La construcción del estereotipo femenino

I Am A Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25-B. Valencia
Inauguración: viernes 24 de junio, a las 20.00h
Hasta el 5 de agosto de 2016

Decía Salvador Dalí que lo mínimo que se le debe exigir a una escultura es que no se mueva. Quizás, seguro, porque el tipo de escultura al que se refería era la representación de un cuerpo vivo a través de un material duro. Siguiendo el ideal clásico, ese carácter escultórico detenía, según Hegel, una figura espiritual en plena expresión corporal para mostrar al ser humano tal y como es. Pero quieto, detenido, inmóvil. Estático, como nosotros cuando el fotógrafo nos pedía que no nos moviéramos para salir bien en la foto.

La naturaleza de nuestro cuerpo es limitada —aunque ya dijo Spinoza que nadie sabe lo que puede un cuerpo— y primero la escultura y después la fotografía han pretendido la universalidad de los cuerpos, el reconocimiento de la diferencia, frente a lo antinatural que supone la instauración de un canon, de un molde, a lo que también han colaborado paradójicamente.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

El trabajo de Natacha Lesueur (París, 1971) aborda estas cuestiones haciendo énfasis en la construcción social del estereotipo y denunciando el diseño cultural de los clichés de género. Sus fotografías subrayan una serie de usos, de huellas, de marcadores de la identidad femenina (gesto, maquillaje, vestuario, peinado) sobre los que interviene para señalar el artificio de la apariencia.

A través de estas obras podemos entender cómo la fotografía se ha acercado mucho a la escultura en la (re)presentación de las cosas y, también, en el retrato del cuerpo como algo performativo. Sus fotografías son la evidencia crítica de una realidad, de un volumen (el cuerpo, las cosas) que se muestra bajo una apariencia y esgrimiendo una actitud determinadas, detenidas en la foto, que ponen en cuestión los arquetipos establecidos.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Cierto carácter barroco en el manejo de alimentos ajustados al cuerpo, el gusto por exagerar el color y su contraste, del pop al tropicalismo, los juegos con las prendas, el maquillaje o el arreglo del peinado, y hasta una ironía a veces melancólica, a veces sarcástica, han marcado una trayectoria de la que se entresacan para esta exposición un conjunto de obras que recoge trabajos iniciales de los años noventa y otros más actuales, haciendo especial hincapié en un hecho acromático, en un continuum en blanco y negro que, además, acentúa el efecto estatua y el vínculo entre fotografía y escultura, entre el retrato y la naturaleza muerta.

Dos fotografías de 1996 nos muestran fragmentos de un cuerpo andrógino en el que la piel de los brazos (como guantes largos) y las piernas (como medias de encaje) está marcada por la huella de una impresión que es, por un lado, ornamentación y, por otro, prueba del dolor, de lo que cuesta. Lo más profundo que tenemos —como escribió Paul Valéry— es la piel, una profundidad camuflada de superficie.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Otras tres piezas, más bodegones que retratos, se centran en la agresión a unos peinados esculturales, decadentes. Dos gemelas idénticas, Carine y Barbara, y otra modelo, Anita, exhiben recogidos extravagantes que recuerdan la peluquería de la generación de nuestras madres y abuelas. Ese arreglo del cabello que marcaba el rigor y la honra, la rectitud y lo decoroso de la mujer, se muestra “herido” por las quemaduras de un cigarro, símbolo del machismo.

La serie central pone de relieve la norma en la construcción de los estereotipos femeninos al jugar directamente en las fotografías con la conversión del cuerpo en escultura. La asertividad del blanco y negro como índice de realidad en la imagen fotográfica —como declara la misma Lesueur: su valor de memoria, de informe— confunde nuestra mirada, que cree estar ante estatuas de piedra. Apenas un resquicio de naturalidad, de color abajo en la espalda, revela la verdad de lo aparente: se trata de cabelleras modeladas y cuerpos reales pintados en un falso blanco y negro que sugiere el mármol o ese yeso documental donde ha quedado solidificado el paso del tiempo y las modas para la historia. Un video completa esta magnífica idea presentando todo el bulto redondo de una de las modelos/estatuas girando en bucle.

