Relectura del franquismo por las vanguardias

España. Vanguardia Artística y Realidad Social, 1936-1976
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Desde el 13 de septiembre de 2018 al 13 de enero de 2019

El director del Institut Valencià d’Art Modern, José Miguel G. Cortés, y el comisario de la muestra, Sergio Rubira, han presentado la exposición Caso de estudio ‘España. Vanguardia Artística y Realidad Social, 1936-1976′, que lleva el mismo título que la célebre exposición que se presentó en la Bienal de Venecia de 1976.

“La Bienal de Venecia de 1976 fue un acontecimiento histórico muy importante en el mundo del arte ya que por primera vez se planteó para el Pabellón Español un proyecto alejado de la oficialidad”, explicó el director del IVAM sobre la muestra que reúne 33 obras de la Colección del museo de artistas como Pablo Picasso, Joan Miró, Julio González, Josep Renau, Eusebio Sempere, Antoni Tàpies, Antonio Saura, Monjalés, Jordi Teixidor, Equipo Crónica, Eduardo Arroyo y Alberto Corazón, que formaron parte de aquella exposición histórica.

La intención principal de la exposición que se organizó en la Bienal de 1976 era corregir la imagen que el régimen franquista había dado del arte español de vanguardia en el contexto internacional y evidenciar cómo ese vanguardismo había sido moldeado por el proceso de una lucha ideológica. “En este nuevo curso en el que el IVAM celebrará su aniversario en 2019 nos planteamos conocer el pasado para construir el futuro”, comentó Cortés sobre la importancia de este nuevo Caso de Estudio del IVAM, la línea de exposiciones que investiga los fondos de la Colección.

Crucifixión, de Antonio Saura. Imagen cortesía del IVAM.

Crucifixión, de Antonio Saura. Imagen cortesía del IVAM.

El comisario de la exposición, Sergio Rubira, destacó que “nunca hasta 1976 se había hecho una exposición que contextualizara las condiciones políticas y sociales de la producción de las obras”. De ahí la importancia de aquélla muestra para entender “el relato de la historia del arte durante la dictadura”, resumió.

Considerando el papel que desempeñaron los críticos y artistas valencianos como Tomás Llorens, que ejerció de co-comisario, Manuel García, que actuó como secretario de la ‘Comisión de los Diez’ que organizó la exposición, junto con artistas como Jordi Teixidor, Equipo Crónica, Equipo Realidad o Monjalés, no es extraño que la Colección del IVAM conserve más de 40 obras que formaron parte de la muestra de 1976. “Algunas de las ideas de aquella muestra tomaron forma posteriormente en la creación de la Colección del IVAM. Es el caso, por ejemplo, de Julio González”, apostilló Rubira.

El recorrido de la exposición en la galería 3 del IVAM mantiene el orden que se le dio en la muestra del 76 y que “comenzaba mostrando las raíces de la vanguardia con imágenes de la Guerra Civil y el Pabellón de la República de la Exposición de París de 1939″, manifestó el comisario.

A partir de ese momento, la exposición sigue un recorrido circular con la escultura Cabeza de Monserrat girando, (1942) de Julio González para culminar con otra imagen de mujer, el retrato Sama de Langreo (1970) de Eduardo Arroyo, que muestran la heterogeneidad de lenguajes artísticos, sin olvidar los artistas forzados al exilio.

Vista de la exposición 'España. Vanguardias artísticas y realidad social. 1936-1976'- Imagen cortesía del IVAM.

Vista de la exposición ‘España. Vanguardias artísticas y realidad social. 1936-1976′- Imagen cortesía del IVAM.

¡Qué horror!

Ni cautivos ni desarmados. Arte, memoria y dolor versus política o [violencia] en/desde [la España del] siglo XX
Colecciones de 9915 y Martínez Guerricabeitia
Centre Cultural La Nau
C/ Universitat, 2. Valencia
Hasta el 2 de octubre de 2016

Manuel Chirivella, presidente de la Fundación Chirivella Soriano, reflexionó en las páginas de la primera etapa de ARTS de El Mundo en torno al coleccionismo de arte apuntando el cambio sufrido en los últimos años a causa del capitalismo salvaje, donde el “todo vale” ha depreciado en muchos casos la labor del coleccionista vocacional. Coleccionistas que han sostenido el patrimonio artístico en momentos de crisis del Estado y que, como apuntó Mercedes Basso, de la Fundación Arte y Mecenazgo de La Caixa, invierten (se refería al auténtico coleccionista, no al arribista de turno) “no para escalar socialmente”.

Algunos de esos coleccionistas vocacionales se dan cita en La Nau de la Universitat de València para ofrecer una muestra de su labor, al tiempo que hacen memoria a través de su valioso patrimonio cultural. José Pedro Martínez Guerricabeitia recordó que las obras que coleccionaron sus padres, reunidas en la Fundación Martínez Guerricabeitia y depositadas en la propia universidad, guardaban un “marcado criterio de índole social y de denuncia de los males de la sociedad”.

Miliciana, de Alberto Korda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Miliciana, de Alberto Korda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

La Asociación de Coleccionistas Privados de Arte Contemporáneo 9915, con su presidente Jaime Sordo a la cabeza, sigue ese mismo rastro al recordar el por qué de la cifra que justifica al colectivo: “El logo 9915 combina el carácter frío del número, con la historia a medio camino entre la pulsión atávica, incontrolada e irracional y el romanticismo azul de lo imposible, de lo irremediablemente humano, y del compromiso con las formas más elaboradas de la creatividad artística”. Además de ser 9915 el código con el que los organismos internacionales identifican a los coleccionistas en general.

