La oscilante coreografía del éxito de Michael Jordan

#MAKMAPantallas ‘The Last Dance’ (‘El Último Baile’) | Michael Jordan
Miniserie | 10 capítulos de 50 minutos
ESPN, Netflix, 2020
14 de mayo de 2020

Recuerda un servidor –perteneciente a la generación ilustrada, vertebralmente, en el desarrollismo educativo inmediatamente ulterior a la recién incoada Transición– que albergar inquietudes deportivas (más allá de su mera puesta en práctica en calzón corto) debía ser motivo de vergonzante ignominia para quien perfilara su devenir académico y profesional por los predios de la alta cultura –a la que comenzaban a asomarse, por aquel distante entonces, autores, artistas y otros incógnitos seres del folclorismo intelectual, con lúbricas intenciones heterodoxas (alimentadas, eso sí, al calor de heráldicas y abolengos)–.

Salvo perseverantes excepciones, la incorporación a los dominios de la comunicación cultural –en tanto que extremidad imprescindible, decisiva y ubicua como tecnológica consecuencia de las presentes y líquidas modernidades– de quienes resultan ser coetáneos del abajo firmante –formando parte de esa vasta progenie que domina el gráfico poblacional, con morfolofía de bulbo– ha modificado no solo el orden de predilecciones, sino el modo en que estas son retratadas y difundidas.

Y ha sido, ahí, precisamente, donde el deporte ha encontrado aliados que enaltecen y auxilian a dibujar un discurso dignificador con el que dejar de sonrojarse por experimentar semejante y efervescente pasión por las vicisitudes, logros y derrotas gimnásticas de los abanderados del entretenimiento sudorífico, que por las eruditas disquisiciones en torno de las heterogéneas artes.

Arquetípico ejemplo de este ennoblecimiento reposa en el producto audiovisual que tiraniza las obscuras estadísticas de la plataforma Netflix durante las recientes y excepcionales semanas de confinamiento: ‘The last dance’, miniserie de 10 capítulos, producida por ESPN, que, partiendo proposicionalmente de las contingencias y albures que encaminaron a Chicago Bulls hacia la consecución de su sexto anillo en el marco de las últimas ocho temporadas –un último baile sacramentado por el “Zen Master” Phil Jackson–, traza un opulento y prolífico devenir por las incandescencias y penumbras biográficas de uno de los summum de la centenaria historia del deporte: Michael Jordan.

‘The last dance’ progresa formalmente mediante previsibles técnicas propias del género, entre las que destaca un vívido y pedagógico empleo de analepsis y prolepsis con los que retratar los tres tiempos narrativos de la serie: la evolución de los Bulls durante la temporada 1997/98 (antesala de la segunda retirada profesional de Jordan y de la consecuente disolución de la plantilla); el armígero progreso deportivo de “MJ23” (especialmente, a partir de recalar en la Universidad de North Carolina procedente del Laney High School de Wilmington); y el apreciado testimonio retrospectivo de adláteres y émulos, consanguíneos y antagonistas, feudatarios, directivos, políticos, empresarios y plumillas (a buen seguro, el principal valor, junto a las abundantes imágenes inéditas, que acopia y concita esta briosa y estimulante serie documental).

Debe ser, precisamente, este último aspecto el que erige en acontecimiento lo que podría haber sido una previsible y monótona hagiografía ad maiorem “Air” gloriam (igualmente apetitosa para practicantes y feligreses). Sin embargo, de la mano de Jason Hehir –director y responsable artístico de ‘The last dance’– asistimos a una postrera coreografía en constante equilibrio entre las aguerridas beatitudes sobre la pista y las (desnudas) opacidades que, henchidas de envites, excesos y tabaco fermentado, completan el más atinente retrato procurado sobre las oscilantes perturbaciones del éxito –gélida cumbre a la que ascender provisto de arneses y mosquetones manufacturados por un sediento afán de competitividad y una mayúscula dosis de autoexigencia–.

Michael Jordan celebrando ‘The Shot’, excelsa y legendaria canasta que supondría la eliminación de Cleveland Cavaliers de los playoffs de 1989. Fotografía cortesía de Netflix.

