El año convulso en que nació el IVAM

1989. El fin del siglo XX
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 15 de junio de 2019

“Buscamos en portadas de periódicos lo que sucedió ese año”. Así fue como Sandra Moros y Sergio Rubira empezaron a trabajar en la exposición 1989. El fin del siglo XX, que pretende contextualizar el nacimiento del IVAM en su 30 aniversario. A partir de acontecimientos tan relevantes como la caída del muro del Berlín, la Revolución de Terciopelo acaecida en la antigua Checoslovaquia, el final del régimen del apartheid en Sudáfrica, la fetua del ayatolá Jomeini contra el escritor Salman Rushdie, la matanza de Tiananmén, la apertura del bloque soviético o la crisis del sida, se muestran cerca de 200 obras de 80 artistas realizadas en 1989 a modo de evocación artística de cuanto sucedía en aquel convulso año.

“Hay artistas como Sophie Calle o Juan Muñoz que pensamos que tenían que estar, y otros que no han podido venir porque sus obras estaban comprometidas o eran muy frágiles para traerlas”. Y Rubira cita los casos de Rober Gober (Tate Modern) y Rachel Whiteread (Museo Gulbenkian), el primero porque la pieza de cera que pretendían era “demasiado frágil” y la segunda, “porque la obra pesaba mucho y no se podía trasladar”. Son excepciones que apenas alteran el brillante recorrido expositivo que viene a dar fe del nacimiento igualmente glorioso del IVAM, el museo valenciano que abrió el melón de la posterior cascada museística.

Obra de Tracey Moffat. Imagen cortesía del IVAM.

Obra de Tracey Moffat. Imagen cortesía del IVAM.

Las obras mostradas reflejan el carácter convulso de un año marcado sobre todo por la caída del muro de Berlín. Tres décadas después, otros muros vuelven a levantarse. “Sí, parece que hay un carácter cíclico de la sociedad”, apunta Sandra Moros, mientras atiende asuntos relacionados con el montaje de la exposición que hoy se inaugura. “Se habló del fracaso de las revoluciones, al tiempo que el capitalismo feroz se declaraba triunfante. Eso es algo que estamos viendo ahora. Aparecen nuevas formas de disenso”, subraya Sergio Rubira, para apostillar: “Parece que no hemos aprendido”. “Siempre existe la necesidad de renovación o de poner en cuestión ciertos valores”, añade Moros.

Las portadas de los periódicos de las que se han nutrido los comisarios de 1989. El fin del siglo XX, para contextualizar los 30 años del IVAM, se traducen finalmente en la selección de un conjunto de obras “todas ellas fechadas en el 89” y que han sido dispuestas por “diversos motivos que permiten establecer conexiones”. “No está estructura por temas”, remarca Moros, quien destaca la presencia de la muerte como una de las constantes de la exposición. La crisis del sida, enfermedad que por entonces causaba estragos, contribuye a ello. El fotógrafo Robert Mapplethorpe, presente en la muestra, fue uno de los artistas precisamente fallecidos ese año a causa del sida.

Libido Uprising, de Joe Spence. Imagen cortesía del IVAM.

Libido Uprising, de Joe Spence. Imagen cortesía del IVAM.

“Al cronificarse la enfermedad se ha olvidado. Los jóvenes no entienden qué es, porque ahora ya no es igual a muerte”, argumenta Rubira, a modo de explicación de esa cierta vuelta a lo mismo. “La idea de vanitas está muy presente, con ese tiempo detenido. También la idea del doble”, refiriéndose en este caso a la obra de Perejaume. Igualmente aparece la réplica, pero con matices, por “aquello que cambia en tanto no puede ser exacto”, con Pep Agut como ejemplo. Ese carácter de réplica obliga, pese a las similitudes, a establecer ciertas diferencias entre aquel año crispado y el no menos agitado presente.

