Dos damas ¿o no? en el Teatre Micalet

Two ladies or not two ladies
Noèlia Pérez y Josep Zapater
Teatre Micalet
C / Mestre Palau, 3. Valencia
Del 23 de diciembre al 8 de enero de 2016

Noèlia Pérez y Josep Zapater son dos damas, o quizá no. Pero lo que es seguro es que van a transformar el Teatro Micalet en un cabaret desde el 23 de diciembre hasta el 8 de enero con su espectáculo Two ladies or not two ladies y harán del fin de año la fiesta más divertida con una función especial por darle la bienvenida al 2016.

Con muchísimas canciones, humor y nostalgia esta extraña pareja hace un recorrido por décadas de música cantada y tocada en directo. Noèlia Pérez y Josep Zapater son los creadores, cantantes y actores de este espectáculo, que incluye canciones originales de ellos para este sorprendente cabaret.

Escena de Two ladies or not two ladies. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

Escena de Two ladies or not two ladies. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

Un concierto único donde caben la canción francesa, el jazz, el pop e incluso algún villancico. Temas clásicos como Moon river, With or without you, Je ne regrette rian, Over the Rainbow o Bésame Mucho llegan a escena en la versión de estas damas.

Noélia Pérez es la First Lady, la diva que prepara una gira mundial, y Josep Zapater, la Second Lady, una pianista que esconde algún secreto. Su relación irá evolucionando al compás de la música, entre emociones y canciones. ¿Hacia dónde? Esa es la cuestión. Two ladies or not two ladies lo contestarán en el escenario del Teatro Micalet esta Navidad.

Two ladies or not two ladies. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

Two ladies or not two ladies, con Noèlia Pérez y Josep Zapater. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

«La vejez es un retorno de la adolescencia»

Un árbol caído, de Rafael Reig
Tusquets Editores

Año 1979. Tres parejas de amigos que comparten una “vida ajardinada” en una urbanización cercana a Madrid comentan el regreso de un amigo común que lleva un tiempo en Estados Unidos. Todos formaron parte de la lucha antifranquista, aunque llevan una vida anodina de burgueses acomodados. Así arranca ‘Un árbol caído’ (Tusquets), la última novela de Rafael Reig, un escritor comprometido con la realidad que afronta con lucidez y valentía en una decena de novelas.

Johnny, hijo bastardo de uno de los protagonistas, es el narrador que les sigue la pista hasta 2003. A través de este muestrario social, Reig pone en la picota a una generación que renunció a sus ideales para disfrutar el éxito y el bienestar económico, acomodados  en el  conformismo. Un arquitecto, un economista, un escritor de éxito y sus respectivas esposas son los personajes de un guiñol de carne y hueso del que sólo se salva Lou, una entrañable ama de casa con síndrome de Down.

A lo largo de la novela se desarrolla una partida de ajedrez, el único juego en el que la suerte no cuenta. El tema de la droga planea en el trasfondo de la historia. “No puedo decir que el Estado indujera el tráfico y consumo porque le convenía: no tengo datos”, dice Reig. “Pero está claro que la aparición de la droga fue muy oportuna, que durmió un descontento social”.

Detalle de la portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Detalle de la portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

‘Todo está perdonado’, ‘Lo que no está escrito’ y ahora ‘Un árbol caído’. Los títulos de sus últimas novelas comparten un tono sentencioso de refranero español. ¿Es pura casualidad o intencionado?

Es por hacerme el contemporáneo. Decía Borges que el único género literario inventado por el siglo XX fue el título. Así es, antes o lo ponía el editor o se ponía cualquier cosa, el nombre del protagonista, el del sitio en que pasaba, Pepita Jiménez o La mina, daba lo mismo; si salía un clavo, se titulaba El clavo y en paz. Hubiera preferido eso, pero me dejé seducir por los títulos rimbombantes, retumbantes y recordables. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el título dirige la forma de leer la novela, enfoca la atención hacia ciertos aspectos.

En la época que describe usted era un niño, ¿cómo ha construido los personajes adultos de la novela?

Bueno, como la mayoría de los niños, y más en aquella época de familias numerosas, tenía a mano padres y amigos de mis padres, tíos y primos mayores, un suministro constante de adultos jóvenes que para mí eran todo un espectáculo y a los que miraba, igual que el narrador de la novela, como si fueran héroes homéricos. Con la edad uno se da cuenta de que eran tan cantamañanas y tan para poco como nosotros mismos, y a la vez igual de conmovedores; de esa evocación melancólica me vino el impulso de escribir esto.

