El lado decadente de las barracas

Vale por un viaje, de Alejandra de la Torre
Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 3 de septiembre de 2016

Alejandra de la Torre (Castellón, 1983) viene a llevarle la contraria a Françoise Sagan cuando dijo aquello de que los objetos eran los amigos que ni el tiempo, ni la belleza, ni la fidelidad consiguen alterar. En su caso, el paso del tiempo sí modifica la percepción que tenemos de algunos objetos: por ejemplo, la serie de atracciones de las ferias veraniegas con sus inconfundibles barracas. Es lo que hace en la exposición Vale por un viaje, que hasta el 3 de septiembre acoge la galería Pepita Lumier de Valencia.

Lejos de presentar el bullicio de la gente, las atracciones a pleno rendimiento y la conjunción de ambas cosas como reflejo del aire festivo propio del verano, De la Torre muestra en soledad algunos de los objetos más representativos de todo ese carnaval. Hay, así, autos de choque, caballitos, lanzaderas, hinchables, fichas de diversas atracciones e incluso carteles donde se anuncia dónde sacar esas fichas en taquilla, todos ellos fuera del contexto dinámico inherente a la feria. Como la propia artista dice, le interesa esos objetos en la actitud “decadente” que “los vuelve interesantes y únicos”.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

No son objetos, a pesar de su soledad, que evoquen la naturaleza siniestra conferida por algunos autores a las máquinas. Ni siquiera los payasos, protagonistas tradicionales de ese mundo, dejarían el rastro en la obra de Alejandra de la Torre que deja el payaso Pennywise en la novela de terror It, de Stephen King. La artista castellonense se acerca a ese mundo para dejar constancia de lo que cambia la percepción de las barracas pasado el tiempo. De aquella niñez e incluso adolescencia mágica en relación con las ferias, se pasa en Vale por un viaje a las sensaciones más crudas de la edad adulta cuando hace memoria de todo aquello.

De manera que hay dos capas en la exposición: una colorista, como destilado de cierta ingenuidad primigenia, y otra más descarnada, en alusión a esa distancia o desencanto de los objetos. Esa primera capa, Alejandra de la Torre la describe así: “La feria como espacio de luz, color y diversión”. De esa otra, la artista dice: “A medida que vamos creciendo [la feria] nos muestra otra cara más castiza, sucia y mísera, que es lo que las diferencia de los parques de atracciones”. Esa parte más “cutre” (Alejandra dixit), no termina de comparecer del todo y sí, en cambio, cierto desencanto en su literalidad: objetos que han perdido su encanto, a pesar de mantener a duras penas su intenso color.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Porque colores llamativos,  fosforescentes, estridentes, hay muchos. Todos ellos a modo de maquillaje con el que la vieja actriz quisiera ocultar el paso del tiempo. Y al lado de esos colores, junto a ellos, remiendos de papel que la artista introduce mediante el collage para subrayar el carácter artificioso del mundo narrado en Vale por un viaje. De la Torre nos invita a ese viaje aparentemente luminoso, a base de intenso dulce de algodón, iconos hinchables como Bart Simpson o Bob Esponja, fichas de colores y llamativas atracciones, para mostrarnos en paralelo la pérdida de toda esa magia.

Por eso es normal que en lugar de hinchables, llame “deshinchables” las obras relacionadas con esos grandes muñecos de plástico. Porque el viaje de Alejandra de la Torre está plagado de las baldosas amarillas del cuento, en cuyo trayecto han ido perdido el encanto para devenir objetos solitarios; máquinas a falta de la ficha oportuna que las ponga en movimiento. Fichas de colores que en la obra de Alejandra de la Torre aparecen desanimadas.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Salva Torres

Un reino de Liliput a lo grande

Lil.liput, de Roberto García. L’Horta Teatre
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Sábado 18 y domingo 19 de junio de 2016

Lil·liput es una isla, un pequeño mundo sospechosamente parecido al nuestro, que observan desde lo alto dos nubes, madre e hija. Éste es el punto de partida de un espectáculo de trama sencilla, pero con una innovadora puesta en escena y aura mágica, que L’Horta Teatre estrena en Valencia este fin de semana. El próximo 18 y 19 de junio Sala Russafa acoge dos pases (el primero en valenciano y el segundo en castellano), dentro de la programación del Festival Tercera Setmana.

