Danny de La Matyr: grandes discos del 2017

Artista: Danny de La Matyr
Álbum: Crybaby
Año: 2017
Discográfica: Pretty Olivia Records

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Ensayo de Danny de La Matyr. Imagen extraída de su página de Facebook

Posiblemente una de las mayores injusticias musicales del 2017 sea el insuficiente reconocimiento del debut en solitario de Danny de La Matyr, el cual apunta a convertirse en un gran disco de culto.

Evidentemente más de uno podrá manifestar eso de que para gustos colores o cualquiera de los argumentos que se dicen para justificar la infinita variedad de agrados, complacencias y satisfacciones, pero lo cierto es que si rastreamos por Internet desde que en el mes de abril el que suscribe dedicó un artículo a “Crybaby” son muy pocos más los que se han sumado a redactar una reseña o a destacar en las redes sociales una exquisitez musical de tanta categoría, de esas que, a mi gusto y juicio, sale una cada muchos años.

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Portada de ‘Crybaby’, el disco de Danny de La Matyr en el 2017

Quizás me esté precipitando al vacío por esta afirmación pero este disco es uno de los mejores herederos directos de una de las grandes joyas ocultas de la historia del rock, el “I am the cosmos” de Chris Bell. Sí, aquellas míticas grabaciones del miembro original de la Gran Estrella donde esculpió verdaderas perlas de orfebrería para el mundo y que durante muchos años permanecieron en silencio. Y si nada lo remedia el trabajo de Danny de La Matyr será también otra obra selecta para minorías privilegiadas.

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Imagen de ensayo de Danny de La Matyr con su banda. Extraída de su página de facebook.

El de Dallas, cuya desconocida trayectoria anterior se reduce a bandas como The Days o The Sheers y a colaboraciones con Rhett Miller de Old 97’s o Luther Russell (productor de este disco), comenzó en el 2014 a cincelar unas melodías extraordinarias, tales como “Lines” o “How can it be”, incluidas a posteriori en el álbum arriba mencionado y que nos ocupa.

A ambas hay que sumar diez ambrosías más que completan un trabajo mágico de imperecedero powerpop melódico, con influencias dispares tales como Elliott Smith, George Harrison, Big Star, Beatles, Raspberries, The Posies…

Danny de la Matyr

Imagen de Danny de La Matyr perteneciente a su web Ensayo de Danny de La Matyr. Imagen incluida en su web www.dannydelamatyr.com/

Cuando el inexorable paso del tiempo se lleve consigo tantos y tantos discos pasajeros, algunos, los suficientes, recordaremos aquella maravilla cósmica del 2017 a cargo de un tal Danny de La Matyr. Tiempo al tiempo.

Juanjo Mestre

Museo de Cerámica: ni IVAM, ni MuVIM

60 años del Museo de Cerámica de Valencia
Director: Jaume Coll
C / Poeta Querol, 2. Valencia

Un gran panel cerámico (6×2 metros) de una cocina valenciana con escena de época, pieza recuperada por González Martí que data de 1789, dialoga con otro panel obra de Arcadio Blasco, de su serie Muros para defenderse del miedo (1970). Uno al lado del otro simbolizan buena parte de la historia que atesora el Museo Nacional de Cerámica González Martí, ahora que celebra su 60 cumpleaños. El primero, porque dadas sus dimensiones recuerda la dificultad que tiene el museo para exhibir piezas que, por su tamaño, necesitan dependencias mayores. Los ecos de la tan anunciada como sucesivamente postergada ampliación de su espacio siguen resonando. Y el muro de Arcadio, artista fallecido el pasado año, parece igualmente llamar la atención de un museo que defiende orgulloso su rico patrimonio.

Frente al IVAM o el MuVIM, museos tan propicios al controvertido eco mediático, el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí (en lo sucesivo, y por abreviar, González Martí) se yergue silencioso en el palacio del Marqués de Dos Aguas. Pero es un silencio, ya es hora, que clama al cielo. “Es el museo de su especialidad más visitado de Europa”, subraya Jaume Coll, director de la institución dependiente del Ministerio de Cultura. Las cifras son harto elocuentes. “Tenemos más de 130.000 visitas anuales, lo que supone doblar las que tiene el Museo Nacional del Azulejo de Lisboa, que es todo un referente”. El resto de museos de cerámica europeos suelen alcanzar una media de 30.000 visitas.

