El Grup Instrumental de València en pazYcomedias

Delete where not like
Concierto del Grup Instrumental de València
Galería pazYcomedias
Plaza del Patriarca, 5, bajo. Valencia
31 de octubre de 2015, 20.30 h.

Este concierto del Grup Instrumental de València, en colaboración con la Galería pazYcomedias, forma parte del ciclo Arts Happens comisariado por Carlota Rodríguez y Rafa Martínez. Un concierto que se formula como una referencia directa a la exposición del artista Ernesto Casero en pazYcomedias, comisariada por José Luis Pérez Pont, presentando una suerte de imágenes paralelas, en este caso sonidos similares, a la reflexión visual: la eugenesia musical. Varias preguntas pues son posibles: ¿existe una vinculación política y social de la cultura en relación a una idea de una sociedad mejor?; esta sociedad resultante y vinculante ¿qué música escucharía?, ¿es la música pues transmisora de valores e ideas?, etc. sin duda un arduo camino musicológico que nosotros no podemos, ni debemos, discutir en este sencillo foro, en este concierto, cuya misión es principalmente entretener, al cual podemos añadir, como misión estimulante, reflexionar in sieme, conjugándolas con las imágenes del artista, sobre la función del arte, sobre la sociedad y sobre sus formas de comunicarse. Podemos, en resumen, vivir la música como un espacio de reflexión, de comunicación y también como entretenimiento.

Ernesto Casero. I am a man, 2015. Lápiz compuesto sobre papel. 70x100 cm. Cortesía galería pazYcomedias.

Ernesto Casero. I am a man, 2015. Lápiz compuesto sobre papel. 70×100 cm. Cortesía galería pazYcomedias.

 

 DELETE WHERE NOT LIKE
Programa:

Jean-Philippe Rameau (Dijon, 1683 – París, 1764) Rigaudon (de Dardanus) (1739) ( 3’)
para violín y violonchelo

Ulysses Kay (Arizona 1917 – New Jersey, 1995) Prelude W14 (1943) ( 3’)
para flauta

Anónimo Lichtenburger Lagerleid (c. 1933) ( 3’)
Joan Cerveró (Arr.)
para ensemble y banda sonora

Igor Stravinsky (1882-1971) Trois Pièces (1918) ( 4′)
para clarinete

Joseph Boulogne L’Amant Anonyme (G 75) / Ouverture ( 4’)
(Chevalier de Saint-Georges, 1745 – 1799) para ensemble

Anthony Braxton (Chicago, Illinois, 1945) Composition No 358 ( 8’)
para ensemble

Ernst Krenek Sonata No. 2 Op.115 (1948) ( 9′)
para violín

Rudi Goguel (Melodía) Börgermoorlied (1933) ( 5’)
Johannes Esser (Texto) para ensemble y banda sonora
Joan Cerveró (Arr.)

Joan Cerveró (Valencia, 1961) Waltz und Tango (1993) de Wozzeck ( 5´)
para ensemble

Joan Cerveró, director/acordeón
José Mª Sáez Ferríz, flauta
José Cerveró, clarinete
Mª Carmen Antequera, violín
Mayte García, violonchelo
Comisarios del ciclo Arts Happens Carlota Rodríguez/Rafael Martínez

Grup Instrumental de València.

El Grup Instrumental de València enfoca así los contenidos del concierto, enunciados en el programa:

En el prefacio del Tratado de Contrapunto del afamado y reverenciado teórico de la música alemana Heinrich Schenker (1868 – 1935) se puede leer: «… el hombre es superior a la mujer, el productor es superior al comerciante o al peón, la cabeza prevalece sobre los pies,…», etc. Esta afirmación, que en nuestros días sería considerada como menos «políticamente incorrecta», es una muestra más de como la idea de orden piramidal, de organicidad y de estructura normativa se ha venido utilizando para justificar y explicar, maliciosamente según nuestra opinión, la supremacía del orden «armónico» de la música frente a todo aquellos que sonase a diferente, alejado de la norma, demonizando con ello la disonancia y la experimentación, es decir la diferencia.

