“La corrupción es lo que más me cabrea”

El regreso del Catón, de Matilde Asensi
Planeta Libros

Matilde Asensi es sin duda la escritora valenciana que más libros de ficción vende. En el cambio de milenio se dio a conocer con El salón de ámbar y Iacobus, pero fue El último Catón (2001), su tercer título, el que la consagró a nivel internacional.  Tras su trilogía Martín Ojo de Plata, Asensi recupera la historia que le dio celebridad con El regreso de Catón, número uno en la lista de best sellers, una tirada inicial de 200.000 ejemplares y más de veinte millones de lectores. “No me abruman estas cifras”, dice la autora.  “Procuro que se queden fuera de mi vida y de mi trabajo, porque quiero seguir siendo yo, una persona normal que disfruta con lo que hace, sin presiones”.

En esta historia la pareja de arqueólogos y paleógrafos, Ottavia y Farag Boswell,  protagonistas de El último Catón, son 15 años más mayores, pero mantienen sus ansias de aventuras, y por encargo de unos ancianos archimillonarios emprenden la búsqueda de los huesos de Jesús y su familia. Con ese objetivo emprenden un largo y accidentado viaje que les lleva desde Canadá a Tierra Santa pasando por Mongolia, las alcantarillas de Estambul y la Ruta de la Seda. Acción, misterios y secretos antiguos se entretejen en las peripecias de los personajes que culminan su periplo en las entrañas del monte Merón, en la Alta Galilea, al norte de Israel. Una intrincada red de túneles y pasadizos creada 800 años atrás por los descendientes de los Asesinos, en la actualidad ismailitas nazaríes.

El regreso del Catón, de Matilde Asensi. Planeta

El regreso del Catón, de Matilde Asensi. Planeta

¿Le molesta que le comparen con Dan Brown o con Indiana Jones?

No, pero no lo entiendo. Es como comparar un coche con un pez. Aunque lo de Indiana Jones me gusta, al contrario que lo de Dan Brown.

¿Resucitó a Catón para complacer a sus seguidores o por deseo personal?

Por las dos cosas y, además, en ese orden: primero para complacer a mis lectores que pedían más de la misma canción como en la radio y, segundo y a continuación, ya por deseo personal.

¿Cómo les ha puesto 15 años encima a sus personajes?

Contando las cosas que les han ocurrido durante este tiempo. Como cualquiera de nosotros, siguen siendo los mismos pero con más experiencia, con más historia.

¿Cuál fue la parte más dura del proceso de documentación? ¿Estuvo personalmente en alguno de los lugares que describe?

Lo más difícil fue encontrar toda la bibliografía que necesitaba. Casi siempre necesito libros raros que ya no se encuentran en ninguna parte y, en El regreso del Catón, fue aún más difícil por la crisis y la falta de reediciones. Y, sí, estuve en muchos de los lugares que describo.

Matilde Asensi. Fotografía de Carlos Ruiz.

Matilde Asensi. Fotografía de Carlos Ruiz.

La Iglesia planea sobre toda la historia. ¿Se considera católica y/o practicante? ¿Qué opina del Papa Francisco?

No, no me considero católica ni practicante. Ni siquiera creyente. Pero he crecido dentro de esa fe y no de otra distinta. Quizá por eso puedo decir que Francisco me cae muy bien, es el Papa que necesitaba la Iglesia católica hace mucho tiempo.

Si se descubrieran los huesos de Cristo y su familia y se pidiera probar científicamente, ¿cómo cree que afectaría al cristianismo y al mundo en general?

Al cristianismo, en nada. La fe seguiría siendo la misma porque la fe siempre va más allá de cualquier argumento. Al mundo en general, como descubrimiento histórico, le aportaría un gran conocimiento sobre los orígenes de nuestra cultura occidental.

Usted es una defensora acérrima de Internet y las redes sociales. ¿No cree que también tienen su lado oscuro?

Tienen el mismo lado oscuro que la vida fuera de Internet. Internet y las redes sociales son un espejo de la sociedad, nada más.

Le esperan varias semanas de viajes y entrevistas para promocionar su obra. ¿Cómo lleva esa parte del oficio de escritor de éxito?

Es agotador, pero también muy satisfactorio porque entras en contacto con tus lectores. De todas formas, creo que es la parte más dura del oficio de escribir.

¿Qué es lo que más le cabrea de la realidad que vivimos?

