“Del padre autoritario se ha pasado al sin autoridad”

Diario de una sombra, de María García-Lliberós
Editorial Sargantana
Presentaciones: el 25 de noviembre en la Librería La Rossa de Benimaclet, el 3 de diciembre en El Corte Inglés de Colón, y el 10 de diciembre en la librería Ramón Llin

El conmovedor diario íntimo de una joven que durante el verano de 1972, en Londres, vive un apasionado romance que acaba mal. El crepúsculo de Gabriel Pradera, un ambicioso banquero de éxito en el ecuador de su vida, que treinta años después, se enfrenta a las consecuencias de un acto vil y cobarde. Son las dos líneas que se entrelazan en Diario de una sombra (Editorial Sargantana), séptima novela de María García-Lliberós que refleja la evolución de la sociedad española en las últimas décadas. Fiel a su estilo realista, la autora profundiza en la personalidad de sus personajes y nos habla de las oportunidades perdidas, la codicia, las traiciones y los miedos. Sobre todo del papel de la familia y de la necesidad de conocer nuestras raíces.

Portada del libro 'Diario de una sombra', de María García-Lliberós.

Portada del libro ‘Diario de una sombra’, de María García-Lliberós.

¿De dónde surge su afán por contar historias?

De mi afición a la lectura. Me encantan las novelas que nos hablan de la vida de la gente. ¡Se aprende tanto con ellas!

¿Qué materiales utiliza para construir a sus personajes? ¿Cómo les da forma en su mente?

La memoria es fundamental, y conforme te vas haciendo mayor, más aún. Para escribir escarbo en la memoria vivida, que incluye la conducta propia y las observaciones de las conductas de las personas que te rodean, o mejor, el recuerdo de las interpretaciones que de las mismas hicimos en su momento. Luego hay que echarle fantasía para transformar ese material en una ficción creíble y atractiva.

¿Cuáles son los autores que más le han influido?

Henry James, Marcel Proust, Javier Marías, Carmen Riera, Jane Austen, y muchos más, incluso autores de género como Patricia Highsmith.

¿Mientras escribe se dirige a un tipo particular de lector?

No. Mientras escribo no pienso en los lectores, estoy concentrada en la obra que tengo entre manos. Si me gusta y después de darle muchas vueltas me sigue interesando y no me aburre, entonces pienso que vale la pena darla a leer a otros y que la disfruten.

¿Por qué se ha mantenido siempre fiel a la literatura realista y de tipo psicológico? ¿Nunca le ha tentado la novela negra tan en boga?

Quizás porque es lo que sé hacer mejor. Leo, de vez en cuando, novela negra y las que más me interesan son, precisamente, las que profundizan en los móviles ocultos del crimen. Me atrae el conflicto interno de los individuos, desenmascarar los motivos de su conducta. En mis novelas no hay crímenes, excepto en El juego de los espejos, pero sí hay intriga, maldad, al igual que la hay en la sociedad.

María García-Lliberós. Imagen cortesía de la autora.

María García-Lliberós. Imagen cortesía de la autora.

Al llegar a su séptima novela, ¿cómo contempla la evolución de su obra?

Pienso que ahora escribo mejor, he adquirido oficio. Mi obra evoluciona conforme lo hago yo. Me van interesando temas que cuando era joven no tenía en cuenta. El paso del tiempo, nuestro sentimiento de perplejidad e impotencia ante la enfermedad y la muerte cobran más importancia. Aunque siempre tamizados por el amor y el humor. ¡Qué perdidos estaríamos sin el sentido del humor!

La relación padre hijo es uno de los ejes de Diario de una sombra. ¿Qué opina sobre los profundos cambios que se han producido respecto a ese tipo de relación en nuestra sociedad?

Que hay cosas positivas y otras no tanto. Ahora entre padres e hijos existe una comunicación más fluida pero, al mismo tiempo, está surgiendo un gravísimo problema de violencia física o psíquica de los hijos hacia los padres. La figura del padre autoritario se está sustituyendo por la del padre sin autoridad. Hay que encontrar el punto justo.

Y en cuanto a la situación de la mujer, ¿la historia que cuenta en su diario íntimo la protagonista de su novela sería posible hoy día?

Algunas cosas sí y otras no. Los hechos que relato comienzan en 1972. Por fortuna, la sociedad en ese sentido ha mejorado mucho. Pero todavía existe mucha desigualdad en el mundo laboral y un machismo sibilino que envenena las relaciones humanas.