Esa mezcla de pulsión atávica y elaboración de la propia pulsión es la que atraviesa la exposición Ni cautivos ni desarmados, que reúne en La Nau de la Universitat de València 40 obras y un mosaico de 28 fotografías pertenecientes a las colecciones de la 9915 y la Martínez Guerricabeitia. Todas ellas mostrando lo que aglutina el “largo y sonoro”, a modo de “proclama o pasquín”, subtítulo expositivo: “Arte, memoria y dolor versus política o violencia en la España del siglo XX”. Alfonso de la Torre, comisario de tan contundente razón de ser de la muestra, lo explica así: “Habla de la pervivencia de la violencia y el dolor como uno de los asuntos del arte”.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Asunto que el propio comisario localiza en los albores de las vanguardias históricas: “Ni cautivos ni desarmados reflexionan sobre la violencia y el dolor contemporáneos, un tema que persigue o, incluso, atormenta al artista y al mundo del arte, especialmente desde la llegada del surrealismo frente al arte convencional, tradicional, sacro o realista”. Diríase, por tanto, que existe cierta relación entre la quiebra de ese universo simbólico que acoge y da forma al dolor, y ese otro en cuyo interior ya nada sutura la violencia, que campa a sus anchas una vez desgarrado su tejido narrativo.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural LaNau.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural LaNau.

Y es que el siglo XX que sirve de contexto a las obras de ambas colecciones, provenientes de una quincena de coleccionistas, es el siglo donde parece dominar la idea del horror como verdad más palmaria. Da lo mismo que tal cosa suceda en la España del franquismo y, a su rebufo, los años posteriores, porque como explica De la Torre, lo verdaderamente importante es “la reflexión más intensa sobre la violencia y el horror”, más allá “del contexto social y político en el que se movía Martínez Guerricabeitia”. Violencia y horror del que se nutren las 24 pinturas, siete fotografías, siete esculturas y dos obras audiovisuales, además del mosaico de otras 28 imágenes, a modo de reflejo de ese arte contemporáneo atraído por el abismo de la sinrazón.

“Este es el siglo del dolor”, se apunta en una cita de Paul Lafargue extraída de su ‘Diccionario abreviado del surrealismo’. Siglo atravesado por las dos grandes guerras mundiales y otras menores igualmente sacudidas por odios enfrentados. Y si la Olympia, decía el propio Manet (tal y como se recoge en la exposición), “choca, desprende un horror sagrado”, lo mismo cabe decir de las obras que se hacen eco del dolor que caracteriza al “surrealista” siglo XX.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Obras que van del grito de Santiago Ydáñez, con esa boca desmesurada que parece ampliar la boca de ese otro grito famoso lanzado por Edvard  Munch, a la muerte del miliciano de Robert Capa, pasando por las víctimas del bombardeo en Kosovo (Simeón Saiz), el Guantánamo de Joan Fontcuberta o las notas por Guernica de Eduardo Arroyo. Guerras agujereando, pixelando, descoyuntando la trama interior de la obra de arte, encargada de acoger los efectos devastadores de una violencia muchas veces proyección de las propias ansias del artista.

El NO de Santiago Sierra viene a poner límite al horror, al tiempo que concede todo el protagonismo a la negación frente al carácter afirmativo de un siglo sospechosamente entregado a la destrucción. Muchas veces, autodestrucción o autocensura, como en los textos autocensurados de Concha Jerez, la cabeza demente de Darío Villalba o la Mujer de Juana Francés. También aparece el propio arte yacente, con Andy Warhol postrado letalmente en la obra de Kepa Garraza.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

La España del siglo XX comparece nítidamente en los casos de Cristina García Rodero, revelando su cara oculta en lugares inhóspitos de pueblos desabridos, de Alberto García Alix, con el dolor de Elena Mar, de Antonio Sánchez y sus niños de la guerra, o de Juan Roig y sus toreros en la noche. Yoan Capote se sirve de una silla esposada para mostrar cómo hasta los objetos se hallan apresados, atenazados, de ese ambiente claustrofóbico dibujado por los compartimentos estancos de la guerra, en tanto vomitorio al que desemboca fatalmente la política mal digerida.

Ni cautivos ni desarmados, en alusión manida al último parte de guerra del general Franco, pretende darle la vuelta a aquel enunciado victorioso, para que sea el arte contemporáneo quien lo elabore creativamente a su favor. Elaboración, en todo caso, volcada hacia la pulsión atávica de la violencia que nos constituye y a la que conviene poner freno. De lo contrario, como recuerda Nuno Nunes-Ferreira, ahí están las 30 portadas de su ‘Primera Página’ de diversos periódicos, para recordarnos el carácter letal del siglo XX.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

También hay movimientos de resistencia como el expresado por Eugenio Ampudia en su serie ‘Dónde dormir’, invitando el autor a tomar espacios como el Museo del Prado, donde junto a ‘Los fusilamientos del 3 de Mayo’, de Goya, descansa una persona tumbada como los fusilados del famoso cuadro. Las zonas de vigilancia, tratadas por Carlos Garaicoa, ponen el acento igualmente en la más contemporánea fijación por el control y la manipulación en tiempos donde lo bélico adquiere un carácter, no por virtual, menos violento.

Las colecciones Marrtínez Guerricabeitia y 9915, al amparo de La Nau de la Universitat de València, hacen memoria de toda esa violencia y horror del doloroso siglo XX mediante una ingente creatividad. Precisamente la que permite recordar su prevalencia sobre la barbarie. El coleccionista Fernando Saludes, insistiendo en la importancia de la cultura, concluyó entonces: “Quién se acuerda de los ministros de la corte de Felipe IV, pero en cambio todo el mundo conoce a Velázquez. ¡Fíjese si tiene importancia la cultura!” Los coleccionistas de Ni cautivos ni desarmados también lo saben. 

Marifile, de Jorge Rueda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Marifile, de Jorge Rueda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Salva Torres

La tauromaquia sí es un hecho cultural

‘Bous a la paret’ y ‘Pinazo. Del ocaso de los grandes maestros a la juventud artística. Valencia 1912-1927′
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia

Una selección de carteles sobre el hecho taurino pone al MuVIM en el ojo del huracán. Lo saben tanto su director Rafael Company, como el jefe de Programación, Amador Griñó, y el comisario de la exposición Bous a la paret, Ricard Triviño. Por eso precisaron en todo momento dos cosas: que los carteles proceden del singular Archivo de la Diputación, que custodia cerca de 3.000 de esa temática, y que como “museo de las ideas” ofrece la posibilidad de un “diálogo desde el respeto” en torno a un tema tan “controvertido” como el de la tauromaquia.