La mentira y la corrupción política. La manipulación en la que nos hacen vivir para seguir agarrados a los cargos públicos. No entiendo cómo pueden dormir por la noche sin tener pesadillas o remordimientos. Si de verdad creen lo que dicen (cosa que considero imposible), es que viven dentro de una burbuja y no se enteran de lo que vive, opina y siente la gente de la calle.

Matilde Asensi. Fotografía de Carlos Ruiz.

Matilde Asensi. Fotografía de Carlos Ruiz.

Bel Carrasco

«La izquierda ganará si no abandona al ciudadano»

Lobas de Tesalia, de Pilar Pedraza
Editorial Valdemar

Algunos autores alcanzan una especie de estado de gracia por el cual ya no importa la historia que cuenten sino que sean ellos quienes la escriban. Sus fieles seguidores no se fijan en el título sino en la firma. Sí, es él o ella, y eso es lo que importa. Autores de culto que acuñan un estilo inconfundible y personal, un lenguaje propio y crean atmósferas envolventes que abducen a los lectores a otros mundos.

Es el caso de Pilar Pedraza, Catedrática de Historia del Arte de la Universitat de València y prolífica autora que a lo largo de su extensa producción combina ficción y ensayo. Lobas de Tesalia es su último título engarzado con La perra de Alejandría, un relato que nos dio a conocer a la filósofa Hipatia antes que Alejandro Amenábar la hiciera famosa con su película. También muy vinculado a su último ensayo Brujas, sapos y aquelarres en el que muestra sus amplios conocimientos sobre el tema, una cantera que junto a la Historia del Arte tan bien sabe explotar en su narrativa.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

En esta ocasión Pedraza emprende un viaje a la tierra de las brujas más maléficas. Tras el accidentado sepelio de su amiga Póstuma, Lupercia Marnia, matrona romana conocedora del poder de las hierbas, asume voluntariamente el reto de evitar que la difunta se convierta en larva o fantasma. Con este noble propósito se embarca en una aventura con la compañía de su sirvienta Cátula, el ex gladadior Lycofrón y Vegano, un joven erudito etrusco. Entre la realidad y la fantasía, la vida y la muerte, el bien y el mal, Pedraza se adentra en los pliegues más mórbidos y recónditos de la naturaleza humana en una historia que rezuma fino humor y amor por los más débiles.

Las mujeres de su novela gozan de gran autonomía e independencia. ¿Existían mujeres así en la antigua Roma? 

Las de muy alto copete y algunas prostitutas. Mi novela no refleja la situación real de las antiguas romanas sino mi capricho como escritora de ficción.

¿Qué es lo que le parece más moderno del mundo antiguo?

La corrupción política, la prepotencia de los privilegiados y la buena ingeniería.

Hoy día los muertos y sus fantasmas ya no mandan tanto sobre los vivos. ¿Es porque morimos ya muy mayores o porque nos da más miedo la muerte? 

Son cosas del cristianismo, que lo ha pervertido todo incluso la muerte. Para los antiguos la muerte era una cosa muy seria, que posteriormente se desvirtuó hasta desaparecer como parte de la vida y del destino. Ahora ya no hay muerte; hay una especie de “borrado” del que nadie quiere saber nada.

¿Qué tipo de feminismo es el que usted propugna a través de sus novelas y ensayos?

Yo no propugno nada, me limito a denunciar el machismo y a animar a las mujeres a que no se dejen manipular o maltratar. Y a recordarles que ser madre no es obligatorio. Mis heroínas son libres y eso les da cierto encanto.

¿Cómo ha tratado el arte a la mujer y su cuerpo? 

Como objeto imaginario y decorativo lo ha tratado bien y lo ha convertido en una mercancía deseable y en una golosina visual. Como tal, es disfrutable por cualquier género sin caer en el puritanismo o integrismo, siempre nefastos.

Portada de Lobas de Tesalia, de Pilar Pedraza. Editorial Valdemar.

Portada de Lobas de Tesalia, de Pilar Pedraza. Editorial Valdemar.

Junto a La perra de Alejandría este libro forma un tríptico greco-romano que culminará en un próximo futuro con un tercer título. ¿Cuál es el hilo conductor que cree que engarzará los tres relatos?

La cultura grecorromana reinventada, tipo Satyricon de Fellini o Medea de Pasolini, dos de mis películas predilectas. Nada que ver, por cierto, con la novela histórica al estilo de Yourcenar.

¿Se atrevería a trazar el perfil de sus incondicionales seguidores? 

Se enganchan todos si son imaginativos, sea cual sea su edad, género o condición. Agradecen la transgresión y el humor corrosivo.