El contrapunto, cambiando de canon, lo pone un jarrón con forma de busto que, apuntando a la negritud y al tropicalismo sobre el horizonte de un paisaje mural, contendrá una docena de hortensias, símbolo de obstinación y dignidad, que quién sabe si se irán marchitando a lo largo de la exposición.

Obra de Natacha. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Ricardo Forriols

Saltos mortales, volteretas, humor y…Split

Split, de Colectivo Circo 9.8
Sala Ultramar
C / Alzira, 9. Valencia
Sábado 26 y domingo 27 de diciembre, 2015, a las 18.00h

Risas, dos gemelos que no se parecen en nada pero se empeñan en ser idénticos, saltos mortales, volteretas, demostraciones de fuerza, más risas… Split continúa una semana más con dos únicas funciones los días 26 y 27, a las 18 horas. Para la sala Ultramar: “El circo es una tradición en estas fechas y hay circos de muchos tipos, el que ofrece Colectivo circo 9.8 está hecho para ser visto de cerca y con la boca abierta”.

En este sentido, la Sala Ultramar ha iniciado ya una campaña de precios populares para poder acercar a nuevos públicos que abarcará el ciclo Petit Ultramar. “Todas las entradas para el ciclo tienen un precio único de 7 euros frente a los 10 que cobramos habitualmente, la idea es que las familias puedan venir al completo y disfrutar de una actividad que está pensada para ellos.”

Split. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Split. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Split, que ya ha cosechado éxitos en otros festivales y ediciones, se presenta renovada con nuevas caras y cambio de nombre. Las entradas ya están a la venta y pueden conseguirse a través de la página web de la sala, en el apartado reservas (www.salaultramar.com/reservas) y en los canales de venta de www.atrapalo.com

En Split, Jordi y Silvia son dos hermanos gemelos de una familia atípica; de apariencia muy distintos, pero totalmente iguales. Nadie diría que son gemelos, pero ellos se empeñan en demostrar todo lo contrario…Y claro, ¿Quién se atreve a negárselo? Ni sus padres lo intentan. Es más, ¡les animan! Jordi y Silvia, Silvia y Jordi, los gemelos perfectos. ¿Notáis alguna diferencia?

Volcán azul. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Volcán azul. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Volcán azul, que estará en Ultramar los días 2 y 3 de enero (12.00h), es un espectáculo para la primera infancia (0-4años), una pieza de teatro próximo, sin texto, donde el sonido, el gesto, los objetos y la poesía visual, viajan juntos para descubrir la mirada del niño.

Volcán despierta del sueño y recorre el mundo. Un viaje fantástico donde la magia de las pequeñas cosas, la epopeya de la vida, se transforma en poema escénico.

La mirada del niño. Las primeras sílabas, fonemas. Mover un dedo. Mantener el equilibrio. Aprender a andar.  Abrir los ojos para el encuentro.

Escena de 'Split'. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Escena de ‘Split’. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Iguales pero menos

IX Edición de Cortos por la Igualdad
Sala Rialto
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Miércoles 14 de octubre de 2015, a las 20.00h

En la lucha por la igualdad de géneros en Occidente se han obtenido bastantes victorias, pero quedan todavía muchos combates por librar. Erradicar por completo la violencia sexista, la discriminación salarial que padece la mujer y su dificultad para acceder a puestos de poder y responsabilidad. También liberarle del peso de las tareas domésticas y familiares que suele recaer sobre sus hombros.

Visibilizar ese tipo de situaciones  es el objetivo de Cortos por la Igualdad, un certamen de cortometrajes organizado por la Asociación por la Coeducación con apoyo de CulturArts y la Universitat de València.  Un DVD colectivo que reúne los cinco títulos ganadores se presenta el 14 de octubre, a las 20 horas, en el Rialto. La falta de apoyo a los directores noveles se pone de manifiesto en la gran cantidad de obras presentadas, casi 300 entre las que se seleccionaron 164 títulos.

Fotograma de Superhéroes. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Fotograma de Superhéroes, de Natxo Alapont y Abdelatif Hwidar. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Los tres cortometrajes ganadores de esta  IX edición de Cortos por la Igualdad son: Silencios, de Jesús Méndez; Diana en la red de Fundación Tus Ojos, con guión de  Cristina Linares; y La Petite fille, de Guillermo Alcalá-Santaella Lloréns. El jurado concedió una mención especial a Superhéroes, de Natxo Alapont y Abdelatif Hwidar y a Maeve, de Iván Albacete, un corto de animación premiado también por CulturArts por su interés cinematográfico.

