El nicho mortuorio de Cristina Lucas

Box (Caja), de Cristina Lucas
Fachada del IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta junio de 2017

El IVAM tiene en su colección una obra de Cristina Lucas (Jaén, 1973) relacionada con el suicidio de notables escritores. Y ahora ha iniciado la serie ‘El IVAM produce’ con una intervención en su fachada realizada por la propia artista igualmente ligada con el tema de la muerte. “Este nicho mortuorio conecta con ello”, señaló José Miquel Cortés, director del museo. A raíz de lo cual se explayó su autora: “Lo efímero es algo real en nuestras vidas y, dado su carácter efímero, te acercas a cosas que tengan cierta permanencia, como la geometría o la estabilidad de las formas”.

Box (Caja), la pieza de 9×9 metros creada ex profeso para la fachada del IVAM, reúne ambos aspectos aludidos por la artista: su clara referencia a la muerte y su vinculación con el volumen geométrico, que otorga cuerpo formal al cubo y sirve de alojamiento al cuerpo real de quien pierde la vida. Esa “escenografía tétrica” (Cortés dixit) permanecerá colgada durante seis meses en el frontal del museo, como primera muestra de la actividad artística en espacios menos convencionales del instituto valenciano. José Maldonado ya prepara otra en la entrada del IVAM lab.

Cristina Lucas bajo su obra colocada en el fachada del IVAM. Imagen cortesía de museo valenciano.

Cristina Lucas bajo su obra colocada en el fachada del IVAM. Imagen cortesía de museo valenciano.

La obra de Cristina Lucas está realizada en formato de valla publicitaria, porque la artista dijo llevar un tiempo interesada por esa publicidad que, al igual que la política, “te ordena lo que tienes que hacer”. Algo contra lo que ella se rebela, utilizando para ello el arte. “La misión del arte es hacer pensar y no adoctrinar como hace la publicidad”. A ello se refirió igualmente Cortés, al presentar la nueva iniciativa de ‘El IVAM produce’: “Queremos un museo no estancado, ni muerto, sino un museo vivo que amplíe y cuestione el papel del propio museo”.

Cristina Lucas, tomándose al pie de la letra estas palabras, habla en Box de lo vivo a través de lo muerto, poniendo en cuestión la publicidad, su imperativo de compra, de velocidad, de prisas, mediante la interrogación artística, de cuya permanencia se hace intenso eco en su obra. “Frente a la fugacidad está lo trascendente, lo que siempre permanece: los colores y la geometría”. Y agregó: “Lo muerto es algo común a todos”.

-“¿Están entonces los museos muertos?”

-“El museo es un lugar que atesora el tiempo y lo que está ahí es lo que permanece, lo que debe permanecer”.

Lucas también se refirió, en este sentido, a la trascendencia como aquello que atraviesa el tiempo en busca de esa permanencia aludida. “El nicho mortuorio está claro, pero es tan abstracto que permanece y se hace trascendente”.

-“¿Son entonces los museos los templos modernos?”

-“Los museos son templos de siempre”.

Detalle de la obra Box (Caja), de Cristina Lucas. Imagen cortesía del IVAM.

Detalle de la obra Box (Caja), de Cristina Lucas. Imagen cortesía del IVAM.

Sobre la fachada de ese templo, en diálogo con la escultura circular de Richard Serra, Cristina Lucas muestra su caja o cubo para que el espectador se haga preguntas. Las mismas que le han llevado a ella a cuestionar la publicidad: “Nunca antes había trabajo en formato de valla publicitaria, es mi primera vez, pero hay mucha reflexión sobre el fenómeno de la publicidad”. De manera que la seducción típicamente publicitaria se transforma en el trabajo de Lucas en una tumba abierta, que viene a quebrar el glamour de aquellas otras imágenes destinadas al fugaz consumo.

De ahí que Cortés hablara del trabajo de Cristina Lucas como de “muy potente”, tanto desde el punto de vista “de las imágenes que produce” como desde el punto de vista “conceptual”. También se refirió a la pieza Box como “muy ambigua”, por cuanto el espectador tan pronto puede ver “algo más tétrico” como algo “más relacionado con lo arquitectónico”. Arquitectura en todo caso relacionada con esa fosa común que penetra de forma siniestra en el IVAM a través de su fachada intervenida.

“Es una imagen sencilla, sin referencias, inquietante pero muy próxima; se trata del interior de un nicho mortuorio”, describe la artista, abriendo la senda por la que después transitarán otros artistas. Cortés explicó que el formato de ‘El IVAM produce’ será para todos el mismo y que, en todo caso, puede caber la pintura. “Podría ser, por qué no, aunque debería ser un tipo de pintura que aguante los seis meses que permanece a la intemperie la obra”. Permanencia que Cristina Lucas cumple con creces al servirse de la fotografía, la lona de una valla publicitaria y, lo más permanente de todo, la muerte aludida en Box. La esencia del arte.

La obra Box (Caja) en diálogo con la escultura de Richard Serra. Imagen cortesía del IVAM.

La obra Box (Caja) en diálogo con la escultura de Richard Serra. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

MUSAC presenta su nueva temporada expositiva

MUSAC. Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León
Avda. Reyes Leoneses, 24. León

- Self-Timer Stories [Historias del autodisparador]: 16 de mayo – 13 de septiembre, 2015
- Sector primario: 16 de mayo, 2015 – 10 de enero, 2016
- Visita guiada: artista, museo, espectador[Fondos de la Colección MUSAC]: 16 de mayo – 20 de septiembre, 2015

MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, presenta tres exposiciones colectivas. Self-Timer Stories [Historias del autodisparador]  explora el fenómeno del autorretrato fotográfico a partir de una selección de 80 obras de 34 artistas nacionales e internacionales, tomando como punto de partida la Colección Federal de Fotografía de Austria, en diálogo con obras de artistas nacionales e internacionales y obras de la Colección MUSAC. Sector primario es una muestra producida por MUSAC que  atiende a la relevancia del paisaje, la actividad agrícola y ganadera, la caza, la minería, etc. en la comunidad de Castilla y León, a través del trabajo de los artistas Paco Algaba, Alfonso Borragán, Álvaro Laiz, Asunción Molinos Gordo, Javier Riera, y Antje Schiffers. Visita guiada: artista, museo, espectador es una exposición realizada en exclusiva con fondos de la Colección MUSAC que analiza, reflexiona y cuestiona las narrativas, funciones y convenciones del sistema del arte.

Self-timer Stories

Esta exposición muestra una selección de obras de la Colección Federal de Fotografía de Austria –en depósito permanente en el Museum der Moderne Salzburgo—en diálogo con artistas internacionales y obras de la fotografía expandida.

El leitmotif de esta exposición es la creación del autorretrato a través de un disparador automático. Esta práctica, popular tanto en la vida cotidiana como en el arte, mueve alternativamente con los avances técnicos y se manifiesta en los cables de liberación que aparecen en las composiciones, la liberación de control remoto digital, o la mano extendida. En el momento del “clic” de la cámara (que está reproducida de modo artificial en la fotografía digital) el “yo como autodisparador” se vuelve prevalente y así marca la relación del sujeto con el mundo, que ha sido siempre inseparablemente vinculado con los medios de comunicación.