“Somos más conscientes de lo que está pasando. Entonces, todo sucedió muy rápido y éramos incapaces de asumir lo que pasaba. Ahora nos hemos acostumbrado a esa aceleración y tomamos cierta distancia crítica”, explica Rubira. Sale el caso de las Guerrilla Girls, grupo de artistas feministas nacido en Nueva York en 1985 e igualmente presente en la exposición. Suya es la famosa interrogación: ¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en los museos? O su igualmente incendiaria declaración sobre la industria del arte, rechazando su trozo de pastel de una industria que pretenden dinamitar.

Obra de Vittorio Scarpati. Andy Keate por cortesía de Bill Stelling cedida por el IVAM.

Obra de Vittorio Scarpati. Andy Keate por cortesía de Bill Stelling cedida por el IVAM.

Sobre esa velocidad de los acontecimientos pasados, ahora ralentizados mediante la exposición que los evoca para situar el punto de partida del IVAM, habla Walter Benjamin en una cita recogida en el catálogo de la muestra: “La verdadera imagen del pasado se desliza veloz. Pues cualquier imagen del pasado que el presente no identifique entre sus preocupaciones se arriesga a desaparecer sin remedio”. El final del siglo XX, que Sandra Moros y Sergio Rubiela rememoran, carece de esa velocidad y fugacidad, puesto que han quedado firmemente arraigadas en el imaginario social.

Quizás menos sólidas en la memoria, pero igualmente importante para los comisarios, es recordar las exposiciones que por aquel entonces sobresalieron: Magiciens de la Terre, en París, The Other Story, en Londres, o la tercera bienal de La Habana, todas ellas abriendo el paso a nuevos artistas y “donde se rompe con la idea del arte según occidente”, precisa Rubira. Entre las cerca de 200 obras exhibidas, pertenecientes a colecciones privadas, fondos de galerías y algunas de la propia colección del IVAM (Pepe Espaliú y Javier Baldeón), figuran artistas como Antoni Abad, Félix González-Torres, Jeff Koons, Jo Spence, Keith Haring, Marlene Dumas, Nan Goldin, Zoe Leonard, Tracey Moffat, David Wojnarowicz, Harun Farocki o Mona Hatoum.

Something More, de Tracey Moffatt. Imagen cortesía del IVAM.

Something More, de Tracey Moffatt. Imagen cortesía del IVAM.

En paralelo a la exposición que contextualiza el nacimiento del museo, se inaugura El Caso de Estudio dedicado al propio IVAM, con piezas adquiridas al comienzo de su andadura. Ahí están los Julio González, Saura, Tàpies, Miralles, Sempere, Equipo Crónica, Carmen Calvo o Roberta González. “El mismo año de apertura ya se abre el IVAM a la contemporaneidad”, resalta Rubira. Un panel con casi 300 fotografías, de las 1900 reveladas, viene a recordar algunas de las inauguraciones de las 650 exposiciones contabilizadas hasta la fecha, y escenas de sucesivos montajes, a las que se suman, en otro apartado, carteles de la época.

Como señalan los comisarios de 1989. El final del siglo XX, esa percepción del tiempo que transcurría veloz favoreció en el arte la aparición de ciertas estrategias: “Tácticas barrocas que actualizaban la figura retórica de la alegoría”, poniendo “al día las naturalezas muertas y las vanidades, otros bodegones difíciles a veces de reconocer como tales”. Y en medio de todos ellos, el IVAM, contenedor de una exposición que viene a ilustrar su alumbramiento hace 30 años.

Obra de Tseng Kwong Chi. Imagen cortesía del IVAM.

Obra de Tseng Kwong Chi. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

Ignasi Aballí, el ser o no ser de la imagen

Ignasi Aballí
Caso de Estudio
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 4 de marzo de 2018

“¡Tan sólo desearías que pertenecer a la especie humana no fuera acompañado de este insoportable estrépito, que esos pocos pasos irrisorios que hemos dado dentro del reino animal no se pagasen con esta perpetua indigestión de palabras, de proyectos, de grandes comienzos!” Así entendía Georges Perec la existencia. Y así, deletreando esos pasos, presenta Ignasi Aballí su trabajo evocando al escritor francés con el cine como telón de fondo. El IVAM le dedica su Caso de Estudio reuniendo tres de sus proyectos: Desaparición, Sinopsis y Listado (cine).

