Sindokma, festival del libro de editores independientes

Sindokma, Festival del Libro
Ruzafa Gallery
C / Pedro II el Grande, 11. Valencia
Del 18 al 20 de noviembre

El festival del libro Sindokma nace en Valencia “con la pretensión de dar visibilidad a los sellos independientes”, tal y como explicaron Jose Ramón Alarcón y Vicente Chambó, dos de sus organizadores, durante el acto de presentación en la Sala Russafa. Un total de 30 expositores y 40 actividades conforman lo que pretenden sea el escaparate de los “outsiders” de la cultura: librerías y editoriales pequeñas carentes de un espacio donde poder dar a conocer sus trabajos. Sindokma salta a la palestra con ese objetivo.

El festival tuvo su precedente en 2014 con Russafa Book Weekend, ahora rebautizado porque, según sus organizadores, nace con la vocación de “crecer, no sólo supeditado al barrio de Ruzafa, sino con la intención de abarcar nuevos escenarios de la ciudad en futuras ediciones”. En esta ocasión, el festival quedará ubicado en Ruzafa Gallery (Pedro III el Grande, 11), donde se celebrarán del 18 al 20 de noviembre la gran mayoría de actividades, salvando las dos que se llevarán a cabo en Ubik Café y Café 33 siempre dentro del barrio de Russafa.

El trapecista, fotografía de Jürgen Schadeberg, que hablará de su trabajo en Sindokma.

El trapecista, fotografía de Jürgen Schadeberg, que hablará en Sindokma de su trabajo.

El festival, coorganizado por Makma, la asociación Mostra LIJ y la Conselleria de Cultura, busca dinamizar el sector para que el talento pueda encauzarse y generar industria cultural, riqueza y empleo, sin por ello renunciar al entretenimiento a través de lo didáctico pensando en los más pequeños que en ocasiones “huyen de lo solemne en eventos relacionados con la cultura”, subrayó Chambó. “El perfil de pequeño editor independiente, intrépido, con iniciativa, aunque tenga muchas ganas de salir adelante, lo tiene difícil para hacerse ver y nosotros lo que hacemos es darles voz”, agregó.

El IVAM dispondrá de un espacio donde mostrar una selección de sus publicaciones, mientras que el estudio Pinta Valencia se encargará de una serie de talleres infantiles donde se realizará un libro de artista inspirado en la Ruta de la Seda y Valencia. “Por sus características y estructura, no hay otro festival igual en la ciudad y probablemente sea muy difícil de encontrar en ninguna otra capital a la hora de reunir géneros tan distintos en torno al libro”, esgrimió Chambó. “No pretende ser un festival que anule a las otras ferias, porque venimos a sumar”, “Cuando el binomio distribuidor pequeño editor no funciona, es necesario buscar vías para que lo registros de calidad lleguen al público”, agregó.

Portada del número 7 de Canibaal, revista que será presentada en Sindokma.

Portada del número 7 de Canibaal, revista que será presentada en Sindokma.

“El objetivo final no es tanto la venta, que también, como la comunicación”, afirmó Alarcón, que fue luego desgranando el contenido de un programa que incluye charlas, conferencias, mesas redondas, cuentacuentos, exposiciones y performances. Gandía Blasco aporta el mobiliario del festival y Cerveza Turia el patrocinio junto al Ayuntamiento de Valencia y la Diputación, más el apoyo de 15 negocios del barrio de Russafa.

El aluvión de actividades (“no son contenidos blockbuster”) comenzará el viernes con la inauguración de la exposición de catálogos del IVAM, a la que seguirán presentaciones diversas, entre ellas las de Pol Coronado hablando de la revista ‘Dirty Valencia’, la literatura de ‘Contrabando’, la performance de Graham Bell Tornado y la presentación de “Impure”, proyecto de la artista Anna Maria Staiano, el libro ilustrado y de diseño de ESAT o el Espai Joan Fuster, concluyendo el domingo con la presentación de otra revista, el número 7 de Canibaal.

