Anna Karenina con piano de fondo

Anna Karenina, de Versus Teatre
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Hasta el domingo 6 de noviembre de 2016

Multimillonarias superproducciones cinematográficas, letras sobre el papel o interpretaciones teatrales, todo vale para contar una historia cuando la trama trasciende la mera anécdota y es capaz de conectar con el público. Es el caso de ‘Anna Karenina’, obra cumbre de la literatura rusa, que esta semana llega a Sala Russafa de la mano de la compañía catalana Versus Teatre.

Se incluye en el Ciclo de Compañías Nacionales, que hasta la primera semana de diciembre reúne en una programación heterogénea la variedad del panorama escénico español, con siete propuestas de compañías de mediano formato y gran calidad artística que en pocas ocasiones pueden mostrar su trabajo es Valencia.

Anna Karenina, de Versus Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Anna Karenina, de Versus Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Es el caso de esta formación barcelonesa, que estrena en la Comunitat Valenciana una valiente adaptación de la novela de Tolstoi. Del jueves 3 al domingo 6 puede verse esta versión escrita y dirigida por Iván Padilla. Un texto que descarta otras tramas menores para centrarse en el famoso triángulo entre una aristócrata acomodada, su marido y su amante.

A través de temas como el deseo y el amor, se habla de otros como la felicidad, la soledad y la culpa. Una magistral representación del dilema entre la fidelidad a uno mismo y a los demás. Sobre las tablas, por fin Anna logrará conocerse a sí misma gracias a sus pasiones, a lo que le despierta una atracción instintiva. Pero, ¿qué ocurrirá cuando se vea obligada a negarlas, a renunciar a su propia naturaleza para respetar las normas del comportamiento social?

Incorporando diálogos de la novela original, apoyándose en la música de piano que se interpreta en directo para describir el estado emocional de los personajes, este montaje íntimo recrea uno de los conflictos más universales y uno de los más complejos retratos femeninos de la literatura. Una emocionante historia a la que esta vez dan vida el propio Padilla, Lara Díez y Dani Ledesma.

Todos sus patitos.

Todos sus patitos, de Baychimo Teatro. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Todos sus patitos

La programación familiar de Sala Russafa de esta semana acoge a la joven formación zamorana Baychimo Teatro, que visita por primera vez la ciudad y estrena en la Comunitat Valenciana ‘Todos sus patitos’ (5 y 6 nov). Una de las figuras emergentes de la literatura infantil europea contemporánea, el austríaco Christian Duda, visita el escenario de Russafa con la adaptación de este cuento, nominado para el Premio Alemán al Libro Infantil y Juvenil 2009.

Ahora se transforma en una delicada pieza teatral que habla de los diferentes ciclos de la vida, de las relaciones humanas y de la necesidad de sentirse cercano a los demás. Sobre las tablas, la escenografía e iluminación recrean un bosque.

Combinando la interpretación actoral con la manipulación de objetos se cuenta la historia de Konrad, un zorro hambriento del que escapa una pata, abandonando un huevo del que, inmediatamente, nace Lorenz. El pequeño patito creerá que está frente a su padre y el zorro no tendrá más remedio que llevárselo consigo en este sensible y visual espectáculo recomendado para espectadores a partir de 4 años.

Anna Karenina, de Versus Teatre.

Anna Karenina, de Versus Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Más artes escénicas y menos IVA

Presentación de la Academia de las Artes Escénicas de España
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Lunes 4 de mayo de 2015

“No es un problema del gobierno, es un problema nuestro. ¡Allá el gobierno!”. Y José Luis Alonso de Santos, encendido como un rayo por la mecha de las palabras, fue desgranando la importancia, tremenda importancia, de la prácticamente recién nacida Academia de las Artes Escénicas de España, que se presentó el lunes en Valencia de la mano de Sala Russafa. “Tenemos que hacernos respetar y recuperar el prestigio social”. ¿Cómo? Recuperando el buen correr del ciervo frente a la resignada tortuga, por utilizar su propia metáfora.