Ignasi Aballí. Imagen cortesía del IVAM.

Ignasi Aballí. Imagen cortesía del IVAM.

Un estrépito insoportable de imágenes y una indigestión de palabras de las que se hace eco Aballí mediante una serie de carteles, fotografías y una película que vienen a cuestionar el estatuto mismo de la imagen. “¿Qué aporta la imagen en este mundo saturado de ellas?” Y el artista catalán, al tiempo que formula la pregunta, no deja de dar pistas acerca de sus respuestas. “Adopto un punto de vista crítico que me lleva a limitarlas, a no añadir nada”. Contra la saturación, como se habla de grasas saturadas, Aballí opta por una dieta baja en calorías, de forma que la imagen quede aligerada de tanta contaminación visual.

En Desapariciones, 23 carteles y una caja de luz rememoran los guiones que Perec escribió para que fueran convertidos en películas. Algunas fueron rodadas y otras no. Da lo mismo a efectos de lo que Ignasi Aballí pretende, que no es otra cosa que jugar con la realidad y la ficción. Hay carteles que aluden a obras filmadas, en cualquier caso evocadores de una realidad que el artista reconstruye, y otras que son directamente fruto de la más pura invención. Todos ellos, eso sí, destilando el aroma del mejor diseño de carteles.

Obra de Ignasi Aballí. imagen cortesía del IVAM.

Obra de Ignasi Aballí. imagen cortesía del IVAM.

“Me interesa el cine como lenguaje. No soy cineasta y recurro a hablar de él desde la periferia, desde un punto de vista marginal, desestructurando los elementos de ese lenguaje”, explica el artista. Aún así, las desapariciones a las que alude el título del proyecto, destacan visualmente por su fuerte presencia iconográfica. “Sí, quería que el propio cartel se aguantara por sí mismo como obra”. Perec hizo desaparecer la letra “e”, la más usada en la lengua francesa, para provocar un movimiento de desplazamiento o corrimiento telúrico del lenguaje, al que se aferra igualmente Aballí para que la imagen se salga de sus casillas comerciales.

La propia película de Aballí, Desaparición, se nos presenta en una caja de luz en la que se puede leer: “El final es la pantalla, que es solo superficie”. Ningún relato cabe en su interior que no sea, precisamente, el que manifieste su cansancio por la imagen como vehículo de cierta narración con sentido. La pantalla es tan solo superficie, materia de la expresión, inhabilitada como soporte de historias que avancen hacia el clásico final. “De Perec me interesa cómo utiliza el lenguaje per se, cómo juega con él”.

Ignasi Aballí (izda) junto a Sergio Rubira, comisario de la exposición. Imagen cortesía del IVAM.

Ignasi Aballí (izda) junto a Sergio Rubira, comisario de la exposición. Imagen cortesía del IVAM.

La videoproyección, cuya duración es de 180 minutos en bucle, va en esa misma dirección del encadenamiento sin fin. Aballí, siguiendo la propuesta de Perec de mostrar 68 situaciones en las que el rostro no podía ser visto, monta la película con cientos de imágenes extraídas de los medios de comunicación. Rostros invisibles que se suceden una y otra vez a modo de carrusel fantasmagórico. “Cuando alguien oculta el rostro no suele ser por una buena causa”, y el artista se refiere, por ejemplo, a los detenidos que se tapan la cara para no ser identificados.

Sinopsis también lleva entre paréntesis el añadido de “película sin fin”. Colocado justo debajo de los espacios grabados por cámaras de vigilancia, Aballí se hace cargo de las situaciones violentas recogidas en esas pantallas para desvelar ese otro carácter inquietante de la imagen. “Nos venden que esas cámaras están ahí por nuestra seguridad, pero también nos vigilan”. El ser o no ser de la imagen que, al modo en que lo hacía Hamlet, manifiesta las dudas del saturado universo visual contemporáneo. Un universo que, como apuntaba Perec, se balancea entre el estrépito y la indigestión de palabras.

