La ciudadanía, ‘Construyendo democracia’

Construyendo democracia
Fundación Chirivella Soriano
Palau de Joan de Valeriola
C / Valeriola, 13. Valencia
Inauguración: viernes 2 de octubre, a las 20.00h
Hasta el 10 de enero de 2015

La Fundación Chirivella Soriano inaugura el próximo 2 de octubre la exposición Construyendo democracia, en la que reúne siete propuestas artísticas que comparten un mismo síntoma: la necesidad de generar una reflexión en torno a cómo articular la esfera pública, al papel que tiene el ciudadano en la construcción de la misma y a la relación del arte con los procesos democráticos.

Obra de Alicia Framis, en la exposición Construyendo democracia. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Alicia Framis, en la exposición ‘Construyendo democracia’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

A lo largo de los últimos años los acontecimientos socioeconómicos han acabado por derrumbar la estructura que sostenía el llamado estado de bienestar. Esta situación ha hecho evidente la necesidad de cambiar el rumbo de nuestro sistema político, destacando el papel fundamental y la importancia de la participación social en la construcción de un estado democrático.

En este sentido, es importante resaltar que el concepto de ciudadanía está inseparablemente vinculado al de democracia. Dicha relación define y alimenta uno de los pilares básicos de la democracia, ya que da permiso a que las propias personas planteen sus propuestas e intenten promoverlas mediante diferentes vías. Asimismo, este tipo de dinámicas ayuda a replantear sus lazos sociales al reclamar un compromiso con la cosa pública, circunstancia que implica una identificación del individuo con su comunidad, estando y actuando con y para la misma.

Obra de Santiago Cirugeda, en la exposición Construyendo mundos. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Santiago Cirugeda, en la exposición ‘Construyendo democracia’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

La implicación del ciudadano como sujeto político permite construir y reclamar un cambio de modelo, tanto desde el punto de vista social como económico, que posibilite repensar la política y las formas de gobierno. Con ello se pretende ir más allá del marco de la democracia representativa y otorgar así a los miembros de la comunidad, con su participación, la legitimidad de poder negociar sus propuestas. Surge así la voluntad de incitar una nueva politización de la sociedad civil mediante la configuración de sociabilidades alternativas.

Obra de Colectivo Cambalache, en Construyendo mundos. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Colectivo Cambalache, en ‘Construyendo democracia’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Los artistas que participan en Construyendo democracia son Xavier Arenós, Colectivo Cambalache (Carolina Caycedo, Adriana del Pilar García, Alonso Gil y Federico Guzmán), Santiago Cirugeda, DEMOCRACIA (Pablo España e Iván López), Domènec, Alicia Framis y Laia Solé.

Obra de Domènec, en la exposición Construyendo mundos. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Domènec, en la exposición ‘Construyendo democracia’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

 

Llorenç Barber: «Somos lo que sonamos»

Batallar/Batallem. So-Crit-Tro
Llorenç Barber, Rafael Tormo i Cuenca y Orxata Sound System
Comisarios: Marc Delcan y Àngel Gallego
La Gallera
C / Aluders, 7. Valencia
Hasta el 27 de septiembre de 2015

“Somos lo que sonamos”. Y lo que sonamos, para Llorenç Barber, está muy lejos de sonar como debiera en una tierra tan plagada de músicos como Valencia. “Siendo un país tan rico culturalmente, a los artistas nos tratan como residuos; se nos degrada”. En medio de un gran cono de madera invertido, en cuyo centro cuelga una de sus significativas campanas, Barber se hizo altisonante eco del proyecto que presentaba en La Gallera. El título ya es elocuente: Batallar / Batallem. So – Crit –Tro. Resitència i cultura comú. Y cual Quijote, el artista fue dando mandobles a diestro y siniestro, mientras explicaba su propuesta sonora.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

“La campana es la memoria de una comunidad”. Memoria que Barber pretende rescatar contra el viento y marea de la torpeza de los programadores culturales. “Valencia no puede ser tan dilapidadora de la creatividad”. Y puso el IVAM como ejemplo (“llevamos 20 años de retraso”), el Palau de la Música (“jamás han abierto sus puertas al arte sonoro”) o Les Arts. Instituciones públicas que a su juicio han vivido de espaldas a las prácticas artísticas novedosas. Por eso agradeció a Felipe Garín, director del Consorcio de Museos, la oportunidad de programar en La Gallera, antiguo espacio de “encuentros, apuestas y peleas”, describió Garín.

De manera que en lugar tan emblemático, Barber propone otro tipo de batalla en pro de la recuperación de la música y las prácticas colaborativas. “El artista sonoro se pregunta por lo que escucha la humanidad”. Interrogación que él despliega en La Gallera junto a Rafael Tormo i Cuenca y el grupo Orxata Sound System, bajo el comisariado de Marc Delcan y Àngel Gallego.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Mezclando las intervenciones de cada cual, a partir de elementos tradicionales de la cultura valenciana, van articulando campanas, música hablada, orquestas sonando a su manera, videoclips, disparos de cohetes y retazos de movimientos sociales como Salvem Catarroja, el Cabanyal o el 15M, con sus secuelas en forma de mascletà inactiva, que 100 niños de un colegio valenciano representará el jueves 18 en La Gallera con botellas de plástico.

“Se trata de repensar el acto de la creación”, señaló Tormo i Cuenca. “Las formas que no se dejan apropiar”, explicó Delcan en relación con la cultura popular, toman de esta forma La Gallera, contrariando así el espíritu público de exclusión de este tipo de prácticas. Sonidos, gritos y truenos, tales son los ejes expositivos, clamando por esa recuperación de la memoria que Barber inscribe en el interior de las campanas. “Es un caudal a preservar y del que gozar”, para que Valencia salga del “embobamiento” en el que se encuentra.

Instalación de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación de Llorenç Barber en La Gallera.

“Hemos perdido la batalla de la pedagogía”. Batalla que Llorenç Barber emprende mediante la “educación de puertas abiertas que durante tres meses” (los que dura la exposición) desea realizar al menos un día a la semana en La Gallera. “Ofrezco una universidad libre para explicar lo que los conservatorios no hacen”. El “silencio cultural en la escena valenciana” se transforma en ‘Batallar / Batallem’ en un conjunto de gestos rompedores. Gestos que amalgaman el silencio, la pausa, la sincronía y el ritmo, con la fiesta, el fuego, la implosión y el cuerpo, palabras igualmente utilizadas en el proyecto expositivo.

Por eso al final lo que cuenta es tener una “cabeza sinestésica”, tal y como se recoge en uno de los textos de la práctica colaborativa, que pueda dar cuenta de esa mezcla de sonidos y sensaciones que batallan entre sí en La Gallera. Sinestesia que vendría a desperezar a Valencia de tanta “banalidad artística”. Llorenç Barber lo hace a campanazo limpio, cuyos ecos se escucharán hasta el 27 de septiembre.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Instalación sonora de Llorenç Barber en La Gallera.

Salva Torres

 

Escif y la revolución de lo real

Escif. Todo lo que sobra
Falla Mossen Sorell – Corona
Marzo 2015, Valencia

La revolución de lo real

El tránsito del sistema dictatorial al modelo democrático ha supuesto que en el Estado español hayan convivido en el tiempo formas y comportamientos que han prolongado una determinada manera de entender la representación pública, así como su relación con la ciudadanía. La posición de vasallaje del individuo hacia sus representantes se pone de manifiesto cada vez que tiene lugar la escenificación del poder. Los coches oficiales, los escoltas, el despliegue de seguridad, la colisión de protocolos y toda una parafernalia inacabable que consume recursos, con el solo propósito de engrasar una ficción que adquiere la apariencia de normalidad a costa de una fórmula de repetición.
Con la fiesta de las Fallas en Valencia sucede algo similar, pues se ha pasado de la manifestación popular espontánea a un dispositivo instrumentado desde el poder político. El maximalismo, la sobredimensión y el exceso, característicos de la política municipal y autonómica valenciana en las dos últimas décadas, han estimulado el desenfreno también en el modo de entender las fallas, convertidas en “monumentos” desprovistos de contenidos significantes.

En el campo de las expresiones artísticas en el espacio público, se viene trabajando en la reconsideración del uso del arte en la ciudad, poniendo en cuestión la función ornamental o decorativa con la que el arte es empleado en tantas ocasiones. La faceta estética del arte no agota sus otras muchas posibilidades, más interesantes a mi parecer. La capacidad crítica y participativa del arte en el espacio público apela a una interpretación horizontal de la sociedad, con relaciones más naturales y menos regladas, contribuyendo al desarrollo de estímulos que activan en el individuo una progresión en la reconquista de la calle como lugar vertebrador de la comunidad. Ese proceso simbólico está conectado con la creciente necesidad que expresa la ciudadanía por recuperar el pulso con la realidad, saliendo del letargo de la opulencia falaz, para llevar a cabo un ejercicio de empoderamiento más participativo y menos autocrático.

La Falla Corona trabaja desde hace años para convertir el dispositivo fallero en una herramienta de experimentación cultural, huyendo de los estándares que parecen haber homologado estética y discursivamente las imágenes que cada año son devoradas por el fuego. Huir de la grandilocuencia y penetrar en los códigos de lo cotidiano no son tareas sencillas, cuando se piensa en el abigarramiento característico de las fallas. Sin duda se trata de un reto, que un artista urbano como Escif ha sabido formular con acierto. Los muros del centro histórico de Valencia le han visto crecer, mientras le sirven de bastidor para sus grafitis, cargados de mensajes en combustión, que buscan la complicidad del observador para hacer detonar las convenciones que durante demasiado tiempo han nublado el juicio de una mayoría. Pero a la vez que asistimos al final de esa época, Escif salta del muro para llevar a cabo una intervención que subvierte la estandarización fallera.

“Todo lo que sobra” pone en crisis el concepto de representación hegemónica, elimina los elementos centrales y rompe con la jerarquía del tamaño para llevarlo todo a una escala 1:1. Escif compone una narración realista que reconstruye el aspecto habitual del entorno a partir de materiales poco sofisticados como el cartón y la madera, que nos lleva al origen de las fallas. En la actualidad muchas calles, plazas e intersecciones son desalojadas de mobiliario urbano, de vehículos, semáforos y cualquier otro elemento que dificulte el uso del espacio público para el propósito de plantar las fallas, peatonalizando por unos días grandes áreas de la ciudad que habitualmente se encuentran subrogadas al tráfico rodado. Todo eso es lo que sobra, lo que se retira, para dejar disponible el espacio necesario en el que escenificar una catarsis anual de diversión autorizada. Pero en esta ocasión la falla pensada por Escif se arroga la responsabilidad de replicar los elementos retirados, con la intención de recomponer el aspecto cotidiano de este entorno, llevando a cabo el propósito de asemejarse a la realidad, mientras lo habitual es que las fallas se alejen de ésta para conducir al público por una experiencia espectacularizada. “Todo lo que sobra” es una réplica a la ciudadanía, una indicación que nos sugiere que recuperemos la iniciativa, que nos invita a pasar de la pasividad del que “mira” a la actitud del que “ve”. A veces son los pequeños gestos los que condensan la capacidad de transformarnos, y con ello extender cambios que nos revolucionan.

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Escif lleva a cabo en la Falla Corona un ejercicio de sensatez que deja en evidencia a todas esas epopeyas de poliespan disneyficado, que año tras año compiten por elevarse hacia equilibrios imposibles. Parece que ha llegado el momento de poner los pies en el suelo, la sociedad ha comenzado a mostrarse intolerante con los juegos de apariencias. Si es cierto que el fuego cumple la función de purificar y regenerar, Valencia –aunque solo sea en lo simbólico- deberá pronto arder para expiar sus excesos. De momento la Falla Corona ha comenzado por desprenderse de “todo lo que sobra”, invitando a deshacerse de los atributos inútiles para poder llegar mejor a la esencia de las cosas. Es frecuente que las ramas impidan ver el bosque, pero también sucede en ocasiones que las verdades fundamentales se muestran sencillas a los ojos de todos y es nuestro enrevesado entendimiento el que nos impide reconocerlas. En la sencillez reside no solo la belleza, sino también la inteligencia.

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José Luis Pérez Pont

Nota:
La versión popular del origen de las fallas dice que fueron iniciadas por el gremio de carpinteros. En la víspera del día de su patrón San José, quemaban en una hoguera purificadora, las virutas y todo lo que sobraba, haciendo limpieza de los talleres antes de entrar la primavera.

¿Como hacer una falla que no sea una falla, pero que si sea una falla? La propuesta consiste en reproducir aquellos elementos que “sobran” en el escenario habitual de una falla. Hacer una falla con todo lo que no es una falla, pero que irremediablemente forma parte de la transformación del paisaje urbano durante esta celebración; Tanto los elementos que han de quitarse para despejar el espacio, como aquellos que son accesorios al monumento fallero. Así pues, la falla consistirá en diferentes objetos copiados de la realidad, tales como una moto junto a la pared de Beneficiencia, un contenedor gris, una señal de tráfico, una rejilla de alcantarilla, dos coches aparcados en la plaza, dos cajas de petardos vacías, tres bicicletas con sus respectivos candados, tres bolardos negros, tres paquetes de tabaco, cuatro bolsas de snacks, cinco vallas de separación con sus respectivas publicidades, cinco chicles pegados, doce colillas, vasos rotos, muchos confetis,…