Esta idea de «ideal normativo» , en la cual se ha invertido mucho dinero, tiempo y energía no es ajena a los deseos hegemónicos de las fuerzas políticas y económicas que dominaron (y siguen dominando) nuestro viejo continente europeo e incluso el norteamericano como un fiel reflejo de occidente. Esta fuerzas políticas son las mismas f que anteriormente apoyaron, como un caso extremo, la eliminación de todo lo anormal, lo diferente, lo impuro, apoyándose y justificándose en una locura eugenésica llevada a los extremos del paroxismo ideológico. Y esto que se dio en la sociedad y en la cultura también afecto al arte y, por supuesto, a la música, fiel reflejo de los valores espirituales de los pueblos. Es en el arte sonoro donde los afectos y las emociones se vinculaban más directamente con «el alma del pueblo».

Las piezas que os proponemos escuchar en este concierto tratan todas de un mismo tema, central o lateralmente, todas tienen una relación con la exposición propuesta. Y los comentarios de Schenker apuntados al inicio de estas notas, nos ponen en el camino de nuestras especulaciones. Shenker, quién fue el impulsor teórico e ideológico de una música alemana sobria, consolidada, orgánica, basada en la tradición, asoció de manera tácita la consonancia al orden y a la salud corporal, mientras que la disonancia era representativa de la anormalidad, la deformación y la parálisis. Apoyados en una tradición occidental, (políticamente manipulada), buscaron y apoyaron argumentos para alejar al demonio de la disonancia negando y despreciando a autores que propusieron tolerancia y apertura estilística, como lo fueron en su época Jean-Philippe Rameau (1683 – 1764), posiblemente el músico y teórico francés más importante hasta el siglo XIX, quien en su «Démonstration du principe de l’harmonie» escribió: «… De la sola resonancia del cuerpo sonoro, acaban de ver nacer la armonía, la base fundamental, el modo, sus relaciones en sus adjuntos, el orden o el género diatónico(…) sin hablar del modo menor, ni de la disonancia, siempre emanadas del mismo principio, (…)». La disonancia era parte ya de la música para Rameau y no había pues necesidad de eliminarla, al contrario de adoptarla y tolerarla.

La idea de eliminar lo diferente, (-Delete where not like- es como hemos titulado a nuestra concierto), lo que se aparta del orden (político, económico y social, por supuesto) perduró muchos años tanto a partir de las teorías de Schenker, quien criticaba y deploraba los, según él, experimentos y excentricidades de Schönberg o Stravinski (este último también presentado en este concierto). Se interpretan pues en este concierto obras de autores que de una manera u otra han sido postergados, silenciados, anulados o, en el peor de los casos, aniquilados. Autores que como muy apropiadamente señala Alex Ross en su imprescindible libro El ruido eterno (Seix Barral, 2009) donde sólo se les da una opción: Fuga o muerte. Tal es el caso del checo Ernst Krenek, nacionalizado posteriormente estadounidense, quien tuvo que huir de la alemania nazi de una muerte segura por dos razones, la primera por ser judío y la segunda por haber escrito una ópera que utilizaba técnicas contemporáneas y se apoyaba en el jazz, a lo que habría que añadir que en su obra principal, la ópera Jonny spielt auf («Johnny empieza a tocar», 1926) personaje principal era de color. Debido a esta circunstancia fue incluido en la lista de la llamada Entartete Musik o música degenerada, lista de autores corrompidos que se apartaban de la ortodoxia y que había que prohibir, silenciar o eliminar. Hoy se interpreta en este concierto su exigente y bella Sonata No. 2 Op.115 para violín solo. Como ilustración y acompañamiento también se interpretaran dos obras que pertenecen al imaginario sonoro de los campos de exterminio nazi, donde la música, a pesar de todo fue una válvula de escape y de esperanza para alejarse de una muerte segura.

Dentro de los casos extremos de alienación y eugenesia es posiblemente en los casos de músicos de color donde ha existido una relación más conflictiva, a parte de la barbarie contra el pueblo y los artistas judíos como ya hemos dicho, ya que músicos de color son prácticamente  inexistentes en la música clásica.