Obra de Miquel Barceló en 'Bous a la paret'. MuVIM.

Obra de Miquel Barceló en ‘Bous a la paret’. MuVIM.

La Sala Parpalló acoge medio centenar de esos carteles, desde los clásicos de gran tamaño que anuncian ciertas corridas, a las obras contemporáneas de artistas como Eduardo Arroyo, Miguel Barceló, Manolo Valdés, Ramón Gaya y Miquel Navarro, pasando por el contrapunto crítico de diseñadores como Ajubel, Paco Bascuñán, Ortifus, Belén Payá y Marc Taeger. Todo ello expuesto a modo de tarde taurina, con su coso incluido a modo de instalación, por la que desfilan toros, toreros y artistas encargados de ensalzar mayoritariamente la fiesta, junto al reducido grupo de detractores.

Ricard Triviño resaltó la importancia de la tauromaquia como hecho cultural en tanto “universo de crónica permanente, como se ve ahora con los Sanfermines o la muerte del torero Víctor Barrrio”. Muerte dolida y objeto también de alarde en las redes sociales, con tuits que se alegran de su mortal cogida: “Un asesino menos”, se llega a decir. Triviño, huyendo de la polémica y ciñéndose a su papel de “observador permanente del hecho taurino”, quiso subrayar la importancia de los artistas presentes en la exposición Toros en la pared.

Obra de Ortifus en 'Bous a la paret'. MuVIM.

Obra de Ortifus en ‘Bous a la paret’. MuVIM.

Los carteles de corridas en la Plaza de Toros de Valencia son obra de artistas como Carlos Ruano, José Cros Estrems, Juan Reus, Cecilio Pla o Enrique Pertegás, al que Triviño aludió como autor también de la imagen de portada del catálogo de la exposición. Autores que reclamaban el cartel como reclamo, “aún a riesgo de que ese grito se quedara sin eco entre las montañas del imaginario taurino”, recoge el comisario. El MuVIM se hace eco de ese grito como “muestra de la vigencia estética de la tauromaquia a lo largo de la historia” (Company) y como revelador a su vez de la “historia viva que es” cifrada en su “controversia” (Griñó).

Como controvertido o al menos no del todo reconocido en su día es Ignacio Pinazo, cuyo ‘Año Pinazo’ abre precisamente el MuVIM con la muestra Del ocaso de los grandes maestros a la juventud artística. Valencia 1912-1927.  Su comisario Javier Pérez Rojas, precisó que si bien no fue un “incomprendido”, lo cierto es que no tuvo “la proyección que debía haber alcanzado”. “Si Pinazo hubiera vivido en otro país, hubiera creado escuela”, sentenció.

Pinazo, abundó Pérez Rojas, “es un artista que privilegia, intuye, avanza, lo que viene después”. Pintor naturalista más allá del impresionismo, como lo definió el comisario, al que sin embargo era “difícil de encasillar; muy poliédrico”. La exposición del MuVIM que sirve de arranque a la gran conmemoración por el centenario de su fallecimiento, tendrá continuidad en el IVAM, el Museo de Bellas Artes, el Ayuntamiento de Valencia y la Fundación Bancaja. Un amplio despliegue expositivo para evocar su actualidad, que en el MuVIM tiene carácter de “película que empezamos por el final”.

Pérez Rojas se refería a los años 1912-1927 reflejados en la exposición, previos a su muerte y los posteriores, a modo de contextualización “de lo que fue la vida valenciana en esos años”. Periodo “nebuloso”, en lo que se refiere a la historia del arte, y “más rico y sugerente de lo que se piensa”, destacó Pérez Rojas. Muchas obras de los autores expuestos se verán por primera vez (“casi la mitad”), de un arte “que no envejece y mantiene toda su vigencia”. Antes de finalizar la rueda de prensa, Ricard Triviño quiso dejar constancia que es, además de observador del hecho taurino, un defensor de sus esencias: “La tauromaquia sí es un hecho cultural”.

Obra de Marc Taeger. Imagen cortesía del autor.

Obra de Marc Taeger. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Arquitectura de cine

IV Festival Internacional de Cine y Arquitectura FICARQ
Casyc de Caja Cantabria (C/Tantín, 25) y Filmoteca de Cantabria (C/Bonifaz, 6). Santander
Del 28 de junio al 2 de julio de 2016

El Festival Internacional de Cine y Arquitectura (FICARQ), que del del 28 de junio al 2 de julio se celebra en Santander, cuenta en su cuarta edición con una programación de 40 títulos, una docena de conferencias, talleres infantiles, pases especiales y una ceremonia del clausura (sábado 2 de julio a las 21.00h en el Paraninfo de la Magdalena) donde se entregarán los premios honoríficos, ‘Puente entre las artes’, al arquitecto Emilio Tuñón y al cineasta Carlos Saura, quien estrenará, además, un adelanto del documental que está realizando sobre la obra de Renzo Piano en Santander.

El programa de arquitectura de FICARQ 2016 se completa con nombres como Francisco Xavier Aires Mateus, Alejandro Zaera-Polo, Cristina Díaz y Efrén García, Eduardo Arroyo, José Selgas, Alfredo Payá, Carmelo Rodríguez, Sancho Osinaga o Richard Levene.

Fotograma de 'El arquitecto de Nueva York Rafael Guastavino', de Eva Vizcarra. Festival FICARQ.

Fotograma de ‘El arquitecto de Nueva York Rafael Guastavino’, de Eva Vizcarra. Festival FICARQ.

La huella arquitectónica en FICARQ 2016 se extenderá también a algunos pases especiales como ‘Invention’, de Mark Lewis, el estreno absoluto de ‘Dificilísimo’, de Juan Sebastián Bolláin sobre el proyecto para la Alhambra de Álvaro Siza y Juan Domingo Santos, con presencia de este último en la premiere, ‘El arquitecto de Nueva York. Rafael Guastavino’, de Eva Vizcarra o la presencia del arquitecto Ángel Borrego en el jurado de este año.

