Artur Heras o la pintura como combustible

No Ficción. Artur Heras
Sala Estudi General i Acadèmia
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 18 de septiembre de 2016

Artur Heras, acuciado por la rabiosa actualidad del discurso periodístico, tuvo que aclarar: “No hay temas de actualidad en mi obra; no pretendo hacer crónica puntual”. Gay Talese, al que Tom Wolfe atribuyó el nuevo periodismo que a él le adjudicaban, ya advirtió que para escribir un buen reportaje había que poner mucho cuidado en no imaginar absolutamente nada. Se trataba, dijo, de colocarse en la posición de quien nada sabe de antemano y por eso escucha. Y el emigrante le parecía un buen punto de arranque.

“La razón por la que la emigración es necesaria es porque la gente necesita sentirse un extraño. Eso es combustible, te da energía”. Artur Heras diríase que, siguiendo el ejemplo de Talese, se vuelve un exiliado cuando pinta, atendiendo a la extrañeza que le produce la vida. De manera que su obra, lejos de navegar plácidamente por esa actualidad palmaria, se deja empapar de la extrañeza que produce el tejido mismo de la realidad. “Yo escribo reportajes, y un reportaje no es ficción”, que decía Talese y secunda Heras.

Imagen de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Imagen de la exposición de Artur Heras en La Nau.

La exposición ‘No-Ficció’, que ocupa dos salas del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València, explora esa ficción que no es tal. El propio Heras lo aclara cuando dice que al igual que la literatura, “la pintura está históricamente asociada a la ficción y en cualquier caso, tanto en las historias inventadas como en la transcripción de un hecho real, esta construcción se hace a través del lenguaje”. Y es a través de él como el artista de Xàtiva pone en tela de juicio los lugares comunes, emergiendo la extrañeza propia de quien se descubre atravesado por esas formas pictóricas.

Las más de 400 obras que integran esa ‘No-Ficció’, y que según Heras bien podrían servir de biografía, parecen construir una red mediante la cual contener cierta energía destructiva. De ahí la presencia de calaveras, de muerte, de esqueletos, pero también de esvásticas, de utopías, de rostros cariacontecidos. “Me interesa la pulsión a la hora de crear”, y cómo “cada proyecto es un modo de viajar por la experiencia, sin un plano para ese viaje”. Algo así como el texto y el abismo, con el que el profesor Jesús González Requena distingue ficción y artificio.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

“La palabra ficción no me gusta. Todas las grandes películas y todas las grandes novelas son verdad. Son verdad subjetiva. Son el resultado del trabajo que le ha permitido a un sujeto sobrevivir. Y que permite a otros sobrevivir porque lo revisitan y lo hacen suyo”. Artur Heras acoge en su obra “las emociones y el laboratorio” mediante el cual recrea ciertas experiencias. De ahí la importancia de las citas literarias como parte intrínseca de ciertas vivencias y que le llevan al artista a emitir cierta crítica: “Eso de que una imagen vale más que mil palabras es una soberana estupidez”.

Y con el lenguaje como único medio de acceder a esa extrañeza de quien emigra hacia territorios siempre nuevos, Artur Heras va construyendo esos espacios de ficción que se comportan como reflejo de experiencias vividas. “Arte y artificio están en el mismo registro. Lo que debe quedar claro es que artificio no es sinónimo de mentira: es sinónimo de construcción humana”, apunta González Requena, como abriendo camino hacia la obra Heras, quien dice “reivindicar el poder de les imatges per transcendir les fronteres de la simple percepció, intentant oferir un antídot a l’excés de missatges que inunda les nostres retines”.

Vista de la exposición de Artur Heras. Fotografía de Miguel Lorenzo por cortesía de La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras. Fotografía de Miguel Lorenzo por cortesía de La Nau.

Josep Salvador, comisario de la exposición ‘No-Ficció’, explica que en las propuestas de Heras “hay una defensa del carácter revelador y comunicativo de la emoción, más allá de una lógica reductora y programática: la imagen siempre como símbolo o metáfora. Se trata pues de descifrar y no de la simple efusión lírica”. También: descifrar a partir de las formas efusivas que dialogan entre sí en su obra, y que hacen de sus imágenes un territorio a explorar, ajeno a la profusión de mensajes tan nítidos como atropellados.