Así, la exposición presenta el tema omnipresente de la auto-representación fotográfica a lo largo de varias generaciones en el contexto de una historia del arte-crítico de los medios y continúa hasta nuestros días como una historia de auto-temporizador fotografía como emancipador “clic”; un juego de mostrar y ocultar, de público y privado.

La exposición Self-Timer Stories cuenta con artistas fotográficos de la talla de VALIE EXPORT, Esther Ferrer, Sharon Hayes, Matthias Herrmann, Juan Hidalgo, AA Bronson & Matthias Herrmann, Birgit Jürgenssen, Barbara Kapusta, Roberta Lima, Anja Manfredi, Ana Mendieta, Lilo Nein, Cristina Núñez, Carlos Pazos, Carolee Schneemann, Peter Weibel, Martha Wilson, o Francesca Woodman.

Self-timer Stories. Valie Export

Retrato fotográfico de Valie Export. Imagen cortesía de MUSAC.

Sector Primario

Sector primario es una exposición colectiva que pretende atender a la importancia y presencia del paisaje, la actividad agrícola y ganadera, la caza, la minería, etc. en esta comunidad a través del trabajo de algunos artistas contemporáneos. Por una parte se “documenta” el cambio de paradigma económico que hace “inviables” algunas áreas del sector primario, pero por otra se pone en valor alguna de esas actividades porque tienen precisamente un valor innegable y primordial. Los sectores de la vida rural y la ganadería serán objeto de investigación y trabajo de Antje Schiffers; Asunción Molinos Gordo se centrará en la agricultura y la alimentación; la languideciente actividad minera que fue tan identitaria en León es tratada en el proyecto de Álvaro Laíz que lleva el ilustrativo título de Fósil; Alfonso Borragán trabajará con el agua, los ríos, los embalses y todo los aspectos lúdicos y míticos a ellos asociados; en la tierra se centra la producción de Paco Algaba; y Javier Riera explorará la presencia y la dimensión del paisaje, la naturaleza y los animales salvajes.

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Fotografía paisajista de Alfonso Borragán. Imagen cortesía de MUSAC.

Visita guiada: artista, museo, espectador [Fondos de la Colección MUSAC]

‘Visita guiada: artista, museo, espectador’ es una exposición colectiva de obras de la Colección MUSAC que analiza, reflexiona y cuestiona las narrativas, funciones y convenciones del sistema del arte. Mientras que la primera parte del título alude a esa inevitable paradoja que acompaña al museo desde su gestación —entre el (exceso de) didactismo y la necesidad de mediación— así como al rol del comisario-intermediador en ella; la segunda parte hace referencia a las complejas y ciertamente asimétricas relaciones entre el artista, el museo y el espectador.

Divida en tres bloques temáticos —artista, museo, espectador—, la exposición reúne entre otros obras de Pipilotti Rist, Antonio Abad, Matthew Barney, Pierre Huyghe, Cristina Lucas, Christian Jankowski, Ruth Gómez, Isaac Julien, Sandra Gamarra, Candida Höfer, Dora García, Zhang Huan, Cerith Wyn Evans, David Iturregui, Anne Collier & Matthew Higgs, Ana Laura Aláez, Daniele Buetti, Joan Morey, Juan López o Lina Bertucci. En este sentido, la obra ‘I married an artist’ de Anne Collier y Matthew Higgs bien podría funcionar como leitmotiv de las diferentes e interconectadas narrativas que ‘Visita guiada: artista, museo, espectador” desea abordar en un ejercicio no exento de ironía ni de auto-crítica.

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Impresión digital de Anne Collier y Matthew Higgs. Imagen cortesía de MUSAC.

Mujeres resistentes, mujeres dolientes

Mujeres: territorios artísticos de resistencia
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 7 de septiembre, 2014

Por un lado, la sociedad patriarcal, entendida según los usos y abusos del feminismo. Por el otro, su denuncia. Por un lado, la represión a la que han sido sometidas las mujeres por efecto de cierto machismo imperante. Por el otro, el destape de tamaño agravio y su correspondiente ajuste de cuentas. Entiéndase tal ajuste de cuentas en su versión más radical (“que les corten la cabeza”) o en su versión más economicista (las cuentas claras, con su debe y su haber). He ahí la declaración de intenciones de algunas de las manifestaciones artísticas protagonizadas por mujeres: sabedoras éstas del poder que confiere su lucha por la igualdad o la diferencia (según), en una sociedad que se siente en deuda con sus víctimas, no dejan de proponer actividades que vayan ganando terreno en esa dirección.

La liberté rassonnée, de Zaera, en la exposición 'Mujeres: territorios de resistencia', en La Nau de la Universitat de València. Imagen cortesía de La Nau.

La liberté raissonnée, de Cristina Lucas, en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València. Imagen cortesía de La Nau.

‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ es una muestra de ese talante crítico, al tiempo que revelador de cierto goce femenino. Comisariada por Irene Ballester, la exposición reúne en la Sala Estudi General de La Nau obra de 11 artistas: Carmen Calvo, Teresa Cebrián, Consuelo Chambó, Diana Coca, Maribel Domènech, Ana Gesto, Cristina Lucas, Myriam Negre, Marina Núñez, Inmaculada Salinas y Rossana Zaera. Obras de diferentes estilos, continentes y contenidos que, sin embargo, comparten esa mirada común por la denuncia y, una vez desencadenada, por el afloramiento de un placer siniestro.

Detalle de una de las fotografías de Consuelo Chambó en la exposición 'Mujeres: territorios artísticos de resistencia', en La Nau de la Universitat de València.

Detalle de una de las fotografías de Consuelo Chambó en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València.

Pongamos por caso, ‘La liberté raissonnée’ (La libertad razonada), obra de Cristina Lucas. En un video de 4’ 20”, la artista crea y se recrea en el cuadro de Eugène Delacroix, ‘La libertad guiando al pueblo’, para ofrecer su particular vuelta de tuerca. La revolución en pos de la libertad que en el primer tercio del siglo XIX se desencadenó en Francia, da pie en la obra de Cristina Lucas a cierto ensañamiento perpetrado sobre el cuerpo de la mujer, que Delacroix pinta con los pechos al aire empuñando la bandera tricolor francesa. La madre patria enfervorizada, cuna del intenso nacionalismo hoy de vuelta, se transforma en objeto ultrajado, ligando la pasión política con la pulsión humana.

Detalle de una de las obras de Carmen Calvo en la exposición 'Mujeres: territorios artísticos de resistencia', en La Nau de la Universitat de València.

Detalle de una de las obras de Carmen Calvo en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València.

‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ se mueve entre ambas franjas: la denuncia social, intensamente política, y su correlato visual en forma de un conjunto de obras que destaca por sus aspectos siniestros. Diana Coca, en ‘La ciudad de las muñecas rotas’, lo manifiesta abiertamente: “Me interesa el cuerpo profanado, con residuos de violencia”, provocado por una “situación de insatisfacción respecto al modelo establecido”. De manera que frente a la crítica de ese modelo, comparece en la obra artística el cuerpo femenino violentado. Lo mismo que ocurre en el video de Cristina Lucas.