Usted fue Consellera de Cultura en el gobierno de Juan Lerma. ¿Si volviera a ocupar ese cargo, cuáles serían sus prioridades?

Presentaría la dimisión inmediatamente. Estoy en una época de subversión mental y de escasa confianza en la política cultural.

Tras casi 30 años en la enseñanza universitaria, ¿qué es lo que más echa en falta en el sistema educativo?

Una pizca de inteligencia en las cúpulas ministeriales y un poco de interés por salir de la inopia por parte de los alumnos.

¿Qué futuro augura al gobierno de izquierdas? 

Le deseo lo mejor y espero que no deje de ser de izquierdas para hacerse lacayo de la oligarquía, como se decía en mi juventud siguiendo a Marx. Triunfarán si no abandonan a la ciudadanía.

Pilar Pedraza. Cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Cortesía de la autora.

 

 

González Requena, del texto y el abismo

El texto y el abismo. Diálogos con González Requena
Maite Gobantes Bilbao
Sans Soleil Ediciones
Con Maite Gobantes, Jesús González Requena, Jorge Urrutia y José Miguel Marinas
FNAC de Callao
C / Preciados, 28. Madrid
Lunes 26 de enero, a las 19.30h

“Los textos configuran los espacios humanos. No es ni menos texto una película, una novela, que una fábrica o un sistema productivo. De hecho, en tanto que cualquiera de esas cosas funciona, son textos y producen efectos”. He ahí uno de los puntos de partida del análisis textual que viene practicando desde hace más de 30 años Jesús González Requena, al que Maite Gobantes, autora del conjunto de diálogos reunidos en ‘El texto y el abismo’, califica de “lúcido y atípico pensador contemporáneo”.

En poco más de 200 páginas, González Requena va dando muestras de esa lucidez explicando, o por utilizar un término más del gusto de su trabajo como analista, ‘deletreando’ los fértiles hallazgos de su larga trayectoria profesional. “La pregunta fundamental del análisis textual no es ¿qué significa este texto? La pregunta fundamental es ¿qué experiencia hago en este texto? ¿Cuál es mi manera subjetiva de vivir este texto? La experiencia es irrepetible y compromete al sujeto en su singularidad radical”.

Portada del libro 'El texto y el abismo. Diálogos con González Requena', de Maite Gobantes. Sans Soleil Ediciones.

Portada del libro ‘El texto y el abismo. Diálogos con González Requena’, de Maite Gobantes. Sans Soleil Ediciones.

Si el artista “es alguien que necesita desesperadamente crear formas para sobrevivir”, al igual que el lector o espectador lee o ve algo que “le puede afectar profundamente” y cuyas “formas simbólicas le ayudan a vivir”, González Requena se ‘limita’ a “elevar a la consciencia la experiencia que se ha tenido ya de ese texto”. Y añade: “No es que realmente el análisis aumente la emoción del texto, lo que aumenta es la consciencia de esa emoción”.

Los textos de los que se ha ocupado González Requena, tanto en sus clases como en el seminario que todos los viernes imparte en la Universidad Complutense de Madrid, al igual que en la revista Trama y Fondo, de cuya asociación es presidente, son de todo tipo: literarios, artísticos, televisivos y, sobre todo, cinematográficos. Análisis de esos textos alejados del “esquema marxista” que los entendía como ideología. “Entonces [años 80] creíamos que el arte era una cuestión ideológica y, por tanto, analizar un texto era cuestión de desvelar la ideología que contenía”.

Imagen de la serie televisiva 'Twin Peaks', analizada por Jesús González Requena y cuya referencia aparece en el libro 'El texto y el abismo', de Maite Gobantes.

Imagen de la serie televisiva ‘Twin Peaks’, analizada por Jesús González Requena y cuya referencia aparece en el libro ‘El texto y el abismo’, de Maite Gobantes.

A González Requena, la palabra ‘ficción’ no le gusta a la hora de definir los textos artísticos. “Cuando se piensa así se está presuponiendo implícitamente que hay un mundo estable, seguro y razonable al margen de los textos, con respecto al cual los textos serías ficciones, ideologías”. Nada que ver con su formulación del texto en tanto ‘artificio’ que no es sinónimo de mentira: “Es sinónimo de construcción humana”. “Lo que se llama grandes ficciones de la literatura no son ficciones, son verdad”, subraya.

En ‘El texto y el abismo’, González Requena lo que hace es precisamente destacar esa relación entre los textos, en tanto construyen espacios y a los sujetos que habitan esos espacios, y el abismo, en tanto reconocimiento del mundo como caos. “La palabra, en tanto que surca lo real, crea el espacio de lo humano”, dice. Siempre y cuando creamos en la materialidad de esas palabras, en su solidez. “El prototipo de intelectual de la deconstrucción se instala permanentemente en la burla, en la parodia de algo que en el fondo considera garantizado”.

Fotograma de 'Psicosis', de Alfred Hitchcock, película analizada en el seminario de Jesús González Requena en la Universidad Complutense de Madrid, referida en 'El texto y el abismo', de Maite Gobantes.

Fotograma de ‘Psicosis’, de Alfred Hitchcock, película analizada en el seminario de Jesús González Requena en la Universidad Complutense de Madrid, referida en ‘El texto y el abismo’, de Maite Gobantes.

De ahí que proliferen en la universidad discursos gastados. “La universidad se dedica ahora a obtener ayudas de investigación y a obtener puntuaciones fabricando artefactos que no lee nadie, que no discute nadie, que no interesan a nadie”. Por eso reivindica la autonomía de la universidad “como espacio del pensamiento lo más desideologizado posible. La afirmación del compromiso ideológico, al final, justifica todas las imposturas”, que relaciona con la “mascarada” del más burdo “compromiso con el poder”.

La filosofía, el psicoanálisis, la antropología y la semiótica son las herramientas con las que trabaja en su singular análisis textual. Materias que le permiten, una vez trabajadas en profundidad, emitir reflexiones de hondo calado acerca de la mal llamada violencia machista, del feminismo, de la universidad, de la caída de la función paterna y, en su lugar, la emergencia de una letal diosa arcaica, del marxismo, la deconstrucción o el cristianismo.

Fotograma de 'La taberna del irlandés', de John Ford, película que figura entre los futuribles análisis de González Requena, referida en 'El texto y el abismo', de Maite Gobantes.

Fotograma de ‘La taberna del irlandés’, de John Ford, película que figura entre los futuribles análisis de González Requena, referida en ‘El texto y el abismo’, de Maite Gobantes.

Para entender, por ejemplo, por qué en lugar de ‘violencia machista’ prefiere la expresión ‘crimen pasional’ se hace necesario penetrar en ‘El texto y el abismo’, de lo contrario vulneraríamos con dos frases su más hilvanada reflexión. Lo mismo cabe decir de sus críticas a la telebasura, el alicaído pensamiento universitario, cierto ecologismo, el nacionalismo furibundo o el denostado cristianismo frente a las idealizadas religiones orientales.

González Requena, pese a considerar que el mundo es puro caos, se considera un optimista. “¿Sabes lo que pasa? Ser optimista es creer que es posible hacer algo con el mundo”. Algo que tiene que ver con esos textos y esas palabras capaces de “surcar lo real”. Algo, no “todo”, que eso sí que es una “idea imaginaria”. Frente al todo o nada, algo. Algo tan productivo como los textos que él lleva analizando desde hace ya muchos años. «Yo sé que hay textos que me han tocado profundamente y por tanto sé que hay una verdad esencial en ellos y lo que hago es buscarla y hacerla aflorar. Ésa es mi manera de trabajar».

Jesús González Requena.

Jesús González Requena, con quien Maite Gobantes dialoga en el libro ‘El texto y el abismo’, de Sans Soleil Ediciones.

Salva Torres

“Jesús ejerció como un verdadero político”

El trono maldito
José Luis Corral y Antonio Piñero
Editorial Planeta

Jesús de Nazaret es el principal protagonista del libro más leído del mundo, la Biblia, y también la figura que inspira miles, quizá cientos de miles de relatos,  tanto en clave de ensayo como de ficción, en torno a su vida y su mensaje. Los historiadores y catedráticos españoles, José Luis Corral y Antonio Piñero, han unidos sus fuerzas y conocimientos para trazar un fresco del tiempo de Jesucristo en el contexto político de su tiempo, en el marco de Israel y el Imperio Romano en el cénit de su poder. ‘El trono maldito’ (Planeta) se presentó este mes en L’Iber con presencia de los autores, Antonio Zarza y Alejandro Noguera.

La historia comienza en el 4 a.C. tras la muerte del cruel tirano Herodes el Grande, cuando se inicia una lucha de poder entre sus hijos. Una truculenta competición de pasiones, sexo y violencia para ganarse el favor del emperador Augusto quien dirá la última palabra. En medio de la vorágine aparece Jesús, un predicador que revoluciona al pueblo judío, pues arremete contra los romanos y la casta sacerdotal judía.