“Hablamos de la ambición de la excelencia, porque al igual que los médicos tienen que curar bien, nosotros tenemos que hacer buenas obras de arte con las que mover los cimientos del mundo”. Un mundo, continuó el presidente de la Academia, “que nos ha ido quitando las ambiciones y nos ha convertido en tortugas en lugar de ciervos”. Por eso insistió en la importancia de los profesionales del sector de las artes escénicas: “No somos un grupo marginal que nos quejamos de lo mal que está todo; somos una entidad de primerísimo orden que acaba de nacer para dignificar la profesión”.

Logotipo de la Academia de las Artes Escénicas de España. Imagen cortesía de la Academia.

Logotipo de la Academia de las Artes Escénicas de España. Imagen cortesía de la Academia.

Para ello, Alonso de Santos incidió en algo que es extensible al resto de colectivos agrupados en torno a una misma práctica cultural: “Tienen que ver que nos creemos el teatro, porque si no, es como el cura que no cree en Dios”. Y aunque el símil produjera entre el medio centenar de profesionales reunidos en la Sala Russafa un runrún de incredulidad, lo cierto es que el ciervo lo necesita para abandonar el lánguido paso de la tortuga.

En el editorial de la revista ‘Artescénicas’, cuyo primer número también se presentó en Valencia, Alonso de Santos explica que no es normal que, “entre la indiferencia y la resignación de los ciervos, las tortugas se vayan apropiando de todos los resortes para impedir ese ‘buen correr’, imprescindible para el positivo desarrollo de la humanidad, tal como la sueñan los ciervos”.  Pero lo peor, sigue diciendo el dramaturgo, es que “hasta los mismos ciervos empiecen a pensar que tal vez lo que ellos hacen no sea tan necesario, ya que la sociedad no lo estimula ni facilita, sino todo lo contrario”.

De ahí su hastío con el gobierno y el maldito IVA del 21%. “El IVA es una maldad, pero la cuestión fundamental estriba en ser nosotros grandes ante ese gobierno pequeño, siendo orgullosos como artistas”. De hecho, habló del nacimiento de la Academia como antídoto contra la peor de las enfermedades del ser humano: la resignación. Contra eso y contra la oscuridad que impone la maraña del bosque. “La sociedad es un bosque que nos está comiendo, porque hasta que algunos crearon un espacio abierto donde actuar, crear ritos y ceremonias, estábamos perdidos, y la Academia viene precisamente a hacer llanura en ese bosque”.

Imagen de los Premios Max de la web de la Academia de las Artes Escénicas de España.

Imagen anunciadora de los Premios Max en la web de la Academia de las Artes Escénicas de España.

Por eso era tan importante darle sentido a la institución, porque “el gran peligro es que exista para nada”. Encontrar el “para qué”, que uniera a tanto “disidente orgulloso de serlo”, fue capital a la hora de poner en marcha la Academia: “Tenemos la responsabilidad de hacer el mundo menos inmundo; no es idealismo, es dar sentido a lo que no lo tiene”. No fue fácil ponerse de acuerdo con el término de Academia y menos aún con el de España que sigue al de Artes Escénicas: “La palabra España viene precisamente a descentralizar la institución, porque así tienen cabida todos”. De hecho, el presidente animó a los valencianos a que presentes proyectos, actividades y que encabecen propuestas.

“Y aquí estamos”, concluye José Luis Alonso de Santos en el editorial de ‘Artescénicas’, “metidos en esa eterna batalla entre crear o destruir, entre estimular posibilidades más enriquecedoras y creativas del ser humano, o dejar que crezcan solo las malas hierbas del egoísmo, la necedad pueril y el adanismo primitivo, fuera de los mejores canales del arte y la cultura que el esfuerzo de los mejores del pasado nos han legado”. La presentación acabó con la polémica, sin duda germen creativo de la propia Academia, entre teoría y práctica, y entre pathos y logos. Pero esa es ya otra historia…

Más información:
http://academiadelasartesescenicas.es

Profesionales del sector en la presentación de la Academia de las Artes Escénicas de España en la Sala Russafa de Valencia.

Profesionales del sector en la presentación de la Academia de las Artes Escénicas de España en la Sala Russafa de Valencia.