La Sala Academia de La Nau reúne una veintena de piezas en torno a ‘Les emocions’, mientras que la Sala Estudi General compendia las relacionadas con el ‘Laboratori’, en una de cuyas paredes se suman 365 + 1 imágenes que vienen a radiografiar el actual año bisiesto en otras tantas emociones. “No se trata de ejercicios formalistas, sino que son trabajos que tratan de describir una significación precisa”, señala Salvador. “Son el simulacro de una experiencia”, añade.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, ofrece un título alternativo de la exposición: “La estética aumentada”, refiriéndose a la realidad aumentada tan en boga ahora. Sin embargo, la ‘No-Ficció’ de Artur Heras, en tanto espacio donde múltiples formas combaten entre sí en medio del mundanal ruido, ya parte del aumento que provoca la extrañeza. El artista fija su atención en algo que le conmueve y, a partir de ahí, crea formas que le permitan sobrevivir. En este sentido, Heras, como Talese, se colocan siempre del lado de quien no es el conquistador o el poderoso, sino de quien siente la fragilidad del ser humano.

“La práctica de la pintura es solitaria”, dice. Y en esa soledad ha producido en tres o cuatro años el 90% de la obra inédita que muestra en La Nau. Obra en la que también subyace la idea de memoria “existencial o de ocultamiento de la misma”. Historia e intrahistoria, que diría Unamuno, de esa memoria que vuelve a luchar contra el olvido o los lugares comunes. “Hay mucho de memoria, de cuestionamiento acerca del sentido de la vida”.

Artur Heras, en medio de la vorágine de las presentaciones y las ruedas de prensa, recuerda lo que apuntó el compositor ruso Dmitri Shostakóvich, cuando en plena Guerra Mundial, sitiada Leningrado, hablaba de las emociones que le llevaban a seguir creando sinfonías en medio del horror bélico. He ahí el combustible, sin duda producto de la extrañeza, del que hablaba Talese y del que Artur Heras se nutre para construir la ‘No-Ficció’ que hasta mediados de septiembre se mantendrá en La Nau.

Artur Heras delante de una de sus obras. Fotografía de Miguel Lorenzo cortesía de La Nau.

Artur Heras delante de una de sus obras. Fotografía de Miguel Lorenzo cortesía de La Nau.

Salva Torres

El Congo del Doctor Carsí en 800 piezas

Doctor Carsí, supongo?
Museu Valencià d’Etnologia
C / Corona, 36. Valencia
Hasta el 3 de abril de 2016

No es tan conocido como el famoso doctor David Livingstone. Pero Robert Martinez, comisario de la exposición Doctor Carsí, supongo?, utiliza el “recurso irónico” para establecer una conexión nada descabellada entre ambos médicos y exploradores del alma africana. Como apuntó Paco Tamarit, director del Museu Valencià d’Etnologia, la vida de Mariano Carsí “da para escribir un relato novelado”. Las 800 piezas que integran la exposición, desde máscaras, arcos, marfiles, tallas de madera y fetiches, a óleos, acrílicos, bronces, grabaciones y recortes de prensa, sirven para ilustrar esa novela.

María Londero, viuda del médico de Alfara del Patriarca que recaló en el Congo en 1958, ofreció algunas pinceladas. “Su vida corrió serio riesgo, estando amenazado de muerte en varias ocasiones”. Una de las publicaciones incluidas en la muestra titula: “Heroísmo de un médico español en el Congo”, por negarse a abandonar su hospital ante la llegada de los rebeldes. “Asistió a 11 matanzas en el campo de fútbol”, recuerda Londero. Dos veces estuvo a punto de ser ejecutado, en medio de aquel clima de revueltas que sacudió al país africano en los 60.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

A pesar de todo, Robert Martinez matizó que Doctor Carsí, supongo? no era una exposición “sobre la historia del Congo, ni sobre el arte africano, ni sobre la ayuda humanitaria en el Tercer Mundo”. “Es una exposición sobre el origen de la pérdida”, que el comisario cifró en la melancolía que despiden los objetos en tanto emanación subjetiva de esa pérdida. “Todo objeto exótico es bello porque ha sobrevivido convertido en signo de una vida diferente”, subraya Martinez.

Objetos que han sobrevivido, en el caso de Carsí, dada la pasión del médico que los fue coleccionando y de su viuda que los ha donado al Museu Valencià d’Etnologia. Piezas que vienen a dibujar esa “vida diferente” a la que aludió el comisario y que el diputado de Cultura, Xavier Rius, dijo que era “de justicia poner en valor”, más allá de las condecoraciones que la enaltecen. Y es que por encima de todo, la figura de Mariano Carsí sobresale por el “espíritu humanista” y “carácter abnegado” con los que “se entregó a los otros”, destacaron los responsables de la exposición. Exposición que tiene su parte didáctica en forma de álbum coleccionable (hasta 550) en diversos talleres, evocando la estética de los antiguos álbumes de los 60 y 70.