La veterana actriz Marisa Paredes es la protagonista de Silencios que aborda el espinoso tema del maltrato y el silencio cómplice en torno a la víctima. “No puedo concebir el arte como algo neutro”, dice su director Jesús Méndez. “Mi manera de entender el cine es el compromiso social. Escribo sobre aquello que me incomoda o me molesta y había llegado el momento de indagar sobre la violencia de género, y el mundo que rodea a la víctima y al verdugo. Sobre el silencio que cohabita con el miedo y con el dolor. Había visto varios proyectos relacionado con la violencia de género, pero ninguno abordaba el entorno más próximo. Me interesaba mostrar las razones que llevan a un testigo a mirar hacia otro lado cuando presencia un acto violento. Para ello, dimos el punto de vista de la madre del agresor, puesto que entendíamos que el conflicto sería mucho más rico. Ya que los medios técnicos y económicos eran muy limitados, hicimos un ejercicio de estilo. Todo sucede en una única estancia, con tan solo una actriz”.

Implicar a Paredes fue sencillo. “Nos pusimos en contacto con su representante y le gustó el proyecto”, cuenta Méndez. “Ha sido un lujo trabajar con ella, tanto a nivel artístico como humano. Marisa ha sido todo generosidad y profesionalidad, hemos aprendido muchísimo de ella e hizo que todo el rodaje fluyera de una manera mágica”.

Fotograma de Maeve. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Fotograma de Maeve, de Iván Albacete. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Diana en la red plantea el tema de la violencia machista que sufren las adolescentes a través de las nuevas tecnologías y La Petite fille muestra la relación entre una abuela y su nieta que sueña con ser aviadora. Superhéroes es una original reflexión sobre la conciliación familiar y el valor que merece el trabajo femenino, y Maeve, con imágenes muy sugestivas, ahonda en cómo el machismo se transmite e implanta también en la mente de algunas mujeres.

Mujer y audiovisual

La selección de 2015  evidencia varias paradojas muy significativas, señalan los organizadores. “Por ejemplo, que el título de uno de los cortos, Superhéroes, cuando habla de una mujer use el masculino plural nos recuerda lo lejos que estamos de un lenguaje no sexista”, dice Paqui Méndez, directora del certamen.

“También es muy revelador que la mayoría de cortos están dirigidos por hombres, reflejo  de la falta de medidas de acción positivas que ayuden a paliar la enorme discriminación que padecen las mujeres del sector audiovisual. Los directores están mejor situados en la industria y por tanto más capacitados para ofrecer más productos y de mejor factura”.

Aunque cada vez son más las mujeres que se ponen detrás de la cámara, siguen siendo mayoritarios los hombres en las producciones audiovisuales, situación repetidamente denunciada por Cima (Asociación de Mujeres Cineastas y Medios Audiovisuales). Cima lucha por la igualdad de oportunidades en acceso a puestos de dirección y decisión, por una imagen no sesgada y más real de la mujer en los medios y por promover la presencia paritaria en las áreas públicas del sector.

Marisa Paredes en un fotograma de Silencios. Cortesía de Cortos por la Igualdad.

Marisa Paredes en un fotograma de Silencios, de Jesús Méndez. Cortesía de Cortos por la Igualdad.

Bel Carrasco

Concha Ros: El lugar de partida

The Mirror, de Concha Ros
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 13 de marzo, a las 20.30h
Hasta el 4 de mayo, 2015

“Soy dibujante, pienso en imágenes.” Así empezó nuestra conversación. Siempre he pensado que dibujar es una oportunidad para representar lo que no volverá a ser visible. Es un momento único, irrepetible, lleno de emociones. En palabras de Cézanne: “Está pasando un minuto en la vida del mundo. Píntalo como es”. Vivimos mirando y buscando zonas intermedias de comunicación a través de la obra que realizamos, motivados por un intento no tanto de identificar, ni hallar, ni descubrir, sino de mirar para poder fijar la imagen, entenderla, traducirla y habitarla. La imagen está en la retina y en el pensamiento y el dibujo contiene la experiencia de mirar, obligándonos a detenernos y entrar en su tiempo. Ese tiempo que reúne la totalidad de los instantes.