Salva Torres

 

Arden, el que a buen árbol se arrima…

20 años de la compañía Arden
Exposición comisariada por Isabel Mañas
Jueves 16 de abril
Gala conmemorativa
Viernes 24 de abril
Sala Russafa
C / Dènia, 55. Valencia

La compañía Arden toma su nombre de un bosque cercano a la ciudad natal de Shakespeare, Stratford-upon-Avon, del que hoy día solo queda un árbol. Desde 1995, cuando la fundaron Juan Carlos Garés y Chema Cardeña, el panorama cultural nacional y valenciano también se ha ido despoblando. Pero, como el árbol del bosque por el que paseó el dramaturgo inglés, esta formación veterana de la escena valenciana resiste y celebra su vigésimo aniversario con una exposición y una pequeña gala.

En dos décadas ha llevado a escena 24 montajes que incluyen grandes éxitos como ‘La puta enamorada’, ‘El idiota en Versalles’, ‘RIII’, ‘8 Reinas’ o la reciente ‘Alicia en Wonderland’, entre otros. Espectáculos en los que ha ofrecido nuevas visiones sobre personajes históricos entre los que se encuentran William Shakespeare, Isabel La Católica, Molière, Velázquez, Casanova, Sócrates o Robespierre y por los que ha recibido más de 70 reconocimientos en certámenes nacionales y autonómicos como los Premios de las Artes Escénicas de la GV, los Premios Abril, los Premios Max Aub, el Premio de la Crítica de Barcelona y los Premis Butaca, así como los Premios Max.

La compañía Arden al completo. Fotografía: Juan Terol. Cortesía de Sala Russafa.

Imagen de los profesionales técnicos, artísticos y administrativos de la compañía valenciana Arden Producciones. Fotografía: Juan Terol. Cortesía de Sala Russafa.

Dos décadas en las que han contado con la colaboración de grandes profesionales de las artes escénicas valencianas, nacionales e internacionales, como Michael McCallion, Carme Portaceli, Vicent Vila, Carles Alfaro o Josep Solbes, entre muchos otros, ya que sólo la lista de actores que ha intervenido en sus montajes incluye a nombres destacados de la escena valenciana como Amparo Vayá, Toni Aparisi, Juan Mandli, Josep Manel Casany, Ruth Lezcano, Rosa López, Jerónimo Cornelles, Pascual Peris, Álvaro Báguena, Enric Juezas, Rafa Alarcón, Iria Márquez y un larguísimo etcétera.

Además, la formación ha impulsado la creación de Sala Russafa, un centro cultural con 2.000 m² destinados a la producción, docencia y exhibición de las artes escénicas. Y, sobre todo, Arden ha sobrevivido al teatro. «Mantener viva una compañía teatral en Valencia durante 20 años es casi un milagro, así que queremos celebrarlo», reconoce Cardeña. Su aniversario coincide con el de formaciones como Albena, La Hongaresa o El Micalet. «A mediados de los años 90 se desmanteló el Centro Dramático de la Generalitat y los profesionales de las artes escénicas nos dimos cuenta de que teníamos que generar nuestras propias compañías para poder trabajar en Valencia. La suerte es que aquella cantera era increíble y de allí surgió gente que hoy día, a base de mucho esfuerzo, seguimos en pie» apunta el dramaturgo, profesor, actor y director.

La otra cara reconocible de Arden es Juan Carlos Garés, aunque todavía hay quien no los distingue. «Cuando no nos conocíamos, la gente me confundía con Chema, me decía que me había visto en obras en las que salía él, era bastante curioso. Al fin nos encontramos y supe que a él le pasaba lo mismo, hasta me enseñó el borrador del primer acto de una obra inspirada en aquella situación. Era el germen de ‘La Estancia’, que se convirtió en nuestro primer espectáculo y fue uno de los momentos creativos más bonitos de mis 33 años en esta profesión», recuerda Garés.

Escena de 'La puta enamorada', una de las obras de Arden Producciones.

Escena de ‘La puta enamorada’, una de las obras de Arden Producciones.

A sus 50 años, sigue teniendo las mismas inquietudes que cuando empezó: «Sin carácter emprendedor, es absurdo querer dedicarse a las artes escénicas porque en esta profesión hay que buscarse la vida. Lo bueno es que estamos en contacto con la gente joven, tanto en la Sala como en nuestros montajes, donde intentamos que siempre haya un nuevo talento entre el reparto, y vemos que hay relevo en las nuevas generaciones «, afirma el actor y productor.

