¿No les suena ‘La Traca’?

La Traca. La transgresión como norma
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. València
Hasta el 15 de enero de 2017

Durante un tiempo la ciudad de Valencia produjo la revista de mayor tirada de España y también la más polémica y jocosa. Su propietario, Vicente Miguel Carceller, era además el editor más importante del país, pero el destino de ambos se interrumpió súbita y fatalmente por compartir compromiso antifascista: la publicación tuvo que dejar de editarse y Carceller fue fusilado. La Universitat de València recupera esta historia en la exposición ‘Revista La Traca. La transgresión como norma’.

La primera exposición que se realiza sobre esta publicación, que vio la luz entre finales del siglo XIX y el fin de la II República, recupera una extensa documentación que no se ha mostrado públicamente. Portadas y números completos de ‘La Traca’, ejemplares todos de gran valor que pudieron salvarse, ya que en su mayoría fueron destruidos durante el régimen franquista. La muestra podrá visitarse hasta el próximo 15 de enero en la Sala Estudi General del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

El vicerrector de Cultura e Igualdad, Antonio Ariño, señala el carácter popular de esta publicación satírica y, cómo, a través de esta muestra única, la Universitat de València rinde homenaje no solo a ‘La Traca’, sino también al conjunto de la cultura popular satírica valenciana. Asimismo, destaca el mensaje homogéneo de ‘La Traca’ que llegaba a toda la sociedad, a diferencia de Internet que propicia una forma diferente de circular la información.

Antonio Ariño estuvo acompañado en la presentación de la muestra por los comisarios, los profesores Antonio Laguna y Francesc-Andreu Martínez, para quienes esta exposición no solo reconstruye la historia del semanario y de su editor, sino también la de una cultura popular alternativa que cuajó en la Valencia de los años 30 del siglo XX a través de ‘La Traca’. Aquel semanario, que se escribía en valenciano frente a la cultura oficial en castellano, fue importante porque reflejó una cultura alternativa, a la contra, inmisericorde con la corrupción y que reivindicó la fiesta laica y popular.

Tanto Laguna como Martínez reconocen la singularidad de esta exposición producida por la Universitat de València: “No solo es la primera exposición que se realiza sobre este semanario, es que además reúne auténticas piezas de coleccionista, ya que los ejemplares que se conservan sobre ‘La Traca’ son una rareza”, coinciden ambos, que agradecen el apoyo de la Universitat por la realización de esta muestra, así como la aportación del coleccionista y erudito Rafael Solaz, crucial para reunir el material exhibido, y la ayuda de la Biblioteca Valenciana y de las Hemerotecas Municipales de Valencia y Madrid.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Martínez reivindica, además, la figura del editor valenciano Vicente Miguel Carceller (1890-1940), el hombre que editó ‘La Traca’ desde 1909 y que fue el creador de un imperio editorial, al conseguir que sus publicaciones -más de una decena-, fueran las más leídas de España, siendo el primer editor que consiguió superar el medio millón de ejemplares con ‘La Traca’ en 1931. Un total de 50 familias entre impresores, redactores, grabadores, dibujantes, personal administrativo y otros trabajaban para las publicaciones de Carceller. Pero que ‘La Traca’ fuera casi la única publicación en caricaturizar la figura de Franco tuvo consecuencias: Carceller fue fusilado en junio de 1940 en los muros del cementerio de Paterna y su obra fue destruida. Esta exposición pretende dar a conocer la historia del semanario.

La exposición, ubicada en la Sala Estudi General, está estructurada en 10 secciones, en las que se analiza, entre otras cuestiones, el papel de ‘La Traca’ en el periodismo, la figura de Carceller o las señas de esta publicación, símbolo de la República, el anticlericalismo y el erotismo, que marcaron la cultura alternativa de la época.

‘La Traca’ fue la heredera de una prensa satírica que nació a principios del siglo XIX, un periodismo que vivió su primera edad de oro entre 1868 y 1874. Tramoyeres (1880-81) contabiliza 101 periódicos entre 1868 y 1874 aparecidos en la ciudad de Valencia, de los que 28 fueron satíricos. La mayor parte de ellos eran republicanos o carlistas, lo que indica que se dirigían a un público que compartía características intelectuales y económicas; un público iletrado que requería de imágenes y nuevas formas narrativas.

La conexión entre la prensa satírica y la primera ‘Traca’ se llama Constantí Llombart, que fue su inspirador a través de las publicaciones que impulsó. En noviembre de 1884, los hijos políticos de Llombart, Manuel Lluch Soler y Luis Cebrián Mezquita, creaban ‘La Traca, Semanari pa la chent de tro’. Con todo, el protagonista indiscutible de ‘La Traca’ es Vicent Miguel Carceller (1890-1940), no solo por retomar en 1909 la cabecera creada por Lluch Soler dos décadas atrás, sino por dotarla de todos los ingredientes que acabarán convirtiéndola en la publicación señera del valencianismo que Sanchis Guarner denominó de “espardeña”, es decir, popular.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

‘La Traca’ fue denunciada insistentemente a lo largo de su existencia, no solo por la crítica política que pudiera efectuar, cuanto por los dibujos y el contenido sexual que pudiera sugerir. En 1913 tuvo tres denuncias interpuestas por el fiscal por sus dibujos “pecaminosos”, que conllevaban una sanción económica de entre 25 y 125 pesetas, además del secuestro de la tirada, incluidos los clichés.