La veterana compañía valenciana, con más de 40 años de trayectoria, continúa su línea de investigación de nuevos lenguajes escénicos en Lil·liput, una propuesta para público familiar que incluye un concierto participativo, un laboratorio sonoro y música electrónica en directo porque no todo va a ser nanas y canciones tradicionales cuando nos dirigimos a los niños.

Escena de Lil.liput, de Roberto García. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de Lil.liput, de Roberto García. Imagen cortesía de Sala Russafa.

“Queríamos romper algunas convenciones respecto al teatro familiar. Nos apetecía jugar con la electrónica para ofrecer una música actual, divertida y llena de ritmo, que encaja perfectamente con los chavales. No siempre hemos de tirar por melodías dulces e instrumentos convencionales cuando trabajas con los niños porque, precisamente ellos, tienen la mente muy abierta”, afirma Roberto García creador, director y parte del equipo artístico de la pieza donde ha podido conjugar dos de sus pasiones: el teatro y la música.

Otro recelo que rompe este espectáculo es que los pequeños no pueden subir al escenario porque son incontrolables. Nada más arrancar la función, sus intérpretes, Pau Blanco y el propio García, completan el elenco escogiendo entre el público a 15 ó 20 personas que se sumarán a la puesta en escena. Ellos serán los encargados de conformar una improvisada orquesta que echará mano de instrumentos reciclados, como vasos de plástico o botellas de detergente. “Resulta curioso ver cómo los chavales se lo toman absolutamente en serio, son muy responsables con su papel, mientras que a los adultos se les pone cara de niños y disfrutan tanto o más que los pequeños”, comenta García.

Uno de los grandes atractivos de Lil·liput es que durante la representación se genera un divertido concierto participativo en el que la orquesta, formada por los propios espectadores, va aportando la percusión, mientras que los intérpretes Pau Blanco y Roberto García generan una base musical electrónica, recurriendo a la tecnología.

Cartel de Lil.liput, de l'Horta Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Cartel de Lil.liput, de l’Horta Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Juntos componen (en directo y sobre la marcha) la banda sonora de este espectáculo que, inevitablemente, es distinta en cada representación. “Lil·liput tiene lo más genuino del teatro, el vértigo de salir a escena sabiendo que cada función va a ser completamente diferente”, afirma el director artístico de L’Horta Teatre, compañía caracterizada por incorporar innovaciones técnicas y tecnológicas en sus espectáculos. Pero siempre integradas en dramaturgia, no como un fin en sí mismas, sino como un medio para contar la historia.

“En esta ocasión, queríamos hablar de la conciencia ecológica, de la relación con nuestro entorno. Pero no desde el tono paternalista y aleccionador que se suele emplear en los espectáculos familiares, sino desde la emoción, la empatía, la diversión, la interacción  y el juego”, apunta García.

Tanto su enfoque poco convencional como las innovaciones técnicas y escénicas que propone han hecho que Lil·liput se integre en el nuevo festival de artes escénicas Tercera Setmana. Una nueva cita que nace impulsada por AVETID (Asociació d’Empreses d’Arts Escèniques del País Valencià) y con la colaboración de CulturArts, Turisme València, Diputació de València y el Ayuntamiento de Valencia, entre otras instituciones.

La compañía valora muy positivamente que esta programación, centrada en la innovación y vanguardia escénica, haya incluido propuestas dirigidas al público familiar. “Los niños son una audiencia muy inteligente, con muchos referentes y con una gran capacidad de abrirse a nuevos lenguajes escénicos porque aún no ha desarrollado los prejuicios que, a veces inconscientemente, vamos asumiendo conforme crecemos”, señala García quien destaca que en Lil·liput los espectadores tienen un papel activo porque no es espectáculo para el público, sino con el público.

Escena de Liliput. Sala Russafa.

Escena de Liliput, de Roberto García. Imagen cortesía de Sala Russafa.