El director y arquitecto Fernando Colomo, como presidente, el también cineasta y arquitecto Juan Sebastián Bollaín y la guionista Lola Salvador completan este jurado de las dos secciones oficiales, de arquitectura y de ficción.

Fotograma de 'La calle de la amargura', de Arturo Ripstein. Festival FICARQ.

Fotograma de ‘La calle de la amargura’, de Arturo Ripstein. Festival FICARQ.

En la sección de largometrajes, el festival acogerá la premiere española de películas como ‘History’s Future’, de la directora indonesa Fiona Tan y ‘Greater Things’, del director irání Vahid Hakimzadeh y se podrán ver títulos recientes como ‘High-Rise’, de Ben Wheatley; ‘Crumbs’, de Miguel Llansó; ‘La calle de la amargura’, de Arturo Ripstein; o ‘Esa sensación’ de Juan Cavestany, Julián Génisson y Pablo Hernando, y otros como ‘Obra’ (Gregório Graziosi), ‘Embers’ (Claire Carré), ‘La obra del siglo’ (Carlos M. Quintela), ‘O Prefeito’ (Bruno Safadí), ‘Under electric clouds’ (A. German Jr.) o ‘The Fool’ (YuryBykov).

En la sección oficial de documentales competirán 17 trabajos de diez nacionalidades distintas, entre los que destacan la australiana ‘A place to call home’, ‘Silence’ del argentino Sebastián Pasquet o ‘La Cupola’ del alemán Volker Sattel.

Cartel anunciador del Festival FICARQ.

Cartel anunciador del Festival FICARQ.

FICARQ es un encuentro donde se dan cita arquitectos, cineastas, directores de arte y expertos en nuevas tecnologías que hablarán de sus trabajos. Así se contará con la presencia de John Bell que, tras sus inicios con George Lucas en Industrial Light & Magic, está tras el diseño de producción de películas como ‘Parque Jurásico’, ‘Antz’ o ‘Regreso al Futuro II’. Le acompañarán nombres como  Biaffra (director de arte habitual de las películas de Álex de la Iglesia) o Patrick Salvador (“Autómatas”).

En el apartado de las nuevas tecnologías de FICARQ 2016 destaca un salón de experiencias de Realidad Virtual, la presentación del proyecto del pabellón español para la London Design Biennale, y el pase especial interactivo de ‘Regreso al Futuro II’ que se ha realizado en colaboración con la App TouchVie en el teatro del CASYC el jueves 30 de junio.

Fotograma de 'Esa sensación'. FicarQ

Fotograma de ‘Esa sensación’. Festival FICARQ.

 

Fascinantes, tristes metrópolis

Perdidos en la ciudad
Institut Valencià d’Art Modern IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 4 de junio de 2017

“Las ciudades son como los sueños, están construidas de deseos y de miedos”. Al igual que Italo Calvino, muchos otros escritores van subrayando a lo largo de la exposición Perdidos en la ciudad lo que piensan del hecho urbano. José Miguel Cortés, director del IVAM, quiso puntualizar que el término perdidos se refería no tanto a la sensación de abandono como a lo señalado por Walter Benjamin, otro de los autores citados: “Perderse en la ciudad para descubrir nuevas formas de entender y de experimentar esa ciudad”, señaló Cortés.

Fotografía de Gregory Crewdson en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Fotografía de Gregory Crewdson en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

A pesar del matiz, lo cierto es que la muestra que reúne más de 200 obras, entre pinturas, esculturas, fotografías, videos y una instalación con los libros evocados a lo largo del recorrido, termina produciendo cierto desasosiego. El que va de la “fascinación de la metrópoli” con la que arranca en la sala 1 la exposición, a la “ciudad deshumanizada” que va atravesando el conjunto de las diez salas.

El propio Cortés señaló esta circunstancia al final del recorrido: “Son las propias obras las que han impuesto esa visión”. De manera que la lectura “positiva”, derivada de la técnica y el progreso “que supuestamente nos haría libres”, va dejando paso a esa otra más desencantada al haberse “trastocado” todo eso. J. G. Ballard, citado junto a Ricardo Piglia en los ‘Paisajes globales’ de la sala cinco, lo enuncia así: “El fracturado horizonte de la ciudad parecía el encefalograma zigzagueante de una crisis mental irresuelta”.

Escultura de Julian Opie en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Escultura de Julian Opie en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Y es a base de zigzagueos, propios de esa crisis irresuelta, como va dando tumbos esa ciudad mostrada desde diversos ángulos en el IVAM. Comisariada por el propio Cortés, con la ayuda de María Jesús Folch, la exposición se adentra en las fascinadas metrópolis de principios del siglo pasado, para enseguida transitar por espacios banales, paisajes globales, multitudes diversas, ciudades imaginadas, urbes desnudas, mundos extraños y, por último, a modo de concluyente derivada, arquitecturas del miedo; todos ellos, epígrafes de cada una de las salas.

La música y el cine también sirven de guía por ese deambular urbano. “La música de fondo es un elemento a destacar, porque las ciudades no son silenciosas, de ahí la importancia del sonido”, precisó Cortés. Secuencias de películas como Alphaville, de Jean Luc Godard, Smoke, de Wayne Wang o Caché, de Michael Haneke, arropan el conjunto, del que igualmente sobresalen los 458 minutos de Empire, de Andy Warhol: “Pueden verla”, ironizó el comisario, describiendo la película del artista pop como aquella “donde no ocurre nada u ocurre mucho” en ese plano repetitivo del Empire State Building. En esa misma sala, se pasaba de “lo más luminoso” (Valerio Adami) a “lo más alienante” (Warhol).