La música clásica debido a sus altas necesidades técnicas y económicas ha sido patrimonio de las clases altas y estas siempre han protegido y defendido este atributo de clase (que se ha consolidado a través calificativos alienantes como: «la música culta», » la alta cultura» o términos altamente sectarios que lo único que proponían, y aún proponen, es una utilización de la estética como diferencia, la pertenencia «al grupo de los elegidos». Tres músicos negros son propuestos como punto de referencia de esta reflexión, por una parte el primer compositor cuyas raíces son origen africano, el conocido como «el Mozart negro» Joseph Bologne, Chevalier de Saint-Georges (1745 -1799) nacido en la colonia francesa de Guadalupe.  Los dos compositores que también se presenta en este concierto tienen orígenes e influencias del jazz, aunque cada uno de ellos evolucionó de manera diversa, incluso divergente. Por un lado Ulysses Kay (1917 – 1995)   compositor estadounidense de origen afro-americano que después de estudiar con Luenig y Hindemith optó por un lenguaje neoclasicismo. Su Preludio para flauta es un compendio de recursos técnicos y expresivos que intentan aportar otras visiones de la música sin apartarse de la tradición. Caso contrario es el de Anthony Braxton (1945) quien desde sus orígenes como músico de jazz y como colega y participante en proyectos con grandes nombres de la historia del género como violinista Leroy Jenkins, el trompetista Wadada Leo Smith o en el proyecto de la Association for the Advancement of Creative Musicians, fundada en Chicago. Sus influencias van desde Ornette Coleman, John Coltrane, Paul Desmond o Eric Dolphy hasta  artistas «no de jazz» como John Cage o Karlheinz Stockhausen. De este carismático autor se va a interpretar un fragmento de su obra Composición #358, última de sus composiciones de lo que él titula con el distintivo de Ghost Trance Music. En esta obra se ven reflejadas todas la influencias históricas y estéticas de un periodo que va desde los años 50 a la actualidad, donde convergen el free-jazz, el fluxus, John Cage, la improvisación , la música ritual y la protesta política sobre la opresión estética e ideológica de la música blanca.

Para finalizar el concierto hemos elegido un fragmento de la música de escena de la obra teatral del dramaturgo y médico alemán George Büchner, compuesta por Joan Cerveró (Valencia, 1961) para la producción homónima dirigida por Carles Alfaro en 1993. En esta obra, además de muchos otros dramáticos sucesos se narran, se presentan los experimentos realizados por los médicos con «voluntarios» quienes a cambio de dinero ofrecían sus cuerpos a la experimentación, a estas prácticas antinaturales, donde la persona se convertía en un producto, un medio para conocer los efectos de las drogas y las medicinas para así producir nuevos productos para una futura sociedad mejor (que es el título de esta exposición de Ernesto Casero: Better humans tomorrow!). El dramático y espasmódico vals , donde se inocula la droga al soldado Woyzec y el decadente y despiadado tango que baila este joven soldado cuando asesina a su amante María junto al lago iluminado por la luna, un lago teñido de sangre y locura. Música que nos habla de la vida y vida que nos lleva hacia la música.

Joan Cerveró. Foto: Marino Scandurra.

Joan Cerveró. Foto: Marino Scandurra.

El fantasma ideológico de la pureza

«Better humans tomorrow!», Ernesto Casero
Galería pazYcomedias
Pl. Colegio del Patriarca, 5. bajo-dcha
Comisario: José Luis Pérez Pont
Hasta el 31 de octubre de 2015

De la higiene victoriana al fantasma ideológico de la pureza.

Una vez más, lo que se nos presenta bajo la mística apariencia
de ciencia pura y conocimiento objetivo de la naturalez
en el fondo se revela como ideología política, económica y social.
Richard C. Lewontin

Desde que Charles Darwin publicara en 1859 Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida, título que acortó en la segunda edición, han surgido múltiples defensores de una visión de la naturaleza que implica, por un lado, la competición por la supervivencia constituida como el principal mecanismo de evolución de las especies, y por otro, una visión individualista y jerárquica de las poblaciones en la que los individuos considerados “aptos” acaban eliminando y sustituyendo a los “no aptos”, interpretación que, pese a contradecir datos empíricos como las evidencias del registro fósil o los descubrimientos en genética como los genes Hox, sigue constituyendo el paradigma dominante en Biología.

