El ‘Happy End’ del capitalismo

Happy End, de Salva Bolta
Teatro Principal
C / Barcas, 15. Valencia
Del 2 al 25 de diciembre de 2016

El Teatro Principal acoge la comedia musical ‘Happy End’, coproducida por la Diputación de Valencia y CulturArts de la Generalitat que se ofrecerá del 2 al 25 de diciembre. Se trata de una divertida ópera cómica en valenciano que reunirá a 28 intérpretes en el escenario bajo la dirección de Salva Bolta, así como una orquesta con la dirección musical de Jesús Salvador Chapi.

Basado en la obra de Bertolt Brecht y Dorothy Lane, con música de Kurt Weill, el espectáculo se sitúa en la Chicago de 1929 y guarda paralelismos con la sociedad actual porque se da un “triunfo absoluto del capitalismo”, señaló Bolta.

Esta producción de gran formato, que después de Valencia se trasladará a Alicante y Castellón, supone además la puesta de largo del Teatre del Poble Valencià, el sello de teatro público del Institut Valencià de Cultura.

Presentación de 'Happy End'. Fotografía de Raquel Abulaila por cortesía de Teatro Principal.

Presentación de ‘Happy End’. Fotografía de Raquel Abulaila por cortesía de Teatro Principal.

El conseller de Cultura Vicent Marzà agradeció a la diputada delegada de Teatros Rosa Pérez Garijo el esfuerzo de la Diputación por “mejorar el impacto de las políticas culturales”, un ámbito que las administraciones debían “relanzar a través de la producción propia”, según apuntó. En concreto, la producción de ‘Happy End’ ha supuesto 220.000 euros, en los que la Diputación y el Institut Valencià de Cultura han participado al 50%.

Impulso al teatro público

Pérez Garijo puso de manifiesto lo “fundamental” de la colaboración entre administraciones “para avanzar en políticas para el interés general” y aplaudió los “cambios que llegan con el nuevo gobierno” a nivel autonómico y provincial. En este sentido, la diputada afirmó que la Diputación ha pasado de ofrecer una producción teatral el año pasado a cinco durante el presente curso.

Además de ‘Happy End’, el ente provincial ha producido ‘En la orilla’ (de Rafael Chirbes con el Centro Dramático Nacional, K Producciones y La Pavana) y en el Teatro Escalante ha ampliado su producción a tres obras: ‘Les aventures de T. Sawyer’ (de La Teta Calva y Xavo Giménez) ‘Vives’ (de Gabi Ochoa y la compañía El Punto G) y ‘Els viatgers del temps’ (de Pot de Plom bajo la dirección de Xavi Castillo).

Cartel de 'Happy End', de Salva Bolta. Imagen cortesía de Teatro Principal.

Cartel de ‘Happy End’, de Salva Bolta. Imagen cortesía de Teatro Principal.

EL INFLUJO INTERNACIONAL DE EL QUIJOTE

‘Quijotes por el mundo’
Instituto Cervantes
Salas de exposiciones y red de bibliotecas
San Juan (Puerto Rico), Nueva York y Chicago (Estados Unidos), Londres (Reino Unido) y Rabat (Marruecos)
Hasta el 12 de octubre de 2016

La exposición ‘Quijotes por el mundo’, compuesta por 185 ediciones de Don Quijote de la Mancha en 56 lenguas, reúne por vez primera fondos de las 60 bibliotecas del Instituto Cervantes en todo el mundo. Con ella, se rinde homenaje a la presencia universal de la novela cervantina y a los traductores que la han convertido, a lo largo de 400 años, en uno de los libros más editados en todos los idiomas y en referente de la literatura española.

La exposición evidencia el influjo mundial el Quijote, una obra que desde 1612 se ha traducido -de manera íntegra o parcial- a más de 140 lenguas y variedades lingüísticas diferentes, y continúa traduciéndose hoy a nuevos idiomas como el coreano o el guaraní. El comisario es José Manuel Lucía Megías, vicedecano y catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense (Madrid), presidente de la Asociación de Cervantistas y coordinador académico del Centro de Estudios Cervantinos.

La muestra aborda por qué tantas lenguas y culturas se han acercado a la obra hasta el punto de convertirla en una de las más traducidas (la segunda del mundo después de la Biblia, según algunas tesis); por qué triunfó desde sus primeros años, cómo Gustavo Doré fijó el imaginario quijotesco, cómo grandes pintores han reflejado las aventuras de don Quijote y Sancho Panza o la forma en que se sigue ilustrando hoy en día.