Vista de la exposición de Ignasi Aballí. Imagen cortesía del IVAM.

Vista de la exposición de Ignasi Aballí. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

La interpretación de los sueños de Grete Stern

Caso de Estudio. Grete Stern
Institut Valencià d’Art Modern. IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 3 de abril de 2016

El IVAM dedica a Grete Stern su nuevo ‘Caso de Estudio’. Y es que la artista alemana nacionalizada argentina es, sin duda, todo un caso. Para explicarlo, María Jesús Folch, comisaria de la exposición, realizó un repaso por su obra. Fue al llegar a la altura de los sueños de Stern que coinciden con la publicación en 1949 del libro El segundo sexo, de Simone de Beuavoir, cuando emergió la síntesis de su trabajo: “Aquí se ven reflejados sus dos caminos, el de la mujer que se afirma como sujeto y el de aquella otra que acepta esa alianza con lo doméstico”.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Ese choque entre la mujer que sueña con emanciparse de las trabas sociales y esa otra que es objeto de sus pesadillas creativas, atraviesa el conjunto expositivo que hasta el 3 de abril muestra el IVAM. “Es la pequeña gran joya de nuestra colección”, subrayó José Miguel Cortés, director del instituto valenciano. Pequeña gran joya compuesta por 61 obras, entre fotografías, libros, proyecciones y un documental, entre las que destacan los 140 fotomontajes realizados para la revista ‘Idilio’ de 1948 a 1951. En dicha revista fue donde ilustró los sueños de las numerosas lectoras que buscaban explicación a lo que su inconsciente maquinaba durante la noche.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

“El concepto de otredad está en la obra de Stern”, explicó Folch. Otredad que tiene mucho que ver con ese riesgo del sujeto que se afirma al margen de las convenciones sociales, frente al que busca su más amable encaje. Grete Stern, al modo que hizo Freud, interpreta esos sueños de la mente femenina, utilizando la técnica del fotomontaje. De manera que así, a base de juntar pedazos supuestamente inconexos, la artista alemana que huyó del nazismo para establecer su residencia en Buenos Aires, fue construyendo una obra de gran originalidad, calidad artística y sin duda evocadora, todavía hoy, de los fantasmas femeninos.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

María Jesús Folch habló de algunos de ellos: “confinamiento en el hogar”, todo lo relativo a “la función biológica de la reproducción”, también “la incomunicación” y, como contrapartida, “la denuncia de los estereotipos femeninos”. Casada con Horacio Coppola, con el que trabajó al principio mano a mano y del que muy pronto se divorció, Stern no dejó de reivindicar para ella y la mujer de su tiempo, extrapolable al actual, la libertad que sin duda reflejaba en la interpretación de los sueños. Sueños de los que ya se hizo cargo el IVAM en una exposición de hace 20 años, germen de la donación de su obra por parte de su hija Silvia al museo valenciano. “Continúa siendo igual de actual y contemporánea”, señaló Cortés.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotografía de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

La publicidad, la arquitectura, el retrato y la antropología, otorgando protagonismo a mujeres indígenas del Gran Chaco, también han sido disciplinas de su interés. Disciplinas que trabajó con el mismo anhelo de encontrar bajo la superficie de las cosas cierta verdad latente. Por eso sus fotografías están llenas de escaleras, peldaños o laderas que hay que subir o bajar, de ojos escrutadores, de jaulas, de naturalezas en calma o arrebatadas pero siempre inquietantes, de animales y, por supuesto, de mujeres que luchan contra ese fondo enigmático de seres y objetos a punto de doblegarla.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Fotomontaje de Grete Stern en el Caso de Estudio del IVAM.

Grete Stern es todo un caso porque fue construyendo su obra a contracorriente: primero, en el Berlín ya prácticamente abducido por el nazismo, y después, en el Buenos Aires del peronismo. La columna ‘El psicoanálisis le ayudará’ de la revista ‘Idilio’, que Stern ilustró, no se sabe si ayudó a sus lectoras, pero a ella le ha servido para construir una obra “ejemplo de modernidad y compromiso”, concluyó Cortés.

