La destrucción de la memoria de Endika Basaguren

‘Borrar las huellas de la memoria’, de Endika Basaguren
Art Room (Espacio Experimental)
Sta María 15, Madrid
Del 5 al 26 de julio de 2018
Inauguración y performance: viernes 5 de julio de 2018 a las 20:00

La performance de Endika Basaguren “Borrar las huellas de la memoria” recala en Art Room (Espacio Experimental) como punto de destino de un largo viaje, después de haberse presentado en lugares como Bilbao, Galeria Arte Extremo (Lisboa), Culturgal (feria de las industrias culturales gallegas), Espazo de Arte Contemporánea (Pontevedra), el festival internacional de performance Latitudes (Sta cruz de la Sierra, Bolivia), y el festival internacional Itinerant (Nueva York). De este modo, Endika ofrece la oportunidad de disfrutar en directo su performance ‘Borrar las huellas de la memoria’, pieza indispensable para entender su último trabajo de nombre homónimo, que presenta en Madrid.

Becado para su realización por la Diputación Foral de Bizkaia, ‘Borrar las huellas de la memoria’ se trata del trabajo más íntimo y personal del artista bilbaíno. Si Henry Michaux solía definir al artista como aquel que se resiste de manera absoluta al impulso de no dejar huellas, nunca como hoy la fiebre por dibujar un rastro ha marcado tanto la cultura.

Imagen de una de las acciones de Endika Basaren. Fotografía cortesía del artista.

Imagen de una de las acciones de Endika Basaren. Fotografía cortesía del artista.

Allí están Facebook o Instagram y su respectiva obsesión por dejar una señal capaz de probar cualquier experiencia. Facebook resulta una mezcla del sueño de Beuys (todos somos artistas) con la actitud de Oscar Wilde (todo es susceptible de ser arte) . Tal vez ahora lo más inquietante se juegue en la negativa a dejar rastro, con el artista convertido en un borrador de pistas.

“Mi propuesta es precisamente la de actuar como borrador, como destructor de mi propia obra y pasado, para que esa acción genere una nueva obra que defina lo que soy. Lo cierto es que los artistas siempre han tenido una pulsión destructiva que complementa la creativa. Para crear algo nuevo hay que destruir lo que había previamente. El arte avanzado es la destrucción de lo anterior”.

Rauschenberg es el gran ejemplo de que se puede crear destruyendo. Con ‘Erased de Kooning’ realizó la primera obra que surgía de la destrucción de otra pieza consagrada en el mundo del arte. Una creación por eliminación y no por adición. Una serie de artistas trabajaron después de forma similar: El grupo Fluxus, Wolf Vostell y sus decollage o la artista contemporánea Valerie Hegarty.

“Todas las acciones destructivas de estos artistas se han realizado para romper con el arte del pasado, reflexionar sobre la historia del arte, pero en mi caso esa ruptura es con mi propia obra y con mi propia historia. En esta línea, he destruido buena parte de mi trabajo; obra realizada durante aproximadamente 6 años, que siempre he mantenido oculta, quizás como negación de lo que en ese momento fui. Se trata de una etapa/obra con la que no me identifico debido a la falta de consciencia y lucidez a la hora de ejecutarla”.

Imagen del políptico 'Per-ma-ne-cer', de Endika Basaguren. Fotografía cortesía del artista.

Imagen del políptico ‘Per-ma-ne-cer’, de Endika Basaguren. Fotografía cortesía del artista.

Las últimas piezas que quedan de aquella etapa son las que se destruirán en la performance que se realizará en Art Room, siendo que algunas estuvieron aquí expuestas en el año 2006. De esta acción y de la destrucción de las últimas piezas se creará una serie de obras exclusivas y firmadas en directo para los asistentes.

La última exposición puramente pictórica que realizó Endika Basaguren fue precisamente la primera individual que hubo materializado en la entonces llamada galería Catarsis (Investigación y Arte). Es por ello que la destrucción en este espacio de esos últimos vestigios pictóricos que le atormentan cierra un ciclo artístico para el artista, invitando al visitante a participar de esa catarsis creativa tan íntima.

Imagen de una de las acciones de Endika Basaren. Fotografía cortesía del artista.

Imagen de una de las acciones de Endika Basaren. Fotografía cortesía del artista.

 

Manipulando el odio y la guerra

Diego del Pozo y Estefanía Martín Sáenz
Ganadores de la XIII Bienal Martínez Guerricabeitia
La Nau de la Universitat de València

La Bienal Martínez Guerricabeitia de la Universitat de València llevaba este año por lema Manipulación y supersticiones. Es una forma de proponer la reflexión en torno a ciertos temas de indudable interés mediante el arte. Diego del Pozo y Estefanía Martín Sáenz han sido los ganadores de la XIII edición, sacándole partido a la propuesta con sendas obras muy sugerentes. El simple título de las piezas avanza el contenido y adivina sus posibilidades: Deconstruyendo el odio, por parte del primero, y Los cuervos que adoraban a la mujer, por parte de la segunda. Ambas obras toman la violencia, su poderosa energía destructiva, proponiendo un ejercicio de desmantelamiento o desactivación progresiva de la misma.