Impure, de La Erreria (Anna Maria Staiano y Graham Bell Tornado), que será presentado en Sindokma.

Portada de “Impure”, de Anna Maria Staiano, que será presentado en Sindokma. Imagen cortesía de La Erreria (Anna Maria Staiano y Graham Bell Tornado).

Sindokma, como destacó Alarcón, “pone el foco en el libro en todas morfologías posibles, vertebrado por una apuesta de contenidos y perfiles heterodoxos” y mediante “formatos poco convencionales”. Además, se rescatarán publicaciones “atemporales”, porque el festival “no está supeditado a la urgencia cronológica del mundo editorial”, añadió. Más que novedades, lo que el festival busca “es crear un espacio de encuentro entre sellos cuya singularidad apenas tiene espacios propios de difusión”, concluyeron sus organizadores.

Vicente Chambó (izquierda) y Jose Ramón Alarcón, en la presentación de Sindokma.

Vicente Chambó (izquierda) y Jose Ramón Alarcón, en la presentación de Sindokma en Sala Russafa.

EL GRAN HOTEL BUDAPEST

Los cuentos de Anderson

El viajero que visita determinados enclaves de Centroeuropa o se dirige hacia el este, con frecuencia considera ese paisaje como escenario de un cuento. Las calles empedradas, las cúpulas bulbosas o la arquitectura Art Nouveau confieren cierta magia a esta clase de lugares. Wes Anderson no resulta ajeno a esa idea: recurrir a la ciudad sajona de Görlitz como localización principal en su última película, incentiva el halo de relato infantil que circunda esta historia de aventuras extremadamente vitalista y dinámica. No en vano, el narrador es un escritor que, a modo de cuentacuentos, refiere la etapa más gloriosa del prestigioso Gran Hotel Budapest de la República de Zubrowka, un ficticio país en la zona alpina. Con el espíritu del escritor austriaco Stefan Zweig sobrevolando la película, el argumento se centra en las tribulaciones del refinado Gustave (Ralph Fiennes), conserje del hotel, y Zero (Tony Revolori), su botones de confianza. Cuando la rica anciana Madame D. (Tilda Swinton) fallece, el conserje resulta el heredero de una importante pintura familiar que desata unas trágicas consecuencias en el contexto del advenimiento nazi.

Poseedora de una excelente dirección artística −las obras de los austriacos Schiele y Klimt son sólo una parte del detallismo extremo y obsesivo en interiores y exteriores−, El Gran Hotel Budapest demuestra, una vez más, la poderosa inventiva de Anderson, creador de una divertida coreografía de luces, colores, música, encuadres y diferentes formatos fílmicos. Los constantes cambios espaciotemporales, la velocidad de las acciones y diálogos, el enjambre de personajes y el abuso cromático dirigido hacia el barroquismo rosa –destaca la escena de la invasión nazi− acrecientan el artificio mucho más allá de lo visto en Los Tenenbaums, una familia de genios (The Royal Tenenbaums, 2001) y en Moonrise Kingdom (2012). La teatralidad de la postrera obra de Anderson resulta, precisamente, su mayor virtud: la variación lumínica en un mismo plano o la utilización de maquetas son ejemplos que confieren a la película un aire de irrealidad y fantasía que, de nuevo, persisten en el concepto de cuento. Pese al carácter risueño de toda la película, el Gran Budapest, con sus suntuosos pasillos, sus posteriores baños en ruina y sus huéspedes distinguidos pero ya extintos, alberga un romanticismo melancólico que recuerda, en algunos momentos y salvando las distancias, la obra capital de Thomas Mann, a la par que despierta en el espectador el deseo del viaje en el pretérito Orient Express y el descanso en aquel hotel decimonónico de Estambul a la espera del encuentro casual con algún hospedado insigne henchido de recuerdos.

Tere Cabello

Budapest1. Una de tantas maquetas para El Gran Hotel Budapest (Wes Anderson, 2014)

Budapest1. Una de tantas maquetas para El Gran Hotel Budapest (Wes Anderson, 2014)