Reflexionar la pandemia. Cultura vs coronavirus (V)

#MAKMAEntrevistas | Reflexionar la pandemia. Cultura vs coronavirus (V)
Miércoles 25 de marzo de 2020

Durante estas jornadas de destierro compartido, deportados del trato físico de la socialización, parece volverse natural recuperar y redescubrir aquello que en otro tiempo formó parte de nuestras predilecciones. De entre ellas, he vuelto a encontrarme con la majestuosa voz de Mercedes “La Negra” Sosa, cuyas desgarradas canciones tanto nos hubieron acompañdo durante interminables tertulias universitarias (otros ritmos, distinta década).

Fue Sosa quien nos legó una clarividente sentencia que ahora se revela en presente radiografía: “La cultura es lo único que puede salvar un pueblo, lo único, porque la cultura permite ver la miseria y combatirla. La cultura permite distinguir lo que hay que cambiar y lo que se debe dejar, como la bondad de la gente, el compartir una empanada, un vino…”.

Y para permitirnos ver, combatir y compartir, desde MAKMA proseguimos invitando a difundir su testimonio –tras la primera, segunda, tercera y cuarta entrega de ‘Reflexionar la pandemia. Cultura vs coronavirus’–, a un diverso elenco de profesionales de las artes visuales, escénicas, literarias, musicales, cinematográficas, universitarias e institucionales, procurando respuesta a variadas cuestiones que nos ofrecen una interesante y lúcida reflexión acerca de cómo aquellas personas que vivimos y participamos de la cultura afrontamos desde el hogar la presente pandemia de coronavirus.

1) ¿Dónde y en qué situación te encuentras?
2) ¿Cómo te imaginas el escenario inmediato y cuáles serían, a tu juicio, las consecuencias a medio y largo plazo en lo social, cultural, económico y político?
3) Tras el decreto de estado de alarma, ¿de qué modo afrontas tu confinamiento? ¿Qué lecturas y/u otras actividades llevas a cabo?
4) Comentarios y conclusiones.

ALBERTO HALLER (EDITOR DE BARLIN LIBROS | VALÈNCIA)

1) Me encuentro en mi casa de Ruzafa, en compañía de mi compañero de piso. Ambos tenemos la suerte de tener trabajos que nos permiten teletrabajar sin problema, por lo que tenemos instaurada una rutina muy marcada que cumplimos a diario sin mayores contratiempos.

2) El escenario inmediato es el que llevamos experimentado ya hace varios días: la incertidumbre general. Nos enfrentamos a un problema sin precedentes, por lo que toda respuesta que podamos dar no dejará de ser del tipo ensayo-error, hasta dar con la fórmula. Eso, refiriéndome a la reorganización de todo el tejido sociocultural, claro. Las consecuencias son imprevisibles. Por lo pronto, ya estamos enfrentando una contracción brutal en cuanto a la capacidad de generar movimiento.

¿Qué derivará de todo esto? Pues depende. En primer lugar, de la duración de la situación de confinamiento. Sigue en el aire. Puede que no teóricamente, pero por desgracia sí de facto. Por otro lado, la acción de los poderes públicos va a ser decisiva. ¿Se tendrán en cuenta las especificidades propias del sector cultural como un todo, y luego de cada parcela específica dentro del mismo? Es difícil aventurarse a dar una respuesta demasiado concreta. Al menos de momento.

3) Mi confinamiento consiste, de momento, en trabajar, trabajar y trabajar. Adelantar trabajo, con un rutina bastante rígida en cuanto a horarios y tareas. En ese sentido, puede convertirse incluso en una oportunidad de tener un tiempo de pausa que el ajetreo propio del día a día impide. Para pensar y recalibrar ciertos aspectos de la editorial. En cuanto a mis lecturas, estoy con dos libros a la vez. Por un lado, la novela ‘El corazón de Inglaterra’, de Jpnathan Coe.; por otro, el maravilloso ensayo de Juan Arnau ‘Historia de la imaginación’.

4) El sector cutural en España es –está forzado a ser– bastante resiliente. La capacidad de adaptación a situaciones adversas es algo a lo que, por desgracia, estamos acostumbrados. No obstante, el alcance de la situación actual es completamente imposible de determinar. Las posibilidades van desde que nos hayemos frente a una crisis puntual que en unas pocas semanas podamos comenzar a dejar atrás, hasta la de que esta pandemia se agrave, se alargue y derive en una crisis sistémica que socave los cimientos de las cosas tal cual las hemos conocido hasta ahora. Y entre ese blanco y ese negro, miles de tonos de gris. Es por ello que, en mi opinión, la respuesta inmediata, ante la falta de respuestas concretas, debe ser seguir trabajando para poder remontar este mazazo en las mejores condiciones posibles una vez haya amainado la marea. En resumen, ponerse en lo mejor. Si finalmente el temporal alarga, deberemos comenzar a plantear respuestas de mayor contundencia y envergadura. Pero de momento, optimismo y trabajo. La incertidumbre no nos deja otra.

ANA BONMATÍ (DIRECTORA DE GESTIÓN CULTURAL DEL VICERRECTORADO DE CULTURA Y DEPORTE DE LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA | VALÈNCIA)

1) Me encuentro en mi piso de València, con mi marido. De momento, los dos nos encontramos bien, asintomáticos. La semana pasada se había declarado no lectiva; desde el lunes 23 de marzo estoy trabajando telemáticamente.

2) Sí, me puedo imaginar el escenario inmediato, pero de ahí no soy capaz de extraer consecuencias a medio y largo plazo. Kahneman hablaba de la normalidad cognitiva: en ciertas condiciones, las expectativas pasivas se convierten en activas. El primer brote en China nos parecía imposible, después Italia, llega a España y parece que sea normal.

El escenario inmediato lo veo con incertidumbre, estamos entrando en la semana decisiva en que se declaren los casos de contagio y en ese momento veremos si los recursos de los que dispone Sanidad son suficientes. Las consecuencias nunca van a ser favorables, los ERES y ERTES son palabras que me provocan escalofríos y no dejo de escucharlas. Las familias más desfavorecidas, los contratados precarios, las pequeñas empresas serán las más necesitadas de ayuda y no les debería faltar.

Veo a los sindicatos y patronal con dificultad de entendimiento y el colapso de la economía. Veo que la sociedad ante la catástrofe se crece y establece lazos de solidaridad que en otras circunstancias parecen inconcebibles; también veo casos de absoluta irresponsabilidad, pero son los menos.

Lo cultural, si te refieres al modo de vida, puede cambiar, ya ha cambiado, la globalización ha mostrado su peor cara. Lo cultural, como programa de actividades que se administra y diseña desde distintas áreas de competencia, está a la espera. Los políticos deben entenderse y respetarse; ante esta situación no les queda otra. Las personas son lo importante.

3) El confinamiento me ha pillado demasiado lejos de mi madre, está sola, y esta circunstancia es terrible para mí. Pero estar en casa siempre me ha parecido un privilegio. Me levanto en el horario habitual de trabajo y lleno las horas con todas las actividades que nunca tengo tiempo de hacer: tocar el piano, escalas y escalas, una opera de Donizetti que me regaló un amigo en el año 98, el libro de Toni Morrison, ‘Beloved’, y, como siempre, tener cerca a Josep Pla para no dejar de sonreír. Por las tardes, mi marido y yo hacemos yoga y una tabla de ejercicio. Y cocinar, por supuesto, cortar con atención finísimas láminas de calabacín.

4) Creo firmemente que la sensibilización del sistema de refuerzo a través del arte es una herramienta que nos ayuda a vivir más felices a lo largo de la vida. La educación debería proporcionar esta sensibilización. Disfrutar de la música, la lectura, la pintura…, son actividades que podemos hacer en soledad y sentirnos estupendamente.

BEGOÑA MARTÍNEZ (SOPRANO DEL CORO DE LA GENERALITAT VALENCIANA | VALÈNCIA)

1) Esto me ha pillado en casa, con mi familia. Lo habitual, vamos. No me suelo mover mucho. En Fallas nos íbamos, pero, lógicamente, renunciamos al viaje que íbamos a hacer a Estambul.

2) No me alcanza la imaginación para tanto. Además, con el bombardero de información desinformadora e intoxicante a que estamos sometidos, no sé a qué atenerme. Hoy he ido a comprar y me parecía todo una broma de mal gusto. Intento llevarlo lo mejor posible día a día. Las consecuencias económicas y, por lo tanto, sociales, me parece que serán de nuevo terribles para los mismos que llevan tiempo sufriendo. Mucho me temo que, después de todos los despidos, las contrataciones no serán las mismas ni en las mismas condiciones. Y la bajada del poder adquisitivo hará que se resienta el consumo de cultura. Vamos, lo de siempre.

3) Este confinamiento forzoso está, en mi caso, totalmente condicionado por mis hijos de 7 y 10 años. Intentamos hacer un poco de todo: ejercicio, leer, deberes, cocinar, bailar, tareas de la casa, jugar…, limitando lo más posible la tele y la tablet. En los ratos que puedo, leo y canto. Las redes y el montón de chistes y vídeos que recibo me están ocupando demasiado. Hoy ya he empezado a borrar sin mirar.

4) Terribles las escenas de egoísmo y falta de civismo de parte de los ciudadanos. Y respecto a las medidas tomadas por el Gobierno, espero que este brutal recorte de libertad sirva para algo.

CARLOS DOMINGO (ARTISTA Y DOCENTE EN EL DEPARTAMENTO DE PINTURA DE LA FBBAA DE LA UPV | VALÈNCIA)

1) Me encuentro en València; de momento todo bien por casa. Por suerte, nadie a mi alrededor con síntomas ni enfermedad.

2) Creo que las consecuencias de esta situación serán duras, espero que pasen lo antes posible, aunque no confío demasiado. El escenario es preocupante, la parte emocional la salvaremos, sin duda, los amigos, la familia, el arte…, estarán ahí para reconfortarnos. La cuestión económica será mucho más peliaguda. Es difícil valorar el impacto de un frenazo tan brusco en la actividad laboral y productiva. Espero que aquellos que tienen en su mano tomar decisiones a este respecto ejerzan su liderazgo con la firmeza y sensibilidad suficientes.

3) Por suerte, la tecnología está aquí para salvarnos del confinamiento. Ordenador, trabajar, pensar con calma, películas, series (recomiendo ‘Babylon Berlín’ y su hipnótica banda sonora de la primera temporada, ‘Zu Asche, Zu Staub’) y muchas risas televisivas con algunos cómicos muy divertidos que todos conocemos.

4) Tan solo dar las gracias a toda la gente que trabaja para que podamos sobrellevar esta situación con una rara normalidad.

CRISTINA DURÁN (AUTORA DE CÓMIC E ILUSTRADORA | BENETÚSSER, VALÈNCIA)

1) Estoy en casa con mi familia. Todo esto me ha pillado en una situación bastante especial. Desde noviembre pasado estoy de baja, en tratamiento por un cáncer de mama, así que en estos momentos soy población de alto riesgo respecto al COVID-19. Solo puedo salir para ir al hospital para seguir con la quimioterapia. A ello tenemos que sumar que nuestra hija mayor tiene paráisis cerebral y es dependiente, lo que supone que ella también es paciente de riesgo. En el piso de arriba viven mis suegros (ambos están cerca de los 80 años), así que, en la casa, fácil no lo tenemos: de 6 personas, 4 estamos en riesgo. Nos hemos tomado el confinamiento y las medidas muy en serio.

2) Creo que este escenario va para largo, varios meses, no va a ser nada fácil. Creo que todo esto supondrá un punto de inflexión para el mundo entero, para lo bueno y para lo malo. A nivel cultural y económico va a ser complicadísimo recuperarse, sobre todo para los que nos dedicamos a la cultura y además somos autónomos. Espero que las medidas que está tomando el gobierno surtan efecto y que se incrementen lo máximo posible.

A nivel político, espero que sirva para que se den cuenta de qué es lo realmente importante: reforzar los servicios públicos y dotarlos de más recursos, acabando con las privatizaciones. También sirve para reflexionar sobre el cambio climático. No hay más que ver las consecuencias positivas que ha tenido la reducción de emisiones de estos días, demostrando que está en nuestras manos buscar alternativas que protejan el planeta. A nivel social, ojalá sirva para que seamos conscientes del verdadero valor de lo que tenemos, de la importancia de tener cerca a tus seres queridos, de poder abrazarlos, de compartir, de celebrar, de ser solidarios, de frenar un poco y pararnos a mirar y a escuchar. Disminuir la velocidad, disfrutar de la vida sabiendo apreciar lo que tenemos.

3) Como comentaba, el estado de alarma ha llegado cuando yo ya estaba en casa, de reposo y sin poder trabajar, así que me ha llegado justo cuando ya había echado el freno. Estos últimos meses había empezado ya a leer libros que tenía pendientes (cómics, sobre todo) y a ver algunas series. Ahora, con el confinamiento, al estar nuestras dos hijas en casa, mis lecturas y actividades se han reducido bastante. Como comentaba, nuestra hija mayor es dependiente, así que el hecho de que no tenga colegio supone una complicación importante para nosotros. Es por ello que hemos tenido que reorganizarnos el día a día para que esté atendida y para que podamos dedicar tiempo también a su hermana. En general, necesito mucho descanso, así que mi pareja (ademas de teletrabajar) está encargándose de casi todo con ayuda de nuestra hija pequeña y de nuestros suegros. Por eso, los ratos que me encuentro mejor ya casi no me da tiempo a leer o hacer otras cosas, sino que se los dedico principalmente a mis hijas y a echar una mano en lo posible. Mi energía es muy limitada en estos momentos y tengo que distribuirla bien. Lo que sí hago es mantener el contacto constante (vía teléfono y WhatsApp) con la familia y amigos. También me gusta escuchar mucho la radio y seguir la actualidad por las redes (Twitter,sobre todo). Me gusta estar informada y buscar también programas que traten los temas con humor, para aliviar un poco.

4) Me llama la atención seguir escuchando frases como “solo afecta a los mayores” porque “esos mayores” son nuestros padres y nuestras madres y porque, además, somos muchos más los que por diferentes razones estamos en serio riesgo. No puedo entender a esas personas que no hacen caso y salen a la calle sin parar, buscando cualquier excusa y aprovechando para ir a segundas residencias o de vacaciones, sin darse cuenta de que pueden estar contagiando sin saberlo. Me parece de un egosimo mayúsculo y creo que no son conscientes de la gravedad de la situación y del peligro que sus actos entrañan. Tampoco entiendo (y me enfada bastante) la actitud de muchos de restar en lugar de sumar. Ya habrá tiempo más adelante para hacer críticas y valoraciones y aprender de ellas, pero, ahora mismo, la urgencia es la que es, no es el momento de ir sembrando odio y haciendo aún más grandes los conflictos y las diferencias.

Creo que este es un momento histórico y sí tengo la esperanza de que realmente servirá para algo. Por un lado, espero que sirva para demostrar el valor de la cultura (que tantas veces ha sido denostada y que ahora está siendo esencial para salvarnos del tedio) y de la importancia de la sanidad pública. Que sirva para revertir los recortes que se hicieron, para invertir en investigación, en educación, etc… En definitiva, dar prioridad al bienestar social, a las personas, por delante de los intereses económicos o políticos. Espero, además, que mucha gente entienda ahora por qué hay gente que arriesga su vida para salir de su país. Si aquí, teniendo todas las comodidades, casa, luz, agua, comida, Internet, etc…, ya están agobiados, quejándose y vaciando los supermercados, quizás ahora puedan imaginarse (aunque sea remotamente) lo que debe de ser no tener nada de todo eso y que, además, te estén matando o persiguiendo. Toda esta crisis debería servir para replanteranos todo y ver que, al fin y al cabo, todos somos personas, tenemos las mismas necesidades y deberíamos tener los mismos derechos.

