Un ‘calaix’ lleno de niños

‘Calaix’, de Sonia Rayos y Silvana Andrés
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museo 2, València
Lunes 21 de septiembre de 2020

Los niños son algo más que invitados bienvenidos. Son los protagonistas de una serie de actividades pensadas para ellos y sus familias que dinamizarán este otoño los claustros del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) los fines de semana. El 19 de septiembre se abrió un nuevo espacio permanente para público familiar, iniciativa pionera en el ámbito de la educación artística orientada a la apropiación ciudadana del espacio público.

El sonoro vocablo calaix (cajón en valenciano) ha sido elegido para dar nombre a este proyecto, puesto en marcha en colaboración con el equipo de Arquilecturas, dirigido por Sonia Rayos y Silvana Andrés. Con él se da continuidad a la propuesta Espai de Telles centrada en la primera infancia de cero a tres años, pionera hace cuatro años implementando un nuevo proyecto dirigido al público familiar, con actividades diseñadas específicamente para la etapa de tres a seis años, pero abierta a todas las edades.

‘Calaix’, en el claustro gótico del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC). Imagen cortesía del centro del Consorci de Museus.

“’Calaix’ entiende el claustro gótico como un gran playground de cien metros cuadrados, en el que los niños y niñas son recibidos por la institución como ciudadanos de pleno derecho, dando un giro al modo en el que los visitantes se relacionan con la cultura», dice Silvana Andrés. “A partir de ahora, cuando el público infantil visite el Centre del Carme, será la institución la que tratará de adaptarse a su forma de habitar y de apropiarse del espacio. El principal objetivo será facilitar mecanismos que ayuden a activar la iniciativa personal para que la infancia sea protagonista de su propia visita brindando la oportunidad de interactuar con el espacio”.

‘Calaix’ es una gran propuesta de construcción para niños que puede llegar a medir más de 100 metros cuadrados, con infinitas posibilidades. La actividad estará disponible cada sábado y domingo de 11:30 a 13:30. El material se repartirá por unidad familiar o grupo de convivencia estable, hasta completar aforo.

‘Calaix’ convertirá los pasillos del claustro gótico en un patio de recreo o taller de construcción de manualidades con material de ensamblaje y otros objetos reciclados. «Queremos ser ser una gran despensa que suministre material no estructurado que no siempre podemos tener al alcance en nuestras viviendas», añade Andrés. «Además, se irán incorporando materiales durante todo el año, en función del excedente de material generado por la actividad del propio centro. Será un espacio en continuo crecimiento y transformación, un espacio flexible, un espacio de juego libre, pero sobre todo un espacio en el que los niños y las niñas generarán cultura».

‘Calaix’, en el claustro gótico del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC). Imagen cortesía del centro del Consorci de Museus.

El circo también inauguró el sábado un nuevo ciclo mostrando cómo es por dentro el mayor espectáculo del mundo de la mano del Gran Fele. Una clase magistral que realizará un repaso por todas las disciplinas del circo, desde malabares, acrobacias, monociclo, alambre y hasta payasos de manera entretenida, desternillante, con diversión asegurada.

El Consorci de Museus y Rebombori Cultural celebraron el pasado domingo, 20 de septiembre, la vuelta al cole con un especial de ‘CCCContes’, con una adaptación del cuento de ‘El principito’. El próximo 27 de septiembre, el Centre del Carme, en colaboración con Utem Escola de Música, ofrecerá una nueva sesión del taller ‘Mu’n’ Babies’ en el entorno de la exposición ‘Acciones cotidianas’ de Maribel Domènech. Una nueva propuesta en la que los bebés de cero a tres años, acompañados por sus familias, pueden experimentar sus primeros pasos en el museo a través de la música.

Todas las actividades se realizan con reserva previa, hasta completar aforo, para garantizar las medidas de seguridad e higiene que marcan las autoridades sanitarias. Por otra parte, dentro del programa ‘CCCCenCasa’, la página web del Consorci de Museus y del Centre del Carme ofrecen más de 30 talleres y propuestas artísticas para hacer desde los hogares. A ellos se suma el canal podcast ‘#CCCContesenCasa’, ofrecido por Rebombori Cultural.

Un niño entre las bambalinas de ‘Calaix’. Imagen cortesía del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC).

Bel Carrasco

Edu Comelles o el sonido que entra por los ojos

‘Spectre. Hacia un lenguaje visual desde lo auditivo’, de Edu Comelles
Sala Dormitori
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museu 2, València
Hasta el 15 de noviembre
Lunes 14 de septiembre 2020

Un amplio espectro de tonalidades rítmicas junto a un igualmente amplio surtido de espectros o fantasmas interiores generados precisamente a través del sonido. He ahí, resumida, la propuesta de Edu Comelles, artista plástico (“yo era grabador profesional que procedo de las Bellas Artes”) obsesionado con producir imágenes a través de un alambicado juego sonoro. Por eso, decir que maneja un espectro de frecuencias del que salen imágenes espectrales es decir prácticamente lo mismo. Por seguir al filósofo Thomas Carlyle, “la vida es un espectro que se mueve en un mundo de espectros”, a los que Comelles, habría que añadir, saca excelente partido.

El Centre del Carme acoge en su Sala Dormitori, dedicada “a proyectos que mezclan arte y tecnología”, subrayó José Luis Pérez Pont, director del Consorci de Museus, la exposición ‘Spectre. Hacia un lenguaje visual desde lo auditivo”. Se trata de su primera muestra individual en Valencia, lo cual no deja de ser chocante cuando hablamos de un artista sonoro con amplia y brillante trayectoria. “Es un proyecto de hace cuatro años, en el que mediante la utilización de imágenes espectográficas muestro sonidos a través de la mirada, la luz y el grabado”, explica Comelles, cuya pretensión es “generar imágenes en la cabeza del espectador, que deberá tratar de descifrar qué sonidos se ocultan detrás de ellas”.

Vista de la exposición ‘Spectre. Hacia un lenguaje visual desde lo auditivo’, de Edu Comelles. Imagen cortesía del Centre del Carme.

La exposición cuenta con una serie de fotograbados (‘Portraits’), un gran paisaje plástico (‘A secret music’), una serie de ocho piezas que, a modo de mensajes sonoros encriptados, sugieran momentos de la vida privada del artista (‘Fleeting moments’), y la más estrictamente sonora (‘Birthday’), que viene a traducir las ondas inaudibles de nuestros dispositivos móviles en algo más audible y repleto de texturas inquietantes, tal y como el fotógrafo de ‘Blow-up’, de Michelangelo Antonioni, captaba con su cámara cuando ampliaba al máximo las imágenes.

“El sonido imaginado es el más sugerente”, resalta Comelles, para explicar ese arte sonoro al que todavía no se le presta la atención debida. “En Inglaterra hay tradición y cultura y, de hecho, en los conservatorios se da arte sonoro, mientras que aquí en Valencia estamos a años luz”. “Se entiende mejor desde las Bellas Artes que desde la música”, añade, lamentando esa distancia que observa aquí entre ambas disciplinas y las instituciones que las representan: Facultad de Bellas Artes y Conservatorio. “En otros países están pegados, mientras que aquí están muy separadas entre sí, incluso en estructuras de pensamiento”, subraya.