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Salva Torres

Ana Peters y sus estereotipos femeninos

Caso de estudio. Ana Peters: Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta
Instituto Valenciano de Arte Moderno. IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 22 de noviembre de 2015

¡Ah, la sociedad de consumo! He ahí uno de los latiguillos usados a troche y moche para denostar la manipulación que ejerce la publicidad en los medios de comunicación de masas de las sociedades desarrolladas. Baudrillard, Debord, Lipovetsky, Bauman, Ramonet o Verdú, por citar algunos autores, la han desmenuzado mostrando el poder alienante de esa sociedad de consumo que, al parecer, nos quiere a todos objetos en el marco de la enfervorizada dinámica mercantil. De forma que estaríamos en manos de ese poder narcótico inyectado a través de infinitos estímulos visuales.

Obra de Ana Peters en la exposición 'Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta'. Cortesía del IVAM.

Obra de Ana Peters en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

Uno de esos estímulos visuales es la mujer como objeto que encandila nuestra mirada. El IVAM dedica su Caso de estudio a Ana Peters bajo el título de Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta, exposición presentada al mismo tiempo que la de Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1976. Y lo hace para mostrar obras de su etapa inicial, precisamente focalizadas en esa crítica a la sociedad de consumo, en tanto potenciadora de ese carácter deseable y objetual de la mujer. El antifranquismo y cierto feminismo compartiendo, pues, parrilla expositiva en el IVAM.

Picas, de Ana Peters, en la exposición 'Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta'. Cortesía del IVAM.

Picas, de Ana Peters, en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

La treintena de trabajos que conforma la exposición de Ana Peters toma a la mujer como objeto deseable, para revelar lo que se esconde tras ese fondo hipnótico. Y lo que se esconde es un poder de seducción que conviene desactivar, como lo hace Peters, para que ese estereotipo femenino se resquebraje apareciendo el sujeto que la manipulación mediática diluye. De manera que junto a la mujer deseable, o en el contexto mismo de su deseabilidad, aparece la crítica como antídoto contra lo que, sin embargo, insiste en manifestar su poder: precisamente el carácter deseable de muchas de esas imágenes.

Fotograma de 'Margarita y el lobo', de Cecilia Bartolomé, en la exposición 'Ana Peters. Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta' del IVAM.

Fotograma de ‘Margarita y el lobo’, de Cecilia Bartolomé, en la exposición ‘Ana Peters. Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’ del IVAM.

Ana Peters pone en cuestión esa feminidad objetualizada, para que en otros casos emerja la denuncia social. Denuncia completada por alrededor de 40 documentos, entre publicaciones feministas de la época de los 60, revistas que acogen esas imágenes estereotipadas de la mujer o la película de Cecilia Bartolomé Margarita y el lobo (1969). La comisaria de la muestra María Jesús Folch realizó un recorrido por el conjunto expositivo destacando su relación con el grupo Estampa Popular, los inicios de su modernidad y la crítica realizada por Peters hacia esa “mujer homogénea” que presentaban las revistas de la época.

Obra de Ana Peters.

Obra de Ana Peters en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

Sorprende la candidez de las imágenes de aquella mujer de los 60 tomada como referencia mediática. En todo caso, Ana Peters dejó pronto aquel periodo crítico de su obra para centrarse con posterioridad en una abstracción de pinturas monocromas. La mujer homogénea no iba con ella. Aquellos estereotipos femeninos en la sociedad de consumo cubrieron una etapa de su vida que ahora el IVAM rescata. Lo hace casi 50 años después de algunas de aquellas creaciones. Creaciones que, pasado el tiempo, incitan a pensar de nuevo acerca de la sociedad de consumo y sus discursos estereotipados.

Obra de Ana Peters en la exposición 'Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta'. Cortesía del IVAM.