Fotografía de Ana Gesto en la exposición 'Mujeres: territorios artísticos de resistencia', en La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Ana Gesto en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València.

Teresa Cebrián, sin mostrar la figura femenina tan descarnada, no deja igualmente de llamar la atención acerca de ciertos ‘Patrones del dolor’. Y Rossana Zaera se hace eco de las tareas domésticas realizadas con máquinas de coser, cambiando el hilo por los cabellos  en ‘La máquina del tiempo’, evocación sarcástica del laborioso y oscuro pasado femenino. Carmen Calvo utiliza la figuración femenina en negativo, para plasmar el silencio, humillación y cierto sadismo en sus imágenes elocuentemente tituladas ‘Has hecho de mí todo lo que querías’.

Mujeres “partidas” (Myriam Negre), carnales y de rostro oculto por una espesa melena (Consuelo Chambó), arrastrando penosas cazuelas (Ana Gesto), sirenas mitológicas (Marina Núñez), fragmentadas en múltiples recortes de prensa (Inmaculada Salinas) o portadoras de un enorme tejido con cables eléctricos (Maribel Doménech), así son esas mujeres resistentes comisariadas por Irene Ballester. Mujeres cuyos territorios oscilan entre la denuncia y el goce siniestro.

Fotografía de Diana Coca en la exposición de La Nau.

Fotografía de Diana Coca en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ en La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

¿A qué huele una exposición?

¿A qué huele una exposición?
LABoral Centro de Arte y Creación Industrial
Los Prados, 121. Gijón
Hasta el 13 de octubre

La colección olorVISUAL es una colección de arte contemporáneo formada según la visión personal del creador de esencias y coleccionista Ernesto Ventós. Desde los primeros encargos realizados directamente a los artistas en el año 1978 hasta la actualidad, el común denominador de la colección olorVISUAL ha sido la transformación de olor a color, a luz, a sugestión, sueño, memoria y a un sinfín de connotaciones que se han convertido en el personal discurso de esta colección. Un conjunto de obras reunidas bajo esa “nariz subjetiva” del coleccionista.

'NanoEsencia_Grafeno' de Hugo Martínez-Tormo en '¿A qué huele una exposición?'. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

‘NanoEsencia_Grafeno’ de Hugo Martínez-Tormo en ‘¿A qué huele una exposición?’. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

‘¿A qué huele una exposición?’ presenta una selección de piezas audiovisuales de la colección olorVISUAL que configuran discursos alrededor de temas de corte social y político, reflexionan sobre lo ficcional, lo performativo y lo onírico, o se proponen simplemente como ejercicios del imaginario. Los artistas presentes en la muestra trasladan al espectador a universos espacio-temporales distintos, en los que otras relaciones con lo real son posibles.

'Genoma' de Charles Sandison en '¿A qué huele una exposición?' de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

‘Genoma’ de Charles Sandison en ‘¿A qué huele una exposición?’ de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

A través de una beca de producción convocada conjuntamente con LABoral, la colección olorVISUAL incorpora la obra nanoEsencia_Grafeno, de Hugo Martínez-Tormo. La pieza, presente en la exposición, propone un acercamiento al arte y a la ciencia desde la íntima visión sinestésica del artista.

La sinestesia -mezcla de sensaciones percibidas por los distintos sentidos- es precisamente el eje conceptual de ‘¿A qué huele una exposición?’, una muestra que invita al espectador a acercarse a las obras a través de “su olor”, a permitir que éstas despierten sus recuerdos y experiencias.

'Red' de Marina Núñez en '¿A qué huele una exposición?' de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

‘Red’ de Marina Núñez en ‘¿A qué huele una exposición?’ de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

Este particular enfoque reivindica la trascendencia sensorial y el potencial evocador del olfato y, también, permite redescubrir desde una perspectiva inédita obras relevantes de la creación audiovisual contemporánea. Favorece, en definitiva, repensar el arte como espacio de evolución y creación desde el que generar nuevas sensaciones, nuevas imágenes, nuevas texturas y, naturalmente, nuevos olores.

Los artistas que participan con sus obras en ‘?¿A qué huele una exposición?’ son: Andrea Bátorfi (Unfolding; Democracia, Charity); Nanna Hänninen (Meditation Practices II. Trying to Be a Better Me); Carlos Irijalba (Inercia); Clare Langan (Glass hour); Cristina Lucas (El eje del mal); Hugo Martínez-Tormo (nanoEsencia_Grafeno); Albert Merino (La esencia de la piedra); Fleur Noguera (Smoke); Marina Núñez (Red); Javier Peñafiel (Conquista básica te vuelvo a pedir que te definas); Benet Rossell (Mil a Miró); Charles Sandison (Genoma); Amparo Sard (Hauptpunkt – Esencia); Martín Sastre (U from Uruguay – Sé rico, sé famoso, sé maravilloso… O sé tú); Hiraki Sawa (Sleeping machine I); Mariana Vassileva (Tango); Tim White-Sobieski (On the Wing); Carla Zaccagnini (E pur si muove).

'Sleeping' de Hiraki Sawa en '¿A qué huele una exposición?' de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

‘Sleeping’ de Hiraki Sawa en ‘¿A qué huele una exposición?’ de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

Mujeres resistentes en La Nau

Mujeres: Territorios artísticos de resistencia
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
Sala Estudi General
Hasta el 7 de septiembre de 2014

Bajo el título Mujeres: territorios artísticos de resistencia se ha presenta esta propuesta expositiva en la Sala Estudi General de La Nau, Centre Cultural de la Universitat de València. En esta exposición se muestra una selección de obras de mujeres artistas –realizada por la comisaria, la doctora Irene Ballester Buigues- cuyo trabajo tiene su trasfondo en la igualdad, necesaria en una sociedad democrática. Ellas se muestran como sujeto de poder, y su trabajo el elemento a través del cual se empoderan para hacer presente lo invisible, donde lo corpóreo, se alza como protagonista indiscutible, enmarcado dentro de un territorio de resistencia a través del cual se hacen presentes nuevas voces visuales y narrativas, cuyos códigos abiertos, permiten nuevas significaciones. Unas imágenes, todas ellas, que van a romper con el estado de tensión y pasividad que el falocentrismo ha sometido a las mujeres.

Maribel Domènech, Teresa Cebrián, Carmen Calvo, Inmaculada Salinas, Ana Gesto, Diana Coca, Marina Núñez, Cristina Lucas, Myriam Negre, Consuelo Chambó y Rossana Zaera, desmontan y subvierten a través de sus trabajos la cultura visual anclada en patrones estructurales patriarcales. Escenifican aquello que no tiene nombre y construyen una nueva subjetividad en la que tiene cabida una neva política de la imagen que nos permite subvertir las viejas dicotomías de género.