Cartel de la Metro Goldwyn Mayer, presente en la exposición. Fotografía cortesía del Instituto Cervantes.

Cartel de la Metro Goldwyn Mayer, presente en la exposición. Fotografía cortesía del Instituto Cervantes.

Los libros expuestos proceden exclusivamente de la red de bibliotecas del Cervantes, que conservan una de las colecciones más completas del Quijote en diferentes lenguas, y que ahora por primera vez se exhibe y difunde para el gran público.

‘Quijotes por el mundo’ es un reconocimiento a la labor de los traductores, figura imprescindible de la difusión de la literatura en países que no comparten la misma lengua. Sin su mediación, el Quijote nunca habría alcanzado tal repercusión mundial, ya que el público no hispanohablante no habría podido conocerla ni disfrutar de ella.

El recorrido por la traducción a lo largo del siglo XVII hasta la actualidad es también un camino por el hispanismo y por el triunfo de éste en zonas muy alejadas, como la India, Vietnam o Corea, donde se ha traducido el Quijote directamente del español en los últimos años. En otros casos, las traducciones se efectuaron a partir de lenguas intermedias de cultura, como el francés, el inglés, el alemán o el ruso.

Ilustración de El Quijote perteneciente a la exposición. Fotografía cortesía del Instituto Cervantes.

Ilustración de El Quijote perteneciente a la exposición. Fotografía cortesía del Instituto Cervantes.

Además de las 185 publicaciones impresas, el visitante tiene la oportunidad de escuchar cómo suena hoy el Quijote en casi una treintena de lenguas. Para ello, el Instituto ha grabado en vídeo a otros tantos lectores de sus bibliotecas mientras recitan el fragmento ‘La definición de la poesía’, perteneciente al capítulo 16 de la segunda parte del Quijote.

La instalación audiovisual permite oírlo en idiomas como el bengalí, polaco, árabe, hindi, tagalo o turco. El español de España está representado por Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, mientras que al español de Hispanoamérica le pone voz Alicia Mayer, directora del Centro de Estudios Mexicanos de la UNAM en Madrid (México fue el primer país hispanoamericano donde se editó el Quijote). Asimismo tres lectores han grabado dicho fragmento en las lenguas cooficiales de España: catalán, euskera y gallego.

Por su parte, los ciegos podrán leer la obra a través del tacto, ya que se incluyen traducciones al braille, sistema de escritura y lectura que les permite acercarse a la obra. Para las personas invidentes se ha colocado parte de los 17 volúmenes de 120 páginas que ocupa el Quijote completo en braille, según la edición que la ONCE publicó en el 2004.

Ilustración de El Quijote perteneciente a la exposición. Fotografía cortesía del Instituto Cervantes.

Ilustración de El Quijote perteneciente a la exposición. Fotografía cortesía del Instituto Cervantes.

Las aventuras quijotescas también se han volcado a otros lenguajes artísticos, entre ellos el cine. La exposición dedica un espacio a las adaptaciones cinematográficas: se proyecta la película El Quijote cabalga por el cine, dirigida por Javier Rioyo, actual director del Instituto Cervantes de Lisboa, y se exhibe una veintena de carteles de películas inspiradas en la novela y realizadas en diferentes épocas y países.

Buena parte de las traducciones a otras lenguas han sido adaptaciones infantiles o juveniles: los futuros lectores del Quijote han sido un motor importante de la industria editorial y la difusión de la obra cervantina por todo el mundo. De ahí que se dedique una sección a estas múltiples adaptaciones.

 

Pepe Gimeno en el Instituto Cervantes de Chicago

Grafía Callada, de Pepe Gimeno
Instituto Cervantes de Chicago
31 W Ohio St. Chicago
Del 9 de febrero al 29 de marzo de 2016

Tras su paso por el Type Directors Club (TDC) de Nueva York, la exposición Grafia Callada, del diseñador valenciano Pepe Gimeno, sigue su viaje norteamericano que le lleva ahora hasta el Instituto Cervantes de Chicago, donde estará hasta el 29 de marzo. La muestra está conformada para ser vista como libro, pero desde el punto de vista de una lectura gráfica. La acción intencionada de separar contenido y forma, convierte la estructura gráfica del libro en su argumento.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno, en el Type Directors Club de Nueva York.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno, en el Instituto Cervantes de Chicago.