Edu Comelles
Edu Comelles, junto a una de sus piezas. Foto: MAKMA

Volviendo al núcleo de su exposición, Comelles insiste en la idea del arte sonoro como algo próximo y nada extraño: “Es muy expresivo, muy primario, y parte de la idea clásica de observación, de belleza visual”. Alude a la contemplación, a ese dejarse llevar por el sonido, como motor del arte que él viene practicando desde que lo descubrió hace más de una década en Estocolmo y profundizó en ello en Edimburgo. “No se trata de entenderlo, sino de disfrutarlo”, dice quien apela a romper las barreras del elitismo: “Cuando no te enfrascas en un lenguaje complejo, resulta fácil”.

Es, principalmente, lo que él hace: traducir esa supuesta complejidad técnica y algo tan sencillo como escuchar con atención cuanto nos rodea, incluyendo los propios ritmos de nuestro cuerpo y de la naturaleza. “Es un medio increíble, porque dispara la imaginación”. Y cuenta cómo al presentar su arte sonoro en algunos pueblos, al principio observa cierta reticencia pero al final se le acerca la gente para expresarle su gratitud por lo escuchado. De nuevo, la sencillez: “El sonido tiene un poder evocador”, que nace de la “capacidad del cerebro para imaginar sonidos y dibujarlos con la mente”.

Vista de la exposición ‘Spectre. Hacia un lenguaje visual desde lo auditivo’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Utiliza la situación reciente de confinamiento por culpa de la pandemia, para ahondar en esa “intimidad mediada por la tecnología” de la que se nutre el arte sonoro. “Vivimos en una sociedad visual que ha dejado en un segundo plano lo auditivo”, remarca. Por eso conviene cerrar de vez en cuando los ojos y dejarse llevar por la escucha. En este sentido, Edu Comelles lo que hace es traducir a imágenes lo imperceptible, siguiendo aquella vieja interrogación: ¿Qué significa oír el silencio sino escuchar lo que no alcanza a ser dicho?

“Lo que ‘Spectre’ busca es invitar a la contemplación de unos sonidos perdidos bajo un lenguaje visual metafórico”, explica el artista. En ‘Portraits’, por ejemplo, ha reunido una serie de grabaciones de amigos músicos, traduciendo al grabado las imágenes espectográficas salidas de las diferencias rítmicas de cada uno de los instrumentos empleados por sus intérpretes. “Aquí hay un chelo y es muy claro porque se ve la división por frecuencias”, señala ante uno de esos cuatro grabados en blanco y negro producto de las distintas combinaciones de graves y agudos.

Comelles subraya cómo la exposición “explora la necesidad de imaginar a qué suenan las imágenes” presentes en la Sala Dormitori del Centre del Carme y, a través de lo que considera un “ensueño”, poder “reflexionar sobre la importancia de la escucha”. Por eso dice que su obra siempre está inacabada, esperando un nuevo sonido inadvertido que pide ser traducido en imágenes. Edu Comelles sigue, en este sentido, lo expresado por el escritor André Gide: “Todas las cosas son ya dichas, pero como nadie escucha hay que volver a empezar siempre”.

Vista de la exposición ‘Spectre. Hacia un lenguaje visual desde lo auditivo’, con Edu Comelles, en el centro, contemplando una de sus piezas. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

Cuando el cartel diseña la idiosincrasia del territorio

‘Prohibit Fixar Cartells. REA. Cartells valencinas 2000_2020’, de VV.AA.
Comisarios: Boke Bazán y MacDiego
Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana y Asociación de Diseñadores de la Comunitat Valenciana (ADCV)
Sala Carlos-Pérez
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museo 2, València
Hasta el 8 de noviembre
Viernes 11 de septiembre de 2020

Asevera el laureado diseñador José María Cruz Novillo (Premio Nacional de Diseño 1997) que “si el arte es un viaje de ida, el diseño es un viaje de vuelta”; un trayecto de vínculos y reciprocidades que, entre otras resoluciones y formatos, erige al cartel en una extremidad compositva determinante por las razones morfológicas y semánticas que configuran su naturaleza creativa.

Y así parece corroborarse en la muestra colectiva ‘Prohibit Fixar Cartells. REA. Cartells valencians 2000_2020‘, una exposición que procura una ubérrima travesía “por el mapa territorial” de la Comunidad Valenciana durante las últimas dos décadas –al calor inmediato de la designación de València como Capital Mundial del Diseño 2022–, mediante “600 carteles de 365 autoras y autores de las diferentes generaciones, en un comienzo de siglo en el que la creativadad valenciana goza del mayor prestigio”, tal y como se rubrica en el texto curatorial, comandado por los artistas Boke Bazán y MacDiego.

Una exhibición antológica –que acoge la Sala Carlos-Pérez del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC), hasta el 8 de noviembre– organizada por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana y la Asociación de Diseñadores de la Comunitat Valenciana (ADCV), que se “entronca con la tradición del cartelismo valenciano”, afirma Bazán, cuyo propósito, “más allá de buscar únicamente la excelencia tipográfica o estilística, lo que pretende es trazar una panorámica”, a modo de sinopsis, de cuantas singularidades han venido a definir, a través de este soporte, la idiosincrasia estética de las instituciones públicas y del tejido empresarial privado –dos figuras imprescindibles para el devenir profesional del diseño, en tanto que “esto no pasa si no hay un cliente que haga el encargo. Entidades públicas y empresas que confían en la cultura y en la creatividad y que, precisamente, permiten que todo esto suceda”–.

Una evolución, semántica y cualitativa, que ramifica su influjo, además, por el vasto entorno del espacio público, en tanto que «la sociedad también demanda una mayor calidad en el paisaje gráfico urbano, y eso nos hace mejores como sociedad», reflexiona María Lapiedra, directora de comunicación de Valencia Capital Munidal del Diseño 2022.

Así mismo, rememora MacDiego, no sin cierta mordacidad, que “la historia del cartel valenciano, hasta los años setenta y ochenta, era una, y cuando el señor Mackintosh entró en nuestra casas pasaron cosas que afectaron al modo de trabajar”. Por ello, en la presente exposición “se pueden ver”, igualmente, “pequeñas diferencias entre lo que pasaba hace veinte años y lo que pasa ahora”.

Detalle compositivo de una de las salas que acoge ‘Prohibit Fixar Cartells. REA. Cartells valencinas 2000_2020’. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Y tales disimilitudes asientan buena parte de sus raíces tanto en la transformación de la gestión política como en la «implantación de un tipo de contratación a nivel profesional conseguido en los últimos años», matiza Ángel Martínez, presidente de la ADCV, para quien este factor ha devenido en un «aumento de la calidad del diseño gráfico y general que se ve reflejado en la exposición».

Un progreso que transita, a la par, por el devenir tecnológico, cuyo desarrollo afecta y modifica el curso del cartelismo en su extremidad última y representativa, en tanto que el cartel se encuentra “en un momento de cambio genético”, refiere Bazán, ya que, aún cuando “es objeto de exposiciones y acaba siendo objeto de coleccionismo”, en los últimos años “se está despojando del papel a causa de los medios digitales”.

En ese sentido, recuerda el artista y comisario, “ya trabajamos y diseñamos en digital, movemos en digital y presentamos y reproducimos en digital; no únicamente por los medios y redes sociales, sino porque los propios mupis y otros espacios de representación ya lo son”.

El diseñador subraya, de igual modo, la existencia y disponibilidad de “carteles que tienen movimiento (representados en la exposición a través de un monitor), incluso con sonido”, cuestión que le conduce a sugerir una ineludible interrogante: “¿Podemos seguir llamándole cartel a esto?”.

Cartel
Detalle de dos carteles pertenecientes a la exposición ‘Prohibit Fixar Cartells. REA. Cartells valencinas 2000_2020’. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

La casa tomada y replicada de Jiménez Landa

‘El apartamento’, de Fermín Jiménez Landa
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museu 2, València
Hasta el 29 de noviembre
Jueves 10 de septiembre de 2020

“Has llegado a tu casa y, al entrar, has sentido la extrañeza de tus pasos que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras”, señala el poeta Luis Rosales. “Venimos a olvidar, a olvidar todas las cosas, absolutamente todas. Olvidaremos a las personas, lo que sabemos, todo lo que hemos hecho”, le dice Paul (Marlon Brando) a Jeanne (María Schneider) en ‘El último tango en París’, donde ambos viven una pasional historia de amor en un piso diríase sin alma, deshabitado.

Fermín Jiménez Landa se hace eco de esa extrañeza y de ese vacío de la vivienda donde, como en ‘La casa tomada’, del escritor Julio Cortázar, ciertas sombras se adueñan del espacio, para realizar un “trabajo poético” en una “exposición rara”, según palabras del propio artista.

Fermín Jiménez Landa, entre los muebles guardados en la exposición ‘El apartamento’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

El apartamento’, proyecto expositivo seleccionado de la convocatoria ‘Escletxes’ del Consorci de Museus de la Generalitat Valenciana, viene a ser una reflexión en torno a ese espacio interior de la casa que, casualmente en tiempos de pandemia, ha cobrado un protagonismo imprevisto.

Jiménez Landa lo que hace es replicar perimetralmente en la Sala 1 del Centre del Carme un apartamento próximo al espacio museístico, previamente alquilado y vaciado de muebles que, sin desembalar, son almacenados en el centro cultural. De esta manera, el artista establece un diálogo entre el apartamento recreado a modo de performance y ese otro apartamento vaciado, cuya dirección no ha sido revelada como parte del extraño diálogo expositivo.

“Es un trabajo escultórico y minimalista de vaciar algo y exponerlo”, explica Jiménez Landa, con cierto halo misterioso: “No hay nadie allí, no se sabe lo que ocurre dentro”, refiriéndose al piso alquilado que grupos reducidos podrán visitar, guiados por él tras vendarles los ojos para que no sepan la ubicación. “Es un cubo blanco, un no lugar, en el que habrá ciertas intervenciones”, apunta. La reverberación entre el apartamento recreado (“el rodapié se ha hecho a escala 1:1 y en la misma orientación”) y su referente, permite al artista provocar en el espectador la extrañeza que guardan las casas deshabitadas.

Una joven, ante una de las obras de la exposición ‘El apartamento’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Cierta sombra agrega más extrañeza al proyecto, puesto que Jiménez Landa ha realizado con felpa negra la forma exacta de la sombra que arroja el edificio donde está el piso alquilado, medida exactamente un 4 de julio a las 10.51 horas. Sombra poética y área perimetral arquitectónica dándose la mano, para dibujar el perfil de un proyecto que aúna la racionalidad y el enigma que destilan las cosas muertas, ya sea por su embalaje o su descubrimiento inesperado tras liberarse de su función ordinaria.

Así sucede con las esquinas de la casa, de las que el artista sacó un molde de yeso, o las elipses pintadas en una pared, que asemejan la luz que se cuela por una persiana y que Jiménez Landa ha respetado, a modo de huella evocadora.

‘El apartamento’, que se puede visitar en el Centre del Carme hasta el 29 de noviembre, contiene cierta “frustración” y el “acto de fe” que supone imaginar el parentesco entre ambos espacios: el recreado en el museo y el posteriormente visitado, para quien así lo desee. Frustración al advertir que ambos lugares guardan zonas de sombra imposibles de iluminar del todo (como el propio inconsciente) y acto de fe, en principio necesario para adentrarte en la ficción propuesta. “Hay una cierta imposición al espectador: debe usar su imaginación para reconstruir lo que se omite a la vista”, señala Jiménez Landa.

Vista de la exposición ‘El apartamento’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Imaginación, incluso, para lo que, sin omitirse, requiere abrir la mirada, con el fin de liberarse de la “grosería” de nuestros órganos perceptivos, por utilizar el adjetivo empleado por Roland Barthes. De hecho, el apartamento expuesto en el Centre del Carme viene a ser la prolongación enigmática de ese otro apartamento vacío, cuyas huellas en forma de polvo y objetos abandonados tienen su traslación natural en los muebles (“ready mades”) guardados en el espacio museístico.

La exposición se irá completando con una serie de fotografías tomadas durante las visitas al apartamento alquilado. Fotografías que reproducirán, de nuevo, esa extrañeza que envuelve el conjunto. Extrañeza de los pasos, aludida por Rosales, que sin duda los espectadores que acudan con antifaz al piso referenciado sentirán, junto a la extrañeza de los muebles que embalados como fantasmas pueblan la Sala 1 del Centre del Carme.

Para la visita, explica el artista, al público se le venda los ojos en la puerta del museo “para que no sepan exactamente dónde queda el apartamento”. “Pueden ver de nuevo al entrar, provocando una sensación de extrañeza en la relación del apartamento con el museo”, añade Jiménez Landa, quien dice proponer una “nueva mirada a lo cotidiano”.

Jiménez Landa
Fermín Jiménez Landa junto a José Luis Pérez Pont, director del Consorci de Museus. Imagen cortesía del Centre del Carme.

‘El apartamento’ conjuga por tanto el trazado arquitectónico y la mirada curiosa de quien sabe que, más allá de los planos, surge el misterio del espacio vacío. Lugares deshabitados que, sin embargo, reclaman la participación activa de un espectador dispuesto a llenar ese vacío con su memoria. Por muy errática que sea esa memoria y por distantes que se hallen los apartamentos puestos en extraño diálogo por Fermín Jiménez Landa.

Vista de la exposición ‘El apartamento’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

Monterrosa abre los ‘Deseos’ de Russafa Escènica

Russafa Escènica. Festival de otoño
Diversos espacios de València
Del 23 de septiembre al 4 de octubre de 2020
Viernes 4 de septiembre

El festival de otoño Russafa Escènica acaba de publicar el contenido de sus actividades paralelas, cerrando así la programación de la X edición del festival. Se trata de un conjunto de propuestas, la mayor parte de ellas dirigidas a profesionales, que invitan a reflexionar sobre el lema de la edición, ‘Deseos’. En total son nueve las actividades paralelas que se desarrollarán dentro y fuera del barrio de Ruzafa entre el 23 de septiembre y el 4 de octubre. 

El dúo de technopop Monterrosa será el encargado de abrir Russafa Escènica 2020 en la fiesta de inauguración que acogerá el Centre del Carme Cultura Contemporània el miércoles 23 de septiembre, con la colaboración del Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana. El grupo, habitual en muchos festivales de música, transmiten un mensaje de diversidad y reivindican la diferencia a través de música bailable y pegadiza. 

Russafa Escènica
Celso Giménez (La Tristura), en las actividades paralelas de Russafa Escènica. Imagen cortesía del festival de otoño.

La formación para profesionales de las artes escénicas nunca falta en las actividades paralelas del festival. En este caso, destaca el curso de artes vivas del director y dramaturgo Celso Giménez (La Tristura) ‘Después de hacer el amor siempre pienso en el trabajo’. Las sesiones, del viernes 24 al sábado 26 de septiembre tendrán lugar en el Centre del Carme Cultura Contemporània. 

A este curso se le suman dos talleres: de escritura teatral con la autora, actriz y directora Begoña Tena, ‘Escribir desde el deseo’, y de interpretación conducido por el director, dramaturgo y guionista Víctor Sánchez, ‘El artificio de la verdad’. El primero se desarrollará en la Sala SGAE Centre Cultural de Valencia el lunes 28 y martes 29 de septiembre. El segundo se llevará a cabo en la Sala Matilde Salvador del Centro Cultural La Nau de la Universitat de València entre el jueves 1 y el sábado 3 de octubre. 

La actriz y directora Begoña Tena impartirá un curso de escritura teatral en Russafa Escènica. Imagen cortesía del festival de otoño.

También habrá espacio para debatir y tomar el pulso a la situación de las artes escénicas. En este sentido, Teresa de Juan, distribuidora y gestora cultural, propone una charla dirigida a jóvenes emprendedores culturales Venta y distribución de las artes escénicas’. Por su parte, el 4 de octubre se ha programado una mesa de debate y opinión con agentes y asociaciones del sector de las artes escénicas. Un encuentro abierto que lleva por título ‘Ayudas para el sector de las artes escénicas ¿un deseo imposible?’

Todos los años el festival Russafa Escènica invita a un grupo de programadores a nivel nacional y autonómico con el objetivo de presentarles las propuestas que componen la programación de cada edición. Este año, el equipo de a+ soluciones culturales coordina un encuentro entre compañías y programadores, ‘Deseo que me conozcas’ en formato de speed-dating en el que los primeros tendrás un espacio breve de tiempo para presentar sus proyectos.

Teresa de Juan, en las actividades paralelas de Russafa Escènica. Imagen cortesía del festival de otoño.

Como ya es habitual en el festival, por cuarto año consecutivo se convoca el IV Premio de Dramaturgia Russafa Escènica posible gracias a la colaboración de la Fundación SGAE a través de su Consejo Territorial de la Comunidad Valenciana. Se trata de un reconocimiento a una de las piezas cortas de teatro textual que forman parte de la programación de la edición 2020, con el objetivo de dotar de recursos al creador o creadora para que pueda transformarla en pieza larga. Para ello contará con la colaboración de Begoña Tena.

La edición ‘Deseos’ cerrará el 4 de octubre con una fiesta de clausura en la Sede de la Universitat Popular de València (Naus de Ribes) exactamente en la entrada del Parque Central de Valencia. En ella se hará entrega del Premio de Dramaturgia Russafa Escènica y se contará con la actuación de Roberto García, con su espectáculo ‘Roberberación’. 

El dúo Monterrosa. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

MAKMA

De Manhattan a Ruzafa. ‘Artivismo drag’

#MAKMAArtistas #MAKMAOpinión | MAKMA ISSUE #02
Andrés Herraiz Llavador | De Manhattan a Ruzafa. Artivismo drag
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Viernes 7 de agosto de 2020

Drag queen, transformista, reina, travesti. Curiosa encrucijada de términos, en la cual se dan cita las acepciones y las mayúsculas, los peyorativos y los superlativos, en un galimatías conceptual en la que los prejuicios se convierten en el prisma desde el que nos aproximamos a la cultura drag.

El término, surgido de la mentalidad victoriana del siglo XIX, sirvió para designar a aquellos hombres que arrastraban sus flamantes vestidos para el divertimento de los asistentes a los espectáculos de variedades del momento. Inscritas en el devenir del tiempo, un sinfín de cabareteras, actrices, bailarinas y humoristas tras el telón han sentido a lo largo de los siglos el peso histórico-cultural de la perversa costumbre de reírse de aquello diferente, en este caso codificado a modo de hombre vestido de mujer.

La cultura drag, mercantilizada y fagocitada por el capitalismo imperante, atrae cada vez más a quienes, con curiosidad y asombro, se aproximan a ella. La irrupción del reality televisivo estadounidense conocido como ‘RuPaul’s Drag Race‘, en las televisiones y plataformas online de medio mundo, augura una cambio de paradigma, facilitando al gran público un acceso directo al fenómeno drag. Desde Manhattan a Ruzafa, la sensación televisiva de ‘RuPaul’s Drag Race’ llega a València para quedarse y convertirse en un referente para los neófitos que deseen aproximarse al travestismo más mainstream.

drag, Liz Dust,
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

Locales como ‘La Boba y el gato Rancio’ acogen cada lunes los capítulos de la nueva temporada de este audiovisual de telerrealidad competitiva organizado a partir de diferentes pruebas, monólogos, sesiones de fotos y actuaciones musicales, que garantizan que las finalistas pueden llegar a ser la Drag Superstar de Estados Unidos. La buena acogida del programa en la capital del Turia, sin duda, advierte de la necesidad de un cambio social en el cual se dé continuidad a la labor realizada por artistas y activistas que en las últimas décadas han luchado por dar visibilidad a la cultura drag.

De este modo, la transformación social iniciada en la década de los 90 cederá el testigo a agentes culturales como el Centre del Carme Cultura Contemporánea (CCCC) y a artistas como Graham Bell o Liz Dust, entre muchos otros y otras que, tanto dentro del arte como fuera de este, vienen promoviendo y acogiendo iniciativas que aspiran a posicionar lo queer dentro del panorama artístico valenciano.

Amparados por el artivismo, arte y activismo se dan la mano para dar primacía al mensaje político de la obra, el cual se torna explícito e insta al espectador a interactuar con esta. Ficción narrativa y escena teatral confluyen en la performatividad drag, donde el sujeto se ve imbuido por el lenguaje de lo travesti, en un discurso íntimo en el que “lo personal es político”.

Desde esta perspectiva artivista, la artista Liz Dust llevó a cabo el pasado año, con motivo de las vacaciones navideñas, una valiente iniciativa que consistía en un free tour performativo por los belenes de la ciudad de València. Este se suma a la larga lista de proyectos, performances e intervenciones que la drag queen ha desarrollado tanto en territorio valenciano como fuera de este.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Sus propuestas ahondan en la deconstrucción artística y en la revisión de aquello que termina por mercantilizar y definir lo normativo o correcto. Estrechamente vinculada al mundo de la moda y de la performance, sus intervenciones sobre el arte orbitan en torno al concepto Da-Drag, término creado por la artista y que define “aquella situación absurda protagonizada, producida o experimentada por cualquier sujeto que hace uso de cualquier mecanismo, elemento estético u ornamental con el fin de alterar su apariencia física”.

En este sentido, el tándem terminológico conformado por el concepto de drag queen y el de dadaísmo dan forma a Da-Drag, una manera de transcender las ficciones propias con el fin de llevarlas al ámbito de lo absurdo. Haciendo uso de elementos propios del contexto en el que se encuentra, Liz Dust imbuye en el acto performativo un aprendizaje inherente a la resignificación de aquello que trasciendede la órbita personal a la dimensión de lo drag.

Arremetiendo contra la dictadura de los espacios y el dogma de “cada cosa en su lugar”, las drag queens vienen subvirtiendo los lugares en los que habitamos y transitamos desde hace décadas, confrontando al individuo con el espejo de la heteronorma.

La khátharsis aristotélica se abre camino en la teatralidad drag para apoderarse del espectador, que en el transcurso de la performance artística ve aflorar sus miedos, inseguridades y deseos, friccionando con la pluralidad de lo queer que, en tanto que movimiento posidentitario, redefine la identidad como algo líquido y en constante cambio.

En este proceso, el público transita entre la zona donde habitan sus prejuicios y temores para descubrir una realidad poliédrica a la que cada uno accedemos de manera individual.

A través de las políticas del cuerpo, artista y teatralidad conforman la retórica visual de lo diferente, de la otredad insumisa, aquella que incomoda y cuestiona la consabida dicotomía de género de la sociedad posmoderna.

Liz Dust. ‘Histeria’, de Anxs Jones. Imagen realizada para la campaña publicitaria de Hispalco 2018.

Andrés Herraiz Llavador

Inmediatez y perspectiva en una colección que se abre paso

#MAKMAExposiciones #MAKMAOpinión | MAKMA ISSUE #02
María Ramis | Inmediatez y perspectiva en una colección que se abre paso
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Jueves 13 de agosto de 2020

Podemos afirmar que la historia del coleccionismo en España está íntimamente ligada a la de las instituciones museísticas, un fenómeno que se extiende a países vecinos. Durante numerosas etapas, nobles, reyes, aristócratas y eclesiásticos se dedicaban a atesorar, bajo sus arcas, colecciones de objetos de valor artístico, científico y antropológico. La Revolución francesa no solo alteró la capas sociales del momento, sino que también marcó un antes y un después en el Museo del Louvre, cuyas puertas se abrieron a la sociedad.

Este fue el innovador modelo que se acogió en España para enseñar las colecciones reales, abriendo, por fin, el Museo Nacional del Prado en 1819. Así, el concepto de coleccionismo experimentó diversos cambios durante ese siglo XIX y, aún más, tras la dictadura, ya que debían tenerse en cuenta los cambios que se producían sobre una sociedad más abierta, democratizada y necesitada de esa identidad cultural casi arrebatada en el pasado.

Si, como afirmamos, la historia del coleccionismo está ligada a la de las instituciones museísticas, cabe remarcar que, particularmente, en la historia de España hasta mediados del siglo XX no se creó una institución propiamente dedicada a apoyar y promocionar a artistas del momento.

colección,
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

A pesar de todo, ya han quedado atrás las protestas que en los años 50 algunos de los miembros de El Paso reclamaban –aquellos que, además de artistas, eran críticos y entre sus reprobaciones se encontraba la de no existir una conciencia colectiva para la realización de un arte español del momento, tal y como José Ignacio Gómez refiere en su artículo ‘El grupo El Paso y la crítica de arte’, para el número 11 de la revista ‘Espacio, Tiempo y Forma. Serie VII, Historia del Arte (1998)–, y el apoyo institucional al arte actual se convierte en algo ineludible e, incluso, aunque mucho más que mejorable, legalmente reglamentario.

Teniendo en cuenta este contexto y aceptando las implicaciones políticas de una decisión así, el pasado junio de 2018, tres amplias salas del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) de València se ocupaban con instalaciones, esculturas, pinturas, fotografías y videos; en general, piezas de arte que difícilmente encajarían en la acotación de una sola técnica, algo que viene siendo común y derivado de la multidisciplinariedad de los artistas actuales.

Todas ellas se caracterizaban por formar parte de un discurso más amplio: el primer acercamiento al establecimiento de una colección de arte contemporáneo perteneciente a la Generalitat Valenciana, una iniciativa encajada dentro del plan para incentivar el patrimonio artístico valenciano. Entre incertidumbres y divergencias –como ya reza el subtítulo del texto para el catálogo de ‘Primers Moments’, de Ricard Silvestre–, se presentaban las primeras 33 piezas de esta incipiente colección.

Tras los correspondientes actos y presentaciones para la prensa, cierta incertidumbre se veía reducida al afirmar que la continuidad en la compra era un hecho y no ya mero propósito. Esta realidad ha podido mostrarse al público este 2019 en el Museu de Belles Arts de Castelló, con la exposición ‘Peça 19’.

No obstante, este tipo de decisiones conllevan una serie de procesos de disgregación y conocimiento del panorama que son los retos a los que se han enfrentado profesionales encargados de escoger las obras.

Para ello, no se tuvieron en cuenta pautas generacionales, ni tampoco una restricción por temáticas, si bien es cierto que las propuestas debían pertenecer a artistas residentes en la Comunidad Valenciana o que su actividad profesional fuera ejercida, mayoritariamente, en territorio valenciano.

De este modo, se decidió comenzar por elaborar una lista de artistas abierta que atendía a criterios de creatividad, estéticos, históricos –debido a la convicción clave de que la originalidad se arraiga en el proceso histórico, pero también en la influencia futura– y económicos, que marcaban una guía para futuras decisiones y que, además, venían respaldadas por múltiples fuentes documentales.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

El resultado: un total de 51 piezas que juegan, intercambian y deliberan sobre algunas de las líneas de investigación imperantes en el panorama contemporáneo. Esta moldeable estructura se constituye en diversas direcciones, tangenciales y complementarias, como es la mirada al pasado, las propuestas feministas, las fricciones entre lo cotidiano y lo tecnológico, la cultura de la sostenibilidad y un claro binomio entre individuo y sociedad; todas proporcionan, además, manifiestos desavenentes sobre los debates más acuciantes.

La composición de estas líneas hace que todas se singularicen por su inmediatez, su composición poéticamente bidireccional y por mostrar esa doble perspectiva que imbrica con el trabajo artístico. No corresponde aquí apelar a la necesidad de que el sector público apoye y promocione las expresiones artísticas, el arte (más efectivo en minúscula por la capacidad demostrada de arrimarse al espectador, observador e, incluso, partícipe) en todas sus formas, sino simplemente resaltar la capacidad del artista para generar nuevas miradas.

Siendo así, diferentes técnicas y temáticas componen este contorno que empieza a vislumbrase mediante fotografía, pintura, obra gráfica, escultura, instalación, y ante la necesidad de incluir el formato performance –una herramienta ya común–, toda una serie de videos y diversa documentación sobre esos restos que genera.

Artistas más consolidados se encuentran con otros emergentes y, de manera paritaria en la selección, se pueden ir rastreando algunas de las bases conceptuales: dificultades en los procesos de comunicación, contextos de crisis, críticas al sistema socioeconómico, imposibilidad de la imagen, cuestionamiento del papel tradicional de la mujer, la capacidad de artificación de los nuevos medios e, incluso, la utilización de métodos sociales aplicados.

Una colección que, rememorando los inicios del coleccionismo, poco tiene que ver con el deseo de mantener casi en secreto el tesoro acumulado. Un paradigma divulgado, globalmente heterogéneo, que se equilibra, tal y como le corresponde a nuestros días, con la individualista percepción del ser.

‘Aquestes coses que fem avui dia’ (2015), de Damià Jordà.

María Ramis

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #02, revista especial en papel con motivo del sexto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2019.

“Perder el sentido del humor nos hace débiles”

‘¿De qué se ríen en Europa?’
Ciclo de cine coordinado por Daniel Gascó
Centre del Carme
C/ Museo, 2. Valencia
Del 16 de julio al 8 de agosto de 2020
Viernes 17 de julio de 2020

“No sabemos de qué se ríen en Dinamarca, en Polonia, en Grecia o en Alemania, porque se ríen de cosas diferentes”, avanza Daniel Gascó, coordinador del ciclo de cine precisamente titulado ‘¿De qué se ríen en Europa?’, con el que el Centre del Carme Cultura Contemporània pretende acercarnos esas realidades tan cercanas, al tiempo que desconocidas, de nuestros vecinos europeos. Y, para ello, nada mejor que la comedia como género abierto a la risa con la que liberamos las tensiones propias de los seres humanos, en tanto seres sometidos a la cultura que nos distancia del más abrupto comportamiento animal. Como apuntara el escritor Víctor Hugo, “la risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano”.

Invierno que, en nuestro caso y el de buena parte del mundo, ha llegado en plena primavera en forma de coronavirus. Para ahuyentar las sombras de tamaña pandemia, nada mejor que el cine al aire libre, teniendo como marco incomparable el claustro gótico del Centre del Carme, donde se proyectarán 21 películas de 12 países diferentes hasta el 8 de agosto. “Este ciclo viene a complementar otro anterior dedicado a la comedia española, que ahora no se contempla para dejar paso a esas otras europeas tan distintas entre sí”, explica Gascó, de un programa que entiende “muy cultural, muy alternativo”, con el fin de “descubrir esas otras cinematografías”.

‘The naked civil servant’, de Jack Gold. Imagen cortesía del Centre del Carme.

“El humor cambia mucho de unos países a otros”, añade, poniendo como uno de los muchos ejemplos el de Portugal, “donde parece que tienen un humor trágico”. El filósofo Nietzsche ya advirtió que el hombre sufría tan terriblemente en el mundo, que se había visto obligado a inventar la risa. Una risa que ahora parece querer contenerse desde una corrección política harto peligrosa. “Perder el sentido del humor nos hace débiles”, señala Gascó, partidario de reírse de todo, incluso de aquello que más duele, porque ayuda a metabolizar la desgracia.

En este sentido, Gascó opina que la comedia “ilumina las partes oscuras y nos hace perder el miedo”, de ahí su intensa búsqueda de aquellas películas que mejor sirvieran a este fin dentro del ciclo. Un ciclo donde la risa se hace cargo de diferentes aspectos sombríos del ser humano, arrojando esa luz vivificante, aunque solo sea, como apuntara otro notable novelista como Oscar Wilde, porque la risa nunca es un mal comienzo para la amistad, “y está lejos de ser un mal final”. ‘The naked civil servant’ (El funcionario desnudo), de Jack Gold, sería un buen ejemplo de esta risa cauterizadora de heridas. “Se estrenó en 1983 y, como sucede con ‘Las aventuras de Arsenio Lupin’ (1956), de Jacques Becker, son películas casi olvidadas y raras, que conviene redescubrir”.

Cartel de ‘Siempre soñé con ser un gángster’, de Samuel Benchetrit. Imagen cortesía del Centre del Carme.

En la primera, protagonizada por un magnífico John Hurt (“fue el papel que le consagró como actor”), se cuenta la vida de Quentin Crisp, escritor inglés homosexual cuya extravagancia escandalizó a tantos como le divirtió a él, haciendo precisamente de esa provocación histriónica su mejor arma contra la intolerancia. Como dice el propio Daniel Gascó, el humor “es un revulsivo capaz de relajar cualquier estado de alarma; el arma que mejor descompone la solemnidad de un momento”. Lo cual no quiere decir que el humor no tenga en cuenta la letalidad del virus actual, sino que lo acoge sin el pánico paralizante que asume la derrota sin plantar batalla. “La risa no es una ciencia exacta, hay un punto de incertidumbre”, resalta el coordinador del ciclo tomando como referencia una frase de Woody Allen en su último libro autobiográfico ‘A propósito de nada’.

De esta forma, el ciclo ‘¿De qué se ríe Europa?’, con entrada gratuita hasta completar un aforo cercano a las 300 butacas, contiene mucho humor, pero dentro del orden que exigen las medidas de seguridad en tiempos de pandemia. “Más que la distancia de metro y medio, lo importante es que será obligatorio el uso de mascarilla”, subraya Gascó, que se ha encargado de subtitular al castellano cada una de las películas, con lo que eso supone de ahorro (“la mitad del trabajo ya está hecho”) y cuya labor cede, como dice él, “por la causa”. “Es un ciclo lujoso y caro, porque subtitular es costoso”, pero incluido ese trabajo, “ya solo queda pagar los derechos de exhibición”.

‘La ragazza con la pistola’, de Mario Monicelli. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Dice haber trabajo con entera libertad, si bien ha sido él quien se ha impuesto algunas reglas, en ocasiones difíciles de cumplir. “Quería que hubiera películas dirigidas por mujeres y su presencia es muy patente, aunque la realidad es que hay pocas directoras en Europa y no suelen tratar la comedia, de forma que hemos tenido que renunciar lamentablemente a poner más películas”. También ha querido incluir trabajos de temática homosexual, para que se vieran otros puntos de vista distintos al heterosexual, recomendando en este sentido la mencionada ‘El funcionario desnudo’, “de una inteligencia brutal”.

Como inteligente es, a su juicio, la de Doris Dörrie ‘¿Bich ich schön?’ (¿Soy linda?, 1988), en la que se narran las peripecias de 12 alemanes por tierras españolas. “Son personajes que vienen a España a desconectar y que encuentran, en medio de la luminosidad del país, el lugar idóneo para cuestionarse a sí mismos, interrogándose sobre su identidad”, explica Gascó, sorprendido por la visión optimista que de fuera tienen de nuestro país, “mientras que aquí somos muy autocríticos y nos pasamos a veces siete pueblos”. Este filme sería “la burbuja española dentro del ciclo”, por aquello de hablar de nosotros pero con una comedia firmada por la alemana Dörrie.

“Hay que volver a la vida siguiendo, lógicamente, ciertas pautas de seguridad”, concluye Gascó, que anima a acercarse al Centre del Carme para descubrir, a través de un ciclo que acogerá 16 películas inéditas en España, cómo son los habitantes de ese continente europeo amigo “y del que tanto desconocemos”. De nuevo la risa como vía privilegiada para llevar a cabo tamaña inmersión tragicómica. 

 

Daniel Gascó. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

La comedia como antídoto contra el coronavirus

‘¿De qué se ríen los europeos?’
Ciclo de cine coordinado por Daniel Gascó
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Del 16 de julio al 8 de agosto de 2020
Miércoles 15 de julio de 2020

El Centre del Carme Cultura Contemporània retoma el humor y revitaliza las noches de verano con un nuevo ciclo de cine de comedia europea. ‘¿De qué se ríen en Europa?’ insiste en el género e invita nuevamente a un divertido viaje por el viejo continente, del 16 de julio al 8 de agosto, en el claustro gótico del Centre del Carme. Tras el éxito del CCCCinema d’Estiu celebrado en agosto de 2019, el Centre del Carme propone un nuevo ciclo de forma presencial, con entrada gratuita y al aire libre, en esta ocasión con aforo limitado y reserva previa para disfrutar de la actividad en esta “nueva” normalidad de forma segura.

El director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, ha señalado que esta propuesta “recupera la esencia del cine de barrio, a la fresca, con una serie de películas que están fuera del circuito habitual de la salas de cine y de televisión y que han sido específicamente traducidas para garantizar la diversidad lingüística en valenciano y castellano”, añadiendo que “el Centre del Carme redescubre Europa con un viaje a través del cine de comedia, una oportunidad para seguir descubriendo a nuestros países vecinos, abordando diferentes temas o problemáticas de nuestra realidad, desde lo que más nos une como es el humor”.

Cartel con la programación del ciclo de cine ‘¿De qué se ríen los europeos?’ en el Centre del Carme.

‘¿De qué se ríen en Europa?’ ofrecerá un total de 21 películas pertenecientes a 12 países europeos, 16 de ellas inéditas en España. De martes a domingo, cada noche a las 22:00 horas se podrá disfrutar de una programación en versión original con doble subtitulado, en castellano y valenciano. El ciclo pasa a llamarse ‘¿De qué se ríen en Europa?’ como continuación al ciclo ‘Confi(n)ados a la comedia’, que se dedicó específicamente a la comedia española con una selección de ocho películas que el Centre del Carme ofreció dentro de su programa CCCCenCasa, el pasado mes de mayo.

El crítico cinematográfico y coordinador del ciclo, Daniel Gascó, ha manifestado que “hay que retomar el humor, aunque sólo sea porque es un revulsivo capaz de relajar cualquier estado de alarma, el arma que mejor descompone la solemnidad de un momento. La comedia siempre ha relativizado las cosas, ha urdido una crítica constante a todo aquello que se creía definitivo”.

Fotograma de ‘Mi peor pesadilla’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Sometido ese sondeo veloz que arrojan webs como IMDB o Filmaffinity, el ciclo de este año arroja un dato curioso: se inaugura con la película peor puntuada (5’9/5’3), ‘Mon pire cauchemar’(Mi peor pesadilla, 2011), frente a un film yugoslavo tan descacharrante como emblemático ‘Maratonci trce pocasni krug’ (Maratón familiar, 1982), que tiene una media escalofriante (9 en IMDB) tras haber sido votado por 14.000 usuarios.

Dejando atrás las cifras, el título con el que arranca el ciclo tiene el encanto de reunir por primera y única vez a un cómico incendiario como Benoît Poelvoorde con una gélida Isabelle Huppert, una combinación explosiva que Anne Fontaine (Coco Chanel) impuso para resolver un guion punzante, cuyo recorrido emocional hubiese sido improbable con otros actores. Y, por supuesto, inaugurar con una película ubicada en el mundo del arte en un espacio museístico tan acogedor como el que ofrece el Centre del Carme. Circunstancia que se repite con ‘Ich und Kaminski’(Yo y Kaminski, 2015), una visión vampírica que Wolfgang Becker (‘Goodbye, Lenin’) vierte sobre un crítico que quiere absorber al último bastión de la gran cultura, un alumno nonagenario de Matisse, amigo personal de Picasso.

Fotograma de ‘Vrchní, prchni!’ (Camarero, huye!). Imagen cortesía del Centre del Carme.

Contra la resignación o la posibilidad de abandonarse, queda siempre el maquillaje, la artillería posticera o un cambio radical de vestuario. Que se lo digan sino a Arsenio Lupin, ese mítico ladrón de guante blanco que muta, empatiza y engaña en las situaciones más insospechadas. Fue en manos del mítico cineasta Jacques Becker (‘La evasión’), quien hace un uso magistral del technicolor, cuando recibió el espaldarazo del público. Sólo en Francia, acudieron tres millones de espectadores a ver ‘Les aventures d’Arsène Lupin’ (1957), estrenada en nuestro país, pero hoy muy olvidada.

Fotograma de ‘The naked civil servant’ (El funcionario desnudo). Imagen cortesía del Centre del Carme.

Un film que conecta con una de las grandes sorpresas del ciclo: ‘Vrchní, prchni!’ (¡Camarero, huye!, 1981), asombrosa joya del cine checo en el que su protagonista, un librero acuciado por varias pensiones alimenticias, se verá obligado a transformarse. Una circunstancia que se repite en otra obra también fundamental de la cinematografía checa, ‘Knoflíkari’ (Botoneros, 1997), en la que un maquillador de TV que combina su trabajo con el de taxista ofrece muestras de su atrezzo. Pero sin duda el más osado de ellos, el más duro combatiente del disfraz es Quentin Crisp, capaz de exhibir su esencia femenina en la Inglaterra homófoba que va de los ’30 a mediados de los ’70 del pasado siglo. ‘The naked civil servant’ (El funcionario desnudo, 1975), sigue siendo el film más magnífico que haya producido la BBC y significó la consagración de un actor: John Hurt.

Al descubrir esta joya, más de un cinéfilo se preguntará: ¿cómo es posible que ese cineasta vienés llamado Willi Forst, que combina la sutilidad y elegancia de Ernst Lubitsch con el sentido coreográfico de Max Ophuls siga siendo ignorado por tantas Historias del Cine? Y la respuesta más frecuente que hallará es que ese es el precio que pagaron aquellos cineastas germanos que no huyeron a Hollywood en tiempos de nazismo. Desde su propia trinchera, Forst construyó una obra rompedora, nada indulgente en su forma y totalmente ajena a la euforia de su tiempo.

Fotograma de ‘La ragazza con la pistola’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Mario Monicelli se preguntaba por qué Monica Vitti, una actriz con tanta vis cómica, insistía en esos personajes alienantes del cine de Michelangelo Antonioni. ‘La ragazza con la pistola’ (1968) contrastaba la Sicilia ancestral con ese Londres moderno que el mismo Carlo di Palma había fotografiado en ‘Blow-up’ (1966), territorio e idioma que veía incapaz de entender y traducir ese absurdo italiano llamado «delito de honor». Por más que se vean envueltos por unas imágenes en B/N, los personajes de ‘J’ai toujours rêve d’être un gangster’ (Siempre soñé con ser un gángster, 2007) también se encuentran caducos persiguiendo metas, huellas y marcos criminales del siglo pasado. Todo lo contrario que ‘Atak paniki’ (Ataque de pánico, 2017), que transcurre entre dos explosiones físicas y morales que limitan ese retrato de Polonia ombliguista al borde del infarto ahora que es plenamente capitalista y ha caído presa de las redes sociales y demás trampas y nuevas formas de escapismo que nos impiden afrontar la realidad.

Fotograma de ‘¿Bich ich schön?’ (¿Soy Linda?). Imagen cortesía del Centre del Carme.

Un año antes de emprender su trilogía sobre Japón, Doris Dörrie siguió en ‘¿Bich ich schön?’(¿Soy Linda?, 1998) las desventuras de doce personajes teutones en los paisajes luminosos de España. Como Michael Winterbottom en ‘Trip to Spain’(2017), la directora alemana concluye que nuestro país es el refugio idóneo de todos aquellos que precisan interrogar su identidad. Entre su nutrido elenco extranjero, asoma en sus imágenes el actor Juan Diego Botto.

Fotograma de ‘Ils se marierent et eurent beaucoup d’enfants’ (Se casarán y tendrán muchos hijos). Imagen cortesía del Centre del Carme.

No hay que confundir la risa con la comedia. Países como Portugal, Grecia o Rusia, consideran que el elemento trágico es consustancial a este género. Yorgos Tzavellas lo deja muy claro en ‘Mia zoi tin ehoume’ (¡Sólo se vive una vez!, 1958), pieza clave del cine griego que retrata su país como una cárcel, más fatigosa y llena de servidumbres que las verdaderas. Otar Iosselliani, sin embargo, se salta todas las leyes, ésas que nos obligan y paralizan, en ‘Iko shasvi mgalobeli’ (Érase una vez un mirlo cantor, 1970), animando esos tiempos muertos a los que habían condenado al protagonista.

El ciclo desembocará en uno de los desenlaces más álgidos que se recuerdan. Una secuencia de despegue y desprendimiento de este frecuentemente previsible y tedioso planeta. ‘Ils se marièrent et eurent beaucoup d’enfants’(Se casarán y tendrán muchos hijos, 2004) pondrá un punto final estratosférico a este recorrido por la comedia europea.

Fotograma de ‘Atak Paniki’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Ilustrar las calles ‘Desde mi ventana’

‘Desde mi ventana’
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
16 de abril de 2020

La obligada reclusión doméstica a causa de la COVID-19 ha llevado a los ciudadanos a sumergirse en un mundo paralelo, crear otras rutinas e inventar pequeños alicientes diarios que mitiguen la claustrofobia, como salir al balcón para aplaudir a los nuevos héroes. Los balcones, “los ojos de las casas”, como los llamaba Ramón Gómez de la Serna, han adquirido un papel protagonista en la cotidianeidad. Pequeñas plataformas desde las que lanzar y recibir mensajes creando vínculos e interacciones que refuerzan nuestra identidad social pese al aislamiento.

El balcón como palco, púlpito o podio. El balcón ventana al mundo. Y también como marco de una obra artística. Es la propuesta didáctica del Centre del Carme Cultura Contemporània, ‘Desde mi ventana’ que invita a los ciudadanos, especialmente a las familias con niños, a transformar sus ojos en espacios temporales de arte.

Ilustración de Javier Mariscal. Fotografía cortesía del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC).

“La comunidad cultural se está volcando con esta situación insólita que nos ha tocado vivir», dice el director del museo, José Luis Pérez Pont. «Trabajamos para permitir que la cultura llegue a los hogares a través de un proyecto online muy especial, el #CCCCenCasa, al que ahora sumamos nuevas colaboraciones desde el ámbito del diseño y la ilustración». Este proyecto, concretamente, es «un homenaje a la forma de trabajar de Carlos Pérez, buscando la interrelación de las artes, a través de un plan educativo e integrador”.

Dentro del programa de educación y mediación, #CCCCHabitantEspais, la propuesta está inspirada en la exposición ‘Viaje a Corfú. Carlos Pérez. El hombre-museo’, un compendio deluniverso personal del pedagogo valenciano, que dignificó diferentes formatos y expresiones artísticas fomentando la entrada en los museos del diseño, la ilustración y las artes escénicas. La idea es reproducir en pequeña escala los Kunsthalle, espacios temporales de arte, de libertad creativa y expresiva, alternativos a los museos, fórmula que interesaba mucho a Pérez.

Decenas de ilustradores, diseñadores, arquitectos y artistas están llenando las redes sociales con sus ingeniosas creaciones, producto de una inspiración espontánea en la que nos abren una ventana a su universo interior. Entre ellos: Juan Berrio, Paco Roca,Iván Solbes, Marta Colomer (Tutticonfetti), Lina Vila, Ortifus, Boke Bazán, Ibán Ramón y ESCIF. Los inconfundibles Garriris de Javier Mariscal trepan por las fachadas y se asoman a las calles vacías, ese exterior que es hoy desierto impasible.

Ilustración de Lina Vila. Fotografía cortesía del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC).

Desde Madrid llega la propuesta de Aurora Gorrión, artista de collage, y desde Pamplona la ilustración del arquitecto Carlos Pereda. El productor de cine, ganador de un Goya de Animación por ‘Buñuel en el laberinto de las tortugas’, Alex Cervantes, se ha sumado a esta ola, igual que el diseñador editorial, Tomás Gorría, el historietista Calpurnio, la diseñadora gráfica y collagista Lucía Meseguer, el artista Martín Forés y la artista e ilustradora, Mai Hidalgo.

La intención es que los ciudadanos compartan sus iniciativas en las redes sus obras creando un gran tutti frutti artístico, como llamaban popularmente a las exposiciones de Carlos Pérez. Interactuar con el exterior, potenciar la imaginación, experimentar la ventana como espacio de intervención, descubrir el encanto de las acciones temporales y disfrutar de las posibilidades creativas del entorno doméstico son los objetivos de esta propuesta didáctica.

Pensada para motivar la participación de los más pequeños, ‘Desde mi ventana’ propone generar interferencias en la imagen que les llega a través de los cristales, añadiendo aquello que les gustaría ver, eliminando lo que no les gusta, modificando la visión y personalizando esa imagen a su gusto mediante rotuladores, temperas, acuarelas, plastilina o barro.

Al igual que el resto de actividades de educación y mediación incluidas en el programa #CCCCHabitantEspais, esta propuesta puede descargarse en la web del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana www.consorcimuseus.gva.es y seguir su evolución a través de las redes @centredelcarme.

Ilustración de Juan Berrio. Fotografía cortesía del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC).

Bel Carrasco