Obra de Ana Peters en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

Salva Torres

Nauman, un caso digno de estudio en el IVAM

Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 28 de junio, 2015

Ludwig Wittgenstein, una de las influencias de Bruce Nauman, afirmó que “de lo que no se puede hablar mejor es callarse”. Se refería a todo aquello que escapa a los límites del lenguaje. Que es, precisamente, de lo que se hace cargo el artista norteamericano, al que el IVAM le dedica su Caso de Estudio. Un caso sin duda digno estudio, por cuanto recoge en su trabajo las huellas de lo que Luis Racionero llamó filosofías del underground. Filosofías que exploraron a principios de la segunda mitad del siglo XX alternativas a la mente racional, para que aflorara libre de ataduras la parte más inconsciente del sujeto.

Obras de Bruce Nauman. Imagen cortesía del IVAM.

Obras de Bruce Nauman. Imagen cortesía del IVAM.

‘Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman’ reúne 14 obras del artista de Indiana, diez de la Colección del IVAM y cuatro de Electronic Arts Intermix, junto a otras de Man Ray, Marcel Duchamp, Merce Cunningham, Georges Hugnet, Richard Serra, Steve Reich, John Cage y Samuel Beckett, la de este último abriendo la exposición con sus películas ‘Film’ y ‘Quadratt’. Y ya sean las propias de Nauman o las de quienes “ayudan a contextualizar su obra”, según explicó la comisaria María Jesús Folch, lo cierto es que toda ella diríase atravesada por el afloramiento de ese inconsciente rayano a la locura.

Obra de Nauman en 'Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman'. Imagen cortesía del IVAM.

Obra de Nauman en ‘Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman’. Imagen cortesía del IVAM.

A Nauman le interesa tanto explorar los límites del lenguaje, del cuerpo, de la identidad, que en la mayoría de casos termina emergiendo una conciencia tan lúcida como alucinógena. Ya sea ‘Deformando la boca’, mediante un insistente ‘Pellizco en el cuello’ o simplemente ‘Rebotando en la esquina’,  sus videos parecen ilustrar cierto brote psicótico. Brote manifiesto en la película de Beckett, ‘Film’, a modo de prólogo del resto de la exposición.

En todo caso, Nauman pretende confrontarnos al hecho del cuerpo, el espacio y el tiempo en los cuales se inscribe ese cuerpo que da título al ‘caso de estudio’, en tanto manifestación de algo singular. Frente al cuerpo disciplinado, ya sea para el trabajo o el consumismo alienantes, el artista procede a mostrarnos un cuerpo liberado de ciertas convenciones sociales, de manera que sea él mismo. Y lo consigue a base de forzarlo a repetir sin descanso una serie de gestos o movimientos que terminan confluyendo en su polo opuesto: del orden al desquiciamiento.

Obra de Bruce Nauman en el IVAM.

Obra de Bruce Nauman en el IVAM.

Lo mismo sucede cuando explora los límites de la percepción, manipulando ciertas acciones o sonidos de forma que la mirada y la escucha se vean forzadas a ver y oír de otras maneras. De nuevo Wittgenstein cuando dice: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”. Nauman pretende que el sujeto amplíe esos límites, para que así aflore ese otro mundo diferente al que no tiene acceso por hallarse encerrado entre las cuatro paredes de su propio y estrecho lenguaje.

En ‘Good boy, bad boy’ y en ‘Flesh to White to black to flesh’ fuerza la confrontación de sonidos y la idea de máscara, haciendo que converjan a un tiempo la crítica social, desvelando ciertos engaños y ocultamientos, con la emergencia de una identidad confusa e igualmente alienada. El cuerpo, inscrito en un espacio y un tiempo al servicio de ese desvelamiento manipulador, comparece en la obra de Bruce Nauman como un cuerpo extrañado. Un cuerpo forzado a la repetición de ciertos gestos y acciones. Un cuerpo amenazado por aquello que vendría a liberarlo. Nauman es, sin duda, un caso digno de estudio.

Una de las imágenes de Nauman en la exposición 'Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman'. Cortesía del IVAM.

Una de las imágenes de Nauman en la exposición ‘Cuerpo, Espacio y Tiempo en Bruce Nauman’. Cortesía del IVAM.

Salva Torres