Uno de los primeros pensadores que aplicó estas ideas a las sociedades humanas fue Francis Galton, primo de Darwin, conocido, entre otras cosas, por acuñar el término eugenesia. Para Galton, como para tantos otros preeminentes hombres de ciencia de la Inglaterra victoriana, era importante que, al igual que los ganaderos seleccionan a sus mejores animales para la cría y la reproducción, en las sociedades humanas se siguieran mecanismos de selección similares, para así conseguir sociedades cada vez más perfectas. Otro influyente pensador de la época, Herbert Spencer, autor de la expresión la supervivencia del más apto, abogaba por la supresión de los servicios públicos, como atención médica, educación o subsidios a los desfavorecidos, puesto que para él estas medidas constituían un obstáculo para que la selección natural eliminara a los individuos “no aptos”, contribuyendo así a una progresiva degeneración de la especie en las sociedades occidentales, lo que para Spencer las llevaría inevitablemente hasta su colapso.

Ideas como éstas y derivaciones más radicales, basadas en un supuesto cientifismo pero cargadas de ideología, y en las que bajo una pátina de argumentos pretendidamente biológicos se perseguían objetivos basados en la productividad y el mantenimiento del statu quo, saltaron rápidamente al continente europeo y a Norteamérica. En el primer tercio del siglo XX, y financiadas por fortunas como las de los Carnegie, Rockefeller, Harriman o Kellogg, surgieron en Estados Unidos diversas organizaciones para la promoción de medidas eugenésicas, constituyendo importantes grupos de presión que conducirían a la implementación de leyes de esterilización forzosa en diversos estados. Más de 60.000 personas fueron esterilizadas en este país por ser consideradas portadoras de “rasgos genéticos indeseables”, entre las que se incluían a los llamados “débiles mentales”, delincuentes, inmigrantes y mujeres de etnias minoritarias como los nativos americanos, hispanos o afroamericanos, principalmente. Similares programas de esterilización forzosa fueron llevados a cabo en países como Dinamarca, Islandia, Noruega o Suiza; en algunos, como Canadá o Suecia, estas prácticas se mantuvieron hasta los años 70.

Ernesto Casero, ''Better humans tomorrow!". Cortesía Galería pazYcomedias.

Ernesto Casero, »Better humans tomorrow!». Cortesía Galería pazYcomedias. Foto: Juan Peiró.

La eugenesia como movimiento no sólo abogaba por la mayor tasa de reproducción de los individuos considerados más aptos (eugenesia positiva) o la esterilización de los considerados menos aptos (eugenesia negativa), sino que constituía un conjunto de prácticas relativas a la conducta sexual, la alimentación, la salud, la llamada “higiene racial” y, en definitiva, la implementación de los códigos morales y sociales del pensamiento puritano anglosajón. Constituyó un movimiento del patriciado orientado a evitar la disolución de los valores morales y la estructura social que los legitimaba, patriarcal y racista, amparándose en argumentaciones pseudocientíficas para proveer de una explicación de tintes biológicos a cuestiones de estructura social, como la delincuencia, la pobreza o la segregación racial. Para los eugenistas las personas que ocupaban los puestos más bajos de la pirámide social se encontraban en esa situación porque eran biológicamente inferiores, la estructura social únicamente reflejaba la realidad genética, y para evitar la degeneración de la especie humana la eugenesia proveía de un conjunto de técnicas y medidas gubernamentales orientadas a la mejora del pool genético.

Parte de estas ideas racistas, sexistas, clasistas y discriminatorias han serpenteado a lo largo del siglo XX y han llegado, si bien transformadas en muchos casos en la forma aunque no en el fondo, hasta nuestros días. El determinismo genético o la perspectiva racial del CI continúan siendo caballo de batalla de ideólogos conservadores en todo el mundo, y la utilización mercantilista de la ingeniería genética, producto de una visión utilitarista de la naturaleza, constituye no sólo una importante amenaza a la biodiversidad sino a nuestra propia supervivencia como especie. Un creciente número de científicos reclaman un cambio de paradigma en biología que sea respetuoso no sólo con los seres humanos sino con nuestro planeta, desechando planteamientos simplistas y reduccionistas e integrando los conocimientos de la paleontología, la genética, la biología molecular y la microbiología en un sistema coherente basado en la investigación empírica, no en pre-conceptos e ideologías propios de épocas pasadas, como, por ejemplo, el fantasma ideológico de la pureza.

