Elefantes nos devuelven el amor en Rambleta

Elefantes
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina calle Pío IX. Valencia
Viernes 12 de mayo de 2017

Elefantes llegaban a Valencia otra vez a presentar su nuevo plástico, ‘Nueve canciones de amor y una de esperanza’. En esta ocasión la plaza elegida era la siempre elegante La Rambleta, que lucía llena desde muchos minutos antes de la actuación, que estaba prevista para las 22.00h y se demoró un poco más, debido sin duda, a la gran cantidad de gente que seguía entrando en el teatro.

Después del regreso de la banda, que no editaba nada nuevo desde hacía nueve años, con el disco ‘El Rinoceronte’ (2014), que no cuajó del mismo modo que éste, la banda no ha parado de rodar; de hecho, antes de llegar a Valencia, habían estado en tierras aztecas, con una gira donde el éxito había sido la nota habitual.

Elefantes, en un momento de su actuación en Rambleta. Foto: Javier Caro.

Elefantes, en un momento de su actuación en Rambleta. Foto: Javier Caro.

Todo oscuro y preparado para que Shuarma, Jordi, Hugo y Julio saltaran a las tablas. El teclado presidía el escenario y Shuarma no tardó en hacerlo suyo con ese estilo tan inconfundible. Comenzaba, pues, un concierto que iba a ir subiendo en intensidad con cada nueva canción. El primer clásico inmediato, aunque pertenezca a su nuevo trabajo, no tardó en llegar: estoy hablando de ‘Duele’, esa magnífica canción donde el bueno de Bunbury presta sus cuerdas vocales.

Tras ello, Shuarma comenta, jocoso como en toda la velada, cómo había sido su gira mejicana y los dolores estomacales que traían derivados de la comida. Trago de vino, en una copa que nos daba envidia a los demás, y a por el siguiente himno: ‘Lo más pequeño’. Shuarma se levantó de la silla y el concierto también se levantó: ‘Que todo el mundo sepa que te quiero’ fue el acicate para las almas que se encontraban en La Rambleta, que se levantaron cual resortes y corearon la letra como si les saliera del mismísimo corazón.

Elefantes, en un momento de su actuación en Rambleta. Foto: Javier Caro

Elefantes, en un momento de su actuación en Rambleta. Foto: Javier Caro

La conexión entre la banda catalana y el público era total, estaban enchufados, existía una simbiosis que convertía el concierto en una fiesta a la buena música y sobre todo al amor. “Siempre hemos hecho letras un poco cursis”, nos dice el vocalista, pero para nada estaba de acuerdo con esa afirmación tan descabellada: ¿desde cuándo las buenas canciones de amor son cursis?

‘Azul’, ese tema que los aupó a lo más alto, que los hizo conocidos y que marcó un punto de genial inflexión en su carrera, estaba sonando en ese momento. La piel de gallina, los ojos dilatados y el corazón bombeando sangre. Pura historia de la música en castellano en directo. No podía faltar su cover de Perales, ‘Te quiero’, ese que hace justicia a un grande, y de paso se lo muestra a unas cuentas generaciones que no crecieron con él.

‘Somos nubes blancas’ fue otra que nos levantó. Un receso y volvieron con temas como ‘Pretendes’, de aquel primer y lejano ‘Elefantes’ (1996). Y se despidieron, no sin acordarse de lo que supuso para ellos su regreso musical, de esos primeros momentos juntos y de la conexión automática entre ellos para un nuevo disco. La elegida para decir hasta luego fue ‘Momentos’. Esperemos que vuelvan pronto para seguir inundando de amor al mundo.

Elefantes.

Elefantes, durante su actuación en Rambleta.

Javier Caro

Aida o la belleza trágica

Aida, de Giuseppe Verdi, bajo dirección musical de Ramón Tebar
Palau de les Arts Reina Sofía
Avda. del Professor López Piñero, 1. Valencia
Días 25 y 28 de febrero, y 2, 5 y 9 de marzo de 2016

El amor romántico sigue teniendo enorme tirón. Aida, de Giuseppe Verdi, es un claro ejemplo. Desde hace más de dos semanas ya no quedan entradas para ver en Les Arts la pasión desatada entre Aida y Amneris por el capitán Radamès. “Es una ópera maravillosa de Verdi, padre moral y ético de toda la humanidad”, explicó Davide Livermore, intendente del coliseo valenciano. La “lucha por la libertad” de los amantes verdianos, en un contexto de “brutalidad del imperio para destruir al individuo”, es a juicio de Livermore lo que convierte a la ópera en “universidad de los sentimientos”. Universidad que el intendente defendió como propia de un teatro público que contempla la representación operística “patrimonio de la gente”.

Ramón Tebar, que dirige Aida por primera vez como director principal invitado en Les Arts, incidió en el “conflicto de las pasiones humanas” y en el “imperio faraónico contra el pueblo oprimido” como principales características de una ópera que traslada a la actualidad lo que acontece en el Antiguo Egipto. Un Egipto de “pirámides, elefantes y camellos” que Verdi, no obstante, utiliza para “sintetizar sus más grandes preocupaciones”, entre ellas, recordó Livermore, la de “la nación grande que oprime a la pequeña” y el “abrumador poder de la iglesia sobre todos los estamentos”.

Escena de Aida, de Giuseppe Verdi, bajo la dirección musical de Ramón Tebar. Fotografía de Tato Baeza por cortesía de Les Arts.

Escena de Aida, de Giuseppe Verdi, bajo la dirección musical de Ramón Tebar. Fotografía de Tato Baeza por cortesía de Les Arts.

La venezolana Lucrecia García encarna a la princesa etíope Aida, capturada como esclava al servicio de Amneris (Marina Prudenskaya), hija del faraón. Rafael Dávila es Radamès, el capitán de la guardia egipcia objeto del amor de ambas. “Esta sala va a explotar con tantísimo talento”, subrayó Tebar del amplio elenco interpretativo. Elenco al servicio de una historia de amor trágico que David McVicar pone magistralmente en escena. Lo hace huyendo de lo exótico, porque como señaló Livermore, “con el cine y los parques temáticos” ya no tiene sentido en la actualidad. “Es un melting pot, una mezcla extraordinaria de culturas”, cuya mezcolanza sirve para “poner en alto nivel el poder amoroso, político y religioso de Aida”, afirmó el intendente.

Tebar puso el énfasis en el término con el que concluye la ópera en palabras de Amneris: “La última palabra de Aida es pace (paz)”, refiriéndose con ello a la presión ejercida sobre ciertos pueblos y sus concomitancias con el “problema de los refugiados”. Livermore, deletreando la fotografía de Herbert List que sirve de cartel de la ópera, se refirió a la chica vestida de blanco con un espejo que oculta su rostro como metáfora de Aida. “Es una mujer que no tiene cara, en medio de un desierto, y que viene a representar al esclavo sin rostro como imagen poética de la ópera”. Livermore abundó en esta idea poética afirmando que un teatro público comunica “para el arte, no para vender, para hacer marketing”.

Aida, de Giuseppe Verdi, bajo la dirección musical de Ramón Tebar. Imagen cortesía de Les Arts.

Aida, de Giuseppe Verdi, bajo la dirección musical de Ramón Tebar. Imagen cortesía de Les Arts.

La ópera en cuatro actos de Verdi se representará en Les Arts el 25 y 28 de febrero y los días 2, 5 y 9 de marzo, recuperando el montaje de McVicar realizado en coproducción con el Covent Garden de Londres y la Ópera de Oslo, que en 2010 estrenaron en Valencia Lorin Maazel y Omer Meir Wellber. “La Marcha del Triunfo no fue representada completa la primera vez”, por razones en las que el intendente no quiso entrar. El nuevo elenco y la versión íntegra de esa escena son las novedades de esta nueva Aida, ópera que, según Livermore, “es siempre un reto para cualquier teatro”.

La “belleza” de la partitura musical y la “brutalidad” de la historia, repleta de violencia (David Greeves figura como maestro de artes marciales) y muerte trágica, hace de Aida un espectáculo de gran potencia y “uno de los super hits de la ópera”, remarcó Livermore, siempre atento a subrayar el carácter público de Les Arts, ahora universidad de los sentimientos que alcanza con Verdi el cum laude.

Escena de Aida, bajo la dirección musical de Ramón Tebar. Fotografía de Tato Baeza por cortesía de Les Arts.

Escena de Aida, bajo la dirección musical de Ramón Tebar. Fotografía de Tato Baeza por cortesía de Les Arts.

Salva Torres

El Holograma musical de Carlos Ann

Holograma. Carlos Ann
Tango y Truco
C / Calixto III, 10. Valencia
Sábado 16 de enero, a las 23.30h

Carlos Ann llega a España, tras su notable gira por México, con ganas de tocar en directo ante su público de culto en las principales capitales de la geografía española. La gira dará comienzo en Zaragoza, el jueves 14 de enero y pasará por Murcia, Valencia, Huelva, Sevilla y Madrid, finalizando el viernes 29 de enero en Barcelona.

El tour visitará salas de pequeño y medio aforo con una formación de trío, en formato eléctrico, que irá repasando las canciones de Holograma, así como los grandes éxitos de sus casi veinte años de carrera que han dejado tras de sí 14 discos, entre discos en solitarios, recopilatorios y discos homenaje, en los que han colaborado artistas de la talla de Enrique Bunbury, Andrés Calamaro, Shuarma (vocalista de Elefantes), Loquillo, Nacho Vegas y Javier Corcobado entre otros.

Imagen del videoclip del tema 'Amanecer en ti' que abre el disco 'Holograma', de Carlos Ann.

Imagen del videoclip del tema ‘Amanecer en ti’ que abre el disco ‘Holograma’, de Carlos Ann.

En Valencia, la actuación tendrá lugar en la sala Tango y Truco el sábado 16 de enero, a las 23.30h, con entrada libre hasta completar aforo. Con Holograma, su nuevo disco, vuelve el artista que firmó Entre lujos y otras miserias (2001) y Descarado (2005), ese capaz de crear grandes canciones entre la electrónica y el rock and roll. De manera que Carlos Ann vuelve a ser el mejor Carlos Ann.

En Holograma vuelve a haber estribillos para cantar a voz en grito, capas de luz y oscuridad, un mensaje envuelto en píldoras directas al cerebro y al corazón. Cuando lo haces sonar, te sorprendes bailando al ritmo de ‘Amanecer en ti’, primera canción del disco y primer sencillo, una oda al amor más allá de la noche, un himno listo para que lo hagas tuyo.

Imagen del videoclip del tema 'Amanecer en ti' que abre el disco 'Holograma', de Carlos Ann.

Imagen del videoclip del tema ‘Amanecer en ti’ que abre el disco ‘Holograma’, de Carlos Ann.

‘Vamos a la luna’ es ciencia ficción hecha pop, ‘Transparente’ evoca amores narcóticos del pasado con melancolía dance y ‘Rockstar’ es un nuevo retrato crítico de autodestrucción. Y cuando menos te has dado cuenta, ya estás dentro de Holograma. Y el viaje continua con el juego electrónico de ‘Tu espacio’, la dramática e implacable “Ilusión” y la contundente crítica social que articula ‘Seres influenciables’. A punto de finalizar, estremece el romanticismo  crepuscular de ‘Cuando las fiestas se acaban’, que da paso al canto nihilista de ‘Solución’ y a la pura provocación de ‘Fluorescencia’, planteando un nuevo orden en la música popular.

Holograma es un manjar de producción exquisita de nivel internacional que reactualiza el legado musical e incluso lo hace futurista, en el que cada detalle se ha cuidado pero cuyo mensaje es espontáneo. Si decides no prestarle atención, tu vida seguirá siendo la misma, pero si lo escuchas de principio a fin seguro que cambia a mejor. ¿Qué pierdes al intentarlo?

Imagen promocional del disco Holograma de Carlos Ann.

Imagen del videoclip del tema ‘Ilusión’ perteneciente al disco Holograma de Carlos Ann.

La revista más explosiva del siglo XX

Almanacs de La Traca (1915-1918)
Rafael Solaz y Marc G. Zacarés
Alenar Llibres

Nuestros padres tenían que cruzar los Pirineos, como Aníbal con sus elefantes para proveerse de revistas guarras y darse un baño de erotismo: Último tango en París, imágenes de mujeres desnudas, la mínima alusión al sexo estaban totalmente prohibidos por la censura franquista amparada por el nacionalcatolicismo. Nuestros abuelos, sin embargo, sólo tenían que ir al quiosco más próximo para alegrarse el ojo con señoras descocadas, más o menos pelanduscas, y reírse a mandíbula batiente con semanarios como La Traca, editado por el valenciano Vicent Miquel Carceller.