La tercera pata de la compañía, quizá menos visible, es el músico David Campillos. «Empecé a trabajar con Arden cuando cumplían diez años y una década más tarde he de reconocer que me han permitido crecer muchísimo profesionalmente», comenta Campillos, quien se dedica a la producción y gestión tanto del centro cultural como de la compañía, siendo responsable de la programación de conciertos en Sala Russafa y de la ambientación musical de muchas de las piezas de Arden. «Solo pongo la cara cuando salgo al escenario para tocar en algunos montajes, el resto del tiempo estoy en los miles de detalles que necesita una obra para salir a escena cada día. La gente no se imagina cuánto trabajo supone, pero los que nos quedamos en las bambalinas también estamos enganchados al veneno del teatro» reconoce el tercer socio de la compañía valenciana.

Elenco de 'Alicia en Wonderland', obra de Arden Producciones.

Elenco de ‘Alicia en Wonderland’, obra de Arden Producciones.

Exposición y gala conmemorativa

Con la apertura en 2011 de Sala Russafa, Arden ha podido llevar a las tablas propuestas con mayor riesgo artístico y económico, haciendo evolucionar el sello de esta compañía de autor, que va a la raíz del teatro, centrando el peso de las producciones en el texto y la interpretación actoral. «Creo que es inevitable evolucionar si estás 20 años creando espectáculos, pero nuestras obras siguen teniendo un carácter propio y muy reconocible», afirma Cardeña, dramaturgo y director artístico de la compañía. El suyo es teatro que se inspira en el pasado, retomando personajes históricos, autores y estilos del teatro clásico, combinando realidad y ficción. Las obras de Arden miran atrás para entender el presente y ofrecer un punto de vista con el que enfrentarse al futuro.

«El nuestro lo vemos complicado, sinceramente. Lo llevamos viendo así desde que empezamos, pero ahora la precariedad de las artes escénicas es muchísimo mayor, así que queremos celebrar este aniversario porque no sabemos si vendrán otros después». Para hacerlo, el 16 de abril inauguran una pequeña muestra comisariada por Isabel Mañas en la que se incluyen carteles originales, recortes de prensa, vestuario, galardones y fotografías que sintetizan la experiencia de las más de 2.000 funciones que ha ofrecido la compañía valenciana desde el 95 en ciudades de toda España y en giras por Latinoamérica.

Además, el 24 de abril realizarán en el centro cultural de Ruzafa una pequeña gala en la que harán repaso a su trayectoria con la colaboración de una veintena de representantes de la escena valenciana entre los que se incluyen Juan Mandli, Mª Ángeles Marchirant, Cristina Pitarch o Amparo Vayá, entre otros.

Además, se ofrecerá un adelanto de la película del realizador Vicente Monsonís que ha llevado al cine uno de sus últimos espectáculos, ‘Matar al Rey’. Ése es uno de los proyectos más inmediatos de Arden para 2016. También está la realización de una nueva pieza que siga la estela marcada por ‘Revolución!’ y ‘Alicia en Wonderland’, combinando música en directo y análisis político. Y la creación de un nuevo espectáculo para niños basado en un popular personaje de la historia española. «Pero nuestro proyecto más importante, el que nos hace más ilusión, es cumplir 21 años en activo. Y 22, 23… todos los que podamos», confiesa Cardeña, quien se muestra absolutamente convencido de que siempre hay alguna manera de levantar el telón.

De izquierda a derecha, Juan Carlos Garés, Chema Cardeña y David Campillos, socios de la compañía Arden. Foto: Juan Terol.

De izquierda a derecha, Juan Carlos Garés, Chema Cardeña y David Campillos, socios de la compañía valenciana Arden Producciones. Foto: Juan Terol.

 

El haiku en piedra de Cristina Iglesias

Cristina Iglesias
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 13 de abril, 2015

La apariencia de esta obra, su forma, es la del tejadillo de una tienda cualquiera, un lugar público, corriente, que pasa totalmente desapercibido. Pero cuando uno se fija en ella y se acerca, descubre la filigrana oculta de una piedra semipreciosa sumergida en una luz apagada, translúcida, abstraída en su mundo cromático interno.