Jose Ramón Alarcón

“Ya que no podemos salir a las calles, salimos a las redes”

#MAKMAOpinión | #ApagónCultural
12 de abril de 2020

Mañana, tarde, noche
Mañana, tarde …
Mañana …

Mañana, tarde, noche. Mañana, tarde, noche. Mañana, tarde, noche… Así pasan las horas en nuestro confinamiento. Nos hemos acostumbrado, ahora más que nunca, a que nuestro móvil sea la ramificación de nuestro brazo, y gran parte de nuestro entretenimiento lo visualizamos en esa pantalla. Bibliotecas, museos, galerías y cientos de artistas desde el primer momento han abierto sus puertas virtuales e ideado iniciativas culturales para aligerar el peso de la cuarentena, pero no todos nos hemos parado a pensar de qué podrían vivir estos durante y después de ella.

Las redes sociales explotaron el 9 de abril en un mar de protestas con el hashtag #ApagonCultural, creado por la Unión de Actores y Actrices, desembocando en una huelga de 48 horas en la que se pretendía que la cultura no estuviera disponible en plataformas streaming, ni en ninguna red social. ¿La razón? Como dice Trimagasi en la película ‘El Hoyo’, obvia: el ministro de Cultura no ofreció medidas para mitigar la crisis que va a tener que superar el sector artístico. En otros países, como en Alemania, Francia o Italia, la cultura se ha declarado un bien de primera necesidad con medidas especiales para protegerla. Por el contrario, José Manuel Rodriguez Uribes aludió a Orson Welles, el pasado martes, para poder recalcar que “primero va la vida y luego el cine”. Así, algunos artistas se han visto con la cuenta a cero y con un futuro desalentador, viendo cómo se hunden, mientras al resto nos intentan rescatar de las peores situaciones.

Ilustración de yyyyoa (Yolanda Tortosa Sanz).

Seguramente, lo que más ha molestado a este sector es que se les ha vendido como un grupo insolidario que desea medidas especiales para no caer en el círculo de la crisis que nos afectará a la mayoría de nosotros. Pero esa afirmación no es justa ni cierta. Como se ha podido comprobar en este tiempo de cuarentena, empresas de artes escénicas y musicales, artistas plásticos, músicos, y de todos los sectores culturales en general, han subido vía online sus obras de forma gratuita con el fin de aportar luz, risas, conciencia social y compañerismo. Como siempre se ha demostrado en cada situación difícil. Además, se sienten confusos al ver como Deportes sí que ha obtenido una ayuda de 50 millones de euros para las federaciones deportivas.

Ilustración de de.be.pe (Diego Blanco Prieto).

Debido al descontento generalizado y la rápida respuesta por parte de la cultura, que abarca a más de 700.000 trabajadores, el gobierno actual ha optado por escuchar las demandas del sector. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha anunciado que se reunirá con representantes del sector junto al ministro de Cultura para escuchar sus reivindicaciones. Por ello, los convocantes de la huelga han decidido suspenderla para dar un voto de confianza al Ejecutivo.

Sin embargo, aunque los ánimos se hayan calmado, los artistas siguen airados; significativa es la declaración de Juan Echanove mostrando su descontecto: “Nosotros llevamos soportando esto desde el comienzo de la democracia. Se lo voy a explicar: cada cosa que ocurre cae sobre la cultura como una losa de granito. (…) En lo que a mí respecta, ya no eres mi ministro de Cultura, porque si no tengo cultura para qué coño quiero un ministro”.

Tamara Pérez

Pequeños suspiros para pájaros enjaulados

Cosas de la cuarentena
Actividades
Regalos, generosidad, creativos
Valencia, abril 2020

Calles vacías; silencios interrumpidos por ambulancias, por camiones de recogida de desechos o animales que se adueñan de zonas que antes eran frecuentadas por personas ¿dónde estamos? A las 8 de la tarde se nos escucha en los balcones aplaudiendo a los sanitarios, reivindicando por aquello que creemos justo o cantando canciones como “Resistiré” del Dúo dinámico. Pero luego, ¿qué es de nosotros?