 

Contra la somnolencia de las rectas

Duplum / Aequilibrium, de Sebastián Nicolau
Gabinete de Dibujos
Gris Magatzem d’Art
C / Literato Azorín, 16. Valencia
Hasta finales de junio de 2016

Sebastián Nicolau (Valencia, 1956) lleva años analizando dobleces, observando el comportamiento y la forma de las telas, los cartones y las chapas al ser manipulados, cortados y doblados. Han pasado más de dos décadas desde sus primeros pliegues, el de las mangas al cruzar los brazos. Desde entonces ha fijado su interés en estructuras arquitectónicas escalonadas, cubiertas de fábricas y grandes naves industriales a través de cartones y chapas que manipula para realizar bocetos escultóricos, hules que cubren las puertas de los talleres y telas de cortinajes.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

Ha estudiado escrupulosamente las formas y las ha ido sintetizado con minuciosidad en óleos, dibujos y esculturas. Su estudio de los efectos lumínicos le ha llevado en los últimos años a jugar con lo ficticio y lo real, a fundir sus límites y confundir la mirada. Sus últimos trabajos tejen un engaño de hilos sobre chapas onduladas y texturadas, de luces y sombras que aparecen y desaparecen. Así es la serie expuesta actualmente en Shiras Galería, serie a la que esta pieza Duplum/Aequilibrium pensada para el Gabinete de dibujos, pertenece.

«Duplum (Doblando) no es sólo el modo en que las planchas metálicas sobre las que trabajo adquieren su aspecto último como obras. Es la actitud ejercida sobre cada pieza, la manera en que trato de abordar la idea sobre cada una de ellas, el esfuerzo con el que intento conformarlas como la consecuencia de un pliegue más sobre sí mismas, sobre la anterior, sobre las anteriores, sobre cualquier otra obra hecha tiempo atrás. Duplum tiene también algo de azar, de incrementar la apuesta sobre la jugada, duplicar el riesgo en el que puedes perder el envite-doble o nada-, y tratar de seguir sentado a la mesa, en la partida», explica Sebastián Nicolau.

Duplum/Aequlibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequlibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

«También es doblar la esquina, ver qué hay detrás, intentar adivinar qué sucede en el patio trasero en donde habitas y participar en ello. Duplum es girar en el recodo como parte del camino evitando la somnolencia que producen las rectas. Duplum es el nombre propio de cada dibujo y escultura realizados entre 2014 a 2016 y el título de la pieza que he preparado especialmente para Gabinete de Dibujos, como un doble más, como una forma más de plegar y ordenar el espacio, en este caso el que dedico a la amistad, la colaboración, la diversión y el juego, un espacio que intento conservar para mantener cierto Aequilibrium», concluye el propio artista.

Sebastián Nicolau. Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

Reyes de la improvisación

La crazy class, de L’Om Imprebis
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 15 de noviembre de 2015

Los latinos tenemos fama de buenos improvisadores, especialmente los valencianos, maestros del  ‘pensat y fet’. Tal vez esa predestinación marcó a la compañía L’Om imprebís destinada a convertirse en referente de la improvisación teatral. Ahora los veteranos teatreros presentan hasta al 15 de noviembre en el Talía su nuevo espectáculo, La crazy class, un homenaje al teatro que hace girar a toda marcha una noria de 14 cangilones (personajes). Como regalo especial para celebrar sus 20 años en escena, la compañía ofrece los viernes y sábados seis funciones extraordinarias de su famoso espectáculo de improvisación Imprebís.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Michel López y Santiago Sánchez son los artífices del montaje en el que los actores Carles Castillo, Carles Montoliu, Elena Lombao y Santiago Sánchez se multiplican para dar vida a 14 personajes. Paloma Díaz en la coreografía, y Ángel Ruiz como coach de canto. La obra cuenta con la colaboración del escritor valenciano Juan José Millás.

La crazy class es un homenaje al teatro y a lo que significa: pasión, juego, emociones, diversión y espectáculo en vivo”, dice Santiago Sánchez. “Nuestro amor por él y la implicación diaria para hacerlo presente nos mantiene unidos y, lo que es más importante, nos une con un gran número de público, que es lo que nos mantiene en los escenarios”.