Estefanía Martín lo hace mediante técnica mixta sobre tela estampada. Y se nutre de Morrigan, antigua diosa celta de la guerra, a la que dota de otros poderes inversos al de la destrucción. “Lo que hago es manipular el estampado, de manera que se repiten ciertos patrones, nunca mejor dicho, para que se produzcan fallos en la tela a la hora de visibilizar algunos elementos”. Así, Morrigan, que tenía el poder de convertirse en cuervo, lejos de utilizar ese poder para generar el mal, se transforma en la obra de Martín Sáenz en dadora de parabienes.

“Concede el don de la desaparición, para que se crea que la mala suerte no existe, aunque siga ahí”, explica la artista. Ese juego entre elementos que remiten al acto destructivo y esos otros que reivindican la creación atraviesa la obra de la premiada. “Las supersticiones me encantan”, dice, en tanto le permiten recrear esa mala suerte que le parece igualmente atractiva desde el punto de vista creativo. El crítico Óscar Alonso Molina fue quien propuso su obra para la Bienal de este año: “Te va como anillo al dedo”, cuenta que le dijo. Y Los cuervos que adoraban a la mujer le han dado la razón.

Deconstruyendo el odio, de Diego del Pozo.

Deconstruyendo el odio, de Diego del Pozo. Imagen cortesía de la Bienal Martínez Guerricabeitia.

Diego del Pozo se aleja del mito para centrarse en la más rabiosa actualidad. “Tomo la final de Roland Garros de 2013, que ganó Rafa Nadal, y en la que saltó un hombre con una antorcha y paralizó la final”. El hombre, explica el artista de Valladolid propuesto para la Bienal por la Galería Adora Calvo de Salamanca, formaba parte de uno de los grupos que luchaban contra la homofobia cuando en Francia se aprobó la regularización del matrimonio homosexual. En su obra, Deconstruyendo el odio, monta tres secuencias de fotografías y dibujos en lo que el artista llama un “ejercicio de señalamiento y de reversión”.

Lo que señala es “la economía de los afectos que el capitalismo trata de invisibilizar”, cargando las tintas del odio sobre algunos grupos como los inmigrantes o los propios homosexuales, objeto de los disturbios que provocó el espontáneo en Roland Garros. Y la reversión que Diego del Pozo practica es la de transformar toda esa violencia en encuentro afectivo. En la primera secuencia, pone en relación el salto a la pista de tenis con una estatua de Arno Breker, favorito de Hitler. En la segunda, confronta la captura del espontáneo con la serie de dibujos que terminan en un grabado del siglo XVIII. Y, por último, liga la evacuación del agitador con el encuentro reposado de un grupo de hombres a dibujo.

“El capitalismo produce y regula las emociones, que tienden a relacionarse con lo privado y lo psicológico, y no con lo público”, señala Del Pozo, que en su obra visibiliza esas emociones. Lo hace mostrando primero su carácter desestabilizador, para después generar una cierta catarsis. En cualquiera de los casos, tanto Estefanía Martín como Diego del Pozo acreditan su pericia para revelar las contradicciones de esas manipulaciones objeto de XIII Bienal Martínez Guerricabeitia.

Ver noticia en ARTS de El Mundo Comunidad Valenciana

Los cuervos que adoraban a la mujer, de Estefanía Martín Sáenz. Imagen cortesía de la Bienal Martínez Guerricabeitia.

Los cuervos que adoraban a la mujer, de Estefanía Martín Sáenz. Imagen cortesía de la Bienal Martínez Guerricabeitia.

Salva Torres

Huella de la piqueta

La Valencia desaparecida, de Ángel Martínez y Andrés Giménez
Editorial Temporae

Ángel Martínez y Andrés Giménez, Martínez & Giménez, forman un tándem peculiar. Con una diferencia de 17 años y distintas procedencias, comparten una afición común, la de arqueólogos urbanos, que les ha llevado estos últimos años a acopiar numerosa e interesante información sobre la evolución de la fachada de Valencia a lo largo de las últimas décadas. Buceando en los archivos y paseando por las calles, establecen comparativas visuales entre lo que hubo y lo que hay desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico. Así, cual implacables notarios dan fe de una historia de derrumbe y destrucción que ha arrasado gran parte del patrimonio histórico casi siempre en aras de intereses privados.

Primero fue el blog La Valencia desaparecida, nacido en abril de 2011, y tres años después un primer libro al que se acaba de sumar, dos años más tarde,  la continuación de La Valencia desaparecida editada también por Temporae. En ella se incluyen 106  fotos antiguas y otras tantas actuales que permiten establecer una comparación entre los que hubo y lo que hay.  “En todas las comparativas ha desaparecido algo, o un edificio o todo el espacio visual”, señalan los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 1923. Imagen cortesía de los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 1923. Imagen cortesía de los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 2015. Imagen cortesía de los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 2015. Imagen cortesía de los autores.