EDUARDO GOLDMAN (ESCRITOR, PSICÓLOGO Y HUMORISTA | BUENOS AIRES, ARGENTINA)

1) Vivo en Buenos Aires y aquí estamos en condiciones de zafarrancho de combate. Fronteras cerradas, alcohol en gel y jabón como los bienes más preciados, gente en los supermercados vaciando las góndolas, colas en los bancos para evitar que se aglomeren dentro; en fin, todo patas para arriba y con la televisión a tono con el odioso coronavirus. Se acabaron los besos y los abrazos. El prójimo es un ser adorable, pero lo eludimos como si tuviera la peste. La paranoia dejó de ser un desorden de la personalidad para regir nuestras vidas.

2) En lo económico no quiero ni pensar. En lo político, quizás a los adversarios de siempre les prenda la costumbre de ponerse de acuerdo en algo y, Dios lo quiera, sigan así. En lo cultural, creo difícil que, instalada la desconfianza por el “semejante portador”, se diluya rápidamente luego de que Israel, Rusia o Estados Unidos inventen la bendita vacuna. En realidad, la aprensión hacia el prójimo en esta sociedad moderna, previa al virus, se verá justificada por este, y se acrecentará aún más. Será el paraíso de los egoístas, que incrementarán su individualismo con la excusa de proteger al otro.

3) ¿Qué cómo la paso yo con esta versión del arresto domiciliario? Evito los noticieros, miro películas y estoy por finalizar la corrección de mi quinta novela.

4) ¿Otros comentarios? Desconfío de mi vecino. Ayer estornudó.

ENDIKA BASAGUREN (ARTISTA | BILBAO)

1) Estoy en Bilbao, en casa estamos bien de salud, pero preocupados. Yo continúo con mi actividad laboral en la tienda y corremos riesgo de contagio, obviamente. Al tratarse de una papelería, entra dentro de los comercios que está permitido que abran. Estamos solamente cinco, ya que al resto han hecho un ERTE. Atendemos la web, pedidos de empresa y bellas artes. Pero al estar abierto también entra gente a comprar. Estoy con mascarilla, guantes, pelo recogido… Me ducho y lavo el pelo según llegó a casa y tiro todo a lavar por si el virus está pegado en cualquier parte. La verdad es que es una situación muy estresante. No abrazo o beso a mi mujer e hija por miedo a estar yo contagiado y contagiarles.

2) El escenario inmediato creo que no va a variar en cuanto al distanciamiento social y confinamiento. Aún va a se duro en ese sentido. Culturalmente, en lo que me toca más de cerca, a nivel expositivo está todo parado. Se retrasan fechas de exposiciones sin saber muy bien cuándo podrán realizarse… En cuanto a las exposiciones más institucionales, será un simple cambio de fecha, espero. Pero yo estoy acostumbrado a trabajar también con galerías emergentes y/o, alternativas y esto va a ser algo más complicado. Antes de esta crisis ya era complicado que una galería que no se encuentra en el top del circuito artístico se mantuviese. Las galerías potentes podrán seguir a flote, pero las pequeñas, seguramente, caerán debido a la crisis económica que esto va a suponer. En consecuencia también me va a afectar a mi como creador.

Espero que el Gobierno y la sociedad también sean conscientes de la importancia de la cultura (arte, cine, literatura, música…), que ayuda a que estos días estén siendo más llevaderos para los confinados. Espero que tenga una importancia tanto a nivel económico en ayuda al sector como en el plano educativo, ya que las humanidades son también las que están ayudando a nuestros hijos a soportar este encierro.

3) Cómo te comentaba, mi confinamiento es parcial. El tiempo que estoy en casa estoy con mi familia. Aprovecho a hacer actividades con mi hija… También estoy pintando muchísimo. Estoy aprovechando para realizar piezas para una expo que tenía en principio en noviembre, en Vigo, en la galería Apo’strophe.arte, y que está comisariada por Iñigo Rodríguez Román–. Esta obra hablaba precisamente sobre la máscara, sobre el miedo y cómo nos enfrentamos a él. En cierta medida, pintar me está resultando terapéutico, me ayuda a olvidar lo que ocurre mientras pinto. Y me ayuda a enfrentarme al miedo actual, que lo tengo.

4) Como leíste en mi post de Facebook…, deseando que llegue pronto el día en que podamos volver a tocarnos y sentirnos…. Sin miedo.

GABRIELA HILARIO (DISEÑADORA DE VESTUARIO, ESCENÓGRAFA Y ARTISTA TEXTIL | MADRID)

1) Me encuentro en Madrid. Soy diseñadora de vestuario y vine de Buenos Aires por trabajo. Consideró a España mi hogar; viví muchos años aquí. Actualmente, estoy en cuarentena como todos y trabajando desde casa.

2) El escenario inmediato lo imagino muy complejo hasta primeros de mayo. Espero que de ahí en adelante todo mejore; es mi deseo al menos. Pienso que las consecuencias a medio y largo plazo en lo cultural serán difíciles para varios ,aunque creo que no será igual para todos. Tengo la intuición de que, al mismo tiempo, habrá varias oportunidades en determinados sectores como en la industria cinematográfica y en los grandes espectáculos. La crisis económica será visible y tomara algún tiempo repuntar. Habrá muchos cambios en el modelo de trabajo actual, lo cual será beneficioso para la sociedad.

En lo político y lo social las consecuencias se verán en los cambios del modelo existente. De algún modo, lo que estamos viviendo funciona como un filtro, quedarán solo los que estén preparados para este cambio de conciencia. Los seres humanos tenemos que abrir los ojos y ser solidarios, respetar a los demás, generar la conciencia de unión para avanzar. En fin, son muchas las cosas que el mundo está pidiendo cambiar.

3) Mi confinamiento lo aprovecho al máximo. Sigo adelante con mis planes, trabajo por Internet, leo, estudio y me perfecciono en lo que necesito a través de la formación online, cultivo mi mente y mi cuerpo a través de la meditación, el ejercicio diario y la buena alimentación. Hago encuentro de amigas a través de Internet y compartimos nuestras ideas.

Y lo más importante es que todos los días me conecto conmigo, trato de encontrar “la paz” para no dejarme avasallar por las noticias y todos los mensajes del virus.

4) Sinceramente, siento que es una época difícil en la humanidad, pero pasará y nos dejará un gran aprendizaje necesario para que todos podamos ser felices de verdad. Solo hay que preparar nuestras mentes para lo nuevo, reinventarse y disfrutar de todo, sin perjudicar a nadie.

HORACIO SILVA (ARTISTA Y PROFESOR CATEDRÁTICO EN LA FBBAA DE LA UPV | VALÈNCIA)

1) Pues me encuentro, como casi todo el mundo –en mi caso, solo–, confinado en mi estudio-domicilio. Pendiente de los medios de comunicación y viendo con impotencia que diariamente aumentan casi exponencialmente los contagiados, los enfermos y los fallecidos, todo ello sumado a la angustia que supone no saber cuándo acabará este encierro que nos impide abrazar de nuevo a nuestros familiares y amigos.

2) Evidentemente, tarde o temprano, vamos a superar este amargo momento que nos está tocando vivir. Tenemos que darnos cuenta de que la fuerza está en la unidad de todos y la responsabilidad en cada uno de nosotros, y que solo así despertaremos pronto de esta pesadilla que estamos viviendo colectivamente. Es, creo yo, una de las lecciones más importantes que debemos aprender de este duro capitulo histórico que nos está dejando esta terrible enfermedad. Por todo ello, estoy seguro que, aunque en un principio vamos a sufrir las duras consecuencias de esta crisis, en nuestra sociedad habrán cambios y espero que para bien, sobre todo en lo político. Nuestra clase política tiene que ponerse las pilas. No puede caer tanta desgracia en saco roto.

3) En ese sentido, me siento un hombre bastante afortunado. Debido a mi profesión estoy muy acostumbrado a trabajar en la más absoluta soledad. Como sabrás, mis herramientas principales son los lápices, pinceles, los pigmentos, etc., pero mis motivaciones creativas van más allá del soporte bidimensional, se extiende a la fotografía y el video experimental. Por otra parte, hace algo más de dos meses finalizó mi última exposición y ahora es el momento de nuevos planteamientos pictóricos. También estoy inmerso en nuevos proyectos que, aunque no directamente como pintor, sí tienen que ver con el mundo artístico. Por lo tanto, este obligado encierro va a ser de todo menos aburrido.

4) Mi agradecimiento a toda la gente, especialmente al personal sanitario, que está trabajando intensamente, en muchos casos arriesgando su salud, para que todos podamos volver a respirar tranquilos.

JAVIER TOLENTINO (PERIODISTA, CRÍTICO DE CINE Y DIRECTOR DE ‘EL SÉPTIMO VICIO’ EN RADIO 3 DE RNE | MADRID)

1) Como todos mis compañeros de Radio 3, en nuestras respectivas casas. Se suspendió la programación de Radio 3 para sustituirla por playlists, con el fin de unirnos a todos los ciudadanos en este confinamiento. Estoy en mi domicilio de Madrid, intentando llevarlo como mejor puedo: leyendo, escuchando música, cocinando y dialogando con mi familia, algo que casi se nos había olvidado.

2) La verdad es que nadie sabemos nada de lo que pasará después de este tsunami. No sabemos ni siquiera si estaremos vivos. No sabemos cuándo acabará el confinamiento y cómo será la vida el día o los días después de todo esto. Puedo intuir o imaginar que los primeros días, cuando todo pase, será muy alegre y muy festivo, pero, como en una guerra, veremos cómo está la realidad, los daños colaterales y la capacidad que tengamos para reconstruir todo lo destruido. A todos nos ha pillado por sorpresa, por la espalda y era imposible prever este escenario. Me gustaría que después de todos estos meses o semanas, cuando regresemos a una vida normal, haya una reflexión de toda la sociedad y podamos construir una mejor sociedad, un mejor país reforzado por las instituciones públicas que se han ido desmantelando, y no solo el sistema sanitario, también el cultural y el educativo. Habrá que revisar, como sociedad, muchos temas que, hasta que no ha llegado lo que nos ha llegado, nunca habíamos reflexionado o pensado.

3) Bueno, esta respuesta ya la he dado. No soy nada sin cuarenta y cinco minutos diarios de correr y esto es lo que más me está costando… Por lo demás, recuperar la conversación con mi gente de casa, pequeñas tareas domésticas, lecturas, música, películas y también nada; no hacer nada es también maravilloso. Que no solemos cultivar eso, la nada.

4) Agradeceros que os hayáis acordado de mí, enviar un abrazo grande, infinito a todos los ciudadanos y, nada, que esperemos que esto pase pronto y podamos volver a pasear por la ciudad, por la playa, por el bosque y poder recuperar nuestros hábitos, como el placer de una cervecita fría, en una terracita del barrio de las Letras de Madrid….

JOAN FELIU FRANCH (PROFESOR EN EL DEPARTAMENTO DE HISTORIA, GEOGRAFÍA Y ARTE – HISTORIA DEL ARTE DE LA UJI, GESTOR DEL MACVAC Y DIRECTOR DE MARTE – FERIA DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE CASTELLÓN)

Foto: Llúcia Fornals.

1) Estoy en casa, con buena salud, aunque arrastro un resfriado prepandémico. Mi trabajo en la universidad se puede realizar online y como gestor del MACVAC he organizado las tareas de los trabajadores del museo para que también las puedan hacer desde casa en la medida de lo posible. Soy consciente de que se nos va a acumular trabajo presencial para cuando esto termine, pero seguro que lo haremos con ganas renovadas.

2) Me resulta más difícil imaginar el corto plazo que el medio o largo. Supongo que seguiremos aguantando (mientras no pasemos de aplaudir en los balcones a cantar, que en mi caso puede provocar tentativas de homicidio), y seguiremos haciendo un máster intensivo en comunicación en redes de algo que pensábamos solo se podía hacer presencialmente. A medio y largo plazo, la cosa está en saber si seremos mejores personas habiendo pasado por esto, si los valores serán otros, si tras el miedo, la incertidumbre, lo desconocido, la soledad y otros muchos sentimientos que se van a ir acumulando intensamente (como les pasaba a los de ‘Gran Hermano’), la cultura será esa poderosa y necesaria herramienta para vivenciar emociones que muchos creemos que es. Ojalá el escenario futuro sea el de una nueva cultura del encuentro, mucho más democrática y accesible. En lo económico va a pasarlo mal muchísima gente, pero espero que sea puntual, y que la recuperación, que será rápida, no se deje a nadie detrás. Y en lo político, supongo que los valores de lo público serán comprendidos en mayor medida, pero igual que creo en la solidaridad de la gente, también creo en la mala memoria. Pero, en fin, soy muy malo profetizando, no me hagáis mucho caso.

3) Tengo previsto salir a trabajar un par de mañanas, más para revisar el MACVAC que otra cosa. El resto en casa, atendiendo mis clases online. Intentaré llevar un horario, volver a hacer taichí, terminar de leer ‘Filosofía para bufones’, de González Calero, intercalándolo con ‘Contra la postmodernidad’, de Ernesto Castro, y luego intentaré seguir algún consejo de visita virtual, noticias, etc., hasta que acabe agobiado y al final lo único que saque en claro serán unos cuantos kilos de más. El día de la liberación igual me encontráis en chándal a las seis de la mañana, sentado en el suelo ante la nevera abierta y riendo como el Joker.

4) Hacerse el interesante porque sí es uno de los mayores indicadores de la estupidez humana, así que prefiero no dar consejos ni concluir nada. Confio en la gente, espero que sepamos comportarnos como lo que somos, personas.

NILO CASARES (COMISARIO Y CRÍTICO DE ARTE | OLEIROS, A CORUÑA)

Foto: Amparo Blázquez.

1) Estoy en mi casa en Oleiros, A Coruña, recluido con mi mujer y su mascota, respetando la orden gubernamental.

2) Tengo poca imaginación para el futuro. Desde muy temprana edad abracé a Nietzsche, de quien adquirí la higiene del olvido; casi al instante desarrollé la capacidad de no imaginarme el futuro, algo que me ha librado de muchas crisis de ansiedad anticipatoria; si bien otro tipo de ansiedades y neurosis hacen que la vida nunca me aburra.

Sí temo que en el ámbito artístico tengamos más dificultades de las habituales; el cierre, por ejemplo, de las salas de exposiciones dificulta el sano recreo en el arte para disipar los encierros, y las tan cacareadas aperturas digitales de los museos y centros de arte, como las emisiones de ópera en abierto, por ejemplo, no sirven, porque tanto de las artes plásticas, cuanto de las escénicas, solo se puede tener experiencia directa y en vivo, de tú a tú. Otra cosa es la lectura, la actividad del recluso por excelencia, la escritura, o la escucha de música grabada, que podemos realizar en nuestros respectivos refugios.

3) Mi confinamiento lo llevo con comodidad desde donde me encuentro ahora. Si pienso en la que fue mi última casa en València, entre el Ayuntamiento y el Instituto Luis Vives, me da un pasmo. Estar en el centro de una ciudad bulliciosa sin poder salir, o solo para ir al Mercado Central a hacer los recados, sin pararme en ningún bar a tomarme un vino, me parece de pesadilla. Sin embargo, donde vivo ahora, recogido por la naturaleza, con todo lejos y nadie por la calle, se lleva mucho mejor, no tengo la impresión, que seguro tendría en València, de sobrevivir en una ciudad fantasma.

El confinamiento me pilló escribiendo y, me temo, tendré que dejar de hacerlo. Mi proceso de escritura es el de pensar, documentarme, leer, releer, dar más vueltas por mi biblioteca y pegarme con las estanterías porque no encuentro un libro que seguro tengo y no doy con él, volver a buscarlo, encontrar otro que también me sirve, rastrear por la Inet, pedirle al librero el libro que tengo y no encuentro u otro del que me he enterado, y muchas otras cosas que la situación actual me impiden realizar, porque me tiene sumido en un nerviosismo ajeno a mis rutinas diarias; así que me entretendré leyendo. Libros me sobran en casa y tengo empezados muchos. ¡Fíjate la coincidencia!, que siempre me ha parecido indicativa de algo: esta orden de confinamiento me pilló leyendo, entre otros libros, porque siempre leo varios a la vez o me aburro; me pilló, decía, revisando ‘La nueva Edad Media’ (de Eco, Colombo, Alberoni y Sacco, escrito en 1973 y publicado aquí en 1974), para el libro al que le llevo un tiempo dándole vueltas, y hete aquí que se nos viene encima otra peste llegada de Oriente.

Volverá a pasar lo mismo y reaccionaremos de la misma manera, sobre eso no me cabe duda, porque nihil sub sole novum.

4) Si antes de este encierro obligado por la situación sanitaria creía que vivimos tiempos neomedievales, hoy me siento en medio de un neofeudalismo de difícil digestión.

PILAR GIRÓ (COMISARIA Y DIRECTORA ARTÍSTICA DEL ESPAI CARMEN THYSSEN | SANT FELIU DE GUÍXOLS, GIRONA)

1) Me encuentro en mi domicilio habitual, estos días con mi hijo. Los dos, de momento, en buen estado de salud.

2) Es difícil imaginar cuáles serán las consecuencias de todo esto a largo plazo, pero parece evidente que necesitaremos un cambio de modelo en todos los ámbitos que propone la pregunta. Son muchos los frentes de reflexión que se abren ante esta crisis sanitaria. A medio plazo, dependerá de nuestra capacidad de respuesta individual y como sociedad. Esta pandemia pondrá a prueba la madurez democrática, tanto desde el punto de vista social como político, dejando de manifiesto cuál es nuestro verdadero compromiso con nosotros mismos y para con los demás: responsabilidad y sentido común. Las consecuencias económicas seguramente serán graves para todos los sectores. Ciertamente, esta crisis sanitaria ha puesto en primer plano las grandes debilidades de nuestra sociedad. El COVID-19 ha mostrado nuestro talón de Aquiles. Sí, somos vulnerables, somos humanos, no dioses o héroes. Espero que estos días nos sirvan para reflexionar sobre la medida de las cosas.

3) Escribo estas palabras tras nueve días de confinamiento y con el horizonte difuso. Por suerte, puedo trabajar desde casa, o sea que una parte importante del día está dedicado a ello: leer, pensar, escribir… En mi faceta de docente el reto será poder seguir el curso con el alumnado de secundaria.

Otra parte importante del confinamiento es la convivencia, con uno mismo y con los demás. Espero que lo más positivo de todo ello sea que cada una consiga despertar su vertiente más creativa y para ello el tedio es un buen aliado. Esa necesidad constante de llenar el tiempo y de proyectar el deseo a veces nos distancia de vivir y sentir el presente o, sencillamente, de algo tan simple e imprescindible como el hecho de ser conscientes de que respiramos.

Me preguntas también por las lecturas. Se me hace difícil una recomendación, pero por si os sirve, estos días aprovecho para releer la poesía de Joan Margarit.

4) Mis deseos: que todo esto acabe pronto y con el menor número de víctimas posible. Un enorme reconocimiento a todo el personal sanitario y a quienes hacen posible que no falte el abastecimiento básico. Son muchas las voces que afirman que es necesario un cambio de modelo; empecemos por aplicarlo en nosotros mismos y en nuestros hábitos cotidianos.

ROMÁN DE LA CALLE (PROFESOR HONORARIO DE LA UVEG, CRÍTICO DE ARTE Y ESCRITOR)

Foto: Salva Nebot.

1) Hemos dejado el campo (La Cañada), donde habitualmente solemos acudir, al aproximarse la bisagra primaveral, para regresar de inmediato, dado el caso, a la ciudad de València, pensando sobre todo en los servicios propios del contexto urbano, en un escenario que se nos presenta problemático y quizás dilatado en sus exigencias e imposiciones, teniendo siempre en cuenta la difícil coyuntura actual, que la pandemia del COVID-19 socialmente ha forzado.

El aislamiento doméstico, implantado cautelarmente, como recurso general, se convierte asimismo en una inusitada prueba personal/familiar. En nuestro caso, con un escenario de estricta pareja: una psicopedagoga y un filósofo, que acaban de celebrar (julio, 2019) sus cincuenta años de unión y convivencia. Afortunadamente, a pesar de la edad –lo que nos inscribe, en esta dramática coyuntura, en un contexto de riesgo–, nos encontramos bien y somos precavidos, en lo posible, con las normas decretadas y/o aconsejadas al respecto.

2) Todos estamos viviendo, de entrada, una especie de pesadilla colectiva, de ficción sobrevenida, pero efectivamente real, en su riesgo, intensidad y consecuencias. La escenografía internacional de la pandemia ha sido, en su inmediatez creciente e imparable, tan sorprendente, por su rapidez, como efectiva, por sus consecuencias encadenadas.

Sin embargo, todo lo sucedido no se me presenta, en mis reflexiones, como ajeno a las coordenadas de la extrema globalidad, implantada en nuestro modo de existencia presente, como también lo asumo en calidad de consecuencia, mediada, sin duda, del insostenible sistema capitalista, con sus prioridades y restricciones; así como de la reforzada acción neoliberal, claramente ciega para todo lo que no apunte hacia la acumulación especulativa, en favor del dominio y control de la producción, unilateralmente dirigida y usufructuada. Todo ello pasa, sin excesivos miramientos, por encima de la naturaleza y del minusvalorado medio ambiente, así como de los restringidos parámetros éticos, capaces de estructurar, en principio, la conducta humana. Son ellos los llamados a respetar los principios de equidad, de igualdad de género o de la diversidad identitaria, más allá de la aporofobia y de los drásticos y contagiosos cierres de fronteras, frente a las emigraciones, a los que quizás nos hemos acostumbrado, en buena medida, insensibilizados, por el silencio/soto voce de los medios y las argumentaciones sociológicas interesadas, quizás como un oportuno ensayo, previo, de cara a las posibles pandemias futuras.

¿De qué consecuencias, a medio y largo plazo, podemos hablar, tras las huellas y rastros políticos, económicos, sociales y culturales que hemos ido remedando, absorbiendo, dejando y reduplicando, en torno al sistema? Si la pandemia alcanza, en nuestras extensiones geográficas, los picos temidos y se desborda la situación hospitalaria, con la posible limitación de medios disponibles, ¿de qué trágicos efectos cabrá hablar? Es ahora cuando, quizás, las carencias investigadoras, los recortes históricos y las prioridades trasladadas a sospechosos dominios se hagan directa e insultantemente patentes.

3) Al anunciarse el confinamiento, estaba –y estoy– finalizando la edición de un libro colectivo, en el que han colaborado veinte personas del mundo universitario y cultural valenciano. Su título: ‘Entre la crisis, la resistencia y la creatividad. Los diez últimos años del arte valenciano contemporáneo (2008-2018)’. Mi idea, como editor, era presentarlo en la Fira del Llibre de València, que ha sido, de momento, también paralizada. Un volumen de casi 500 páginas donde se analiza, a fondo y por parcelas, la dura situación vivida por nuestra cultura, en ese demoledor periodo/década de hierro. Había, pues, que estudiarlo y no se había realizado ese esfuerzo colectivo hasta el momento. Más de dos años de trabajo compartido y muchas dificultades encadenadas, de las que ya se hablará. La paradoja es que, justamente antes de publicarse, ya entramos –con temor y temblor– en otra fase, incluso más dramáticamente paralizante y omnipresente. Estamos, respecto al libro, eligiendo la portada y, de verdad, ya estoy pensando en la aguda y tentadora necesidad de preparar un nuevo título, también colectivo (‘Reflexiones sobre la pandemia, desde la cultura rasgada’), esta vez con carácter de apuesta bifronte, entre el dietario vivaz y la opción prospectiva.

De hecho, en este retiro forzado y responsable en el que nos encontramos, apuesto a favor de que mis proyectos se ceñirán, básicamente, en avanzar/finalizar tareas pendientes, como artículos comprometidos para determinadas revistas especializadas, en revisar/complementar algún otro libro en colaboración, ya avanzado (‘Correspondencia Eusebio Sempere y Alfons Roig’), para la IAM; en pergeñar las claves de un comisariado comprometido para el IVAM (2021), en leer aquellos libros de los que me he propuesto hacer reseñas o que debo presentar públicamente (ya no sé cuándo…) y en plantear las claves de un par de conferencias apalabradas, pero ahora ya sometidas a una total indeterminación cronológica.

Esta es una situación global, tan novedosa, abrumadora y radicalizada –personal y socialmente– que cada día, al despertar, debo cerciorarme de su apabullante realidad, tras el sueño y sus imprescindibles evasiones.

También la música y la vertiente audiovisual (informativos, películas y redes sociales) ocupa, por necesidad, nuestro tiempo, pero en este caso siempre suele ser en duplicidad personalizada, con mi pareja, entre diálogos y abierta contrastación de pareceres.

4) En las situaciones límite –y esta lo es– suele aflorar siempre lo mejor y peor de nuestra especie. Por eso, tales contextos suelen ser elegidos, por su riqueza de matices y cuestiones contrastadas, para escenificaciones narrativas, teatrales o cinematográficas. Justo en tales marcos extremosos, las ejemplificaciones de las categorías estéticas hallan, incluso, sus más concretas especificaciones: lo bello/lo horrible, lo dramático/lo sublime, la sátira/el humor o la heroicidad/lo mezquino.

Todo un estudio tipológico podría gestionarse, sin duda, en este campo ilimitado de tensas posibilidades existenciales, que nos aguardan indefectiblemente.

Pero, a su vez, en medio de tanta enfermedad y dolor, como ya nos circunda, qué emocionante es ver la respuesta de gran parte de la ciudadanía: humor, imaginación, disciplina, respeto y generosidad. Y, sobre todo, el testimonio directo –lecciones inolvidables– de ejemplar solidaridad de tantos profesionales (e incluso voluntarios), en sus respectivos ámbitos de actuación, arriesgándose al contagio, asumiendo además (com-pasión) la desgracia, el sufrimiento (pasión) de los demás y la enfermedad de los otros…

¿Cuántos interrogantes existenciales nos quedan, de hecho, todavía entre las manos?

SARA MANSANET (GESTORA CULTURAL RESPONSABLE DEL AULA DE CINEMA DE LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA Y DIRECTORA DEL FESTIVAL LA CABINA)

1) Estoy en casa con mi familia e intentando entre todos hacer de este espacio un lugar lo más cómodo posible para todos los que lo habitamos: 2 adultos, 4 adolescentes y 3 gatos. ¡Casi nada!

2) Pienso que, probablemente, estamos viviendo como sociedad global uno de los momentos más complejos y decisivos de nuestra historia reciente. No soy capaz de prever las consecuencias a largo plazo, pero en lo más inmediato creo que nos enfrentamos a una prueba de autocontrol y fuerza de ánimo importantísima. Solo se me ocurre sobrellevarlo trabajando la mente de manera individual para estar lo más activa y lúcida posible de cara a lo que nos venga cuando retomemos nuestro ritmo habitual. Nada será igual cuando todo pase y tengo la esperanza de que seamos mejores con nosotros mismos y con nuestro entorno.

3) La verdad es que, cuando tienes por delante tantos días en los que estás obligada a estar en casa, de repente te das cuenta de todas las cosas que tienes pendientes: desde leer ese libro que acumula polvo en la mesilla de noche hasta acabar de coser los botones caídos y que siempre dejas para después.

Un libro que me dispongo a terminar ya es mi último regalo de Reyes: ‘Quiero escribirte esta noche una carta de amor’, de Ángeles Caso. Vendrán después muchos más; los más inmediatos son ‘Irlanda’, de Espido Freire, y ‘Poética de la ausencia’, de Isabel Cadenas Cañón (préstamo este último de mi querida Begoña Donat).

Quiero y debo tener la mente ocupada y fresca y, por mi propia logística familiar, tengo que organizar más que nunca cada día: horarios, ritmos y momentos para hacer algo de ejercicio, además de planificar el trabajo desde casa con el visionado de los mediometrajes que ya se están inscribiendo para La Cabina 2020 y la programación que me corresponde desarrollar en el Aula de Cinema. Creo que no me aburriré…

4) Es el momento de mirar nuestra casa con otros ojos: este espacio propio se ha convertido en el espacio único; quererlo es el reto. Y, como dice mi abuela, no estamos para dejar nada para después. En cuanto pueda salir lo voy a llevar a rajatabla.

¡Ánimo, cuidaos y cuidar a los vuestros!

Merche Medina

Reflexionar la pandemia. Cultura vs coronavirus (III)

#MAKMAEntrevistas | Reflexionar la pandemia. Cultura vs coronavirus (III)
Jueves 19 de marzo de 2020

Avanzan las jornadas de confinamiento y la paciencia se torna quebradiza. Nuestro preceptivo exilio interior parece habernos convertido en objeto de un confuso ensayo de laboratorio. El entorno doméstico, que habitualmente nos cobija, se torna ahora con un cariz inusual de arresto, exhortándonos a fabular con aquella remota vida del mundo exterior.

La paradoja nos acecha; algunos hemos creado siempre como individuos atomizados y la fisicidad de nuestro aislamiento nos hace desear desenvolvernos en comunidad. Tal vez no seamos más que un cadáver exquisito y este la fórmula extraordinaria para sobrevivir.

En consecuencia –tras la primera y segunda entrega de ‘Reflexionar la pandemia. Cultura vs coronavirus’–, desde MAKMA proseguimos invitando a difundir su testimonio a un diverso elenco de profesionales de las artes visuales, literarias, cinematográficas, universitarias e institucionales, procurando respuesta a variadas cuestiones que nos ofrecen una interesante y lúcida reflexión acerca de cómo aquellas personas que vivimos y participamos de la cultura afrontamos desde el hogar la presente pandemia de coronavirus.

1) ¿Dónde y en qué situación te encuentras?
2) ¿Cómo te imaginas el escenario inmediato y cuáles serían, a tu juicio, las consecuencias a medio y largo plazo en lo social, cultural, económico y político?
3) Tras el decreto de estado de alarma, ¿de qué modo afrontas tu confinamiento? ¿Qué lecturas y/u otras actividades llevas a cabo?
4) Comentarios y conclusiones.

ALEJANDRO MACHAROWSKI (PROFESOR Y RESPONSABLE DE RR.II. DE ESAT | VALÈNCIA)

1) Me encuentro en casa, València ciudad, aislado, según lo indicado por el Gobierno el pasado sábado. Aunque, observando lo que estaba sucediendo, me autoaislé el miércoles 11 por la tarde. Desde entonces, estoy trabajando desde casa. Estoy bien, adaptándome a la nueva situación.

2) Es una pregunta muy compleja para algo que recién empieza. Nunca hemos vivido algo así, podemos imaginar muchas cosas; sin embargo, la realidad siempre va más allá. No sabemos cómo acabará esto, ni lo que sucederá en este proceso de prevención del contagio del COVID-19. Entiendo que las personas estamos actuando como si estuviéramos ante una guerra bacteriológica (lo vemos en el supermercado), pero no estamos viviendo una guerra, sino la llegada de un nuevo virus que no tiene vacuna. De ahí que las autoridades sanitarias y los Gobiernos aíslen a su población para que el problema no se extienda de manera vertiginosa.

Evidentemente, habrá consecuencias en nuestro día a día, no somos conscientes de todo lo que conlleva la vida de una sociedad como la actual: sociedades complejas e hiperconectadas. Y no me refiero solamente a Internet, sino también, entre otras muchas cosas, al tráfico marítimo de contendedores que traen mercancía de todas partes del mundo. Podemos comprar espárragos cultivados en Indochina o propóleo de Afganistán, lugares muy alejados de nuestro territorio y, sin embargo, esos enormes barcos llegan al puerto de nuestras ciudades todas las semanas, la conexión es inevitable. Creo que después de esta crisis la globalización se revisará.

