituto Francés: Mediometrajes Panorama Francés, donde tres cineastas dialogarán acerca de sus respectivos trabajos. A futuro, Carlos Madrid piensa en “añadir mediometrajes de carácter documental y experimental” y, si el presupuesto lo permite, “traer más directores y aumentar la dotación de premios”.

Carlos Madrid, director del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina. Fotografía: Gala Font de Mora.

Carlos Madrid, director del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina. Fotografía: Gala Font de Mora.

Salva Torres

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mandariinid: de héroes y tumbas

Mandariinid, de Zaza Urushadze
Sección Oficial de Largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

Mandariinid (Mandarinas) es una película de Zaza Urushadze que habla de eso: de mandarinas. En un poblado en medio de las montañas caucásicas viven dos hombres sencillos, Ivo (Lembit Ulfsak) y Margus (Elmo Nüganen) que, en medio de la guerra entre estonios y georgianos, luchan por sacar adelante una cosecha de mandarinas. Lo hacen por sobrevivir pero, como subraya Margus, por que es una lástima que se pierda tan magnífica recolección. El dinero importa, pero menos.

Lembit Ulfsak (izquierda) y Elmo Nüganen en 'Mandariinid', de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Lembit Ulfsak (izquierda) y Elmo Nüganen en ‘Mandariinid’, de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Habla de mandarinas y del valor que hace falta tener para que dé sus frutos tan abnegada labor en medio de un clima de violencia. Cuando Ivo acoja en su casa a dos soldados heridos, el checheno Ahmed (Georgi Nakhashidze) y el georgiano Nika (Michael Meskhi), la violencia desatada entre ambos soldados enemigos, ahora bajo el mismo techo, se irá modulando gracias a la intermediación de los dos hombres sencillos, en mitad de un campo tan devastado por la guerra como floreciente de mandarinas.

Esa mezcla de violencia sin sentido, de enemistades patrias, y fructífera actitud de amor por la vida, por los frutos de la naturaleza que hay que preservar a toda costa, entre los que se encuentran la propia vida humana, sea del color que sea, y venga cargada de las sinrazones que sean, es lo que convierte Mandariinid en una notable película. Notable porque cuenta, sin caer en la tentación del mensaje fácil, lo complicado que resulta romper la coraza ideológica, cuando el odio al otro se vende como la única moneda de curso legal.

Lembit Ulfsak en un fotograma de 'Mandariinid', de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Lembit Ulfsak en un fotograma de ‘Mandariinid’, de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Ivo, que ya sabe lo que es perder un hijo en la guerra, mostrará su determinación a favor de la vida, teniéndose que enfrentar al odio mutuo de los soldados enemigos bajo el techo de su casa. Una casa que, a pesar de la violencia latente que la sacude, él se esfuerza por mantener a resguardo de tan destructiva ira bélica. Los soldados, ése es al pacto que llega, deberán recuperarse en el clima de paz que él les propone, dejando en suspenso el juramento de venganza lanzado por Ahmed contra Nika.

Mandariinid no debería verse como un simple alegato antibelicista, sino como una radiografía de la violencia, de lo real de la experiencia humana, allí donde ésta se descubre habitada por la sinrazón. Combatirla requiere la energía, que no la fuerza física, de Ivo, una persona mayor que, pese a la edad, conserva el vigor de quien funda su existencia en la transmisión simbólica de unos valores siempre amenazados, por la guerra, por las diferencias irreconciliables o, en suma, por el lado siniestro que nos habita.

Georgi Nakhashidze en un  fotograma de 'Mandariinid', de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Georgi Nakhashidze en un fotograma de ‘Mandariinid’, de Zaza Urushadze. Cinema Jove

Y la madre tierra, de la cual procede el fruto de las mandarinas, emerge como protagonista de una película igualmente reveladora del poder destructivo que puede albergar a su vez la madre patria. De nuevo la floreciente productividad y la destructiva violencia por hacerse con el dominio de esa tierra, estrechando temibles lazos. Bastará decir, sin descifrar el final, que las propias tumbas abiertas por los muertos de uno y otro bando, se harán cargo de esa amalgama de sentimientos encontrados.

Zaza Urushadze narra con certero pulso las contradicciones de la llamada guerra de los cítricos, según recuerda Margus, entre estonios y georgianos hace ya más de 20 años. Si aceptamos, como se dice en un momento de la película, que el cine es una mentira, convendría decir que esa mentira transformada en relato resulta una vía privilegiada para llegar al corazón de cierta verdad en tiempos de abulia existencial.