¿Con esta segunda entrega ya está agotado el tema?

El tema es inagotable por definición. Existen grandes posibilidades de que se convierta en una trilogía. Material hay de sobra, dependerá en gran medida de si la segunda parte tiene tan buena acogida cono lo tuvo la primera. Ganas y energía no nos faltan.

¿Cuáles son las desapariciones más ‘desafortunadas’ que han reseñado en esta segunda entrega?

Es algo opinable y muy subjetivo. Podríamos citar la desaparición del antiguo edificio del Club Náutico de Javier Goerlich, del Palacio de Nieulant en lo que hoy es la calle del Marqués de Dos Aguas, de el Gran Teatro (posteriormente cine Rex), de la casa Palacio Oroval en la calle de Colón con Sorní, del Portal Nou en la plaza del mismo nombre, o de muchas e históricas masías, alquerías y barracas…

¿Cuáles fueron los años de mayor intensidad destructiva? ¿Izquierda y derecha comparten el amor a la piqueta?

Los años del desarrollismo urbano, principalmente en las décadas de los  60 y 70, quizás fueran los peores, aunque en Valencia no se ha dejado pasar una década sin dañar el Patrimonio Urbano. Históricamente, la llamada derecha ha estado en el poder la mayoría absoluta del tiempo, por lo que poco comparativa puede hacerse. En todo caso es una cruz que nos tememos vaya incluso más allá de opciones políticas, aunque ello no quita que ese afán destructor pueda estar más desarrollado en aquellas opciones que ven a la ciudad como el campo de batalla en donde se ejercitan los intereses económicos privados por encima de los intereses del conjunto de la ciudadanía.

Club Náutico, 1930. Imagen cortesía de los autores.

Club Náutico, 1930. Imagen cortesía de los autores.

Lugar del Club Náutico, en 2015. Imagen cortesía de los autores.

Lugar del Club Náutico, en 2015. Imagen cortesía de los autores.

¿Existe hoy día un adecuado nivel de protección del patrimonio y de la memoria colectiva?

Empieza a desarrollarse y a aumentar aunque todavía estamos muy lejos de los niveles de protección y concienciación que se dan, no sólo en gran parte de otras grandes ciudades europeas, sino incluso en muchas españolas. Debería constituir un reto para los actuales nuevos gobernantes de nuestra ciudad.

¿Cómo contribuyen sus libros y el foro Remember Valencia a valorar lo nuestro?

Quisiéramos poner nuestro granito de arena en ese aspecto aunque nos tememos que ese granito es demasiado pequeño. En nuestro primer libro intentamos poner en valor algunos espacios de Valencia que hoy, apenas un par de años después han desaparecido. Un ejemplo es el bajo situado en el número 19 de la calle de la Paz. Se trata de un local cuyos propietarios recuperaron el nombre de histórico, Café Ideal Room, pero destruyendo las vidrieras y todo el interior que habían permanecido prácticamente intactos durante más de cien años.

¿Por qué que los valencianos somos tan propensos a apuntarnos a las nuevas modas y barrer con el pasado?

Los valencianos somos amantes de lo moderno y tendemos a despreciar lo antiguo, de hecho algunas de nuestras tradiciones y fiestas son herederas de ese afán. Quizás esa bonita costumbre de quemar lo antiguo tan propia de las noches de San José y San Juan la hemos llevado demasiado lejos y la aplicamos en nuestro día a día de forma excesiva. Como ejemplo la demolición del Ayuntamiento de la Avenida de Aragón.

Portada de 'La Valencia desaparecida 2', de Ángel Martínez y Andrés Giménez.  Editorial Temporae.

Portada de ‘La Valencia desaparecida 2′, de Ángel Martínez y Andrés Giménez. Editorial Temporae.

Bel Carrasco

Nueva instalación de JR en el Cabanyal

Inside Out Project, instalación urbana de JR
Stop, we are here, de Rosi Moreno
Barrrio del Cabanyal-Canyamelar. Valencia

Una nueva instalación urbana de JR preside las paredes de numerosas fachadas y medianeras del barrio del Cabanyal, la cual forma parte de su proyecto ‘Inside Out Project’. Su título: ‘Stop, we are here’. El proyecto ha sido realizado por Rosi Moreno, que ha fotografiado a vecinos y vecinas del barrio, de todas las edades.

Instalación urbana de JR en el Cabanyal, a partir de fotografías de Rosi Moreno. Plataforma Salvem el Cabanyal.

Instalación urbana de JR en el Cabanyal, a partir de fotografías de Rosi Moreno. Plataforma Salvem el Cabanyal.