Obra de Concha Ros en la exposición 'The Mirror', en Imprevisual Galería. Imagen cortesía de Imprevisual.

Obra de Concha Ros en la exposición ‘The Mirror’, en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

John Ashberg pensó que “La mente es tan hospitalaria, lo aloja todo…”. Nos encontramos envueltos por cientos de imágenes formadas por pequeños puntos de luz que visibilizan nuestro entorno, seleccionando capturas a modo de “pantallazos”. ¡Existen tantas imágenes en el mundo! Pero ¿cuál es, de todas esas imágenes, la que finalmente fijamos?

Concha Ros traduce su memoria de imágenes en un cuerpo femenino, que se repite en su diferencia al igual que el Rizoma que actúa como mapa y no como calco: “El mapa no reproduce un inconsciente cerrado sobre sí mismo, lo construye. Contribuye a la conexión de los campos, al desbloqueo de los cuerpos sin órgano, a su máxima apertura en un plan de consistencia. Forma parte del rizoma. El mapa es abierto, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantes modificaciones.” (1)

Se dibuja así misma, desde fuera, pero también desde dentro; sin principio ni final, sin fronteras, adaptándose a la superficie convertida en espacio. No en vano su mano y su lápiz, en muchos de sus trabajos, están todavía terminando el dibujo, lo que los hace realmente inquietantes y nos llevan a plantearnos si debemos terminarlos en nuestra imaginación, apropiándonos de ellos.

Obra de Concha Ros en la exposición 'The Mirror', en Imprevisual Galería. Foto de Maite Backman, cortesía de Imprevisual.

Obra de Concha Ros en la exposición ‘The Mirror’, en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

Juan José Gómez Molina en ‘Proyectar y Proyectarse’ escribe: “Asumir como proyecto de dibujo y no como dibujo de proyecto surge también del hecho inquietante de la ineludible necesidad de establecer la propia proyección (…). La línea con memoria que va determinando el dibujo constituye el eje de doble referencia desde donde es posible la separación del objeto y la configuración del yo”.(2)

Este viaje comenzó con el trazo de esa línea con memoria que es el dibujo, produciendo una determinación del límite que focaliza sucesivamente la imagen proyectada en la representación de un ser, que haciéndose se mira. Ofreciendo la suficiente resistencia a la luz para que no la atraviese, estableciendo el perfil preciso. El perfil de una línea fina y sensible sobre papel blanco, pero también sobre papel negro (positivo/negativo), nos señala y desdibuja el paso de dentro a afuera: es el espejo (The Mirror), ese lugar metafórico que aloja la imagen y que la devuelve convertida, mediante el dibujo, en el lugar de llegada.

1 Deleuze, G., Guattari, F., Rizoma. Ed. Pretextos, Valencia 2003. Página 29

2 Gómez Molina, Juan José, La representación de la representación. Ed. Cátedra. Madrid 2007. Página 62

Obra de Concha Ros en la exposición 'The Mirror' en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

Obra de Concha Ros en la exposición ‘The Mirror’ en Imprevisual Galería. Foto: Maite Backman. Cortesía de Imprevisual.

Rubén Tortosa

Mujeres resistentes, mujeres dolientes

Mujeres: territorios artísticos de resistencia
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 7 de septiembre, 2014

Por un lado, la sociedad patriarcal, entendida según los usos y abusos del feminismo. Por el otro, su denuncia. Por un lado, la represión a la que han sido sometidas las mujeres por efecto de cierto machismo imperante. Por el otro, el destape de tamaño agravio y su correspondiente ajuste de cuentas. Entiéndase tal ajuste de cuentas en su versión más radical (“que les corten la cabeza”) o en su versión más economicista (las cuentas claras, con su debe y su haber). He ahí la declaración de intenciones de algunas de las manifestaciones artísticas protagonizadas por mujeres: sabedoras éstas del poder que confiere su lucha por la igualdad o la diferencia (según), en una sociedad que se siente en deuda con sus víctimas, no dejan de proponer actividades que vayan ganando terreno en esa dirección.

La liberté rassonnée, de Zaera, en la exposición 'Mujeres: territorios de resistencia', en La Nau de la Universitat de València. Imagen cortesía de La Nau.

La liberté raissonnée, de Cristina Lucas, en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València. Imagen cortesía de La Nau.

‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ es una muestra de ese talante crítico, al tiempo que revelador de cierto goce femenino. Comisariada por Irene Ballester, la exposición reúne en la Sala Estudi General de La Nau obra de 11 artistas: Carmen Calvo, Teresa Cebrián, Consuelo Chambó, Diana Coca, Maribel Domènech, Ana Gesto, Cristina Lucas, Myriam Negre, Marina Núñez, Inmaculada Salinas y Rossana Zaera. Obras de diferentes estilos, continentes y contenidos que, sin embargo, comparten esa mirada común por la denuncia y, una vez desencadenada, por el afloramiento de un placer siniestro.

Detalle de una de las fotografías de Consuelo Chambó en la exposición 'Mujeres: territorios artísticos de resistencia', en La Nau de la Universitat de València.

Detalle de una de las fotografías de Consuelo Chambó en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València.

Pongamos por caso, ‘La liberté raissonnée’ (La libertad razonada), obra de Cristina Lucas. En un video de 4’ 20”, la artista crea y se recrea en el cuadro de Eugène Delacroix, ‘La libertad guiando al pueblo’, para ofrecer su particular vuelta de tuerca. La revolución en pos de la libertad que en el primer tercio del siglo XIX se desencadenó en Francia, da pie en la obra de Cristina Lucas a cierto ensañamiento perpetrado sobre el cuerpo de la mujer, que Delacroix pinta con los pechos al aire empuñando la bandera tricolor francesa. La madre patria enfervorizada, cuna del intenso nacionalismo hoy de vuelta, se transforma en objeto ultrajado, ligando la pasión política con la pulsión humana.

Detalle de una de las obras de Carmen Calvo en la exposición 'Mujeres: territorios artísticos de resistencia', en La Nau de la Universitat de València.

Detalle de una de las obras de Carmen Calvo en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València.

‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ se mueve entre ambas franjas: la denuncia social, intensamente política, y su correlato visual en forma de un conjunto de obras que destaca por sus aspectos siniestros. Diana Coca, en ‘La ciudad de las muñecas rotas’, lo manifiesta abiertamente: “Me interesa el cuerpo profanado, con residuos de violencia”, provocado por una “situación de insatisfacción respecto al modelo establecido”. De manera que frente a la crítica de ese modelo, comparece en la obra artística el cuerpo femenino violentado. Lo mismo que ocurre en el video de Cristina Lucas.

Fotografía de Ana Gesto en la exposición 'Mujeres: territorios artísticos de resistencia', en La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Ana Gesto en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València.

Teresa Cebrián, sin mostrar la figura femenina tan descarnada, no deja igualmente de llamar la atención acerca de ciertos ‘Patrones del dolor’. Y Rossana Zaera se hace eco de las tareas domésticas realizadas con máquinas de coser, cambiando el hilo por los cabellos  en ‘La máquina del tiempo’, evocación sarcástica del laborioso y oscuro pasado femenino. Carmen Calvo utiliza la figuración femenina en negativo, para plasmar el silencio, humillación y cierto sadismo en sus imágenes elocuentemente tituladas ‘Has hecho de mí todo lo que querías’.

Mujeres “partidas” (Myriam Negre), carnales y de rostro oculto por una espesa melena (Consuelo Chambó), arrastrando penosas cazuelas (Ana Gesto), sirenas mitológicas (Marina Núñez), fragmentadas en múltiples recortes de prensa (Inmaculada Salinas) o portadoras de un enorme tejido con cables eléctricos (Maribel Doménech), así son esas mujeres resistentes comisariadas por Irene Ballester. Mujeres cuyos territorios oscilan entre la denuncia y el goce siniestro.

Fotografía de Diana Coca en la exposición de La Nau.

Fotografía de Diana Coca en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ en La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

Las mujeres toman el Mercado Central

Dones per dones
Mercado Central
Plaza Ciudad de Brujas, s/n. Valencia
Hasta finales de marzo

Fotografía de Tania Castro. Imagen cortesía de Dones per dones.

Fotografía de Tania Castro. Imagen cortesía de Dones per dones.