Plaza de la Virgen, 16 de Marzo.
Foto de Irene Marsilla

Estamos entre cuatro paredes, sintiéndonos como pájaros enjaulados, sin llegar a imaginar la magnitud de esta pandemia y el impacto que va a suponer. No obstante, lo que podría haberse convertido en un confinamiento de infierno, algunos han logrado decorarlo de la mejor manera posible: juegos de mesa, libros, películas, videollamadas, deporte, gastronomía, visitas a museos a través de las redes sociales… ¡No podemos parar! Aunque hemos conseguido pausar el mundo, nuestra mente es una máquina continuamente en movimiento.

Foto de RTVE. «Yo me quedo en casa»

Y para que esta máquina se sienta bien, necesitamos liberar endorfinas. Así es como nuestros artistas musicales se adelantaron y crearon festivales a través de redes sociales, logrando desterrar el aburrimiento por un tiempo.

Muchos de estos artistas tuvieron que cancelar sus conciertos, pero su amor por la música y el público no cesó, demostrándolo con la creación Yo Me Quedo en Casa Festival, Cuarentena Fest, Mantita Fest, Inner Sessions, Canción a domicilio, Festival Vuela… Fueron festivales que otorgaron un pequeño respiro con conciertos nunca antes vistos: el público colocaba en sus mesas portátiles y móviles, cogía una cerveza de la nevera, quedaba con sus amigos y escribía a los artistas sentados en sus casas, que reían, cantaban, tocaban y contestaban a los comentarios.

Después de dos semanas, la cuarentena aun no ha terminado, y queda mucho para poder volver a la normalidad. Mientras tanto, ¿seguirán los artistas ofreciéndonos pequeños brotes de felicidad?

El Tour 89 o la heterodoxia como «fin de siècle»

‘El último Tour del siglo XX. Una crónica de la Grande Boucle de 1989′, de Josep Maria Cuenca
Contra, 2019

“La montaña, es decir, la gravedad.
Ahora bien, vencer la pendiente y el peso de las cosas es decidir
que el hombre puede adueñarse de todo el universo físico.
Pero esta conquista es tan dura,
que el hombre moral tiene que poner todo su empeño”
(‘Roland Barthes, ‘Del deporte y los hombres’)

Por trascendentes y ardorosas razones, el año 1989 se asienta determinante entre la densa y asimétrica calima de efemérides que signan y estrían el mapa isobárico de la geopolítica internacional, encabezada, como una proa rompehielos, por la otoñal y alígera caída del Muro de Berlín (fertilizante del ulterior epílogo de la Guerra Fría) y, en cierto y aventurado presagio, el sintomático fin del siglo XX, acaso como si su última década no fuera más que una fase propedéutica para la incursión remozada por el desnortado orbe incógnito del venidero milenio.

Un fin de siècle alojado como una inasible bruma en la genérica memoria audiovisual de aquellos que fuimos pasivos e inafectados (por distantes) testigos de una agonizante época, tan prescrita como cautivante; acaso el cenagoso feudo en el que palpita, anhelante y briosa, la nostalgia.

Imagen de la edición de ‘El último Tour del siglo XX. Una crónica de la Grande Boucle de 1989′, de Josep Maria Cuenca. Fotografía cortesía de la editorial Contra.

A tales premisas se aferra el periodista y escritor barcinonense Josep Maria Cuenca en el prefacio de ‘El último Tour del siglo XX. Una crónica de la Grande Boucle de 1989′ (Contra, 2019) para abismarse en la procelosa hacienda estival de una de las ediciones de la ronda gala más excelsas y abracadabrantes acontecidas en la era del ciclismo moderno (ineludible e infortunadamente no contemporáneo), revelada en postrero testimonio de una forma de concebir y proceder en el ejercicio del deporte profesional, cuyas virtudes y dislates parecían encarnarse, como bielas de lo empíreo, en la estocástica, febril y arrebolada singladura del suceso, acaso perpetuo acontecimiento de aquellos ciclistas armígeros de naturaleza epicúrea y temperamento sanguíneo.

