Es que me muero de risa con el mundillo del arte

Valencia. Enero de 2018

Hace unos días aparecía esta noticia a toda página en la contraportada de El País: “Una exposición repleta de falsos ‘modigliani’”

La contundencia de la noticia se vale por sí misma, ya no tanto por lo que dice cuanto por lo que significa. Decir repleta no es decir cualquier cosa, es decir, repleta. Tal y como el mismo subtitular reza con un tipo de letra intermedia:

“Un informe policial asegura que un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”

Exposición de los falsos Modigliani en Génova. Imagen extraída de la web de rtve.

Exposición de los falsos Modigliani en Génova. Imagen extraída de la web de rtve.

Lo cierto es que el Arte Moderno y Contemporáneo tienen sus cosillas. De hecho, son las cosillas que envuelven a ese Arte Moderno que comenzó a imponerse a finales del XVIII las que de forma previsible nos condujeron a su inevitable acabamiento. Y así le ha ido al Gran Relato que fue la Historia del Arte: que ha desaparecido en los bajos fondos de la Revolución Tecnológica. Aunque haya tanta gente que se muestre reacia a percatarse de esa desaparición, bien por inercia, bien por melancolía, bien por intereses económicos.

Así que el Arte fue un sueño -de la razón- que transcurrió entre Revoluciones, la Francesa y la Tecnológica. Ese periodo de tiempo en el que el Arte se imponía a dedo… ya no por Reyes, como en el Antiguo Régimen, sino por Expertos; críticos, exegetas, historiadores, marchantes, políticos y narcotraficantes. No hay persona mínimamente informada que no sepa que el Arte Moderno surge, precisamente, cuando la maestría y la excelencia (de un arte al servicio del Poder) fueron sustituidas por la sinceridad y la autenticidad de unos seres (artistas) que justificaban su presencia en el hilo narrativo de la Historia a partir de un relato hiper-racionalizado, valga la paradoja y en contra de las apariencias.

Uno de los falsos Modigliani expuesto en Génova.

Uno de los falsos Modigliani expuesto en Génova.

El caso es que ¡“Un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”!, dice la noticia […]. Perdón por la pausa, pero es que me da la risa y me cuesta escribir, se me emborrona la tinta con los lagrimones que se me escapan involuntariamente. Sobre todo cuando pienso en los más de 100.00 visitantes que salieron del Palacio Ducal cachondos por la ingesta de Alta Cultura. Si verdaderamente fueran dignos de tanta cultura exquisita exigirían la devolución del dinero de la entrada, y los padres y profesores pedirían compensación por los daños y perjuicios causados por la pérdida de autoridad ante hijos y alumnos. Me meo. Perdón, pero es que me imagino a esos profesores de instituto intentando culturizar a los amantes de Netflix señalando la genialidad de lo que habían hecho unos cuantos mindundis… y me meo. Perdón de nuevo, pero es que leo las conclusiones de la experta (Isabella Quatttrocchi) que ha analizado las obras expuestas, “están vulgarmente falsificadas” y es que no lo puedo evitar, me meo. Y perdón.

Uno de los falsos Modigiliani expuesto en Génova.

Uno de los falsos Modigiliani expuesto en Génova.

Alberto Adsuara

Christian Boltanski en La Lonja de Palma

“Sombras” de Christian Boltanski
La Lonja, Palma de Mallorca
Desde el 17 de enero de 2015

Christian Boltanski es uno de los artistas franceses vivos más reconocidos internacionalmente, fotógrafo, escultor y cineasta, conocido principalmente por sus instalaciones. Utiliza el sonido y lenguajes efímeros para abordar temáticas de gran relevancia actual, como la memoria colectiva, la identidad cultural y la manipulación social. Su obra ha sido incorporada en algunas de las colecciones más importantes del mundo

“Sombras” de Christian Boltanski (1944, París) es el primer proyecto expositivo de la serie de instalaciones basadas en sonido en el edificio de La Lonja en pleno corazón de Palma.

 Christian Boltanski, “Lichtmesz“, Kunst-Station Sankt Peter, Cologne, 2001 Imagen cortesía de la organización


Christian Boltanski, “Lichtmesz“, Kunst-Station Sankt Peter, Cologne, 2001
Imagen cortesía de la organización

Un mercado siempre ha sido un teatro. Comprar y vender cualquier cosa por un determinado valor requiere una convincente representación de los papeles de todas las partes que intervienen, así como un lugar adecuado para tal fin. El valor de cambio también es un valor de representación acordado en un juego social determinado. El teatro y el comercio siempre han sido actividades concomitantes en una sociedad, desde la Antigüedad clásica hasta las ciudades italianas del Renacimiento, los cuentacuentos de Yamaa el Fna o los brókeres de la City o de Wall Street. Por ello no es de extrañar que la Lonja de Mallorca, al ser un mercado, constituya también un espacio de representación. En cierto modo se trata de uno de los primeros lugares que ensalzan el mercado a través de una arquitectura evocadora de la catedral y el palacio. Es un espacio laico que, en su arquitectura gótica, representa la ambición de un nuevo poder económico emergente, el deseo de una nueva Historia, que se narrará en nuevos espacios cerrados cuyas proporciones amplían la casa burguesa y reducen las incertidumbres climáticas y sociales del espacio público abierto, en correspondencia con el progreso de una nueva economía, ya alejada de los espacios al aire libre de los puertos y las medinas del Mediterráneo. Esos serán los nuevos espacios de una nueva burguesía que en esta Lonja empieza a proyectar su propia expansión: fábricas, bolsas de valores, cámaras de comercio… En el interior de la Lonja de Mallorca se encuentra un ángel, identificado como «el ángel de la mercancía», un nuevo ángel sin correspondencia bíblica, pero con dotes de guardián del nuevo comercio, algunas de cuyas posibilidades luciferinas, cada vez más notorias y modernizadas en nuestros mercados contemporáneos, se desconocían por aquel entonces…

Christian Boltanski, "Sombras", La Lonja, Palma de Mallorca, 2015. Imagen cortesía de la organización

Christian Boltanski, «Sombras», La Lonja, Palma de Mallorca, 2015. Imagen cortesía de la organización

Ese es el contexto donde Christian Boltanski presenta ahora una nueva obra, hecha de sombras y susurros, en la línea de sus teatros de sombras, una serie que ha desarrollado en diversos momentos a partir de 1984. Cada teatro de sombras de Boltanski es una fantasmagoría. Pequeñas figuras metálicas recortadas se amplían en las paredes del lugar donde se proyectan. Su dimensión espectral se materializa en el engrandecimiento de las figuras, en su movimiento coreografiado mediante diversos efectos de enfoque, como si el espacio de la exposición se transfigurase en un inesperado ritual onírico y expresionista. Se advierte una dimensión carnavalesca en el mundo de sombras que nos representa Boltanski, un mundo que recuerda las alegorías de la danza macabra medieval, esa celebración libre e igualitaria de la vida a partir de la ostensible omnipresencia de la muerte, con sus máscaras, esqueletos y aderezos.

En el mundo de sombras creado en las paredes de la Lonja habitan ángeles que blanden guadañas junto a esqueletos y otras formas fantásticas, mientras se oyen los susurros que interpelan a la «vanidad», a propósito de la vida y la muerte. Como suele suceder en la obra de Boltanski, el espectador se encuentra en un teatro, pero un teatro en el que protagoniza el papel de invitado sorpresa durante una inesperada Noche de Walpurgis que lo enfrenta con la fugacidad de la vida, enalteciendo el momento festivo que surge de la conciencia de esa misma fugacidad. Las imágenes y el sonido le invitan a absorber un lugar transfigurado, desde su pasado conocido hasta su oscuro devenir. La sinestesia se manifiesta como una guía del viaje a través del tiempo que se propone al visitante para impulsar una conciencia más aguda del presente, del aquí y el ahora en el que se redefine el yo, desde los ecos de todas las conversaciones mantenidas en un lugar cuya arquitectura gótica entrecruza lo mundano con lo celestial, lo material con el deseo de espiritualidad, lo conocido con lo misterioso, hasta los reflejos de la luz y las sombras que en estas figuras condensan una alegoría de la vida y la muerte más allá de la tristeza o la alegría, del castigo o la recompensa prometidos por los infiernos y paraísos de una religión.

Christian Boltanski, "Sombras", La Lonja, Palma de Mallorca, 2015. Imagen cortesía de la organización

Christian Boltanski, «Sombras», La Lonja, Palma de Mallorca, 2015. Imagen cortesía de la organización

Si bien en la tradición occidental heredamos el concepto del arte como representación de la vida, Boltanski siempre ha trasladado este tema al ámbito de la invocación de la vida a partir del arte, más allá de su mera representación. ¿Podrá el arte representar una vida? ¿Cómo representar la singularidad de cada uno y la esencia común a todos en una traducción diferente de la condición humana? Tal como ha señalado el artista en otros momentos, «el arte sólo es arte» y «es necesario que la gente reconozca en el arte algún elemento de la vida, porque la vida es más conmovedora que el arte».[1] La vida que vivimos es lo que nos hace humanos o nos muestra que somos humanos dentro y fuera de la vida que compartimos con los demás, en un viaje permanente de ida y vuelta entre el individuo y el grupo, entre lo singular y lo universal.

Estos son algunos dilemas habitualmente reconocibles en la obra de Boltanski. Lo que nos hace humanos en la disparidad de nuestros recuerdos y en la parte de la memoria que dedicamos a los demás pueden ser nuestros nombres, los objetos que utilizamos, la ropa que vestimos, las conversaciones que mantenemos, la percepción del latido de nuestros corazones, los momentos que recordamos y los que no recordamos. La memoria recorre siempre la experiencia de la singularidad con los arquetipos que categorizan la expresión de la individualidad. Entre el recuerdo y la memoria, la obra de arte en Boltanski siempre trata sobre el factor humano de la humanidad, al tiempo que alerta a la conciencia sobre una historia que también pone de manifiesto los elementos deshumanos que han existido y persisten en la misma humanidad.

Christian Boltanski, "Sombras", La Lonja, Palma de Mallorca, 2015. Imagen cortesía de la organización

Christian Boltanski, «Sombras», La Lonja, Palma de Mallorca, 2015. Imagen cortesía de la organización

En la Lonja de Mallorca podrán evocarse (como ya se ha hecho anteriormente…) varios arquetipos culturales concebidos como referencias asociadas a los teatros de sombras: la caverna de Platón, los misterios medievales, las danzas de la muerte, el golem de la tradición judaica, los monstruos de los relatos chinos o de los teatros del sudeste asiático, las fiestas de los muertos en México, el Halloween, las catacumbas de Palermo… No obstante, la percepción del espectador se libera de tales intertextos cuando se somete al prodigio de la percepción lúdica, casi infantil, de estas sombras que Boltanski coreografía danzando por las paredes como imágenes de una linterna mágica, acompañadas por el susurro misterioso de las voces que oye el espectador. En el intersticio del encantamiento es donde la «pequeña memoria» de cada cual, por utilizar otra expresión del artista, se asocia a las impresiones del lugar y de su historia, así como a las impresiones de la propia teatralidad evocada. Un gran teatro se diluye en una constelación de pequeños teatros íntimos, del mismo modo que el espacio monumental de la Lonja, con todos sus antecedentes de actividad comercial, poder económico y político, se diluye en la atenuación del lugar a través de su reinvención mágica en un caleidoscopio de luz, sombras y sonidos. La inmaterialidad de sonidos e imágenes acompaña la desmaterialización del lugar que lleva a cabo el artista, oscureciéndolo en la coreografía de sus proyecciones.

Christian Boltanski, "Sombras", La Lonja, Palma de Mallorca, 2015. Imagen cortesía de la organización

Christian Boltanski, «Sombras», La Lonja, Palma de Mallorca, 2015. Imagen cortesía de la organización

La figura del esqueleto o la calavera siempre ha simbolizado la vanitas, a través de la cual los artistas representaban el carácter efímero y fugaz de los bienes materiales. En el tránsito entre la vida y la muerte, la figura humana se reconfigura y la conciencia de tal metamorfosis constituye un símbolo moral de la sabiduría. Ejemplo de ello era la calavera representada junto a San Jerónimo. La calavera y el esqueleto intimidan y asustan, aunque también divierten y fascinan. La moralidad de la reconfiguración de la figura humana en su esqueleto animado se pierde en el mundo de las transacciones que, por lo menos desde el Romanticismo y la Revolución Industrial, venden tanto almas como cuerpos y bienes… La primitiva historia de la fotografía aspira a fotografiar espectros fantasmagóricos y no esqueletos en movimiento… Así lo entendía Adelbert von Chamisso cuando describió, en su Historia de Peter Schlemihl (1814), un nuevo contrato fáustico en el que el protagonista vende su alma, pero no a cambio de conocimiento sino de una bolsa de oro inagotable…

Christian Boltanski, "Sombras", La Lonja, Palma de Mallorca, 2015. Imagen cortesía de la organización

Christian Boltanski, «Sombras», La Lonja, Palma de Mallorca, 2015. Imagen cortesía de la organización

Hoy distamos mucho de los tiempos en que la relación entre la vida y la muerte se concebía como una reconfiguración de una materia en otra, o incluso de una materia en sí misma (polvo eres y en polvo te convertirás…). Uno de los primeros que detectaron la sustitución de la reconfiguración por una desmaterialización que se produce en los objetos, en las mercancías, y se hace extensible a los cuerpos y las almas fue Marx, cuando afirmó que, en la economía de su tiempo, «todo lo que es sólido se disuelve en el aire»… Por ello resulta especialmente simbólica la coreografía de ángeles, calaveras y esqueletos que animan las paredes de la antigua Lonja de Mallorca. Boltanski forma parte de la antigua tradición que encarga al artista la ornamentación de las paredes palaciegas o sacras con una danza macabra que recuerda en la vacuidad de la vanitas la fugacidad de la vida, con la diferencia de que quien escoge el tema es, en este caso, el artista y no los poderes fácticos de su tiempo. Para ello se vale también de la imagen proyectada que posibilitan el cine y el vídeo de la época en la que vive, integrando sensorialmente al espectador en la situación teatral presentada. La propia exposición tiene carácter temporal: el encargo aceptado por Boltanski forma parte de una economía de lo efímero, en la que la obra de arte se integra, se asimila y se desmaterializa como proyección y sonido, lejos de los tiempos en que las danzas macabras eran fruto del encargo de un fresco, una tabla o un lienzo. En cuanto finalice la exposición, todo se desmontará y de los espectros de Boltanski solo quedará nuestra memoria. Que todo ello suceda en uno de los primeros mercados de la Europa mediterránea no deja de resultar interesante en un momento en el que estas sombras, estos espectros, esta danza macabra también se enfrentan a los nuevos mercados del arte de una economía globalizada, donde el arte actual se cuestiona y redefine ante el consumo de su propia fugacidad.

Siempre que veo los teatros de sombras de Christian Boltanski los asocio con la fuerte impresión que me causó la visita a una pequeña iglesia de Évora, una ciudad del sur de Portugal. Las paredes del interior de la iglesia están absolutamente cubiertas de calaveras, fémures, tibias y peronés, en conjuntos ordenados de categorías. A la entrada se puede leer una inscripción de marcada sonoridad en portugués, por la rima que contiene:

Nós, ossos que aqui estamos, esperamos pelos vossos…*

Vanitas.
A cada uno la suya…

João Fernandes


[1] Christian Boltanski en conversación con João Fernandes, «Dança Macabra», Guimarães, Portugal, 2012, folleto de la exposición.

* Los huesos que aquí yacemos aguardamos los vuestros… [N. de la t.]

Néstor Basterretxea fallece muy a su pesar

Fallece Néstor Basterretxea (Bermeo, 1924 – Hondarribia, 2014)
Escultor, pintor y cineasta vasco

Néstor Basterretxea Arzadun, escultor, pintor y director de cine, falleció el pasado sábado 12 de julio en su casa de Hondarribia (Gipuzkoa), a los 90 años de edad. Basterretxea nació en Bermeo (Bizkaia) y en 1936 se exilió junto con su familia, primero a Casablanca y luego a Argentina, según recoge Europa Press tras la noticia de su fallecimiento. En 1952 regresó a España y ganó el concurso para la realización de las pinturas murales de la cripta de la basílica de Arantzazu, en Oñate. Allí entró en contacto con el escultor Jorge Oteiza.

A finales de la década de los cincuenta formó parte de los grupos de vanguardia más importantes del campo creativo español: el Equipo 57 y el grupo Gaur, con Oteiza, Chillida, Mendiburu, Ruiz Balerdi, Amable Arias o Sistiaga, entre otros. A partir de 1963, y durante diez años, desarrolló su trabajo en el campo del diseño industrial, sobre todo en la decoración de hoteles y diseño de muebles. También practicó la fotografía experimental e hizo una exposición en Bilbao en 1969.

Una de las obras escultóricas de Néstor Basterretxea.

Una de las obras escultóricas de Néstor Basterretxea.

En 1982, una escultura suya, que representaba un árbol de siete ramas, resultó ganadora en el concurso de ideas, convocado por el Parlamento vasco, para presidir el hemiciclo. En septiembre de 1987 realizó su primera exposición individual en Madrid, en el Museo Español de Arte Contemporáneo. La antología, que constaba de 140 piezas, entre esculturas, pinturas, dibujos y collages, recogía distintas épocas de su actividad.

En 1988 se inauguró su obra Paloma por la Paz, de siete metros de alta por nueve de ancha, que se instaló en el paseo de Zurriola de San Sebastián, cerca del estadio de Anoeta. Otra obra suya, Monumento al pastor vasco, se encuentra instalada en la localidad de Reno, en el estado norteamericano de Atlanta. Además de la escultura y la pintura, también ha realizado cine, con cortometrajes como Operación H (1963), Pelotari (1964), y Alquézar, retablo de pasión (1965), y el largometraje Ama Lur – Tierra Madre (1966), además de varios documentales.

En Valencia, la galería Alba Cabrera fue quien se encargó de difundir su obra con dos singulares exposiciones. Su responsable, Graciela Devincenzi, lo recuerda como un artista «de una gran honestidad», al que la muerte le incomodaba «por absurda, debido a las muchas cosas que todavía le quedaban por hacer», según recuerda la galerista, que sentía un «profundo afecto» por el escultor vasco.

En MAKMA le dedicamos un artículo con motivo de su exposición antológica en el Museo de Bellas Artes de Bilbao el pasado año. Ésta es la reseña publicada acerca de su obra y su persona, que volvemos a editar a modo de homenaje.

Obra de Néstor Basterretxea, escultor vasco recientemente fallecido.

Obra de Néstor Basterretxea, escultor vasco recientemente fallecido.

Néstor Basterretxea (Bermeo, 1924) tiene los pies en el suelo, pero la cabeza siempre en otros sitios. Siendo nacionalista vasco, proyecta sus casi 90 años tan lejos como le da su fértil imaginación cosmopolita. Como él mismo ha dicho en más de una ocasión, pertenecer a una tierra no es un obstáculo, sino el punto desde el que partir hacia otros lugares. De hecho, su serie sobre Cosmogonía Vasca bien pudiera ser el lugar común de los mitos que otros pueblos abrazan. Formas particulares para transmitir sentimientos universales.

De ahí lo apropiado del título de la exposición antológica que le dedica el Museo de Bellas Artes de Bilbao: Néstor Basterretxea. Forma y Universo. Se trata de la retrospectiva más completa celebrada hasta la fecha de la obra del pintor y escultor vasco. Bueno, pintor, escultor y muchas cosas más, como lo demuestra la propia antológica, que repasa 60 años de trayectoria dividida en apartados que vienen a dar testimonio de la inquietud del artista.

De su interés temprano por la arquitectura y el urbanismo, pasamos a la pintura, el diseño industrial, los fotomontajes, su Serie Cosmogónica vasca y sus correlativas esculturas policromadas sobre culturas precolombinas. Además de los carteles, obra gráfica, volumetrías e incluso el cine. No había disciplina artística en la que Basterretxea no picara, atraído por las posibilidades creativas que cada medio rendía a su fértil imaginación. Cada apartado por separado hunde sus raíces en la capacidad expresiva del artista para sembrar en terrenos dispares. Terrenos que, sin embargo, acaban unidos por la línea de puntos del mapa universal que Basterretxea crea a partir de esa línea quebrada que él descubrió investigando sobre el plano.

Más de 200 piezas dan fe de esa forma singular de tratar la línea, hasta convertirla en trasunto universal. El Museo de Bellas Artes de Bilbao, al que Basterretxea ha donado ya un buen puñado de obras fruto de su vinculación emocional con el museo, despliega en una de sus salas ese universo del artista vasco, propiciando que se vea en un solo plano la multitud de formas que adopta su plástica imaginación.

Sorprendentes sus esculturas mitológicas, al igual que sus volumetrías, con esa Atlántida proyectada como museo de las ciencias para la central nuclear de Lemoiz. En esta línea, sorprenden igualmente sus fotomontajes: esculturas ubicadas en contextos imaginarios (ruinas románticas, jardines barrocos o selvas amazónicas). Y es que Basterretxea, con los pies siempre en tierra vasca, no ha parado de imaginarse otros mundos distantes que, siguiendo al poeta francés Paul Éluard, se hallaban en cualquier caso dentro del suyo. Un artista, pues, de las raíces al tallo.

El escultor vasco Néstor Basterretxea, en una imagen de rtve.es.

El escultor vasco Néstor Basterretxea, en una imagen de rtve.es.

Salva Torres

Lafosse: “El cine debe molestar al espectador”

Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia
29ª edición del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Celebrado del 20 al 27 de junio de 2014

A Joachim Lafosse le haces una pregunta y, lejos de tomarse el encuentro con los periodistas como un acto de obligado cumplimiento promocional, medita cada respuesta como si estuviera disfrutando de un buen solomillo. Sería una falta de decoro, pero a Lafosse se le ve tan a gusto respondiendo, que diríase tentado a rebañar cada palabra con la lengua. De manera que cada pregunta, en la distendida comida con el director de  perdre la raison (Perder la razón) en el restaurante Mar de Avellanas, se convertía en una aventura, quizás debida al impacto que le había producido el rodaje en Marruecos de su última película Les chavaliers blancs (Los caballeros blancos).

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

“Ha sido impresionante trabajar en un campamento con 50 niños de un montón de familias, mientras sobrevolaban helicópteros. Un caos del que todavía no me he repuesto”, dijo para abrir boca con los periodistas. Un caos que, sin embargo, parece gustarle a Lafosse, puesto que en varias de sus películas, sin duda en menor grado, participan niños con los que siempre resulta difícil trabajar. “Me gusta llevar las cosas al límite”, reconoció, para enseguida explicar su tendencia a mostrar personajes igualmente sometidos a excesos y contradicciones.

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

“El cine debe molestar al espectador”, por eso admitió que los personajes que más le gustaban eran aquellos que en principio parecían “luminosos y encantadores”, pero que luego terminaban siendo “malvados”. Un rasgo de carácter que el director de Nue propieté (Propiedad privada) suele inscribir en el marco de la familia. En esta película, por ejemplo, se ve al matrimonio protagonista recoger los cristales de una mesa rota durante el enfrentamiento entre dos hermanos. La fragilidad como denominador común de un cine que él entiende siempre al límite de lo permitido.

“Me gusta que el espectador se sienta incómodo con el comportamiento de los personajes”. Que no entienda, por ejemplo, la deriva de una pareja primero felizmente enamorada y luego en franco proceso depresivo, tal y como sucede en À perdre la raison. “Creo que es la película más dura que he hecho”. No se mostraba Lafosse especialmente satisfecho con la utilización del encuadre en esta película, estrechándolo mediante la aparición lateral de franjas borrosas. “Quise dar la impresión de que alguien acechaba a esa pareja, pero no creo que logré ese efecto”, admite con total sinceridad.

Fotograma de 'Lecciones privadas', de Joachim Lafosse.

Fotograma de ‘Lecciones privadas’, de Joachim Lafosse. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Para Lafosse, los personajes son el material del que se nutre, “como el periodista busca los hechos o el juez la verdad”. Pero matiza que, a diferencia de estos, los protagonistas de sus películas “no se instalan cómodamente en la realidad, sino que provocan emociones muchas veces contradictorias”. A Joachim Lafosse, que recibió el Premio Especial Luna de Valencia en la recién concluida 29ª edición de Cinema Jove, le gusta explorar esas contradicciones de sus personajes, hasta el punto de dibujar el perfil de lo que le gustaría ver en una pantalla: “Un superhéroe de los de Hollywood que a medida que avanza la película da un vuelco, desconcertando al espectador con su lado más oscuro”. Y agregó: “Una especie de Batman que al quitarse la máscara resulta ser el Joker”.

En À perdre la raison explora en esta dirección, aunque de forma muy sutil. El personaje benefactor, médico y amigo de la joven pareja protagonista, va descubriendo poco a poco su faceta opresiva. “Es quien va imponiendo sus normas y provocando el triste desenlace”, que Lafosse dijo haber tomado prestado de una noticia en prensa. Les chavaliers blancs dijo que se despegaba de esa tendencia en su cine por mostrar la doble faz, luminosa y oscura, de sus personajes. Y terminó de hablar para salir en busca de algún recuerdo de su visita a Valencia. Objeto de un deseo que, apuntó suavemente, “conviene también alimentar”.

El director belga Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de la 29ª edición del Festival Internacional de Cine de Valencia. Imagen cortesía de Cinema Jove.

El director belga Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de la 29ª edición del Festival Internacional de Cine de Valencia. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Salva Torres