Están los mercados, tan citados últimamente como espacios de trajín constante de dinero volátil, fatuo, especulativo. Y está el simple mercado, en tanto lugar de venta de productos, estos sí, necesarios para la subsistencia diaria. En aquellos, los sujetos apenas se relacionan entre sí lo justo para intercambiar cifras mareantes y cerrar operaciones que, de existir cierta ética, sonrojarían al mismísimo Al Capone. En estos otros más cercanos y pedestres, las personas se juntan movidas por intereses que guardan relación con la economía doméstica. De estas últimas personas, más en concreto mujeres, se hacen cargo 10 fotoperiodistas valencianas en una exposición que sirve para homenajear su quehacer diario durante años en el Mercado Central de Valencia.

Fotografía de Emma Ferrer. Imagen cortesía de Dones per dones.

Fotografía de Emma Ferrer. Imagen cortesía de Dones per dones.

Raquel Abulaila, Tania Castro, Consuelo Chambó, Emma Ferrer, Marga Ferrer, Eva Máñez, Irene Marsilla, Eva Ripoll, Amparo Simó y Mónica Torres han sido las encargadas de plasmar en 28 imágenes el trabajo de un nutrido grupo de mujeres, en representación del amplio colectivo que trabaja diariamente bajo la cúpula del Mercado Central. En el pasillo que hace las veces de línea divisoria entre los diferentes puestos o paradas, colgadas como si fueran grandes ventanales, se suceden las fotografías de 2×1,40 en armónico caos. Como dice Consuelo Chambó, “cada una de las fotoperiodistas ha trabajado por libre”, de manera que la exposición reúne todo ese caudal creativo en un mismo río revuelto de imágenes. “Y el caso es que mezcladas, las imágenes funcionan”, subraya Chambó.

Fotografía de Consuelo Chambó. Imagen cortesía de Dones per dones.

Fotografía de Consuelo Chambó. Imagen cortesía de Dones per dones.

Consumo ceremonioso

Dones per dones, concebida para festejar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es una exposición que irradia alegría. A pesar del vasto esfuerzo diario, de los años que caen como moscas sobre los rostros de esas mujeres y del runrún de la crisis, todas ellas aparecen en las fotografías como si celebraran toda una vida dedicada al comercio, a la venta de productos que miman como parte de una larga cadena tendente al consumo ceremonioso. Por eso no es de extrañar que María Teresa abrace tiernamente a una cabrita en la imagen tomada por Mónica Torres y que la propia artista explica así: “María Teresa Martínez (señora cabrita), vive por y para el Mercat. Empezó a trabajar a la temprana edad de 13 años. Su abuela ya regentaba un puesto de ultramarinos y sus padres, una pollería durante 50 años”.

Fotografía de Marga Ferrer. Imagen cortesía de Dones per dones.

Fotografía de Marga Ferrer. Imagen cortesía de Dones per dones.

Consuelo Chambó, llevada por su propio entusiasmo y el que irradian esas mujeres, se sirvió de una escalera de aluminio para elevar el rango de tamaño trabajo a la categoría de prima donnas. “Les dije que si alguna tenía vértigo que no se subiera, pero lo hicieron gustosas”. Y ahí están, en contrapicado, luciendo excelso palmito con la cúpula de vidrio y cerámica por montera. Su trabajo, al igual que el de Eva Ripoll, privilegia el aspecto arquitectónico del Mercado Central, otorgando así coherencia temática a sus fotografías.

Fotografía de Eva Máñez. Imagen cortesía de Dones per dones.

Fotografía de Eva Máñez. Imagen cortesía de Dones per dones.

Radiante laboriosidad

También Marga Ferrer buscó cierto hilo argumental. Y lo encontró en su serie de mujeres con animales vivos. Eso sí: lo suyo le costó. “Me centré en la tipología del retrato y que el producto fuera un animal vivo; encontrar un conejo fue lo más difícil”. Lo compró en La Pobla de Vallbona y lo trajo para que Pepa posara con él en su puesto de carnes; el inquieto animal complicó la sesión de fotos. Más sencillo resultó retratar a Elisa, con sus caracoles, y a Paquita, gallina en brazos. De ésta, Marga dice lo siguiente: “Paquita Campos lleva 24 años vendiendo huevos en el Mercat Central de Valencia. Ella y su marido venden 20.000 huevos a la semana. Las gallinas ponedoras son de la Granja Mico”.

Fotografía de Raquel Abulaila. Imagen cortesía de Dones per dones.

Fotografía de Raquel Abulaila. Imagen cortesía de Dones per dones.

