Mariscal: “El nacionalismo es algo primario”

Sabios en Rambleta: Javier Mariscal
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina Pío IX. Valencia
Miércoles 7 de octubre, 2015

Javier Mariscal pasó por Factoría Rambleta en calidad de ‘sabio’. Y famoso. Sin embargo, no dejó de poner en cuestión ambos términos. Mariola Cubells, directora de Relaciones Externas de Espai Rambleta, intentó atarle en corto procurando que se ciñera a sus preguntas. Y él, con cara (mucha) de sabio ¿? despistado, vino a decirle: a otro perro con ese hueso. Porque lo cierto es que se iba constantemente por los cerros de Úbeda que, en su caso, transitan entre Valencia, su ciudad natal, y Barcelona, la ciudad de acogida que le hizo famoso gracias a la olímpica mascota Cobi de los Juegos de Barcelona 92.

Javier Mariscal, en un momento de la conversación con Mariola Cubells, en Espai Rambleta.

Javier Mariscal, en un momento de la conversación con Mariola Cubells, en Espai Rambleta.

Cubells le recriminó que se fuera de Valencia, dejando a la ciudad huérfana de su creatividad. “Yo nunca me he ido de ninguna parte. No le doy importancia a dónde vives. De hecho, pensaba que en Barcelona iba a durar dos telediarios y ahí me he quedado, quizás por pereza”. Y para escapar de esa red que Cubells le tendía en torno a su huida de Valencia, Mariscal fue primero romántico y después taxativo cosmopolita. “Valencia es como una madre divina, acogedora, que te da caloret, te abraza y te produce un gran bienestar”. He ahí la luz romántica. Y, después, su sombra: “¡El nacionalismo es de tan niño pequeño, algo tan primario! Vas a Japón y enseguida echas de menos las lilas o lo que sea de Valencia”.

Javier Mariscal, junto a Mariola Cubells, observando la proyección de algunos de sus dibujos, en Espai Rambleta.

Javier Mariscal, junto a Mariola Cubells, observando la proyección de algunos de sus dibujos, en Espai Rambleta.

Su larga y distendida conversación con Mariola Cubells, ante un centenar de espectadores que acudió a escuchar al ‘sabio’, transcurrió a caballo entre ese caloret de la patria como infancia y los esfuerzos por despegarse de él. “Mis primeros recuerdos son dibujar, dibujar y dibujar”. Sobre todo chicas desnudas. “En 1964 no había ni el Playboy, entonces te las tenías que inventar”. Y como lo hacía muy bien, los compañeros de clase le pedían sus dibujos. “¡Qué te van a pagar! Al principio, el mayor reconocimiento era que les gustara y te robaran los dibujos”. Algo que le sigue ocurriendo en la actualidad. “Fernando Trueba tiene libretas mías enteras de La Habana en su casa”, en alusión a Chico y Rita, película de animación realizada junto al director de Belle Époque.

“Todas las conexiones neuronales importantísimas las he tenido en Valencia”, recordó. Eso sí, “yo en Barcelona aprendí a dibujar”, en Barrachina, espacio que había “en la plaza del Caudillo, donde ahora hay un McDonalds”. Fue allí donde saltó a la fama por la mascota Cobi que dibujó para los Juegos Olímpicos del 92. “Es muy difícil que te vuelva a tocar hacer algo así, tan difundido mundialmente”. Aquello lo recuerda con un punto de nostalgia y crudeza, porque Javier Mariscal narra su vida así: dando una de cal y otra de arena. “Los Juegos Olímpicos los veía como un negocio de un señor llamado Samaranch”. También como la “excusa para sacar dinero al Gobierno central”.

La mascota Cobi, de Javier Mariscal, proyectada en Espai Rambleta en un momento de la conversación de 'Sabios en Rambleta'.

La mascota Cobi, de Javier Mariscal, proyectada en Espai Rambleta en un momento de la conversación de ‘Sabios en Rambleta’.

Y puestos a valorar su trabajo, Mariscal explicó que una mascota tenía que ser “fácilmente reconocible”, con una identidad “potente y fuerte”. “Cuando creas un personaje [como Cobi], sabes que lo has logrado cuando te habla y estás ya hablando con él”. En este sentido, mencionó a Paco Roca: “Cada vez dibuja mejor, y sus soldados se ve que le hablan a él”. De todo aquello aprendió, con la distancia, “a perder el tiempo” en un mundo que “cada vez va a mejor”, algo en lo insistió: “Todos los días somos más felices y más sabios”.

Felicidad y sabiduría, a pesar de los pesares. “Hasta todo lo malo un día se acaba”, dijo en alusión al gobierno del PP en la Comunidad Valenciana. “¡Cómo se puede hacer eso [lo del Cabanyal], la tía gorda sinvergüenza [por Rita Barberá]!”, exclamación que arrancó en Espai Rambleta los mayores aplausos de la noche. Y volvió a Valencia, madre divina, al tiempo que demoniaca. “Tengo una tendencia bestial a la autodestrucción, que es muy valenciano”. Y puso como ejemplo las Fallas: “Se pasan el tiempo fabricando algo bellísimo para después destruirlo”. Creación y destrucción que atraviesa como un torrente el discurso de Javier Mariscal. “¿Qué es eso de tu tierra? Los únicos que tienen su tierra son los árboles”. Los demás lo que buscamos “es el cariño, desde los chimpancés”. Y así fue, a salto de mata, como Javier Mariscal fue desgranando su ‘sabiduría’ en Factoría Rambleta.