A pesar de las multas, el éxito de la publicación fue rotundo: en el balance que efectuaba en 1913 informaba tener una tirada de 12.000 ejemplares, lo que se traducía en unos ingresos que se aproximarían a las 500 pesetas semanales. Las claves de este éxito radican en la conjunción de múltiples factores, entre los que se encontraba su precio de venta, ‘una aguileta’ (5 céntimos), al alcance de cualquiera, la originalidad y la comicidad de sus contenidos.

Suspendida con la dictadura, reaparecida con la República, desde entonces, en abril de 1931, ‘La Traca’ multiplica sus contenidos para hacerse más didáctica, más visual, más provocativa. El anticlericalismo y el erotismo fueron marcas de la casa, por eso ocupan dos secciones de la exposición. El erotismo, que Carceller exprime hasta donde fiscales y jueces lo permitieron, con el fin de ganar lectores y dinero. Pero en ambos ámbitos siempre discurren con sutileza, en un velado juego de metáforas y de alusiones indirectas.

En 1934, con la llegada de la derecha al poder, la revista quedó silenciada, y la editorial que la publicaba, desmantelada. Después, con el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, la publicación que más ejemplares había sido capaz de vender en la historia del periodismo español volvió a reaparecer. Con el inicio de la Guerra Civil, ‘La Traca’, por su incidencia social, deja de tener un sentido comercial para pasar a ser, por encima de todo, un potente medio de propaganda, hasta su fin en 1938.

 

El instante decisivo de McKnight

Customs & Traditions. Instantes de los 70
Robert McNight
Librería Railowsky
C/ Grabador Esteve 34, Valencia
Hasta el 31 de agosto de 2016

Volvemos a viajar en el tiempo al entrar en la librería Railowsky para adentrarnos en el Gales de los años 70 con las fotografías de Robert McKnight. Nos recuerda el dueño de la librería que Railowsky tiene la ventaja de ser un espacio expositivo libre y que por ello se apuesta por dar a conocer, sobre todo, a artistas relacionados con la fotografía histórica.

Así es que Robert McKnight galo de nacimiento comienza, a mediados de los 70, a utilizar la fotografía para documentar la vida en su entorno rural británico. Cuenta en la presentación de la exposición que descubrió la fotografía por casualidad, o mejor, por curiosidad, ya que cuando estudiaba radiografía descubrió las posibilidades de la cámara oscura y se enamoró irremediablemente de la fotografía. A partir de ahí, comienza una serie de viajes que le llevaron a residir en nuestro país.

La exposición se desliza a través de 40 fotografías realizadas entre 1975 y 1979, donde se muestran auténticos instantes que parecen irrepetibles. De ahí viene la acertada comparativa con el “instante decisivo” de Cartier Bresson, pues McKnight afirma sentirse “como un cazador” cámara en mano. Trata de pasar desapercibido y de ser rápido para así “captar una imagen que habla por si sola”. La representación de bodas, fiestas populares, desfiles, paisajes rurales y vida cotidiana en general a través de breves momentos, nos permiten introducirnos en la sociedad rural de la época.

Vista general de las fotografías de Robert McNight. Fotografía: María Ramis.

Vista general de las fotografías de Robert McNight. Fotografía: María Ramis.

En cuanto a la realización de las fotografías a modo anecdótico nos retrata el artista que “tenía que hace autostop para ir de pueblo en pueblo” y poder realizar sus fotografías, por lo que “no tenía una cámara cara” aunque en ello no desmerezca la calidad de las mismas. Todas ellas en blanco y negro, son copias de época, es decir, copias realizadas en los años 70 con lo que aumentan su valor considerablemente. Con una conservación perfecta, dice Robert McKnight que el truco para que duren tanto es lavarlas bien.

Es precisamente otra de las características de todas las fotografías el tono humorístico británico, ese que se desprende del propio fotógrafo sin siquiera quererlo. Dejó la fotografía en los 80 y hace solo 6 meses se compró una nueva cámara digital con la que ha estado recorriendo la ciudad de Valencia. Estas imágenes, proyectadas durante la inauguración, repiten los motivos de las captadas en los años 70: bodas, urbanismo y sociedad. Esta vez la disposición geográfica más al sur hace que aparezca la luz en contraste con la niebla vista en trabajos anteriores. El elaborado trabajo sobre la luz impide creer que la imagen haya surgido de un disparo rápido pero la expresión y la postura de las personas indican lo contrario. Denota una clara tendencia a fotografiar las fiestas populares y religiosas, como si, al mismo tiempo que la sociedad se reúne para salir a la calle, McKnight saliera con otra intención diferenciada, la de captar el instante, la expresión y la mirada.

