Aretha vive: 50 años del álbum de la igualdad y del amor

Aretha Franklin
Álbum: I never loved a man the way i love you
Publicación: 10 de marzo de 1967
Atlantic Records
50 aniversario

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Nombres como Little Richard, Chuck Berry, Bo Diddley, Muddy Waters, Sam Cooke, Nina Simone,… fueron pioneros y pusieron sólidos cimientos musicales, pero no sería hasta mediados de los 60 con el excepcional éxito de Otis Redding y de Aretha Franklin cuando la rítmica y melódica América negra comenzó a ser mayormente reconocida y admirada. No en vano Otis desbancaría como mejor cantante en algunos medios de 1967 al mismísimo Elvis Presley.

Hoy, 10 de Marzo del 2017, se cumplen 50 años desde que se publicara uno de los discos más importantes de la historia, de esos que, en primer lugar, enorgullecen al sexo femenino y, seguidamente, a todo el resto de seres humanos que profundicen y valoren como merece una obra que destila tanto sentimiento, tanta pasión y tanta emoción.

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El fichaje de “la dama del soul” por Atlantic Records resultaría decisivo y, a grosso modo, podría decirse que el álbum “I never loved a man the way i love you” puso su granito de arena para consolidar derechos en ámbitos sociales, políticos o culturales.

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Aretha, la gran Aretha, entre soul, rhythm&blues y gospel, daba el salto a la gran popularidad en aquel 1967 hasta encaramarse a lo más alto de las listas de éxitos internacionales, primero gracias al single con la canción que daba título al álbum, y después con “Respect”, versión del tema que Otis Redding incluyó un año antes en su extraordinario “Otis blue, Otis Redding sings soul”. En boca de la diosa de Memphis se convertiría en uno de los más rotundos himnos sobre la igualdad racial y de género. Se dice, se cuenta, que el poderío y la intensidad en la interpretación de la misma fue debido a los problemas de maltrato y vejaciones que sufrió en su primer matrimonio con Ted White, quien también fue su manager en esa época.

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En la cara b del mencionado single una impresionante balada como “Dr. Feelgood (Love is a serious business)”, capaz de curar males y dolores, secundaría la culminación apoteósica del renombre mundial que, a partir de ese instante, iba a cosechar la que poco tiempo después sería conocida como “reina del soul”.

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Más cosas de este álbum. Decir que es sensacional la lacrimógena versión de “Drown in my own tears” (original de Lula Reed con Sonny Thompson en 1952 aunque popularizada por Ray Charles en el 56) resulta tan obvio como manifestar que canciones como “I never loved a man the way i love you”, “Don’t let me lose this dream” o “Baby baby baby” son tres declaraciones de amor que podrían romper algún infranqueable corazón.

Y más material suculento. Para quien quiera escuchar la voz del alma, para quien quiera liberarse y volar, solamente tiene que mecerse con “Soul serenade”, extraordinaria adaptación del tema original instrumental de King Curtis, el mítico saxofonista americano de soul-jazz.

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En estos tiempos actuales, en los que surgen tantos movimientos contra la violencia machista o contra las persistentes desigualdades que sufren las mujeres, es cuando aumenta, si cabe más, el verdadero sentido de escuchar a toda una dama, toda una señora, toda una diva, entonando por ejemplo “Good times” de Sam Cooke, del que se dice que estaba tan enamorada y con el que mantuvo una esporádica relación. Otra muestra de la pasión que sentía por su ídolo es la soberbia interpretación de “A change is gonna come”.

Por supuesto no nos olvidamos de algunos versos de la fabulosa “Do right woman, do right man”. Porque ella es un ser humano, ella no es un juguete y tiene los mismos derechos que un hombre.

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Queda “Save me”, claro, palabras mayores, la gran súplica de amor, quizás mi canción favorita de la diva, con múltiples y recomendables versiones. A destacar las de Nina Simone, la del grupo australiano The Saints, la del ilustre Peter Zaremba con Love Delegation (el proyecto paralelo que tuvo junto a los Fleshtones), la exquisita rareza del grupo barcelonés de culto ochentero Pantano Boas,…

En poco más de un año llegarían tres estupendísimos consecutivos álbumes como “Aretha arrives”, “Lady soul” y “Aretha now”. Es posible que este último sea mi disco femenino favorito de todos los tiempos aunque, en un intento de ser lo más objetivo posible, considero que tiene mayor importancia y trascendencia el que nos ocupa.