Para ello destierran, de manera consciente, la estética normativa, contenedora de deseo sexual y paradigma de la estética occidental. Su capacidad crítica, versátil, constante y deliberada de representación, les permite hablar, a través de su arte, y mostrar aquello que el patriarcado ha ocultado detrás de una cortina espesa de humo. El feminismo ha abierto muchas puertas, tantas que la pluralidad es su bandera, por lo que el trabajo de estas artistas también forma parte de un cambio rotundo presente en el arte del siglo XXI, donde representar lo no representable ha supuesto por fin que sea mostrado lo que un grupo dominante no desea ver en manos de otras y otros.

'Patrones del dolor', de Teresa Cebrián. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

‘Patrones del dolor’, de Teresa Cebrián. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

¿Existe una mirada femenina?

Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM
Sala de la Muralla
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 15 de junio

“Se ha escrito mucho sobre la ‘mirada masculina’ que cosifica a las mujeres, pero nos preguntamos si existe la ‘mirada femenina”, se interroga Barbara Rose, crítica de arte norteamericana. Suya ha sido la elección de las 31 fotógrafas de la colección del IVAM cuyas 95 imágenes se hallan expuestas en la Sala la Muralla del museo valenciano. La pregunta que se formula Rose es la misma que durante las últimas décadas se han venido haciendo teóricas reputadas del movimiento feminista como Laura Mulvey, Teresa de Lauretis o Luce Irigaray.

Detalle de una fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM.

Detalle de una fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM.

Y la respuesta no es siempre la misma, porque depende del punto de vista que las propias feministas adopten. Las más radicales dicen que sí, que por supuesto, que cuando una mujer se pone detrás de una cámara deja de tomar a la mujer por objeto, para rescatarla de la jaula en la que el hombre la encierra. Las más moderadas dicen que da lo mismo, porque en el fondo lo que cuenta es la subjetividad más allá de encorsetamientos ideológicos o de género. Si el arte, dirían estas últimas, lo es porque trasciende el tiempo y alcanza las capas más profundas del ser humano, rompiendo identidades monolíticas, entonces no puede haber más que una mirada: la del hombre o la mujer desprejuiciados.

Fotografía de Cristina Lucas. Imagen cortesía del IVAM.

Fotografía de Cristina Lucas. Imagen cortesía del IVAM.

En todo caso, de existir esa mirada femenina, Barbara Rose la entiende “basada en una capacidad para enfatizar y comunicar las sutilezas de la intimidad y la emoción que tradicionalmente se han asociado con la capacidad de la mujer para mirar en las profundidades más que en las superficies de las cosas”. Menos mal que Rose introduce el latiguillo de “tradicionalmente”, porque volvemos a incurrir en tópicos de los que precisamente pretenden huir las feministas a la hora de ir a la caza y captura de esa supuesta mirada de mujer.

Fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM

Fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM

Lo mejor, en cualquier caso, es acudir directamente a las imágenes de esas Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM, que hasta el 15 de junio permanecerán en el museo valenciano. Hay, por supuesto, de todo, pero tomando al azar una de esas fotografías, por ejemplo la de Cindy Sherman, Untitled Film Still nº 15 (1978), en la que se ve a una atractiva mujer mirando por la ventana, el debate sobre la supuesta mirada femenina se recrudecería. Y si tomamos una imagen más actual, por ejemplo la de Cristina Lucas, The last will of Anne Sexton (2005), en la que aparece una mujer de riguroso negro y de espaldas en el interior de un descapotable rojo, vemos que no hay manera de despejar la confusión en torno a tan espinosa pregunta.

Fotografía de Laurie Simmons en 'Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM'.

Fotografía de Laurie Simmons en ‘Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM’.

Y bien, entonces ¿existe o no una mirada femenina? Por supuesto, ahí está, en las 95 imágenes de esas 31 fotógrafas que, con todo el derecho del mundo, han tomado su cámara y se han puesto a reflejar su punto de vista de cuanto les rodea. Y lo que ven, he ahí la pluralidad de contenidos, concierne tanto a la mujer que mira como a la mujer mirada, unas veces adoptando el mismo rol pasivo que se le atribuye cuando es un hombre el fotógrafo, y en otras ocasiones revelando cierta sorpresa, malestar o incredulidad por el hecho de ser mujer encerrada en el estrecho marco de una realidad violentada.

Fotografía de Grete Stern en 'Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM'.

Fotografía de Grete Stern en ‘Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM’.

La exposición, desde el punto de vista técnico, se divide en secciones: El ojo documental, desde Dorothea Lange a Tina Modotti, pasando por Diane Arbus, Lisette Model o Marta Sentís; Mujeres mitológicas, con especial atención a la serie de sueños de Grete Stern, sin olvidar las contribuciones de Cindy Sherman, Ouka Leele, Cristina Lucas, Cristina García Rodero, Carmen Calvo, Eva Lootz o Rita Martorell; Arquitecturas, con Cristina Iglesias, Concha Pérez o Chus García Fraile, y Mujeres mirando mujeres, donde se incluyen imágenes de Claude Cahun, Ariane López-Huici, Vanessa Pastor, Eva Blanch Vallhonrat o Laurie Simmons. Un total de 95 fotografías, tan dispares entre sí, que obligan a pensar acerca de esa supuesta mirada femenina en clave negativa. Todo lo más, como señala Barbara Rose, podría llegar a decirse sucintamente que “esta selección muestra una gran pluralidad con diferentes miradas y técnicas”. Tantas como mujeres fotógrafas hay en esa rica colección del IVAM.

Fotografía de Cindy Sherman en la exposición 'Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM'.

Fotografía de Cindy Sherman en la exposición ‘Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM’.

Salva Torres

Nacho Valle: “Que abran los ojos”

La galería Valle Ortí de Valencia cierra sus puertas tras casi cuarenta años. Nacho Valle ha estado al frente los últimos doce, cuando tomó el relevo a su padre, creando una apuesta con carácter propio que ha servido para proyectar a algunos de los nuevos valores artísticos de la órbita valenciana y abrir un camino de internacionalización en dos direcciones.

Conforme se ha ido deteriorando la política cultural en la Comunitat Valenciana, las galerías han mostrado una mayor voluntad de asumir en sus programaciones los riesgos y el apoyo a los creadores que las instituciones públicas han desatendido. Una situación que tiene su origen en decisiones políticas anteriores a la llegada de la crisis económica, pero que como cualquier veneno administrado progresivamente va mostrando sus efectos irreversibles. La sociedad globalizada y la deslocalización de las responsabilidades quieren mostrarnos que no hay un culpable determinable, aunque aquí conocemos sus nombres y apellidos.

Nacho Valle responde con franqueza a esta entrevista con un pie en Nueva York, donde ha asumido la dirección de la Y Gallery. No duda y apunta a los responsables de la situación de la cultura y el arte en Valencia. Las cosas no suceden sin más.
El silencio ya no es la opción.

José Luis Pérez Pont

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

En tu experiencia personal y profesional al frente de Valle Ortí durante estos años, ¿qué ha sido lo mejor y lo peor?