Escultura de John Chamberlain en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Escultura de John Chamberlain en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Perdidos en la ciudad invita a que “la gente se pierda y haga su propio recorrido”, precisó Cortés, mientras iba repasando algunas de las obras expuestas: de artistas valencianos como Javier Goerlich, Equipo Crónica, Gabriel Cualladó, Miquel Navarro, Anzo o Mira Bernabeu, a nacionales e internacionales como Eduardo Arroyo, Antoni Muntadas, Miguel Trillo, Horacio Coppola, Gordon Matta-Clark, John Baldessari o Thomas Ruff. Todos ellos evocando lo que Rafael Chirbes manifiesta en la sala urbes desnudas: “Hay gentes, libros o ciudades que no entendemos, pero que nos atrapan y nos obligan a visitarlas una y otra vez”.

Esa visión se acentúa a medida que se avanza por la exposición, hasta desembocar en esas arquitecturas del miedo que Cortés adjetivó como de “control y vigilancia”, ejemplificadas precisamente en las Torres de Vigilancia de Sigmar Polke. “Tras la caída del muro de Berlín, igual hay ahora más muros que nunca en el mundo”, señaló Cortés. Una cita de Christa Wolf cerraba el recorrido a modo de epitafio: “La ciudad había pasado de ser un lugar a ser un vacío”.

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Vista de una de las salas de 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Vista de una de las salas de ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Obra de Mira Bernabeu en la exposición 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Obra de Mira Bernabeu en la exposición ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Salva Torres

Cuando el algodón engaña

Viento, cuadriláteros, amor, peines y flechas (cómo capturarlos), de Carla Fuentes
Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 14 de febrero de 2016

Tiene aspecto angelical. Incluso el nombre artístico que usa, Littleisdrawing, apela al frasco pequeño que contiene la esencia de su liviana figura. Hasta ahí, diríase que Carla Fuentes es una especie de campanilla que bate sus alas para dibujar una realidad amable. Sin embargo, nada más lejos de la verdad. Verdad que bien pudiera estar más cerca de lo que Wyndham Lewis, citado por ella en su serie sobre ciclismo, afirma: “La función del artista es crear, hacer algo; no hacerlo bonito, como suponen las viudas, los soñadores y los marchantes de arte de aquí. En cualquier síntesis del universo debe incluirse lo grosero, lo hirsuto”.

Por eso con Carla Fuentes, el algodón engaña. Lo pasas, pensando encontrar ese aspecto amable que arroja su figura, e incluso un primer vistazo de su obra, y lo que te encuentras es la aspereza del mundo. “Me gusta que se vea el material más crudo”. De ahí, prosigue la artista, que sus trazos negros “cuanto más negros mejor”. Y concluye: “No busco la perfección ni la armonía”. Busca trasladar a sus dibujos aquello que le choca “a nivel estético”. Y lo que le choca, y acoge en la galería Pepita Lumier de Valencia, son las historias que tienen que ver con el ciclismo, el boxeo, todo lo que rodea a la conquista del Oeste, más lo relacionado con los peluqueros africanos y los moteles de Estados Unidos.

Obra de Carla Fuentes. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Carla Fuentes. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Para seguir aproximándonos a sus anhelos creativos, escuchemos lo que dice Eduardo Arroyo acerca del boxeo que tanto impactó a la propia Carla Fuentes, y que ella recoge en su exposición: “El pintor es un hombre solo. El boxeador es un hombre solo. El ring es un cuadrado blanco, marcado por la sangre, sudor, lágrimas. El sudor, la sangre y la resina donde se representa el drama”. Un drama que Carla Fuentes hace suyo bajo apariencia amable, mostrando a base de sus famosas líneas en el rostro, lo crudo de la experiencia humana.

Serie Moteles, de Carla Fuentes. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Serie Moteles, de Carla Fuentes. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

No es casual que se inspire, precisamente, en artistas descarnados como Lucien Freud o desgarrados por el color como David Hockney. Viento, cuadriláteros, amor, peines y flechas (cómo capturarlos), tal es el largo título de su exposición, es un compendio de esa misma trabazón entre lo áspero y lo colorista para dar fe del drama existencial sin necesidad de grandes batallas. El viento del ciclismo, los cuadriláteros del boxeo, el amor de los moteles, los peines de esas asombrosas peluquerías y las flechas indias del salvaje Oeste, se van sucediendo en acrílico, color y grafito sobre papel capturados al vuelo por Carla Fuentes, quien subraya: “Trabajo muy intuitivamente”.

Creación de Carla Fuentes para la firma Bimba y Lola.

Creación de Carla Fuentes para la firma Bimba y Lola.

Lo mismo sucede en sus trabajos de moda para firmas como Bimba y Lola, Pull&Bear, Women’s Secret o Naguisa. Bajo la apariencia fresca y amable de una blusa, una chamarra, unas botas, unos zapatos o una ropa interior, emerge la contestación juvenil en forma de rostro poco cabal o de complemento chirriante. “No es el 100% de lo que muchas veces te gustaría hacer, pero la verdad es que las marcas me dan bastante libertad”. Libertad que es total en el caso de las cinco series de trabajos que presenta en Pepita Lumier. “Me apetecía que se vieran, más allá de las redes sociales”.

Hair Salon, de Carla Fuentes. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Hair Salon, de Carla Fuentes. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Con la sorpresa del boxeo se encontró en Los Ángeles mientras acompañaba al grupo Polock durante su gira, grupo para el que trabaja en la ilustración de sus discos. “Vi un combate y me pareció muy crudo”. A partir de ahí se interesó por las historias de Jake LaMotta, Sugar Ray Robinson, Panama Al Brown o Cassius Clay, a los que pinta con esa mezcla de pop y art brut que refleja esa doblez de lo crudo y lo cocido; del glamour y lo grosero. Lo mismo ocurre con las historias en torno al ciclismo y sus figuras: Eddy Merckx, Jacques Anquetil, Felice Gimondi, Luis Ocaña. Historias de la conquista del Oeste, con sus caballos, su cowboys e indios (“aquí la parte de los indios la tuve que dejar por falta de espacio”). Historias de las peluquerías y peluqueros africanos, con sus hilarantes cortes de pelo, sus carteles y tipografías. E historias de moteles norteamericanos que a Fuentes le impactaron por su “estética kitsch”.