Porque aquel septuagésimo sexto Tour de Francia no solo deparó la menor diferencia (8 segundos) entre los dos primeros clasificados –el laureado corredor californiano Greg Lemond (vencedor de la ronda gala en el 86, 89 y 90) y el veleidoso y antojadizo velocipedista parisino Laurent Le professeur Fignon (quien ascendió a los más alto del cajón de los Campos Elíseos en 1983 y 1984)–, tras el desenlace de una última CRI capitalina relampagueante del norteamericano y la derruida estampa sobre el asfalto, sudorífera y declinante, del irascible y prodigioso Fignon, erigida en arquetipo de la derrota tras el hercúleo esfuerzo y la altiva presunción de la victoria.

Así narraban los límpidos y distinguidos Pedro González y Emilio Tamargo (TVE) el desenlace de la última etapa del Tour de Francia de 1989, una contrarreloj individual de 24,5 km entre Versalles y París, en la que el galo Laurent Fignon portaba el maillot amarillo y partía con una ventaja de 50 cuasi inexpugnables segundos (dada la corta distancia del recorrido) sobre el norteamericano Greg Lemond.

Y así procura Cuenca perfilar las razones epopéyicas acontecidas, asentadas como ínsula inquebrantable del recuerdo, durante los 23 días (21 etapas y 2 jornadas de asueto) que componían el recorrido de 3.285 kilómetros entre Luxemburgo y la capital francesa, y que incoaba con en el ya conspicuo y fatídico episodio sufrido por Pedro Delgado en la etapa prólogo, quien, partiendo en la última posición–fruto protocolario de su primera y única victoria de la general en 1988– y a consecuencia de una inexcusable distracción, se personó en la cabina de salida con 2 minutos y 40 segundos de retraso, condicionando –y afectando a su rendimiento en la CRE de la jornada ulterior, en la que, atribulado y cariacontecido, perdía, junto a sus abnegados compañeros del Reynolds-Banesto, 4 minutos y 32 segundos con el Super U de Fignon– su papel para el resto de la edición, en la que logró, finalmente, subirse al tercer peldaño del podio de París, demostrando que aquel debía haberse instituido en su segundo triunfo en la clasificación general del Tour de Francia y refrendando el hecho de que Perico se personaba como favorito tras haber conquistado no solo el Tour 88, sino su segunda Vuelta a España en la primavera de aquel año.

De este modo, ‘El último Tour del siglo XX’ transita, meticulosa y reflexivamente, por el aleatorio, escarpado y mirífico devenir de aquellas tres semanas de incipiente canícula –en las que el país galo se preparaba para celebrar junto a su renacido enfant terrible el bicentenario de la Revolución francesa– componiendo una prolija diégesis en la que Josep Maria Cuenca concita a Roland Barthes, Walter Benjamin, William Faulkner o Robert Louis Stevenson para sustentar las razones que habitan tras la coyuntural epidermis de lo acontecido, auxiliando a ordenar (y perfumar) el bienvenido vértigo indigesto de nuestras sobremesas infantes, ignorantes, entonces, de cuanto habría de sobrevenir sobre el grueso del pelotón, trasunto de nuestras más íntimas inquietudes, sojuzgadas por la tecnificación y otros turbios y farmacológicos meandros de la ciencia, convertida la épica en una denostada consecuencia perniciosa de la heterodoxia.

«Delgado, LeMond y Fignon encabezan la subida al Alpe d’Huez; a su rueda marchan, entre otros, Lejarreta, Alcalá y Rondón. Muy pronto este último impondrá un ritmo que acabará haciendo trizas al grupo». Fotografía de Eric Gaillard/Reuters/Gtres cortesía de la editorial Contra.

Jose Ramón Alarcón

«Trato hacer de lo obvio algo nuevo»

GraffitiPop, de Antonio de Felipe
Galería Thema
C / Plaza América, 4. Valencia
Hasta el 15 de abril de 2016

Dice que lo importante es “ser auténtico, hacerlo con verdad”. Curioso de un artista que ha convertido la ficción que representan los grandes iconos de masas en materia de su impactante obra. Curioso, pero de ninguna forma incoherente. De hecho, la autenticidad de la que habla Antonio de Felipe (Valencia, 1965) pasa precisamente por trabajar ese glamour de las grandes estrellas del cine, de la música y del deporte, hasta convertirlo en objeto de reflexión manifiesta en su obra. “Hay que aprender a ver y no quedarte con la primera impresión”, subraya.