Este juego que las vetas del alabastro hacen con la luz que le llega indirectamente desde arriba, hacen que el objeto, que es una piedra, se convierta en un cristal. Combina las propiedades luminosas del vidrio con la textura natural de la piedra, cobrando así matices refinados. Seguramente sería por esta sutil belleza secreta por la que en el pasado tallaran con ella objetos sagrados y funerarios.

Detalle de la obra de Cristina Iglesias expuesta en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Cortesía del museo bilbaíno.

Detalle de la obra de Cristina Iglesias expuesta en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Como un haiku japonés, su discreta sencillez transforma de un modo recogido y femenino el lugar de la sala donde se ubica, al fondo de un corredor que las térreas esculturas de Basterretxea proponen abruptamente como bosque.

Y sin embargo, no por femenino menos escabroso y rotundo. La voluptuosidad de la piedra no oculta la delicada belleza del cristal, su relieve.

“Siempre me ha atraído -dice la autora- la geografía de los objetos, los pequeños detalles que hacen de la orografía un mapa nuevo, un descubrimiento que se observa más con los ojos del alma que con los del cuerpo”.

Obra de Cristina Iglesias en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Cristina Iglesias en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres

Ernesto Neto, en todos los sentidos

El cuerpo que me lleva, de Ernesto Neto
Museo Guggenheim Bilbao
Avenida Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 14 de mayo

Las formas que construye Ernesto Neto (Río de Janeiro, 1964) son blandas, goteantes, sinuosas, abombadas o estiradas, aparecen suspendidas de lo alto, o colgantes y envolventes, a veces también desparramadas por el suelo. Utiliza materiales ligeros, porosos y transparentes, como el nailon, la licra, la poliamida, hilos de colores trenzados en red o alfombras de espuma engarzadas en pequeños nudos. La luz penetra siempre y queda tamizada, sin sombras. Forma monstruos testiculares que caen de las alturas, o bosques íntimos de luz, horizontes de poliamida.

Algunas de estas instalaciones se dejan pisar, recorrer, oler, habitar, como si fuera el cuerpo de una amante hecho de ganchillo. Porque el artista quiere que se interactúe con su obra y que se haga con todos los sentidos, es decir, que el visitante tenga una experiencia puramente sensorial. Pretende que la experiencia múltiple esté garantizada: que la obra genere experiencias distintas en cada visitante, y al mismo tiempo, la de su propio cuerpo en el espacio. Por tanto, al artista no le interesa tanto el espectador como el participante, sobrepone la experiencia a la contemplación.

Pero la interacción tiene un peligro: cuando se toma la parte por el todo, el resultado es siempre negativo. Es decir, cuando la parte que se deja tocar, pisar, atravesar, ocupa todo el interés en perjuicio de la parte que reclama ser contemplada, la obra se resiente y pierde todo su sentido. También es justo decir que todo depende del tipo de público que interviene. Si este no tiene respeto por la obra de arte, esta se convierte en mero entretenimiento. Así por ejemplo, en las instalaciones que contaban con guitarras y tambores, se podía apreciar hasta qué punto se profanaba la obra artística con la invasión de un público que sólo buscaba ocuparla desde el lado exclusivamente lúdico, aporreando los instrumentos y desentendiéndose del resto, provocando que la sala se vaciara de todo interés artístico.

Es el riesgo que Neto corre. Su intención es que el cuerpo sea el protagonista destacado de esta exposición, que los sentidos sean el eje vertebrador estético absoluto, que sea la sensación, como función psíquica, la completa dominadora del espacio, como el propio artista dice: “Quiero que aquí se deje de pensar. Refugiarse en el arte. Creo que no pensar es bueno, es respirar directamente de la vida”.

Pero el dominio de lo sensorial, al quedar anclado en sí mismo y desentenderse de toda emoción y reflexión, amenaza con adulterarse y navegar a la deriva, convirtiéndose en superfluo y saturado de sí mismo. Encontramos así innecesaria y pretenciosa la colocación de guitarras, tambores, cascabeles, latas de cerveza, cocos o saquitos de especias aromáticas en el interior de los espacios, con la finalidad de remarcar la idea de cómo deben ser habitadas. No necesitamos que se nos diga cómo debemos habitar un espacio; resulta incluso irritante que se nos dirija para eso.