Y de esta forma se van sucediendo las 28 imágenes de Dones per dones: con Sandra, de 20 años, cargando pesadas calabazas, fotografiada por Raquel Abulaila; con Laura Alcañiz y sus enormes tijeras (Tania Castro); con Virginia, iluminada por jugosas fresas (Emma Ferrer) o con Pepa, Amparo y Conchín, en primer término, subrayando el legado de muchas de estas mujeres, y que Irene Marsilla ha tomado como fuente de inspiración de su trabajo. Son, qué duda cabe, muchas más. Pero valga esa pequeña muestra de 28 imágenes, como sentido homenaje de las fotoperiodistas valencianas a las mujeres trabajadoras, en este caso del Mercado Central. Un Mercado Central ajeno a los tristes avatares de los mercados financieros y, quien sabe si por eso, irradiando una contagiosa alegría.

Fotografía de Mónica Torres. Imagen cortesía de Dones per dones.

Fotografía de Mónica Torres. Imagen cortesía de Dones per dones.

Salva Torres

El deseo femenino a debate en La Llotgeta (I)

Mujer y Cine: En torno al deseo femenino
XIII Jornadas de Hª y Análisis Cinematográfico
Jesús González Requena, Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4
Martes 10 y Miércoles 11 de diciembre

Pregunta.- Mujer y cine, en torno al deseo femenino. ¿Es diferente al masculino? ¿En qué sentido?

Respuesta.- Haciendo la salvedad obligada de que entendemos el deseo femenino no como el de toda mujer sino como el de la mujer heterosexual (y lo mismo por lo que al masculino se refiere), formularé así el deseo de la mujer: alcanzar ese extremo del goce que sólo le es dado a quien se entrega a (y en) la posición pasiva. Y el masculino: tomar a la mujer y, por esa vía, saber, a través de ella, de ese extremo del goce que solo en ella es posible. Podemos sintetizarlo, todavía, así: el hombre toma a la mujer. La mujer, tomada por el hombre, es. Pero claro está, para poder hablar de esto de una manera sensata es necesario poner en cuestión el enfermizo (e inculto) rechazo que nuestra sociedad siente hacia la pasividad.

Fotograma de 'Su juego favorito', de Howard Hawks.

Fotograma de ‘Su juego favorito’, de Howard Hawks.

Pregunta.- El incomprendido deseo femenino por parte de los hombres, que desemboca en muchos casos en la llamada violencia de género, ¿se soluciona con más educación o intervienen otros factores a tener en cuenta? ¿Como cuáles?

Respuesta.- Para poder abordar con éxito la llamada violencia de género sería necesario:
a) eliminar esta absurda denominación (los géneros no son violentos,
los son las personas) y retornar a una antigua y más sensata: “crimen
pasional”. Pues nos ayudaría a recordar que las cosas que suscitan
pasión (y el sexo es una de las primeras entre ellas) son en sí mismas
peligrosas y hay que manejarlas con cuidado.
b) Percibir el problema en sus justos términos: cada vez hay menos
crímenes machistas, la mayor parte de los crímenes que padecen las
mujeres hoy en día son cometidos por varones infantiles e incapaces
con controlar sus emociones. La prueba es fácil: el antiguo asesino
machista no lloraba nunca: mataba a su mujer y se iba al bar,
orgulloso de sí mismo, a contárselo a los amigos. El actual asesino de
mujeres las mata con los ojos llenos de lágrimas y luego se suicida o
se entrega a la policía, dado que (tal es su percepción subjetiva) se
ha sentido previamente aniquilado (en el plano psicológico) por ella.

Fotograma de 'La pianista', de Michael Haneke.