La instalación urbana consta de 24 fotografías que han sido instaladas en un recorrido que se puede seguir desde una medianera de la calle San Pedro hasta el final de la Travesía de Pescadores, sobre los muros de la antigua Fábrica de Hielo. Las fotografías han sido instaladas con los permisos correspondientes firmados por los propietarios de los distintos edificios y viviendas del barrio.

Momento de la colocación del proyecto urbano de JR, a partir de fotografías de Rosi Moreno. Plataforma Salvem el Cabanyal.

Momento de la colocación del proyecto urbano de JR, a partir de fotografías de Rosi Moreno. Plataforma Salvem el Cabanyal.

La Plataforma Salvem el Cabanyal confía que este proyecto urbano permanezca en su lugar sin ser violentado. No puede dejar de mencionar cómo el anterior proyecto de JR, ‘Life in the hole’, realizado por el fotógrafo Jorge López, “fue brutalmente destruido con total impunidad por las brigadas de limpieza del Ayuntamiento, ante la atónita mirada del autor y bajo la supervisión de  la policía local, minutos antes de la anunciada visita al paseo marítimo de la alcaldesa Rita Barberá”.

Según esta misma Plataforma, se trata de “un daño irreparable que queda muy claro, según fuentes jurídicas consultadas, que se pudiera destruir de  esa forma brutal y ante su creador, atentando contra los derechos morales del artista sobre su obra”.

http://www.cabanyal.com/nou/2015/05/09/stop-we-are-here/?lang=es

Instalación urbana de JR en el Cabanyal.

Instalación urbana de JR en el Cabanyal, a partir de fotografías de Rosi Moreno. Plataforma Salvem el Cabanyal.

Buñuel, la imposible relación sexual

Él, de Luis Buñuel
Básicos de la Filmoteca
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 19 de febrero, a las 19.00h

Luis Buñuel dirige en 1929 con Salvador Dalí su primera película, ‘Un perro andaluz’ que, junto a ‘La edad de Oro’ (1932), representa al movimiento vanguardista surrealista. En ‘Un perro andaluz’ está recogido uno de los planos más estremecedores de la historia del cine: aquél en el que una mano de hombre corta con una navaja de afeitar un ojo femenino.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

En 1977, Luis Buñuel rueda su última película, ‘Ese oscuro objeto del deseo’. Un film que termina con otro potente primer plano de una mano de mujer zurciendo el desgarro de un encaje ensangrentado, un instante antes de que la explosión de una bomba ponga fin a la historia. “Es el último plano que yo he rodado, me conmueve (…)”, declaró Buñuel.

Fotograma de 'Ese oscuro objeto del deseo', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Ese oscuro objeto del deseo’, de Luis Buñuel.

Estos dos planos condensan y connotan la filmografía de Luis Buñuel. El primero nos remite al ‘cine-navaja’, que desgarra la mirada del espectador a través de la escritura surrealista que atraviesa la obra del realizador de Calanda. Y el segundo hilvana metafóricamente ese oscuro objeto femenino de deseo que arrebata el universo fílmico del director.

Surrealismo y pulsión

Luis Buñuel quedó fascinado con el movimiento surrealista desde que lo descubre en su primer viaje a París (1929-31). “Por primera vez en mi vida, había encontrado una moral coherente y estricta, sin una falla. Por supuesto, aquella moral surrealista, agresiva y clarividente solía ser contraria a la moral corriente, que nos parecía abominable, pues nosotros rechazábamos en bloque los valores convencionales. Nuestra moral se apoyaba en otros criterios, exaltaba la pasión, la mixtificación, el insulto, la risa malévola, la atracción de las simas”.

Si las proclamas del surrealismo en torno a esa total libertad, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, prendaron a Buñuel, su cine cautivó igualmente al líder y pensador del movimiento surrealista, André Breton: “El genio de Buñuel siempre me ha parecido que radicaba en lo que exaltado y exasperado hasta el límite tiene en él el conflicto entre el instinto sexual y el instinto de muerte”.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

El cine de Luis Buñuel está, de hecho, surcado por esa mirada surrealista y atravesado por cierta pulsión. Una pulsión que proviene de esa visión surrealista que está más allá de cualquier límite. Y, como señala el catedrático Jesús González Requena, un surrealismo abocado a la representación favorable “de toda manifestación pulsional, primaria, violenta y destructiva”. Representación pulsional que sólo puede conducir “a la aniquilación inevitable, en un solo y único movimiento, de la cultura, del sujeto y del deseo”. Porque la pulsión refleja la violencia que nos habita como sujetos, al no querer saber nada del límite de la represión.

Para corroborar esta idea sólo hay que leer las palabras de André Bretón y Luis Buñuel recogidas en la biografía del director, ‘Mi último suspiro’: “Decía Breton, por ejemplo, que el gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar a la gente. Por lo que a mí respecta, no olvido haber escrito que ‘Un chien andalou’ no era si no un llamamiento al asesinato”.  Y Buñuel agrega: “El símbolo del terrorismo, inevitable en nuestro siglo, siempre me ha atraído; pero del terrorismo total cuyo objetivo es la destrucción de toda sociedad, es decir, de toda especie humana”.