El proyecto está realizado en su totalidad con materiales y residuos encontrados en la playa. Con ellos, Pepe Gimeno ha creado sugerentes aproximaciones formales de distintas escrituras, antiguos jeroglíficos, alfabetos binarios y un buen número de motivos hasta conseguir que los fragmentos de piedras, cañas, tapones de plástico, restos de juguetes, conchas, colillas y cristales, se conviertan en mensajes cargados de expresión y de una enorme fuerza poética.

La exposición del libro se puede abordar con una doble mirada: una, con la lectura secuenciada y ordenada del conjunto de impactantes imágenes que contiene el libro, y la otra, con la observación directa y detallada de los objetos con los que están compuestas las sorprendentes piezas originales, dobles páginas en tamaño grande que conforman las páginas del libro.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno, en el Type Directors Club de Nueva York.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno, en el Instituto Cervantes de Chicago.

En el Instituto Cervantes de Chicago se exhibirán 20 de las 57 piezas que conforman su libro ‘Grafía Callada’, una colección de páginas compuestas a partir de materiales reciclados que revelan la fuerza de comunicación a través de los símbolos y sin necesidad de palabras.

Durante la inauguración el diseñador ofrecerá una conferencia para hablar sobre el proceso creativo que ha desarrollado a lo largo de los últimos quince años. Su trabajo es de carácter personal y se sitúa dentro del arte experimental y gráfico. Además de Nueva York y Chicago, Grafía Callada viajará a partir del mes de junio a Miami, al  Centro Cultural Español de Cooperación Iberoamericana.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno. Type Directors Club.

Grafía Callada, de Pepe Gimeno. Instituto Cervantes de Chicago.

 

Jose Cámara y sus ciudades entreveradas

Viatges prestats, de Jose Cámara
Sala de exposiciones de la Societat Coral El Micalet
C / Guillem de Castro, 73. Valencia
Hasta el 11 de abril

Es una especie de Doctor Frankenstein: coge trozos de imágenes dispares, para construir fotografías cuya vida nace de fragmentos sutilmente ensamblados. Pero un Frankenstein que, lejos de producir un monstruo dejado de la mano del diablo, lo que hace es fabricar una obra repleta de alegres vivencias, ocurridas en diferentes lugares, en tiempos distintos y por personas que, aunque tremendamente allegadas, disfrutaron por separado y a miles de kilómetros de cuanto la existencia viajera les ofrecía. Jose Cámara expone tan virtuosa mezcla de fotografías realizadas a imagen y semejanza del doctor Frankenstein, en la sala de exposiciones de la Societat Coral El Micalet.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats', en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’, en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

El conjunto lo ha titulado Viatges Prestats, sin duda acertado para explicar esa íntima relación entre las imágenes sacadas del álbum familiar de sus padres y las de su archivo personal. Con la minuciosidad del orfebre que va incrustando piezas armoniosamente, Cámara también construye sus imágenes tomando elementos de acá y de acullá para difuminar las partes a favor de un todo singular, preciso y cuya miscelánea desdibuja los límites fronterizos de los espacios allí representados.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

El espectador, interrogado por la mezcla de elementos, ciudades y viajes, realiza así su propio trayecto en busca de las costuras que Jose Cámara ha hecho desaparecer fruto de su gran pericia en el hilado de imágenes tan dispares. “Es un viaje compartido”, dice el artista. Compartido porque, como apunta el título de la exposición, Cámara ha tomado prestados los viajes de sus padres, para unirlos a los suyos. Pero compartido igualmente con el espectador, que imagina las conexiones entre ciudades tan diversas como Valencia, Orense, Tenerife, Miami, Las Vegas, Chicago, Estambul, Venecia o Berlín, sin solución de continuidad, ofreciéndole la posibilidad de un nuevo viaje a partir de sus propias sensaciones.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ de la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor

Hay muchos trayectos en esos Viatges Prestats de Jose Cámara, pero se pueden reducir a tres. Primero, el recorrido a cierto pasado a través de esas imágenes del álbum familiar, en tanto documento de época. Luego está el viaje, más técnico, por la brillante reproducción de esas fotografías, cuyo perfecto ensamblaje le ha llevado al artista “meses escaneando”. Y, por último, están los propios viajes prestados, cuya combinación de elementos produce esa “invención” de la que habla el propio Cámara. Invención que deriva en esa cualidad artística que terminan destilando muchas de las imágenes, sobre todo las más explícitamente intervenidas, con las huellas del negativo a modo de brochazo plástico.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats', en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’, en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Y volvemos al doctor Frankenstein, porque en las fotografías de Jose Cámara hay ese punto de extrañeza que revela todo cuerpo sometido a cierta cirugía. Por muy invisibles que sean las costuras de tan sutil zurcido fotográfico, lo cierto es que conmueve pensar en los misteriosos puentes que unen las vidas de unos padres con su hijo, tan alejados generacionalmente como de pronto compartiendo un mismo viaje fruto del trabajo artístico. Y del mismo modo que Woody Allen, manipulando ciertas imágenes, se puso en la piel de ciertos personajes históricos en su película Zelig, también Jose Cámara, en sus Viatges Prestats, se acerca como jamás hubiera sido posible al itinerario existencial de sus padres. Un viaje sin duda compartido fruto de la invención artística.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición 'Viatges prestats' en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jose Cámara en la exposición ‘Viatges prestats’ en la Societat Coral El Micalet. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Nacho Valle: «Que abran los ojos»

La galería Valle Ortí de Valencia cierra sus puertas tras casi cuarenta años. Nacho Valle ha estado al frente los últimos doce, cuando tomó el relevo a su padre, creando una apuesta con carácter propio que ha servido para proyectar a algunos de los nuevos valores artísticos de la órbita valenciana y abrir un camino de internacionalización en dos direcciones.

Conforme se ha ido deteriorando la política cultural en la Comunitat Valenciana, las galerías han mostrado una mayor voluntad de asumir en sus programaciones los riesgos y el apoyo a los creadores que las instituciones públicas han desatendido. Una situación que tiene su origen en decisiones políticas anteriores a la llegada de la crisis económica, pero que como cualquier veneno administrado progresivamente va mostrando sus efectos irreversibles. La sociedad globalizada y la deslocalización de las responsabilidades quieren mostrarnos que no hay un culpable determinable, aunque aquí conocemos sus nombres y apellidos.

Nacho Valle responde con franqueza a esta entrevista con un pie en Nueva York, donde ha asumido la dirección de la Y Gallery. No duda y apunta a los responsables de la situación de la cultura y el arte en Valencia. Las cosas no suceden sin más.
El silencio ya no es la opción.

José Luis Pérez Pont

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

En tu experiencia personal y profesional al frente de Valle Ortí durante estos años, ¿qué ha sido lo mejor y lo peor?

Lo mejor ha sido desarrollar un proyecto personal expositivo y poder contar con los artistas que me habían entusiasmado desde que empecé. Preparar las exposiciones, ir a los estudios, ver las obras que iban a la galería, recibir la visita del público en la sala, estar en las ferias, preparar los books y conocer a mucha gente dentro del mundo el arte.
Lo peor ha sido el desamparo que hemos tenido en la ciudad, darse cuenta que estamos completamente solos, que no les importamos, no tienen en cuenta el esfuerzo tan grande que estamos haciendo. Siempre quise hacer este proyecto aquí, en Valencia. Lo malo ha sido darme cuenta poco a poco de que no, que en Valencia no se puede hacer. Eso ha sido lo peor. Me he ido dando cuenta de las taras que tiene la ciudad, de los obstáculos que ha habido que ir salvando hasta que ha llegado uno que ha sido infranqueable.

 ¿Qué fue lo que te decidió para tomar el testigo de la galería? ¿Cuales fueron tus propósitos?

Siempre lo tuve bastante claro. La galería era algo que me encantaba, era un sitio mágico, hipnótico, también era un lugar con muchas cosas de mi padre. Mi padre era muy coleccionista –yo también lo soy- y en la galería había objetos, muñecos, esculturas, cuadros, había de todo, era un sitio al que me encantaba ir, además del contacto con las exposiciones y las inauguraciones. Cuando venían los artistas, que siempre eran muy amigos de mi padre, ver lo que hacían, cómo dibujaban, cómo escribían… me parecían una pasada. Cuando estaba estudiando me di cuenta de que quería empezar a ir de ayudante a la galería y poco a poco cuando volví de Londres tuve claro que quería llevarla en serio, pero la galería era de mi padre y por mucho que me decía “vas a llevarla tú”, pues en realidad no era así. Cuando ya tenía decidido que me iba a montar mi galería, qué tipo de artistas quería llevar y hasta tenía decidido donde la iba a poner –en el primer bajo donde Tomás March tuvo la galería Temple-, a mi padre le diagnosticaron cáncer y se paralizó todo. Hablé con mis hermanos y les propuse llevar yo la galería, ocupándome de la programación sin consultar con nadie. Me dijeron “sí” y con el tiempo les dije que la galería me gustaría quedármela yo y estuvieron de acuerdo. A mi padre le encantaba que yo estuviera involucrado con la galería, había mucha compenetración entre él y yo.