Una joven observa algunas de las pieza de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Una joven observa algunas de las pieza de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

El conocido poéticamente como ‘mal de África’, que afecta a quienes viajan al continente y quedan atrapados por él, se puede ver en Doctor Carsí, supongo?, muestra que ha llevado cinco años de preparación. Grandes colmillos, máscaras, armas de caza (“él no era cazador”), tapices y diversos utensilios dibujan el mapa de esa vida “apasionante” de quien se pasó 40 años en el Congo. Una existencia que su viuda definió así: “Principalmente humana”, en la que “éramos uno para todos y todos para uno”, dados los “vasos comunicantes entre el médico y sus pacientes”. María Londero recordó las “800 intervenciones quirúrgicas” que practicó su marido y cómo, en agradecimiento por las que realizó para superar ciertos casos de  infertilidad, algunas mujeres “pusieron el nombre de Carsí a sus hijos”.

Y aunque la exposición no se centra en la historia del Congo, en los duros avatares de su colonización y descolonización, se deja caer algún que otro mensaje: “Todas las riquezas, que son muchísimas, salen del país a cambio de armas”. No es el caso de las expuestas hasta el 3 de abril en el Museu Valencià d’Etnologia, cuyo valor se  cifra en el relato de vida que ofrecen todas esas piezas acerca de Mariano Carsí, el doctor Livingstone de Alfara del Patriarca.

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo?. Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo?. Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

Salva Torres

Los 30.000 kilómetros a pie de San Juan de la Cruz

El preso de la ballena, de Eduardo Alonso
Atrio Llibres

“Venerado en su tiempo y raro en la actualidad”. Así describe Eduardo Alonso al célebre poeta místico San Juan de la Cruz, a quien novela en El preso de la ballena (Atrio Llibres). Venerado como santo, que no todavía entonces por su deslumbrante poesía, y raro en nuestros días, porque su renuncia a todo placer terrenal chocaría con los hábitos del consumo actual, del “placer al instante”, que recuerda el propio Alonso. “Personaje contradictorio y por tanto interesante”, destaca quien da cuenta de esas contradicciones en un libro que le ha llevado 15 años escribir, entre parones e investigación documental.

Siguiendo los pasos, fruto de esa labor investigadora y, literalmente, de calcular la distancia recorrida por el místico en su aventura de “oración, mortificación y ayuno”, Alonso calcula que pudo andar 30.000 kilómetros. Andanzas que empiezan cuando descubre siendo muy joven su vocación espiritual, que le llevará de un lugar a otro persiguiendo lo que fray Juan explicó a la mismísima Santa Teresa: “Nuestra primera empresa es perseguir la libertad interior”.

Portada del libro El preso de la ballena, de Eduardo Alonso. Atrio Llibres.

Portada del libro El preso de la ballena, de Eduardo Alonso. Atrio Llibres.

El preso de la ballena, porque así se sentía el místico en la vida terrenal que comparaba con esa ballena de la novela, narra las peripecias de San Juan de la Cruz como hombre, más allá de su condición de inmenso poeta, en el marco de la “desconcertada España” de la segunda mitad del siglo XVI. Una España en la que “muchas gentes pobres se iban a las ciudades o se echaban a los caminos” repletos de “mendigos y pícaros”. O donde muchos otros “buscaban refugio en los conventos” o se aventuraban “en una nao con destino a las Indias y los más azogados se hacían soldados para vivir la vida de un sorbo intenso”, que Alonso lo resume así en el libro: “España, mi natura; Italia, mi ventura; Flandes, mi sepultura”.

Con un rico lenguaje y descripciones pormenorizadas de los asuntos cotidianos que iban trenzando la vida de San de la Cruz, Eduardo Alonso dice haber intentado “construir la identidad de este personaje en su mundo”. Introvertido, solitario, estudioso, así describe el escritor al santo y poeta cuya “grandeza” estaba en su “simbolismo”. Suyo es el inigualable ‘Cántico espiritual’, en el que articula las posiciones masculina y femenina con arrebatado goce. En todo caso, Alonso se detiene en lo prosaico de su igualmente apasionada vida.

Y lo hace incluyendo pasajes sorprendentes. Como el dedicado a su segunda noche de internado como joven novicio, en la que fue despertado y llevado a rastros a una estancia contigua. “Mámalo, le dijeron, obligándolo a chupar el miembro enhiesto del jefe. Luego se desentendieron y el novato volvió al lecho”. Alonso subraya que lo narrado en El preso de la ballena es fruto de muchas horas de documentación (“cuando empecé hace más de 15 años apenas existía Internet”), que le han permitido recrear con todo lujo de detalles la vida de la época, lo que hacían o no hacían las monjas y con lo que el propio San Juan de la Cruz se iba encontrando.