La revista más explosiva del primer tercio del siglo XX. No fue la única de este tipo, pero sí la de mayor difusión, llegando a los 300.000 ejemplares a principios de los treinta. Colaboraban en ellas escritores de la talla de Vicente Blasco Ibáñez, Maximilià Tous, Hernández Casajuana y Contell, entre otros, además de numerosos ilustradores. Algunos, como el propio Carceller pagaron su osadía y fueron fusilados tras la guerra civil. Cada fin de año la revista editaba un almanaque en formato más pequeño que resumía lo más selecto de los últimos doce meses.

Portada del libro Almanacs de La Traca.

Portada del libro Almanacs de La Traca.

Un siglo después de la aparición del primero de estos almanaques, en 1915, un libro reúne los cuatro primeros, hasta 1918. Almanacs de La Traca (1915-1918) (Alenar Llibres) es un trabajo conjunto del historiador y bibliófilo Rafael Solaz y el editor Marc G. Zacarés que se presentó el 23 de noviembre en el Ateneo Mercantil. El texto reproduce en facsímil  los cuatro almanaques que Solaz adquirió en una subasta, en julio de 2003, procedentes de un coleccionista catalán, comentados por él mismo.

“El descubrimiento de los almanaques fue para mí algo importante porque como bibliófilo no los había visto nunca, sabía de su existencia pero eran muy raros verlos en el mundo del comercio y del coleccionismo”, recuerda Solaz. La idea del esta edición peculiar surgió durante una conversación con el veterano editor Marc Zacarés, y ambos se pusieron manos a la obra. “Con este libro pretendemos que las nuevas generaciones conozcan y valoren estas revistas curiosas”, dice Solaz. “También recordar a quienes colaboraron en ellas, especialmente a los autores y dibujantes, algunos de ellos con trágico final como el de Carceller”.

Su valor es considerable, pues tanto los semanarios como los almanaques fueron destruidos tras la guerra civil a causa de una persecución que culminó con la muerte de  Carceller ejecutado en el Cementerio de Paterna. A lo largo de su existencia, entre 1911 y 1938, La Traca reflejó fielmente la transformación de hábitos y costumbres que se produjo en la Europa de entre guerras. Los locos años veinte, la Belle Époque, un paréntesis de libertad para unos, de libertinaje para otros, durante el cual la mujer se libró de los corsés y comenzó a recortarse el cabello y acortar la longitud de sus faldas, mientras agitaba las caderas al ritmo frenético del charleston.

Aires de cambio y de renovación que no tardarían en congelarse con el estallido de la Segunda Gran Guerra. La Traca absorbió esos cambios que venían desde más allá de nuestras fronteras y les infundió el marchamo de la casa, el hedonismo mediterráneo, la socarronería de la huerta, la lujuria hortofrutícola. Carceller diseñó la perfecta publicación  de corte popular que conquista a los lectores con una dosis de erotismo y humor. Ilustraciones picantes, chistes de doble sentido, historietas y otras secciones de entretenimiento llenaban sus páginas al módico precio de 25 a 30 céntimos.

Portada del almanaque Bésame. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Portada del almanaque Bésame. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

El semanario  tuvo dos épocas, la primera de 1911 a 1922 y, tras dos años de prohibición durante la dictadura de Primo de Rivera, otra etapa hasta 1938. “La primera es más interesante respecto a sus contenidos humorísticos y de carácter erótico”, indica Solaz. “Después se politizó y se hizo anticlerical debido a los intereses de la época”. A raíz de su éxito surgieron otras cabeceras similares: Bésame, La Sombra, Colección Fifí, El Piropo, Colección Popular, La Chala. “También estas herederas de La Traca tenían sus respectivos almanaques, y como ella estaban redactadas en un valenciano sin rigor idiomático ni gramatical, con abundantes vulgarismos”, señala Solaz, una autoridad en V.M. Carceller al que menciona en varios de sus obras: La Valencia Prohibida, Figues i Naps o Pasiones bibliográficas.

Al hojear hoy esas páginas plagadas de opulentas féminas ligeras de ropa y chascarrillos eróticos festivos salta a la vista la liberalidad de una sociedad española a principios de siglo. Un ambiente muy diferente a la rancia e hipócrita moral que se impondría poco después. Aunque estas revistas sicalípticas estaban dirigidas al público masculino y su contenido denota cierto machismo inherente a la época, no dejan de tener su encanto y frescura. Demuestran que nuestros abuelos no eran unos mojigatos sino viejos verdes, aunque con el triunfo de Franco se impusiera la rancia moral y se acabara la fiesta por muchas décadas, hasta que llegó  el destape y surgieran revistas como Interviú o El Jueves dispuestas a desafiar las rígidas reglas del viejo régimen.

Ilustración del semanario La Traca. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Ilustración del semanario La Traca. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Fusilamiento de Carceller

Nada más acabar la guerra civil, en junio de 1939, se abrió una diligencia para localizar y poner a disposición de la Brigada Militar a “los colaboradores del soez, obsceno e impúdico semanario valenciano La Traca, que se distinguió siempre por sus campañas anticlericales, antipatrióticas y difamatorias”. Carceller y su segunda esposa Francisca Veres vivían en la calle Correo, junto a la tienda de artículos de piel conocida como la del Cocodrilo.

Pese a los consejos de algunos amigos preocupados por su suerte, el editor se negó a huir, arguyendo que nunca se había manchado las manos de sangre. Pronto los acontecimientos desmintieron su optimismo. Oculto en el domicilio de unos conocidos, fue detenido y tras un Consejo de Guerra, el 28 de junio de 1940, fusilado en el Terrer de Paterna. Según relata el profesor Antonio Laguna en uno de sus estudios, en la misma saca se encontraba el líder socialista Isidro Escandell, el escultor Alfredo Torán, el artista Alfredo Gomis y uno de los colaboradores de La Traca, el caicaturista Carlos Gómez Carrera, Bluff considerado una “inteligencia satánica”.

Efemérides de 1915

Con una colorista portada de lavanderas culo en pompa, el Almanaque de 1915 reúne las firmas de Luis de Val, Vicente Blasco Ibáñez, Bisbert del Cabanyal, Hernández Casajuana, Rivelles, Michó, Gascó Contell y Quiles Pitarch entre otros. Cada ejemplar tenía 64 páginas y su precio era de 25 céntimos. Tan sólo se incluyen un par de anuncios, el  papel de fumar Bambú y la pluma estilográfica Ideal Waterman. Contiene una referencia a las cuatro estaciones representadas por cuatro estaciones de ferrocarril: Norte, Aragón, Pont de Fusta y Jesús. Un tal Boticari de Villareal ofrece consejos de salud, se habla de toros y se ofrecen predicciones sobre el futuro. En el año 3.000 “la velocitat dels ferrocarrils será de dos mil kilómetros per hora”…

Bel Carrasco

Crepúsculo de un Rey

Final de partida, de Ana Romero
La Esfera de los Libros

Los reyes y los héroes siempre suscitan el interés del público. Y todavía más los antihéroes o los monarcas caídos a los pies de los caballos (o de un elefante). Este interés, equidistante entre el morbo y la legítima curiosidad por las figuras públicas, explica en parte el éxito de ‘Final de partida’, un libro de la veterana periodista Ana Romero escrito con conocimiento de causa y sin paños calientes que encabeza esta primavera las listas de best sellers.

La crónica de los hechos que llevaron a la abdicación de Juan Carlos I es el subtítulo de este retrato doblemente real, más en oscuros que en claros, que va más allá de la figura del monarca para reflejar a los personajes de la alta política y sociedad que le jalearon las gracias y lo protegieron de la Prensa, hasta que ya no se pudo más y las costuras del cordón sanitario reventaron.

Portada del libro 'Final de partida', de Ana Romero. La Esfera de los Libros

Portada del libro ‘Final de partida’, de Ana Romero. La Esfera de los Libros

El título ‘Final de partida’ remite a una obra de Samuel Beckett, ambientada en un espacio claustrofóbico, en la que un personaje le dice al otro: ‘Será el fin y me preguntaré qué pudo ocasionarlo y me preguntaré por qué tardó tanto’.

Romero no se inventa nada, aunque en su relato a veces la realidad supera la ficción. Se basa en cinco años de trabajo, decenas de entrevistas a personajes clave en el entorno del monarca y su propia experiencia como corresponsal en la Casa Real. “En mayo de 2010 ocupé ese puesto en El Mundo y al principio pensé que iba a hacer crónica rosa, pero me equivocaba”, dice Romero. “Me vi inmersa en una vorágine donde la monarquía y la alta política se mezclaba con el mundo empresarial y el establishment español”.

Lento declive

El declive del Juan Carlos I no fue cosa de un día, sino un largo proceso en el que convergieron un cúmulo de circunstancias: problemas de salud, amores no tan secretos, el asunto Nóos, etcétera. “En 1992 y 1997 ya se produjeron sendos amagos de escándalo a causa de sus líos de faldas, con una mallorquina y con la actriz Bárbara Rey”, cuenta Romero. “Entonces los barones del sistema hicieron piña para proteger al rey con una especie de cordón sanitario que mantenía amordazada a la prensa”.

El 14 de abril de 2012 fue una fecha decisiva, el amanecer de un regio crepúsculo. “El asunto del elefante fue la gota que desbordó el vaso. Las redes sociales la emprendieron con los medios tradicionales españoles. A partir de la caída en Botsuana, la puerta se abrió de par en par y por ella entraron a borbotones todo tipo de noticias, incluidas las averías de los aviones oficiales, metáfora perfecta de la crisis institucional y personal que sufrió la monarquía. Ocurrió todo al mismo tiempo, y cuando peor venía a todos. ‘Se le marchitó el clavel’, me dijo con gran clarividencia una persona de su entorno”.

Paul Preston explica el declive real en la búsqueda a una edad tardía del ‘descanso del guerrero’. Otros testimonios recogidos por Romero señalan que ‘dejó de entender al país y pensó que se lo perdonarían todo’.

'Final de partida', de Ana Romero. La Esfera de los Libros.

‘Final de partida’, de Ana Romero. La Esfera de los Libros.

En su libro, Romero cita a un amigo que lo quiere bien, quien compara el efecto de esta adulación con la “mala educación” que recibió su abuelo Alfonso XIII, mimado desde que nació hasta convertirse en un ser insoportable. La carta blanca que le concedió el sistema político, económico y social de la Transición le hizo relajar sus costumbres hasta niveles “inaceptables”, según otro entrevistado.

Los acontecimientos se precipitaron en 2004. En febrero conoció a Corinna; en abril entró en prisión su amigo e intendente real, Manuel Prado, y en verano, el monarca hizo un préstamo-donación de más de un millón de euros a la infanta Cristina para que esta, junto a su marido, adquiriera el palacete de Pedralbes.

Campechano. Es  el epíteto que más se relaciona con Juan Carlos, el hombre que se impacientó con aquel ¡¿Por qué no te callas?! “Ese exabrupto lo retrata”, afirma Romero. “Es muy simpático pero sólo cuando él quiere. Tiene un gran olfato para los negocios y podría dar el tipo del típico comerciante levantino”.

Futuro de la monarquía

En cuanto al futuro de la institución en Europa y España, Ana Romero opina que “la monarquía está inmersa en un experimento que determinará si tiene o no lugar en una sociedad moderna”.

“Si quiere sobrevivir deberá adaptar su origen arcaico a las exigencias de los nuevos tiempos y, sobre todo, que no se reproduzcan los esquemas infantiles e inmaduros que se han dado en el caso de Juan Carlos I. Mi libro pone en evidencia la necesidad de que exista un control sobre el trono y total transparencia. Creo que Felipe VI estará a la altura”.

¿Y Leticia? “Letizia todavía es una incógnita. De momento suscita sentimientos muy extremados de amor y odio, pero supongo que con el tiempo se irán equilibrando”.

Ana Romero (Cádiz, 1966) ha trabajado en Diario de Cádiz, Agencia EFE y El Mundo. Es autora de ‘Retratos del siglo XXI’ y ‘Carmen, Suárez y el Rey. El triángulo de la transición’. Ha sido corresponsal en Nueva York y Londres y ha vivido varios años en Abu Dabi por destino diplomático.

Ana Romero en la presentación de su libro 'Final de partida'. Imagen de Europa Press.

Ana Romero en la presentación de su libro ‘Final de partida’. Imagen de Europa Press.

Bel Carrasco