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Hay que destacarlo con negrita, con mayúscula y subrayado si es preciso. LA INFLUENCIA DE ARETHA y, muy concretamente la de este álbum, va mucho más allá de ese estilo llamado soul. Su influjo está en cada tenaz y emprendedora mujer que ha querido abrirse paso en el mundillo musical y, muy especialmente sobre todo, en aquellas que han obtenido éxito ofreciendo calidad tanto en el soul como en el rock, el pop,…

Siempre, siempre, siempre, estaremos en deuda con ella. Grandeza absoluta por los siglos de los siglos. Por respeto y por mucho más. Aretha vive!!!

Juanjo Mestre

* Este artículo ha sido publicado también en el Fanzine Espacio Woody/Jagger

El Jazz del Palau de Valencia hace equilibrios

XX Festival de Jazz del Palau
Palau de la Música y otros espacios de la ciudad de Valencia
Del 3 al 16 de julio de 2016

“El mundo nos mira”, recordó Francesc Colomer, secretario autonómico de la Agencia Valenciana de Turismo, evocando la repercusión de festivales como el FIB de Benicàssim (Castellón). Lo dijo mientras se presentaba la marca Musix con la que la Generalitat quiere promocionar las grandes citas musicales de la Comunidad Valenciana. Una marca de prestigio que permita la “remontada reputacional” (Colomer dixit) de una tierra yerma por culpa de la corrupción. De manera que un chute de autoestima, rayana en el chauvinismo, no venía mal.

Y entre esas citas musicales ofrecidas como espejo de admiración foránea, el nuevo Festival de Jazz de Valencia muestra su candidatura. Lo hace con una fórmula sencilla, auspiciada por un músico y el propietario de un club con años de vuelo. El músico se llama Francisco Blanco Latino, saxofonista del colectivo Sedajazz, y el propietario es Chevi Martínez, dueño del Jimmy Glass, local ubicado en el barrio del Carmen de la capital valenciana. Ambos, espoleados por mucha gente de la profesión, decidieron presentar su proyecto al nuevo equipo del Ayuntamiento de Valencia. Y salió elegido.

El saxo Charles Lloyd. Festival Internacional de Jazz de Valencia.

El saxo Charles Lloyd. Festival Internacional de Jazz de Valencia.

“Con el tiempo nos copiarán”

No proponen ninguna revolución, para eso ya están otros. Lo que sí proponen es un “equilibrio” (palabra que no dejan de repetir) “entre artistas internacionales, nacionales, diferentes estilos de jazz y la participación de músicos autóctonos en nivel de igualdad con el resto”. Ese cóctel bien agitado y servido “por todos los rincones de Valencia”, además de los tradicionales conciertos en el Palau de la Música, dibujan el perfil del nuevo festival: “Creo que con el tiempo nos copiarán otros festivales de fuera”, señalan convencidos.

Glòria Tello, concejala del Cultura del Ayuntamiento de Valencia, lo tuvo siempre muy claro: “Quería darle un giro al festival, que se acerque a los barrios, que potencie a nuestros músicos y que cuente con la gente que programa jazz en la ciudad el resto del año”. Por eso piensa que esta vigésima edición es “totalmente diferente a las anteriores”, ya que “empapará de jazz a toda Valencia”. “Es un festival más abierto, diverso, dinámico, participativo y con mayor presencia de músicos de la tierra”, agrega.

Perico Sambeat. Fotografía de Miquel Monfort por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Perico Sambeat. Fotografía de Miquel Monfort por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Aunque Chevi Martinez y Blanco Latino saben que festivales señeros como los de San Sebastián o Vitoria ya sacan el jazz a la calle, “lo hacen en dos o tres sitios y casi siempre con algunas de las figuras internacionales que traen”. En su caso, proponen casi todos los barrios de la ciudad y con los músicos locales protagonizando los conciertos. “Estamos hablando de músicos autóctonos que gozan de gran prestigio internacional”. Y citan a Perico Sambeat, Carlos Gonzálbez, Ramón Cardo o Fabio Miano, presentes en la edición de este año.

Los 60.000€ de presupuesto que aporta el Ayuntamiento de Valencia son insignificantes, comparados con los de otras grandes capitales, “20 veces superior al nuestro”. Pero aunque la necesidad obliga, lo cierto es que la filosofía, de contar con mayor dotación económica, “no cambiaría”. Lo dicen satisfechos ya del cartel que han presentado en esta edición 20 que hasta el 16 de julio cuenta con figuras como Hermeto Pascoal, Vein Trio & Dave Liebman, Juan Perro y el que consideran el mayor reclamo del festival: el saxo Charles Lloyd (Memphis, Tennessee, 1938).