¿Hay algo suyo en el joven narrador? ¿Piensa como él que la vejez es una segunda adolescencia desfigurada?

Hay mucho de mí mismo y, según creo, de mucha gente de mi edad: la misma sensación de ser siempre tan solo personajes secundarios en nuestras propias vidas, para decirlo a la manera de Dickens. Y sí, creo que la vejez, para decirlo ahora a la manera de Marx, es un retorno de la adolescencia, ya no como tragedia, sino como farsa, aunque la verdadera tragedia es, por supuesto, envejecer y morir.

Portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

¿Por qué las ilusiones y expectativas de cambio de aquellos años se desvanecieron tan pronto en el llamado desencanto?

A mí que me registren. Habría que preguntarlo a Felipe González, o a Javier Solana, a quien vi dando gritos de “¡OTAN no, bases fuera!”. Hubo una sensación de malversación de fondos: todo ese capital de entusiasmo invertido en la izquierda se desvió para pagar cosas como el GAL y otra parte se les pegó a las uñas. Así no es extraño el desencanto.

¿Por qué trata cruelmente a sus personajes, especialmente a las mujeres? 

Las novelas hablan de generalidades, aunque haya casos individuales que las contradigan. No todos los burgueses del XIX eran como Juanito Santa Cruz, pero Juanito está en la novela de Galdós en representación de la estéril burguesía decimonónica. No creo que haya crueldad, sino más bien un esfuerzo por comprenderlos, y sobre todo a las mujeres.

El ajedrez como metáfora de que no podemos engañarnos con excusas que justifiquen nuestros fracasos. Pero en el Madrid de los setenta, ¿no hubiera sido más apropiado el parchís, la oca o las damas? 

En esos juegos interviene más el azar, hay quien tira el dado y sale el número que más le conviene. Lo que me interesaba del ajedrez es que impide echarle la culpa al azar o al empedrado. Las damas me aburren, el ajedrez tiene mucho más espesor y más semejanza con la vida, porque cada pieza tiene distinto valor (que además cambia en cada posición; hay momentos en que lo más valioso es un peón) y cada pieza se mueve de distinta forma. La vida, como el ajedrez, es en teoría calculable, pero en la práctica inasequible a nuestra capacidad de cálculo. Me pareció el ajedrez un vehículo perfecto para expresar cómo vivimos.

¿Qué opina de las jóvenes generaciones y de sus relación con sus ‘viejos’?

Sé muy poco de la gente joven y lo que sé se limita a una parte bastante pequeña, a cierta clase social y a ciertos medios. En general desconfío mucho del concepto “generación”, que a menudo me parece un invento para no tener que hablar de clases sociales. A mí, que soy profesor y además doy con frecuencia charlas en Institutos, me parece que los jóvenes sorprenden a cualquiera que, en lugar de darles consejos o contarles batallitas, sea capaz de callarse y escucharles. Escuchar y poner atención es una experiencia enriquecedora, no sólo con los jóvenes.

Hace un par de años se convirtió en librero. ¿Cuesta más vender los libros propios que los ajenos?

Por ahí se andará el esfuerzo. Los libros se imprimen de mil en mil, pero se venden de uno en uno, cada vez con más dificultad. La librería me gusta, es un empleo agradable, siempre que uno tenga paciencia y facilidad de trato. Digan lo que digan, el libro sigue teniendo un atractivo invencible.

Rafael Reig. Imagen cortesía del autor.

Rafael Reig. Imagen cortesía de Tusquets Editores.

Bel Carrasco

Rubén López y su ajedrez al cubo

Cubess, de Rubén López
Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT)
C / Viciana, 5. Valencia

“Desde siempre me ha gustado el mundo de la magia, echar cartas; tengo ojillo para eso”. Para eso y para transformar su ilusión en un sorprendente ajedrez, que viene a ser el compendio de todo lo aprendido en la Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) de Valencia. Es su proyecto fin de carrera. Proyecto con el que Rubén López (Valencia, 1988) ha logrado construir un complicado y minucioso ajedrez de metacrilato, dentro de una no menos brillante caja de madera de teka. Cubess es el nombre de semejante conjunción de magia, juego y artesanía industrial puestos al servicio del diseño gráfico y la aplicación multimedia. Culminada tamaña proeza, Rubén López aguarda la oportunidad de presentarlo a algún premio de postín que ponga en valor tan lograda ejecución, fruto de varios meses de intenso trabajo.

Cubess, de Rubén López.

Cubess, de Rubén López.