“Hablo del hombre que fue y el que dicen que fue con el que deseó ser”, observa Alonso, quien preguntado sobre la melancolía del santo afirma: “La melancolía era enfermedad femenina exquisita; de espíritus finos”. Y San Juan de la Cruz lo era. Tanto que abandonó los placeres terrenales para obtenerlos por la vía de la creación, aunque ésta la hiciera incluso “de rodillas sobre guijarros”, para espantar posibles satisfacciones. Precisamente las que resulta imposible ahuyentar leyendo su poesía. O las que destilan las páginas de El preso de la ballena.

Eduardo Alonso con su libro El preso de la ballena entre las manos. Fotografía: Silvia Zarza.

Eduardo Alonso con su libro El preso de la ballena entre las manos. Fotografía: Silvia Zarza.

Salva Torres

Mr. Pink y sus paraísos artificiales

Les Paradis Artificiels
Leonardo Gutiérrez Guerra, Kalo Vicent y Tactelgraphics
Galería Mr. Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Inauguración: viernes 18 de septiembre, a las 20.00h
Hasta el 30 de octubre de 2015

Cada vez que irrumpe la sombra de Charles Baudelaire en una muestra que se apoya en el medio fotográfico, se produce una seductora paradoja si tenemos en cuenta que el poeta francés se refería en 1859 a tal formato como a un síntoma de la “estupidez de las masas”. Para el maestro de los simbolistas, la capacidad de la fotografía de mostrar el mundo de una manera realista y fiel no era bella. Cuando publicó El pintor de la vida moderna subrayó que el artista debía mirar todo lo que le rodea como si fuera un niño ebrio que ve todo por primera vez. Se trata de un “conflicto” para el que el Surrealismo ofrece una salida o justificación.

André Breton tenía claro que el error estaba en pensar que el modelo solo podía ser tomado del mundo exterior. En esta dirección, la fotografía jugó un papel crucial en la construcción de una estética surrealista toda vez que se presentaba como un instrumento para atrapar lo “maravilloso” (pensemos en Claude Cahun, Hans Bellmer, o Man Ray), para cuestionar las diferencias entre la realidad interna y externa, y dejar al desnudo una cualidad onírica que Baudelaire se empeñaba en negar en los comienzos de tal medio. Los surrealistas rompieron con el dominio de la realidad apoderándose de otras imágenes que van más allá, una estela seguida por generaciones posteriores en la que podemos encajar las modalidades “paradisíacas” que nos ofrecen los proyectos fotográficos que integran esta muestra.

Obra de Kalo Vicent en la exposición Les Paradis Artificiels. Imagen cortesia de la Galería Mr. Pink.

Obra de Kalo Vicent en la exposición Les Paradis Artificiels. Imagen cortesia de la Galería Mr. Pink.

En esta propuesta de lectura de Les Paradis Artificiels, dentro de la primera modalidad citada y de un posible subapartado dedicado a la memoria de  las experiencias sensoriales personales, Kalo Vicent (Valencia, 1965) lleva a cabo un terapéutico proyecto fotográfico con el que a través de unos espacios domésticos y unos personajes reales, resuelve algunos episodios de su biografía mientras nos desvela su personal temporada en los “paraísos artificiales”.

En Appartament 34 vivienda y estupefacientes se alían en escenas similares a las que sucedieron dentro de los muros de otros bloques de occidente en las décadas de los ochenta y noventa (análogas habitaciones y rellanos con biografías semejantes aparecen, por ejemplo, en las imágenes del desaparecido Hulme Crescent de Manchester). Se trata de instantáneas que  testifican, siguiendo a Artaud, que “los sueños o las ideas delirantes no son menos reales que lo que está ahí fuera”. La memoria del edificio y sus alrededores experimentados desde los estupefacientes se vuelve inédita, más bella, una belleza en este caso y en palabras del artista “metáfora del abismo, de la desorientación, del suicidio posible, del suicidio lento”.

Obra de Leo Gutiérrez en Les Paradis Artificiels. Imagen cortesía de la galería Mr. Pink.

Obra de Leo Gutiérrez en Les Paradis Artificiels. Imagen cortesía de la galería Mr. Pink.