Charles Lloyd. Imagen cortesía del Festival Internacional de Jazz de Valencia.

Charles Lloyd. Imagen cortesía del Festival Internacional de Jazz de Valencia.

La única oportunidad de ver a Charles Lloyd

“Para los amantes del jazz es la única oportunidad que tienen de verle en la península, porque tenía todas las fechas ocupadas”. Será quien cierre el festival el sábado 16 de julio (22.00h) en el Palau de la Música, dotándolo del espíritu que trasluce el nuevo modelo de certamen: un jazz para todo tipo de públicos, que llegue a todos los rincones (de la ciudad, del alma) y que vaya calando, “de manera que la gente se acerque al jazz, lo conozca y favorezca nuevos públicos a futuro”.

Y Lloyd se presta a ello. Viene del Memphis que mamaron Elvis Presley o B. B. King, “seres espirituales a quienes se dio una existencia material”, por utilizar una expresión del propio Lloyd al referirse a nuestra condición humana. Abanderando esa espiritualidad con su saxo, que tiene por la mejor arma para cambiar el mundo, llega en exclusiva a Valencia en cuarteto: Jason Moran (piano), Reuben Rogers (bajo) y Eric Harland (batería) le acompañan. Viene a demostrar que su música “no es blanda, sino tierna”, convencido de que es lo que necesita el mundo: “ternura”. Lo repite cada vez que puede y, cuando no, coge su saxo y hace que suene a madera partiendo del metal.

Charles Lloyd es la figura, la estrella, de un Festival de Jazz de Valencia que se ofrece para el que lo quiera imitar: “Que no se destine todo el presupuesto público a las figuras internacionales”, subrayan Blanco Latino y Chevi Martínez. Se trata de buscar el “equilibrio” (de nuevo la palabra) entre los ingredientes de su fórmula jazzística: músicos locales, nacionales e internacionales dispuestos a subirse al escenario del Palau de la Música con la misma naturalidad que patean los barrios de la ciudad. Ahora que “el mundo nos mira”, Valencia irradia ternura.

Salva Torres

Al crepúsculo con la Bantastic Fand

Bantastic Fand
Welcome to desert town
(2016)

Bantastic Fand - Makma 1Inmediatamente después de que comienza a sonar el nuevo disco de Bantastic Fand se comprende la bellísima imagen de su portada. Porque “Can’t you see?” puede sonar al alba o en cualquier otro instante en que brillen los rayos del sol pero todo el contenido de “Welcome to desert town” es crepuscular, de esos que ganan al ocaso del día cuando el astro rey comienza a perderse en el horizonte, de esos que sirven de tregua para hallar ociosa satisfacción tras una jornada compleja y estresante.

Desde Cartagena para el mundo su líder Nacho Para (voz, guitarra acústica y armónica) junto a Paco del Cerro (voz y batería), Alfonso Gomariz, Iván Estefanía (guitarras), Chencho Vilar (bajo), Ramon García y Quique Simón (a los teclados) y Paloma del Cerro (coros y percusión) tenían una importante dificultad, contratiempo o misión, al menos cara a la galería porque entiendo que ellos han ido a su bola, a hacer lo que realmente les apetecía y con lo que disfrutaban. Para el resto de los mortales hablo de superar o al menos igualar esa excelente opera prima que se publicó a finales del 2014 y que llevaba por título “Strong enough to refuse”, brillante y siempre recomendable combinación de guitarras eléctricas y acústicas con sabor americano.

Bantastic Fand - Makma 2Bajo los rayos de sol más otoñales “Down the river” es una excelente pieza que galopa entre los Jayhawks de la primera etapa con Mark Olson y en la que mejor debería cabalgar el Boss desde hace mucho, demasiado tiempo. Por su parte, a buen seguro que “Givin’ up the battle” tendría la bendición de Gary Louris si llegase a sus oídos, quizás por ese motivo pueda ser mi favorita del disco.

“Find the door” son las mencionadas botas pero ahora para calzarlas al amanecer, para afrontar el día que se avecina, mientras que en “Something ‘s going on”, en “My invention”, en “Goodbye” y en “Muses” están los sueños que se pierden, esos desengaños y decepciones que siempre aparecen, eso que se dice tantas veces de que nada es para siempre.