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Así pues, el cine de Luis Buñuel, influenciado por el pensamiento surrealista, como señala González Requena, “no ve en la civilización otra cosa que el sistema de mascaras hipócritas con las que se reprime y somete el deseo del individuo hasta la aniquilación total de su libertad. Y, por eso, en la medida en que hace de la liberación absoluta de su deseo su bandera, proclama su rechazo a toda restricción, a toda represión”.

Por tanto, podríamos pensar que en el cine de Luis Buñuel no hay límite a la satisfacción de los deseos de los personajes. En cambio, como comenta el propio director, la estructura de su cine conlleva “la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo. En ‘La edad de oro’, una pareja quiere unirse sin conseguirlo. En ‘Ese oscuro objeto de deseo’, se trata del deseo sexual de un hombre en trance de envejecimiento, que nunca se satisface”. A estas dos películas que cita el director podemos añadir ‘Un perro andaluz’ (1929), ‘Susana’ (1950), “Él” (1952) –la película que se presenta este jueves en Básicos de la Filmoteca- y ‘Ensayo de un crimen’ (1955).

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Las palabras de Luis Buñuel reflejan una curiosa paradoja y abren una inquietante pregunta: ¿Cómo es posible que un universo narrativo cuyo sentido tutor está habitado por las premisas surrealistas de libertad total, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, los personajes se hallen ante la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo, como que una pareja pueda consumar la relación sexual?

¿No será porque en el cine de Luis Buñuel el deseo no moviliza a los sujetos, sino la pulsión, como muy bien alabó André Breton cuando habló del genio de Buñuel?

Como subraya González Requena: “Si la represión de la pulsión es la condición de la civilización, no por ello el concepto de represión debe ser concebido como antagónico con el deseo. Por lo contrario: la represión no es lo opuesto al deseo, sino su condición; es la represión de la pulsión lo que determina la configuración del deseo, no menos que del inconsciente”.

Razón por la cual, la cámara de Luis Buñuel, que graba a nivel del inconsciente surrealista, sin represiones, ni límites, termina finalmente narrando historias donde el encuentro sexual se torna imposible.

Fotograma de la película 'Él', de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Fotograma de la película ‘Él’, de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Begoña Siles

Hugo Martínez-Tormo. Arde, dispara, golpea

Hugo Martínez-Tormo. Interlinks
Sala de Exposiciones del edificio Rectorado y Consejo Social del campus de Elche de la Universidad Miguel Hernández (UMH)

La desesperación es una realidad que se ha instalado en nuestro entorno más cercano. No son ya cuestiones subjetivas las que argumentan ese estado, sino circunstancias reales que los gobernantes tratan de disolver ante la opinión pública, a través de la narración estadística y la argumentación macroeconómica. Durante demasiado tiempo la sociedad adoptó una actitud pasiva y finalmente las consecuencias corren a su cargo, recayendo el mayor peso sobre las ramas más débiles.

Hugo Martínez-Tormo reúne en Interlinks siete instalaciones audiovisuales en las que aborda, de diferentes modos, la destrucción y la autodestrucción como reflejo del abandono y la desesperanza de una parte creciente de la ciudadanía. Cada uno de los proyectos desarrollados por el artista llevan consigo un código autorreferencial que toma al autor como medida de representación de la masa, como eslabón de una cadena que se hunde y arrastra tras de sí al resto de eslabones. La reflexión se conduce hacia la singularidad del individuo, como proyección de una constante relación de causa-efecto, que proporciona a su vez un espejo en el que verse reflejado.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

El arte moderno ha llevado a cabo un proceso de transfiguración de lo banal, desacralizando la obra clásica, la escultura, el lienzo, con la incorporación de objetos y materiales más humildes que arranca del uso cotidiano para someterlos al extrañamiento en el territorio del arte. Martínez-Tormo huye de lo rico y lo pomposo, para elevar lo desechado a una categoría en la que corresponde al artista mostrarnos que lo cotidiano es cualquier cosa menos corriente. Cada una de las instalaciones audiovisuales que el artista presenta en esta muestra parte de experimentaciones realizadas en primera persona, a partir de acciones o elementos cercanos que tienen el objetivo simbólico de representar diferentes formas de llevar a cabo un suicidio.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Broken Bubble (2014) aborda la desesperación de millones de personas tras el estallido de la burbuja económica, causada en parte por la sobredimensión del sector inmobiliario y por las ansias de enriquecimiento veloz. El artista comienza por realizar una pintura mural sobre el lateral de una construcción semiderruida, creando la escena de un tren de alta velocidad que se aproxima mientras sobre las vías yace en espera el propio autor. Una vez finalizada la pintura, desde la parte interior de la construcción, el artista echa a bajo a mazazos los 230 x 230 cm. de pared que ocupa el mural. Todo el proceso de creación y destrucción, costoso en ambos casos, es registrado en vídeo y reproducido en la sala, junto a diez sacas de escombros con 250 k. de los restos del muro.