Ivo (Lembit Ulfsak) enfrentándose a un vendado Nika (Michael Meskhi) en un fotograma de Mandariinid, de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Ivo (Lembit Ulfsak) enfrentándose a un vendado Nika (Michael Meskhi) en un fotograma de Mandariinid, de Zaza Urushadze. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres

El inconformismo de Cinema Jove

Presentación de la programación de la Sección Oficial de Largometrajes y Cortometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio de 2014

Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, andaba buscando un titular que ofrecer a la prensa, poco antes de la presentación en el Hotel Astoria de los diez largometrajes y 56 cortos que integrarán las secciones oficiales. No quería destacar ninguna película por encima de las demás, porque todas las seleccionadas poseen “un alto nivel”, dijo. Tampoco era digno de destacar que hubiera este año una película española a concurso (Ártico, de Gabriel Velázquez), porque tratándose de un festival internacional es lo de menos. Finalmente, casi sin querer, fue decantándose por la verdadera singularidad de Cinema Jove, singularidad que salta a la vista: su apuesta por el cine joven.

Fotograma de 'Ártico', de Gabriel Velázquez. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Ártico’, de Gabriel Velázquez. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

“Películas y cineastas a los que podemos atribuir las cualidades de la juventud: el inconformismo”, subrayó Maluenda. Inconformismo “no sólo temático, reflexivo, sino de carácter formal”, añadió. César Campoy, miembro de la comisión de selección, abunda en este sentido al destacar el cine “comprometido” de estos jóvenes directores, “testigos y altavoz de aquellos que nunca han tenido (ni tendrán) ni voz, ni voto”. De manera que los diez largometrajes a concurso poseen ese grado de inconformismo propio de la juventud, al que Campoy agrega otro carácter más: la “dignidad”.

Fotograma de 'Cumbres', de Gabriel Nuncio. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Cumbres’, de Gabriel Nuncio. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

Esa dignidad inconformista, contestataria, atraviesa el conjunto de las películas seleccionadas, ninguna de las cuales repite país de procedencia. Habrá película española, la mencionada Ártico; Cherry Pie, del suizo Lorenz Merz; Violet, de Bas Devos (Bélgica, Holanda); Obietnica, de la polaca Anna Kazejak; Nagima, de Zhanna Issabayeva (Kazajstán); Cumbres, del mexicano Gabriel Nuncio; Silmäterrä, del finlandés Jan Forsström; la alemana Finsterworld, de Frauke Finsterwalder; Mandariinid, de Zaza Urushadze (Georgia, Estonia), y la rumana Roxanne, de Vali Hotea.

Fotograma de 'Roxanne', de Vali Hotea. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Roxanne’, de Vali Hotea. Película de la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove.

Un listado de películas “exigente con el espectador”, según Campoy, que ofrece la posibilidad de viajar al encuentro de cineastas desconocidos, que merece generalmente la pena descubrir. Al encuentro de sus trabajos y de los conflictos, estos sí universales, que dibujan el perfil de nuestra condición humana. El jurado encargado de otorgar el Premio Luna de Valencia al mejor largometraje está compuesto por Juan Manuel Chumilla-Carbajosa, de quien se proyectarán dos de sus trabajos, The Unmaking of y El infierno prometido, Christine Repond, cuyo primer largometraje, Silberwald, recibió una mención especial en el Cinema Jove de 2011, y Teona Mitevska, que inauguró hace dos años el festival con The woman who brushed off her tears, protagonizada por Victoria Abril.

La sección de cortometrajes está encabezada por 14 trabajos españoles, dos de ellos valencianos (Bikini, de Óscar Beràcer, y La ropavejera, de Ignacio Ruipérez). Álvaro Yebra, miembro de la comisión de selección de cortos, explica el por qué de tamaña representación: “España cuenta con una de las mejores cosechas de cortos de los últimos años”. Como precisó Maluenda, están ahí “no por chauvinismo, sino por su indudable calidad”. Máxime cuando este año la selección ha sido más exigente que nunca, al haberse duplicado la cantidad de cortos presentados: de los 700 del pasado año a los 1.400 de la presente edición. Ferenc Cakó, que recibirá el Premio Luna de Valencia Especial por su brillante contribución al cine de animación, la actriz Malena Alterio y la realizadora Claudia Pinto integran el jurado de la sección de cortometrajes. 56 obras de todos los estilos, temáticas y países, reflejo del inconformismo que ya es marca de Cinema Jove.

Fotograma de Obietnica, de Anna Kazejak. Película de la sección oficial de largometrajes de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Película de la sección oficial de largometrajes de Cinema Jove.

Salva Torres