Asumir la responsabilidad de nuestros actos es uno de los mensajes del libro, pero por grave que sea la falta también reconoce una última posibilidad de redención.

Siempre. El protagonista, Gabriel Pradera, así lo entiende e intenta, a su manera, hacer justicia, aunque implique un supremo esfuerzo de expiación, el que le induce su cobardía.

Este año se han dado a conocer numerosos autores valencianos. ¿Vivimos una especie de Renaixença literaria?

¡Ojalá! Bienvenidos sean. Son síntoma de una sociedad inquieta y más culta.

Licenciada en Económicas y Ciencias Políticas, María García-Lliberós ha trabajado como funcionaria en el Ayuntamiento de Valencia. En los noventa inicia su carrera literaria con La encuestadora, Premio Gabriel Sijé, 1992. Con Equívocos y Como ángeles en un burdel recibió, respectivamente,  el Premio de la Crítica Valenciana y el Ateneo de Sevilla. El juego de los espejos, Babas de caracol y Lucía o la fragilidad de las fuertes son sus otros títulos, además de varios relatos cortos. Inspirada en Equívocos se rodó, en 2004, una película para televisión dirigida por Miguel Perelló y protagonizada por Imanol Arias  y Juli Mira. Diario de una sombra se presenta el 25 de noviembre en la Librería La Rossa de Benimaclet, el 3 de diciembre en El Corte Inglés de Colón, y el 10 de diciembre en la librería Ramón Llin.

María García. Imagen cortesía de la autora.

María García-Lliberós. Imagen cortesía de la autora.

 

El saqueo festivo de Iván Sikic

It’s My Party and I do What I Want To!, de Iván Sikic
99 globos ‘número 1’ de foil de 40 pulgadas / 49m3 de helio (aprox.) / 400 metros de cinta (aprox.) / 1 ladrillo de 1.7kg / Pan de oro de 22k / 7.000 chinchetas (aprox.)
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Hasta el 12 de septiembre de 2015

Según informa la agencia internacional Oxfam, los 80 individuos más ricos del planeta poseen una riqueza acumulada equivalente a la del 50 por ciento más pobre, es decir, tan sólo 80 personas cuentan con igual riqueza que 3,5 mil millones de individuos juntos. Y la brecha se sigue ensanchando. En enero de 2015, Credit Suisse y la revista Forbes reportaron que al 2016, más de la mitad de la riqueza mundial estará en manos del uno por ciento de la población.

Instalación de Iván Sikic en la exposición de la galería Luis Adelantado. Fotografía de Nacho López Ortiz e Iván Sikic cortesía de Luis Adelantado.

Instalación de Iván Sikic en la exposición de la galería Luis Adelantado. Fotografía de Nacho López Ortiz e Iván Sikic cortesía de Luis Adelantado.

Esta gran divergencia viene siendo caballo de batalla de un sinnúmero de movimientos de protesta, sobre todo los que surgen al cabo de la crisis financiera global del 2008-2011, entre los que destacan el Movimiento 15-M y Ocupa Wall Street. Este último acuña el eslogan Somos el 99% para denunciar la carencia de representación de la inmensa mayoría en la toma de decisiones políticas, económicas y sociales. Pensemos, por ejemplo, en el proceso de toma de decisiones que condujo al abaratamiento del costo laboral y la reducción del gasto fiscal que hoy azotan a España, Grecia y Portugal.

Este es el contexto político y social al que Iván Sikic responde en esta ocasión al presentar It’s My Party and I do What I Want To! – o Es mi fiesta y hago lo que me da la gana. En un rincón de la galería Luis Adelantado, 99 globos de helio mantienen a flote un ladrillo cubierto de pan de oro. Durante los dos meses que dura la muestra, cada semana se añade un nuevo globo para suplementar así a los que se vienen desinflando. Estos últimos permanecen, desinflados, en el lugar en el que caen, como crudo testimonio de que su reemplazo es tan barato como inevitable. En el suelo, un pequeño batallón de chinchetas indefensas dramatizan la inanidad de su postura ante el implacable ladrillo dorado.

Instalación con chinchetas de Iván Sikic en la exposición de la galería Luis Adelantado. Fotografía de Nacho López Ortiz e Iván Sikic cortesía de Luis Adelantado.