 ¿En qué medida crees que has influido mediante tu galería en el panorama artístico y cultural de Valencia? ¿Hasta dónde te habría gustado llegar?

No lo sé, me gustaría pensar que he influido, de hecho parte del bagaje anímico que me llevo es pensar que hemos hecho muy buenas exposiciones y que eso quedará en el recuerdo de la gente, de exposiciones que vio en la galería. Hay artistas que nos ha costado mucho traer, tanto a nivel personal de convencerlos, de involucrarlos en el proyecto, como a nivel económico de producción y de trabajo. Hay exposiciones que nos ha costado un gran trabajo montar. Recuerdo una que nos costó una semana y media trabajando día y noche haciendo turnos, uno llegaba y se iba otro, haciendo una instalación enorme, pidiendo colaboración a gente para tener suficientes proyectores, porque hemos hecho un trabajo de supervivencia, nosotros no podíamos permitirnos cuatro proyectores o unos focos de teatro… hemos colaborado mucho entre nosotros, entre algunas galerías. Pero se han hecho exposiciones que nos ha costado mucho hacer, me gustaría pensar que eso ha servido para que la ciudad pudiera disfrutar de una mejor calidad expositiva, con exposiciones que las instituciones no hacen. A nuestra galería siempre ha venido mucha gente, mucha gente joven, gente de la universidad y me gustaría pensar que hemos influido en ellos, en su creatividad, en su carrera, en sus iniciativas. Han sido diez años de exposiciones y yo siempre he intentado que tuvieran el máximo nivel.
Me habría gustado retirarme aquí. Siempre pensé que me jubilaría en la galería, en la calle Avellanas. Me hubiera gustado seguir incorporando artistas, seguir desarrollando el proyecto y hacer cada vez Valle Ortí más grande y más internacional, pero desde Valencia es muy difícil. Es complicado traerte a un artista que está exponiendo en Nueva York o en Londres a esta ciudad. Una ciudad que ya sabes que no va a tener ninguna influencia, que no va a vender nada, que no va a conseguir mucho… es muy difícil venderle que venga a Valencia, te va a decir: a Valencia, ¿a qué? Es duro, le tienes que decir que no va a vender, no le puedes engañar, en Valencia no hay coleccionistas y en la inauguración va a haber mucha gente joven pero no va a haber coleccionistas, porque en Valencia escasean. Y si los hay son tan especiales que prefieren irse a Madrid o Copenhague. Me he encontrado a coleccionistas de Valencia en inauguraciones en Bruselas, Copenhague… y gente que me decía que era un coleccionista valenciano, a pesar de que yo nunca lo había visto en la galería. Es frustrante. Llevo ocho años en ARCO, ¿cómo es que nunca ha pasado ese coleccionista por el stand? ¿Cómo nunca ha tenido la curiosidad o la inquietud de acercarse por mi galería? Eso es Valencia. Es duro. A mi personalmente me ha ido debilitando el ánimo, a pesar de que soy una persona con mucho ánimo, pero tiene un fin y llega un punto que entras en reserva. Me hubiera gustado llegar hasta el final, pero llega un momento que son demasiados obstáculos y no puedes seguir invirtiendo en una labor que no es la tuya por amor al arte y, o cambias, o vas a tener que empezar a bajar el nivel; para eso prefiero acabar. No voy a hacer exposiciones que no me gusten, ni más baratas porque el artista esté más cerca… no, no es mi objetivo ni el de la galería. Llegado ese momento decides.

¿Qué motivos han pesado más a la hora de optar por cerrar la galería?