Le Tour, de Carla Fuentes. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Le Tour, de Carla Fuentes. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Viento, cuadriláteros, amor, peines y flechas (cómo capturarlos) sorprende por esa manera que tiene Carla Fuentes de pasarle el algodón a la vida. Una vida aparentemente amable, con destellos de cierto glamour, color y ambiente fashion, tras el cual se esconden sombras repartidas por el rostro a modo de cicatrices. Huellas del áspero mundo en combate con las luces del oropel que, a primera vista, engaña. ¡Cuidado con Littleisdrawing!

Ali en el coche, de Carla Fuentes. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Ali en el coche, de Carla Fuentes. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Salva Torres

Obras con mucho vuelo en El Carmen

Colección Aena de Arte Contemporáneo
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 10 de enero de 2016

Son obras de arte contemporáneo habitualmente instaladas en aeropuertos de toda España. Obras que en su día fueron catalogadas por la Fundación Aena, institución cultural ahora dependiente de la entidad pública Enaire, para su gestión, conservación y divulgación. Fruto de ese trabajo necesario, ya que muchas de esas obras se hallaban repartidas sin mucho fuste por diferentes dependencias de la red de aeropuertos, es la colección de más de 1500 piezas ahora en depósito. Un total de 35 de esas obras, todas ellas de gran formato, se exhiben en el Centro del Carmen.

Algunas pertenecen a artistas o grupos valencianos de la talla de Andreu Alfaro, Miquel Navarro y Equipo Realidad. “Es una selección pequeña pero sin duda representativa de la colección de la Fundación Aena”, afirmó Enrique Moral, director de la entidad pública. Pequeña, pero “rotunda”, subrayó Felipe Garín, director del Centro del Carmen. Rotundidad en cuanto al formato y a la cualidad de los artistas representados: Eduardo Arroyo, Miquel Barceló, Juan Barjola, Rafael Canogar, Cristina Iglesias, Paloma Navares, Antoni Tàpies… Y rotundidad en cuanto al contenido plástico.

Obra de Santiago Sierra, de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

Obra de Santiago Sierra, de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

La exposición, cuyo título Evolución se refiere al propio vuelo ascendente en el tiempo de la colección, arranca con la obra de Tàpies Grafismes blaus sobre vellut granat, en la que destaca un igualmente rotundo ‘No’ en el interior del cuadro. Y la cierra una similar y contundente negación de Santiago Sierra en su fotografía en blanco y negro denominada No Global Tour. “Sí, podríamos decir que empieza con una negación a la dictadura por parte de Tápies y concluye con esa otra negación de Sierra contra la globalización”, admitió Ángeles Imaña, comisaria de la muestra.

Y entre ambas negaciones, una severa afirmación: “Estamos probablemente ante una bella desconocida”, refiriéndose Moral al conjunto de obras exhibidas de la colección Aena, que sirve de “impulso al arte español, portugués e iberoamericano”. Porque Evolución, en tanto tal, muestra obras que van de los años 70 a la actualidad, incluyendo artistas como la portuguesa Helena Almeida o el chileno Roberto Matta, dentro de ese “objetivo público de apoyo al arte contemporáneo”. Pinturas murales, esculturas, fotografías y audiovisuales que dejan por unos meses su ubicación en los aeropuertos de Valencia, Barcelona, Madrid, Palma, Santiago, León o Málaga, para que el espectador las vea fuera de su contexto habitual.

Obra de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

Obra de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

“El fútbol ayudó mucho al impulso de la colección”. Y Enrique Moral, ante el asombro general, explicó que con motivo del Mundial del 82, “se ampliaron los aeropuertos”, lo cual favoreció esa evolución del arte contemporáneo en relación con los espacios destinados a la navegación aérea. Eso sí, las compras han sido en todo momento “siguiendo el criterio público de gasto en torno a valores seguros”. Como lo son Barceló, Arroyo, Canogar, Tàpies o Barjola, cuya Tauromaquia, según explicó Imaña, pasó “de las cabezas picassianas a esas otras más de Bacon”, característico del quehacer siempre inquieto del artista extremeño.

Felipe Garín advirtió el hecho de que siendo una colección de la Fundación Aena no hubiera prácticamente alusiones a los aviones, lo cual le pareció un acierto. Y cuando tal cosa sucede, como en el caso de la instalación de Tim White-Sobieski Terminal 3, sea para homenajear a las víctimas de las Torres Gemelas mediante imágenes de un misterioso atractivo. Como misteriosa es la obra de Paloma Navares, “artista poco conocida, pero de gran talento” (Imaña), o sobrecogedora la fotografía de Victoria Diehl de una mujer sin pezones en su maltratado cuerpo; esta última, ganadora del Premio de Fotografía que convoca la Fundación Aena.

Obra de Juan Barjola, de la Colección AENA, en el Centro del Carmen.

Obra de Juan Barjola, de la Colección AENA, en el Centro del Carmen.

Salva Torres

IVAM: acogedor e inhóspito paisaje

El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM
Instituto Valenciano de Arte Moderno
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 15 de febrero, 2015

“El paisaje es antropomórfico. Por eso la belleza –o su reverso, la fealdad- es uno de los parámetros primeros de todo paisaje. Y por eso, junto a esa belleza o fealdad del paisaje, postulamos enseguida su habitabilidad o inhabitabilidad, su carácter acogedor o inhóspito”.

El paisaje del que habla Jesús González Requena en ‘El paisaje: entre la figura y el fondo’ posee los emblemas del sujeto que lo habita. No hay paisaje sin mirada que se haga cargo del espacio abierto ante sus ojos, ya sea para sentirse acogido por lo que ve o sobrecogido por aquello que hiere su visión. Todo sujeto expuesto al paisaje siente en sus carnes alguna vez ese temblor propiciado por la visión acogedora o hiriente del espacio exterior.

Fotografía de Robert Doisneau en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Robert Doisneau en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’ ofrece un amplio muestrario de ese carácter acogedor o inhóspito de las ciudades, en tanto naturaleza domeñada por el hombre. Pero naturaleza al fin y al cabo. De ahí que sus edificios, calles, avenidas y parques, al tiempo que se doblegan al urbanismo, a su tejido arquitectónico, muestren igualmente su fuerza telúrica, aquella que sobreviene de la tensión entre sus luces y sombras.