Durante el siglo pasado, la organización social de las condiciones normativas tendía a situar la pureza en el punto álgido de los valores culturales, permaneciendo así la contaminación en el último eslabón o incluso, en ocasiones, en el eslabón perdido. Esta concepción jerárquica de los valores culturales en torno a la pureza es, en parte, consecuencia de las categorías /trascendentes/ de pureza y contaminación, Dios y la Naturaleza.

En los códigos primarios, la pureza es una subcategoría positiva asociada a la legitimidad, bondad y autoridad, por tanto una categoría asociada un ser supremo. Aunque inalcanzable para el ser humano, éste debe esmerarse por aproximarse a la categoría máxima, estando así, cada vez más cerca de la perfección y la eficiencia. Esto es, presentándose como un abanderado fenomenológico del fantasma ideológico de la pureza.

Muestra del conjunto de obras de la exposición ''Better humans tomorrow!" del artista Ernesto Casero. Cortesía del artista.

Ernesto Casero, »Better humans tomorrow!». Cortesía Galería pazYcomedias. Foto: Juan Peiró.

La obsesión que muestra la sociedad, en el contexto occidental, por la pureza, en términos de limpieza, de desinfección, por lo impoluto, deriva, dicho a modo muy rápido y general, no únicamente de los códigos primarios, sino también de acontecimientos históricos como la revolución industrial. Los hacinamientos de los trabajadores en las ciudades, junto con la falta de recursos, dieron lugar a grandes plagas, al miedo a caer enfermo, al peligro del contagio, y a la necesidad de buscar un remedio para estos riesgos y plagas, lo que supuso para el capitalismo la oportunidad de apropiarse de los remedios, y así explotar los nuevos conocimientos.1 En la búsqueda de soluciones para las grandes epidemias, empezó una lucha contra los gérmenes, una lucha por la desinfección. Comenzó a articularse una lucha por el anhelo del cuerpo desinfectado, íntimamente ligado a las condiciones materiales de los primeros años del capitalismo. Esta lucha, alcanzó su clímax en la época victoriana, con el desarrollo de lo que el colectivo artístico Critical Art Ensemble llaman una disciplina de lo doméstico, una disciplina articulada que genera necesidad y garantía de que los valores patriarcales no serán disueltos, generando una necesidad de la desinfección surge también la necesidad por los productos que la pueden llevar a cabo, los productos de limpieza, unos productos que, por tanto, se vuelven deseables. Por lo que este deseo, como apunta el colectivo, no supone simplemente algo funcional, sino que acontece a modo de neutralizador de la ansiedad provocada por unas biopolíticas hiper-reales.

 Lo que nos interesa retomar de los trabajos desarrollados por el colectivo, junto con profesionales de distintas áreas de conocimiento, entre ellos biólogos, es exponer cómo el miedo y el peligro se llevaron, intencionalmente, al extremo por intereses económicos y de poder, puesto que esta lucha contra los gérmenes suponía, y supone, grandes beneficios para el capitalismo, así como supuso su posterior institucionalización.

Es de especial interés para abordar cuestiones relacionadas a la pureza como valor que debe guiar la existencia, prestar atención a las dos últimas décadas del siglo XIX en las que tanto médicos como científicos identificaron que uno de los focos de enfermedad, los gérmenes, podía residir en el polvo. La conocida empresa Bissell, activa en la actualidad, ofreció entonces una primera solución: las limpiadoras de vapor, un producto que aseguraba la limpieza total, un producto que surge de la lucha contra los gérmenes. Esta intensa lucha, y la aparición de productos para facilitarnos la victoria, convirtió a la higiene en un asunto social, doméstico y personal, lo que generaba, a su vez, el correspondiente miedo a fracasar y caer enfermo. Por tanto, los fabricantes vieron cuan beneficiosa resultaba la bioparanoia: “the great the fear, the better for the household sanitation and disinfectant industries.” Por tanto, la empresa feroz por la pureza ya no permanecía en el desarrollo de los marcos teóricos de ideólogos del capitalismo, sino que se asentaba directamente en la cotidianidad, convirtiendo la lucha contra lo impuro en el emblema de la victoria del fantasma ideológico de la pureza.

Estas estrategias nos enfrentan al constructo de un cuerpo desinfectado de un cuerpo desinfectado, puro, que forma parte de nuestro ideario social, pero que, paradójicamente, es imposible, es un cuerpo inalcanzable, tomando la potencialidad de la metáfora del cuerpo desinfectado en relación a las tesis eugenésicas. No puede existir un cuerpo desinfectado porque sin gérmenes moriríamos, los necesitamos para desarrollar múltiples funciones, y aunque muchos resultan peligrosos para nuestra salud, con otros co-existimos en una relación simbiótica. Pero en cambio, nos dedicamos a fulminar a todas esas bacterias que la publicidad nos ha mostrado como potencialmente peligrosas, ofreciéndonos, a su vez, la solución para acabar con ellas, el producto mediante el cual conseguir un cuerpo desinfectado. Esta búsqueda por la desinfección genera una relación histérica con las bacterias, y también unos beneficios para la industria. Unos beneficios que provienen del constructo artificial del sentirse seguro frente a estos enemigos. De asumir que un cuerpo desinfectado es la única garantía para mantenerse a salvo, la empresa fracasada para combatir una bioparanoia diseñada con un cuerpo ideal imposible, reduciendo la condición humana al ámbito de la biología, fomentando que vivamos bajo la amenaza constante de aquellos impuros que pueden alterar nuestro índice de pureza, y por tanto, legitimando que deban ser erradicados o modificados hasta encontrarse dentro de los parámetros establecidos de pureza y contaminación, promocionando la necesidad de pureza como promoción del bien común.

En el contexto contemporáneo, un contexto híbrido, son diversas las voces que, desde distintos ámbitos del conocimiento, proponen la necesidad de abrir un espacio de reflexión colectiva sobre la necesidad de combatir el paradigma mecanicista-reduccionista del determinismo biológico pasando a una concepción dialéctica que problematiza con una perspectiva utilitarista tanto de los seres humanos como de la naturaleza y el resto de especies con las que convivimos, ya que entendemos que las posibilidades que nos brindan las biotecnologías han evidenciado una concepción errónea de las mismas: confundir el uso de la tecnología como extensión de las facultades humanas, para re-pensarnos, con una voluntad correctiva que no deje margen al error. La obsesión por la corrección y restauración, por la determinación, significa desterrar la incertidumbre en favor de la búsqueda de una certeza, pero esta búsqueda de la certeza no parece ajustarse demasiado a nuestro contexto contemporáneo, cambiante y lleno de incógnitas, donde los seres humanos somos los primeros que navegamos por una existencia dicotómica. Por tanto, si cedemos a la voluntad por corregir toda perturbación, si cedemos al determinismo biológico, entonces deberemos aceptar que en el camino hacia la búsqueda de la certeza absoluta, probablemente perdamos parcelas de libertad, fortaleciendo las bases de un fantasma ideológico que articula las narrativas hegemónicas, que parten de concepciones jerárquicas de los valores culturales y establecen las bases de argumentaciones racistas, sexistas, clasistas y especistas. En contraposición, biólogos, teóricos y artistas apuestan por una concepción dialógica y transversal que aúne todos los conocimientos recabados y que sirva como herramienta para seguir abordando la complejidad de los sistemas desde la integración del error como posibilidad de apertura.

Ernesto Casero / Laura Benítez

___
1Para más detalle sobre los diferentes remedios adoptados en las epidemias europeas de la época industrial véase Critical Art Ensemble, “Bioparanoia and the Culture of Control”, 415.

Ernesto Casero aborda el «racismo científico»

Ernesto Casero. «Better humans tomorrow!»
Galería pazYcomedias
Plaza del Patriarca, 5. Valencia
Inauguración: 18 de septiembre, 20 h.
Hasta el 31 de octubre de 2015

Ernesto Casero presenta en la galería pazYcomedias de Valencia su último proyecto, bajo el título Better humans tomorrow!, en el que por medio del dibujo realiza un acercamiento a la historia del determinismo biológico y sus ramificaciones, como la eugenesia o el racismo científico. La exposición se estructura en varios grupos de dibujos, basados en imágenes publicitarias de sociedades eugenésicas de principios del siglo XX, ilustraciones de manuales de conducta conyugal, propaganda relativa a la higiene social y otro tipo de imágenes relacionadas con la influencia de ciertos argumentos que, desde la biología, persiguen disciplinar a las sociedades en base a los códigos éticos de las clases dominantes.

Ernesto Casero. Better humans tomorrow!, 2015. Cortesía Galería pazYcomedias.

Ernesto Casero. Better humans tomorrow!, 2015. Cortesía Galería pazYcomedias.

Las piezas, ejecutadas a lápiz compuesto sobre papel, se constituyen como una serie de notas a pie de página sobre la historia del determinismo biológico, el cual, para Stephen Jay Gould   “(…) consiste en afirmar que tanto las normas de conducta compartidas como  las diferencias sociales y económicas que existen entre los grupos -básicamente, diferencias de raza, de clase y de sexo-  derivan de ciertas distinciones heredadas, innatas, y que, en este sentido, la sociedad constituye un reflejo fiel de la biología.” El argumento central, como apunta Gould, es que si hay grupos sociales desfavorecidos es debido únicamente a su propia inferioridad biológica: ya sean mujeres, pobres o miembros de otras razas, su situación de inferioridad social o económica no es más que la expresión de su propia constitución genética. Basándose en estos presupuestos, desde finales del siglo XIX hasta nuestros días hemos asistido a una continua sucesión de argumentaciones que han modelado nuestra percepción de la sociedad, en base a criterios pretendidamente científicos, e influyendo decisivamente en las políticas estatales, en ocasiones llegando a campañas de esterilización de inmigrantes, criminales y enfermos mentales como en el caso de los países escandinavos, Estados Unidos o Suiza, entre otros. Better humans tomorrow! traza un recorrido visual por algunas de las expresiones gráficas de estas ideas a lo largo del siglo XX, no de una manera exhaustiva, sino como una toma de contacto con sus protagonistas principales y su imaginería característica.

Ernesto Casero. Internationale hygiene, 2015. Cortesía Galería pazYcomedias.

Ernesto Casero. Internationale hygiene, 2015. Cortesía Galería pazYcomedias.

Este proyecto forma parte del programa sobre cuestionamiento y actitud crítica en el arte comisariado por José Luis Pérez Pont para pazYcomedias, por el que ya han pasado los artistas Yara El-Sherbini (artista participante en la Bienal de Venecia 2015), Isidro López-Aparicio, Isidoro Valcárcel Medina (Premio Nacional de Bellas Artes), Fermín Jiménez Landa y Escif. Tras esta exposición prosigue la programación con Rogelio López Cuenca, Antoni Abad y Nuria Güell, entre otros.

Ernesto Casero. All animals are equal, 2015. Cortesía Galería pazYcomedias.

Ernesto Casero. All animals are equal, 2015. Cortesía Galería pazYcomedias.

Ernesto Casero (Valencia, 1977) es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia. Su trabajo ha evolucionado desde cuestiones relacionadas con la percepción visual y la representación bidimensional hasta los trabajos de los últimos años en los que se centra en cuestiones relacionadas con la Biología. Su trabajo se ha mostrado en ferias como Just Mad, Drawing Now, Pinta London o Art Paris.

Entre sus exposiciones individuales destaca Híbridos (2011), Centre d´Art Contemporain de Perpignan ACMCM, Francia; Plastiliniasis (2010), Galerie Metropolis , París; Pandemia (2010), Magatzems wall&video , Valencia y No todo lo que reluce alumbra (2009), Galeria pazYcomedias, Valencia.

Ha sido becado por el Ministerio de Cultura (Colegio de España en París) y por la Generalitat Valenciana, y su obra se encuentra en las colecciones de la UNED, la UPV y DKV Seguros, así como en diversas colecciones públicas y privadas de Francia y España.