Por momentos, creo que estas medidas deberían tomarse ante el cambio climático; el aumento de la temperatura no es un virus, pero en algún momento habrá que regular la actividad humana para frenarlo, y de forma similar a las medidas que se han tomado contra el COVID-19. Detener o ralentizar la vida de una sociedad tiene consecuencias económicas y sociales negativas, es lógico, en un sistema económico como el nuestro en el que el dinero manda. Atacar su movimiento perjudica económicamente, lo material es el valor en el que se basa el sistema actual en el que vivimos; lo retroalimenta, lo sostiene. Las leyes del mercado, dicen. Esto conllevará cierre de locales, quiebre de pymes, agotamiento de los autónomos… Será muy duro.

En cuanto al escenario cultural, si bien está sufriendo una crisis acentuada en los últimos años con las políticas restrictivas a nivel nacional de los Gobiernos conservadores (2011-2015), después del virus seguirán existiendo, lógicamente, pero se verán afectadas. Tras la crisis por el virus, el Estado deberá velar por la cultura, como lo viene haciendo, garantizar este acceso. El sector cultural privado –sin la ley de mecenazgo, anunciada y prometida por el PP– lo tendrá más difícil, se tendrá que innovar para obtener nuevos recursos.

En lo político, es posible que la coalición del actual Gobierno a nivel nacional haga un buen trabajo y que no solo acabe sus cuatro años de mandato, sino que podría repetir. Si bien es cierto que esto último dependerá principalmente de la manera en que gestione esta crisis, así como sus consecuencias económicas y sociales. Pareciera que cuando gobierna la izquierda en España cayera una catástrofe que nace en alguna parte del mundo echando por tierra lo positivo. Si en 2008 fue Lehman Brothers, en 2020 se llama COVID-19. Es fundamental que el país avance y consolide los cambios que la sociedad demanda. En la Comunidad Valenciana espero que se continúe con el actual modelo de gestión, sensatez, sentido común y diálogo.

3) A nivel personal, estaré en contacto con mi familia, amigos y compañeros. Es importante conocer cómo estarán nuestros seres queridos en días que serán difíciles. En lo profesional, trabajaré desde casa en modo online, a través de videollamadas, chats, teléfono y redes sociales.

Mi ocio consistirá en escuchar música, ver películas o series de televisión. Las plataformas virtuales son variadas y completas, podríamos estar meses aislados con ellas. También tendré tiempo para informarme, leer y escribir. La investigación nunca termina.

4) Espero que la sociedad se recupere pronto de este enorme problema. La paralización de un país (o de un continente) no es algo de lo que podamos recobrarnos prontamente, nos llevará todo el año y marcará nuestras vidas. Pero soy positivo.

ANDRÉS HERRAIZ (INVESTIGADOR DEL DEPARTAMENTO DE HISTORIA DEL ARTE DE LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA | VALÈNCIA)

1) Estoy en mi casa, en València, circunscrito a mi mesa de trabajo y a los libros que desde hace meses aguardan ser leídos.

2) Considero que las consecuencias a corto plazo del estado de alarma sobre el que se ha puesto a la población española ya son visibles en supermercados y grandes superficies comerciales. El COVID-19 ha conseguido que los ciudadanos de a pie saquen sus peores galas, se vistan de histeria colectiva y releguen a un segundo plano los valores solidarios que frente a una situación de emergencia deberían surgir de manera espontánea.

Es muy bello ver cómo, imitando a los italianos, en algunos patios valencianos se escuchan dolçainas y se entona el cancionero fallero. No obstante, otra cara ha de ser expuesta a la luz, aquella que deja a ancianos y ancianas llorando frente a los estantes vacíos de los supermercados sin saber qué llevarse a la boca porque familias enteras han arrasado con las bandejas de carne y alimentos básicos. Considero que las consecuencias a medio y largo plazo han de partir de una toma de conciencia y una actitud empática, no solo con la médico o el enfermero, sino con nuestros vecinos y conocidos, aquellos con los que compartimos escalera, con los que nos cruzamos en la cotidianidad; para ellos hemos de tender nuestra mano solidaria en estos momentos donde parece que prima la máxima del “sálvese quien pueda”.

3) Estos días de aislamiento, con una tesis doctoral en curso, las lecturas que acompañarán mi confinamiento serán todas aquellas que a lo largo de este último año he ido relegando a un segundo plano. De este modo, autoras como Alison Moore o Isabel Speyart van Woerden acompañarán a los ya ajados libros de Warburg, Panofsky o Walter Mitchell.

4) Apaga la tele y enciende un libro.

BEGOÑA SILES (PROFESORA Y DIRECTORA DE LA CÁTEDRA LUIS GARCÍA BERLANGA DE LA UNIVERSIDAD CEU-CARDENAL HERRERA. CRÍTICA DE CINE Y ARTE | VALÈNCIA)

Fotografía: Pedro Hernández.

Viernes 13 de marzo de 2020. 15:45 horas. Declaración del estado de alarma por el Gobierno español. Confinamiento en casa. Las calles se han quedado vacías, el ruido de los viandantes, de los coches, se ha evaporado. Las palomas toman la aceras. Otros sonidos, antes imperceptibles, resuenan en este silencio de la ciudad. Un tono de poético patetismo cubre las calles, en el sentido de que conmueve profundamente hasta producir dolor y tristeza. La sombra del coronavirus pulula por ellas, dejando en evidencia no solo lo impredecible de las consecuencias –aunque para los expertos, catastróficas a nivel económico–, sino también la vulnerabilidad e incertidumbre del ser humano ante la existencia.

La sombra del coronavirus refracta la imagen de la muerte, a la vez que refleja el miedo a esa “dama negra” a la que todos estamos destinados a saludar –con la mano o sin ella–.

Si la certidumbre de la muerte ofrece el sentido de la vida, el arte –esa capacidad inútil para satisfacer las necesidades biológicas, pero imprescindible para sobrevivir a los infortunios de la vida– nos puede ayudar a hacer más llevaderos estos días de confinamiento. En la película ‘La lista de Schindler’, de Steven Spielberg, se habla de trabajadores “esenciales”, como aquellos que tienen un oficio que resulta “útil para la guerra”. Un judío que es músico pregunta: “¿Desde cuándo no es la música esencial?” La ministra de Cultura alemana, Monika Grütters, responde a esa cuenstión, en estos momentos de pandemia, anunciando un programa de ayudas específicas para el sector cultural, por entender que produce bienes de esencial necesidad. Apostemos, pues, por la literatura, la música y el cine. Un aplauso desde los balcones para los creadores.

BOKE BAZÁN (DISEÑADOR | VALÈNCIA)

1) En casa, con mi chica y bien de salud.

2) El Papa morirá por el coronavirus, así como el colegio cardenalicio al completo; esto permitirá que Christine Lagarde se haga con el poder en el Vaticano tras asesinar a más de un competidor. La perplejidad y descontrol de los católicos conllevará una revuelta sangrienta y posterior guerra contra los extraterrestres, veganos y el colectivo LGTBI. Iniciada en Roma y de alcance global, implicará tal hambruna que solo sobrevivirán los caníbales. Judíos y musulmanes se fusionarán en una sola iglesia para controlar el petróleo y las finanzas del mundo. Los no convertidos serán ejecutados, y la invasión de Europa se completará en 66 años. No habrá crisis económica; Rodrigo Rato dirigirá el FMI.

El Real Madrid, Mercadona y Felipe VI serán comprados por grupos inversores de China. Rosa Díez será presidenta del Gobierno de una España que, tras las sucesivas independencias, se reducirá a un territorio tan extenso como Andorra, donde no se pagarán impuestos por ser paraíso fiscal, con la peseta por divisa con la cara de Franco por un lado y la reina de Inglaterra por el otro.

Sánchez Dragó y Pérez Reverte, tras liderar el exterminio de los influencers, instagramers y youtubers, serán beatificados y enterrados junto a Dalí en el Valle de los Caídos. El coronavirus será vencido.

3) A base de heroína, ya que el hachís y la cocaína son drogas más sociales.

Aprovecharé para leer ‘Sabor a hiel’, de Ana Rosa Quintana, ver mucha TV y, entre una cosa y otra, haré el cambio de armarios.

4) Siempre se van los mejores.

CARMINA BURGUERA (DISEÑADORA Y FUNDADORA DE PILLOWS4LIFE | VALÈNCIA)

1) En València. Llevo una semana ya por casa. Pasé unos días acatarrada y eso me hizo reaccionar rápido, cerrando el estudio el lunes pasado (9 de marzo) a visitas y a colaboradores, por riesgo al contagio. ¡Afortunadamente, estoy bien!

2) Ante este fundido a negro, intento afrontarlo desde la serenidad, con preocupación y atención a partes iguales. Opto por instalarme en el optimismo, deseando que la realidad no sea tan lineal como nuestros razonamientos. Nos enfrentamos a contextos de incertidumbre, vamos a necesitar valor y aceptación para seguir adelante ante los incalculables costes, pues dependerá de cada uno de nosotros bastante más de lo que tendemos a creer. Ojalá el dolor dé paso a la reflexión de lo verdaderamente valioso.

3) Estoy entrenada en la flexibilidad y no me está costando demasiado adaptarme mentalmente al nuevo escenario. He trasladado trabajo a casa, el trabajo artesanal lo recomiendo especialmente en estas circunstancias, pues aísla la actividad mental, como la lectura o la música. No soy de rutinas, no me he planteado nada concreto: ¡sigo con todo junto y mezclado adelante! Lo que seguro voy a hacer es darme un baño de ensimismamiento. No me he aburrido nunca.

4) He de confesar, también, que me viene el recuerdo de lecturas lejanas como ‘El ensayo sobre la ceguera’, de Saramago, en forma de zarpazo. Y, por último, reconocer que sería extremo no poder comunicarme con mi hijo, familia y amigos, que es como un suelo de paz para el día a día.

JOSÉ LUIS GARCÍA-BERLANGA (CINEASTA | MADRID)

1) Entre el encierro familiar/casero y mi lugar de trabajo.

2) El escenario actual todavía lo veo oscuro para largo, las consecuencias van a ser terribles en lo social y para la economía. Será la última oleada tecnológica para expulsar a los mayores de la sociedad activa.

3) El encierro forzoso lo veo como el voluntario, leyendo mucho, sobre todo libros de historia que tengo acumulados, y buscando series y películas por las plataformas.

4) Estamos jodidos.

JUAN PEDRO FONT DE MORA (DIRECTOR DE LA LIBRERÍA RAILOWSKY | VALÈNCIA)

1) Estoy bien, en casa, con mi familia y teletrabajando.

2) Las consecuencias en mi sector, el cultural, son desastrosas. La mayoría somos microempresas con una economía muy justa. El cierre de uno o dos meses va a suponer un problema, en algunos casos, insalvable. Hemos tenido que aplazar la Fira del Llibre de València, que en muchos casos supone un 15-20 % de facturación anual. Railowsky realiza mucha promoción externa. Voy a dejar de ir a tres eventos en el próximo mes…

3) Objetivos: pues eso que nunca puedes hacer, como realizar un inventario exhaustivo de libros y fotografías. Ordenar y tirar trastos, avanzar con los trámites de la Fundación Railowsky. En definitiva, preparar el futuro, que seguro será mejor que el presente.

Lecturas: seguiré como siempre. Ahora estoy con un libro de relatos delicioso, duro, pero delicioso: ‘Estrómboli’, de Jon Bilbao, publicado por Impedimenta. Luego seguiré con otro. Es con lo único que no tengo problema, tengo libros para dar y vender (ja, ja, ja).

Cine: veré ‘El irlandés’, de Scorsese, en casa, en el sofá, con unas cervecitas y una papas. ¡¡¡Son tres horas!!!

MANEL COSTA ( POETA | VALÈNCIA)

1) En principio, la buena noticia es que todavía estoy y soy. En mi casa, con la salud en perfecto estado y jugando al dominó con ella.

2) La situación que ya estamos viviendo es muy seria en todos los aspectos, pero, desgraciadamente, presumo que las circunstancias van a agravarse, llegando a cotas desconocidas; sin embargo, sorprendentemente, con recuperación rápida. Aunque esta experiencia, a mi juicio, cambiará diversos ítems de cómo entender esta sociedad. Menos mal que los artistas, los poetas, los músicos, los creadores, en definitiva, estaremos ahí para hacer más soportable esta mierda de sociedad.

En lo social y cultural, me temo que no solo no va a mejorar, sino que es casi seguro que va a empeorar (si cabe), en beneficio de los dos siguientes asuntos.

El tema político y económico, al menos para mí, son dos cosas indescifrables e incognoscibles. Ahora bien, tengo claro una cosa, o el capitalismo desaforado que padecemos desaparece o la solución no la veo por ningún sitio. Y en lo político, tan solo recordar un adagio que escuché en mis años mozos y que me marcó políticamente para toda la vida: “Si un rico y un trabajador votan al mismo partido, uno de los dos se equivoca…, y ese no es el rico”.

3) Para mí ha sido una circunstancia favorable, pues tenía trabajo atrasado y me ha venido de puta madre. Escribir, leer, escribir, leer, escribir, leer…

4) Francamente, no sé cómo va a acabar esto, pero no creo que muy bien. Para mí, en cuanto a mi producción poética, artística, etc., no va a cambiar demasiado con referencia al pasado. Desde hace más de cuarenta años que he transitado por las periferias del arte y las letras, de modo que continuaré con mi devenir diario, sin demasiada preocupación y sin demasiado éxito, como debe ser.

MARTÍN FORÉS (ARTISTA | VALÈNCIA)

1) Estoy actualmente en València y superactivo, como siempre (¡¡la actividad va por dentro!!).

2) Esta pregunta supone un mogollón de preguntas (no es justo, cabroncetes). A ver, el escenario inmediato es de stand-by, pero confío plenamente en la capacidad creativa y fuerza regenadora mediterránea. Estamos en un mundo globalizado, pero no olvidemos nunca que somos puros mediterráneos en todos los aspectos. ¡¡Siempre optimista!! Lo económico es aparte, la moral prevalecerá.

3) Sé la putada que supone para mucha gente, pero en mi caso ha sido una bendición. ¡¡¡Por fin voy a aprender a dibujar!!! Jamás pude disponer de tanto tiempo libre para el aprendizaje, ¡¡y sin remordimientos!!

Algunos tenemos la suerte de poder trabajar aislados y solos. Estoy hasta nervioso por la cantidad de cosas que puedo hacer: leer, vinito, dibujar, vinito, cine, vinito, amor, vinito, familia, vinito, historia, vinito, amigos, vinito, ¡¡¡bocetando proyectos cómo loco!!!

4) A pesar de todo, no sabemos lo que tenemos. ¡¡¡Somos unos putos afortunados, coronavirus incluido!! He tabajado mucho en África.

NURIA ENGUITA (COMISARIA DE ARTE, EDITORA DE LA REVISTA CONCRETA Y DIRECTORA DE BOMBAS GENS CENTRE D’ART | VALÈNCIA)

1) Estoy en casa, en València.

2) El escenario inmediato me parece que va a durar bastante más de 15 días, por lo que necesitamos mucha paciencia y, como me mandaba el otro día un amigo (escritor) en un mensaje, lo recomendable es «leer y quererse bien». Las consecuencias ahora y más tarde me parece que van a ser muy duras, sobre todo para un gran número de personas con vidas y trabajos precarios. Dependerá de cuánto dure, de cuales sean las prioridades en la recuperación y de cómo se gestione la crisis a la que nos llevará esta parada en seco de la vida social, económica y cultural, este aislamiento, este cierre de fronteras, este estado de alarma que es también de excepción. Mientras tanto, intentamos sobrellevar la situación, cada una como mejor puede.