Básicamente no se planteó un cierre como tal, era un cambio de localización, íbamos a cerrar el espacio de Valencia porque no tenía ningún sentido tener un espacio de 250 m. como el nuestro en el centro de Valencia haciendo exposiciones de artistas de Chicago –como el que tenemos ahora- con lo que ha costado el transporte de la obra y que viniera él… no tiene sentido. Yo no quería cerrar en Valencia, me unen muchos recuerdos a ese bajo y a ese nombre. Me ha costado mucho, me da mucha pena cerrar la galería de mi padre. Definitivamente nos hemos dado cuenta en el último año. La idea era que Valle Ortí siguiera on line hasta reinventarse de alguna forma. Ahora se va a reinventar en otro sitio, el proyecto sigue, pero la galería en Valencia cierra.
Me llevo a Nueva York el bagaje de Valle Ortí, con mis artistas, mis contactos y mis coleccionistas. Voy a hacer de los dos proyectos uno, voy a imprimirle el carácter de Valle Ortí. He encontrado este trabajo para dirigir la Y Gallery de Nueva York cuando en realidad no me ha dado tiempo ni a redactar mi currículum.
Si Valencia quiere un espacio tendrá que apoyarlo. Me voy porque no me han apoyado. Las subvenciones de 2010 a las galerías valencianas para ir a ferias las pagaron la semana pasada, más de mil cien días después. El IVEX todavía me debe dinero. Solo les preocupa hacerse la foto, se olvidan de que deben ayudar. En otras comunidades autónomas han recibido un apoyo que en la Comunitat Valenciana nunca hemos tenido. Las galerías que aguanten, que creo que van a ser dos, será con las ventas que realizan fuera en ferias. Por ejemplo, EspaiVisor podría estar en Berlín o en Motilla del Palancar, no le sirve de nada estar en Valencia, si está aquí es circunstancialmente. Eso es lo que le ha pasado a Valle Ortí, que nosotros estábamos haciendo un esfuerzo tanto físico como económico por tener un espacio aquí, pero hay cosas que ya no tienen sentido, ya no. Durante un tiempo sí lo tenía, pero cuando ya has cogido la velocidad de crucero que te permite estar donde tienes que estar no puedes ir hacia abajo, no puedes ir hacia atrás. En España una galería fuera de Madrid es difícil que pueda aguantar y yo a Madrid no me quiero ir. Como decía mi abuela, para hacerla “ben grossa”, si te vas vete.

¿Cuantas ventas has hecho a museos o colecciones dependientes de la Generalitat Valenciana o del Ayuntamiento de Valencia?

Una vez, una sola venta en doce años, hasta este año en ARCO que compraron a todas la galerías valencianas. Dos ventas en total a las instituciones públicas valencianas.
En una ocasión el IVAM compró toda una serie de la artista Cristina Lucas que yo había expuesto en la galería, pero la compra la hicieron a través de la galería Juana de Aizpuru de Madrid. Cuando necesitaron la información de la obra de Cristina Lucas no se la pidieron a Juana de Aizpuru, me la pidieron a mí, que ya es para echarse a llorar. Esa compra habría supuesto mucho para Valle Ortí, por una parte como crédito de la galería frente a la artista, además de una inyección de dinero importante que te aseguro que Juana de Aizpuru no la necesita. Esa es la realidad de esta ciudad, es como vivir en una familia desestructurada en la que tu padre es alcohólico y tu madre es ludópata y ves que tu única opción es irte de casa. Esto es lo que sucede en Valencia. La gente que maneja esto están enfermos de ambición o no sé exactamente el mal que tienen, pero esto es un desgobierno. Es una tras otra y debilita, no ya como galerista sino como ciudadano. He tenido cuatro negocios en Valencia y no invierto ni un euro más, ni un minuto más.

¿Cuantas veces has recibido en tu galería la visita de directores de museos valencianos y de responsables políticos en materia de cultura?

Dos visitas en doce años, y porque había un evento organizado por todas las galerías y era casi ineludible hacerlo, la otra vez fue la noche que se inauguró la temporada el año pasado.

 ¿A que crees que se debe esa desatención?

A que les da completamente igual todo. No tienen respeto, no tienen educación, no tienen consideración ni interés. Esto es como un cortijo, “ella” (refiriéndose a la directora del IVAM) compra lo que le da la gana sin ningún tipo de asesoramiento, hace las exposiciones que quiere… no está cualificada para nada de esto. Les da completamente igual. Ni siquiera tienen el respeto de pasar por las galerías valencianas, es tan flagrante la poca consideración y lo poco que les importa esta ciudad y el mundo del arte que no cumplen ni el mínimo canon de visitas y cortesía. En el polo opuesto te encuentras museos como Artium, dirigido por Daniel Castillejo, que está al pie de la calle, que es capaz de venirse de Vitoria a Valencia para la inauguración de un artista que le interese, que conoce a todos tus artistas, que sabe cuales son sus proyectos, que pregunta para saber de aquellos a los que no conoce. Ese museo que tiene mucho menos presupuesto que el IVAM está compuesto por gente joven, gente inquieta, gestores con ganas, con inauguraciones que concitan a profesionales de toda España, comisarios, galeristas, críticos, artistas… Cuando comparas las exposiciones que hacen con las que hace el IVAM es terrible. No puede usar el museo como si fuera suyo, y ella lo hace. Yo no voy en contra de un partido, de un museo ni de una señora, estoy en contra de lo que pasa. La gente se tiene que dar cuenta de que esto es insostenible.

Se ha hablado mucho del progresivo desprestigio del IVAM en los últimos años, ¿qué opinión tienes?

El IVAM no puede estar más desprestigiado. Lo sabe todo el mundo en Valencia, en España y fuera de España. El IVAM es como un pollo sin cabeza. No te sabría citar una exposición del IVAM, la última que recuerdo es de James Turrell y fue hace ya unos años. No va nadie al museo, nadie te dice voy a ir el domingo al IVAM. Vas a ver más arte en el rastro que en el IVAM. El desprestigio es total. Da igual que haya dinero o que no haya dinero. Las cosas se pueden hacer bien o mal y ella ha decidido hacerlas mal. Cuando decides comprar de golpe artistas chinos de ese modo, cuando haces exposiciones en el museo a tu peluquero o a tu diseñador, cuando metes a tu hijo en bienales… Hacer las cosas de ese modo es como quien va al rastro y compra lotes de vinilos y por uno de Mozart te dan otro de Georgie Dann. Ella misma se ha puesto el adjetivo y es impresentable, es sangrante, es doloroso. A ella la acuso directamente de gran parte de lo que pasa. Ella podría haber hecho muchas cosas y no las ha hecho. Ahí estamos.

¿En que medida crees que afecta a las galerías de arte valencianas la devaluación del IVAM?

Directamente, porque tiene una implicación total. El IVAM era la imagen de la ciudad, era el buque insignia. Eso nos da y nos quita. Se supone que las galerías tendríamos que ir de la mano del IVAM y tendría que contar con nosotros. El IVAM tiene que tener un contacto con la ciudad, tiene que hacer un patriarcado con las galerías y mantener una relación tanto con artistas nacionales como con artistas internacionales. El IVAM tiene que dar oportunidades a los jóvenes artistas valencianos y ayudar a consagrar a los que ya tienen un trabajo. Un museo como el IVAM, que tiene en sus fondos obras de artistas que nadie sabe quienes son, es alucinante que no tenga obras de artistas valencianos como Xisco Mensua, Mira Bernabeu o Chema López. Es increíble, porque además los ha visto crecer. Se pueden realizar millones de actividades donde los artistas participen, el IVAM debería dirigir la política cultural. Con un IVAM completamente despótico y prepotente como el que tenemos todo eso se enturbia y no se consigue nada. No se puede meter la cabeza en el agua porque no se ve. Otra ciudad sería Valencia si el IVAM hubiera hecho en estos años todo lo que en realidad ha dejado de hacer.

 ¿Cómo ves la situación artística y cultural en Valencia?