Fotografía de Robert Frank en 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Robert Frank en ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Ana Lozano, comisaria de la exposición, ha seguido el trayecto propuesto por Italo Calvino en ‘Las ciudades invisibles’. Más o menos. De manera que las 75 imágenes de ese paisaje urbano se hallan divididas en apartados como ‘Las ciudades y los ojos’, ‘Las ciudades y la memoria’, ‘Las ciudades y el deseo’, ‘Las ciudades y los signos’ o ‘Las ciudades escondidas’, por citar algunos. Y siguiendo a Calvino, diríase que esas ciudades expuestas van desvelando sus misterios contenidos, como las líneas de una mano, “en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras [o] en las antenas de los pararrayos”.

Fotografía de Dis Berlin en 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Dis Berlin en ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Misterios que nos devuelven ese carácter antropomórfico del paisaje, en tanto conformado por líneas, rectas o curvas, transversales, objetos y figuras que dejaron huella indeleble en nuestro inconsciente. Serán por tanto bellos los paisajes que acolchen el fondo opaco del que procedemos y serán feos aquellos otros cuya visión desgarre ese tejido de signos y de imagos placenteras, para mostrar su fondo hiriente, angustioso.

Fotografía de Franco Fontana en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Franco Fontana en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Hay signos, y muchos, en las imágenes de Carlos Cánovas, Gabrielle Basilico, Horacio Coppola, Franco Fontana o Robert Frank. Signos industriales (puentes, trenes, grandes edificios) y signos urbanísticos del trazado de sus calles, ya sea a pie de asfalto o a vista de pájaro. Los hay igualmente en Walker Evans, Kineo Kuwabara o Lee Friedlander. Pero todos esos signos, que Italo Calvino atribuye al carácter redundante de la ciudad, repitiéndose “para que algo llegue a fijarse en la mente”, no dejan de lindar con ese otro carácter de los signos conformadores de una lengua, “pero no la que crees conocer”.

Fotografía de Carlos Cánovas en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Carlos Cánovas en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

De manera que, si bien en apartados diferentes, esas otras imágenes que apuntan hacia lo ininteligible de ese lenguaje de signos terminan confundiéndose con aquellas otras. Gilbert Fastenaekens, Francisco Gómez, Ian Wallace, Grete Stern o Manuel Esclusa movilizan esos signos urbanísticos en la dirección del misterio que la ciudad redundante en apariencia escondía. Si exceptuamos los casos de Eduardo Arroyo, Dis Berlin y George S. Zimbel (Billy Wilder y Marilyn Monroe), en los que la ciudad es sobradamente pictórica o nostálgicamente cinematográfica, ‘El paisaje urbano de la Colección de Fotografía del IVAM’ diríase toda ella penetrada por la melancolía.

Fotografía de Lee Friedlander en la exposición Colección Fotográfica del IVAM.

Fotografía de Lee Friedlander en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Salva Torres

La historia de España en 59 obras de arte

Colección Mariano Yera
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 22 de marzo, 2015

Hay obras ‘crispadas’ de los 50 de Mompó, Genovés o Saura. Sueños goyescos de los 60, no sólo de Viola, sino de Tàpies, Villalba, Millares, Guinovart o Gordillo. Las explícitamente críticas de los 70, con Equipo Realidad y Equipo Crónica a la cabeza. De los bulliciosos 80, que Miquel Barceló simboliza con sus ‘9 agujeros’. De los 90, carnales y paisajistas: Pérez Villalta, Palazuelo, Navarro Baldeweg. E incluso del siglo XXI, con ‘Herr Profesor’ Paco Pomet, sellando el amplio repaso histórico. El Centro del Carmen, como subrayó su director Felipe Garín, es, por obra y gracia de la Colección Mariano Yera, “un museo de arte contemporáneo español”.

Obra de Artur Heras de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Artur Heras de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Las 59 obras presentadas en la Sala Ferreras, que permanecerán hasta el 22 de marzo, son como un libro abierto de historia. Natalia Yera, hijo del coleccionista Mariano Yera, quiere que así sea: “Hay que animar a los colegios para que vengan con sus alumnos a verla”. Es su máxima aspiración: “Que el arte nos ayude a ser mejores personas”. De hecho, tal y como destaca en la entrevista con Lucía Ybarra y Rosina Gómez-Baeza, incluida en el catálogo de la colección, “el arte es un veneno, un veneno bueno. Hace de ti una persona más sensible. Tendría que ser un pilar fundamental en la educación de cada persona”.

Obra de Paco Pomet de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Paco Pomet de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Por eso Garín insistió en que para Valencia era “un lujo” tener una exposición con casi 60 maestros españoles de la segunda mitad del siglo XX. La Colección Mariano Yera, centrada en tan singular periodo de la Historia de España, reúne la mejor pintura de la época. “Por coherencia y continuidad en el tiempo, probablemente sea la mejor”, reconoció Felipe Garín. Para Natalia Yera, se trata de una colección que su padre empezó en 1999 y que permite seguir “la evolución de la historia del arte en España”, reflejo a su vez de una época en que nuestro país “apenas tenía presencia en el panorama artístico internacional”.

Para suplir esa carencia, la Colección Mariano Yera, compuesta por más de 150 obras de 63 artistas, ha prestado obra a unas 500 exposiciones, tanto a nivel estatal como fuera de nuestras fronteras. Alicante, Castellón y ahora Valencia son las últimas en mostrar tan singular legado. “Es una ocasión única para ver obras de arte contemporáneo de gran calidad y tamaño, que hemos podido contemplar en libros”, explicó Garín.

Obra de Manuel Miralles de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Manuel Miralles de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

El recorrido por medio siglo de España podría abrirse con esa ‘Pareja’ de Juan Genovés o esos ‘Personajes’ de Hernández Mompó, entre turbios y difusos de los años 50, todavía intentando rehacerse de los estragos de la guerra. Enseguida, entre Eduardo Arroyo, Feito, Canogar o Equipo Realidad, enterrando al estudiante Orgaz, hurgarán en esa misma herida, para que luego en los 70 Artur Heras, Lucio Muñoz, Equipo Crónica o el propio Equipo Realidad metan aún más el dedo en la llaga de la dictadura, a punto de convertirse en democracia.