Hugo Martínez-Tormo. Just passing through, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Just passing through, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

El ser humano posee una gran capacidad para inventar y crear, a la vez que parece proyectar la misma energía en sentido inverso, siendo capaz de hacer saltar por los aires cualquier lógica que garantice el equilibrio. Con Just Passing Through (2014) el artista muestra cinco autorretratos de grafito sobre papel, en los que ejemplifica –literalmente- cinco manera de pegarse un tiro. Se plantea un símil del suicidio con la acción destructora de la especie humana sobre el planeta. Sucesivamente cada uno de los dibujos acaba roto en numerosos pedazos, dentro de cinco urnas de metacrilato, mientras una proyección de video nos hace testigos silenciosos del proceso. Testigos silenciosos de la tragedia, durante nuestro paso.

Partiendo de la Teoría del Todo, que unifica desde la ciencia todas las teorías hasta ahora formuladas, simplificando la complejidad de la naturaleza y sus leyes, Hugo Martínez-Tormo lleva a la práctica su investigación a través de un juego físico en torno a las dimensiones. Hace converger distintas disciplinas artísticas, que habitualmente se emplean por separado, para romper la artificialidad de unas fronteras que no existen. La cuarta dimensión aportada por el tiempo, a través de la acción, modifica las dos dimensiones del plano o las tres dimensiones del volumen. El diálogo entre disciplinas y dimensiones es una seña de identidad de esta serie de trabajos, que relaciona metafóricamente la forma en la que las tecnologías de la comunicación y la velocidad en los medios de transporte han fulminado las tradicionales barreras de tiempo y espacio, haciéndonos cargar con todo lo que la globalización lleva consigo.

Hugo Martínez-Tormo. Dimensional game, 2013. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Dimensional game, 2013. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

En Dimensional Game (2013) el artista se representa en una pintura sobre poliestireno expandido, tras ingerir una sobredosis de cápsulas. En el vídeo vemos como lleva a cabo la destrucción del material que sirve de soporte al autorretrato, hasta quedar desmigado, esparcido sobre una superficie en una disposición que recuerda a la imagen –ahora deshecha- de las cápsulas caídas alrededor del personaje. Una acción tan letal como los efectos que el uso indiscriminado de ciertos materiales tiene sobre el equilibrio ambiental.

Unos moldes de arcilla, colgados de la pared, han servido para reproducir los brazos del artista en ese débil material. Una fotografía sobre aluminio nos muestra la imagen de esos brazos cubiertos de cortes, en tentativa suicida. Dialogo & Materia (2012) se completa con una plataforma que sostiene el mazo con el que se ha llevado a cabo la destrucción y los restos de arcilla. La pieza When X cuts Y (2012) relata cuando X corta con Y. En este caso Hugo Martínez-Tormo opta por un arma blanca para mostrar una nueva manera de autodestrucción, cortando consigo mismo. Un cristal transparente pintado con su retrato, en el que se refleja él mismo mientras cae a pedazos tras una serie de golpes secos. La acción, reproducida a cámara lenta, tiene a sus pies los restos afilados del cristal. En cada uno de los casos, la intervención del artista tiene efectos en el estado dimensional de los materiales, así como en su función y la interpretación que nos brinda.

Hugo Martínez-Tormo. When X cuts Y, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. When X cuts Y, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

El artista, dibujado con un kimono sobre papel negro, lleva a cabo un harakiri como forma ceremonial de buscar la muerte. Global Sepukku (2012) se compone de ese mismo dibujo, tras sufrir los efectos de las cuchillas de una trituradora de papel, mientras la proyección documenta el proceso de fragmentación del dibujo. El tiempo, y su capacidad de triturar la vida, se confronta con el afán devorador del fuego en Trialogue (2010). Un individuo, siempre sintetizado en la figura del autor, aparece sentado ardiendo junto a una garrafa de combustible. La acción, el tiempo, se ocupa de hacer arder la propia pintura hasta dejar a la vista el esqueleto chamuscado del bastidor. Las cenizas, reunidas en una urna, reposan como testimonio.

Hugo Martínez-Tormo. Global Seppuku, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Global Seppuku, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo viene desarrollando desde 2005 esta serie de trabajos, de los que aquí se muestra una selección, en los que la fragilidad del individuo y la fugacidad de la vida se brindan a la determinación del ser humano por llevar a cabo aquello que se propone. El resultado de los trabajos rebosa serenidad, a pesar de la dureza de las narraciones. La capacidad transformadora que nos caracteriza como especie encuentra sus sombras en los extremos, en los polos que hacen tambalear nuestro equilibrio.

Hugo Martínez-Tormo. Trialogue, 2010. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Trialogue, 2010. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

José Luis Pérez Pont

¿Tiene futuro la huerta?

Veus per l´horta
Coordinación: Tania Castro, Miguel Lorenzo, Maria Josep Picó y Magda Ruiz Brox
Diseño: Estudio Menta
Proyecto de la Universitat de València, Universitat Politècnica de Valéncia y CSIC Comunidad Valenciana

Es un hecho indiscutible que Valencia ha crecido a expensas de la tierra fértil que la rodea. Se han escrito ríos de tinta sobre este trágico expolio, pero todavía queda mucho que decir, debatir y, sobre todo, proponer para que las últimas huertas supervivientes tengan la protección que merecen y se reactive el Plan de Acción Territorial de la Huerta.

“Hacer un llamamiento a la sociedad y a las instancias políticas a considerar la huerta una prioridad”. Este es el objetivo de un proyecto conjunto de la Universitat de València, la Politécnica y el CSIC de la Comunidad, el libro ‘Veus per l’horta’ que se presentó la pasada semana en La Nau. “Porque la comunidad académica, investigadora y universitaria tiene que hacer escuchar su voz en los asuntos más importantes y graves de la sociedad”, señalaron los representantes de las tres instituciones mencionadas: Antonio Ariño, María Victoria Vivancos y José Pío Beltrán.

Fotografía de Mónica Torres, en el libro 'Veus per l'horta'. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Mónica Torres, en el libro ‘Veus per l’horta’. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

‘Veus per l’horta’ es un trabajo divulgativo y coral en el que participan más de 56 colaboradores entre escritores, periodistas, fotógrafos, profesores, investigadores y demás especialistas. Todas esas voces unidas en un propósito común: “Poner en valor la huerta valenciana y mantener abierto el debate social y político sobre un territorio que se ha destruido paulatinamente”.

Con cerca de 200 páginas y un cuidado diseño a cargo del Estudio Menta en el que adquiere un peso muy destacado la fotografía, el libro ha estado coordinado por las periodistas Maria Josep Picó y Magda Ruiz Brox, y los fotoperiodistas Tania Castro y Miguel Lorenzo. Editado en valenciano, cuenta con la colaboración de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, y un apéndice final con los textos en castellano.

'Veus per l'horta'. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

‘Veus per l’horta’. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Se estructura en cuatro grandes apartados: Una visió personal, Economia i societat, Patrimoni y Horta viva. La publicación recoge un total 38 textos, en los que participan escritores y periodistas como Manuel Vicent, Alfons Cervera, Fernando Delgado, Emili Piera y Carme Miquel, entre otros. En un claro ejemplo de la coordinación de recursos científicos y académicos de las tres entidades también escriben un amplio grupo de profesores e investigadores de las tres instituciones promotoras: Carles Sanchis Ibor, Joan Romero, Luis Navarro, Josep Sorribes, J. Miguel del Rey y Carmen Benedito, entre otros.

Asimismo, diversos especialistas de otras instituciones: Javier Pastor Madalena, Ricardo Sanmartín Arce, así como aportaciones desde la gastronomía, a través del cocinero Ricard Camarena y el periodista Alfredo Argilés.

Fotografía de Kai Försteling, en 'Veus per l'horta. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Kai Försteling, en ‘Veus per l’horta. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotoperiodistas

El libro permite acercarse a 40 excelentes imágenes de 15 fotoperiodistas, entre los que se encuentran: Jesús Císcar, Carles Francesc, José García Poveda, Juan Carlos Cárdenas, Eva Mañez y Mónica Torres. Incluye  un diálogo en el que se abordan las claves para el futuro económico y ambiental de este espacio natural y social único.

Han coordinado la publicación la Universitat de València, la Universidad Politécnica de Valencia y la Delegación del CSIC en la Comunidad Valenciana, en el marco de VLC/CAMPUS, Valencia Internacional Campus of Excellence, financiado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Como complemento y para sumar ideas de la ciudadanía se ha abierto el blog veushorta.blogs.uv.es en el que se explica el proyecto y se pueden encontrar algunos de los capítulos, así como el índice con todos los contenidos de esta obra.

Fotografía de Carles Francesc, en el libro 'Veus per l´horta'. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de Valéncia.

Fotografía de Carles Francesc, en el libro ‘Veus per l´horta’. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de Valéncia.

Bel Carrasco

‘Juego de tronos’ a la valenciana

Las semillas del madomus, de Bel Carrasco
Presentación: Juan Miguel Aguilera
Librería Leo
C / Rinconada Federico García Sanchiz, 1. Valencia
Día 28 de mayo, a las 19.30h

Una enorme albufera por la que navegan piratas que secuestran niños para depravados sexuales y estrafalarias compañías de cómicos. Unas fiestas en honor al dios Foc que culminan con hogueras, fuegos artificiales y  apoteosis erótica. Una reina cruel que intriga para mantenerse en el poder por encima de todo, guerras y hambrunas  que devastan la población.

