Psico, de la alienación al acto criminal

Psico, de Aurelio Delgado
Inspirada libremente en American Psycho, de Breat Easton Ellis
Carme Teatre
C / Gregorio Gea, 6. Valencia
Del 10 al 28 de febrero de 2016, a las 20.30h

A modo de introducción de la novela, Easton Ellis cita a Dostoievski hablando de ‘Apuntes del subsuelo’ cuando dice: … «Individuos como el autor de estos Apuntes no sólo pueden existir en nuestra sociedad, sino que por fuerza deben existir, si se considera las circunstancias bajo las que, generalmente, esta sociedad nuestra se desarrolla».  Y es esta sociedad mínimamente moral, banal, superficial, donde impera la imagen y que hace posible el personaje de Bateman la que interesa a la obra Psico, inspirada en American Psycho, por encima del sadismo y la narración de los crímenes que el protagonista comete.

Portada del libro American Psycho, de Bret Easton Ellis.

Portada del libro American Psycho, de Bret Easton Ellis.

Más que centrarse en el asesino en serie, aspecto fundamental que desde luego se aborda en el montaje, la obra que nos presenta Aurelio Delgado no se centra tanto en la narración de sus crímenes, como en la presentación de un universo que no sólo corresponde al mundo de los brokers de Wall Street  sino que se extiende por todo el mundo occidental,  donde el capitalismo impone unas normas, que atendiendo principalmente al consumo, sumerge nuestra realidad en esa «sociedad del espectáculo» de la que habla Guy Debord.

Christian Bale en un fotograma de 'American Psycho', de Mary Harron.

Christian Bale en un fotograma de ‘American Psycho’, de Mary Harron.

La representación, dentro de esa sociedad, vacía el personaje de Bateman. Lo convierte en un paradigma, si bien llevado al extremo, del hombre actual, presionado a olvidar la esencia en favor de la presencia, de ofrecer una imagen de sí mismo que lo acerque a un ideal de clase, prescindiendo de la moral para establecerse y, si es posible, convertirse en líder.

La paradoja le sobreviene al personaje, cuando en medio de seres condicionados al igual que él mismo para las mismas finalidades, pierde su identidad frente a los demás y se convierte en anónimo, susceptible de ser confundido con cualquier otro. En este contexto donde nada significa más que la apariencia, donde los valores y el hombre mismo se vacían de contenido, no es descabellado pensar que surja el monstruo.

Cartel de Psico, de Aurelio Delgado. Carme Teatre.

Cartel de Psico, de Aurelio Delgado. Carme Teatre.

“Vivimos en un país de trincheras”

La ciudad de la memoria, de Santiago Álvarez
Editorial Almuzara
FNAC de Valencia
C / San Agustín, 2. Valencia
Presentación: jueves 12 de febrero

Santiago Álvarez forma parte del núcleo duro de Valencia Negra. Junto a Jordi Llobregat, Marina López y Bernardo Carrión ponen en marcha cada mes de mayo un encuentro que este año llega a su tercera edición y que cada vez gana más presencia y peso en el intenso calendario negro de la geografía española.

Arropado por su conocimiento del género, Álvarez irrumpe en la palestra con ‘La ciudad de la memoria’ (Editorial Almuzara), una historia que trasciende el relato detectivesco y que rinde homenaje a la ciudad de Valencia donde se desarrolla la acción.  Berta Valero, una universitaria ingenua que pasa por apuros económicos, comienza a trabajar casi por azar en la agencia de investigación de Mejías, un extravagante detective privado, inconformista y audaz, que se conduce como Humphrey Bogart en un mundo que cambia demasiado deprisa.

Ambos indagarán un extraño caso que involucra al poderoso clan familiar de los Dugo-Escrich, propietario del mayor grupo constructor valenciano, y cuyas raíces se hunden en un pasado lleno de secretos que todos parecen o aparentan  desconocer. El autor y Ramón Palomar presentarán en libro el 12 de febrero  en la FNAC.

Santiago Álvarez, autor de 'La ciudad de la memoria'. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Todas las historias tienen un germen o semilla. ¿De dónde surge la suya?

Vivimos en un país de trincheras, donde nos vemos abocados a elegir un bando, cavar hondo en nuestro puesto y disparar al contrario con todo lo que tengamos. Decidí crear a Mejías como un hombre en tierra de nadie, que se niega a luchar en la guerra de otros y sobrevive esquivando las balas porque se resiste a arrojarse al suelo. También se abordan otros temas como la carga del pasado, nuestro gastado concepto de lo que es real y lo que es verdad. Básicamente, escribo para poder ordenar un poco lo que nos rodea y tratar de comprenderlo. Creo que el detective es el arquetipo perfecto del investigador del ser humano.

¿A qué estirpe detectivesca pertenece Mejías?

Mejías es un heredero directo del Bogart de ‘El Sueño Eterno’ o ‘El halcón Maltés’. Del mismo modo que Alonso Quijano es perturbado por la continua lectura de novelas de caballerías, el cine negro de los cuarenta y cincuenta ha dejado una marca profunda en mi detective. Claro que pretender ser Humphrey Bogart en nuestros días resulta bastante complicado, y eso es origen de múltiples conflictos.

¿Hasta qué punto se ha inspirado en la corrupción reinante para tejer la trama?

En los últimos meses la palabra corrupción nos asalta cuando hablamos de la actualidad, nos rodea por todas partes, nos enfurece. Pero no todo lo que podemos escribir sobre el ser humano de nuestro siglo es eso. Terminé mi novela hace un par de años, cuando este ruido era algo más tenue, y más que la corrupción pretende explorar ese lado oscuro que todos tenemos y que puede activarse si le damos la oportunidad. Los peores delitos del ser humano no suelen salir de su bolsillo sino de las pasiones, emociones que no nos dejan atrás. En ‘La ciudad de la memoria’ existe el remordimiento, el odio y la venganza a través de las décadas, con una intensidad que solo solemos atribuir a los animales.

Portada de 'La ciudad de la memoria', de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

Portada de ‘La ciudad de la memoria’, de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

¿A qué atribuye el boom que vive la novela negra?

Los lectores actuales vivimos bombardeados y preocupados por la actualidad que nos rodea. Nos cuesta marcharnos a lugares fantásticos o a épocas remotas. Hoy día parece que tiene más sentido pulsar la realidad contemporánea de nuestro barrio, de nuestra ciudad, de nuestro país, de esa parte de nosotros de la que no podemos estar orgullosos. Por otro lado, la novela negra no se ha ido nunca: lleva a nuestro lado desde la Transición. Los elementos de suspense, crimen, los arquetipos noir no han caducado tampoco y son muchos los géneros que son permeables a ellos. Me parece que vivimos ahora un boom como el de la novela histórica hace 10 o 15 años, y que ahora agoniza. La novela negra está en pleno apogeo y, por lo tanto, es ahora cuando puede mostrar indicios de decadencia. Si el género pierde la autenticidad, si lo domesticamos para aprovechar su tirón comercial acabaremos reventándolo. Y me temo que eso pasará, quizás en seis o siete años, porque es difícil imaginar que las editoriales opten por una alternativa, que sería darle un toque de normalidad que alargue su vida y seleccionar la etiqueta noir con cuidado para no confundir.

¿Cómo ha tratado Valencia de telón de fondo?

Valencia es un personaje más de mi novela. Yo soy murciano y resido aquí desde hace 15 años. Descubrí esta ciudad de golpe, en tiempos de bonanza y lo que más me gustó fue la importante carga histórica que arrastra. He respetado a la ciudad como es, pero he tratado de incorporar un matiz distintivo, se trata de la Valencia de Mejías, que incluye escenarios modernos como la Ciudad de las Ciencias pero también edificios históricos como la Lonja y huellas del pasado como nuestro rastro. La confluencia de lo moderno y lo antiguo, con sus miserias y alegrías. Como diría Mejías: «Amo esta horrible ciudad». Por algo será.

¿Quiénes son sus maestros?

Me interesan mucho Melville, Dostoievski y Kafka. De la novela negra soy devoto de Jim Thompson, admiro profundamente su comprensión de la sombra que habita en cada uno de nosotros. De Tolkien he aprendido el gusto por las palabras como proveedoras de una historia y el concepto de mundo secundario no como evasión, sino como lugar donde ser forjado y aprender. De Paul Auster envidio su dominio del tono de la narración, de una voz sin estridencias que puede conducirnos a rincones insospechados. Y Chuck Palahniuk me parece un moderno removedor de conciencias al que todos deberíamos consultar de vez en cuando.