Quizás, y valga la redundancia insistiendo con ese quizás, “Everybody’s rockin” contiene las claves del objetivo de este nuevo trabajo, el que cohabiten referencias musicales tan dispares e interesantes a modo de tributo como los Beatles, Neil Young, la Creedence Clearwater Revival, Gene Vincent, Bob Dylan, Jackson Browne, Robert Johnson, Lou Reed, Little Richard, JJ Cale, B.B,King, The Byrds, Van Morrison, Marvin Gaye, Eagles, Grateful Dead, Chuck Berry, Roy Orbison, Beach Boys, Otis Redding, The Doors, Elvis Presley, Dire Straits, The Band, Tom Petty, Steppenwolf, Ray Charles, Bo Diddley, Buddy Holly,Bob Marley, The Who,…

Bantastic Fand - Makma 3 - Welcome to desert town

Portada Welcome to desert town” de Bantastic Fand

 

Bantastic Fand lo han conseguido con “Welcome to desert town”, a mi gusto superan incluso su anterior álbum y se asientan definitivamente en un estilo donde no es habitual hallar en España muchos proyectos interesantes. Me gustan esos discos que son homogéneos, donde el todo destaca en conjunto por encima de coplas concretas, con mención especial en esta ocasión para un joven como Pablo Vizcaíno, coletrista junto a Nacho Para.

Pues eso, estamos ante uno de esos discos que son para oir y también para escuchar, sobre todo cuando el mundo se relaja, por ejemplo al ocaso del día.

JJ Mestre

* Texto adaptado para Makma del artículo publicado en siguiente enlace del Espacio Woody/Jagger.

The Waterboys, grandeza y modernidad

The Waterboys
Modern blues
2015
Harlequin and Clown Records

Tras más de dos docenas de audiciones, como requería la ocasión, bien efectuadas, con concentración y abstracción, del nuevo “Modern blues” de Mike “Big” Scott y sus WATERBOYS me he sentido capacitado por fin para escribir unas líneas sobre este trabajo. La verdad, no quería precipitarme, de sobras es conocida entre mis íntimos (y entre los que no son tanto) una confesable devoción por el legado de este artista.

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Mike Scott

Para que nos hagamos una idea, cuando oigo la voz de Mike Scott se me disparan las alarmas de forma peculiar desde el pabellón auditivo, algo similar a lo que podría ser cuando se cruza con la vista una hembra de buen ver. Estas cosas pasan y tampoco hay que darles mayor importancia. Quizás sea un poco como esos “Destinies entwined”, el hipertemazo con el que abren fuego y la causa sea el azar de la vida que siempre nos aproxima. Porque unidos por el destino nos vende el “big” tal y como otros nos venden sus productos, porque nos gusta que nos ofrezca el “big” tal y como otros nos ofrecen un maravilloso Edén. Nuevos dioses, nuevos guías pero al fin y al cabo lo único claro es que el amor en todas sus manifestaciones es el auténtico motor vital. A los que conocemos y nos congratula el estilo de los Waterboys no nos extraña ese misticismo o espiritualidad que rodea una canción que en cierto modo enlaza con un álbum que no obtuvo buenas críticas, el “Dream harder” de 1993, un disco exquisito pero el primero con el que ciertos sectores se empeñaron en liquidar, desprestigiar, vapulear,…, qué fácil es decir eso de que a fulanito o menganita se le ha pasado el arroz.

Ojo, resulta obvio que muchas bandas o artistas de rock dejan de mantener su nivel de calidad cuando transcurre la década en la que gozaron de sus primeros éxitos (o mejor decir, valga la redundancia, de las mejores críticas). Pocos fueron los supervivientes de los 80’s y muchos menos los que después de treinta años mantienen la cota de clase y pedigrí de aquellos años. Me vienen ahora a la cabeza Steve Wynn, Robyn Hitchcock,… y, sobre todo, Mike Scott con sus Waterboys.

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The Waterboys – Modern blues

Al gran “Big” siempre le ha gustado reivindicar con carácter cíclico las diferentes etapas de su dilatada trayectoria. Por ello no resulta tan sorprendente ese acercamiento al sueño más difícil. En cambio, con “November tale” hay un héroe, hay un aventurero, hay dudas sobre la fe y sobre las religiones pero por encima de todo hay un desfile de locos dentro de un tema del que se podría decir que conecta a nivel musical con, por ejemplo, aquella maravilla y ninguneada obra maestra “Still burning” que el gran “Big” publicó en solitario allá por el 97 y donde en realidad era tan Waterboys como en el resto de sus obras.