Con influencias como la de Bresson, la de Tony Ray Jones, también fotógrafo inglés centrado en retratar las rarezas del pueblo británico, o la primera época Martin Parr, no es de extrañar la fuerza de las fotografías de McKnight. Por esta calidad y sobre todo por manera de transmitir la pasión de la fotografía, esperamos que, habiendo retomado recientemente la fotografía, Robert McKnight vuelva a ofrecernos alguna sorpresa inesperada, algún instante desapercibido para el ojo pero inmortalizado por su cámara.

Brecon. 1978. Robert McKnight. Imagen cortesía librería Railowsky.

Brecon. 1978. Robert McKnight. Imagen cortesía librería Railowsky.

María Ramis

El Pop Feminista de Ángela García

Pop Feminista, de Ángela García
Galería Punto
C / Barón de Cárcer, 37. Valencia
Inauguración: viernes 20 de noviembre, a las 20.00h

Dentro de la línea que Galería Punto dedica a la revisión de la historia del arte contemporáneo, la exposición Pop Feminista comisariada por Isabel Tejeda reúne las obras realizadas por la pintora Ángela García Codoñer durante la década de los años 70.

Tres series, Morfologías, Misses y Labores, que han cobrado una especial visibilidad con la participación de la artista en las presentes exposiciones ‘The World Goes Pop’ de la Tate Modern de Londres y en la de ‘Colectivos Artísticos en Valencia bajo el Franquismo’ del IVAM.

Obra de Ángela García Codoñer en la exposición Pop Feminista. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Ángela García Codoñer en la exposición Pop Feminista. Imagen cortesía de Galería Punto.

Durante los años 60 y 70, coincidiendo con el llamado Feminismo de la Segunda Ola, se produjo una imparable incorporación de las mujeres a la esfera pública. Muchas españolas se formaban en las universidades, un gran número en Bellas Artes, si bien sufrían el llamado «techo de cristal» que en el caso de las artistas se tradujo en invisibilidad.

Lo que se esperaba de las mujeres por parte del régimen franquista, que alentaba el estereotipo de bella y sumisa esposa y madre a través de todos sus instrumentos de influencia, no coincidía con lo que muchas mujeres españolas deseaban ser.

La resistencia llegó por medio de  la lucha clandestina, nuevas actitudes en el entorno doméstico y también en la generación de un nuevo imaginario. El pop, en manos de los valencianos Equipo Crónica, había abierto caminos en la creación de una figuración crítica, a los que Ángela García Codoñer realizó aportaciones mordaces para revertir desde sus entrañas la imaginería de hembra que se proyectaba desde el pop art anglosajón y la cultura popular.

Obra de Ángela García Codoñer en la exposición Pop Feminista. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Ángela García Codoñer en la exposición Pop Feminista. Imagen cortesía de Galería Punto.

 

Las fiestas al rojo vivo de David Cantillo

Rituales de fiesta y fuego. Fotografías de David Cantillo
Museu Valencià d’Etnologia
C / Corona, 36. Valencia
Hasta el 20 de septiembre de 2015

El Museu Valencià d’Etnologia acoge la exposición Rituales de fiesta y fuego. Fotografias de David Cantillo, en la que se analiza la presencia del fuego en las fiestas valencianas y ofrece un recorrido sobre las distintas manifestaciones festivas de la Comunitat y el papel que, visto desde el ojo del fotógrafo, tiene el fuego en el desarrollo de las mismas.

Xavier Rius, diputado de Cultura, destacó la idoneidad de las fotografías de David Cantillo para mostrar “la vinculación ancestral entre el fuego, la fiesta, la cultura y las raíces del pueblo valenciano”. “Qué mejor que estas imágenes, estos pedazos de realidad captados en las instantáneas fotográficas para ofrecer una imagen conjunta del fuego, historia y cultura”, subrayó Rius.

Fotografía de David Cantillo. Cortesía de Museu Valencià d'Etnologia.

Fotografía de David Cantillo. Cortesía de Museu Valencià d’Etnologia.

La exposición presenta un centenar de fotografías de diferentes tamaños de distintas fiestas valencianas, desde las Fallas, Fogueres y la Magdalena hasta fiestas de menor impacto social pero de gran interés por la forma en la que se usa el fuego en la fiesta. Tal es el caso de la Santantonada de El Forcall, la Matxà de Vilanova d’Alcolea o los Correfocs i Corda.

En la Santantonada de El Forcall el fuego simboliza la purificación y la fertilidad a las puertas de la primavera. En pleno incendio de la barraca, los forcallanos giran en torno a ella, según la tradición, tres veces. Buscan así la purificación y la fertilidad a las puertas de la primavera. San Antonio es llevado atado a la hoguera y su lucha es patente en la cuerda tensada entre el bien y el mal. Es inevitable atender a la domesticación del fuego hasta el punto de usarlo para representar la muerte misma.

En la Matxà, una vez prendida en llamas Vilanova de Alcolea, vuelve la tensión entre dos nuevas llamas. Como en muchos rituales festivos, demostrar la valentía -la tuya propia o la de tus animales- es casi indispensable. Los machos espoleados por sus jinetes cruzan las calles envueltos en llamas mientras que la gente los emula. De nuevo esos dos fuegos metafóricos surgen en la noche: la bestia y el hombre.