¿Están locos esos actores y actrices por seguir peleando contra los elementos? “A veces vemos más locura fuera del escenario”, responde Sánchez. “Por ejemplo, esas tertulias en las que ya no puedes distinguir si tratan de política, de deportes o del corazón, donde se impone el grito y el exabrupto como forma de comunicación. Estar en escena nos acerca a sentimientos mucho más nobles como la palabra justa, la ironía, el humor inteligente. Eso, nos mantiene muy vivos”.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talía.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talía.

La crazy class no es propiamente una comedia, pero hay mucho humor. No es un musical, pero los actores cantan y bailan. “No sabes qué vas a ver, pero no puedes dejar de verlo”, dicen sus autores.

Sánchez y los suyos están más que satisfechos de volver al Talía donde empezó a despegar su carrera hace la friolera de veinte años, que si en la canción no son nada en una trayectoria teatral son muchos. Su amplio repertorio  abarca desde grandes textos de la dramaturgia universal (Galileo, de Brecht; Quijote, de Cervantes; Calígula, de Camus; o Tío Vania, de Chejov), hasta espectáculos innovadores, como Los mejores sketches de Monty Python o Imprebís, estrenado en 1994, que los convirtió en pioneros de la improvisación en nuestro país.

Al próximo gobierno que salga de las urnas en diciembre le piden, “un poco de decencia y honestidad, sea de derechas, de izquierdas o mediopensionista”, concluye Sánchez.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Bel Carrasco

Estreno en Valencia de Globe Story

Globe Story, de Jorge Padín
Produce: El Perro Azul (La Rioja)
Sala Russafa
C / Dènia, 55. Valencia
Sábado 25 (20.30h) y domingo 26 de abril (19.00h).

Esta semana, Sala Russafa acoge el estreno en la Comunitat Valenciana de ‘Globe Story’, un sorprendente homenaje al cine mudo que tiñe de color sepia el escenario y al que acompaña la música creada por la pianista Elena Aranoa para contar con ternura y mucho humor una historia de amor sencilla, alejada de artificios, que navega entre las emociones de lo cotidiano.

Esta propuesta de la compañía riojana El Perro Azul comienza en el instante en que surge el flechazo al conocerse Greta y Max. A partir de entonces, el espectador asiste en primera persona a los momentos más importantes de su vida en común: se casan, se van en crucero de luna de miel, tienen un hermoso bebé, bailan, ríen, lloran… Y todo ello sin una sola palabra, pero con una rítmica y pegadiza melodía de piano que se convertirá en la banda sonora de sus vidas.

Imagen de Globe Story, de Jorge Padín, producción de El Perro Azul. Sala Russafa.

Imagen de Globe Story, de Jorge Padín, producción de El Perro Azul. Cortesía Sala Russafa.

Echando mano de una cuidada estética ambientada en los principios del siglo XX y de un impactante lenguaje gestual, sello de la compañía riojana, la puesta en escena es capaz de emocionar y hacer reír a carcajadas a espectadores de todas las edades.

Jorge Padín escribe y dirige esta pieza llena de creatividad, en la que con dos escaleras, un baúl y un montón de globos, los actores Gema Viguera y Fernando Moreno transportan al espectador a playas, océanos, montañas y jardines para vivir la emoción, la diversión y la aventura que supone enamorarse (y mantenerse enamorado).

Escena de Globe Story, de El Perro Azul. Sala Russafa

Imagen de Globe Story, de El Perro Azul, dirigida por Jorge Padín. Cortesía Sala Russafa.

The Hole 2. Un agujero rosa picante

‘The Hole 2’, producido por Let’s Go Company
Textos de Alex O’Dogherty y dirección de Víctor Conde
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 2. Valencia
Hasta el 29 de marzo

‘The Hole 2’ llega al Teatro Olympia de Valencia, donde estará hasta el 29 de marzo, con el mismo espíritu que su antecesor y para volver a hacer reír al público con esa mezcla de circo, humor y burlesque. Como apuntó Alex O’Dogherty cuando presentó el espectáculo en el Olympia, «la gente tiene necesidad de divertirse» y puede hacerlo disfrutando de un montaje «fresco y provocador».

Detalle del cartel de The Hole 2. Teatro Olympia.

Detalle del cartel de The Hole 2. Teatro Olympia.

El género burlesque con el que regresa a Valencia aúna cabaret, teatro y circo, aunque en esta ocasión se fusiona con la Revista de los años 70-80 para plantear una reflexión sobre el amor con música en directo, crítica social de noticias de la actualidad diaria y nuevas acrobacias.

‘The Hole 2’ empieza dos años después de donde nos dejó el primero. La vida ha cambiado para la antigua Maestra de Ceremonias, ahora inmersa en una época donde la cultura, la música y la diversión están en crisis. Tras una horrorosa depresión post-party, la anfitriona decidió salir del Agujero, sentar la cabeza y casarse con un abogado de bien, dejando de lado el desenfreno y la diversión para llevar una vida ‘normal’. Lo que no contaba es que en su despedida de soltera la fueran a llevar de vuelta al Agujero donde se reencuentra con su pasado.

El actor Álex O’Dogherty, que ya en la gala de los Goya dejó muestras de su versatilidad como músico, es el maestro de ceremonias -en alternancia con Edu Soto y Víctor Massán- y autor del texto, junto al productor, Iñaki Fernández. De hecho, O’Dogherty tocará con su banda ‘La Bizarrería’ en Valencia, alternando su actuación en ‘The Hole 2’.

Imagen extraída del video promocional de The Hole 2. Cortesía de Teatro Olympia.

Imagen extraída del video promocional de The Hole 2. Cortesía de Teatro Olympia.

O’Dogherty confesó en su momento que se emocionó cuando le plantearon la posibilidad de hacer ‘The Hole 2’, después de varios años conduciendo su primera parte, un show que ha funcionado tan bien que ha creado ‘marca’. Como autor de los textos de este segundo ‘show’ le preocupaba «estar a la altura del primero sin copiar» y para ello ha abandonado la época de los años 20 para adentrarse en el ambiente de la Revista de los 70.

En esta ocasión, se añade además música en directo y la historia que se relata es «más coherente» de principio a fin. Se puede entender sin necesidad de haber visto ‘The Hole’, aunque aquellos que vieran el origen de la peculiar historia de amor con una rata observarán ahora que «el tiempo ha pasado» y que se cuestiona ahora «si el amor es para siempre».

Álex O'Dogherty en una imagen promocional de The Hole 2. Teatro Olympia de Valencia.

Álex O’Dogherty en una imagen promocional de The Hole 2. Teatro Olympia de Valencia.

Si en el ‘agujero’ anterior se basaba en «pasarlo bien y divertirse», éste reflexiona sobre el amor y se «plantea la viabilidad de una pareja hoy en día», tal y como señaló el autor del texto. El espectáculo tiene dosis de erotismo, es «provocativo, provocador y algo faltón, pero para nada ofensivo». «Siempre ha insinuado más que enseñado, a veces me parece de Walt Disney», bromeó el actor.

Entre las novedades, habrá también «crítica social» y se comentarán noticias de la actualidad diaria. En este sentido, el espectáculo se mantiene «vivo» y podrá incluir comentarios sobre informaciones del mismo día de la función. Además, el público participará activamente, destacando momentos como el sorteo de un jamón, algo que ha ido adquiriendo entidad propia según ha ido avanzando la gira de ‘The Hole 2’.

Álex O’Dogherty recordó que lo que le llevó a escribir ‘The Hole 2’ fue la decisión del Gobierno de implantar el IVA cultural de 21% y que se calificara la cultura como entretenimiento. Entonces él escribió en un tweet ‘¿Quién necesita divertirse?’ y recibió una respuesta tan abrumadora que le motivó para escribir esta historia.

Imagen extraída del video promocional de The Hole 2. Cortesía de Teatro Olympia.

Imagen extraída del video promocional de The Hole 2. Cortesía de Teatro Olympia.

“Escribir es un entretenimiento fabuloso”

Donde nunca pasa nada
Elena Casero
Editorial Talentura

Una pequeña comunidad en la que todos conocen las miserias propias y ajenas es una especie de laboratorio de psicosociología. Un Gran Hermano sin necesidad de cámaras, una representación a pequeña escala de lo mejor y peor de la naturaleza humana. La escritora valenciana Elena Casero sitúa su última novela en la atmósfera opresiva de un pequeño pueblo en el que la apertura de un puticlub desencadena una serie de asesinatos. ‘Donde nunca pasa nada’ (Talentura), su última novela, prosigue la historia de Anselmo de la Rúa, protagonista de su novela anterior, ‘Tribulaciones de un sicario’, “un personaje que observa el mundo como si le fuera ajeno”, dice Casero.

Portada de 'Donde nunca pasa nada', de Elena Casero. Editorial Talentura.

Portada de ‘Donde nunca pasa nada’, de Elena Casero. Editorial Talentura.

Quien conozca las historias de Plinio, de Francisco García Pavón, encontrará ciertas similitudes en el planteamiento de esta obra, en la que junto al misterio e intriga se juega con la solidez de unos personajes enraizados firmemente en su entorno y dueños de una rica filosofía empírica basada en la capacidad de observación y la experiencia de la vida. ‘Tango sin memoria’ y ‘Discordancias’ son otros dos títulos anteriores de Casero, publicados también por Talentura. Ha participado también en varios libros de relatos colectivos.

¿Cuándo empezó a escribir y por qué motivo?

Empecé bastante tarde. Me decidí a poner sobre papel lo que llevaba en la cabeza cuando ya tenía treinta años. Hasta ese momento todo se quedaba en nada, en simples ideas o en apuntes. El paso de la idea al papel se debió a la necesidad de verlo escrito para continuar un aprendizaje que, por otro lado, nunca cesa, o por haber llegado a una cierta madurez.

Portada de 'Tribulaciones de un sicario', de Elena Casero. Editorial Talentura.

Portada de ‘Tribulaciones de un sicario’, de Elena Casero. Editorial Talentura.

¿Qué escritores son sus maestros?

Yo creo que más que escritores en concreto, las influencias vienen a través de las lecturas a lo largo de los años. Así como empecé a escribir algo tarde, no ocurrió lo mismo con la lectura. Fui lectora voraz desde bien temprano. En mi casa siempre ha habido libros y tebeos. Fue muy fácil embarcarse en la lectura. Creo que saldría una lista interminable. Empecé con la novela, en su mayoría autores españoles. En aquella época los autores extranjeros nos llegaban con cuentagotas. Continué con el teatro clásico español. Pero lo que recuerdo como gran descubrimiento fue la lectura de cuentos.

¿Cuál es su propósito cuando se sienta ante el ordenador?

Mi principal propósito es divertirme, inventar historias y crear personajes. Para mí escribir es un entretenimiento fabuloso. Una actividad que hace que la mente esté siempre en funcionamiento y no se me oxiden las neuronas. Además, me encuentro muy a gusto cuando logro escribir alguna historia con sentido. El placer es el mismo si se trata de un relato, como de una novela o un microrrelato.

¿Cómo definiría el hilo conductor que engarza sus relatos?

No sé si hay un hilo conductor. Creo más en la existencia de elementos que aparecen en muchos de ellos. Temas que me preocupan o me inquietan y, sin querer, se convierten en recurrentes. La soledad, el desaliento, el desamor o la muerte pero siempre con un fondo de esperanza y sentido del humor.

Portada de 'Discordancias', de Elena Casero. Editorial Talentura.

Portada de ‘Discordancias’, de Elena Casero. Editorial Talentura.

¿Cómo surgió en su cabeza el personaje de Anselmo de la Rúa? 

Anselmo surgió como un personaje que observa el mundo como si le fuera ajeno. Un hombre que está ajeno a todo excepto a sus propios intereses, que son muy escasos. No es una cuestión de inocencia, es más bien de desinterés. A través de vicisitudes y experiencias novedosas, despierta y poco a poco, aunque ya sea algo mayorcito, va descubriendo lo que tiene a su alrededor y se transforma en otra persona. Es un personaje al que le tengo mucho cariño pero, de momento, no tengo previsto que aparezca en ninguna otra novela.