3) Estoy trabajando en casa, vía Skype, con el equipo de Bombas Gens. Cuando acabo mi jornada, preferentemente leo, hago una sesión de pilates y veo alguna película en Filmin o Netflix. Estoy leyendo el libro de Giuliana Bruno ‘Surfaces: Matters of Aesthetics, Materiality, and Media’, sobre la cuestión de las pantallas y las superficies y las relaciones entre el lienzo, la pantalla, la arquitectura y el cine, muy interesante en relación a nuestra exposición ‘Hiperespacios’ y el trabajo de Inma Femenía. Ese libro me ha llevado a repasar la filmografía de Wong Kar-Wai.

He acabado ya el libro de relatos recién editado de Paco Inclán, ‘Dadas las circunstancias’, otra joyita de este originalísimo escritor de relatos, donde un humor sutil y una ironía certera no esconden una inteligente melancolía. Tengo a medias el libro de Aixa de la Cruz, ‘Cambiar de idea’, una joven escritora que ya entiende la vida como conflicto y transformación. Y tengo reservado otros, entre ellos, uno cuyo título resuena demasiado, ‘El silencio de la cultura’, de Carmen Pardo, cultura silenciada durante el siglo pasado, en este caso por el consumismo y los mass media.

Y entre lecturas y trabajo, conversaciones con mi marido y con mi hijo, por teléfono o Skype con amigos y familiares, y buenas comidas.

4) Al igual que muchas otras instituciones culturales, el centro de arte que dirijo, Bombas Gens, continuará activo en el plano virtual durante el tiempo que tenga que estar con sus puertas físicas cerradas. Para ello, se adaptarán las publicaciones a esta nueva dinámica, apostando así por la tendencia #CulturaEnCasa, y ofreciendo a los usuarios una manera de seguir en contacto con el centro de arte mientras duren las medidas de confinamiento domiciliario.

OUKA LEELE (FOTÓGRAFA, PINTORA Y POETA | MADRID)

1) En mi casa. Disfrutando de la quietud y el silencio.

2) En Francia dejan salir para hacer deporte. Las medidas siempre han de contemplar no dañar. Yo espero que haya una transformación social. Confío en los humanos, que ante la adversidad sacan de su corazón todos sus tesoros, amor, solidaridad, creatividad, como ya se está viendo. Conmueve lo buenas que son las personas. Y creo que vamos a sacar diamantes de este pozo.

Estamos, por primera vez en muchísimo tiempo, viviendo algo excepcional que es tener tiempo de manera colectiva para parar y para mirarnos. Interiorizar y darnos cuenta de cuantísimas cosas son prescindibles.

3) Dibujar, tocar el piano, hacer ejercicio a diario, meditar varias veces al día. Leer muchos libros interesantes que llevo aparcando mucho tiempo.

Por mi parte, me ha sorprendido que mi propia necesidad de parar, de introspección, silencio, soledad…, haya coincidido con el momento social que vivimos. Creo que tenemos que ser muy fuertes y tener y mantener un estado de consciencia muy elevado, porque parece que se nos está exigiendo a toda la humanidad un cambio.

4) Creo que muchos nos estamos planteando un cambio en nuestras vidas, que hay un antes y un después, y que ya no vamos a ser los mismos. Nos estamos entrenando estoicamente para ser mejores, más humanos.

PACO ROCA (DIBUJANTE | VALÈNCIA)

1) Pues en pijama y trabajando. La verdad es que en eso no ha cambiado mucho mi rutina. Si hay que verle la parte positiva a esto es que hacía muchos años que no tenía la agenda tan despejada, y puedo centrarme en el trabajo.

2) Sin duda, tendrá unas graves repercusiones económicas. Y, como ocurre en todas las crisis, los que tienen mucho ganarán más y los demás pagaremos los costes de esto. Pero saldremos adelante una vez más.

3) Más de una vez había pensado en que me gustaría tener un botón para poner en pausa el mundo e intentar ponerme al día. Bueno, en cierta forma eso se ha cumplido para mí y para todos. Es un momento de buscarle la parte positiva y hacer esas cosas que tenías pendientes. Yo he puesto al día el correo, ordenado mi estudio, estoy trabajando sin interrupciones y pasando más tiempo con la familia. Esto lo digo los primeros días de la cuarentena, no sé si seguiré siendo tan optimista dentro de quince días.

PAPU SEBASTIÁN (CANTANTE, GUITARRISTA Y COMPOSITOR DE POLOCK | VALÈNCIA)

1) Me encuentro, por el momento, perfectamente. Eso sí, tras informarme más acerca de la situación y por su calado tan grave, novedoso y desconocido, decidí quedarme en casa desde el jueves (12 de marzo), junto con mi pareja, para estar lo mínimo posible expuesto y para tratar de que la situación se controle cuanto antes.

2) Las consecuencias, además de las económicas –que, entiendo, a día de hoy son incalculables e imposibles de recuperar–, las tendremos que ver con el tiempo. A mi juicio, creo que nos ha puesto en alerta a todos de lo frágiles que somos. Eso sí, el escenario más inmediato es seguir quedándonos en casa (#quedateencasa).

3) El confinamiento es una medida necesaria e imprescindible. Voy a tratar de llevarlo de la manera más amena posible. Estoy en casa junto a mi pareja, tratando de no alarmarnos demasiado, de ocupar nuestro tiempo con trabajo, libros, cocinando y haciendo bricolaje.

4) Se trata de una situación nueva y en la que, por momentos, pareces envuelto en una película de ciencia ficción, pero todo esto está sucediendo a nivel internacional. Tenemos que aportar todos nuestro granito de arena para no generar caos ni más alarma. También ser responsables, si no por uno mismo, por los demás.

SANTIAGO DE LUCA (ESCRITOR Y DIRECTOR DE LA REVISTA SURES | BUENOS AIRES, ARGENTINA)

1) Me encuentro en la ciudad de Santa Fe, en Argentina. Sigo, como siempre, dedicando las horas a las letras. Y, desde el vínculo que existe entre la literatura y la realidad, observo el escenario nuevo que genera la pandemia.

2) Entramos en un territorio desconocido, pero, como siempre, siento que la literatura ya nos permite imaginar diferentes escenarios. Es imposible no pensar en el libro ‘La peste’, de Albert Camus, donde se muestra cómo la peste hace aflorar lo peor y lo mejor de la naturaleza humana. En este sentido, la pandemia puede, también, ser una posibilidad para redefinir vínculos y prioridades, reconectar con cuestiones esenciales y desacelerarnos. Esto, claro, implicaría un cambio en la economía y en la cultura. Tal vez descubramos que podemos vivir de otra manera.

3) El confinamiento me encuentra intentado hacer –como lo hace durante la peste el personaje del doctor Rieux–, de la mejor manera, lo que sé hacer. Sigo leyendo, escribiendo, diseñando el próximo número de SureS, escribiendo cartas (género que tenía un poco olvidado). Tengo una pequeña biblioteca en Tánger y una grande aquí, que rediseño físicamente estos días. También, más que ver series nuevas, uso algo del tiempo para rever películas. Tengo el hábito de la relectura más que de la lectura. Pero no tenia este hábito tan arraigado en el cine; estos días lo estoy haciendo. Tal vez sea una de las consecuencias de la pausa a la que estamos todos obligados.

4) Rimbaud hablaba de una ardiente paciencia. No hay que estar fuera de la tempestad. El desafío es atravesarla con una ardiente serenidad y coraje. Lo demás no depende de nosotros.

VOLKAN DIYAROGLU (ARTISTA | VALÈNCIA)

1) Estoy en mi estudio, trabajando… Tengo mucho miedo. Mucho miedo de la reacción colectiva humana a los últimos acontecimientos. No entiendo de qué tiene la gente pánico. Si tenemos una única cosa cierta en este mundo es que vamos a morir todos. No entiendo, si vamos a morir todos, por qué seguimos comprando papel higiénico.

En el tema profesional me siento un poco perdido y jodido porque, hasta finales de junio, tengo dos exposiciones y la publicación de una monografía de varios volúmenes sobre mi trayectoria y, ahora mismo, todo esta en el aire….

Normalmente, el hecho de vivir era una cosa complicada ya, y ahora ni te cuento…

2) En lo inmediato veo mucho egoísmo humano. Veo muchos zombis paseando en los supermercados pegando virus entre ellos. Si no conociese bien al ser humano diría que, a largo plazo, lo que está pasando nos haría aprender a cooperar entre nosotros por el bien de todos, con o sin el virus. Eso no sucederá.

El poder económico y politico se aprovechará de la situación para controlarnos más y hacerse más imprescindible, casi seguro. Y nosotros seremos tontos, estaremos dormidos y nos dejaremos manipular.

En lo cultural, este país jugaba en tercera division y caerá a la liga amateur. En el mundo cultural veo mucho apocalipsis a corto plazo. A la larga, los artistas crearán mejores obras porque no tendrán tanto tiempo de hacer networking por ahí. Quizás se centren en lo que producen de una puñetera vez.

En lo económico, pocos ganarán mucho en la bolsa. Con lo que esta ocurriendo podríamos entender que, quizás, tantos viajes, tantos apartamentos y turismo barato, no eran tan necesarios. Podríamos entender que no somos tan grandes personas como pensamos. Somos frágiles. Todo no es dinero, dinero y dinero. Pero tampoco aprenderemos de eso.

3) Yo ya me aislaba en condiciones normales. A veces paso meses sin ver a un amigo. O sea, para mí, en este aspecto, no habrá mucho cambio. Y no sufriré por ello. En todos los casos no pienso hacer caso a la autoridad. No conozco fuerza que me pare a ir a trabajar a mi estudio. Voy solo, ando solo, vuelvo solo. Rutina habitual.

Y, si tengo el virus, quizás lea otra vez ‘Ser y tiempo’, de Heidegger –quería hacerlo desde hace meses y no dispongo del momento para repetir libros–. Pero solo si tengo el virus…

Lo que sé es que no veré ni Netflix ni HBO.

4) Menos networking y más trabajo, chicos…

Merche Medina

SET ESPAI D’ART y sus actividades

SET ESPAI D’ART
Plaza Miracle del mocadoret
46001 Valencia (Spain)

SET ESPAI D’ART participó en la feria JUSTMAD, que tuvo lugar entre el 27 de febrero y el 1 de marzo, con una propuesta centrada en la sostenibilidad, con los artistas Cristina Almodóvar (Madrid, 1970), Chingsum Jessye Luk (Hong Kong, 1982) y Janek Zamoyski (Varsovia, 1978).

Fotografía frontal de JUSTMAD

En el marco de EX6, 6ª muestra de arte electrónico y experimental, nos encontramos con la exposición «E scap ES» en la Sala de José Luis Sampedro del Centro Cultural Galileo, Madrid. Dentro de ella, hasta el 15 de marzo, está la obra «Les Dessins Automatiques» de Rubén Tortosa, comisariada por Nilo Casares. La instalación guarda relación con los dibujos de André Masson de 1925, y surge por la mirada de la máquina, quien registra y dibuja las siluetas sobre la pared.

Detalle de la instalación de Ruben Tortosa

Por otra parte, Alberto Gil Cásedas participará en la exposición «Escrituras ácratas» que se sitúa en el Centro Párraga, Murcia. Se trata de un proyecto comisariado por Teresa Calbo que gira en torno al lenguaje, los modos de decir y el sentido del discurso. La exposición se inaugurará el 13 de marzo y finalizará el 31 de mayo.

En SET SPAI D’ART, hasta el 28 de marzo, está la exposición «Diálogos en equilibrio» de Leo Matiz y Lukas Umi, comisariada por Rosa Ulpiano. Aquí se establece un diálogo entre dos miradas diferentes en espacio y tiempo, ambas en equilibrio dentro del paradigma indisoluble de una misma realidad: la abstracción.

Fotografía de la exposición «Diálogos en equilibrio»

Por otro lado, Cristina Almodóvar participa en la exposición «Herbarios imaginados. Entre el arte y la ciencia», que tiene cabida hasta el 31 de marzo en el Centro de Arte Complutense, Madrid. La muestra, comisariada por Toya Legido y Luis Castelo, reúne la obra de 25 artistas contemporáneos relacionada con la botánica y establece un diálogo con los fondos de los museos científicos de la Universidad Complutense de Madrid.

En Segovia, en el Palacio Quintanar, hasta el 19 de abril, la exposición «Esto no es un cartel» reúne una selección de 170 carteles y un centenar de esculturas que componen una muestra del desarrollo creativo de Isidro Ferrer a lo largo de veinte años.

En México, concretamente en el Centro Cultural de España, Ana H. del Amo participa en la exposición «La cuestión es ir tirando», comisariada por Ángel Calvo Ulloa. La muestra reúne el trabajo de 27 artistas imprescindibles dentro del panorama actual de arte contemporáneo español y podrá ser visitada hasta el 24 de mayo.

El metro de València da la nota


El metro de València da la nota
Espectáculo musical en la parada de metro de L’Albereda
Interior de la entrada a la estación de Alameda
Passeig de L’Albereda
Domingo, 24 de noviembre de 2019

Hace unos días, los usuarios del metro quedaban sorprendidos por el regalo que recibían sus sentidos al encontrarse sin saberlo con un espectáculo en el subsuelo. Se trataba de un regalo tanto visual como sonoro que ponía de manifiesto el culto a las bandas de música, y al arte de acción que se profesa en estos lares. Y es que el Concierto para trenes de metro y banda es una especie de fusión con base de instrumentos clásicos, pero con mucha vocación experimental. El sonido de los andenes con público, el espacio acústico propio del metro subterráneo arqueado, las puertas que abren y cierran y todo combinado bajo la batuta de un músico polifacético como lo es Ferrer-Molina, que como los genios invisibles, firman de varias maneras y con varios nombres dependiendo de la línea de composición que realiza, y para quien los trenes emiten un «Re» sin que los afinen para ello.

El director y compositor Ferrer-Molina en plena acción. Fotografía de Nacho Ruiz.

Así fue, producido por Troppemedia con el apoyo del Instituto Valenciano de Cultura, la Diputació de València, Mostra Viva del Mediterrani, Metrovalencia y Turismo València, cincuenta músicos de la Banda de Picanya recorrieron la estación y las líneas del metro realizando una exploración acústica de un espacio público, donde el sonido de los trenes forma parte de la composición.

Músicos tocando en el metro de Alameda, Valencia – Fotografía de Consuelo Peris.

La cara de sorpresa, sonrisas y muecas sobre todo de usuarios del metro extranjeros resultaba ser un ingrediente añadido a la combinación de música inédita en espacio público, coreografía, intérpretes del más alto nivel y el arraigo a las bandas de música propias y vecinas, y que ciertamente daba la sensación de participación de la ciudadanía en un proyecto vanguardista, fresco, innovador y muy identificativo. 

Los músicos de la Banda de Picanya tocando sus instrumento cara a cara, andén con andén. Fotografía de Nacho Ruiz.

‘Concert per a Trens de Metro i Banda’ es una obra site specific para la estación Alameda de Metrovalencia, que ese día aprovechó las cualidades acústicas y lumínicas de la propia estación, integrando los sonidos cotidianos de los trenes y el sonido ambiente en la partitura que interpretaron los músicos.

Músicos reunidos con sus instrumentos y el público a su alrededor – Fotografía de Consuelo Peris.

La afinación de los trenes en RE fue el punto de partida sobre el que se añadió todo el espectro armónico, escalas pentatónicas, etc. Los glissandi de los trenes se fundieron con los de los instrumentos musicales, y viceversa. 

La pieza musical tuvo una duración de 25 minutos, durante los cuales los músicos se apearon escalonadamente en los andenes de la estación, tocaron su instrumento y desaparecieron para reaparecer más tarde en otro andén.

Los asistentes únicamente necesitaron un billete de metro para entrar en la estación y disfrutar del innovador espectáculo musical.

Parada de metro de Alameda, Valencia – Fotografía cortesía de Consuelo Peris.