Ya en ella, Broto, Barceló, Dis Berlin, Sicilia, Uslé, Patiño o Perejaume, mostrarán cierto aire rejuvenecido, no exento de cicatrices, entrando al siglo XXI con Ugalde, Galindo o Pomet revelando la emergencia de otros monstruos interiores. La Colección Mariano Yera, Premio ARCO al Coleccionismo privado en 2012, ofrece la posibilidad de seguir ese reguero histórico con una muestra de alta pintura.

Obra de Manuel Quejido de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Manuel Quejido de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

“No es frecuente encontrar cinco obras de Tàpies, cuatro obras de Gordillo, de Juan Genovés, de Guinovart, de Juan Uslé o del Equipo Crónica, ni nueve del Equipo Realidad en colecciones privadas españolas, ni tampoco –y eso sería otro elemento diferenciador- obras que vienen a cubrir de forma eficaz toda la segunda mitad del siglo XX”. Por eso Felipe Garín considera la exposición ubicada en la Sala Ferreras de gran significación para Valencia. “Una explosión de pintura”, por utilizar las palabras de Valeriano Bozal, incluido en el catálogo, que permanecerá en el Centro del Carmen hasta superadas las Fallas, ocasión única para sumar a las mascletaes esta otra combustión artística.

Obra de Guillermo Pérez Villalta de la Colección Mariano Yera en el Centro del Carmen.

Obra de Guillermo Pérez Villalta de la Colección Mariano Yera en el Centro del Carmen.

Salva Torres

Las ciudades ocultas de la colección del IVAM

Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM
Instituto Valenciano de Arte Moderno
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 15 de febrero

El IVAM acoge hasta febrero la muestra ‘Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM’, una exposición comisariada por la arquitecta Ana Lozano que refleja la íntima unión entre la ciudad y la fotografía. Compuesta por alrededor de 100 piezas de 70 artistas, seleccionadas entre las más de 5.000 imágenes que configuran los fondos fotográficos del IVAM, la exposición subraya el interés por la fotografía como creadora de un lenguaje propio sobre el paisaje de la ciudad. Desde el S. XIX esta técnica ha ido desplazando al dibujo como forma de representación de la arquitectura y la vida urbana, creándose una simbiosis que llega hasta la actualidad.

'Praga' de Franco Fontana en la exposición 'Paisaje urbano en la colección del IVAM'. Imagen cortesía del IVAM.

‘Praga’ de Franco Fontana en la exposición ‘Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM’. Imagen cortesía del IVAM.

La exposición reúne obras desde los pioneros como Fox Talbot o Atget hasta el presente en las que se muestran las distintas formas en las que la fotografía dibuja el fenómeno urbano. Están agrupadas siguiendo la poética y sugerente clasificación de Italo Calvino en ‘Las ciudades invisibles’ en las que se relacionan las ciudades con los ojos, la memoria, el deseo, los signos, la sutileza, los intercambios y también se habla de ciudades escondidas o dobles. Con motivo de la muestra se ha editado un catálogo digital en el que se reproducen las obras que la componen y textos de Vanessa García Osuna y de la arquitecta y comisaria Ana Lozano, que impartió una conferencia titulada ‘La utopía cautiva’ el pasado jueves 2 de octubre.

Fotografia de Jean-Eugène Atget en la exposición 'Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM', Imagen cortesía del IVAM.

Fotografia de Jean-Eugène Atget en la exposición ‘Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM’, Imagen cortesía del IVAM.

La relación entre fotografía y ciudad nace en el momento en el que la cámara oscura se reduce y puede transportarse. A partir de ese momento, las otras artes se transfiguran, al tiempo que la fotografía genera un tipo de paisaje hecho con luz. Además de aportar un medio para catalogar todas las construcciones y los espacios que configuran la ciudad y la vida urbana, comienza a crear un lenguaje que transforma la manera de ver el entorno.

Las ciudades tienen vida propia, pero son también el escenario donde se desarrolla nuestra vida. La ciudad es una construcción social, naturaleza y paisaje que conceptualiza la fotografía. Esta sería la manera en la que se levantan los mapas del territorio urbano ordenado por la mirada del fotógrafo e intervenido por sus habitantes.

Fotografía de Walker Evans en la exposición 'Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM'. Imagen cortesía del IVAM.

Fotografía de Walker Evans en la exposición ‘Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM’. Imagen cortesía del IVAM.

Como señala en su texto la comisaria Ana Lozano, “el fotógrafo elige primero una interpretación del paisaje urbano, para después, con su cámara, reforzarla o modificarla a su antojo. Todas las ciudades son de pronto una sola, la que aspira al equilibrio entre los hombres, y de estos con entorno primigenio, la utopía del paraíso. Cada rincón de cualquier ciudad se muestra banal a los ojos del paseante, mientras resulta único e irrepetible en la cámara del fotógrafo”.

Los fotógrafos nos dirigen con la mirada al París de Atget, el Buenos Aires de Coppola o el Berlín de Basílico. Doisneau se permite jugar con el deseo, Baylón con la intriga de la desaparición. Los distintos fotógrafos nos llevan a multitud de sensaciones que recorren más de un siglo de ciudades de distintos continentes. Entre ellos podemos citar a vanguardistas como Catalá Roca, Cualladó, Robert Frank, Zimbel, John Baldessari, Agustín Jiménez Espinosa, Franco Fontana, José Manuel Ballester, Grete Stern, Hermanos Mayo, Bernard Plossu y Gordon Matta Clark, entre otros. Como excepción se ha elegido un pintor, Eduardo Arroyo, que aporta un óleo de gran formato en el que resume una visión fotográfica de la realidad urbana.

Fotografía de Horacio Coppola en la exposición 'Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM'. Imagen cortesía del IVAM.

Fotografía de Horacio Coppola en la exposición ‘Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM’. Imagen cortesía del IVAM.