Detalle del propio Antonio de Felipe en una de sus obras en la Galería Thema. Imagen de Carles Traver y Josevi Marco.

Detalle del propio Antonio de Felipe en una de sus obras en la Galería Thema. Imagen de Carles Claver y Josevi Marco.

Y la impresión que ofrece su trabajo es la de un artista pop que ha sabido aprovechar el atractivo de ciertos iconos para capturar la mirada fascinada del público. Marilyn Monroe, Audrey Hepburn o Madonna a modo de reclamo, de cebo. Nada más lejos de la verdad que Antonio de Felipe busca. “Le doy dos millones de vueltas a cada boceto”. Y si utiliza esos iconos en su obra, sin duda lo primero que salta a la vista, “es para tomar impulso”. Dice que es su manera de empezar, aferrándose a “algo seguro” para después dejar que vuele la imaginación. También porque él trabajó como creativo en una agencia de publicidad en los años 80 y le resulta “natural” utilizar esos iconos. “Toda esa formación es mi legado”, remarca.

A partir de ahí, Antonio de Felipe ha ido construyendo una obra que empezó mostrando hace 25 años en la galería Thema de Valencia, a la que ahora vuelve con su nueva serie GraffitiPop. Serie que exhibió en el Centro Cultural Casa Vacas de Madrid y que fue vista por más de 70.000 personas. Una selección de 12 lienzos y unas 15 obras sobre papel integran la exposición de su regreso a los orígenes. “No es un ejercicio de nostalgia, pero sí remueve ciertos sentimientos”. Como el hecho de que su padre, fallecido cinco años antes de aquella su primera exposición, no haya podido ver la rutilante trayectoria de su hijo.

Vista general de la exposición GraffitiPop, de Antonio de Felipe, en la Galería Thema. Imagen de Carles Traver y Josevi Marco.

Vista general de la exposición GraffitiPop, de Antonio de Felipe, en la Galería Thema. Imagen de Carles Claver y Josevi Marco.

“Soy un artista de pico y pala”

“Hago mi trabajo con tanta pasión que el espectador luego me lo devuelve”. Pasión y energía que convierten una charla con De Felipe en un alegato a favor de la creación como estímulo vital. “Tengo un pop más sofisticado”. Cuatro años le ha llevado crear su última serie. “Soy un artista de pico y pala; un trabajador nato”. Por eso no dudó en pintarse a sí mismo en medio de esos trabajadores que inmortalizó el fotógrafo Charlie Clyde Ebbets subidos en lo alto del Rockefeller Center, mientras se construía en plena Gran Recesión. Detrás de ellos, el artista valenciano coloca a la Marilyn Monroe que igualmente inmortalizó Winston.

“No es una Marilyn cualquiera y la imagen de los obreros es un guiño a Equipo Crónica”, explica el artista. Ese contraste entre el glamour de la estrella cinematográfica y la aspereza de los trabajadores atraviesa buena parte de la obra de Antonio de Felipe. “Trato de hacer de lo obvio algo nuevo”. Lo mismo sucede con la imagen de la Audrey Hepburn de ‘Desayuno con diamantes’, colocada frente a un graffiti que interpela su aura para hacerla más terrestre. “No estoy de acuerdo con eso de que el pop es fácil y no tiene discurso crítico”. Y vuelve a insistir en la necesidad de rascar esa primera capa de su obra.

Audrey Hepburn en una de las obras de Antonio de Felipe en la Galería Thema. Imagen de Carles Traver y Josevi Marco.

Audrey Hepburn en una de las obras de Antonio de Felipe en la Galería Thema. Imagen de Carles Claver y Josevi Marco.

“Me parece un error politizar el arte”

“El pop es como un puñetazo”, dice. Luego es cada espectador el que tiene que encajarlo a su manera. Ahora ese pop viene de la mano del graffiti. “Era un reto personal; nunca había utilizado el spray y es un ejercicio que ha catalizado mi creatividad”. De forma que el “chorreón” se mezcla con su “pintura depurada” para “fundir dos mundos de los que creo haber salido airoso”. También le ha perdido el miedo al autorretrato, porque dice haber alcanzado “un grado de madurez en la técnica y en lo personal”.

Con cerca de medio millar de exposiciones a sus espaldas, no entiende que todavía haya gente que relacione su obra con el anterior gobierno del PP, cuando en 25 años sólo ha expuesto en cuatro ocasiones en Valencia. “Me parece un error politizar el arte”. Y como en su obra siempre hay “aportaciones irónicas”, Antonio de Felipe se toma esas inquinas con espíritu fallero. “Es que mi obra es muy fallera porque conecta con lo lúdico y el pop”. E insiste: “Mi política es el arte”. Un arte repleto de iconos de la cultura de masas que Antonio de Felipe descontextualiza para crear su singular universo. Pasión y energía que hasta el 15 de abril eclosiona en la galería Thema.

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Salva Torres

Video de la exposición ‘GraffitiPop’ realizado por Carles Claver y Josevi Marco:

 

Fin de los fotoperiodistas valencianos de los 90

Fotoperiodistas valencianos de los 90, PhotOn Festival
Coordinación: Juan Carlos Barberá, Emma Ferrer y Eduardo Ripoll
Sala de La Llotgeta
Plaza del Mercat, 2. Valencia
Hasta el 28 de julio

Fotoperiodistas valencianos en la exposición de La Llotgeta. Imagen cortesía de la organización de PhotOn Festival.

Fotoperiodistas valencianos en la exposición de La Llotgeta. Imagen cortesía de la organización de PhotOn Festival.

En los años 90 en Valencia, el fotoperiodismo está en su apogeo máximo, por numero de profesionales y por la calidad de muchos de ellos. El final de la década nos lleva al fin de siglo y al fin del fotoperiodismo con la concepción que se tenía desde Robert Capa, Gerda Taro o Chim y la guerra civil española, momento clave donde una nueva forma de ver y utilizar la fotografía en prensa hace nacer el fotoperiodismo.

Fotografía de Salva Garrigues. Imagen cortesía de la organización de PhotOn Festival.

Julio Iglesias y Eduardo Zaplana. Fotografía de Salva Garrigues. Imagen cortesía de la organización de PhotOn Festival.

Paso de siglo, fin de la fotografía analógica, y con la llegada del XXI la nueva tecnología, el digital, que acerca a toda la población a la acción de fotografiar y hace mella en los medios de comunicación. Esto lleva a pensar a muchos de estos medios que cualquiera puede hacer fotos. Con esta exposición queda claro que se equivocaron.

Rafael  Alberti en la plaza de la Virgen de Valencia. Fotografía de Manuel Molines. Imagen cortesía de la organización de PhotOn Festival.

Rafael Alberti en la plaza de la Virgen de Valencia. Fotografía de Manuel Molines. Imagen cortesía de la organización de PhotOn Festival.

Los fotógrafos de prensa cuya obra se exhibe en La Llotgeta son los que estuvieron en el día a día de esa época,  con fotografías seleccionadas por ellos de toda su vida laboral en medios de comunicación; fotografías que les traen recuerdos por los momentos pasados, por la calidad, por lo que trasmiten, o por cualquier otro motivo que les ha hecho posicionarlas en los primeros sitios de su memoria visual.

Ruiz Mateos en la cárcel. Fotografía de Jose Marín. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Ruiz Mateos en la cárcel. Fotografía de Jose Marín. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Todos los fotoperiodistas de esta exposición, que actualmente ya no trabajan en los diarios y revistas en los que estaban en los 90, la mayoría despedidos de los medios de comunicación con el pretexto de la crisis, siguen en el mundo de la imagen en otras disciplinas. Hay otros que las circunstancias les han hecho cambiar de profesión, pero todos siguen con la fotografía por bandera, ya sea de causas perdidas o de cercanía. Cuando la fotografía entra en tu vida es difícil alejarte de ella.