Los autores se han documentado ampliamente  en obras de referencia, como ‘Guerra de los judíos’, de Favio Josefo; ‘Historia romana’, de Dión Casio; ‘Cartas’, de Plinio el Joven; ‘Vidas de los doce césares’, de Suetonio; ‘Historia de Roma desde su fundación’, de Tito Livio, y, por supuesto, los Evangelios y el Nuevo Testamento.  El libro cuenta con mapas, árboles genealógicos de sus principales protagonistas y un apéndice cronológico con los hechos más destacados de la época que retrata.

A lo largo de sus páginas desfila una rica galería de personajes históricos. Desde el difunto Herodes El Grande hasta sus hijos Arquelao, Antipas y Filipo. Desde los emperadores Augusto, Tiberio y Calígula a los sacerdotes Anás y Caifás. Mitos como Salomé y Livia, mujeres influyentes en la política de su tiempo, como Glafira, Herodías o Rut.

José Luis Corral, autor junto a Antonio Piñero de 'El trono maldito'. Editorial Planeta.

José Luis Corral, autor junto a Antonio Piñero de ‘El trono maldito’. Editorial Planeta.

¿Qué aporta su historia respecto a las escritas sobre esta encrucijada histórica?

‘El trono maldito’ es una novela, y, por tanto, contiene ficción, pero se basa en los documentos que se conservan de la época de Cristo. La principal novedad es que partimos de fundamentos históricos y literarios ausentes de prejuicios. Uno de los principales problemas al abordar la vida de Jesús ha sido precisamente el basarse en demasiados juicios previos. Nosotros los hemos evitado. Algunos lectores me han dicho que la novela les ha hecho reflexionar mucho.

¿Cómo se han organizado Piñero y usted el trabajo?

La novela surge de un guión de Antonio Piñero de unos 400 folios que yo convertí en 800. Después, durante dos años, hemos ido añadiendo o quitando cosas, tras intercambiar correcciones ambos una y otra vez. Ha sido muy fácil trabajar con Antonio porque es un gran historiador y un hombre muy sensato. La obra es 100% de los dos.

¿Cuál es su valoración personal sobre la figura de Jesús?

Es complicado emitir una valoración breve porque la figura histórica de Cristo ha sido muy manipulada y contaminada por siglos de enfoques predeterminados. Yo creo que Jesús fue menos idealista de cómo se presenta en los textos cristianos, y que ejerció como un verdadero político, actuando como tal durante los últimos años de su vida.

¿Por qué un pueblo tan beligerante y defensor de su libertad como el judío se dejó llevar siglos después al matadero?

La resignación que los judíos mostraron en la Alemania nazi es extraña, sí. Los nazis prepararon a conciencia el holocausto, y lo diseñaron con precisión. Los judíos no se esperaban semejante ataque, de modo que los pillaron desprevenidos. Los nazis supieron desarticular cualquier conato de resistencia y los judíos se resignaron a un destino terrible. Además, en los primeros años de la represión nazi nadie los ayudó, pues el ‘odio al judío’, especialmente activo en la Edad Media, estaba todavía presente en el imaginario colectivo de muchos países.

¿Se resolverá alguna vez el eterno problema judeo-palestino?

Hay una parte muy importante del pueblo judío, y todavía con mayor influencia en la política del Estado de Israel, que se considera ‘el pueblo elegido de Dios’ y que tienen ‘derecho divino’ a la Tierra Prometida. Con postulados así, donde se mezclan el más rancio nacionalismo excluyente con el más atávico sentimiento religioso exclusivista, es muy difícil llegar a una situación de paz y estabilidad permanente. La única esperanza es que las nuevas generaciones de judíos y de palestinos aprendan y entienda que el género humano es uno solo, y que deben entenderse y respetarse. Si no ponen en práctica esta idea, el enfrentamiento este estas dos comunidades seguirá durante mucho tiempo.

Portada del libro 'El trono maldito'. Editorial Planeta.

Portada del libro ‘El trono maldito’. Editorial Planeta.

Bel Carrasco

“Cristianismo e islamismo dificultan la vida”

Brujas, sapos y aquelarres, de Pilar Pedraza
Editorial Valdemar

La palabra bruja es, posiblemente, la única del diccionario que se puede usar como insulto o halago, según el tono e intención de quien la pronuncie. En esa ambigüedad reside parte de la fascinación que inspira la figura de la bruja, representada tanto como una vieja arrugada y repugnante que como una seductora beldad.

De dónde surge la figura de la bruja, cómo evoluciona a lo largo de los siglos y qué huella han dejado en el arte y el cine. Pilar Pedraza responde a éstas y otras muchas cuestiones relacionadas con el mundo de la hechicería en su último ensayo publicado por Valdemar que acaba de llegar ‘volando en escoba’ a las librerías.

‘Brujas, sapos y aquelarres’ reúne la impresionante erudición que la autora ha acopiado a lo largo de casi cuatro décadas dedicadas al estudio de la manipulación de la imagen femenina en las bellas artes y a la enseñanza de la Historia del Arte en la Universitat de València. “Uno de los propósitos del libro es deshacer errores, disolver obviedades y sobre todo combatir las tonterías que se van acumulando sobre este tipo de temas por culpa de la ignorancia posmoderna –tan letal como la clásica-, y de una divulgación  ramplona por parte de los medios”, señala Pedraza.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

¿A qué se debe su fascinación por este tema?

Me interesa mucho la historia de las mujeres y más aún la historia de las imágenes que se han elaborado sobre ellas en las artes, o cómo se han configurado como personajes en la literatura. Llevo muchos años, unos cuarenta, escribiendo sobre este tema. Comencé con ‘La bella, enigma y pesadilla’, sobre figuras mitológicas; luego vino ‘Máquinas de amar, autómatas y ciborg’;  ‘Espectra’, sobre la bella muerta, y ‘Venus barbuda y el eslabón perdido’, sobre la mujer pilosa. He tenido la suerte de que interesaran a excelentes editoriales (Tusquets, Valdemar, Siruela), a pesar de que el ensayo no suele ser bien recibido por el mercado y las editoriales generalistas le tienen pavor.

¿La figura de la bruja encarna el recelo y el miedo que siente el hombre hacia lo femenino?

Más que el hombre, quien crea el recelo es la sociedad y la cultura patriarcal y machista, y quien lo maneja, el sistema y el poder. El hombre y la mujer son víctimas de ello casi en el mismo grado. Hablar de hombres o mujeres en el siglo XXI no tiene mucho sentido; son los sistemas, las tradiciones y las malas herencias las que nos rigen y contra las que tenemos que reaccionar hombres y mujeres, codo con codo. En la conciencia de los ciudadanos, en las buenas políticas, en la enseñanza y en los medios de comunicación responsables es dónde recae esta ingente tarea.

¿Tiene alguna bruja preferida? ¿Por qué ha prevalecido en la imaginería popular la bruja medieval de aspecto repulsivo?

Me encantan las brujas grecolatinas de Horacio, Lucano, Apuleyo, Petronio, y las grandes figuras de hechiceras como Medea y Circe, y sus proyecciones en el arte y el cine, porque en ellas se unen lo culto y lo popular, lo realista y lo imaginario, la madre abyecta y la femme fatale. Además, son hechiceras sin demonio; no tienen jefe, sino una diosa que las protege y que es totalmente admitida en el panteón grecorromano, con sus templos y su ritual: Hécate. Esto, en sí, no tiene nada que ver con el feminismo. Es la historia la que debe hablar, no las palabras sueltas de la opinión.

A su segunda pregunta respondería que importó crearla así en el tiempo de las grandes hogueras que asolaron la Europa católica y protestante desde el siglo XV hasta mediados del XVII. La vieja desnuda de Salvator Rosa o de Goya es una figura satánica, del mismo modo que el anciano desnudo es un titán cristiano, como en el cuadro de Tiziano, La Gloria (Prado). El cuerpo viejo femenino se sataniza (brujas) y el masculino se santifica. Las iglesias han actuado siempre en la configuración de este imaginario, bien de una manera brutal o bien armadas con todas las sutilezas del arte, intoxicando profundamente la cultura.

Portada de 'Brujas, sapos y aquelarres', de Pilar Pedraza. Editorial Valdemar.

Portada de ‘Brujas, sapos y aquelarres’, de Pilar Pedraza. Editorial Valdemar.

¿Se puede considerar a estas mujeres pioneras del feminismo?

El feminismo es un fenómeno moderno y burgués que nace con la Ilustración. Las brujas no son pioneras de nada salvo de su propia historia. El aquelarre tiene que ver, hasta cierto punto, con la sociedad secreta contra en Antiguo Régimen, con la revuelta popular y con la jacquerie campesina, en un mundo feudal dominado por los señores y la iglesia. Desde el punto de vista de la historia de la cultura, interesa mucho no mezclar los conceptos, porque si no, no se entiende nada o se cae en la banalización.

¿Por qué durante varios siglos suscitaron el odio de la Iglesia Católica y  otras religiones? ¿Se usaron como chivo expiatorio?

Pues, sí, como los herejes, los judíos y los judaizantes. Las iglesias cristianas y sus sectas han sido enemigas de la mujer desde que se crearon hasta la fecha, y sus inquisiciones han enviado a la hoguera a una cantidad escandalosa de inocentes, hombres, mujeres y niños. El cristianismo y el islamismo han hecho la vida humana más difícil de lo que ya es de por sí, y en su propio favor. La memoria histórica sirve para comprender y relatar lo que pasó, para que no vuelva a ocurrir, pero también para castigar a quien proceda.

El demonio, el sapo, el gato negro forman parte del atrezzo brujeril. ¿Cuál es su papel en la realidad?

En los manuales de los inquisidores de la época de las grandes hogueras, que son libros tremendamente interesantes para darnos cuenta de hasta qué punto fueron ellos quienes crearon a las brujas antes de enviarlas a la hoguera, leemos que cuando una bruja hace pacto con Satán, éste le adjudica un diablejo ayudante, un “familiar”, que puede ser un sapo, un mono o un gato, cualquier animal tenido por repugnante, y ella le cose trajecitos: a estas monadas se le llama en los textos de la época “sapos vestidos”, o el animal que sea. Podemos decir que el bicho es una especie de mascota de la bruja, que el demonio le regala para ayudarla y no quitarle ojo de encima.

¿Qué movimiento artístico ha reflejado mejor el mundo de la hechicería?

Los cuadros de brujerías de los pintores de género barrocos de los Países Bajos, los grabados de Durero, los óleos de Salvator Rosa, las obras de Francisco de  Goya y de Félicien Rops, cada uno según su época. Son obras maravillosas, grotescas, siempre con un punto de sonrisa maligna.

¿Qué películas de brujas no hay que perderse?

Yo no me perdería: Haxän, Dies Irae, El Crisol, Lord of Salem,  Suspiria y La Bruja de Blair. Hay muchas más, pero estas que he mencionado, y que están en el librito con todos sus datos, son obras maestras del género con las que se podría montar un ciclo sorprendente.

¿La bruja es una especie ya extinta? ¿Queda alguna entre nosotros? 

Hay sectas de brujas no satánicas muy respetables y legales, conocidas y con páginas en Internet, creadas a base de elementos feministas (éstas, sí) y ecologistas, como la Wicca, a la que dedico mucho espacio en el libro, y también hay movimientos satánicos machistas de música rock, como el black metal, menos interesantes a mi modo de ver, pero que también tienen cabida en él. Lo que no es brujería sino charlatanería televisiva de la más baja estofa es el tarotismo espurio de ciertas cadenas, imagen patética no sólo de las pretendidas “videntes” sino de los espectadores embobados por sus miserables discursos.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Eduardo Infante: El mar es más que el cielo

Eduardo Infante: El mar es más que el cielo – Painting in Love
Parking Gallery
C/ Bailén, 15. Alicante
Inauguración: 26 de abril a las 20:00 h.
Hasta el 28 de junio de 2014

Cuando nos enfrentamos cara a cara con una pieza de Eduardo Infante (Gerona, 1973), lo primero que hace nuestro ojo, de manera instintiva, es buscar formas identificables. Al principio parecemos reconocer una figura, pero un segundo después se desdibuja con el fondo.

El artista dice de su trabajo que es una totalidad en la que el dibujo y la pintura caminan juntos, sin distinguirse, y que ambos sirven, en sus posibilidades plásticas, para mostrar mucho más allá de lo evidente. Quizá por esto yo misma sintiera, la primera vez que vi sus piezas, una especie de desconcierto visual; no sabía muy bien si estaba viendo abstracción o figuración. Y probablemente sea esta la cuestión principal para comprender mejor su trabajo: las obras de Infante son un punto intermedio entre ambos, un resquicio en el que jugar, sin miedo a equivocarse, con lo reconocible y lo abstracto.

La Historia del Arte ha tenido como eje principal de debate, durante siglos, la discusión entre los defensores de la imagen y los que la rechazaban. Las religiones monoteístas son, en el fondo, el origen de estas trifulcas. La imposibilidad de representar a Dios como ente reconocible supuso que tanto el judaísmo como el islam optasen por una total iconoclastia en su desarrollo artístico y cultural, dando paso así a la palabra escrita como una personificación de la divinidad. Frente a esto, el cristianismo entendió la imagen de Dios como inviolable pero no así todo lo derivado de esta, como la naturaleza o los Seres Humanos, permitiendo la representación fidedigna de la realidad visible.
Pues bien, Eduardo Infante intenta moverse entre ambos mundos sin decantarse por ninguno, cuestionándose también la veracidad de lo representado, e incluso se atreviéndose a negarlo.

Así, en algunas de sus piezas podemos ver el trazo de una primera figura en dibujo, como en “Prodigio abandonado”, de 2008, y sobre ella su propia inexistencia: el color que se superpone e impide reconocer lo que se esconde debajo. Dibujo frente a color. Figuración frente a abstracción.

Eduardo Infante, "El mar es más que el cielo" (fotografía: Germán Fernández). Imagen cortesía de la Parking Gallery.

Eduardo Infante, «El mar es más que el cielo». Foto: Germán Fernández. Imagen cortesía de Parking Gallery.

Hay, pues, en la producción de Infante un punto de incertidumbre, una duda posible entre nuestra propia imaginería. ¿Qué representa mejor lo inmaterial y lo intangible, la abstracción o la figuración? Sus piezas no intentan ser una respuesta a esto, sino más bien con una continuación de la pregunta, un enfrentamiento directo a esta.

Presentando sus últimas piezas en esta exposición individual en la Parking Gallery, bajo el título de “El mar es más que el cielo”, Infante nos interpela directamente con estas cuestiones, ya que, ¿no es el mar el reflejo del cielo? ¿No es su color azul, intenso, vivo, potente, un espejo en el que se mira el cielo? Estos contrapuestos son una de las preferencias más evidentes de Infante, siempre cuestionando lo definido como estable, contraponiéndolo a algo más para cuestionarlo y de paso utilizando, como aquí, el tema como excusa para retomar el vivo color que protagoniza muchas de sus piezas. Parejas de piezas que se exponen juntas porque incluso en el proceso creativo se han ido estableciendo como contrapuestas.

Es interesante tener en cuenta también que la gama cromática que utiliza Infante es, en muchos de los casos, muy intensa y con colores muy vivos. Manchas que ocupan grandes espacios en la obra y que contrastan con el abocetamiento que se percibe en el trazo del dibujo. La delicadeza de la línea y la fuerza del color perfectamente combinados.

En sus obras encontramos también algunas referencias a la influencia oriental. Es cierto que el uso del papel y el dibujo, especialmente como él lo trabaja, nos remite a China, por ejemplo. Sin embargo aquí hay mucho más: el artista explora las posibilidades plásticas del material para incorporar lo inmaterial, como el vacío. Los grandes huecos que vemos en muchas de las piezas están tan cargados de significado como el dibujo y el color.

Desnudos sutiles con una sensualidad que se percibe a través del trazo casi infantil que Infante impronta en sus obras. Grandes vacíos, manchas de color que ocupan toda la superficie, líneas abocetadas…

Y es precisamente el papel su soporte fetiche uno de los culpables que le vinculan con la influencia oriental. Lo característico del papel es su tactilidad, su permeabilidad, capaz de absorber los colores y marcar más los trazos.
Tampoco es inocente esta relación si observamos cómo la naturaleza, en las piezas del artista, es representada de manera imaginativa, inventada y con un trazo que nos recuerda a nuestra infancia. Montañas a base de triángulos y con apenas un blanco en la cumbre, a modo de nieve, como en “Pink Dead Redemption”, de 2011. Un paisaje confuso, múltiple, ensoñado, a base de grandes manchas superpuestas y líneas imprecisas.

En el fondo, de lo que nos está hablando Eduardo Infante en toda su producción, que ahora muestra en Parking Gallery, es de la dificultad humana para definir su propia existencia. El pensamiento es propiamente, abstracto, pero nuestra realidad material es figurativa, así que, ¿cómo representamos esto en la creación artística? ¿Ha sabido el arte fluctuar entre ambas posiciones? ¿Cómo estar entre las dos sin decantarse por ninguna? La respuesta en las piezas de Infante es una mezcla de ambas, un intento por aproximar lo inmaterial y lo material.

Con esta exposición, “El mar es más que el cielo”, tenemos de nuevo la oportunidad de asomarnos a la ventana que Infante nos abre para ver que la realidad es, más allá de cómo la percibimos, mucho más compleja.

Semíramis González

Eduardo Infante fotografiado junto a la obra que da título a la exposición. Fotografiado por Germán Fernández. Imagen cortesía de la Parking Gallery.

Eduardo Infante fotografiado junto a la obra que da título a la exposición. Foto: Germán Fernández. Imagen cortesía de Parking Gallery.