Fotograma de ‘La pianista’, de Michael Haneke.

c) Educación: convendría asumir que es útil educar al varón en la
exigencia de un suplemento de autocontrol, dada su superior masa
muscular y, por tanto, su mayor capacidad de ejercer violencia física.
Algo de ese orden estaba implícito en la antigua máxima “los hombres
no lloran”. Convendría, igualmente, educar a las mujeres en la
conciencia de su poder psicológico sobre los hombres, dado que su
menor masa muscular busca su compensación en un más hábil dominio de
la violencia psicológica.
c) Cuando más se denigre y desprestigie la posición viril, más
crímenes pasionales acabarán produciéndose. O dicho de manera breve:
nada menos machista y más positivo para la mujer que un hombre que,
cuando ella le abandona, puede seguir cantando eso de “Pero sigo
siendo el rey”. Pues obsérvese que ella le ha abandonado y él, porque
es capaz de seguir sintiéndose el rey y no un niño desesperado que se
vive abandonado por una figura materna a la que acaba odiando, es
capaz de aceptar ese abandono y no trata de imponerle a ella su
sometimiento.
c) Y claro está: reivindicar el lugar del padre. Pues, como decía
hace un momento, la mayor parte de los hombres que hoy matan a las
mujeres siguen siendo niños que proyectan en las mujeres el fantasma
de una madre omnipotente que nunca llegó entregarse a un padre con el
que ellos pudieran identificarse. Lo que, a su vez, puede sintetizarse
en la inversión de una célebre frase de Bataille: no es cierto que el
sexo sea una parodia del crimen. Es exactamente al revés: el crimen es
la parodia (impotente) del acto sexual.

Fotograma de 'Jules y Jim', de François Fruffaut.

Fotograma de ‘Jules y Jim’, de François Fruffaut.

El deseo femenino a debate en unas jornadas de cine

XIII Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico
Mujer y Cine: En torno al deseo femenino
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Días 10 y 11 de diciembre

La conquista de derechos por parte de la mujer en Occidente ha traído, como una de sus consecuencias, una mayor libertad sexual. La irrupción de un sujeto femenino libre de ataduras ha provocado un temblor en la denominada sociedad patriarcal, conmovida por este cambio. La tradicional promiscuidad masculina está siendo contestada por la mujeres, igualmente proclives ahora a manifestar su deseo sin cortapisas. De manera que la infidelidad, atribuida generalmente a los hombres, también tiene por protagonista a la mujer.

Fotograma de 'Su juego favorito', de Howard Hawks.

Fotograma de ‘Su juego favorito’, de Howard Hawks.

En igualdad de condiciones, hombres y mujeres se ven ahora entablando relaciones que, pudiendo reflejar el grado de compromiso adquirido, descubren una otra cara menos amable de la que pudiera deparar esa conquista de derechos: nos referimos a la denominada violencia de género o, más explícitamente, violencia sexual. De forma que, en el marco de las sociedades más desarrolladas, emerge la inmanejable diferencia sexual.

Jeanne Moreau en 'Jules y Jim', de François Truffaut

Jeanne Moreau en ‘Jules y Jim’, de François Truffaut

¿Inmanejable? El objetivo de las XIII Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico, que los próximos días 10 y 11 se celebrarán en el Aula de Cultura La Llotgeta, bajo el genérico de Cine y Mujer: En torno al deseo femenino, es abordar ese deseo, ahora que supuestamente mujeres y hombres acceden libremente y en igualdad de condiciones al encuentro sexual. Abordarlo teniendo en cuenta la emergencia de esa inesperada violencia sexual y la diferente manera que hombres y mujeres entienden ese encuentro, ya sea en el marco de la más estricta moralidad o en la más abierta sociedad contemporánea.

Fotograma de La pianista, de Michael Haneke.

Fotograma de La pianista, de Michael Haneke.

Para tan problemático abordaje, se proyectarán tres películas bien diferentes: Su juego favorito, de Howard Hawks, Jules y Jim, de François Truffaut, y La pianista, de Michael Haneke. Películas distintas que permitirán analizar las igualmente distintas posiciones masculinas y femeninas en el siempre difícil encuentro sexual. Organizadas por la Asociación Cultural Trama y Fondo y la Obra Social de Caja Mediterráneo, las jornadas cuentan con la colaboración del IVAC-La Filmoteca, CEU-Universidad Cardenal Herrera, MuVIM, Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) y Makma.

La entrada a las jornadas es gratuita, salvo para aquellos interesados en créditos o certificado de asistencia, en cuyo caso se deberán ingresar 30€ en el número de cuenta que aparece en el díptico informativo, que se podrá encontrar en La Llotgeta (Plaza del Mercado, 4). Para una mayor información: salvatm@telefonica.net o en el teléfono 616859409.

Jeanne Moreau en 'Jules y Jim', de François Truffaut

Jeanne Moreau en ‘Jules y Jim’, de François Truffaut