Santiago Álvarez. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Hitchcock, de sombras por Valencia

Hitchcock’s shadows, de Luis Rivera
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta septiembre

Los “artistas de la ansiedad”, como llamaba el cineasta François Truffaut a Kakfa, Dostoievski, Poe y, por supuesto, Alfred Hitchcock, no ayudan a vivir a la gente, “pues su vida ya es de por sí difícil”, pero a juicio del director francés “su misión consiste en obligarnos a compartir sus obsesiones”. Que es lo que hace Luis Rivera en la galería Alba Cabrera: acercarnos mediante casi medio centenar de piezas el universo fílmico del maestro del suspense para que comprendamos sus obsesiones: las de Hitchcock y las propias del artista.

Obra de Luis Rivera en la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Luis Rivera en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Compartir sus obsesiones era, para Truffaut, la mejor manera de ayudar a conocernos, “lo que constituye un objetivo fundamental de toda obra de arte”. Luis Rivera, más humilde en sus pretensiones, muestra en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’ (Las sombras de Hitchcock) las luces (imprescindibles para recrear el oscuro trasfondo del cineasta) y las sombras de un creador inimitable. De hecho, las sombras, a las que alude el título de la exposición, están provocadas por la luz impactando sobre las piezas de madera que Rivera ha diseñado. Sin embargo, paradójicamente, fueron las sombras las que determinaron el carácter abstracto de las piezas.

Grace Kelly en la obra de Luis Rivera para la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Grace Kelly en la obra de Luis Rivera para la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

“Primero creo la figuración, a partir de fotografías, y luego voy depurando la imagen hasta quedarme con los menos elementos posibles que sirvan para entender la pieza abstracta”, explica Rivera. Ese diálogo entre lo figurativo, proyectado a modo de sombras contra la pared, y lo abstracto, que aunque en primer plano salió posteriormente a modo de caligrafías o diseños extraídos de ese fondo figurativo, es el que permite a Luis Rivera hablarnos del Hitchcock más oscuro mediante series de color.

Es como revisitar el universo del autor de Psicosis a la luz del mediterráneo, cuyo mar aparentemente dócil suele resultar traicionero. Como Hitchcock. “Tenía su lado oscuro; él ya era tenebroso”. Y Luis Rivera alude al comportamiento que tenía con sus actores y al suspense de sus mordaces películas. El juego plástico entre el blanco y negro y el color también está muy presente en la exposición, toda ella configurada con piezas de madera intervenidas con acrílico, nogalina e hilo de nylon. “Reivindico la madera, no la trato de ocultar”. De ahí los marcos limpios, desnudos, revelando esa madera de la que se sirve para mostrar los sueños y pesadillas de Hitchcock.

Obra de Luis Rivera en la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Luis Rivera en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Los pájaros, Atrapa a un ladrón, Con la muerte en los talones, Vértigo, La ventana indiscreta, Crimen perfecto, El hombre que sabía demasiado, Encadenados, Marnie la ladrona. Y Tippi Hedren, Janet Leigh, Anthony Perkins, Grace Kelly, Cary Grant, Kim Novak o James Stewart. Secuencias de películas y rostros de actores llenan la galería Alba Cabrera a modo de gran plató cinematográfico, repleto de sombras y luces que inciden sobre las piezas de madera para revelarnos el trasfondo oscuro del maestro del suspense.

‘Hitchcock’s shadows’ es una exposición repleta de pequeños detalles abstractos, extraídos, tras una lenta y gradual depuración, del sombrío universo de un director que buscaba el máximo de efectos con el mínimo de elementos. Rivera, apasionado del cine y de Hitchcock, sigue esa máxima para crear figuras reconocibles dentro del imaginario cinematográfico, a partir de su reverberación abstracta plena de color y de detalles. Luis Rivera utiliza la abstracción para crear una figuración sombría que, a su vez, sirvió de estímulo para la creación de sus abstractas piezas. Una circularidad manierista, propia del gran maestro del suspense.

Janet Leigh y Anthony Perkins en la obra de Luis Rivera para la exposición 'Hitchcock's shadows' en la galería Alba Cabrera.

Janet Leigh y Anthony Perkins en la obra de Luis Rivera para la exposición ‘Hitchcock’s shadows’ en la galería Alba Cabrera.

Salva Torres