De niños y para niños

I edición Festival Totó
Colegio Ntra. Sra. de los Desamparados
C / Alta del Mar. Valencia
22 de mayo de 2016

La primera edición de ‘Totò. Festival de Cine Itinerante’ se celebrará el domingo 22 de mayo en el barrio de Nazaret, en el patio del Colegio Ntra. Sra. de los Desamparados. El evento está dirigido a un público infantil y familiar y a todo aquel interesado en el cine como herramienta educativa y artística.

El Festival comenzará a las 10.00 de la mañana con un ‘Desayuno Compartido’ abierto a todas las edades, en el que los asistentes pueden traer su taza del desayuno y algo para compartir.

A partir de las 11:00 horas, los más pequeños podrán convertirse en cineastas y participar en distintos talleres audiovisuales, total- mente gratuitos de temática variada, como un taller de cine negro a cargo de Luminaria, un taller de remakes de la mano de Miquel Tello, un taller de reportaje con Cinesin o un taller de precines con Nautilus Audiovisual, entre otros. Paralelamente, se organizará una ruta guiada por Nazaret, para conocer la historia del barrio.

A las 16:30 horas se celebrará el Encuentro Audiovisual: un diálogo compartido sobre Cine, Educación e integración social, en la que hablaremos con personas y colectivos de Valencia que utilizan el audiovisual como recurso pedagógico. A las 17:30 horas comenzará la Muestra de Cortometrajes: una selección de trabajos realizados por niños y jóvenes de distintas nacionalidades, divididos en tres secciones: Totò Documenta, Totò Experimenta y Totò en Valencia. Por último, a las 19:00 horas se proyectará ‘La planta despetrificadora’, cortometraje realizado por los niños del Taller de cine Totò, entre febrero y abril de 2016 en el barrio de Nazaret.

Imagen cortesía del Festival.

Imagen cortesía del Festival.

Totò es un proyecto audiovisual para niños y jóvenes, desarrollado bajo la convocatoria de ayudas Emergents de la Universitat de Valencia. La actividad comenzó en el mes de febrero con un taller de cine en el participaron 17 niños de entre 8 y 12 años de distintos colegios y colectivos de Nazaret. El objetivo era realizar un cortometraje en el que el barrio, su vida cotidiana y sus habitantes fueran los protagonistas. De este taller surge ‘La planta despetrificadora’, un cortometraje de aventuras en el que un grupo de niños tiene que ingeniárselas para salvar a su amigo Fernando, que ha quedado petrificado, víctima de una broma. El cortometraje es una idea original de Melchor Carmona y Antonio Flores (11 años) y está protagonizado por Rocío Martínez, Aarón Planells, Paola Balaguer, Wisdom Bright, Melchor Carmona, Antonio Flores, Jennifer Álvarez, Cristina Fernández, María, Mari, Erik Olivares, Ramiro, Denisa, Fernando Falcó, Merche Guerrero, Maleni Guerrero y Cristóbal Pérez. El gran estreno será el día 22 de mayo en el festival Totò.

El Festival, que recibe su nombre del pequeño protagonista de Cinema Paradiso, en honor a su fascinación por el cine, será de carácter itinerante, de modo que las siguientes ediciones se trasladarán a otras zonas de Valencia donde la oferta cultural sea escasa y el cine apenas tenga presencia en la vida pública. En esta ocasión, el festival es una excelente oportunidad para conocer Nazaret, uno de los barrios más desconocidos y mágicos de Valencia.

Pilar Pequeño deja sus Huellas en Railowsky

Huellas, de Pilar Pequeño
Fotolibrería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Inauguración: jueves 5 de febrero, a las 20.00h
Hasta el 5 de abril, 2015

‘Huellas’, a juicio de su autora, Pilar Pequeño, “es un trabajo sobre la acción del hombre en la naturaleza, el paso del tiempo, el abandono, la memoria y la recuperación por la propia naturaleza de los lugares que el hombre ha abandonado”.

Y agrega: “A esta serie, que comienzo con fotografías en blanco y negro, incorporo en el año 2003 imágenes de un edificio construido en el siglo XIX a orillas del río Miño, muy cerca de su desembocadura, donde un jardín enmarañado en su abandono lo invade entrando por  los huecos de sus puertas y ventanas. Un lugar que para mí tiene el valor añadido de ser el colegio donde estudió mi padre en sus primeros años”.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie 'Huellas'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie ‘Huellas’. Imagen cortesía de Railowsky.

Después de casi diez años, Pilar Pequeño ha querido volver para fotografiarlo otra vez, “ahora en color”, subraya la artista, cuya obra presenta Railowsky hasta el 5 de abril.

Pilar Pequeño (Madrid, 1944) empezó a interesarse por la fotografía en 1980, tras algunos años en los que se dedicó al dibujo. Toda su obra está relacionada con la naturaleza, con series muy ligadas entre sí.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie 'Huellas'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie ‘Huellas’. Imagen cortesía de Railowsky.

Siempre utilizó imágenes en blanco y negro hasta que en 2009 ha dado cabida al color en su obra, yendo más allá del cromatismo tradicional. Invernaderos, paisajes y plantas, son objeto ineludible de su objetivo, y con ellas, el agua, la luz, la vida, la muerte.

Su obra se expone en numerosas galerías y se encuentra en diversas colecciones públicas y privadas. Museo Reina Sofía, IVAM, Tenerife Espacio de las Artes, Comunidad de Madrid, Colección Cualladó o Colección EXIT. En abril de 2011 le fue otorgada la Medalla de Oro Al Mérito en las Bellas Artes.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie 'Huellas'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie ‘Huellas’. Imagen cortesía de Railowsky.

Raíces rebeldes del rock

Young Americans. La cultura del rock 1951-1965, de Alejandro Lillo y Justo Serna
Punto de Vista Editores

Justo Serna y Alejandro Lillo pertenecen a distintas generaciones. Uno nació en 1959, el otro en 1977, ambos son licenciados en Historia Contemporánea de la Universitat de València, doctor y doctorando, respectivamente. Juntos han creado la plataforma Serna&Lillo Asociados y puesto en marcha el proyecto  CoolTure, cuyo objetivo es producir análisis culturales que permitan a la gente entender mejor el mundo en el que vivimos en un estilo ágil y ameno. Uno de los frutos de esta asociación es ‘Young Americans. La cultura del rock, 1951-1965′ (Punto de Vista Editores), un viaje a las raíces rebeldes de esta música,  nacida en la próspera América de Kennedy, la guerra fría y la carrera espacial.

“En este libro contamos una historia sobre los reclamos de una sociedad de consumo y la publicidad de un capitalismo doméstico”, dice Lillo. “Pero también de una rebeldía, la oposición de los jóvenes, el malestar de unos muchachos que hicieron del rock su afirmación. Analizamos una sociedad que hizo del derroche y de la juventud su gloria”.

Serna y Lillo se aproximan a ese mundo sin pretender exhumarlo. “No obramos como eruditos y dejamos, deliberadamente, cosas sin tratar. Mostramos y sugerimos, exponemos y revelamos. Lo que fue portada tapó a la vez la discriminación, la pobreza, lo feo, lo viejo. La televisión recreaba y multiplicaba las posibilidades de aquella sociedad. La música retenía y difundía.  El rock no sólo era sexo. Era deseo, expectativa, mezcla y porvenir. Los jóvenes lo querían todo y lo esperaban todo. Únicamente faltaba su cumplimiento”.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Conciencia generacional

El surgimiento de los jóvenes como grupo diferenciado de los adultos fue un proceso lento que tuvo su punto de inflexión en los Estados Unidos de los cincuenta a causa de distintos factores. “Por esa época los jóvenes se saben diferentes”, señala Lillo. “Comparten tiempo en el colegio y en la universidad, tienen dinero para gastar debido a la buena situación económica de sus padres, y lo demuestran. Principalmente, uniformándose, vistiéndose de manera similar -cazadoras de cuero, gorras, pantalones vaqueros, tupés-, diferenciándose del estilo de los adultos. Critican el mundo de sus mayores con descaro y rompen las reglas establecidas. La sociedad norteamericana de la época era muy conservadora, muy mojigata, muy reprimida. Los jóvenes no quieren formar parte de un mundo que perciben como hipócrita y falso. Necesitan liberarse, expresar lo que sienten, decidir sobre sus propias vidas”.

El rock´n´roll es la música que aglutina las aspiraciones y canaliza  el malestar y la insatisfacción de los jóvenes. Elvis Presley, Eddie Cochran, Chuck Berry, Little Richard y tantos otros ídolos expresan a través de sus canciones los anhelos de su generación. “Los chicos y chicas se identifican con su música”, apunta Lillo. “Por fin alguien les entiende, por fin alguien expresa lo que ellos sienten pero no son capaces de verbalizar. Pero ese es un éxito que sólo puede llegar con la sociedad del bienestar. Elvis vuelve locos a más de 70 millones de adolescentes sólo cuando en todos los hogares de Estados Unidos hay una televisión y todos pueden verlo cantando y moviendo las caderas. Para los adultos era una obscenidad; para los jóvenes, una liberación”.

Música comprometida

¿El rock de hoy día mantiene todavía su fibra rebelde? “Es una pregunta difícil de contestar”, responde Lillo. “Creo que la música siempre tendrá algo de revolucionaria, de rebelde e inconformista, con independencia de su estilo. Hay una cierta domesticación del rock, sí, pero también hay espacios de fricción, de conflicto. El sistema capitalista asimila con relativa facilidad los movimientos contestatarios. Sin embargo, en la música sigue existiendo, en algunos ámbitos, una fuerte resistencia a determinadas prácticas, a determinados comportamientos del mundo adulto que resultan criticables o inadmisibles. Lo que está pasando en España durante estos años de crisis es significativo. Los músicos se posicionan. Muchos de ellos también dan la cara. Como hicieron otros durante la transición. Eso es algo que necesitamos y que es muy de agradecer”.

Justo Serna y Alejandro Lillo se conocieron fuera del ámbito académico y poco a poco descubrieron que tenían muchos intereses comunes. “Compartíamos la pasión por el cine, por la literatura, por la música y por la historia, claro”, dice Lillo. “Descubrimos también que nuestros diagnósticos, que nuestras opiniones y pareceres también eran similares, que nuestra forma de entender el oficio de historiador y de abordar el estudio de la cultura eran coincidentes y enriquecedoras. Se nos hizo difícil desaprovechar la oportunidad de trabajar juntos”, concluye este joven historiador valenciano.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Bel Carrasco

Joaquín Bérchez y El Greco

Joaquín Bérchez. El Greco Architeto, algo más que retablos
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Inauguración: 3 de julio, 20 h.
Hasta el 31 de agosto de 2014

Al calor del cuarto centenario del fallecimiento de Doménico Theotocópuli “El Greco” (Candía, Creta, 1541 – Toledo, 1614), esta exposición ofrece al espectador -por medio de la fotografía y del video- un recorrido visual por los hitos más importantes de su actividad artística en España en el ámbito de la arquitectura, en especial del arte del retablo.

La presente exposición tiene sus orígenes en la de “El Greco, Architeto de Retablos. Fotografías Joaquín Bérchez”, cuyo catálogo fue presentado a primeros de año en la Real Academia de San Carlos de Valencia. Con la cooperación del Instituto Cervantes, la exposición se encuentra recorriendo en buena medida el periplo vital y geográfico de El Greco, antes de arribar a España, itinerándola por sus sedes de Atenas, Nápoles y Palermo. Del mismo modo el Ayuntamiento de Heraklion (la antigua Candía, Creta), lugar de nacimiento de El Greco, la ha expuesto durante el mes de marzo en la Basílica de San Marcos.

Joaquín Bérchez. Retablo mayor del templo del Hospital de la Caridad de Illescas. Imagen cortesía del autor.

El Greco y la arquitectura
El Greco, formado primero en Creta, después en Venecia (1568-1570) y Roma (1570-1577), llegó a Toledo en 1577. En este ambiente toledano, El Greco, al lado de su gran producción artística como pintor, desarrolló su actividad como architeto, es decir, como diseñador de retablos, interviniendo junto con su hijo Jorge Manuel en su traza, ensambladura y dorado.

El Greco asombraría con su estilo personal, por su peculiar gusto con los esplendores del oro bruñido, pero sobre todo aflorarían también las lecciones aprendidas de la arquitectura de vanguardia que conoció durante su estancia en Venecia y Roma (de Andrea Palladio, pero muy en particular de Miguel Ángel), ahora revisitadas desde su innovadora personalidad y desde los usos de la arquitectura española. En sus obras de madurez brotaría una renovada concepción moderna del lenguaje clásico de la arquitectura de la Antigüedad, al modo de la que Vasari  (leído y anotado por el Greco) sugirió a partir de la arquitectura desarrollada por Miguel Ángel.

Como ha escrito el propio autor: “El Greco nos descubre una apostura clásica y un modo de operar con la arquitectura que inesperadamente nos lanza al siglo XVII con una coherencia no contemplada hasta entonces en España, anunciando temas de la gran arquitectura del moderno clasicismo llamados a cobrar protagonismo en el episodio que tradicionalmente llamamos Barroco y en el que tanta y dispar influencia ejercieron las ideas y realizaciones de Miguel Ángel”.

Joaquín Bérchez. Retablo de la Capilla Ovalle, Toledo. Imagen cortesía del autor.

El marco y su violenta poética de las sombras
En EL GRECO ARCHITETO, ALGO MÁS QUE RETABLOS (fotografías y vídeo-instalación),  Joaquín Bérchez indaga -desde una personal estrategia fotográfica y desde el vídeo, a cargo de Juan Peiró- la dimensión creativa del rico y plural diálogo entre el marco y la pintura del Greco.  A través de ellas nos hacen leer y vivir la concepción global con que el Greco meditó el marco de sus pinturas y su eco en la arquitectura y ambientes eclesiásticos que las acogían.

Sus imágenes focalizan el modelo de pala italiana, con lienzos de gran tamaño, desconocido en España; el inventivo consumo del motivo palladiano procedente de  la famosa Basílica de Vicenza; su reelaboración del capitel jónico de volutas angulares (“alla michelangiolesca”); las madrugadoras miradas  al proyecto de Miguel Ángel para la basílica de San Pedro; los insólitos perfiles de sus marcos sobrepujando capiteles y frisos; o el vigor plástico de sus fustes columnarios soldados entre sí, desfibrados en estrías.

Joaquín Bérchez. Capilla y retablos del Hospital Tavera. Imagen cortesía del autor.

Las fotografías captan estos registros en un deliberado deseo de prescindir de la palabra y de adormecedoras ficciones académicas. Buscan ahondar en el misterio de la mirada ante la vehemente poética de la sombra que inunda sus retablos,  con sus violentos retranqueos y fragmentación de las formas clásicas.

Antonio Bonet Correa, director de la Real Academia de San Fernando, en el catálogo de la exposición ha afirmado de estas imágenes: “Las fotografías que Joaquín Bérchez ha realizado de las obras pictóricas de El Greco las sitúan dentro de su original marco arquitectónico. El resultado de sus imágenes es nuevo y sorprendente. Bérchez ha hecho unas fotografías de una nítida e impecable conclusión, muy diferentes a las que habitualmente se han divulgado, especialmente en los libros de historia del arte que no son más que una sucesión de láminas de sus pinturas sangradas y fuera del contexto arquitectónico en el que se encuentran o se encontraban originariamente”.

Joaquín Bérchez. Retablo Capilla Colegio de San Bernardino. Imagen cortesía del autor.