Por otra parte, ha sido desafortunada la colocación de piezas de arte conceptual que Neto ha rescatado de los años 90 y que visten las paredes de las salas junto a la obra más reciente. No conviven bien con ella, mejor dicho, no conviven en absoluto. Ninguna guarda relación con la obra principal, ni se asocia con ella de ningún modo, como si fueran estados de ánimo que un abismo de tiempo ha hecho irreconciliables. Esa corporalidad de la que hablábamos, la rotunda presencia de la sensación que impregna toda la muestra, para ser pura (como es intención del artista) no puede incluir ningún juicio, no puede ser conceptual. Tiene que ser a la fuerza irracional.

Sin embargo, es el propio instinto creador del artista el que se encarga de desmentir sus propias intenciones al hacerle ver que el cuerpo es trasunto de otro infinitamente más vasto y complejo, como es el propio cuerpo de la naturaleza. No sólo en su dimensión interna sino también externa, como paisaje, la relación con la naturaleza le lleva a la poesía y a lo desconocido. Así, ese sensacionalismo que amenazaba con anegarlo todo de pura irracionalidad, es ligado de nuevo a la dimensión total de la que forma parte, y recupera su integridad a través de la expresión artística y su conexión con la naturaleza.

Lo demuestran obras como El cuerpo que cae, Nave útero, La vida es un cuerpo del que formamos parte, o El tiempo lento del cuerpo que es piel, a la que el artista alude como “isla cuerpo” o “montaña animal”, una obra un poco dudosa desde el punto de vista estético, pero plena de sentido.

También la obra Dulce borde, un interrogante sobre la relación con lo que nos rodea, dónde termina lo real y empieza lo irreal, al estar ambas dimensiones implícitas la una en la otra. Cómo es la relación con nosotros mismos, con los otros, con las cosas que tenemos o hacemos, con los animales o con la naturaleza. En palabras del propio artista, “somos naturaleza. Todos lo somos. Es una idea capital porque solemos separar la naturaleza de nosotros mismos, la situamos fuera, cuando la naturaleza está en nuestro interior”.

Y es esta relación múltiple y a la vez unívoca, extrañamente poética y natural, la que nos hace descubrir un arte que siempre va más allá del propio artista y del que lo experimenta.

Iñaki Torres

El ingenio mecánico de Petit Pierre

Petit Pierre, de Carles Alfaro a partir del texto de Suzanne Lebeau
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 4 al 15 de diciembre

Carles Alfaro se llevó una grata sorpresa cuando Bambalina Teatre le llamó para hacerse cargo de Petit Pierre. Llevaba ocho años sin hacer nada en Valencia. “No porque no quisiera, sino por falta de ofertas”. El que fuera director del emblemático Moma Teatre, cerrado en 2003 por el progresivo enflaquecimiento de ayudas institucionales, regresa con una obra que bien pudiera ser metáfora de la propia situación por la que atraviesa la cultura en este país. En medio de la vorágine bélica que sacude el siglo XX, Petit Pierre, o más exactamente Pierre Avezard (1909-1992), sobrevivió a las burlas que le procuraba su cuerpo deforme, para crear durante 40 solitarios años un sobresaliente ingenio mecánico. “Hay científicos que siguen sin explicarse cómo lo hizo con sus nulos conocimientos y dando soluciones a cosas que no estaban inventadas”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Carles Alfaro dirige este sorprendente Petit Pierre, interpretado por Adriana Ozores y Jaume Policarpo. Y lo hace para poner en pie una obra que cuenta “la historia del siglo XX”, por un hombre cuyas limitaciones le preservaron, paradójicamente, “de la conciencia de sufrimiento ajeno y de la absurdez humana”. Para ello, buscó refugio en su establo, rodeado de vacas, en medio del bosque y fue creando, pieza a pieza, un grandioso carrusel mecánico hoy visitado por miles de personas. “¿Era un artista, un genio?”, se pregunta Alfaro. “Probablemente, más genio que artista; alguien que tiene la mirada del niño y que, como el artista del arte povera, recoge elementos estériles para darles una nueva utilidad”.