Pocas son las sensaciones de que este álbum ha sido grabado en Nashville, quizás un “Still a freak” que posee esa pincelada americana junto a un épico in crescendo marca de la casa, toda una declaración de intenciones de un artista motivado, ilusionado, apasionado, un rara avis en esto del rock que explora otros territorios que le puedan generar inspiración. Quizás por ello resulta después ideal “I can see Elvis” donde es capaz de imaginar a Elvis fumando porros con Bob Marley y Jimi Hendrix, en un nuevo desfile de locos donde también participan Keith Moon, Charlie Parker, John Lennon, Marvin Gaye,…, hasta incluso Juana de Arco y Platón.

Una que no me acaba es “The girl who slept for Scotland”, quizás demasiado ñoña y sensiblera, aunque puedo llegar a entender la necesidad de que un artista de su magnitud necesite transmitir recuerdos de sábanas, de ríos salvajes y de actos de amor entre estrellas, en este caso desde Dublín hasta el amanecer escocés. ¿Qué será de ella? Otra cosa es “Rosalind”, tiene blues y tiene modernidad. Sin duda Rosalind se casó con el hombre equivocado dentro del tema que a mi gusto mejor define los tiros por donde quiere ir ahora Mike Scott con sus Waterboys.

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Mike Scott

Cual si fuera un cruce de caminos resulta “Beautiful now”, ella era hermosa y para un caballero todavía lo es más ahora, me evoca a una especie de encuentro musical entre el Boss y los Dire Straits del “Making movies”. Y llegamos a “Nearest thing to hip”, muy, muy bonita, todo un “mistake brilliant”, de lo mejor del disco me parece esta atípica canción que no provoca un intenso primer flechazo pero que luego se va abriendo paso, más y más. Contiene el espíritu del León de Belfast y resulta muy adecuada para escuchar degustando un café y un dulce en algún viejo tugurio, donde deambulen los fantasmas de Sun Ra, Charlie Parker, Miles Davis o John Coltrane.

Y llegamos al final, algunos nunca lo entenderán, no profundizarán, a otros no les interesará y otros tantos no lo valorarán. A los suficientes nos da lo mismo, “Long strange golden road” es todo grandeza, la misma, la idéntica, la que en otros tiempos nos enseñó que habían héroes, un camino por recorrer, Jack Kerouac, la épica y la existencia de diosas de la lujuria y de la belleza, musas por las que los hombres hacen sacrificios, deidades del pecado y ninfas que simbolizan todo aquello que hay de bello en el mar.

Que nadie espere del “Modern blues” unos irrepetibles “This is the sea” o “Fisherman blues”. Ni esto es el mar ni la fisherman-star tiene que hacer méritos en forma de históricas obras maestras para captar personal a estas alturas de la vida. Ni tan siquiera considero que supere a ese anterior fantástico artefacto sónico que fue en el 2011 “An appointment with Mr. Yeats”. Pero una cosa hay que tener en cuenta, con otro episodio de su segunda división pocos del año en curso están o estarán por encima de sus caderas. La inicial desconfianza por excesivas connotaciones comerciales, similares a la del discazo de The War on Drugs en el pasado 2014, o porque el órgano hammond sea más protagonista que el violin, se van disipando en cada audición. Apuesto que más de un crítico implacable y voraz recapacitaría si escuchase estas coplas en vivo y en directo.”Modern blues” es suficiente, es notable y al final Mike Scott siempre es “big”.

JJ Mestre

  * Publicado también en Espacio Woody/Jagger

Raíces rebeldes del rock

Young Americans. La cultura del rock 1951-1965, de Alejandro Lillo y Justo Serna
Punto de Vista Editores

Justo Serna y Alejandro Lillo pertenecen a distintas generaciones. Uno nació en 1959, el otro en 1977, ambos son licenciados en Historia Contemporánea de la Universitat de València, doctor y doctorando, respectivamente. Juntos han creado la plataforma Serna&Lillo Asociados y puesto en marcha el proyecto  CoolTure, cuyo objetivo es producir análisis culturales que permitan a la gente entender mejor el mundo en el que vivimos en un estilo ágil y ameno. Uno de los frutos de esta asociación es ‘Young Americans. La cultura del rock, 1951-1965’ (Punto de Vista Editores), un viaje a las raíces rebeldes de esta música,  nacida en la próspera América de Kennedy, la guerra fría y la carrera espacial.