Javier Mariscal en 'Sabios en Rambleta' de Espai Rambleta.

Javier Mariscal en un momento de ‘Sabios en Rambleta’ de Espai Rambleta.

Salva Torres

Torrent: “La mediocridad entierra a los creadores”

Un dinar un dia qualsevol
Ferran Torrent

Ferran Torrent es sin duda el escritor de la terra que más ha contribuido a poner Valencia en el mapa literario y, además, en dos idiomas: valenciano y castellano. Con una impecable trayectoria de casi treinta años y una veintena de novelas, cuatro de ellas llevadas al cine, se mantiene fiel a sí mismo en su último título, ‘Un dinar un dia qualsevol’ (Una comida un día cualquiera), donde habla sin tapujos ni medias tintas de la corrupción a gran y pequeña escala, de crímenes privados y públicos.

Portada de 'Un dinar un dia qualsevol', de Ferran Torrent.

Portada de ‘Un dinar un dia qualsevol’, de Ferran Torrent.

Con un ritmo intenso de un libro cada dos años, Torrent ha necesitado algo más de tiempo para culminar éste, que inició como un reportaje en profundidad sobre la corrupción en la Comunidad Valenciana. En vista de que “lo que contaba no se podía contar, porque no se podía demostrar”, dice, optó por la ficción en la que, en este caso, cualquier parecido con la realidad es previsible.

Así, entrelaza dos temas, la crisis del Valencia CF y la aparición del cadáver de un adolescente magrebí en un vertedero. Corrupción y basura en una doble metáfora. El veterano periodista Marc Sendra es la cámara que visualiza una realidad dura y compleja, con ayuda de un policía, un cura y un par de delincuentes de poca monta.

Fotograma de la versión cinematográfica, dirigida por Francesc Bellmunt, de la novela 'Un negre amb un saxo' de Ferran Torrent.

Fotograma de la versión cinematográfica, dirigida por Francesc Bellmunt, de la novela ‘Un negre amb un saxo’ de Ferran Torrent.

“Temas hay muchos y cada uno debe de escribir sobre lo que le gusta con entera libertad”, afirma Torrent. “Yo hablo de Valencia no porque haya aceptado una especie de misión, sino porque es el terreno que mejor conozco. Además, es una ciudad perfecta para hacer literatura”.

En esta ocasión Torrent no sólo visita los barrios marginales, también deja vagar su mirada por la Valencia del glamour. “Hago un recorrido gastronómico y cultural por la Valencia más digna a través de su arquitectura, del Modernismo y de la alta cocina”, comenta. La alusión del dinar del título es un referente al hecho incuestionable de que “los asuntos importantes siempre se tratan en torno a una buena mesa”.

El escritor de Sedaví no quiere entrar en el tema del caloret, que le tiene francamente irritado. “Siempre somos noticia por lo malo y el lamentable episodio del caloret se suma al asunto de la corrupción”. Habría que reivindicar la Valencia “de los creadores, enterrados por la mala política, sepultados por la marca de la mediocridad”, dice.

La mayoría absoluta de la administración pública es la causa de los males de esta Comunidad. Su origen se remonta al multitudinario mitin del PP que congregó a 70.000 personas en Mestalla, siendo presidente Zaplana. “Tengo la sensación de que en ese momento se inició el desastre”.

Fotograma de la versión cinematográfica, realizada por Sigfrid Monleón, de 'L'illa de l'holandès' de Ferran Torrent.

Fotograma de la versión cinematográfica, realizada por Sigfrid Monleón, de ‘L’illa de l’holandès’ de Ferran Torrent.

Cuatro de sus novelas han sido llevadas a la gran pantalla con desigual fortuna, él mismo las juzga con estas palabras: “La primera ‘Un negre amb un saxo’, resultó ser una película regular tirando a mala; luego se adaptó ‘Gràcies per la propina’, que fue buena; le siguió ‘L’illa de l’holandés’, que también me gustó; finalmente ‘La vida en el abismo’, adaptada por Ventura Pons, que pasó a llamarse ‘La vida abismal’, fue horrorosa, no me gustó nada”.

Pese a nutrir gran parte sus historias en las miserias y grandezas del poder, Torrent confiesa que no alienta ninguna ambición política, a diferencia de otros creadores valencianos, que últimamente se han adscrito al PSOE; Carmen Amoraga o Miquel Navarro.

Tampoco cree que se esté remontando la crisis, aunque la gente empieza a acostumbrarse a ella. “La ventaja de vivir en un pueblo es que te permite tomar mejor el pulso de la calle y medir la evolución de la recuperación y la crisis”, comenta. “Observo que se está gastando un poco más, el consumo se anima, pero ello no se debe a la recuperación, sino a que la gente ya se ha acostumbrado a la situación y ha perdido el miedo”, concluye Ferran Torrent.

Ferran Torrent.

Ferran Torrent. Imagen de Fira del Llibre TV.

Bel Carrasco