“CULTURARTS ES UN INVENTO EMPRESARIAL PARA HACER EREs”

Petit Pierre estará en el Teatre Talia del 4 al 15 de diciembre. Carles Alfaro se sube así de nuevo a un escenario valenciano, tras cerrar Espai Moma. “Aquel cierre se produjo porque era mejor hacerlo que subsistir, por falta de ayudas, bajando el listón del proyecto artístico. Y el tiempo nos ha dado la razón”. Tras aquel cierre vinieron otros, siempre a rebufo de la ausencia de racionalidad en materia cultural. “Ni de los tiempos de vacas gordas hemos heredado nada”. La crisis no es más que un triste epílogo a esta novela corta. “CulturArts es un invento empresarial para hacer EREs. No hay una política racional en el que se optimicen los proyectos artísticos, de los que no se habla para nada”. Y aquí Alfaro entona cierta mea culpa: “Siempre hemos hablado del reparto del pastel, dejando de lado lo principal que son los proyectos y la creación de un tejido cultural de base”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Y volvemos a la metáfora que supone Petit Pierre, “un hombre aislado, autista, en medio de la mayor de las vorágines”. Este ser nacido en una zona rural a 200 kilómetros del sur de París, de familia analfabeta, y que a Carles Alfaro le recuerda a Kaspar Hauser, “aunque no en circunstancias y origen”, fue creando infinidad de figuras articuladas con alambres que encontraba. Así fue como, poco a poco, levantó el gran tiovivo de 200 figuras accionado con un simple pedal de bicicleta. Años más tarde, incorporó un motor para que tamaño carrusel se convirtiera en un verdadero parque temático en medio del bosque.

Jaume Policarpo encarna al alma gemela de Petit Pierre, mientras Adriana Ozores, todavía despojándose del aire malvado de la Doña Carmen de Gran Hotel, traduce en palabras el mundo inescrutable de Pierre Avezard. Su carrusel de vida, en medio de la devastación bélica, tendrá en el Talia otra puesta en escena. “No tenía sentido reproducir el mecanismo”, dice Alfaro. Lo que sí hace es “esencializar al límite de lo posible la metáfora del movimiento cinético”, mediante una “plataforma circular que va girando” y a cuyo alrededor se suceden los acontecimientos que jalonan “la Historia con mayúsculas y la historia con minúsculas de Petit Pierre”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talia.

No es teatro infantil, por mucho carrusel que haya, sino teatro para adultos. Y en esto Carles Alfaro sigue al pie de la letra el espíritu de Suzanne Lebeau, autora del texto que recrea la vida de este singular hombre deforme. Dice la escritora canadiense: “Hay que sumergirse en los años de nuestra propia infancia y acordarse de que a los cinco años la araña en la pared tenía una carga como la pinta Kafka en La metamorfosis”. La increíble historia de Petit Pierre se merecía esa mirada, que Alfaro califica de “naif” y que viene a romper con la “razón especulativa” de los adultos. “Su obra tiende a expresar el alma”. Y ya a punto de irnos, Carles Alfaro remacha: “Es un acto de amor”.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en 'Petit Pierre', de Carles Alberola. Imagen cortesía de Teatre Talía.

Adriana Ozores y Jaume Policarpo en ‘Petit Pierre’, de Carles Alfaro. Imagen cortesía de Teatre Talía.

Salva Torres

«Mi generación teme al futuro»

Esta noche arderá el cielo, de Emilio Bueso
Editorial Salto de Página
De venta ya en librerías

Emilio Bueso (Castellón de la Plana, 1974) empezó a escribir para conjurar sus pesadillas y le tomó gusto a la escritura. Escribe de noche como los búhos y a un ritmo frenético. Tres novelas en los últimos tres años y otra en preparación para la próxima primavera. La última que acaba de publicar, Esta noche arderá el cielo, es una mezcla de road movie y western en un escenario muy particular, la Tras-taiga, una carretera de 666 kilómetros que recorre uno de los espacios más vacíos del mundo, al norte de Canadá. Mac, un  apasionado de las motos y la mecánica, con algún tornillo suelto en la cabeza y Perla, su ex novia recién separada de su marido, emprenden un viaje de aventura que les llevará a vivir una pesadilla.

Imagen de Emilio Bueso, autor de 'Esta noche arderá el cielo'.

Imagen de Emilio Bueso, autor de ‘Esta noche arderá el cielo’.

 

Bueso es un crack de la tecla que combina su profesión de informático y creación literaria con un estilo personal que concilia “lo más crudo del realismo con lo más alucinante de lo fantástico”, dice. Los numerosos premios que ha cosechado estos últimos años (Ignotus, Celsius y Nocte) y las reediciones de Cenital, ficción apocalíptica distópica, lo acreditan con un maestro del género.
Pregunta: ¿Por qué elegiste un escenario tan peculiar para Esta noche arderá el cielo?
Respuesta: Estuve por esa zona practicando senderismo y me impresionó mucho el paisaje, un páramo que no es bosque ni tundra, la taiga. Por la noche se ven millares de estrellas con nitidez y la luminiscencia de la aurora boreal lo inunda todo. Es otro mundo. Un espacio donde el tiempo se detiene. Con esta historia he trabajado el sentido de la maravilla y la capacidad de asombro, un registro diferente al de mis dos novelas anteriores, Diástole y Cenital, más ásperas.

P: ¿Cuál crees que es el mayor temor de la gente de tu generación?
R: Los de mi generación le tenemos cada vez más miedo al futuro, es lo que exploré con Cenital. En Esta noche arderá el cielo me he metido más por los derroteros del abandono y el desamparo. Siempre he pensado que hay pocas cosas más perturbadoras que contemplar, en todos los sentidos, unos horizontes vacíos. Verse en medio de un páramo, sin metas, encarrilado en algo lineal que sabes que acabará mal.
P: ¿Escribir te ayuda a conjurar los miedos o los amplifica?
R: Depende del escritor, y de lo escrito. Desde luego que si le lanzas una mirada larga al abismo puede que el abismo te la devuelva. Es el atractivo que tiene la literatura de terror, que resulta mucho más peligrosa, que ataca las emociones más fuertes.
P: ¿Por qué crees que Cenital es tu novela de mayor proyección hasta ahora?
R: Porque la nueva acaba de salir. Y porque, por mucho que digan que algunas cosas son cíclicas, probablemente nunca salgamos de esta crisis. Y nunca es demasiado tiempo, incluso para las secuoyas.
P: Cómo te ayudan los premios que has recibido a seguir en la brecha?
R: Los que he ganado hasta ahora apenas tienen dotación económica, son golpes de aliento que te da la crítica. Hacen que no pierdas de vista que todavía quedan cosas que van más allá de las cifras.
P: Con las redes sociales e infinidad de blogs parece que hoy todos queremos escribir y nadie tiene tiempo para leer. ¿Qué opinas al respecto?
R: Que la escritura nace de la lectura antes que del tener algo que contar, de la experiencia, del sentir, o el pensar. Todo el mundo tiene cuentas en Internet, y todo el mundo tiene una historia dentro, pero las más potentes no caben en los ciento cuarenta caracteres de un twitt. Requieren miles y miles de palabras, espacio en los comercios y difusión en los medios. Las personas que le dan la espalda a eso se están perdiendo muchas cosas irrepetibles.
P: ¿Tiene futuro el libro?
R: A veces pienso que ya no. Hay mucha gente que ya no quiere pagar por leer. Y casi todas las novelas grandes que he leído serían mucho más pequeñas si se hubieran tenido que escribir por amor al arte. Un autor que solo trabaja por un reconocimiento inmaterial terminará produciendo menos y, en muchos casos, mucho peor. Más tarde o más temprano, todos los creativos con posibles se terminan cansando de ver su nombre en letra de imprenta y terminan viendo cómo se les exigen unas cotas de calidad que requieren cada vez más tiempo y energía.
P: Tu próximo proyecto.

R: En mayo sale mi quinta novela. Está basada en los mundos de H.P. Lovecraft, y ambientada en lo más oscuro de África. Será una historia sucia, terrible y conmovedora. Intento que todas las mías lo sean, pero luego terminan pareciendo tan diferentes entre sí.

Portada del libro de Emilio Bueso, 'Esta noche arderá el cielo', de la Editorial Salto de  Página

Portada del libro de Emilio Bueso, ‘Esta noche arderá el cielo’, de la Editorial Salto de Página

Bel Carrasco