Jaume Coll, director del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí. Fotografía: Jose Cuéllar.

Jaume Coll, director del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí. Fotografía: Jose Cuéllar.

No sólo eso. Jaume Coll señala que las webs turísticas especializadas colocan al González Martí como “la quinta atracción turística de Valencia”, tras los parques y el Mercado Central, pero de nuevo como el primer museo en número de visitas. Ni el IVAM, ni el MuVIM, ni el Bellas Artes: el González Martí despunta por encima del resto de espacios museísticos de la ciudad. Con menos pompa, la cerámica es todo un reclamo. Entonces, ¿por qué aparece siempre como en un segundo plano? “Bueno, la gente lo conoce”, apunta Coll, sostenido por la elocuencia de las cifras, “pero no sabe lo que significa; por qué es un museo tan singular”.

Lo dice mientras grupos de estudiantes y personas que aguardan una visita guiada adensan con sus voces las salas del González Martí. Salas repletas de una cerámica singular, que Jaume Coll va describiendo a su paso deletreando cada una de las piezas. Y es que “la producción valenciana no es cualquier cosa”, destaca el director. Por ejemplo, la cerámica de Alcora, con su Real Fábrica de Loza del siglo XVIII. “A nivel europeo es la que produce más cantidad y calidad, alcanzando los dos millones de piezas que van a América”. Manises, cuya cerámica “colorista y de dibujos más populares, menos académicos, despunta en el XIX”. Yendo hacia atrás, está la loza dorada, “imitación del metal y producto estrella del siglo XIV”, además de la implantación de la loza que imitaba a la porcelana como uno de los episodios del siglo X.

Jaume Coll, de perfil, con una de las piezas cerámicas del museo al fondo. Fotografía: Jose Cuéllar.

Jaume Coll, de perfil, con una de las piezas cerámicas del museo al fondo. Fotografía: Jose Cuéllar.

Jaume Coll también destaca con orgullo “el gran eco de nuestras exposiciones en el extranjero”. Y cita, como uno de los múltiples ejemplos, la de Lisboa, con 38.000 visitantes, cuando lo normal suele estar en torno a los 23.000. Los grandes pavimentos, alguno de casi 80m2, como el de la Real Fábrica de Azulejos que data de 1808 expuesto en Dallas o Nueva York, protagonizan algunas de esas exposiciones foráneas, a falta del espacio que el González Martí demanda desde hace un tiempo que se hace ya excesivamente largo.

Jaume Coll se muestra cauto, pero se le ve dolido por la “caída en picado” del presupuesto que limita su capacidad de gestión, “aunque el servicio que prestamos sigue siendo igual de digno”. Para este año de celebración por los 60 años del Museo de Cerámica, tienen previsto realizar una exposición de video y fotografía con testimonios e imágenes de cuando se creó el museo en 1954, así como destacar entre las habituales piezas del mes un jarrón de los años 20 de Juan Bautista Huerta, que es junto al que se firmaba y que aparece en todas las imágenes de la época.

El González Martí viene reivindicando con sus cifras de visitantes, su patrimonio y sus actividades, el lugar que por méritos propios merece la cerámica. “Es un arte más y eso fuera de España se entiende, pero aquí no se valora lo suficiente, por prejuicios de nuestra sociedad; es un problema de educación”. De ahí el Curso del Prado impartido en el Museo de Cerámica recientemente a profesionales, con el fin de que la gente sepa el trabajo de dominio de las técnicas y calidad del producto. “Hay que saber mirar y no sólo quedarse con que todo esto es muy bonito, sino conocer lo que representa la cerámica del pasado y el patrimonio que aquí tenemos”. Al arqueólogo Jaume Coll se le nota que lo suyo es seguir excavando.

Jaume Coll. Fotografía: José Cuéllar

Jaume Coll. Fotografía: José Cuéllar

Salva Torres