Irene Valdés

«Tánger es un mundo emparentado con nosotros»

#MAKMAEntrevistas | Javier Rioyo (nuevo director del Instituto Cervantes de Tánger)
Septiembre de 2019

Perfumado con el heterodoxo overol que rezuman los consumados diletantes, Javier Rioyo Jambrina (Madrid, 1956) porta sobre las angarillas de su memoria inquieta el fecundo eco de aquellos otros tiempos modernos de prosodias radiofónicas y literaturas periféricas, el savoir faire de las predilecciones afrancesadas y la mirada esculpida de cineasta alumbrado por la necesidad del documento.

Y es ahora que maduran sus ubérrimas proclividades cuando Rioyo pasea su experimentada facundia por el Zoco Chico, tras descender del distrito íbero tingitano con el rozagante predicamento que confieren las nuevas asunciones en el Cervantes de Tánger, ciudad a la que retorna en calidad de director de su instituto –tras su paso por los de Lisboa y Nueva York–. Si bien sea Tánger una urbe de la que, como buen estravagario cultural, haya sido imposible desvincularse.

¿Cuál es la génesis de tu vínculo con esta ciudad?

Yo vine hace muchos años por lo que veníamos casi todos: por un poco de fascinación literaria y un poco de referencia simpática a un sitio y un trayecto que se llamaba bajarse al moro. Cuando bajabas te dabas cuenta de que, más allá de la literatura y más allá del hachís, había un mundo que tenía que ver con algo que podíamos haber sido –y que fuimos, seguramente (hablo de Tánger, no hablo de Marruecos)–: una mezcla. Qué decía Ferlosio que es el español: “soy un moro judío viviendo entre los cristianos”. Y un poco era eso. Aquí, repito, podías ser un moro judío viviendo entre los cristianos, o al revés (como quieras contar la frase), y te das cuenta de que, aunque apenas había ya judíos, estaban ahí las referencias, la convivencia, algunos que conocí, y habían vivido bien de manera natural; estaba, por supuesto, todo el mundo islámico, mayoritario, y estaban el resto de los cristianos o ateos –occidentales–, que convivían en esta ciudad singular que había tenido muchas vidas.

Fotograma del documental ‘Tánger. Esa vieja dama’ (2001), de Javier Rioyo. Fotografía cortesía de RTVE.

Entonces, te vas metiendo en unas capas primeras y luego vas queriendo saber más. Depende de con el dinero que vengas vas mejorando los hoteles, los bares, los lugares, las playas… y dices: “¡qué lugar tan plácido!”. Además, había una ventaja añadida maravillosa e importante: que estaba a tiro de ferri –primero veníamos de Algeciras y luego vinimos desde Tarifa–. La suma de lo literario y de lo concreto cuando llegas, la luz y las posibilidades que tiene, hacen que sea muy seductor.

¿Quienes eran aquí los referentes españoles en ese momento? ¿Se erigían en motivo de seducción para visitar la ciudad?

La primera vez que vine mis referencias eran que había leído a Bowles (Paul) y a Jean Genet –no había leído a Chukri (Mohamed) –creo que ni existía todavía como escritor–, a Pierre Loti; había leído relatos sobre Marruecos. Los Bowles (Jane y Paul) y la Beat Generation sí, esos sí que te ayudan a venir; y eso esta asociado o es muy cercano al mundo de fumar y de libertad.

Pero los referentes ya tangerinos que me hacen conocer mejor y querer a la ciudad son estas historias de las que te vas enterando: Pepe Hernández –que me gusta tanto y es un pintor cojonudo– es de aquí; Ramón Buenaventura es de aquí; Diego Galán, que es el crítico de cine, es de aquí; Emilio Sanz de Soto; el grandísimo director de fotografía José Luis Alcaine… Vas haciendo unas referencias… Bibi Andersen; Concha Cuetos es de aquí; una compañera que tenía en la radio, tangerina; otro de Larache… Te vas enterando de la cantidad de gente asociada a esta ciudad; Arrabal (Fernando), de Melilla; el otro de Nador… El mundo español en el norte de Marruecos; un mundo muy peculiar que te hace que sea todo más interesante, más disperso.

Tánger es como si pudiera ser una parte de España donde las guerras no hubieran sido tan crueles.

¿Una España ucrónica?

Claro. Una ucronía en la que podía seguir siendo razonable la convivencia. Siendo desigual y habiendo fronteras y muros, pero en la que se dan espacios comunes. Y eso tenía sus bondades. Luego te vas dando cuenta de que aquí actúa el franquismo de una manera… Aquí también actúan los liberales, y están los masones… Como si no hubiera habido guerra civil en ningún momento. La ciudad internacional, ‘Casablanca’…, todo eso va sumando. Esas fueron la primeras seducciones, que van convirtiéndose en visitas más o menos habituales.

¿Llegaste a coincidir aquí con Eduardo Haro Ibars, por ejemplo?

En Tánger no, porque Haro Ibars se fue muy pronto, en los años sesenta y tantos. Conocí mucho a Eduardo en Madrid, pero al que conocí más es al padre (Eduardo Haro Tecglen), porque trabajé muchos años con él. Haro Ibars era más mayor que yo, pero yo me hice más amigo del padre porque, además de trabajar conmigo, era, digamos, menos complicado que el hijo. Ibars era muy interesante en muchas cosas, pero yo tuve una relación con él en un momento suyo difícil; estaba metido en cosas que le obligaban a ganarse la vida como podía. Lo conocí cuando había hecho un libro sobre las drogas que era muy interesante (‘De qué van las drogas’, Las Ediciones de la Piqueta, 1978). Yo estaba ya en Radio 3 y le llevamos.

¿Advertías algún tipo de relación umbilical, aunque fuera inefable, entre todos esos individuos que tenían como punto en común la ciudad de Tánger?

Absolutamente. Quizás sea una tontería, pero creo que los tangerinos, aunque no lo dijeran, se reconocerían como tales y yo creo que les podría reconocer a muchos. Primero, hay una forma de hablar, un tono y un toque y una forma de ver ciertas cosas… Eso lo vi en Madrid pronto: había un grupo tangerino –Pepe Hernández, Ramón Buenaventura, Gloria Berrocal (que era de al lado) y otros cuantos– que frecuentaba mucho; tenían muchas cosas en común de puntos de vista, de manera de hablar, de manera de entender las cosas. Diego Galán un poco menos, porque quizás le pesaba menos la melancolía de la ciudad. Esta ciudad impregna de una melancolía y de un poso de nostalgia a mucho gente –a uno se les da y se les nota más que a otros–.

Por ejemplo, yo no había notado nunca que Concha Cuetos fuera tangerina, y cuando yo hice el documental sobre Tánger (‘Tanger. Esa vieja dama’, 2001) tiré de los que conocía –no pudo estar Alcaine porque estabá rodando algo, no estuvo Bibi por algún otro motivo–. Hubo muchos de los que yo quería y conocía tangerinos, sobre todo con la coordinación de Emilio Sanz de Soto, el tangerino más puro que he conocido –no conocí a Ángel Vázquez, que podía ser una de las esencias de ser tangerino, pero no más que Sanz de Soto, ni más que Carleton–.

Pepe Carleton rememora parte de su devenir tangerino en el documental ‘Tánger. Esa vieja dama’ (2001), de Javier Rioyo. Fotografía cortesía de RTVE.

Pepe Carleton, otro personaje ineludible…

Pepé Carleton era un personaje increible porque tiene que ver con el Tánger que conocemos mitificado por el mundo internacional. Los Carleton son una familia inglesa que está en Menorca y, cuando Menorca deja de ser inglesa, vienen al Estrecho. Entonces el Estrecho se reparte entre Gibraltar y esta otra orilla, que tienen mucho que ver. Tú ves los hoteles de una época, Algeciras, Gibraltar, Tánger, el mundo del espionaje, de la vida compleja, escondida, o haciendo fortuna, o huyendo de algo. Se casan con familias tangerinas judías, en la mayor parte de los casos de gente bien. Hacen una especie de alianza entre ellos, entre familias de conversos árabes, católicos no muy radicales y judíos abiertos. Eso es muy Tánger.

En una entrevista durante tu etapa como director del Cervantes de Lisboa te interrogaban sobre la saudade y referías que si bien es posible que la mayor de las saudades se concite y experimente en Portugal, los españoles podríamos padecerla, igualmente, de un modo intensísimo. Sin embargo, y por lo que has matizado previamente, parece que en Tánger también puede ser exacerbada e idiosincrásica.

Es verdad. La ciudad ha sido portuguesa antes que española y otras cosas, y en los alrededores también. Aquí muere el mito de Portugal, don Sebastián (Sebastián I de Portugal “el Deseado”), en una batalla absurda (todavía están esperando que vuelva). La saudade portuguesa tiene una melancolía más marcada y aquí hay como el paraíso perdido; les han robado una cosa que era posible y razonable, y que habían vivido y conocido, que no era solo mito del pasado. Estamos hablando que hasta los años sesenta… A mí me decía Pepe Carleton que cuando se les acaba esto tenían la necesidad de inventar algo parecido, y se inventaron Marbella –que ahora lo ves y no tiene mucho que ver, pero en esa época sí–. El Tánger, digamos, pijo, esteta, cosmopolita… Yo veo fotos de Pepe Carleton con Audrey Hepburn y con toda esa gente –con Edgar Neville yendo a su bar junto a Vitín Cortezo y Ana de Pombo–, y es ese mismo mundo cosmopolita que se movía por aquí –parecido–. La intención de seguir la buena vida.

Luego hay otro Tánger. Como decía Alberto Pimienta, que es un tangerino judío bien –digo bien, de familia de judíos que han tenido aquí propiedades–, había mucha pobrería, de todas las capas sociales y religiones; y la hay. No hay que quedarse con el Tánger mitológico y espumoso, que está ahí, pero más en la recreación de lo que no has vivido que en la realidad.

No obstante, superviven algunos ecos en forma de vestigios.

Tengo una colección de fotografías de ese Tánger, cuando Truman Capote estaba en las grandes fiestas en las casas más espectaculares. Luego está este otro Tánger de finales del siglo XIX y principios del XX que conocieron los que hacían el camino del orientalismo y el Grand Tour. Conocían esas historias de las ciudades de la buena vida.

Tánger fue una ciudad más libre y con menos cargas de impuestos para los ricos del mundo. Todo eso atraía, también, a gente. La vida medieval convivía con una vida muy desarrollada en todos los sentidos.

Javier Rioyo durante un instante de la entrevista (al fondo, el puerto de Tánger). Fotografía: Merche Medina.

En lo que respecta a la Tánger contemporánea, ¿debe renunciar a ese pasado para edificar su futuro inmediato?

No, creo que no. Es como si París tuviera que renunciar al glamur de los años veinte, o Nueva York a la eclosión después del crack del 29. No hay que renunciar a lo que ha sido una ciudad, pero no tiene que colgarse solo de eso. Aquí se están haciendo cosas de otro calado y otros intereses, que vive muy al margen del mundo mitificado. Aquellos de los que hablábamos estaban muy interesados en el mundo que tiene que ver con lo arábico-andaluz o con lo musulmán-exótico, mientras que ahora tiene que ver con un puerto, un desarrollo, dinero, inversiones, hoteles de lujo.

¿Incluirías en esos nuevos intereses a la juventud tangerina que se reúne en el Cinéma Rif?

El Cinéma Rif es herencia de otro Tánger. Aquí había diez o doce cines. Aquí se veían las películas de muchas nacionalidades. La formación cinéfila de Diego Galán, de Emilio Sanz de Soto y de Alcaine tiene que ver con que han visto, desde pequeños, películas en varios idiomas; y las han visto sin censura, atendiendo más al espíritu que a la frontera lingüística.

Aquí, como en tantas partes de Marruecos, después de haber 40.000 españoles en los años 30, 40 y 50 –siendo la población extranjera absolutamente mayoritaria–, cuando el país se hace independiente lo francés gana esa batalla cultural. Tarda en calar en Tánger, puesto que lo español ha seguido perviviendo.

En ese sentido, ¿qué papel juega ahora el español, como lengua, en todo ello?

Importantísimo. Nosotros no somos la primera lengua extranjera, que es la francesa por dominio político y económico, pero cada vez somos, otra vez, una lengua requerida y queríendose conocer, no por razones de reinvindicar la lengua que dominaban o conocían los abuelos, sino por razón de que somos la puerta natural de un mundo que les es cercano –aquí estamos a 14 km de Tarifa–. Los tangerinos tienen una relación, primero por lo geopolítico, natural con España y con el español.

Felizmente, el Instituto Cervantes de Tánger es el cuarto instituto del mundo que más alumnos tiene, y hablamos de ciudades que tienen veinte veces más habitantes. Frente a otros países, nosotros representamos, en general, un territorio de modernidad. Ellos (los marroquíes) ven mucho la televisión española; entran por el fútbol, pero también por las series, películas, noticiarios… España es un país, para ellos, muy cercano, con una historia con la que han tenido mucho que ver. Históricamente, la presencia musulmana en España fue de siglos. Y por otra lado, somos, clarísimamente, la puerta de entrada de Europa. No somos la frontera de los Pirineos, somos Europa.

Presumo que lo interesante es que aquí el castellano se convierta en una herramienta imprescindible no solo en el ámbito cultural, sino en el empresarial…

Se ha visto que es útil el conocimiento del idioma no solo para la vida cotidiana y para el turismo, sino que es útil desde el lado del beneficio económico.

Javier Rioyo secundado por una obra costumbrista de Stephen Church. Fotografía: Merche Medina.

En la praxis, para poder materializar las cosas.

En la praxis, como esa historia que se cuenta tanta veces de que somos el tercer o cuarto país en el que hablamos español. El español se habla en numerosos sitios mucho más que en España, es decir, no somos el país de más habitantes que habla español. Y eso, finalmente, se sabe.

En Nueva Delhi, por ejemplo, se estudia el español porque van a ir a América del Norte y allí saber español es importante, aunque la mayoría hable en inglés, claro. El siguiente idioma necesario e importante es el español. Aquí no es eso exactamente así, pero aquí hablan francés muchas de las capas de estudiantes de las clases medias y medias altas, y el idioma que tienen que recuperar de los abuelos (digo en la zona de Tánger) es el español.

El Cervantes se instituye en 1991 con una pretensión y en un momento, quizás a la postre y visto ahora, decisivos, que permitieron ir sembrando lo que acontece en la actualidad con la internacionalización del idioma.

Con los modelos de las Casas de España y la representación española que tiene que ver con los consulados y embajadas no estaban centralizadas ni lo que era la enseñanza del idioma, por supuesto, ni la muestra de lo que somos. El Cervantes muestra lo que somos culturalmente, en el sentido más amplio de la palabra –científica, artística, cinematográfica, gastronómicamente…, nuestra alta y nuestra baja cultura–, y nuestro idioma; certificar que se habla, por si alguien necesita acreditarlo para un trabajo. Eso no estaba articulado y empieza a estarlo en los años noventa; por tanto, somos muy jóvenes. Ten en cuenta que el British Council o el Instituto Francés nos llevan décadas de ventaja.

Indudablemente, hay que mejorar muchas cosas, pero el Cervantes tiene sentido y tiene razón de ser; no es el resultado imaginativo de un político en un momento determinado.

Por tanto, ¿el Cervantes subsiste más allá de la coyuntura política?

Sí, esa es la clave. A veces, hay que pelear con eso. Sin duda, hay que despolitizar, en la medida que se pueda, lo que es la institución, porque esta tiene que ver más con los profesionales que la mueven que con las políticas que la dirigen.

¿Tiene más que ver, en consecuencia, con el trabajo gris o que menos reluce, como es la docencia cotidiana y el hecho de crear o propiciar castellanohablantes?

El alma primera de la cultura y de nuestra relación es la lengua. Entonces, la importancia que tiene la enseñanza es fundamental. Hacer los eventos, las presentaciones, los encuentros culturales, pertenece a la muestra de la elite cultural necesaria en la que se mueven ciertas cosas, pero lo primero y fundamental es el conocimiento de la lengua, que posibilita conocer otros aspectos del país: cómo es, quiénes son, qué piensan, qué hacen…

Jose Ramón Alarcón y Javier Rioyo durante un momento de la conversación. Fotografía: Merche Medina.