“Al principio tenía pensado que fuera un cubo contenedor y expositor de varios juegos de mesa: damas, ajedrez, go, naipes… Pero luego vimos que meter tantos juegos en un solo cubo resultaba inviable”. Y se decidió por uno solo: el ajedrez. De ahí lo de Cubess, por cube (cubo) y chess (ajedrez), en inglés, para terminar formando una sola palabra que lo abarca todo. Porque su intención era ésa: abarcarlo todo. Así lo explica en la Memoria del proyecto: “Si tuviese que definir Cubess, diría que es un ajedrez cúbico, almacenado dentro de un cubo, el cual se mantiene suspendido dentro de otro cubo, y que se conserva resguardado en un cubo de madera”. Ajedrez, pues, al cubo.

Detalle del proyecto Cubess, de Rubén López.

Detalle del proyecto Cubess, de Rubén López.

Un ajedrez que, tirando del hilo de su pasión por la magia, parece salido de cierta chistera en la que Rubén López ha ido metiendo a partes iguales su ingenio, sus tres años de aprendizaje en ESAT, su voluntad cifrada en laboriosos meses de trabajo y un detallismo de orfebre o de abridor de cajas fuertes. No es por ello extraño que, al margen de Cubess, a Rubén López le haya dado por realizar la versión multimedia no oficial de la película Ocean´s eleven, otro portento de imaginación y sutileza que se puede ver en Vimeo. Y no es extraño porque, al igual que a los protagonistas de la película de Steven Soderbergh, encabezados por George Clooney, a Rubén López también le van los trucos que, salvando las distancias, hacen de la imaginación el mejor aliado para alcanzar los más insospechados objetivos.

Detalle de Cubess. Rubén López.

Detalle de Cubess. Rubén López.

Imaginación y racionalidad. Fantasía y lógica. La simbiosis de ambas facetas es lo que hace de Cubess un notable proyecto fin de carrera, que ESAT se ha encargado de distinguir como uno de los trabajos más brillantes de la escuela. “Las combinaciones, al igual que un rompecabezas, han sido siempre el aspecto más interesante del ajedrez. La razón se debe a que las combinaciones hacen posible que el ajedrez sea más que un ejercicio matemático con una carencia de vida. Ellas son la poesía, son del ajedrez lo que la melodía de la música. Ellas representan el triunfo de la mente sobre la materia”, apunta Rubén López en el índice del manual explicativo de su proyecto. Lo cual demuestra no sólo las aptitudes adquiridas durante los tres años de aprendizaje en ESAT, sino su creatividad en áreas propia del diseño gráfico, multimedia, ilustración y, sin duda, cierta vena literaria.

Cubess, de Rubén López.

Cubess, de Rubén López.

En el fondo, ha logrado condensar en el objeto producido la “ilusión, el efecto mágico, que hay detrás de todo truco, que es difícil de ver, pero que te afecta”. Y agrega Rubén: “Quería trasladar ese arte, el amor por el mundillo de la magia, a lo físico”. La apuesta resulta convincente, porque al ver Cubess, el despliegue completo del proyecto, a uno le asalta inmediatamente la pregunta que surge a la conclusión de un número de magia: ¿cómo lo habrá hecho? Y él lo explica, como lo explicaría un mago del tipo Juan Tamariz, aunque a Rubén López le falten lógicamente sus tablas: que la magia no es engañar, sino ilusionar. Su Representación física de un pensamiento mágico, que es el modo en que ha denominado su proyecto Cubess, se adapta como un guante a esa fuerza motriz que le ha llevado a Rubén a la culminación de tan feliz hallazgo.

Caja de madera de Cubess. Rubén López.

Caja de madera de Cubess. Rubén López.

Ahora está inmerso en un nuevo curso de diseño interactivo en la Escuela Superior de Arte y Tecnología de Valencia, con la que se muestra encantado, a la espera de encontrar trabajo. “Está difícil, pero soy de los que piensan que hay que echarle fuerza y ganas, no esperando cualquier cosa, rebajarse a cualquier empleo, sino aceptando aquello que más te convenza”. Sus proyectos para web, y su dedicación a la pintura, el dibujo y la ilustración, ocupan igualmente gran parte de su tiempo. También sigue buscando el concurso donde presentar Cubess. No vale cualquier premio, sino aquel que esté a la altura de la ilusión y el trabajo desarrollado en su ejecución. Como dirían en su citada Ocean’s eleven: “Lo haremos como si no tuviéramos nada que perder”. Lo ganado, que es su proyecto, ganado está. A Rubén López sólo le queda esperar su oportunidad.

http://www.cubess.es

Rubén López. Imagen cortesía del autor.

Rubén López. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres