Un juego siniestro de familias concéntricas

‘Parasite’ (‘Gisaengchung’), de Bong Joon-ho
Barunson E&A Corp, 2019
Corea del Sur
131 minutos
Fecha de estreno en España: octubre de 2019

‘Parasite’ganó la Palma de Oro 2019 del que suele considerarse que es el festival de cine más importante a nivel mundial, al menos en ese ambiguo ámbito que es el del cine de autor. Existen otros festivales en esa línea, pero lo que quizá caracteriza al francés es su afinidad histórica con los autores más postmodernos como Angelopoulus, Antonioni, Buñuel, Fellini, Haneke, los Cohen, von Trier… En esta edición, además, el director ganador, Bong Joon-ho, competía contra dos rivales muy representativos en este sentido, los cuales reaparecían con fuerzas renovadas: Pedro Almodóvar y Quentin Tarantino. Aunque la crítica ya ha comentado las claves más relevantes de ‘Parasite’, quizá es buen momento, ahora que queda un mes escaso para su estreno en España, para retomarlas y reflexionar sobre ellas.

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). Casa de los Kim (homenaje visual a Ozu).

Una de estas claves es el aspecto social, de lucha de clases que ordena la historia: una familia surcoreana pobre y avispada, los Kim, traza sobre la marcha un plan para hacerse pasar por todo tipo de profesionales de prestigio que, otra familia rica y deslumbrada, los Park, irá contratando paulatinamente a medida que caen en la red de los Kim. Sin duda hay algo de luchas de clases, pero lo interesante no es tanto este tema universal sino cómo Joon-ho lo va representando, por ejemplo, a través de los dos espacios en liza, un semisótano que acabará inundado físicamente por aguas fecales, frente al chalé de diseño construido por un arquitecto famoso, que igualmente se inundará simbólicamente por aguas similares.

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). Casa de los Park.

Es decir, la crítica social viene dada por una comparación no solo de contrastes, sino también por sutiles variantes que irán rebotando como un eco entrambos mundos mediante el montaje en paralelo. Este es sin duda uno de los mayores placeres que puede encontrar el espectador, estar atentos a esos ecos y similitudes que chocan entre sí a una escala de crítica social; pero que, sobre todo, vienen a señalar el aspecto más nihilista del filme: que ambos mundos se parecen más de lo que una apresurada lectura marxista puede concluir. En este sentido, no olvidemos que el plan de la familia pobre es, en última instancia, ser como los ricos.

Esos dos espacios contrapuestos conforman el potente nivel imaginario, de puesta en escena del filme, apoyado en la magnífica dirección de fotografía en formato digital de Hong Kyung-pyo –que ha dirigido la fotografía de otras dos películas de Joon-ho: ‘Snowpiercer’ (2013) y ‘Mother’ (2009)–.

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). Familia Park.
Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). Familia Kim.

En cuanto al aspecto más narrativo, el registro semiótico que hace inteligible la trama de ‘Parasite’, destaca en primer lugar el sólido guion con su sabia mezcla de géneros (comedia negra y de enredos, thriller y drama social) y, sobre todo, el hilado de toda esa serie de reglas sociales que los Park van mostrando como signo de casta social, así como todos los pasos o hitos que los Kim van literalmente escribiendo, a modo de libreto de una sátira funesta, para que su estrategia parásita triunfe.  

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). Inundación en casa de los Kim.

En cuanto al nivel de lo real, aquello que se situaría más allá de estos aspectos imaginarios y semióticos, va apareciendo paulatinamente, iniciándose en la inundación del barrio pobre, en los olores de la pobreza, aspecto éste que será uno de los desencadenantes indirectos de la violencia final o, de una forma más simbólica, en el suseok, la piedra ornamental o de paisaje que irá salpicando el relato y que aparece en el propio cartel del filme.

Pero como buen relato postmoderno, carece de una dimensión simbólica que articule esos tres niveles que pudiese dar sentido a lo que ahí sucede. Y, sin embargo, sí se percibe una interrogación que toca lo deseos más profundos del espectador, que tiene que ver con el suceso final en el que el padre de los Kim, finalmente, atraviesa esa línea de convenciones sociales que el relato bordea constantemente.

Esto empieza en la secuencia en la que los Park hacen un simulacro de acto sexual mientras vigilan al hijo pequeño, el cual está acampado con un tipi en el jardín de la casa. Unos minutos antes, justo en el centro del filme, el ama de llaves llega a la casa –a la que habían despedido para contratar a la madre de los Kim–, lo que dará lugar a la aparición de la tercera familia en discordia, pues descubrimos que el marido del ama de llaves ha estado oculto durante años en un sótano secreto, a modo de pesadilla dentro del imaginario idílico de los Park, pero que ahora será también la perdición del plan parásito de los Kim. Aquí se acaba de dibujar ya ese juego concéntrico y siniestro de interrelaciones entre las tres familias.

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). El hijo de los Park en su tipi.

La continuación, es un tour de forcé de comedia clásica a modo de slapstic o gag berlanguiano, es la escena sexual citada, en la que cabe destacar la construcción del laberíntico punto de vista visual que viene a resumir el filme: vemos cómo los Park se excitan sin pasar realmente al acto, introduciendo mutuamente sus manos bajo las ropas del otro, como si esas manos fueran, efectivamente, parásitos (el título original en coreano es en plural), mientras vigilan desde la distancia al hijo refugiado en su tipi plantado en el jardín, y mientras tres miembros de la familia Kim (más parásitos) se esconden bajo la mesa situada entre este y los Park.

El hijo, protegido por el tipi, lee con su linterna en la que quizá es una de las escasas referencias simbólicas –en este caso, de tipo heroico– en toda la película, cristalizada tanto en las pieles de animales del tipi, cazados con esas flechas y hachas (tomahawk) que el hijo va lanzando durante todo el filme, como en la fuerza del guerrero descansando en esa milenaria estructura arquitectónica de la familia nuclear del indio nativo norteamericano.

Sin embargo, al final del relato, ese lado heroico del nativo se descubrirá no desde lo heroico, sino desde lo más real que supone la representación de su cultura para los que miran desde este lado del cristal: lo salvaje y la muerte. El otro elemento simbólico, que sigue la misma nefanda suerte, es el de la piedra suseok citada, que pasa de ser un tradicional elemento votivo a convertirse en un arma letal. El disfrute del espectador aumentará si pone todo esto en relación con los géneros cinematográficos que el director va gestionando sabiamente a lo largo del relato.

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). La piedra suseok.

Otro buen ejercicio para disfrutar todavía más de ‘Parasite’ es no perder de vista los trabajos anteriores de Joon-ho, así como de otros directores orientales, como Hirokazu Kore-eda o, incluso, Yasujiro Ozu, que, aunque parecen muy alejados de su propuesta estética, sin embargo, tratan temas similares, sobre todo el de la disolución de la familia o, como mínimo, la sospecha generalizada sobre su valor actual.

Cartel de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019).

Lorenzo J. Torres Hortelano

“Tendremos carencias, pero la vocación es innegable”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Rafael Maluenda, director de Cinema Jove
Entrevista realizada por el equipo de dirección de Makma: Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont y Salva Torres

Rafael Maluenda jamás dirá una palabra más alta que otra. No, al menos, mientras asuma la dirección de Cinema Jove. Todo cuanto dice a micrófono abierto lo medita, lo rumia, lo valora concienzudamente. Sonríe a cada pregunta, tomándose el tiempo que haga falta antes de ser pasto de algún titular que afee el lugar que ocupa. Incluso cuando siente que alguna de esas palabras altisonantes ha podido salir de sus labios, la somete a deliberación delante del propio entrevistador.

-“¿Se conoce suficientemente el festival dentro de Valencia?”

-“Que pasen 24.000 espectadores por el festival me parece que está muy bien”.

-“Pero todavía hay gente que confunde la Mostra con Cinema Jove”.

-“Va por barrios, aunque efectivamente pienso que su difusión es mejorable”.

Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

“Cinema Jove está entre los cuatro primeros festivales españoles”

Dicho lo cual, Rafael Maluenda vuelve sobre sus pasos como queriendo borrar las huellas de ciertas pisadas. Lo suyo es el camino de baldosas amarillas que ha convertido el Festival Internacional de Cine de Valencia en un referente a nivel nacional y fuera de nuestras fronteras. “Cinema Jove está entre los cuatro primeros festivales especializados españoles”, afirma que reconoció públicamente Andrés Vicente Gómez, cuando estaba al frente del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA). Y para corroborarlo cuenta la anécdota de su viaje al Festival de Berlín, donde acudió al stand de Corea interesándose por una película del país asiático y la responsable, tras conocer su identidad, exclamó: “¿Cinema Jove? ¡We know!” (Lo conocemos).

Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, junto a Eva Montesinos, responsable de comunicación del festival, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Gala Font de Mora.

Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, junto a Eva Montesinos, responsable de comunicación del festival, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Gala Font de Mora.

La causa del éxito de Cinema Jove tal vez se deba a lo que el propio Rafael Maluenda señala: “Tendremos otras carencias, pero la vocación es innegable”. Gracias a esa vocación, a prueba de recortes, el certamen valenciano puede presumir de esa imagen nacional e internacional, con el presupuesto más bajo de los festivales de su condición: alrededor de tres millones los de Málaga y Sitges, y por encima de los 800.000€ los de Gijón y Huelva, al margen de los festivales generalistas de San Sebastián y Valladolid, por los 540.000 de Valencia.

“Cinema Jove pervive gracias al Ayuntamiento”

Pero el presupuesto no lo es todo, aunque condiciona. Más importante resulta la capacidad de difusión. “Hay muchos factores que influyen a la hora de la divulgación: la disponibilidad de salas y, en una gran ciudad como Valencia, los numerosos eventos culturales que compiten con el festival”. Y cita los casos de Valladolid o San Sebastián donde la semana del festival “se vuelcan con él; es su semana”. También apunta la importancia de “generar eventos que te lleven gente, como pueden ser los conciertos de rock” insertos en la programación de Cinema Jove.

Rafael Maluenda, pensativo, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Rafael Maluenda, pensativo, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

A Rafael Maluenda, es asunto recurrente, se le ha preguntado por la posibilidad de incorporar secciones de la finiquitada Mostra a la programación del festival. ¿Por qué no la incorporación de parte del 1.700.000 euros que se ahorró el Ayuntamiento al clausurarla? “Cinema Jove, lo digo con sinceridad, pervive gracias al apoyo del Ayuntamiento, que se hace cargo de las proyecciones de Viveros, de gran popularidad, dando visibilidad al festival atrayendo numeroso público”. El Ayuntamiento de Valencia asume los gastos del montaje (cabina de proyección, sillas, seguridad y cesión del espacio), lo que supone un montante de 27.500€. “Además del alquiler del edificio de la Almoina, sede del festival, más los gastos de luz y agua”, agrega Maluenda.

De izquierda a derecha, Salva Torres, Vicente Chambó, Rafael Maluenda y José Luis Pérez Pont, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Gala Font de Mora.

De izquierda a derecha, Salva Torres, Vicente Chambó, Rafael Maluenda y José Luis Pérez Pont, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Gala Font de Mora.

“El ICAA paralizó su ayuda por que la Comunidad no tenía sus cuentas saneadas”

Sólo 81.000 de los 540.000€ del presupuesto es dinero privado, “del cual 35.000 viene de Europa Creativa de la Unión Europea”. Y hasta que el ICAA resuelva este mes la ayuda solicitada, en torno a los 20.000€, no hay más dinero que rascar. El pasado año se concedió esa misma ayuda, pero Hacienda paralizó el destino de esa cuantía porque la Comunidad Valenciana no tenía sus cuentas saneadas.

Rafael Maluenda, haciendo equilibrios para sacar adelante el festival, delante del cartel de Cinema Jove en el Teatro Principal. Foto: Gala Font de Mora.

Rafael Maluenda, haciendo equilibrios para sacar adelante el festival, delante del cartel de Cinema Jove en el Teatro Principal. Foto: Gala Font de Mora.

Todo lo contrario de Cinema Jove, que goza de excelente salud, a raíz sobre todo de convertirse en festival que presenta películas de riguroso estreno en España (2002) y tras haber incorporado las nuevas tecnologías en su comunicación (2007): “Fuimos pioneros a nivel estatal”, subraya Maluenda. Global Player, del alemán Hannes Stöhr, será la película que clausure Cinema Jove el viernes 27. Antes ya se sabrá la película ganadora de la Luna de Valencia. Rafael Maluenda apunta que será…

Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Gala Font de Mora.

Salva Torres