Lo mejor ha sido desarrollar un proyecto personal expositivo y poder contar con los artistas que me habían entusiasmado desde que empecé. Preparar las exposiciones, ir a los estudios, ver las obras que iban a la galería, recibir la visita del público en la sala, estar en las ferias, preparar los books y conocer a mucha gente dentro del mundo el arte.
Lo peor ha sido el desamparo que hemos tenido en la ciudad, darse cuenta que estamos completamente solos, que no les importamos, no tienen en cuenta el esfuerzo tan grande que estamos haciendo. Siempre quise hacer este proyecto aquí, en Valencia. Lo malo ha sido darme cuenta poco a poco de que no, que en Valencia no se puede hacer. Eso ha sido lo peor. Me he ido dando cuenta de las taras que tiene la ciudad, de los obstáculos que ha habido que ir salvando hasta que ha llegado uno que ha sido infranqueable.

 ¿Qué fue lo que te decidió para tomar el testigo de la galería? ¿Cuales fueron tus propósitos?

Siempre lo tuve bastante claro. La galería era algo que me encantaba, era un sitio mágico, hipnótico, también era un lugar con muchas cosas de mi padre. Mi padre era muy coleccionista –yo también lo soy- y en la galería había objetos, muñecos, esculturas, cuadros, había de todo, era un sitio al que me encantaba ir, además del contacto con las exposiciones y las inauguraciones. Cuando venían los artistas, que siempre eran muy amigos de mi padre, ver lo que hacían, cómo dibujaban, cómo escribían… me parecían una pasada. Cuando estaba estudiando me di cuenta de que quería empezar a ir de ayudante a la galería y poco a poco cuando volví de Londres tuve claro que quería llevarla en serio, pero la galería era de mi padre y por mucho que me decía “vas a llevarla tú”, pues en realidad no era así. Cuando ya tenía decidido que me iba a montar mi galería, qué tipo de artistas quería llevar y hasta tenía decidido donde la iba a poner –en el primer bajo donde Tomás March tuvo la galería Temple-, a mi padre le diagnosticaron cáncer y se paralizó todo. Hablé con mis hermanos y les propuse llevar yo la galería, ocupándome de la programación sin consultar con nadie. Me dijeron “sí” y con el tiempo les dije que la galería me gustaría quedármela yo y estuvieron de acuerdo. A mi padre le encantaba que yo estuviera involucrado con la galería, había mucha compenetración entre él y yo.

 ¿En qué medida crees que has influido mediante tu galería en el panorama artístico y cultural de Valencia? ¿Hasta dónde te habría gustado llegar?

No lo sé, me gustaría pensar que he influido, de hecho parte del bagaje anímico que me llevo es pensar que hemos hecho muy buenas exposiciones y que eso quedará en el recuerdo de la gente, de exposiciones que vio en la galería. Hay artistas que nos ha costado mucho traer, tanto a nivel personal de convencerlos, de involucrarlos en el proyecto, como a nivel económico de producción y de trabajo. Hay exposiciones que nos ha costado un gran trabajo montar. Recuerdo una que nos costó una semana y media trabajando día y noche haciendo turnos, uno llegaba y se iba otro, haciendo una instalación enorme, pidiendo colaboración a gente para tener suficientes proyectores, porque hemos hecho un trabajo de supervivencia, nosotros no podíamos permitirnos cuatro proyectores o unos focos de teatro… hemos colaborado mucho entre nosotros, entre algunas galerías. Pero se han hecho exposiciones que nos ha costado mucho hacer, me gustaría pensar que eso ha servido para que la ciudad pudiera disfrutar de una mejor calidad expositiva, con exposiciones que las instituciones no hacen. A nuestra galería siempre ha venido mucha gente, mucha gente joven, gente de la universidad y me gustaría pensar que hemos influido en ellos, en su creatividad, en su carrera, en sus iniciativas. Han sido diez años de exposiciones y yo siempre he intentado que tuvieran el máximo nivel.
Me habría gustado retirarme aquí. Siempre pensé que me jubilaría en la galería, en la calle Avellanas. Me hubiera gustado seguir incorporando artistas, seguir desarrollando el proyecto y hacer cada vez Valle Ortí más grande y más internacional, pero desde Valencia es muy difícil. Es complicado traerte a un artista que está exponiendo en Nueva York o en Londres a esta ciudad. Una ciudad que ya sabes que no va a tener ninguna influencia, que no va a vender nada, que no va a conseguir mucho… es muy difícil venderle que venga a Valencia, te va a decir: a Valencia, ¿a qué? Es duro, le tienes que decir que no va a vender, no le puedes engañar, en Valencia no hay coleccionistas y en la inauguración va a haber mucha gente joven pero no va a haber coleccionistas, porque en Valencia escasean. Y si los hay son tan especiales que prefieren irse a Madrid o Copenhague. Me he encontrado a coleccionistas de Valencia en inauguraciones en Bruselas, Copenhague… y gente que me decía que era un coleccionista valenciano, a pesar de que yo nunca lo había visto en la galería. Es frustrante. Llevo ocho años en ARCO, ¿cómo es que nunca ha pasado ese coleccionista por el stand? ¿Cómo nunca ha tenido la curiosidad o la inquietud de acercarse por mi galería? Eso es Valencia. Es duro. A mi personalmente me ha ido debilitando el ánimo, a pesar de que soy una persona con mucho ánimo, pero tiene un fin y llega un punto que entras en reserva. Me hubiera gustado llegar hasta el final, pero llega un momento que son demasiados obstáculos y no puedes seguir invirtiendo en una labor que no es la tuya por amor al arte y, o cambias, o vas a tener que empezar a bajar el nivel; para eso prefiero acabar. No voy a hacer exposiciones que no me gusten, ni más baratas porque el artista esté más cerca… no, no es mi objetivo ni el de la galería. Llegado ese momento decides.

¿Qué motivos han pesado más a la hora de optar por cerrar la galería?

Básicamente no se planteó un cierre como tal, era un cambio de localización, íbamos a cerrar el espacio de Valencia porque no tenía ningún sentido tener un espacio de 250 m. como el nuestro en el centro de Valencia haciendo exposiciones de artistas de Chicago –como el que tenemos ahora- con lo que ha costado el transporte de la obra y que viniera él… no tiene sentido. Yo no quería cerrar en Valencia, me unen muchos recuerdos a ese bajo y a ese nombre. Me ha costado mucho, me da mucha pena cerrar la galería de mi padre. Definitivamente nos hemos dado cuenta en el último año. La idea era que Valle Ortí siguiera on line hasta reinventarse de alguna forma. Ahora se va a reinventar en otro sitio, el proyecto sigue, pero la galería en Valencia cierra.
Me llevo a Nueva York el bagaje de Valle Ortí, con mis artistas, mis contactos y mis coleccionistas. Voy a hacer de los dos proyectos uno, voy a imprimirle el carácter de Valle Ortí. He encontrado este trabajo para dirigir la Y Gallery de Nueva York cuando en realidad no me ha dado tiempo ni a redactar mi currículum.
Si Valencia quiere un espacio tendrá que apoyarlo. Me voy porque no me han apoyado. Las subvenciones de 2010 a las galerías valencianas para ir a ferias las pagaron la semana pasada, más de mil cien días después. El IVEX todavía me debe dinero. Solo les preocupa hacerse la foto, se olvidan de que deben ayudar. En otras comunidades autónomas han recibido un apoyo que en la Comunitat Valenciana nunca hemos tenido. Las galerías que aguanten, que creo que van a ser dos, será con las ventas que realizan fuera en ferias. Por ejemplo, EspaiVisor podría estar en Berlín o en Motilla del Palancar, no le sirve de nada estar en Valencia, si está aquí es circunstancialmente. Eso es lo que le ha pasado a Valle Ortí, que nosotros estábamos haciendo un esfuerzo tanto físico como económico por tener un espacio aquí, pero hay cosas que ya no tienen sentido, ya no. Durante un tiempo sí lo tenía, pero cuando ya has cogido la velocidad de crucero que te permite estar donde tienes que estar no puedes ir hacia abajo, no puedes ir hacia atrás. En España una galería fuera de Madrid es difícil que pueda aguantar y yo a Madrid no me quiero ir. Como decía mi abuela, para hacerla “ben grossa”, si te vas vete.