Lectora acérrima de literatura fantástica y adicta a Juego de Tronos, Bel Carrasco brinda en su segunda novela, Las semillas del madomus (Versátil) un homenaje al género en el que se siente como pez en el agua.  “No tengo ni el peso en kilogramos de Martin, ni sus toneladas de talento”, reconoce. “Pero sí una imaginación  calenturienta y me apetecía mucho  crear un mundo propio con su geografía, toponimia y mitología propia. Como es lógico llevé este mundo imaginario al terreno que conozco, el Mediterráneo, donde es más fácil sudar que pasar frío e impera la sensualidad y la corrupción”.

Portada del libro 'Las semillas del madomus', de Bel Carrasco.

Portada del libro ‘Las semillas del madomus’, de Bel Carrasco.

“Algunos consideran que la literatura fantástica es pura evasión, una forma de huir de la realidad”, añade Carrasco. “Pero yo creo que, además de dar una gran libertad al escritor,  es un vehículo perfecto para denunciar los males de nuestro tiempo que, en cierta manera, son los de todos los tiempos. Consecuencia del lado oscuro y destructivo de la naturaleza humana que necesita matar para sobrevivir”.

El mundo urdido por Carrasco es Ylliria, una isla con forma de guitarra o de cuerpo de mujer en cuyo centro se extiende un gran lago, el Damago, nombre del dios hermafrodita al que todos veneran. Un lugar idílico en el que no se conoce el invierno, que fue en origen un matriarcado gobernado por sabias mujeres: las matrix, con ayuda de las guerreras bélices y las dreidas o damas de los madomus, árboles mágicos en cuyo interior viven estas brujas benéficas, intermediarias entre los hombres y el furor de la naturaleza. Esa sociedad armoniosa es destruida por los hombres de hielo y los madomus destruidos.

“Las historia comienza muchos años después cuando Hanna, una chica huérfana que desconoce sus orígenes, emprende un viaje  con la intención de descubrirlos y saber quién es”, explica Carrasco. “A lo largo de este periplo se enfrenta a numerosos peligros y vive un sinfín de aventuras, hasta que descubre su verdadera naturaleza y su misión: localizar las últimas semillas del madomus”.

Además de Juego de tronos, Carrasco reconoce la influencia de El señor de los anillos, El nombre del viento, la película La princesa Mononoke y otras muchas grandes obras de un género “que en España sigue marginado, aunque los jóvenes demuestran cada vez mayor interés hacia él”.

Con un trasfondo feminista y ecológico, Las semillas del madomus es, sobre todo, un relato de aventuras de corte clásico que complacerá a quienes todavía conservan su capacidad de asombrarse ante lo maravilloso y que se puede leer a partir de los 14 o 15 años.

Bel Carrasco es periodista especializada en temas de cultura y sociedad, colaboradora de El Mundo y la revista digital makma.net. Ha publicado la novela El relojero de Real (Atlantis) y participado en un par de libros colectivos de cuentos editados por la Generación Bibliocafé.

Bel Carrasco. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco. Imagen cortesía de la autora.

Los ojos de Ariana en Railowsky

Proyección de ‘Los ojos de Ariana’, de Ricardo Macián
Fotolibrería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Jueves 8 de mayo, a las 20.00h

Los ojos de Ariana es un documental que cuenta la historia de cómo algunos de los trabajadores del Afghan Film (La Filmoteca Nacional de Afghanistan) salvaron de la destrucción el archivo fílmico de su país, escondiéndolo en dobles techos que construyeron ellos mismos ante la constante amenaza del Gobierno Talibán, arriesgando sus vidas para que “los ojos de Ariana” (antiguo nombre de Afghanistán) no se cerraran para siempre.

En un país devastado por 23 años de guerra, hubo gente que arriesgó su vida por salvar la vida del archivo fílmico que los talibanes pretendían destruir, fruto de su ideología contraria a la cultura en sus múltiples facetas, entre ellas, el cine. Sayd, uno de los protagonistas de la película, recuerda con temblor cómo logró engañar a los talibán, ocultando el archivo fílmico en una doble pared, mientras entregaba películas comerciales de escaso valor para la destrucción programada.

Los ojos de Ariana es una película sobre la historia de una lucha por mantener viva la memoria histórica de un país sometido a la devastación por la cerrazón ideológica, de la que debiéramos tomar buena nota. Es una historia de supervivencia, de héroes, de cine y de sueños. Una historia de seres humanos comprometidos con la cultura frente a la barbarie.

Cartel de la película 'Los ojos de Ariana', de Ricardo Macián. Imagen cortesía de Railowsky.

Cartel de la película ‘Los ojos de Ariana’, de Ricardo Macián. Imagen cortesía de Railowsky.