¿Por qué ambientó la historia en el mundo rural?

He situado la novela, que tiene ingredientes policiacos, en un ámbito rural porque no es lo habitual, porque siempre parece que todos los acontecimientos interesantes suceden en las ciudades. Ya en el título lo menciono, Donde nunca pasa nada. Sin embargo, en las sociedades pequeñas se mantienen unos vínculos familiares ancestrales, los odios y las rencillas persisten a lo largo de generaciones, se mueven como un río subterráneo, aunque parezca que la vida transcurre sin altibajos. Mi intención ha sido partir de una situación ficticia, llegar a desvelar lo que sucedió en el pasado de los personajes.

¿A qué cree que se debe que Talentura apueste por su obra?

Es una buena pregunta para la editorial. Supongo que si no creyeran que mi obra tiene algo de interés para los lectores, no se arriesgarían a publicar mis libros. Yo les estoy muy agradecida. Es una buena editorial, pequeña e independiente que mima a sus autores y cuida mucho la calidad de nuestros libros.

Detalle de la portada del libro 'Donde nunca pasa nada', de Elena Casero. Editorial Talentura.

Detalle de la portada del libro ‘Donde nunca pasa nada’, de Elena Casero. Editorial Talentura.

Bel Carrasco

Somshow: Querido Cabaret

Somshow, por 1920 Company
Con Carmen Cardo, Luis Llamas, Pascal Peris y Annie Tebar
Sala Russafa
C/ Denia, 55. Valencia
Todos los sábados de noviembre, a las 23.00h

Medias de red, taconazos, corsés, boas de plumas, purpurina. Kilos de maquillaje y kilómetros de pestañas postizas. Desfachatez, provocación, ilusionismo, frivolidad, impostura. Mujeres voluptuosas que resultan ser hombres y viceversa. Canciones, contoneo de caderas y chistes subidos de tono. Erótica pícara y desenfadada. Humor de sal fina y gruesa. La realidad reflejada en espejos deformantes que la transforman y la hacen más brillante y atractiva.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

El viejo cabaret nunca muere y se mantiene en plena forma. Para demostrarlo ahí está ‘SomShow’, la apuesta de esta temporada dentro del  ciclo Las Golfas de Russafa, que se representa los sábados, a las 23 horas en la sala de este nombre.  Es el sonado regreso de la mítica 1920 Company, cuatro actores y amigos: Pascal Peris, Carmen Cardo, Luis Llamas y Annie Tebar.

Treinta años después de su iniciación en el género, vuelven para demostrar que el tiempo no ha hecho mella en ellos y, de paso, despertar la risa a un público con ganas de olvidar la eterna crisis y la oleada de corrupción que invade las noticias diarias. El éxito de las primeras funciones augura una prolongación de su número hasta diciembre.

“Decidimos volver a revivir el cabaret por la amistad que nos une y para hacernos un regalo a nosotros mismos”, dice Peris. “La sorpresa ha sido ver la gran aceptación por parte del público”.

Cartel anunciador del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Cartel anunciador del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

A lo largo de casi una hora ininterrumpida de marcha, ‘Somshow’ ofrece un recorrido por las distintas facetas del cabaret: revista vodeville, music hall, erotismo, transformismo, etcétera. “El espíritu del cabaret ofrece una visión lúdica de la vida”, afirma Peris. “Una visión sin complicaciones  con un punto de crítica pero sin mala leche ni ensañarse”.

Durante los años ochenta, década de transgresión y libertad, el cabaret vivió en Valencia una edad dorada con locales míticos como Belle Époque, La Bôheme, y figuras como Miguel Bras o Margot, cuyo nombre oficial es Antonio Campos, sobre quien Quique Belloch proyecta un audiovisual que  cuenta su vida y milagros.

“Nuestro montaje es un homenaje al cabaré valenciano de los ochenta pero actualizado, con la mirada de quien ha aprendido de la vida y se ríe con más ganas. La mirada de quien no se deja amargar por la experiencia, sino que encuentra en ella un gancho de complicidad con los espectadores”, dice Peris.

Escena del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena del espectáculo Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

La noche valenciana en los ochenta cobijaba una docena de salas en las que se ofrecían espectáculos de cabaret y afines. Una válvula de escape a las penalidades de la Transición. “Ahora la noche está muerta en ese sentido”, dice Peris. ”Tal vez a esa ausencia se debe en parte el éxito que ha cosechado nuestro espectáculo. Sobre todo entre gente de más de 40 años que añora el pasado y tiene ganas de reírse un rato y olvidar sus penas”, concluye Peris.

El espectáculo remite pues a un contexto similar al de los años de la Movida, cuando los shows de variedades y transformismo, que tenían como referencia el cabaret de los años veinte, triunfaban en España. ‘Somshow’ evoca esa época, desvelando lugares, anécdotas, personajes y estilos que marcaron una escena hoy prácticamente olvidada.

Los dramaturgos Jerónimo Cornelles, Chema Cardeña, Nacho de Diego y Eduard Costa han colaborado en el guión, aportando su particular versión de la actualidad. ‘SomShow’ reivindica y actualiza un estilo de enfrentarse a la realidad muy nuestro, plagado de sentido del humor e ironía, en un musical desenfadado y atípico.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Los cuatro integrantes de Somshow. Imagen cortesía de Daniel Santo Coronado.

Bel Carrasco

The Hole, por la madriguera del Olympia

The Hole, de Yllana, Letsgo y Paco León
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Hasta el 18 de marzo

«Y ardiendo de curiosidad, se puso a correr en pos del conejo…para ver cómo se colaba raudo por una madriguera….Un momento después, Alicia también desaparecía por la madriguera, sin pararse a pensar cómo se las iba a arreglar para salir después». Como Alicia, la joven del famoso cuento de Lewis Carroll, los espectadores que acuden al espectáculo The Hole también entran en la madriguera que Yllana, Letsgo y Paco León les proponen, ardiendo de curiosidad. La mezcla de cabaret, circo, teatro, musical y erotismo ha encendido esa inquietud entre el público que acude dispuesto a dejarse llevar por cierto desenfreno para combatir ese otro desenfreno que provocó la crisis económica, cuyos enormes agujeros pretende The Hole paliar con más agujeros, esta vez producto de la diversión.

Un momento del espectáculo The Hole. Imagen obtenida de la web The Hole Show. Teatro Olympia de Valencia

Un momento del espectáculo The Hole. Imagen obtenida de la web The Hole Show. Teatro Olympia de Valencia

La Terremoto de Alcorcón, Álex O’Dogherty, Nacho Sánchez, Reyes Ortega o Álex Forriols, entre otros, abren las puertas de esa madriguera del conejo (con perdón) que la Terremoto de Alcorcón dispone para mostrar su amor. El trasfondo es ése: cierta historia de amor que pretende ser revelada a ojos de un público ardiente de curiosidad o simplemente ardiente de que le cuenten cosas con las que olvidar tan penosa crisis. De manera que, siguiendo los dictados de la homeopatía, los agujeros negros creados por el desbarate financiero se combaten en The Hole con más agujeros, esta vez generados por la provocación del espectáculo.

Un momento del espectáculo The Hole. Teatro Olympia de Valencia.

Un momento del espectáculo The Hole. Teatro Olympia de Valencia.

El Teatro Olympia se convierte así en la madriguera del conejo por la que van entrando diversos y variopintos personajes encargados de mostrar el caleidoscopio amoroso de la Terremoto de Alcorcón. Lo harán unas veces con números circenses, otras al más puro estilo cabaret, con su deslenguado y a la vez fino maestro de ceremonias, pero en cualquiera de los casos siempre con humor, ya sea mordaz, picante o provocador, con el fin de que los espectadores pierdan la noción del tiempo y el espacio. Se trata, como le ocurre a Alicia, de que el público tenga dificultades para salir después del agujero en el que se ha metido. Porque The Hole es eso: un atractivo agujero del que lamentas haber tenido que salir, una vez entrado a causa de la ardiente curiosidad.

Imagen del espectáculo The Hole. Teatro Oympia de Valencia.

Imagen del espectáculo The Hole. Teatro Oympia de Valencia.