¿Cuantas ventas has hecho a museos o colecciones dependientes de la Generalitat Valenciana o del Ayuntamiento de Valencia?

Una vez, una sola venta en doce años, hasta este año en ARCO que compraron a todas la galerías valencianas. Dos ventas en total a las instituciones públicas valencianas.
En una ocasión el IVAM compró toda una serie de la artista Cristina Lucas que yo había expuesto en la galería, pero la compra la hicieron a través de la galería Juana de Aizpuru de Madrid. Cuando necesitaron la información de la obra de Cristina Lucas no se la pidieron a Juana de Aizpuru, me la pidieron a mí, que ya es para echarse a llorar. Esa compra habría supuesto mucho para Valle Ortí, por una parte como crédito de la galería frente a la artista, además de una inyección de dinero importante que te aseguro que Juana de Aizpuru no la necesita. Esa es la realidad de esta ciudad, es como vivir en una familia desestructurada en la que tu padre es alcohólico y tu madre es ludópata y ves que tu única opción es irte de casa. Esto es lo que sucede en Valencia. La gente que maneja esto están enfermos de ambición o no sé exactamente el mal que tienen, pero esto es un desgobierno. Es una tras otra y debilita, no ya como galerista sino como ciudadano. He tenido cuatro negocios en Valencia y no invierto ni un euro más, ni un minuto más.

¿Cuantas veces has recibido en tu galería la visita de directores de museos valencianos y de responsables políticos en materia de cultura?

Dos visitas en doce años, y porque había un evento organizado por todas las galerías y era casi ineludible hacerlo, la otra vez fue la noche que se inauguró la temporada el año pasado.

 ¿A que crees que se debe esa desatención?

A que les da completamente igual todo. No tienen respeto, no tienen educación, no tienen consideración ni interés. Esto es como un cortijo, “ella” (refiriéndose a la directora del IVAM) compra lo que le da la gana sin ningún tipo de asesoramiento, hace las exposiciones que quiere… no está cualificada para nada de esto. Les da completamente igual. Ni siquiera tienen el respeto de pasar por las galerías valencianas, es tan flagrante la poca consideración y lo poco que les importa esta ciudad y el mundo del arte que no cumplen ni el mínimo canon de visitas y cortesía. En el polo opuesto te encuentras museos como Artium, dirigido por Daniel Castillejo, que está al pie de la calle, que es capaz de venirse de Vitoria a Valencia para la inauguración de un artista que le interese, que conoce a todos tus artistas, que sabe cuales son sus proyectos, que pregunta para saber de aquellos a los que no conoce. Ese museo que tiene mucho menos presupuesto que el IVAM está compuesto por gente joven, gente inquieta, gestores con ganas, con inauguraciones que concitan a profesionales de toda España, comisarios, galeristas, críticos, artistas… Cuando comparas las exposiciones que hacen con las que hace el IVAM es terrible. No puede usar el museo como si fuera suyo, y ella lo hace. Yo no voy en contra de un partido, de un museo ni de una señora, estoy en contra de lo que pasa. La gente se tiene que dar cuenta de que esto es insostenible.

Se ha hablado mucho del progresivo desprestigio del IVAM en los últimos años, ¿qué opinión tienes?

El IVAM no puede estar más desprestigiado. Lo sabe todo el mundo en Valencia, en España y fuera de España. El IVAM es como un pollo sin cabeza. No te sabría citar una exposición del IVAM, la última que recuerdo es de James Turrell y fue hace ya unos años. No va nadie al museo, nadie te dice voy a ir el domingo al IVAM. Vas a ver más arte en el rastro que en el IVAM. El desprestigio es total. Da igual que haya dinero o que no haya dinero. Las cosas se pueden hacer bien o mal y ella ha decidido hacerlas mal. Cuando decides comprar de golpe artistas chinos de ese modo, cuando haces exposiciones en el museo a tu peluquero o a tu diseñador, cuando metes a tu hijo en bienales… Hacer las cosas de ese modo es como quien va al rastro y compra lotes de vinilos y por uno de Mozart te dan otro de Georgie Dann. Ella misma se ha puesto el adjetivo y es impresentable, es sangrante, es doloroso. A ella la acuso directamente de gran parte de lo que pasa. Ella podría haber hecho muchas cosas y no las ha hecho. Ahí estamos.

¿En que medida crees que afecta a las galerías de arte valencianas la devaluación del IVAM?

Directamente, porque tiene una implicación total. El IVAM era la imagen de la ciudad, era el buque insignia. Eso nos da y nos quita. Se supone que las galerías tendríamos que ir de la mano del IVAM y tendría que contar con nosotros. El IVAM tiene que tener un contacto con la ciudad, tiene que hacer un patriarcado con las galerías y mantener una relación tanto con artistas nacionales como con artistas internacionales. El IVAM tiene que dar oportunidades a los jóvenes artistas valencianos y ayudar a consagrar a los que ya tienen un trabajo. Un museo como el IVAM, que tiene en sus fondos obras de artistas que nadie sabe quienes son, es alucinante que no tenga obras de artistas valencianos como Xisco Mensua, Mira Bernabeu o Chema López. Es increíble, porque además los ha visto crecer. Se pueden realizar millones de actividades donde los artistas participen, el IVAM debería dirigir la política cultural. Con un IVAM completamente despótico y prepotente como el que tenemos todo eso se enturbia y no se consigue nada. No se puede meter la cabeza en el agua porque no se ve. Otra ciudad sería Valencia si el IVAM hubiera hecho en estos años todo lo que en realidad ha dejado de hacer.

 ¿Cómo ves la situación artística y cultural en Valencia?

Muy mal. Vamos a ver, la situación artística la veo bien en cuanto a que en Valencia hay un gran potencial a todos los niveles, hay una gente increíble. Pero ese potencial increíble no se ha podido desarrollar como en otros sitios. Veo grupos de artistas que representan al País Vasco, Madrid o Andalucía que lo han tenido más fácil que aquí. No hemos sabido encontrar el camino, aunque creo que hemos tenido más obstáculos que en el resto de España y no solo a nivel artístico, también a nivel musical, etc. A nivel intelectual alternativo le veo un gran potencial, dentro del zombieland en el que vivimos, dentro de esta plaza sitiada, de esta casa tomada, hay un 5% que resiste. Cada vez se van a ir más, yo cada diez días tengo una despedida de alguien que abandona Valencia. Se ha trabajado mucho para aguantar. A mi me ayudaron mucho Tomás March y Pep Benlloch, pero no se ha podido. Se ha intentado pasar el testigo pero llega un momento en el que deja de tener sentido. Mi proyecto aquí es inviable y más con el tiempo que viene. Hay gente como Álvaro de los Ángeles que después de tanto tiempo ha tenido que volver a trabajar en una galería, porque no era capaz de vivir como crítico, a pesar de ser un crítico extraordinario. ¿Quién escribe mayoritariamente en los catálogos de las instituciones públicas valencianas y a quien se encarga los comisariados? Habitualmente a momias totalmente alejadas de la realidad. Son todo continentes sin contenidos, catálogos que son carne de reciclaje, sin sentido. No se cuenta con la gente cualificada, muchos ya se han ido, pero aún quedan. Quedan artistas jóvenes que creo que son muy buenos, pero no se cuenta con ellos, como tampoco se cuenta con los jóvenes críticos y comisarios ni se ha contado con las galerías. No se cuenta con nadie y al final la gente tiene que hacer trabajos de guerrilla desde espacios non profit, con cero presupuesto, pidiendo los marcos a no se quién y haciéndolo todo por amor al arte. Pero por amor al arte uno se cansa, no puede ser así toda la vida. No puede haber artistas lavando platos, deberían tener menos obstáculos. La gente está preparada, pero no se cuenta con ella. La vida cultural la veo insuficiente. La gente con dinero no quiere apoyar la cultura, quiere coches, quiere eventos, pero no quiere eso y sin ese apoyo no se puede mantener el sistema del arte. La oferta cada vez será menor.

¿Alguna sugerencia a quienes tienen en sus manos la posibilidad de marcar una nueva hoja de ruta?

Sí, que sean más humildes, muchísimo más humildes. Que salgan a la calle y tengan contacto con la vida cultural valenciana. En cuanto hagan un pequeño esfuerzo van a recibir mucho más de lo que están dando. Que intenten colaborar con los artistas, que intenten hacer exposiciones que tengan sentido, que no quieran dirigirlo todo. Que vean los proyectos que hay, que consulten con otra gente, que sean menos caciques. Por ejemplo, que pregunten a Nuria Enguita, a José Luis Pérez Pont, a Álvaro de los Ángeles qué podría hacerse en el Centro del Carmen. Se podrían hacer cosas con sentido que implique a los profesionales y coleccionistas valencianos, en vez de traer colecciones de no sé donde que nadie se entera. Que vean la temperatura de la ciudad, que pidan consejo… pero es que no lo van a hacer. Que abran los ojos, porque los tienen cerrados. Pero no lo van a hacer. En Valencia la gente tiene que dar un paso al frente y decidir el tipo de ciudad que quiere, la ciudad tiene que despertar.

¿Qué retos te planteas para tu nueva etapa al frente de la Y Gallery en Nueva York?

Quiero imprimirle un poco del carácter de Valle Ortí. Esta galería que está ubicada en Nueva York y muy enfocada a Latinoamérica, quiero imprimirle un carácter más europeo a nivel artístico, de coleccionistas y de estilo. Nuestra galería siempre ha sido una galería que no ha sido como otras galerías españolas, hemos intentado incorporarle una estética de artistas nórdicos, nuestro proyecto ha sido un proyecto muy personal, creo que allí puede encajar muy bien. Mis objetivos son internacionalizarla un poco más. Básicamente trabajar, porque a mí este trabajo me encanta. A mí las semanas se me hacen cortas. Creo que va a ser más fácil y más difícil. Más fácil porque voy a tener una respuesta inmediata de la gente y más difícil porque voy a tener que trabajar muchísimo más. Mi objetivo es también intentar hacer ARCO, quisiera lanzar puentes entre los dos proyectos, linkearlo todo. Definirlo y seguir desarrollando el proyecto que aquí se había quedado finito. Tirar para delante y seguir lo que han sido estos últimos diez años de Valle Ortí. Hemos estado formándonos para lo que viene, para cada vez hacerlo mejor. Cada vez que volvía de la feria de Basel miraba y veía que la galería era mejor que el año anterior. Es seguir con esa inercia, pues aunque la galería ha ido evolucionando, en Valencia habíamos entrado en una inercia que no era agradable y me estaba desgastando mucho. Tengo 41 años y me quiero comer el mundo, lo necesito. Quiero acción.

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Disentir de la historia

Dissentire
Fernando Sánchez Castillo, Cristina Lucas, Cabello/Carceller, Yaima Carrazana y Michelangelo Consani
Comisariada por Alba Braza Boïls

Casa Masaccio Arte Contemporanea
San Giovanni Valdarno (Arezzo, Italia)
Inauguración: sábado 4 de mayo a las 18.00 h.
Hasta el 9 de junio de 2013

Cristina Lucas, "Habla", 2008. Vídeo HD, 7’. Imagen cortesía de Frac Lorraine, Metz, Francia.

Cabello/Carceller, “A/O (Caso Céspedes)”, 2009-2010. Video HD 14’ 40’’. Imagen cortesía del artista, Galleria Elba Benítez (Madrid) y Joan Prats (Barcellona).

Dissentire subraya el papel del artista como transmisor de la historia y como un agente crítico de nuestra historiografía, reflexionando sobre el potencial de la Historia del Arte como herramienta para escribir la Historia.

Tradicionalmente, la Historia del Arte y la Historia se han presentado de forma paralela, interpretándose la primera como un medio objetivo, en algunos casos hasta documental, de su historia contemporánea. Pese a que resulta más sencillo interpretar el arte contemporáneo como un relato cargado de subjetividades resultantes de la ideología o prioridades del artista en cuestión; el arte anterior, y denominado consagrado, suele situarse en un marco fijo con una lectura ya establecida por sus fuentes de documentación.

Dissentire acoge la obra de artistas que usan precisamente el arte como medio para reflexionar sobre el papel de transmisor y creador de subjetividades que tiene éste. Sin tratarse de ejemplos únicos ni reveladores, la exposición tiene tres enfoques superpuestos y generadores de fisuras.

Disentir de la historia mediante la obra de arte

Entre aquellas imágenes que ya forman parte de nuestra memoria y que identificamos con un hecho histórico unívoco, estaría “La libertad guiando al pueblo” (1830) de Eugène Delacroix, sobre la cual podríamos matizar, tal y como Roland Barthes  definió, que para explicar alguna cosa, el pintor sólo dispone de un instante, que inmovilizará sobre la tela, y, por tanto, lo ha de escoger con cuidado (“Diderot, Brecht, Eisenstein”, Image—Music—Text, Hill and Wang, 1997). Cristina Lucas, aventajada por poder trabajar con la imagen en movimiento, parte de ésta escena cuidadosamente elegida por Delacroix, para hacer una lectura crítica de ese triunfo de las libertades adquiridas gracias a la Revolución Francesa, que si bien supusieron grandes avances para el hombre, no fueron tantos para la mujer. Dicho vídeo, La liberté raisonnée, retoma irónicamente la continuación de la escena mientras muestra una mirada crítica respecto a los sistemas de poder y sobre cómo éstos escriben sus triunfos.

En Habla, también de Cristina Lucas, se sitúa como punto de partida la leyenda que cuenta que Michelangelo, al acabar el “Moisés”, golpeó la rodilla derecha de la estatua y le preguntó “¿Porque no me hablas?”. Leyenda o realidad, sólo podemos estar seguros que nunca obtuvo respuesta, como tampoco la obtiene Lucas al dirigirse a dicha imagen, del patriarca del monoteísmo, a quien pide respuestas y explicaciones dejándose llevar por la ira de la incomprensión hasta el punto de destruir (quizás “matar”) la escultura a martillazos.

Símbolos de poder ocultos en la belleza están también presentes en Pegasus Dance, de Fernando Sánchez Castillo. En el vídeo dos camiones antidisturbios hacen una exhibición coreográfica  al  ritmo de “Artist Life” de Strauss.

La necesidad de crear nuevos capítulos en libros ya acabados se hace aún más urgente en un presente lleno de transformaciones y revueltas político-económicas a nivel global, que no sólo piden respuestas, sino también explicaciones de secciones olvidadas en archivos innombrables. Álex, la protagonista de A/O (Caso Céspedes), de Cabello/Carceller, abre uno de los legajos más escondidos, de los juicios de la Inquisición Española. Nos cuenta la vida de Elena/o de Céspedes, quien naciendo mujer, mulata y esclava, vivió en la España del siglo XVI y luchó en la Guerra de los Moriscos bajo la identidad de hombre; sobreviviendo y estudiando posteriormente medicina con dicha identidad y convirtiéndose al mismo tiempo, en la primera mujer cirujano de la historia. No sólo se volvió a casar, ahora con una mujer, sino también logró burlar temporalmente al Tribunal de la Inquisición que dudaba de su virilidad.

La vida de un personaje histórico olvidado que se narra mediante la identidad de Álex, quien asumiendo la estética del protagonista de la película de Antonioni Blow Up (1966), nos plantea abiertamente: “el presente es el resultado del pasado, pero ¿Qué sabemos nosotros de la historia?”

Dissentire sitúa el papel del artista como cronista de la Historia y lo asume como una figura con la posibilidad de abrir nuevas lecturas a las ya conocidas.

Yaima Carrazana indaga en los errores de traducción y erratas que aparecen en ocasiones en los medios de divulgación. Podría parecer lejano el error de interpretación que dio lugar a los cuernecitos del “Moisés” de Michelangelo y sin embargo no se trata de un hecho aislado.

Che Guevara y el Arte Conceptual, contiene el libro “Conceptual Art”, editado por Taschen en el año 2005, abierto por la página 8; y subraya la información referente al Che Guevara: “En “1967: Muere en Colombia en un enfrentamiento con el ejército”. Quizás “enfrentamiento” sea un desliz subjetivo, o quizás una traducción remota, mas sucedió en Bolivia.

Un cambio siguiendo la lógica que ordena y dispone podría ser la causa que da lugar a  Untitled. (Moscú 1988 – New York 2003) también de Yaima Carrazana. Aquí se muestran dos libros: Kasimir Malevich 1878-1935, Moscú 1988 y Kasimir Malevich: Suprematism, New York, 2003. En ambos aparece la obra Rectángulo Negro, Triángulo Azul (1915), pero mientras que en el primero esta obra aparece correctamente colocada, en el segundo se ha girado 90 grados, siendo más cercano a un paisaje con montaña azul, que a la obra original.

Disentir de la historia narrada mediante obras monumentales y/o anónimas

Una de las obras que retoman discursos rompiendo pactos de silencio entre presuntos caballeros y dan papeles principales a personajes secundarios es Baraka, de Fernando Sánchez Castillo. En el vídeo, el artista entrevista a la persona que asistió a la realización de la máscara mortuoria del dictador Franco. El artesano, hasta ahora, anónimo nos explica con todo detalle el proceso de realización de las últimas tres imágenes que se produjeron del dictador tras su muerte: el molde de su rostro, de su puño y de la palma de su mano. Se trata de un testimonio que empieza mostrando imágenes inéditas, la confesión del artesano de haberse guardado como recuerdo un pelo de la ceja del difunto extraviado durante el proceso, ceja que ansiará poseer el artista tras su conocimiento; y continúa con la visita del artista a diferentes videntes para que lean a través de una fotografía, las líneas de la palma de la mano del dictador.

La revisión de la historiografía puede ser motivo de discordia y despertar emociones y cuestiones que parecían olvidadas. ¿Bastaría con retirar las estatuas o resulta necesaria su destrucción? ¿Podríamos incluir estatuas ecuestres o máscaras funerarias recientes dentro de la Historia del Arte desprendiéndolas del mensaje para la cual fueron creadas?

False Flag, de Michelangelo Consani, usa el poder implícito de las obras monumentales y esculturas conmemorativas en beneficio de quien disiente. Las dos esculturas son obra de artistas anónimos que trabajan al servicio del Maoísmo. La primera representa un verdugo que esgrime un látigo, mientras la segunda se trata de un esclavo encadenado. Ambas forman parte de un grupo de cincuenta elementos publicados en un libro editado en China y encontrado por el artista. Pese al aspecto monumental de ellas, se trata de esculturas de pequeño formato, de bolsillo, fáciles de esconder en la urgencia. Además, el término “false flag” (falsa bandera) alude a la táctica llevada a cabo por gobiernos, servicios secretos o agencias de inteligencia basada en crear falsos autores para desviar culpas poco convenientes.

Disentir sobre nosotros mismos como participantes del juego

Por un lado, Yaima Carrazana revisa las obras de una serie de artistas contemporáneos que han trabajado con la idea de mikado adjudicándole una interpretación de carácter reivindicativo. The Last Mikado los cita, estudia y repite proponiendo irónicamente una obra que finalice de una vez con este discurso.

Por otro lado, Michelangelo Consani, artista que participó en la exposición precedente realizada en el mismo lugar, recibe la osada invitación de  disentir sobre su propia obra. Son raras las veces en las que un artista cambia su obra una vez acabada y presentada, pese a los cambios que puedan suceder en su concepción del mundo. ¿Podríamos aceptar que el desencanto personal repercutiese en un cambio llevado a cabo por su artista de una obra ya acabada? David (Verrocchio) e la patata: The Caspian Depression. And a One Straw Revolution será objeto de un ensayo con múltiples cuestiones implícitas sobre la profesión del artista y su función social.

Dissentire abre paso a nuevas interpretaciones que son a su vez el punto de partida para disentir de su propia teoría.

Cristina Lucas, "La liberté raisonnée", 2009. Video HD 4’ 46’’. Imagen cortesia de la artista.

Cristina Lucas, “La liberté raisonnée”, 2009. Video HD 4’ 46’’. Imagen cortesia de la artista.