Instalación con chinchetas de Iván Sikic en la exposición de la galería Luis Adelantado. Fotografía de Nacho López Ortiz e Iván Sikic cortesía de Luis Adelantado.

El oro como foco de codicia y arma poética de denuncia es un tema recurrente en la obra del artista peruano Iván Sikic, quien hoy reside en Nueva York tras una década en Melbourne, Australia. El pasado abril, como parte de su obra más reciente, Saqueo, Sikic esconde una pepita de oro evaluada en poco más de 2.000 dólares entre toneladas de tierra en el interior de una mansión abandonada de su Lima natal.

Acto seguido, el artista invita al público a embarrarse las manos con la oferta de regalarle la pepita a quien la encuentre. Esta lúdica búsqueda del tesoro adquiere matices sombríos al considerar la arrolladora atracción de la minería ilegal que hoy da de comer a cientos de miles de peruanos a la vez que destruye comunidades y depreda el medioambiente.

La invitación a la reflexión libre y pausada a partir de elementos simples pero a la vez cargados de potencial poético es la estrategia preferida de Sikic, quien en distintas ocasiones también ha recurrido a la performance duracional -al estilo de Marina Abramovic o del legendario Tehching Hsieh- para representar su punto de vista. En esta oportunidad, tres elementos de utilería, el oro, las chinchetas y el helio, cobran vida al dramatizar la inclemente tensión entre las grandes mayorías y el siempre boyante, eternamente de fiesta, uno por ciento.

Instalación de Iván Sikic en la galería Luis Adelantado. Fotografía de Nacho López Ortiz e Iván Sikic cortesía de Luis Adelantado.

Instalación de Iván Sikic en la galería Luis Adelantado. Fotografía de Nacho López Ortiz e Iván Sikic cortesía de Luis Adelantado.

Jorge López-Canales

Felices 140: Sin conciencia moral

Felices 140, de Gracia Querejeta
Con: Maribel Verdú, Eduard Fernández, Antonio de la Torre, Marian Álvarez, Nora Navas, Alex O’Dogherty, Paula Cancio, Ginés García Millán y Marcos Ruiz
Guión: Santos Mercero, Gracia Querejeta

‘Felices 140’, la última película de Gracia Querejeta, es perturbadora. Un cierto desasosiego se va impregnando poco a poco en el cuerpo del espectador, que siente el silencio ensordecedor que inunda la pantalla cinematográfica. La trama y la intensidad dramática de ‘Felices 140’ penetra en el espectador hasta abandonarlo en un estado de cierta desolación.

Maribel Verdú, en un fotograma de 'Los Felices 140', de Gracia Querejeta.

Maribel Verdú, en un fotograma de ‘Los Felices 140’, de Gracia Querejeta.

Ahora bien, ¿por qué el espectador siente esa carga de desolación, cuando los personajes de la historia no sólo declaran sentirse felices, sino que además se les ve felices? El premio del euromillón que Elia (Maribel Verdú) comunica al grupo de amigos que reúne en una lujosa casa para celebrar su 40 cumpleaños, y que se traduce en nada más y nada menos que 140 millones de euros, es lo que desencadena esa felicidad que irá retorciéndose hasta alcanzar un brillo insospechado.

Santos Mercero y Gracia Querejeta construyen una historia basada en la idea que Freud manifestó en su ensayo titulado ‘El porvenir de una ilusión’: “Infinitos hombres civilizados, que retrocederían temerosos ante el homicidio o el incesto, no se privan de satisfacer su codicia, sus impulsos agresivos y sus caprichos sexuales, ni de perjudicar a sus semejantes con la mentira, el fraude y  la calumnia, cuando pueden hacerlo sin castigo, y así viene sucediendo, desde siempre, en todas las civilizaciones.”

Fotograma de 'Los Felices 140', de Gracia Querejeta.

De izquierda a derecha, Marian Álvarez, Antonio de la Torres, Alex O’Dogherty y Nora Navas, en un fotograma de ‘Los Felices 140’, de Gracia Querejeta.

Los ocho personajes de esta película coral son esos hombres y mujeres civilizados que en cuanto comprueban que el peso de la ley puede quedar en agua de borrajas, van dejándose llevar por cierto espíritu mezquino.

Por una parte, nos encontramos con la protagonista, Elia, magníficamente interpretada por Maribel Verdú, que sólo desea reanudar su relación con su ex pareja (Ginés García Millán), sin atender la negativa de éste. Una negativa que le abrasa de ira hasta alcanzar cotas imprevistas. Y, por otra, están los otros siete personajes arrebatados por una codicia, que aflora a medida que esos 140 millones del premio se convierten en objeto de un vil intercambio.

Paula Cancio y Ginés García Millán en un fotograma de 'Los Felices 140', de Gracia Querejeta.

Paula Cancio y Ginés García Millán en un fotograma de ‘Los Felices 140’, de Gracia Querejeta.

El drama de  ‘Felices 140’ se inicia tras el acto nuclear relacionado con esa ira de la protagonista. Un acto que se irá diluyendo, en favor del único valor verdadero que moviliza a estos personajes: su codicia y, con ella, el afán de riqueza, de poder y de éxito. Y para satisfacer esa codicia no les importa transgredir la ley, traicionar, mentir y defraudar.

Todo está permitido cuando los dilemas morales, los remordimientos, desaparecen tras el tupido velo de 140 millones de euros.

De ahí, probablemente, la desolación que siente el espectador una vez acabada la película. ¿O no?

Fotograma de la película 'Felices 140', de Gracia Querejeta.

De izquierda a derecha, en primer plano, Antonio de la Torre, Marcos Ruiz,y Maribel Verdú; detrás, Marian Álvarez y Eduard Fernández, en un fotograma de la película ‘Felices 140’, de Gracia Querejeta.

Begoña Siles

“Los 80 tuvieron mucha personalidad”

Abrir en caso de muerte, de Bel Carrasco
Carena Editors
Ámbito Cultural de El Corte Inglés
C/ Colón, 27. Valencia
Presentación: jueves 19 de febrero, a las 19.00h

“Los monumentos más importantes de una ciudad no son los que aparecen en las guías turísticas, sino los lugares donde sus habitantes viven sus primeros amores y desamores”. Es uno de los pensamientos que cruza por la mente del detective Samuel Campos mientras recorre Valencia de punta a punta en busca de unos fantasmas del pasado que se desvanecen nada más encontrarlos. Una bella y enigmática joven le ha encargado un caso muy distinto a los que suele ocuparse, y se entrega quizá demasiado a fondo a resolverlo. Por piedad por amor, o quizá por un larvado sentimiento de culpa. Con su tercera novela, ‘Abrir en caso de muerte’ (Carena Editors), la periodista Bel Carrasco dice que ha puesto una nota de color al género negro. “Amor, humor y un toque de fantasía”. El libro lo presenta Elena Casero el día 19 de febrero en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Colón, a las 19 horas.

Bel Carrasco. Fotografía: Vicent Bosch.

Bel Carrasco. Fotografía: Vicent Bosch.

‘Abrir en caso de muerte’. ¿No le preocupa que ese título dé aprensión a los posibles lectores?

¡Qué va! La gente ya no se asusta de nada (risas). Lo que me preocupa no es que abran o dejen de abrir el libro, sino que lo cierren antes de terminarlo de leer.

La acción se sitúa en otoño en la Valencia de 1986. ¿Por qué esa ubicación tan concreta? 

El otoño es mi estación preferida y Valencia la ciudad que mejor conozco. En cuanto a la fecha, 1986, fue un año importante con la entrada en Europa y en cierta forma de modernidad. Los ochenta fueron nuestra década prodigiosa con veinte años de retraso respecto a la que se vivió en Europa y América. Además de su excelente cosecha musical, la historia la recordará como el arranque de la mejor época que ha vivido España. Al principio todavía existía ilusión por el cambio, aunque luego todo se convirtió en codicia con la cultura del pelotazo, y en eso todavía estamos. Como periodista de la delegación de un diario nacional en Barcelona, asistí en primera fila a cambios fundamentales que asentaron  la sociedad del bienestar y de las libertades individuales.

Si vivía entonces en Barcelona, ¿por qué ambientó su libro en Valencia? ¿Patriotismo costumbrista?

Nada de eso. Valencia merece un lugar en el mapa  literario, y no estar siempre eclipsada por Madrid y Barcelona. Tiene sus defectos, claro está,  es altamente ruidosa, indefinida entre la gran urbe y la capital provinciana. Pero ofrece contrastes muy interesantes, desde las mansiones y palacios del centro histórico a las alquerías de las pocas huertas que van quedando o la Ciudad de las Ciencias, aunque en ese espacio concreto nos ha traicionado el barroquismo y sobran edificios emblemáticos. En mi opinión bastarían L’Umbracle y L’Hemisfèric. Los demás se los regalaría a los chinos.

Portada de 'Abrir en caso de muerte', de Bel Carrasco. Carena Editors.

Portada de ‘Abrir en caso de muerte’, de Bel Carrasco. Carena Editors.

¿Samuel Campos, el detective protagonista es de tipo americano o europeo?

Ni lo uno ni lo otro. Es de tipo mediterráneo, aunque no se parece  a Carvalho o al comisario Montalbano. Samuel es un tío de lo más normal. Un chico de pueblo con ansias de triunfar en el mundo de la música que ve sus sueños truncados y acaba siendo detective casi por accidente. Me interesaba crear un detective próximo y familiar, no un súper héroe de sangre fría y nervios de acero, ni un dipsómano deprimido o una personalidad extravagante, que son los prototipos detectivescos que más abundan en la novela negra.

Un relato de intriga, una novela fantástica y ahora se pasa al género negro tan en boga. ¿En la variedad está el gusto?

Efectivamente. Las etiquetas son necesarias para orientar al lector, pero en realidad todas las historias son la misma historia. La de unos seres humanos que intentan sobrevivir mientras buscan inútilmente la felicidad. ¿Qué hace que unas se leen y otras no? Quien responda esa pregunta tendrá la llave del mayor tesoro.

¿Periodismo y literatura son dos oficios bien avenidos?

Bien avenidos sí, porque en ambos se usan palabras. Aparte de eso son muy diferentes. El periodismo es centrífugo, de urgencia y codificado al máximo en cuanto a espacio y tiempo. La literatura es centrípeta, reflexiva y sin limitaciones. De hecho puedes pasarte toda la vida escribiendo un solo libro o repitiendo una y otra vez la misma historia. Lo que aporta la experiencia periodística es cierta agilidad ante el texto, siempre que antes lo hayas pensado mucho. Hoy día la frontera entre periodismo y literatura es muy difusa y porosa. Hay novelas que son crónicas periodísticas y artículos de opinión que son ensayos.

¿Tiene algún proyecto entre manos?

Voy por la mitad de un relato fantástico próximo a la ciencia ficción. Me encanta imaginar mundos paralelos y poner nombres a lugares que no existen. La literatura fantástica exige mayor inversión imaginativa y te otorga una gran margen de libertad, por eso me gusta. Pero también te obliga a mayor autodisciplina para que no se te vaya la olla o se te crucen los cables.

¿Qué significa para usted escribir ficción?

Una terapia que ayuda a huir de los miedos y miserias cotidianas. Un acto de autodisciplina y comunicación que se ejecuta en soledad y silencio. Domar el potro salvaje de la imaginación para que otros puedan montarlo contigo, y viajar a un lugar maravilloso donde vivir aventuras extraordinarias sin que nada ni nadie pueda dañarte.

Bel Carrasco ha trabajado en ‘El País’, ‘Las Provincias’, ‘Levante’, ‘Cartelera Turia’ y otros medios valencianos. Desde hace más de 15 años colabora en ‘El Mundo’ de la Comunidad Valenciana en temas de sociedad y cultura. Tiene el blog Zoocity en la edición digital. También colabora con la revista digital de arte y cultura www.makma.net. ‘Abrir en caso de muerte’ es su tercera novela. Ha publicado ‘El relojero de Real’ (Ediciones Atlantis), ‘Las semillas del madomus’ (Versátil) y varios libros colectivos de relatos.

Bel Carrasco. Fotografía: Vicent Bosch.

Bel Carrasco. Fotografía: Vicent Bosch.

Vicente Chambó

Sala Russafa estrena Matar al rey

Matar al rey, de Chema Cardeña
Sala Russafa
C/ Denia, 55. Valencia
Estreno: jueves 16 de octubre, a las 20.30h
Hasta el 9 de noviembre, 2014

Sala Russafa abre su nueva temporada acogiendo el estreno absoluto de la última pieza de Arden, ‘Matar al Rey’. Un thriller ambientado en la España del S.XV que tiene como protagonista al Rey Enrique IV y su repentino fallecimiento. Chema Cardeña es el autor y director de esta pieza que recrea situaciones históricas estableciendo paralelismos respecto a la convulsa vida social y política actual. El reparto está compuesto por Juan Carlos Garés, Rosa López, Iria Márquez, Jaime Vicedo y el propio Cardeña.

‘Matar al Rey’ es la pieza número 23 de la compañía valenciana Arden y, siguiendo su particular estilo,  vuelve la vista al pasado para ofrecer una nueva mirada sobre personajes y periodos históricos. En esta ocasión, la acción se traslada a la Castilla y León del S.XV, concretamente a la estancia de un alcázar de Madrid en el que se vela al Rey Enrique IV, fallecido en extrañas circunstancias, ya que el cadáver no presenta signos de enfermedad ni de violencia.

Fotomontaje de escenas de 'Matar al rey', de Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Fotomontaje de escenas de ‘Matar al rey’, de Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Sus familiares más allegados, entre los que se encuentra la reina consorte, Juana de Avis y Aragón; su hermana, Isabel la Católica, o Beltrán de la Cueva, valido y supuesto amante del Rey y de la Reina, están presentes en este velatorio repleto de intrigas. ¿Cuáles han sido las causas de la muerte del Rey? ¿O es que acaso ha sido asesinado? El ansiado poder que otorga ocupar el trono de Castilla convierte en sospechosos a los familiares y “amigos”.

Chema Cardeña escribe y dirige esta pieza que fotografía el alma de estos personajes del Medievo, estableciendo paralelismos con la actualidad. La codicia, la debilidad de la ética y la instrumentalización de las personas dan lugar a tramas novelescas que entremezclan historia real y ficción.

El reparto de este thriller medieval está compuesto por el propio Chema Cardeña, que interpreta al Rey;  Rosa López, Juan Carlos Garés, Iria Márquez y Jaime Vicedo, los cuales dan vida a los personajes que rodeaban a Enrique IV, un rey prácticamente olvidado e incluso considerado maldito.

Cartel de 'Matar al rey', de Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Cartel de ‘Matar al rey’, de Chema Cardeña. Imagen cortesía de Sala Russafa.

 

Gema del Rey. Palabras y razones

Becas Hábitat 2014: Gema del Rey
Espai d’art contemporani de Castelló (EACC)
C/ Prim, s/n
Hasta el 31 de agosto de 2014

“La política es muchas cosas a la vez, pero difícilmente podría ser alguna de esas cosas si no fuera en primer lugar el arte de traducir problemas individuales en asuntos públicos, e intereses comunes en derechos y obligaciones individuales. Los líderes son expertos en ese tipo de traducción. Les dan un nombre público (genérico) a problemas individuales, con lo que sientan las bases para un manejo colectivo de problemas que no podrían ser percibidos desde el interior de la experiencia individual, ni enfrentados por su cuenta por los individuos” (BAUMAN, Zygmunt. La sociedad sitiada. Fondo de cultura económica de Argentina, Buenos aires, 2004.)

Esa tutela “natural” a la que la población parece destinada ha dado lugar a innumerables abusos de poder bajo la proclama del interés general y del mal menor, según los casos. Lo cierto es que el veneno de la codicia se extendió en nuestra sociedad como forma de vida hegemónica. Se tendió a pensar que “más” es siempre mejor que “menos” y desde esa lógica se adoptaron las principales decisiones públicas y privadas que nos han llevado, paso a paso, a una especie de vía muerta. Salir de ese punto requiere de una catarsis colectiva que permita superar la magnitud de ese fracaso, pues fueron muchas las proclamas que alentaron el exceso como rasgo de identidad colectiva.

Gema del Rey, "ni xitxa ni llimonà". Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey, “ni xitxa ni llimonà”. Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey ha realizado un trabajo de investigación que ahonda en el sentido del hecho de coleccionar para, a su vez, recopilar una serie de frases procedentes de la cultura popular de Castellón y su provincia. El resultado es una colección de frases hechas que sirve como base para su proyecto “Ni xitxa ni llimonà”.

Castellón se debate entre su pasado agrícola y el boom de la construcción al que sucumbió en las últimas décadas, esa es la forma en la que los movimientos de lo global extinguen progresivamente lo local en un ejercicio de simplificación de la cultura. A la vez encontramos fiestas que veneran el folclore superficial, estetizado y desprovisto de cualquier resorte constituyente de sentido, como un dispositivo más de estereotipación social que conduce en la dirección opuesta a la recuperación de la identidad.

Gema del Rey, "ni xitxa ni llimonà". Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey, “ni xitxa ni llimonà”. Imagen cortesía de Gema del Rey.

La artista en su trabajo de campo ha llevado a cabo entrevistas y contactado con personas que han aportado el material de estudio propuesto. Frases que trenzan, que amarran, a los individuos a la colectividad a través de la memoria transmitida oralmente generación tras generación. “Descobrir-se el pastis”, “donar fum en lloc de llum”, “fer creure que un burro vola”, “omplir-se les butxaques”, “s’han acabat els torrons”, “quedar escaldat” son solo algunas de las frases recopiladas para el proyecto. La actualidad de las mismas deja patente la forma en la que el ser humano reitera sus errores, por más que su interpretación de acuerdo a las actuales circunstancias permite unas lecturas enriquecidas en matices que se aderezan con ejemplos impagables.

Gema del Rey, "ni xitxa ni llimonà". Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey, “ni xitxa ni llimonà”. Imagen cortesía de Gema del Rey.

La transformación de los modos de producción industrial en el campo de la agricultura ha hecho inviable la rentabilidad de los cultivos tradicionales, con el consiguiente empobrecimiento en las variedades autóctonas. Ese desequilibrio entre global y local dificulta el mantenimiento de formas de vida tradicionales que han sido desplazadas por la rentabilidad que hasta hace poco mostró el sector de la construcción. A la vez se empuja a la mano de obra más débil a estados de desprotección asimilables a algunos rasgos de esclavismo.

Con un cierto “abaixar-se els pantalons” muchos se deshicieron de los campos, que fueron destinados como superficies para la edificación: “ja l’hem cagat llauraor!”. Muchas de esas tierras forman ahora parte de un simbólico catálogo de obras inacabadas, como fantasmas omnipresentes que recuerdan cada día a los ciudadanos un pasado cercano que lastra el presente mientras proyecta su sombra más allá.

Gema del Rey, "ni xitxa ni llimonà". Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey, “ni xitxa ni llimonà”. Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey realiza con este proyecto un ejercicio de recuperación del “acento” propio de las gentes para reafirmar la riqueza presente en la sabiduría popular, esas bases a las que con tanta facilidad se infravalora como parte del ejercicio de simplificación cultural. La pérdida del lenguaje, la creciente inconsistencia en la transmisión de saberes de padres a hijos, la actual crisis ética y económica y la equivocada idea de progreso que nos ha traído hasta aquí son algunos de los ejes sobre los que ha pivotado la investigación que ahora se presenta. Elementos todos ellos presentes en la cotidianidad que nos ha tocado vivir, convertidos en materiales de observación, coleccionados por la artista con el propósito de lograr su fosilización. Mostrándonos esta verdad, se requiere la colaboración del espectador como elemento clave para la desactivación de una construcción social que ha llegado el momento de desmantelar. Devolver el poder simbólico a los ciudadanos implica la preexistencia de individuos dispuestos al empoderamiento civil, con una ruptura clara de la pasividad que ha definido los comportamientos grupales de la sociedad.

José Luis Pérez Pont

Gema del Rey, "ni xitxa ni llimonà". Imagen cortesía de Gema del Rey.

Gema del Rey, “ni xitxa ni llimonà”. Imagen cortesía de Gema del Rey.

De Jong y Courtillot en Luis Adelantado

Desengaño, de Folkert de Jong
Atelier Familial, de Delphine Courtillot
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Hasta el 4 de julio

Para la segunda exposición individual del artista holandés Folkert de Jong titulada ‘Desengaño’, De Jong muestra en primicia, su incursión en la cerámica y también algunas esculturas híbridas en madera tallada y bajo relieves. Folkert de Jong es bien conocido por su teatrales y narrativas recreaciones escultóricas que abordan temas como la guerra, la codicia y el poder tanto en la historia de la humanidad como en el presente.

La palabra desengaño en el contexto de la historia significa desilusión o un profundo sentido de transitoriedad, que normalmente es experimentado después del colapso o el declive de los imperios. Sabiendo que eventualmente siempre hay un renacimiento del arte y la literatura después de cada colapso de un sistema de poder, De Jong ve este tema como un punto de partida positivo para el concepto de su exposición.

Obras de Folkert de Jong en la exposición 'Desengaño'. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Obras de Folkert de Jong en la exposición ‘Desengaño’. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Tras la relectura del conocido ensayo de Walter Benjamin ‘La obra de arte en la época de la reproductividad técnica’ de 1936, De Jong se acerca de nuevo a temas como la autenticidad, la reproductividad, la singularidad, la originalidad y el valor del arte. Benjamin identifica “el aura” de la obra de arte con la singularidad, con la experiencia de lo irrepetible y analiza cómo la reproducción técnica destruye dicha ‘originalidad’.

Las esculturas de cerámica y las planchas de madera grabadas nos remiten a las formas y técnicas artísticas más tradicionales. Ásperas y descarnadas como los materiales a los que se acerca, las piezas de De Jong encarnan un horror grotesco y un humor macabro que podría recordar a la obra de los artistas europeos del siglo XX como Georges Grosz y James Ensor.

Obras de Folkert de Jong y Delphine Courtillot. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Obras de Folkert de Jong y Delphine Courtillot. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

La pieza central de la exposición, que preside la entrada de la galería, es la réplica del trono de la coronación de la familia real británica embadurnada de graffitis. La famosa silla que todavía se utiliza para la coronación de los reyes ingleses, mandada hacer por el rey Eduardo I en torno a 1296 para albergar la Piedra del Destino que fue usada, desde el siglo IX hasta el siglo XIV, para coronar a todos los reyes de Escocia. Con esta obra Folkert de Jong nos habla de la idea de fetiche, de ritual, del valor del patrimonio y en última instancia de la materialización del poder político encarnado en un objeto de arte.

Otra interesante aportación en la exposición es la colaboración con su esposa, la artista Delphine Courtillot. En esta línea de trabajos que recupera la utopía de las vanguardias artísticas, de una renovada búsqueda y sensación positiva en la colaboración entre las distintas disciplinas artísticas y artesanales, han creado juntos una serie de lámparas de sobremesa hechas de cerámica y telas pintadas a mano.

Obra de Folkert de Jong. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Obra de Folkert de Jong. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

El nuevo proyecto de Delphine Courtillot ‘Atelier Familial’ (Estudio familiar) es un proyecto utópico de un espacio creativo donde una familia simbólica invita a espíritus afines a unir fuerzas y revisar el campo de las artes aplicadas. En una era donde casi todo es manufacturado en China ‘Atelier Familial’ está ahí para inspirar a la gente a que haga suya la creación de los objetos de su vida cotidiana.

Nacido de la fascinación por los movimientos artísticos de principios del siglo XX desde el Art Nouveau, pasando por la Bauhaus y los talleres Omega con su constante dedicación a fundir los límites existente entre lo decorativo y las Bellas Artes, ‘Atelier Familial’ nos habla también sobre el idealismo de colaboración, contra la soledad del trabajo individual en el estudio, sobre experimentar con técnicas asociadas a la artesanía con la intención de crear objetos artísticos, que sean a la vez juguetonas e inventivas soluciones a los problemas de las restricciones técnicas, asociadas con el diseño de cosas que deben ser usables.

Obras de Delphine Courtillot en la exposición 'Atelier familial'. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Obras de Delphine Courtillot en la exposición ‘Atelier familial’. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

La primera exposición de objetos producida en ‘Atelier Familial’ se concentra en vestidos y collares inspirados por el taller Omega y la ropa avant-garde creada por las artistas Sonia Delaunay y Sophie Taueber-Arp (y también lámparas creadas en colaboración con Folkert de Jong).

Usando una forma básica prestada de la tradicional ropa guatemalteca y mexicana, un cuadrado o rectángulo con aberturas para la cabeza y los brazos, y motivos directamente pintados en el textil (tela/lienzo), la confección de las túnicas y los vestidos es la forma menos complicada imaginable de crear una pieza de ropa. Con el mismo planteamiento básico, muchos de los abalorios necesarios para crear los collares están hechos de barro seco pintado. Ropa y joyas son expuestas en la galería como si desafiaran su estatus funcional y recuperaran, en ese sentido, su estatus de pinturas, tapetes y esculturas en miniatura.

Obra de Folkert de Jong. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Obra de Folkert de Jong. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.