Que el alumnado acuda a la biblioteca y pueda disponer de ese acceso al conocimento o responder a todas estas inquietudes es una extremidad fundamental de esa educación y de la propia institución. En este sentido, ¿cómo se gestiona la Biblioteca Juan Goytisolo del Cervantes de Tánger, que, si no me equivoco, es, junto con la del instituto de Nueva York, la que más volúmenes atesora y maneja?

Todavía tenemos sitio (risas). Nosotros nos cambiamos de lugar hace unos años. Las dependencias del Cervantes tienen que ver con la presencia española aquí, en una época donde se hace el hospital –que es magnífico y es el hospital no africano más importante del continente–, el colegio, el instituto, el consulado, la residencia del cónsul, los jardines y lo que era la residencia de estudiantes, que es nuestro edificio actual.

La biblioteca tiene más de 70.000 volúmenes. Hay muchas donaciones muy interesantes que todavía hay que catalogar y valorar –aunque está bastante avanzado–. Atesoramos primeras ediciones de los años sesenta, setenta, etc., importantísimas, de numerosas editoriales españolas. Por tanto, antes de realizar ningún cambio o expurgar ejemplares por el hecho de que estén repetidos, por ejemplo, vamos a ver las necesidades de nuestra red de institutos en Marruecos.

Debo decir que es más importante lo que tenemos del siglo XX que los ejemplares que disponemos del XIX; vi que era más intersante desde el punto de vista de la bibliofilia, aunque debe hacerse un meticuloso trabajo al respecto, con detenimiento. Hay muchas publicaciones y revistas que apenas se usan y que serían interesantes para los investigadores, y eso hay que ponerlo en contexto y en valor.

Por todo ello y en base a tus reflexiones, ¿es Tánger, en calidad de sede del Cervantes, un lugar excepcional, incomparable, atendiendo tanto a razones estratégicas e históricas como metodológicas, respecto de otras ciudades en las que se asienta el instituto?

He tenido la suerte de estar en sedes muy singulares, diferentes, pero muy importantes. La de Nueva York es una de las grandes sedes, sin duda, situada en una las grandes ciudades imprescindibles para entender nuestra modernidad; y Lisboa tiene que ver con lo que fuimos y con lo que somos, con nuestras cercanías y necesidades. Tánger tiene que ver con un mundo que se emparenta mucho con nosotros. En numerosos aspectos aquí conviven elementos de nuestro pasado cultural y social que aún están presentes, en plena convivencia.

Tras tu reciente incorporación al cargo, ¿cuáles son tus objetivos inmediatos y a medio plazo? ¿Cómo te seduciría que fuera perfilado tu tránsito por el Cervantes de Tánger?

Quisiera, de una manera natural, hacer un hueco y un reconocimiento mayor de lo que ha sido la presencia pictórica y arquitectónica de la ciudad que tiene que ver con España, que ha sido muy importante. Igualmente, nuestra biblioteca se llama Juan Goytisolo (desde 2007); Goytisolo es uno de los referentes del acercamiento al mundo marroquí y quiero hacer un homenaje a Juan y que vengan aquellas figuras cercanas que lo conocieron y quisieron bien. Reconocer a los escritores que han conocido el mundo de expresión española aquí y, también, el mundo de la mezcla de la jaquetía, que decía Ángel Vázquez… También saber lo que pasa ahora en la ciudad, quién hay escribiendo, qué están haciendo, qué referencias nuestras tienen, qué dialogo pueden tener con nosotros, qué intercambio podemos hacer…; reactivar lugares pertenecientes al instituto para llevar a cabo becas de residencia; ese sería uno de mis mayores deseos, crear ahí un lugar donde se esté haciendo investigación, cultura, exposiciones, etc.

Y en plano personal, a uno le gustaría que fuera, primero, bien recordado y querido. Que dijeran: “mereció la pena, estuvo aquí un tiempo, lo hizo bien y era un tipo cariñoso…”. Pero más allá de eso, lo que me gustaría hacer –al margen de lo que es obvio, que es poner en valor lo que representa esta ciudad para nosotros– es entrar más en la ciudad, conocer más lo que fue, es y será Tánger; conocer más el paisaje y el paisanaje de la ciudad y su corpus vital. Además, que los tangerinos sientan que el Cervantes es un lugar accesible, cercano, que lo sientan como suyo, como parte de su historia reciente –que lo es–, que puedan venir a leer y conversar y que puedan hacerlo en la lengua que hablaron sus abuelos…

Aquí han pasado muchas cosas desde muchos puntos de vista. Parte de la historia española reciente –y no tan reciente– pasa por esta zona.

El periodista y cineasta Javier Rioyo, nuevo director del Instituto Cervantes de Tánger (al fondo, la medina y la Kasbah de Tánger). Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

El tabú de la cultura como epitafio del arte

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Jesús García Cívico (crítico literario, crítico de cine miembro de FIPRESCI, profesor universitario y escritor)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Siempre he pensado que una época se expresa, sobre todo, a través de aquellas palabras que le cuesta pronunciar. Si en la puritana sociedad victoriana no se podía hablar abiertamente de “sexo”, y la palabra “agnosticismo” casaba mal con el franquismo (lo que indicaba que los ingleses se pasaban el día pensando en el fornicio o que la mayoría de los españoles de la época se comportaran como pésimos cristianos), en nuestros días, uno de los términos que suscita mayor incomodidad es el de cultura. Hoy ya resulta difícil encontrarla en los suplementos culturales que hace tiempo pasaron a utilizar el rótulo ‘culturas’ como expresión, según lo veo, de un tipo de complejo etnocéntrico y una predisposición a conducirse según la inercia más simple de los tiempos.

Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

¿Qué es cultura? ¿Por qué apenas podemos hablar de ella con adjetivos que criben lo mejor de lo peor? Escribió Raymond Williams que el de cultura es “one of the two or three most complicated words in the English language”. En ‘Culture’, los antropólogos Kroeber y Kluckhohn compilaron una lista de 164 definiciones de cultura que abarcaban desde la metáfora del cultivo, de la que proviene etimológicamente el término, al culto a los dioses, de la descripción de costumbres (incluidos, por ejemplo, los sacrificios humanos o la tortura) al conjunto de conocimientos y desarrollo científico, intelectual o artístico que permite a alguien desarrollar un juicio crítico (por ejemplo, en relación con los sacrificios humanos y la tortura). En la filosofía y literatura alemanas hay dos palabras para referirse a la cultura: Kultur y Bildung, que remiten a una dualidad básica de sentidos. La primera refiere el conjunto de instituciones que determinan la originalidad de un grupo humano o una sociedad; mientras que Bildung se orienta a la acción formativa de algunas obras del arte y de la literatura sobre el sujeto (un ser humano en particular). Estas dos ideas cobraron forma en una acepción subjetivista y una objetiva del término, la primera ligada a la educación de los individuos, la segunda de tono antropológico, al folclore de los pueblos. En la intersección de ambos sentidos, según lo veo, podríamos haber hablado sin ambages de logros culturales en un sentido evolutivo ligado a la idea de progreso. ¿Cuáles? El pluralismo democrático, la tolerante polifonía de la novela, la separación de poderes, las vanguardias artísticas, la abolición de la esclavitud, los derechos sociales, la extinción del analfabetismo, la lucha contra el fanatismo religioso, el respeto al medio ambiente, la emancipación de la mujer.

La ambigüedad del término dio pie, sin embargo, a usos enfrentados: de la “Industria cultural como engaño de masas” en Adorno y Horkheimer a la sentencia de Benjamin: “no hay documento de cultura que no lo sea, al tiempo, de barbarie”; del recelo de Freud a la decepción profunda expresada por Georg Steiner por la coexistencia, en pleno siglo XX, de la “alta cultura” con el horror más absoluto; de la “cultura del pelotazo” al relativismo cultural como bandera de la postmodernidad. Deleuze, Guattari, Baudrillard o Lipovetski hicieron un diagnóstico, más bien estremecedor, sobre la situación de la cultura a finales del siglo pasado: lo que empezaba a caracterizar a los modos de producción capitalistas no era solo un registro particular de los valores de cambio, sino un modo de control de la subjetivación. La sustitución de una singularidad (la de Egon Schiele o la de Kafka, por poner solo dos ejemplos) por la individualidad como dimensión esencial de la cultura de masas. La cultura de masas produce individuos normalizados con una inquietante predisposición al populismo y a indignarse como parte de colectivos zaheridos. ¿Nos suena de algo? El relativismo de tipo posmoderno permite la explosión de un número de individualidades predispuesta a asumir sin ningún sentido crítico expresiones del tipo “filosofía empresarial”, “cultura del hip-hop” y muchas otras, de forma análoga a cómo las corridas de toros o las peleas de gallos habrían generado su propia “cultura”.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

¿No es toda cultura el resultado de un sinnúmero de influencias sin fronteras? ¿No es un territorio abierto en el que Kurosawa habla la lengua de Dostoievski, Cheever la de Chéjov o la Martinica el de Gauguin? ¿No implica el rótulo ‘culturas’ la negación de la universalidad del arte, su atributo más característico y más hermoso? Y, en el mejor los casos, ¿no es una expresión “plurietnocéntica”? La crisis del criterio crítico, el tabú de la “alta cultura”, las patologías a la hora de juzgar no sólo no terminan con el etnocentrismo, ¡lo multiplican por cien!

El arte es un tipo de expresión cultural muy particular. En primer lugar, a diferencia de la ciencia o del derecho (donde podemos hablar, quizás más claramente en la primera que en la segunda, de progreso), el arte tiene una historia, pero no un progreso (no hay nada que pueda convencernos que de que Schubert o Jellinek sean superiores a Mozart o Bach, Malévich a Rembrandt, Coetzee a Marcel Proust). Además, el arte se rige por su propio valor, es inútil en la expresión más bella de la expresión: no es una herramienta para algo superior, se basta a sí mismo. La autonomía del arte, por último, permite una libertad absoluta desligada de tabúes, independiente de la moral y de la injerencia política, pero también del poder que descansa en el pueblo. Lo importante no es que todo el mundo pueda exponer en un museo, sino (y es ese el logro democrático), que todo el mundo pueda entrar en un museo. Si no distinguimos entre las acepciones del rico término “cultura” una que consideramos digna de protección, digna de exhibición, es posible que fenómenos muy análogos se extiendan y, por ejemplo, un día no muy lejano la obligación de la televisión pública de programar cultura se solvente con programas de cocina y talent shows o que la agenda de un centro de cultura contemporánea enarbole como mérito la sensibilidad moral del artista o se dé prioridad a reivindicaciones sociales o aquellas expresiones que llamamos equivocadamente populares, cuando no son hallazgos de ningún folclore sugerente rico en imaginación, sino parte de una estudiada mercadotecnia social de preocupaciones populistas nada singulares.

‘Los de fuera II’ (proyecto ‘Negro Humo’), de la artista Cristina Ramírez, ganadora del II Premio de Dibujo DKV-MAKMA.

Jesús García Cívico

EDITORIAL | MAKMA ISSUE #01

MAKMA ISSUE #01
Editorial
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Solemos echar la culpa de todo a la falta de cultura. Si tuviéramos cultura muchos de los problemas que asolan el planeta desaparecerían, incluidos, claro está, los que se producen entre las personas. Porque el roce no siempre hace el cariño, sino que también genera chispas que suelen avivar incontrolables fuegos. De manera que necesitamos cultura con la que apagarlos. El asunto es que cultura, como apuntó de forma provocadora el filósofo Gustavo Bueno, también es la silla eléctrica: “Y alta cultura civilizada, por cuanto supone el control de la energía eléctrica”.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Woody Allen, en un tono igualmente sarcástico, alerta de esa faz menos amable de la cultura: “Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”. Y otro tanto dice el protagonista de ‘La naranja mecánica’, del escritor Anthony Burgess: “Se decía que la Gran Música y la Gran Poesía tranquilizarían a la Juventud Moderna y conseguirían Civilizarla. [Sin embargo] La música siempre me excitaba, oh hermanos míos, haciéndome sentir como si fuera el propio y viejo Bogo [Dios] en persona, listo para descargar rayos y centellas”.

De manera que cultura, sí, pero no la cultura per se, como si el solo hecho de enarbolar su prestigio nos protegiera de sus contraindicaciones. Y aquí es donde entra MAKMA, la revista de artes visuales y cultura contemporánea, que celebra sus cinco años de existencia. Un lustro comprometido con esa cultura de la que precisamente conviene precaverse de su tendencia a la confrontación, que suele ser patrimonio del debate ideológico. MAKMA nació, en plena crisis económica, es decir, a contracorriente, para propiciar una cultura en la que prime la interrogación por la vida, en lugar de la respuesta lapidaria.

Es en este sentido que nacimos comprometidos con la cultura. Un compromiso alejado de ese otro ligado, precisamente, a la práctica política. ¿Cuántas veces hemos oído que el arte debe ser comprometido? ¿Con qué y, lo más peligroso, contra qué? Acostumbrados al entretenimiento más ramplón, que circunscribe la cultura al espacio de ocio donde todo se mide por la sola rentabilidad económica, hemos deducido que, para sacarla de ahí, teníamos que agitarla como si fuera un cóctel molotov para despertar tanta conciencia adormecida.

Extracto inicial del editorial de MAKMA ISSUE #01.

Quien así se conduce da por supuesto que él, artista soberano o entidad abanderada, posee la llave de la cultura con la que abrir las mentes cerradas. He ahí su compromiso asociado al combate, a la cultura como ariete que vendría a doblegar al otro, ya sea este otro el capitalismo, la política conservadora o la sociedad del bienestar que da pábulo a ese entretenimiento anestésico. De manera que quien así se conduce, portador de un discurso que se quiere rompedor, utiliza la cultura como acicate o espoleta con la que detonar la carga explosiva contenida en el objeto artístico.

La cultura así entendida se nutre de ideología, en tanto campo de lo político que traza con claridad la raya del adversario, localizando al enemigo para justificar moralmente la lucha. No es esa la cultura que defiende MAKMA, por mucho que den ganas, un día sí y otro también, de gritar contra la injusticia, los desmanes del poder o la estulticia consumista. Y no lo es porque la cultura, tal y como la entendemos en MAKMA, es un espacio de interrogación a salvo del odio, que se pregunta por él y por todo aquello que anida en el interior de un sujeto habitado por cierta pulsión destructiva. Nosotros, como el cineasta Terry Gilliam, solo deseamos que la gente vuelva a pensar: “Hay demasiada furia ahí fuera y eso no me gusta”. En MAKMA, tampoco. Por eso reivindicamos el pensamiento sosegado y la cultura comprometida con él, así pasen otros cinco años.

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #01, revista especial en papel con motivo del quinto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2018.

MAKMA

Muere Joan Cardells, el artista «febril”

Joan Cardells, fundador junto a Jorge Ballester de Equipo Realidad, falleció el pasado sábado 6 de julio (2019) de forma «inesperada», según informaron fuentes cercanas a la familia. Con él se va un artista que, como recordó en la entrevista realizada con motivo de su exposición ‘Grafitos’, en la Galería Punto hace cinco años, trabajaba con enorme pasión. No sabía de las medias tintas, sino de volcarse por completo en una obra que ahora deja por razones ajenas a su voluntad. Una voluntad de hierro que su muerte funde, dejando un gran vacío en el mundo del arte. A continuación reproducimos tal cual, el artículo publicado en Makma con motivo de aquella muestra.