“En este libro contamos una historia sobre los reclamos de una sociedad de consumo y la publicidad de un capitalismo doméstico”, dice Lillo. “Pero también de una rebeldía, la oposición de los jóvenes, el malestar de unos muchachos que hicieron del rock su afirmación. Analizamos una sociedad que hizo del derroche y de la juventud su gloria”.

Serna y Lillo se aproximan a ese mundo sin pretender exhumarlo. “No obramos como eruditos y dejamos, deliberadamente, cosas sin tratar. Mostramos y sugerimos, exponemos y revelamos. Lo que fue portada tapó a la vez la discriminación, la pobreza, lo feo, lo viejo. La televisión recreaba y multiplicaba las posibilidades de aquella sociedad. La música retenía y difundía.  El rock no sólo era sexo. Era deseo, expectativa, mezcla y porvenir. Los jóvenes lo querían todo y lo esperaban todo. Únicamente faltaba su cumplimiento”.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Conciencia generacional

El surgimiento de los jóvenes como grupo diferenciado de los adultos fue un proceso lento que tuvo su punto de inflexión en los Estados Unidos de los cincuenta a causa de distintos factores. “Por esa época los jóvenes se saben diferentes”, señala Lillo. “Comparten tiempo en el colegio y en la universidad, tienen dinero para gastar debido a la buena situación económica de sus padres, y lo demuestran. Principalmente, uniformándose, vistiéndose de manera similar -cazadoras de cuero, gorras, pantalones vaqueros, tupés-, diferenciándose del estilo de los adultos. Critican el mundo de sus mayores con descaro y rompen las reglas establecidas. La sociedad norteamericana de la época era muy conservadora, muy mojigata, muy reprimida. Los jóvenes no quieren formar parte de un mundo que perciben como hipócrita y falso. Necesitan liberarse, expresar lo que sienten, decidir sobre sus propias vidas”.

El rock´n´roll es la música que aglutina las aspiraciones y canaliza  el malestar y la insatisfacción de los jóvenes. Elvis Presley, Eddie Cochran, Chuck Berry, Little Richard y tantos otros ídolos expresan a través de sus canciones los anhelos de su generación. “Los chicos y chicas se identifican con su música”, apunta Lillo. “Por fin alguien les entiende, por fin alguien expresa lo que ellos sienten pero no son capaces de verbalizar. Pero ese es un éxito que sólo puede llegar con la sociedad del bienestar. Elvis vuelve locos a más de 70 millones de adolescentes sólo cuando en todos los hogares de Estados Unidos hay una televisión y todos pueden verlo cantando y moviendo las caderas. Para los adultos era una obscenidad; para los jóvenes, una liberación”.

Música comprometida

¿El rock de hoy día mantiene todavía su fibra rebelde? “Es una pregunta difícil de contestar”, responde Lillo. “Creo que la música siempre tendrá algo de revolucionaria, de rebelde e inconformista, con independencia de su estilo. Hay una cierta domesticación del rock, sí, pero también hay espacios de fricción, de conflicto. El sistema capitalista asimila con relativa facilidad los movimientos contestatarios. Sin embargo, en la música sigue existiendo, en algunos ámbitos, una fuerte resistencia a determinadas prácticas, a determinados comportamientos del mundo adulto que resultan criticables o inadmisibles. Lo que está pasando en España durante estos años de crisis es significativo. Los músicos se posicionan. Muchos de ellos también dan la cara. Como hicieron otros durante la transición. Eso es algo que necesitamos y que es muy de agradecer”.

Justo Serna y Alejandro Lillo se conocieron fuera del ámbito académico y poco a poco descubrieron que tenían muchos intereses comunes. “Compartíamos la pasión por el cine, por la literatura, por la música y por la historia, claro”, dice Lillo. “Descubrimos también que nuestros diagnósticos, que nuestras opiniones y pareceres también eran similares, que nuestra forma de entender el oficio de historiador y de abordar el estudio de la cultura eran coincidentes y enriquecedoras. Se nos hizo difícil desaprovechar la oportunidad de trabajar juntos”, concluye este joven historiador valenciano.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Bel Carrasco