Muy mal. Vamos a ver, la situación artística la veo bien en cuanto a que en Valencia hay un gran potencial a todos los niveles, hay una gente increíble. Pero ese potencial increíble no se ha podido desarrollar como en otros sitios. Veo grupos de artistas que representan al País Vasco, Madrid o Andalucía que lo han tenido más fácil que aquí. No hemos sabido encontrar el camino, aunque creo que hemos tenido más obstáculos que en el resto de España y no solo a nivel artístico, también a nivel musical, etc. A nivel intelectual alternativo le veo un gran potencial, dentro del zombieland en el que vivimos, dentro de esta plaza sitiada, de esta casa tomada, hay un 5% que resiste. Cada vez se van a ir más, yo cada diez días tengo una despedida de alguien que abandona Valencia. Se ha trabajado mucho para aguantar. A mi me ayudaron mucho Tomás March y Pep Benlloch, pero no se ha podido. Se ha intentado pasar el testigo pero llega un momento en el que deja de tener sentido. Mi proyecto aquí es inviable y más con el tiempo que viene. Hay gente como Álvaro de los Ángeles que después de tanto tiempo ha tenido que volver a trabajar en una galería, porque no era capaz de vivir como crítico, a pesar de ser un crítico extraordinario. ¿Quién escribe mayoritariamente en los catálogos de las instituciones públicas valencianas y a quien se encarga los comisariados? Habitualmente a momias totalmente alejadas de la realidad. Son todo continentes sin contenidos, catálogos que son carne de reciclaje, sin sentido. No se cuenta con la gente cualificada, muchos ya se han ido, pero aún quedan. Quedan artistas jóvenes que creo que son muy buenos, pero no se cuenta con ellos, como tampoco se cuenta con los jóvenes críticos y comisarios ni se ha contado con las galerías. No se cuenta con nadie y al final la gente tiene que hacer trabajos de guerrilla desde espacios non profit, con cero presupuesto, pidiendo los marcos a no se quién y haciéndolo todo por amor al arte. Pero por amor al arte uno se cansa, no puede ser así toda la vida. No puede haber artistas lavando platos, deberían tener menos obstáculos. La gente está preparada, pero no se cuenta con ella. La vida cultural la veo insuficiente. La gente con dinero no quiere apoyar la cultura, quiere coches, quiere eventos, pero no quiere eso y sin ese apoyo no se puede mantener el sistema del arte. La oferta cada vez será menor.

¿Alguna sugerencia a quienes tienen en sus manos la posibilidad de marcar una nueva hoja de ruta?

Sí, que sean más humildes, muchísimo más humildes. Que salgan a la calle y tengan contacto con la vida cultural valenciana. En cuanto hagan un pequeño esfuerzo van a recibir mucho más de lo que están dando. Que intenten colaborar con los artistas, que intenten hacer exposiciones que tengan sentido, que no quieran dirigirlo todo. Que vean los proyectos que hay, que consulten con otra gente, que sean menos caciques. Por ejemplo, que pregunten a Nuria Enguita, a José Luis Pérez Pont, a Álvaro de los Ángeles qué podría hacerse en el Centro del Carmen. Se podrían hacer cosas con sentido que implique a los profesionales y coleccionistas valencianos, en vez de traer colecciones de no sé donde que nadie se entera. Que vean la temperatura de la ciudad, que pidan consejo… pero es que no lo van a hacer. Que abran los ojos, porque los tienen cerrados. Pero no lo van a hacer. En Valencia la gente tiene que dar un paso al frente y decidir el tipo de ciudad que quiere, la ciudad tiene que despertar.

¿Qué retos te planteas para tu nueva etapa al frente de la Y Gallery en Nueva York?

Quiero imprimirle un poco del carácter de Valle Ortí. Esta galería que está ubicada en Nueva York y muy enfocada a Latinoamérica, quiero imprimirle un carácter más europeo a nivel artístico, de coleccionistas y de estilo. Nuestra galería siempre ha sido una galería que no ha sido como otras galerías españolas, hemos intentado incorporarle una estética de artistas nórdicos, nuestro proyecto ha sido un proyecto muy personal, creo que allí puede encajar muy bien. Mis objetivos son internacionalizarla un poco más. Básicamente trabajar, porque a mí este trabajo me encanta. A mí las semanas se me hacen cortas. Creo que va a ser más fácil y más difícil. Más fácil porque voy a tener una respuesta inmediata de la gente y más difícil porque voy a tener que trabajar muchísimo más. Mi objetivo es también intentar hacer ARCO, quisiera lanzar puentes entre los dos proyectos, linkearlo todo. Definirlo y seguir desarrollando el proyecto que aquí se había quedado finito. Tirar para delante y seguir lo que han sido estos últimos diez años de Valle Ortí. Hemos estado formándonos para lo que viene, para cada vez hacerlo mejor. Cada vez que volvía de la feria de Basel miraba y veía que la galería era mejor que el año anterior. Es seguir con esa inercia, pues aunque la galería ha ido evolucionando, en Valencia habíamos entrado en una inercia que no era agradable y me estaba desgastando mucho. Tengo 41 años y me quiero comer el mundo, lo necesito. Quiero acción.

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo

Nacho Valle, en la galería Valle Ortí de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo