Los flujos arquitectónicos de Keke Vilabelda

Flow, de Keke Vilabelda
Kir Royal Gallery
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Inauguración: jueves 21 de enero, 20.00h

Kir Royal Gallery Valencia presenta por primera vez la exposición individual del joven artista Keke Vilabelda (Valencia, 1986) con una selección de su obra más reciente. Bajo el título Flow, Vilabelda compone un itinerario visual a través de diferentes escenarios urbanos, con la hibridación de materiales y técnicas como denominador común. Pintura, fotografía, escultura e incluso videoarte. Cemento, plástico, hierro, espuma o ladrillo, con estas armas el artista crea superposiciones y transparencias, brillos y opacidades.

Flow tiene que ver con el movimiento, con las secuencias arquitectónicas, con los ritmos y con el fluir. En todas las piezas el artista intenta crear flujos visuales, jugando con la repetición formal y con la combinación de diferentes materiales y técnicas (sobre todo cemento y metacrilato).

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Juega con la idea de enfrentar texturas, pensando en esa arquitectura en la que el cristal, el acero, el hormigón, todo se adhiere con gran artificialidad y espectacularidad. En relación a esto, el uso del neón remite a lo aparente, una llamada de atención que nos deslumbra, ocultando el vacío, la superficialidad y quizá la decadencia de unos edificios en muchos casos deficientes.

En palabras del crítico de arte Juan Bautista Peiró, “en estos trabajos se libra una inteligente batalla entre algunos conceptos esenciales de la práctica pictórica, tales como el tratamiento de los materiales, las relaciones compositivas, el manejo de texturas en su doble acepción matérica y visual; en definitiva, la profunda identificación entre el qué y el cómo. Pero el trabajo de Keke Vilabelda se sitúa en las antípodas de cualquier reduccionismo o simplificación formalista o decorativa. Antes al contrario, hay un decantamiento reflexivo y experiencial que ha venido desarrollando en estos últimos años”.

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Otro aspecto a destacar es la aparente virtualidad de las obras, el tinte digital de unos escenarios preprogramados, que hacen caso omiso al contexto, siguiendo los mismos patrones en cualquier ciudad del mundo. Al mismo tiempo, en estas piezas grandes Vilabelda trata de cuestionar la propia pintura y hacer que no parezca pintura, sino luz. Y jugar con la fotografía para que no parezca fotografía sino materia, pintura.

En un segundo grupo de obras de la nueva serie Skyline, tridimensionales y fijas a la pared, Vilabelda crea unas plataformas que hacen referencia a horizontes urbanos. Algunos fragmentos tienen un carácter de ready-made, objetos que el artista encontraba durante sus viajes y acumulaba en su estudio. Pruebas de color o de texturas, quizá sobrantes de otras obras mayores.

Tras convivir un tiempo con estos objetos, han pasado a conformar una especie de paisaje, retratando el trabajo de los últimos años del artista. Al colocar estas piezas una junto a otra, surge una metáfora de lo que ocurre en el paisaje urbano, una serie de relaciones construidas en el tiempo, con sus roces, sus contradicciones, opacidades y transparencias, superficies mates y brillantes, sólidas o huecas, blandas y duras… cada una con su identidad propia puesta en relación con el resto.

“Ambas series, desde estrategias particularmente diferenciadas, confluyen en ese común escenario urbano en el que se (re)presenta el fluir cotidiano de la existencia humana”.

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

Obra de Keke Vilabelda. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery.

 

Árbol ‘in’ urbe

Árbol objeto, de Álvaro Tamarit
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 10 de enero

Los árboles en las ciudades es el último vínculo que nos conecta con la naturaleza de la que hemos sido voluntariamente desterrados. Una naturaleza pródiga y benéfica, pero también hostil y destructora, que de amante madre puede mudar en un instante en cruel madrastra. El árbol en la urbe nos recuerda de dónde venimos, cuando una ardilla podía atravesar la península desde Gibraltar a los Pirineos yéndose por las ramas. También dónde podemos acabar, en un árido desierto, donde la felicidad y la belleza serían espejismos imposibles.

Obra de Álvaro Tamarit, en 'Árbol objeto'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Álvaro Tamarit, en ‘Árbol objeto’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Implantados entre el asfalto y el cemento, cada uno en su respectivo alcorque, los árboles prestan su sombra en los sofocantes meses estivales, consumen los detritos de los coches y ponen una nota de gracia y color en un ambiente gris. ¿Quién no ha soñado alguna vez en vivir en la copa de un árbol gigantesco como Tarzán, o en el interior de un tronco hueco, como la pandilla de Peter Pan?

Algunas personas tienen una conexión especial con estos vegetales que pueden vivir cientos de años y  saben morir dignamente de pie.

Ciudad con cubierta vegetal, de Álvaro Tamarit. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Ciudad con cubierta vegetal, de Álvaro Tamarit. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Algunas incluso los convierten en materia artística, como Álvaro Tamarit (Xàbia, 1976) cuya última exposición,  Árbol objeto, en la sala Alba Cabrera, es una reflexión sobre su importancia en el complejo y delicado tapiz de la vida.

“Llevo años trabajando sobre este tema, el uso que damos a los árboles y a la madera, una materia viva que derrochamos demasiado”, dice Tamarit. “En esta muestra presento una mezcla de piezas antiguas y otras más recientes”.

Los trabajos de Tamarit combinan el procesamiento de la madera con el soporte collage analógico y los relieves en tres dimensiones. Esculturas singulares que ensalzan  la belleza de la madera, bajorrelieves de ciudades invadidas de vegetación, grandes árboles que acogen ciudades. También objetos juguetes a la manera de Joaquín Torres García, como su barco biblioteca, inspirado en la noticia de que un cargamento de libros iba a ser enviado a África por mar.

Obra de Álvaro Tamarit, en 'Árbol objeto'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Álvaro Tamarit, en ‘Árbol objeto’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

A diferencia de otros artistas que buscan durante años su propio camino y lenguaje, Tamarit confiesa que desde que estudiaba en Bellas Artes “tenía mi propia forma de pensar y sabía cuál iba a ser mi camino siempre en libertad”.

En su taller de Xàbia la madera es la gran protagonista y utiliza fotografías de sus viajes, imágenes de periódicos y revistas para componer sus collages, “siempre analógicos”, reivindica.

“Utilizo algunas máquinas sencillas como lijadoras o taladros, pero las manos son las que más trabajan”, apunta.

Vive entre Xàbia y Cambridge, un eje privilegiado que le permite contrastar las grandes diferencias en la apreciación del arte entre España e Inglaterra. “Allí dan ayudas desde 100 a 2.000 euros a devolver sin interés para que la gente adquiera piezas artísticas”, comenta.

Sus últimas exposiciones se presentaron en Alemania, Holanda y en Valencia, en la galería Set.

Bel Carrasco

Obra de Álvaro Tamarit, en 'Árbol objeto'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Ciudad en la sierra, de Álvaro Tamarit, en ‘Árbol objeto’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.