Fotografía de David Cantillo. Cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Fotografía de David Cantillo. Cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

Los demonios, representantes del mal y con un ingenio sin fin, tratan en los Correfocs i Cordà de alcanzar a todo aquél que halla alrededor y -¿quién sabe?- llevarlo al infierno. Cualquier artefacto es bueno si pueden atar sus llamas a él y asperjarlas por doquier. Fuego que congrega que hace al pueblo partícipe en la fiesta e incluye en una diversión inocua que establece una doble relación con el público: le agrede y le da cobijo. Y es este doble sentido el que el espectador saborea, puesto que es partícipe integrante del ritual teatral del mismo averno y del que, sin embargo, puede salir indemne.

David Cantillo es un joven fotógrafo valenciano que ha desarrollado su carrera en el ámbito de la fotografía comercial y en numerosos proyectos de carácter temático. Su inquietud fotográfica le ha acercado a diferentes temas como el deporte, la naturaleza, la poesía, el turismo y la fiesta (el fuego y las fallas) y las artes escénicas y musicales. Ha obtenido diferentes premios y galardones en municipios españoles como Girona (Finalista y mejor fotografía en Montphoto. Concurso Internacional de Fotografía de Naturaleza. Lloret de Mar) y finalista en Unicornio (concurso de fotografía de Montilla. Córdoba).

Fotografía de David Cantillo. Cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Fotografía de David Cantillo. Cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

Llorenç Barber: «Somos lo que sonamos»

Batallar/Batallem. So-Crit-Tro
Llorenç Barber, Rafael Tormo i Cuenca y Orxata Sound System
Comisarios: Marc Delcan y Àngel Gallego
La Gallera
C / Aluders, 7. Valencia
Hasta el 27 de septiembre de 2015

“Somos lo que sonamos”. Y lo que sonamos, para Llorenç Barber, está muy lejos de sonar como debiera en una tierra tan plagada de músicos como Valencia. “Siendo un país tan rico culturalmente, a los artistas nos tratan como residuos; se nos degrada”. En medio de un gran cono de madera invertido, en cuyo centro cuelga una de sus significativas campanas, Barber se hizo altisonante eco del proyecto que presentaba en La Gallera. El título ya es elocuente: Batallar / Batallem. So – Crit –Tro. Resitència i cultura comú. Y cual Quijote, el artista fue dando mandobles a diestro y siniestro, mientras explicaba su propuesta sonora.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

“La campana es la memoria de una comunidad”. Memoria que Barber pretende rescatar contra el viento y marea de la torpeza de los programadores culturales. “Valencia no puede ser tan dilapidadora de la creatividad”. Y puso el IVAM como ejemplo (“llevamos 20 años de retraso”), el Palau de la Música (“jamás han abierto sus puertas al arte sonoro”) o Les Arts. Instituciones públicas que a su juicio han vivido de espaldas a las prácticas artísticas novedosas. Por eso agradeció a Felipe Garín, director del Consorcio de Museos, la oportunidad de programar en La Gallera, antiguo espacio de “encuentros, apuestas y peleas”, describió Garín.

De manera que en lugar tan emblemático, Barber propone otro tipo de batalla en pro de la recuperación de la música y las prácticas colaborativas. “El artista sonoro se pregunta por lo que escucha la humanidad”. Interrogación que él despliega en La Gallera junto a Rafael Tormo i Cuenca y el grupo Orxata Sound System, bajo el comisariado de Marc Delcan y Àngel Gallego.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Mezclando las intervenciones de cada cual, a partir de elementos tradicionales de la cultura valenciana, van articulando campanas, música hablada, orquestas sonando a su manera, videoclips, disparos de cohetes y retazos de movimientos sociales como Salvem Catarroja, el Cabanyal o el 15M, con sus secuelas en forma de mascletà inactiva, que 100 niños de un colegio valenciano representará el jueves 18 en La Gallera con botellas de plástico.

“Se trata de repensar el acto de la creación”, señaló Tormo i Cuenca. “Las formas que no se dejan apropiar”, explicó Delcan en relación con la cultura popular, toman de esta forma La Gallera, contrariando así el espíritu público de exclusión de este tipo de prácticas. Sonidos, gritos y truenos, tales son los ejes expositivos, clamando por esa recuperación de la memoria que Barber inscribe en el interior de las campanas. “Es un caudal a preservar y del que gozar”, para que Valencia salga del “embobamiento” en el que se encuentra.

Instalación de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación de Llorenç Barber en La Gallera.

“Hemos perdido la batalla de la pedagogía”. Batalla que Llorenç Barber emprende mediante la “educación de puertas abiertas que durante tres meses” (los que dura la exposición) desea realizar al menos un día a la semana en La Gallera. “Ofrezco una universidad libre para explicar lo que los conservatorios no hacen”. El “silencio cultural en la escena valenciana” se transforma en ‘Batallar / Batallem’ en un conjunto de gestos rompedores. Gestos que amalgaman el silencio, la pausa, la sincronía y el ritmo, con la fiesta, el fuego, la implosión y el cuerpo, palabras igualmente utilizadas en el proyecto expositivo.

Por eso al final lo que cuenta es tener una “cabeza sinestésica”, tal y como se recoge en uno de los textos de la práctica colaborativa, que pueda dar cuenta de esa mezcla de sonidos y sensaciones que batallan entre sí en La Gallera. Sinestesia que vendría a desperezar a Valencia de tanta “banalidad artística”. Llorenç Barber lo hace a campanazo limpio, cuyos ecos se escucharán hasta el 27 de septiembre.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Salva Torres

 

Tirisiti, la tradición popular dignificada

Betlem de Tirisiti, Bien de Interés Cultural
Teatro Principal de Alcoi
Carrer Sant Tomàs, 5. Alcoi (Alicante)
Mes de diciembre, 2014

El mes de diciembre es uno de los más esperados por los niños y los no tan niños en Alcoi. El telón se vuelve a levantar en el Teatro Principal para ver las representaciones del ‘Betlem de Tirisiti’, una muestra única en Europa, declarada Bien de Interés Cultural por la Generalitat hace 12 años.

Alrededor de 25.000 espectadores llenarán las butacas de la sala, 140 centros, venidos de distintos puntos de la Comunidad se reirán con las andanzas del hostelero, Tirisiti, su mujer, Tereseta, ‘el bou’, ‘l’agüelo’, el sereno y otros personajes.

El Tirisiti es un modelo  de cultura popular con mayúsculas. El retablo navideño se ha engrandecido gracias al estricto y minucioso trabajo de la compañía teatral La Dependent, que ha dotado de calidad y prestigio una tradición navideña de teatro de títeres nacida hace casi 140 años en unos  barracones.

Imagen del Betlem de Tirisiti de Alcoi. Fotografía: Paco Grau.

Imagen del Betlem de Tirisiti de Alcoi. Fotografía: Paco Grau.

Transmitido de forma oral hasta los años 90

Querido, mimado, cuidado, Tirisiti se ha convertido en una de las grandes joyas del patrimonio inmaterial cultural alcoyano junto a los Reyes Magos y las fiestas de moros y cristianos.

El texto del retablo navideño se transmitió de forma oral desde sus orígenes hasta los años 90. Sus inicios se remontan a finales del siglo XIX. Tres barracones competían en la Navidad por atraer al público a sus representaciones de títeres. El propietario de uno de ellos, José Esteve Carbonell compró los dos belenes y los fusionó. Él popularizó el personaje de Tirisiti, que gozaba de la simpatía de los espectadores. El Belén siempre estuvo asociado a barracones, el último construido ex profeso en los años 90. Fue en  el 2006 cuando el Tirisiti se instala en el Teatro Principal. Desde entonces vive una de las etapas de mayor apogeo.

Imagen del Betlem de Tirisiti de Alcoi. Fotografía: Paco Grau.

Imagen del Betlem de Tirisiti de Alcoi. Fotografía: Paco Grau.

El Tirisiti, heredero de una tradición mediterránea con elementos populares y religiosos

Muchas son las cualidades de la representación que ha llegado a nuestros días. Refleja una tradición mediterránea de teatro de títeres de pequeño formato que combina la temática popular y la religiosa.

De los 30 minutos de función hay una primera parte más sacra. Tirisiti tiene una breve intervención para no darles posada a la Sagrada Familia. Después, se desarrolla el nacimiento de Jesús, la adoración y la huida a Egipto. Los textos de la historia sagrada se narran en castellano. Las escenas más costumbristas son en valenciano.

La segunda parte, más popular, se presta a la participación del público. Tirisiti, un personaje gandul, creído e interesado, vivirá una serie de peripecias. El ventero saldrá presuroso, avisado por la narradora y el público, porque el sacristán corteja a su mujer, Tereseta, a la entrada de misa.

-‘Baixa, Tirisiti, no veus que no et senten. Baixa que et furten la dona’- le insiste la narradora.

El popular ventero se atreve a torear aunque al final acabe llorando cuando el toro entra en la casa.

Narradora. Què t’ha passat?

Tirisiti. El bou m’ha “tupat”.

Narradora. T’ha “tupat”?.

Tirisiti. M’ha fet mal!

Narradora. Que t’ha fet mal? Què t’ha fet?

Tirisiti. M’ha fet un forat!

Narradora. T’ha fet un forat? I on?

Tirisiti. En el cul!

Narradora. En el cul? Però no plores, home, que eixe el tenim tots…

Tras el incidente con el toro, salen las escuadras de moros y cristianos, Sant Jordi, suena el himno de fiestas.

‘Que boniques són les festes -dice Tirisiti- pero són molt curtetes’.

La representación finaliza con el viaje frustrado de Tirisiti a la Luna. Harto de todos, el ventero cogerá el globo de Milà (espectáculo muy popular en 1880) mientras se despide del público.

Imagen del Betlem de Tirisiti de Alcoi. Fotografía: Paco Grau.

Imagen del Betlem de Tirisiti de Alcoi. Fotografía: Paco Grau.

Un retablo único con títeres de varillas

Uno de los aspectos que le aportan un especial interés al Tirisiti es la técnica utilizada, que está casi en desuso. Son títeres de varilla que se mueven a través de unas guías. En la representación sólo hablan el narrador, el Sereno y Tirisiti. Lo que dice el ventero resulta a veces difícil de entender porque lo hace a través de una lengüeta metálica. El narrador, que conversa con él, repite sus palabras para que el público las pueda entender.

Dos semanas se tarda en preparar el montaje, en el que se cambian hasta las butacas del teatro. En el escenario trabajan seis personas, cuatro manipulando los títeres, la narradora y un técnico.

Imagen del Betlem de Tirisiti de Alcoi. Fotografía: Paco Grau.

Imagen del Betlem de Tirisiti de Alcoi. Fotografía: Paco Grau.

Un espectáculo que nunca cansa

El Tirisiti se inicia en diciembre con las representaciones para grupos y desde el 20 hasta el 5 de enero son las funciones para el público. Como novedad, este año se ha elaborado material didáctico para que los alumnos de los colegios hagan diversos trabajos y conozcan la historia y los personajes.

Es todo un misterio el saber por qué gusta tanto a los niños. Míriam Espinós, la coordinadora de la Campaña Escolar, asegura que hay niños que lo ven 4, 5, o 6 veces. Todos los años acude un niño ciego que después de la representación va al escenario a tocar los títeres. Entre los grupos también van centros de la tercera edad. Y en las sesiones abiertas al público no falta a su cita un grupo de médicos del hospital la Fe que se trasladan a Alcoi en autobús.

Pep Sellés, uno de los manipuladores del Tirisiti, se muestra orgulloso del trabajo que han llevado a cabo. «Hemos creado la necesidad que llegue la Navidad para ver de nuevo el Tirisiti. Le hemos dado categoría teatral al espectáculo y también nos hemos esforzado para conseguir que haya una mayor participación del público en la representación».

El resultado es espléndido. Todo está cuidado, hasta el más mínimo detalle. El Tirisiti es una joya y como tal hay que engalanarla cuando sale a escena. Un tesoro de todos del que podemos disfrutar y sentirnos orgullosos.

El Belén del Tirisiti de Alcoi. Fotografía: Paco Grau.

El Betlem de Tirisiti de Alcoi, Bien de Interés Cultural. Fotografía: Paco Grau.

Carles Figuerola

Gema del Rey. Palabras y razones

Becas Hábitat 2014: Gema del Rey
Espai d’art contemporani de Castelló (EACC)
C/ Prim, s/n
Hasta el 31 de agosto de 2014

“La política es muchas cosas a la vez, pero difícilmente podría ser alguna de esas cosas si no fuera en primer lugar el arte de traducir problemas individuales en asuntos públicos, e intereses comunes en derechos y obligaciones individuales. Los líderes son expertos en ese tipo de traducción. Les dan un nombre público (genérico) a problemas individuales, con lo que sientan las bases para un manejo colectivo de problemas que no podrían ser percibidos desde el interior de la experiencia individual, ni enfrentados por su cuenta por los individuos” (BAUMAN, Zygmunt. La sociedad sitiada. Fondo de cultura económica de Argentina, Buenos aires, 2004.)

Esa tutela “natural” a la que la población parece destinada ha dado lugar a innumerables abusos de poder bajo la proclama del interés general y del mal menor, según los casos. Lo cierto es que el veneno de la codicia se extendió en nuestra sociedad como forma de vida hegemónica. Se tendió a pensar que “más” es siempre mejor que “menos” y desde esa lógica se adoptaron las principales decisiones públicas y privadas que nos han llevado, paso a paso, a una especie de vía muerta. Salir de ese punto requiere de una catarsis colectiva que permita superar la magnitud de ese fracaso, pues fueron muchas las proclamas que alentaron el exceso como rasgo de identidad colectiva.

Gema del Rey, "ni xitxa ni llimonà". Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey, «ni xitxa ni llimonà». Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey ha realizado un trabajo de investigación que ahonda en el sentido del hecho de coleccionar para, a su vez, recopilar una serie de frases procedentes de la cultura popular de Castellón y su provincia. El resultado es una colección de frases hechas que sirve como base para su proyecto “Ni xitxa ni llimonà”.

Castellón se debate entre su pasado agrícola y el boom de la construcción al que sucumbió en las últimas décadas, esa es la forma en la que los movimientos de lo global extinguen progresivamente lo local en un ejercicio de simplificación de la cultura. A la vez encontramos fiestas que veneran el folclore superficial, estetizado y desprovisto de cualquier resorte constituyente de sentido, como un dispositivo más de estereotipación social que conduce en la dirección opuesta a la recuperación de la identidad.

Gema del Rey, "ni xitxa ni llimonà". Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey, «ni xitxa ni llimonà». Imagen cortesía de Gema del Rey.

La artista en su trabajo de campo ha llevado a cabo entrevistas y contactado con personas que han aportado el material de estudio propuesto. Frases que trenzan, que amarran, a los individuos a la colectividad a través de la memoria transmitida oralmente generación tras generación. “Descobrir-se el pastis”, “donar fum en lloc de llum”, “fer creure que un burro vola”, “omplir-se les butxaques”, “s’han acabat els torrons”, “quedar escaldat” son solo algunas de las frases recopiladas para el proyecto. La actualidad de las mismas deja patente la forma en la que el ser humano reitera sus errores, por más que su interpretación de acuerdo a las actuales circunstancias permite unas lecturas enriquecidas en matices que se aderezan con ejemplos impagables.

Gema del Rey, "ni xitxa ni llimonà". Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey, «ni xitxa ni llimonà». Imagen cortesía de Gema del Rey.

La transformación de los modos de producción industrial en el campo de la agricultura ha hecho inviable la rentabilidad de los cultivos tradicionales, con el consiguiente empobrecimiento en las variedades autóctonas. Ese desequilibrio entre global y local dificulta el mantenimiento de formas de vida tradicionales que han sido desplazadas por la rentabilidad que hasta hace poco mostró el sector de la construcción. A la vez se empuja a la mano de obra más débil a estados de desprotección asimilables a algunos rasgos de esclavismo.

Con un cierto “abaixar-se els pantalons” muchos se deshicieron de los campos, que fueron destinados como superficies para la edificación: “ja l’hem cagat llauraor!”. Muchas de esas tierras forman ahora parte de un simbólico catálogo de obras inacabadas, como fantasmas omnipresentes que recuerdan cada día a los ciudadanos un pasado cercano que lastra el presente mientras proyecta su sombra más allá.

Gema del Rey, "ni xitxa ni llimonà". Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey, «ni xitxa ni llimonà». Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey realiza con este proyecto un ejercicio de recuperación del “acento” propio de las gentes para reafirmar la riqueza presente en la sabiduría popular, esas bases a las que con tanta facilidad se infravalora como parte del ejercicio de simplificación cultural. La pérdida del lenguaje, la creciente inconsistencia en la transmisión de saberes de padres a hijos, la actual crisis ética y económica y la equivocada idea de progreso que nos ha traído hasta aquí son algunos de los ejes sobre los que ha pivotado la investigación que ahora se presenta. Elementos todos ellos presentes en la cotidianidad que nos ha tocado vivir, convertidos en materiales de observación, coleccionados por la artista con el propósito de lograr su fosilización. Mostrándonos esta verdad, se requiere la colaboración del espectador como elemento clave para la desactivación de una construcción social que ha llegado el momento de desmantelar. Devolver el poder simbólico a los ciudadanos implica la preexistencia de individuos dispuestos al empoderamiento civil, con una ruptura clara de la pasividad que ha definido los comportamientos grupales de la sociedad.

José Luis Pérez Pont

Gema del Rey, "ni xitxa ni llimonà". Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey, «ni xitxa ni llimonà». Imagen cortesía de Gema del Rey.

Juan Carlos Barberá, en busca del fuego

Juan Carlos Barberá: «Fuego, demonios y santos»
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta el 28 de enero

“San Antón mató un marrano y no me dio las morcillas. Quién le diera a San Antón con un palo en las costillas”. Ésta y otras canciones parecidas se entonan en diferentes lugares con motivo de las hogueras de San Antón. Una de las más famosas tiene lugar en la comarca de Els Ports (Castellón). Juan Carlos Barberá, como ya hiciera Cristina García Rodero en su impagable La España oculta, se sumerge en la fiesta de Sant Antoni del Porquet allí celebrada, para dejar testimonio vivo de cómo la cultura popular tiene su razones bien hundidas en la sinrazón festiva. Razones que Barberá recoge en una serie de fotografías, reveladoras de la íntima comunión existente entre lo profano y lo sagrado.

Fotografía de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'. Aula de Cultura La Llotgeta

Fotografía de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’. Aula de Cultura La Llotgeta

Fuego, Demonios y Santos es el acertado título con el que Barberá da fe con su cámara del hondo latido que anima la fiesta, en tanto vehículo privilegiado para aproximarnos a la extraña línea que separa la vida y la muerte. Porque el fuego, además de esos demonios y santos que igualmente nos habitan por dentro, no sólo es fuente de destrucción (como proclaman los informativos principalmente en verano), sino también hoguera salvífica, purificadora, que incluso en tiempos remotos iluminó el gran agujero de la noche. Aquel fuego primigenio aclaró la oscuridad nocturna, dio calor y fue el mismo tiempo instrumento de defensa contra las fieras.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’.

Todo ello está magníficamente recogido en las fotografías de Juan Carlos Barberá: el fuego, los demonios interiores o los animales que Sant Antoni bendice, sin duda santificados por su labor al servicio de los hombres, por su compañía, por ser fuente de alimento y, sin duda, por ser igualmente amenazadores en su estado salvaje. Lo sagrado y lo profano dándose la mano en esas imágenes que Barberá ha trabajado sabiamente con el encuadre y una luz que acoge los claroscuros de la fiesta. Fiesta que Luis Martín Arias, en su artículo “Matrimonio, fiesta y lazo social” de la revista ‘Trama y Fondo’, describe así: “En las hogueras de San Antón, podemos encontrar subyacente el proceso de anamnesis, presente en la obvia nostalgia que manifiestan estos rituales por el pasado reciente, por lo rural perdido”.

Fotografía de Juan Carlos Barberá.

Fotografía de Juan Carlos Barberá.

Y continúa diciendo: “La presencia de la naturaleza, con el protagonismo del fuego, colocaba a la comunidad frente al núcleo más primitivo de la experiencia humana: ese fuego salvífico que nos libró de la animalidad y nos hizo seres civilizados. Asimismo, en la Fiesta de las Hogueras de San Antón podemos percibir la presencia del proceso de utopía, constatable en la destrucción del pasado que se operaba (con la quema de muebles viejos y de trastos que se sacaban de las casas), pero sobre todo mediante la restauración del lazo social que propiciaba el ritual festivo, merced a todo lo que el vecindario compartía: los saltos, la comida, la bebida y los cánticos”.

Fotografia de Juan Carlos Barberá.

Fotografia de Juan Carlos Barberá.

Todo eso está presente en las fotografías expuestas en el Aula de Cultura La Llotgeta. Hay fuego intenso, demonios a contraluz, la explosión festiva que denotan diversas tracas, recios platos de comida, santos en procesión (algunos portando revistas de cierto contenido erótico), tragos de porrón con el gaznate bien abierto y profusión de risas, quizás para ahuyentar esa sensación de muerte que encierra la fiesta, al tiempo que sano despliegue de una emoción intensa, reponedora de vida.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’.

 

Juan Carlos Barberá  se sumerge y nos sumerge con su cámara en esas hogueras de Sant Antoni, patrón de los animales “de pata” o domésticos, tal y como refiere el propio autor de las imágenes, para dejar constancia de lo mucho que nos une cuando está en juego la escenificación de la muerte, a través de rituales festivos plenos de vida. Barberá salió en busca de ese fuego interior que anima la fiesta y ahora somos nosotros quienes disfrutamos de su apasionado y apasionante proyecto expositivo.

Fotografía de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'. Aula de Cultura La Llotgeta

Fotografía de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’. Aula de Cultura La Llotgeta

Salva Torres

Sí a la cultura popular, no al folklore político

Tradición o destierro, de Jimmy Molina

Galería Trentatres

C / Sueca, 33. Valencia

Hasta el 31 de agosto

Las fiestas populares, en tanto manifestaciones de la denominada baja cultura, por oposición a la alta cultura burguesa, son fiestas que abarcan el amplio espacio social de la calle. Son, por tanto, fiestas cuyos rituales proceden mayormente de la tradición oral y, por tanto, carecen de autor, como los chistes, los trabalenguas y demás textos de alcance popular. En ellas, como ya sucedería en los carnavales antes de su conversión en espectáculo de fácil consumo, son los ciudadanos quienes toman la plaza pública para participar en unos ritos que ponen en escena cierta trasgresión del orden o la transmisión de ciertos elementos simbólicos de carácter sagrado.  

Esas manifestaciones populares pierden su esencia trasgresora o de reconciliación simbólica, cuando se convierten en prácticas culturales destinadas a la vanagloria identitaria. Que es lo que viene a criticar Jimmy Molina en su exposición de la Galería Trentatres. Toma ciertos iconos, fácilmente reconocibles, como las falleras, los dantzaris vascos, las sevillanas o los encapuchados de la Semana Santa, para darle una vuelta mordaz y crítica. Los rostros representados, bajo cada uno de los ropajes tradicionales, se transforman en calaveras, trasluciendo el carácter mortuorio de esas tradiciones manipuladas desde los diversos nacionalismos, ya sean los periféricos o el centralista con sucursal valenciana.

Tradición o destierro, de Jimmy Molina. Imagen cortesía de Galería Trentatres

Tradición o destierro, de Jimmy Molina. Imagen cortesía de Galería Trentatres

Jimmy Molina, más que criticar todas esas fiestas populares, que sin duda lo hace, viene a reivindicar una depuración folklórica para quedarse con su más fuerte raigambre ciudadana, tan singular como universalista. Para ello juega con las imágenes aludidas, falleras, dantzaris, sevillanas, costaleros, para mostrar el reverso grotesco de tan estereotipadas figuras. También echa mano de la tipografía, para mezclar aquellas palabras que enaltecen la identidad autóctona: por ejemplo, gora valencia lliure o visca herri vasco, palabras que sirven de fondo a un dantzari con hacha en la mano o una fallera con metralleta y símbolo anarquista.

En el fondo, lo que hace Jimmy Molina es convertir su propia exposición, que ha titulado Tradición o destierro y que puede verse en Trentatres hasta el 31 de agosto, en un acto festivo donde prima la trasgresión de lo políticamente correcto, es decir, de la tradición popular como caldo de cultivo esencialista y diferenciador. Molina asegura sentirse asturiano, lo cual no impide que valore otras prácticas culturales, siempre y cuando no entren en competencia por reducción al absurdo. Tradición o destierro viene a reflejar esa tensión entre lo nuestro por antonomasia y lo ajeno como lugar del todo impropio, extraño y, dependiendo del color político, incluso objeto de sospechas e inquinas. Jimmy Molina manifiesta en su obra ese cóctel de adhesión inquebrantable y destilado mortuorio. 

Tradición o destierro, de Jimmy Molina. Imagen cortesía de Galería Trentatres

Tradición o destierro, de Jimmy Molina. Imagen cortesía de Galería Trentatres

Salva Torres