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

A Joan Cardells le obsesiona el dibujo. Y se nota. La serie de grafitos que expone en la galería Punto de Valencia refleja esa elocuencia de lo que inspira pasión. Tanta, que desborda su obra, lo cual se hace patente cuando el propio artista se arroja a la tentativa de explicar su trabajo. Entonces, al igual que le sucede con sus dibujos, Cardells va tirando del hilo de la memoria para tejer un discurso que no tiene desperdicio. “No se puede trabajar con 36,5, sino en estado febril”. Ese “relámpago en la frente” que le hace seguir el rastro de su obsesión, ese “estado furioso” que reclama como necesario para la creatividad, “aunque no se refleje luego en la obra”, es el que hace de Joan Cardells un artista en estado puro.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Todo aquello que venga a distraer el objeto de su pasión, queda en un segundo plano. No es que la bajada del IVA no le importe: “Me parece secundario, frente a lo principal que es la emoción, que algo por encima de todo te motive”. O que el IVAM le resbale: “La diferencia entre el IVAM actual y el anterior no la he estudiado, pero en todo caso es importante que el IVAM siga existiendo”. O que las promesas políticas le traigan sin cuidado: “Hubo mucho progre deseoso de atender a la cultura, que luego ha demostrado ser fingimiento”. Pero todo eso resulta secundario, cuando aparece la fiebre motivada por el dibujo. “Lo que va a pasar 10 centímetros después del lápiz, es lo que estimula”.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Si hay algo que a Joan Cardells le enerva sobremanera es, precisamente, la incapacidad para salir de los compartimentos estancos a los que nos conduce la ideología. “Yo lo que pido es que se sea menos gregario”. Y apela a la soberanía, pero una soberanía “individual, que es la más costosa”. Soberanía que, en su caso, ha ido alcanzando por la vía del lento aprendizaje. Ninguna prisa de por medio. ¿Para qué correr cuando el lápiz te abre a cada paso las sendas del estímulo por las que Cardells transita? “Uno siempre busca el placer de pintar”. Eso y la revancha de la que habla, refiriéndose a los 14 grafitos y tres esculturas expuestos en la galería Punto, a modo de ajuste de cuentas con esa primera etapa de aprendizaje cuya impresión es de fracaso.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

“Me gusta fabricar imágenes con el menor instrumental posible”. Y, a la manera zen, Joan Cardells va construyendo una obra minimalista que se eleva y eleva de forma tan imperceptible como prodigiosa. “Con lápiz y papel puedes hacer todas las cosas del mundo”. Y en su mundo hay “querencia por el bodegón” y por la “evocación de los olores de los mercados, de las tiendas”. En el fondo, Cardells recuerda que la materia prima con la que trabaja es “la memoria”. Y su memoria le lleva a todos esos lugares que, como una simple ferretería, encandilaba sus jóvenes sentidos al contemplar ollas, pucheros y los más variados recipientes, que luego han ido formando parte indisoluble de su trabajo.

“Combino lo orgánico con lo industrial”. Olivas, odres, gallos, patos, es decir, “el clásico bodegón español”, que le ha servido como “reto de aprendizaje”. También hay algo en sus grafitos de “coreográfico”, por aquella “tendencia a bailar” que Cardells observa en los objetos de su pintura. “Y el gusto por el gris”, subraya. Esa “reducción al blanco y negro” tiene mucho que ver de nuevo con esa “vuelta al mundo del aprendizaje”. No es que haya renunciado al color, pero aquel color del Equipo Realidad, que formó con el recientemente fallecido Jorge Ballester, pertenece a una “época interesante”, que Cardells recuerda sin nostalgia, porque “la de ahora es apasionante”. Una pasión que guía su obra y las palabras que, a modo de revancha, dan cuenta de su largo y fructífero aprendizaje. La fiebre de venganza está, en el caso de Joan Cardells, plenamente justificada.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Salva Torres

Cultural València, ventana de la cultura

Cultural València
Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales
Ayuntamiento de València

La Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales del Ayuntamiento de València ha presentado Cultural València, un proyecto que lleva en marcha más de dos años y que ha contado con la colaboración de varios agentes y profesionales de la comunicación y de la cultura.  De este modo, se han mostrado dos actuaciones contenidas en el marco de actuación municipal en materia de cultura y que responde a una visión que entiende la cultura como un elemento diferenciador de la ciudad.

“Queremos que Valencia sea reconocida en el contexto internacional por su rico patrimonio material e inmaterial y que se posicione como capital cultural en el  Mediterráneo con una identidad propia y distintiva y un sector cultural dinámico e independiente. Queremos que sea una ciudad próxima y amable donde se dan las condiciones óptimas para atraer ciudadanos para vivir, crear y difundir su creatividad. En definitiva, queremos que la cultura se convierta en un elemento de la propia identidad urbana y que la ciudadanía se apropie de ella, incorporándola a su vida cotidiana», han manifestado sus responsables.

Para conseguir esta visión se definió el marco de actuación mencionado con el propósito de orientar la política cultural. Este marco de actuación se inició con la contratación de la Universidad de Valencia de la primera fase del Plan de Cultura de la ciudad, una herramienta que hizo una radiografía de la situación de partida y que proporcionó unos principios y objetivos que guiaron los siete programas que contiene el marco de actuación y que se diseñaron en coherencia con los recursos disponibles –no solo económicos, sino también humanos– y con las prioridades contenidas en su programa electoral. Estos siete programas han ido marcando la política municipal durante esta legislatura.

Un instante de la presentación de Cultural València en el ayuntamiento de la ciudad. Fotografía cortesía de los organizadores.

Un instante de la presentación de Cultural València en el ayuntamiento de la ciudad. Fotografía cortesía de los organizadores.

Valencia, amb tu i per a tu. Contiene las iniciativas llevadas a cabo en relación con la democratización y descentralización de la cultura.

Valencia en la Memòria. Contiene las iniciativas llevadas a cabo para recuperar la memoria de nuestra democracia y proteger la dignidad de la ciudadanía.

Valencia, Patrimoni de la Ciutadania. Contiene las iniciativas llevadas a cabo para conservar, recuperar y promover el patrimonio de la ciudad.

Valencia, Ciutat de la Música. Contiene las iniciativas orientadas a poner en valor el importante activo intangible que supone la creación e interpretación musical de la ciudad.

Valencia, Ciutat Mediterrànea. Contiene las iniciativas orientadas a poner en valor el carácter de ciudad mediterránea.

Valencia apoya al Sector. Contiene las iniciativas llevadas a cabo para dar apoyo al sector cultural y a sus profesionales.

Valencia, Capital Cultural. Contiene las iniciativas orientadas a posicionar la ciudad como capital cultural reconocida y destacada internacionalmente y en especial al entorno mediterráneo.

Para alcanzar el posicionamiento de Valencia como capital cultural, dentro del programa ”València, Capital Cultural” se contemplan las dos actuaciones que han sido presentadas:

1. La creación de una marca cultural de la ciudad, capaz de identificar toda la actividad y los recursos culturales de València.

Una marca identitaria. Una marca con mensaje, con contenido por sí misma, ya que nace de un elemento presente en muchas de las manifestaciones culturales. El cairó del escudo de la ciudad es la base inspiradora que ha dado pie al nacimiento a la marca. El cairó es una forma heráldica propia de la Antigua Corona de Aragón, reservada únicamente para ciudades.

Una marca dinámica. Un instrumento por comunicar un proyecto de ciudad que gira alrededor de la cultura; una cultura que es rica y diversa y, por esta razón, la marca se representa con diferentes formas y como un mosaico, concepto presente en todos los pueblos y culturas.

Una marca contemporánea. Una marca que propicia numerosas posibilidades y combinaciones; las piezas con las que construir libre y colectivamente “el camino que queremos recorrir juntos».

2. Poner al alcance de la ciudadanía una ventana única de la cultura. Una plataforma web donde encontrar toda esa actividad y todos esos recursos, con el objectivo de que sea la referencia para la difusión de la cultura en la ciudad.

Una web participativa. Pretende ser el medio donde confluyen las diferentes administraciones, las manifestaciones culturales de la ciudad y la sociedad. Es una web que permite la participación de agentes culturales y ciudadanos dando la oportunidad de hacer propuestas de contenidos.

Una web que sirve también como altavoz de comunicación de la Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales para trasladar a la ciudadanía, a los agentes culturales y al resto de administraciones, todas las iniciativas llevadas a cabo en el marco de su programa de gobierno.

Una web, https://cultural.valencia.es, que contiene ocho grandes apartados: Actividades, Museos, Monumentos, Publicaciones, Rutas, +Cultura (espacios culturales, esculturas, arqueología, archivos, bibliotecas históricas y hemeroteca, bibliotecas, patrimonio inmaterial), Noticias y Sobre Cultural València.

De esta manera, con estas dos actuaciones, se pretende contribuir a alcanzar la visión de poner la cultura en el centro de la ciudad, dando herramientas para que la ciudadanía identifique y se identifique con la cultura y dando herramientas para que la ciudadanía encuentre y conozca la cultura de la ciudad.

El desarrollo de estas actuaciones ha sido un esfuerzo compartido que ha implicado la coordinación del área de cultura y de diferentes grupos de trabajo, de dentro y fuera de la concejalía, “que han hecho posible que este ilusionante proyecto se presente hoy y pueda continuar”, han aseverado sus responsables.

Imagen de la portada de la web Cultural València.

Imagen de la portada de la web Cultural València.

 

«El lector ideal es el lector con orejas»

#LetrasdelMediterráneo con Benjamín Prado
Casa Mediterráneo y Fundación Cañada Blanch
21 de noviembre de 2018

Casa Mediterráneo y Fundación Cañada Blanch han llevado a cabo el segundo encuentro #LetrasdelMediterráneo, protagonizado por el novelista, ensayista y poeta Benjamín Prado. El autor se reunió con el público asistente en un diálogo distendido en el que hubo tiempo para hablar de libros, historia y diversas anécdotas emparentadas con el escritor madrileño.

El encuentro comenzó focalizando la atención sobre su polifacética escritura, acerca de la que comentó que “no soy polifacético, sino un humilde pluriempleado”. Con el público ya en el bolsillo, se habló de poesía. Prado confesó no tener una idea clara de qué es, aunque sí determinó que la concibe como “una manera de enfocar el lenguaje, al igual que el director de cine planta la cámara para crear un plano. Cambia la idea de leer las cosas, así como las odas elementales a la cebolla, los calcetines y las tijeras los hacen cambiar; al menos la idea que se tiene de ellas”.

No está claro si se puede aprender a pensar como un poeta: “Yo escribo para intentar saber lo que escribo. Los que somos polifacéticos también escribimos artículos, participamos en mesas de debate… pero siempre procuro saber lo que quiero decirme a mí mismo. Lo educado, lo responsable y lo honesto es prepararlo, y con los libros es exactamente lo mismo. Además, los libros deben enseñar algo”.

Benjamín Prado habló sobre el proceso de creación de sus personajes y el componente didáctico que cree que debe tener toda obra. Por ello, en ocasiones, procura que sus protagonistas  desempeñen tareas, oficios o profesiones que el escritor desconoce: “me lo tomé tan en serio que me hice macrobiótico cuatro años por uno de mis personajes”.

El escritor Benjamín Prado, durante un instante del encuentro organizado por Casa del Mediterráneo y Fundación Cañada Blanch. Fotografía: Merche Medina.

El escritor Benjamín Prado, durante un instante del encuentro organizado por Casa del Mediterráneo y Fundación Cañada Blanch. Fotografía: Merche Medina.

Además, el escritor tiene la creencia de que leer es escuchar por escrito y un libro es “un espacio en el que alguien tiene algo que contar y los otros algo que escuchar”. Por tanto, el creador expone todos sus sentidos.

De ahí que Prado confiese su predilección por el papel: “No se lee solo con los ojos; el sonido y el olor de las páginas forma parte del proceso. Escribir es como leer, pero de otra manera. Un libro siempre tiene que ser el camino a otros libros”, por aquel componente didáctico en el que ha insistido. “Juan Urbano es profesor de literatura porque así puede reivindicar a los clásicos que no se leen y, así, puedo escribir versos como los de Lope de Vega y comentar que este ya escribió sobre que ‘detrás de cada gran fortuna hay un crimen escondido’ mucho antes que lo hiciera Balzac”.

Entrando en un terreno más íntimo, Prado recuerda su amistad con Rafael Alberti, al que tuvo la suerte de conocer de muy joven: “Me enseñó mucho, quizás más de la vida que de literatura. Pero aprendí algunas cosas muy importantes de él. Por un lado, que el gimnasio de la escritura es la lectura. Si no lees, no puedes escribir. También su idea de la importancia de lo civil. Conocemos más de la Roma o la Grecia clásica por lo que escribieron Horacio, Homero o Aristóteles, que por los propios historiadores”.

El escritor utilizó una frase de Balzac a modo de síntesis: “La novela cuenta la historia privada de las ciudades”, pero sin olvidar el componente del entretenimiento. “No como lo entendemos hoy, como sinónimo de Belén Esteban, sino la idea noble de escribir sobre la historia de los negreros o la construcción del ferrocarril, y debe entretener. El lector ideal es el lector con ojeras”.

Continuando con los distintos formatos en los que se mueve su escritura, Prado no está muy seguro de por qué escribe una cosa u otra, en tanto que “escribo a partir de una idea y en el momento que la tengo ya sé si será una poesía, una novela o un ensayo. Cuando empecé con Juan Urbano dije que iban a ser diez libros, para acercarse cada uno a un género”.

Paula Sánchez (directora de la Fundación Cañada Blanch), Marina Vicente (Casa Mediterráneo) y el autor Benjamín Prado, durante un instante del segundo encuentro #LetrasdelMediterráneo. Fotografía: Merche Medina.

Paula Sánchez (directora de la Fundación Cañada Blanch), Marina Vicente (Casa Mediterráneo) y el autor Benjamín Prado, durante un instante del segundo encuentro #LetrasdelMediterráneo. Fotografía: Merche Medina.

A partir de aquí, la cita se centró en ‘Los treinta apellidos’, una historia vertebrada, en este caso, por la aventura. Prado adelantó que la siguiente será de estilo gótico. “En esta quiero que la gente se lo pase bomba”. Sobre la idea de esta novela comentó que, en un encuentro de un empresario con periodistas hace unos cinco años, habló sobre el IBEX 35: “nosotros lo llamamos el 30+5, porque el cinco es lo que entra y sale como las gallinas de José Mota y los otros treinta son las familias que llevan doscientos años gobernando España. Pensé que tenía ahí una novela y, después de visitar varios palacetes, pensé que Juan Urbano debía tener una investigación siempre del pasado, con un pie en el presente en esta historia”.

Comenzó a surgir, así, una novela en la que el protagonista buscaba el abolengo de una familiar catalano-gallega, acerca de cuyo pasado desconocía si habían sido negreros, pero sí con raíces familiares en Cuba. En la novela aparecen, además, dos personajes reales, lo que dota de un contexto fidedigno a toda la aventura.

“Toda Europa está construida sobre el colonialismo y esto se refleja también en esta novela. Pero cuando ya tienes hecho el carácter de los personajes, también hay que hacerles evolucionar. Por eso la cronología es fundamental para construir una historia que sea posible. Y contar todos esos hechos reales a través de la ficción es maravilloso”.

La cita concluyó tras una conversación fruto de diversas interrogantes suscitadas por el público, rubricando una actividad que se enmarca dentro de la apuesta por la cultura mediterránea que promueven Casa del Mediterráneo y Fundación Cañada Blanch.

Programación conjunta

El primer acto de este espacio de encuentros tuvo lugar el pasado 15 de octubre con la presencia de la escritora israelí Galit Carlebach, y la intención es continuar, a lo largo del venidero 2019, con este tipo de actividades para dar a conocer a distintos creadores del mundo de la música, la literatura y de las artes. No obstante, la programación de 2018 atesora una nueva cita el próximo 14 de diciembre en Convent Carmen, con la celebración del concierto ‘Llum del Mediterráneo’.

Una acción de colaboración con la que se establecen vínculos, convirtiendo en referentes culturales a Fundación Cañada Blanch y Casa Mediterráneo para mejorar el conocimiento sobre España y los países mediterráneos.

Benjamín Prado. MAKMA