Fotografía de Jordi Vicent. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Fotografía de Jordi Vicent. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Actualmente, de los fotógrafos valencianos que estaban en los años 90, quedan menos del 50% trabajando en medios de comunicación y la mayoría lo hace como freelance. En esta muestra participan: Amparo Simó, Benito Pajares, Daniel García Sala, Ferran Montenegro, Jordi Vicent, Jorge Cencillo, Jose Marín, Josele Bort, Juan Navarro, Miguel Ángel Polo, Manuel Molines, Salva Garrigues, Vicente Martínez y Vicente Rodríguez.

Fotografía de Daniel García-Sala. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Fotografía de Daniel García-Sala. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

En ella se puede disfrutar de tres décadas de fotoperiodismo valenciano, que es lo que abarca el tiempo desde que Jordi Vicent fotografió a la última habitante del antiguo pueblo de Loriguilla, o Cencillo a una familia de gitanos de las “casitas de cartón” a principios de los 80, a nuestro mayor laureado, y uno de los más viajeros, como es Benito Pajares, con una foto sobrecogedora de una explosión en un oleoducto a las afueras de Nairobi, con un centenar de muertos en 2011.

Santiago Cañizares, portero del Valencia. Fotografía de Miguel Ángel Polo. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Santiago Cañizares, portero del Valencia. Fotografía de Miguel Ángel Polo. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

No dejando pasar todas las gestas deportivas del Valencia CF de los últimos años de los fotoperiodistas deportivos Polo, Simó o Vicente Rodríguez; la presencia de Alberti en la plaza de la Virgen, imagen tomada por Molines que sirve de cartel de la exposición, o las fotos de Ruiz Mateos cuando estaba en busca y captura haciendo uno de sus shows en la cárcel modelo, ya en desuso.

Fotografía de Ferran Montenegro. Imagen cortesía de la organización de PhotOn Festival.

Fotografía de Ferran Montenegro. Imagen cortesía de la organización de PhotOn Festival.

Y qué decir de las fotos de mitos del baloncesto como Larry Bird o Michael Jordan de la etapa americana, obra de Juan Navarro; el asesino del chat y un jovencísimo Enrique Iglesias en la sala Woody, de Vicente Martínez; los retratos de García-Sala; Julio Iglesias y Zaplana, de Salva Garrigues, y otras más que merece la pena visitar y disfrutar, mientras se leen los pies de foto que cada uno de los autores ha puesto a esta selección de sus fotografías, buscadas por ellos porque a cada uno le ha marcado en su historia de fotoperiodistas, no sólo por el personaje o lo que se ha trabajado, sino porque se han quedado en la retina visual histórica de cada cual.

Fotografía de Benito Pajares. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

Fotografía de Benito Pajares. Imagen cortesía de PhotOn Festival.

 

Saúl Sellés se despide con una perfomance

Saúl Sellés: Theseus II
Centro 14
C/ Labradores, 14. Alicante
Performance del artista, el viernes 7 de marzo a las 20:00 h.

La exposición Theseus II de Saúl Sellés en el Centro 14 llega a su fin, para ello, el artista interdisciplinar, realizará una performance con motivo de la clausura de la exposición.

Fotografía de la exposición Theseus II. Imagen cortesía del artista.

Fotografía de la exposición Theseus II. Imagen cortesía del artista.

Recordemos que la exposición se ha configurado como una muestra deportiva, un complejo sistema de nudos, tensiones y mosquetones en dibujos, videoperformances y esculturas. Ha sido la resolución de la investigación de los ideales heroicos que confeccionan los patrones de culto al cuerpo, experimentado en el cuerpo del artista, a través de una serie de performances de resistencia realizadas en 2012.

Siguiendo la misma línea, Saúl realizará en la performance una de las acciones que componen la muestra. Y es que Theseus II, es el juego del deseo encarnado en el espectáculo deportivo con forma y determinación artística.

#2 acción, ejercicio de barra en suspensión (2012) videoacción, 13' 34''. Imagen cortesía del artista.

Saúl Sellés. #2 acción, ejercicio de barra en suspensión (2012) videoacción, 13′ 34». Imagen cortesía del artista.

EFE le da un baño a su archivo fotográfico

València anys 30. Arxiu Fotográfic Agencia EFE
Vestíbulo de Baños del Almirante
C/ Baños del Almirante, 3-5. Valencia
Hasta finales de marzo

La historia más reciente conviviendo con la historia más antigua. La fotografía, como documento gráfico de la sociedad y la cultura valenciana de principios del siglo XX, compartiendo espacio con lo que fueron los baños termales durante seis siglos en el casco antiguo de Valencia. Pilar Zaragüeta, responsable del archivo fotográfico de la agencia EFE, lo resumió a la perfección: “Somos un bebé comparado con este edificio”. Y el bebé responde a las características de una exposición compuesta por 21 imágenes del archivo de una agencia que, contra viento y marea, aguanta con sobresaliente determinación los embates de la crisis. Los 17 millones de imágenes, “que guardamos como oro en paño” (Zaragüeta), son el legado que la agencia opone a los Baños del Almirante, un edificio rehabilitado y puesto al servicio de la sociedad valenciana, como testigo mudo de los avatares de la higiene pública y privada.

Una de las imágenes expuestas en los Baños del Almirante perteneciente al Archivo fotográfico de la agencia EFE.

Una de las imágenes expuestas en los Baños del Almirante perteneciente al Archivo fotográfico de la agencia EFE.

Esos Baños del Almirante, construidos en 1313 por Pere de Vilarasa, de estilo mudéjar pero heredero de las termas romanas, han pasado, como apuntó Felipe Garín, director del Consorcio de Museos, por “épocas en que fue mejor visto y otras peor”. Pero, en todo caso, fue siempre “lugar de higiene y de encuentro social”, ahora que los baños se entienden de una forma impensable hace siglos. Para hacer memoria de todo ello, aprovechando la rehabilitación de tamaño edificio histórico, nada mejor que echar mano de otra fuente privilegiada de imágenes, como es el Archivo Fotográfico de la agencia EFE.

Imagen del Archivo fotográfico de la agencia EFE.

Imagen del Archivo fotográfico de la agencia EFE.

En las paredes del vestíbulo que sirve de acceso al interior del espacio termal, cuelgan 21 fotografías vinculadas con Valencia, “de carácter cultural, social, agrícola y algunas de ellas inéditas”, según explicó Garín. El director del Consorcio de Museos también justificó el hecho de que tales imágenes fueran de la década de los años 30 del pasado siglo. “En 1937, el gobierno de la República declaró los Baños del Almirante monumento nacional, algo que también hizo en 1944 el gobierno franquista”. Tamaña coincidencia, en gobiernos tan dispares, es la que finalmente ha servido de excusa para la fijación histórica de la exposición.

Imagen del archivo fotográfico de la agencia EFE.

Imagen del archivo fotográfico de la agencia EFE.

Son, además, fotografías que tienen otra sobresaliente particularidad. “Se trata de imágenes realizadas con placas de cristal, el mejor sistema de conservación y que son la joya de la corona del archivo de EFE”, destacó Zaragüeta. Imágenes en blanco y negro que tan pronto muestran los retratos de Concha Piquer, de Mariano Benlliure o de Elena Ortúzar, entonces ya viuda de Blasco Ibáñez, como una formación de época del equipo de fútbol del Valencia, una instantánea de la Lotería Nacional, que por primera vez trasladaba su sede de Madrid a la capital del Turia, o un mitin del presidente de Derecha Regional Valenciana, Luis Lucía, y del líder de la CEDA, José María Gil Robles en el campo de Mestalla.

Más allá de su valor artístico, predomina el valor documental de unas fotografías que se suman al legado histórico que supone la recuperación de los Baños del Almirante de Valencia. Fotografías y baños termales que hablan de la higiene por vía de la memoria. Porque lo mismo que cabe recordar la indudable importancia de los baños públicos en épocas tan alejadas de nuestra modernidad sanitaria, también conviene destacar la importancia del periodismo ahora que la crisis amenaza con reducirlo a la mínima expresión. València anys 30. Arxiu Fotogràfic Agencia EFE abre en los Baños del Almirante una nueva fuente de acceso a la cultura.

Una de las imágenes expuestas en los Baños del Almirante perteneciente al Archivo Fotográfico de la agencia EFE.

Una de las imágenes expuestas en los Baños del Almirante perteneciente al Archivo Fotográfico de la agencia EFE.

Salva Torres