Apnea es otra propuesta que podríamos situar en la segunda línea temática por lo que tiene de simulación de una realidad paralela. Leo Gutiérrez (La Habana, 1973) enlaza a través del título una enfermedad asociada al sueño y a la muerte (la interrupción temporal de la respiración mientras se está dormido), con un deporte subacuático. Se trata de una poética de la ensoñación, apoyada de nuevo en la fotografía, que tiene que ver con esa otra vía en la que se representa la realidad onírica o la alucinación y que sirve para delimitar otra versión del “paraíso artificial”.

Obra de Tactelgraphics en Les Paradise Artificiels. Imagen cortesía de galería Mr. Pink.

Obra de Tactelgraphics en Les Paradise Artificiels. Imagen cortesía de galería Mr. Pink.

Tactelgraphics son los autores de Paradise Waterfall, una tercera llamada al “paraíso” que podemos posicionar en esa otra realidad/irrealidad construida sin sustancias. Ismael Chappaz (Valencia, 1982) y Juanma Menero (Vila-real, 1982) han diseñado para esta ocasión una trilogía de entidades compuestas por imágenes de cascadas artificiales de los siglos XVIII y XIX, extraídas de internet y manipuladas mediante el dibujo para “devolver lo digital a lo analógico”, y por fotografías del parque de Benicalap, un “escenario idílico” para los que han vivido este espacio de la periferia valenciana. El resultado de esta apropiación es una inquietante suerte de folly reversible que funciona, citando a Foucault, como “heterotopía feliz” y como puente onírico entre el imaginario personal (en este lugar Menero fue atracado y Chappaz estuvo a punto de ser secuestrado) y el colectivo, y que nos sitúa en un ambiguo emplazamiento de naturaleza domesticada donde la decadencia es subrayada y poetizada al incluir imágenes semi-abstractas que ocultan lugares como el bosque de Vincennes, el parque Des Buttles Chaumont o el Palacio Real de Caserta.

Obra de Kalo. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Obra de Kalo Vicent. Imagen cortesía de Galería Mr. Pink.

Francisco Ramallo*

*Extracto de su texto de la exposición Les Paradis Artificiels

 

Fallece el coleccionista Martínez Guerricabeitia

Fallece Jesús Martínez Guerricabeitia
Martes 8 de septiembre de 2015

El empresario, coleccionista y mecenas Jesús Martínez Guerricabeitia ha fallecido en su domicilio de Valencia, según ha informado la Universitat de València, institución a la que donó una importante colección de arte contemporáneo. La capilla ardiente se instaló el mismo martes en La Nau, Paraninfo de la entidad, mientras que el funeral tendrá lugar el miércoles 9 de septiembre a las 13.00 horas en el Cementerio general.

Jesús Amor Martínez Guerricabeitia nació en la localidad valenciana de Villar del Arzobispo en 1922. Empresario, coleccionista y mecenas, recibió una primera educación de su padre, minero anarcosindicalista culto que le transmitió la curiosidad intelectual que le acompañó a lo largo de toda la vida.

Jesús Martínez Guerricabeitia. Foto: Europa Press.

Jesús Martínez Guerricabeitia. Foto: Europa Press.

Según ha destacado la UV, Martínez Guerricabeitia “pertenece a aquella generación marcada ineludiblemente por la guerra y el carácter represivo del régimen franquista que llevó a su hermano José a fundar la mítica editorial ‘Ruedo Ibérico’”. Sufrió la cárcel junto a su familia, debido a sus convicciones libertarias, una estancia en prisión traumática, pero que contribuyó a parte de su formación ya que allí recibió clases de profesores represaliados y mejoró sus conocimientos de inglés.

“Las últimas clases que recibiría, porque de la cárcel saldría convertido prematuramente en un adulto abocado a forjarse a sí mismo, sin posibilidad de seguir estudiando”, ha explicado la institución. Debido a la Guerra Civil y a la represión franquista posterior que sufrió toda la familia se abrió camino en el comercio de pieles, hasta que en 1951 emigraron a Colombia, donde se dedicó al comercio internacional. Regresó a Valencia en 1965, donde se estableció en el negocio de la exportación de calzado alicantino a EE.UU. A partir de ahí, desarrolló su inclinación coleccionista además de colaborar con diversas fuerzas cívicas.

Fruto de su labor de coleccionista, decidió donar su extensa biblioteca especializada en pensamiento político a la Biblioteca Valenciana y su colección de pintura de temática social a la UV. En reconocimiento a estos mecenazgos, ha sido distinguido por la UV (1997), la Asociación Valenciana de Críticos de Arte (1998), la Facultad de Bellas Artes (1999), el Consell Valencià de Cultura (2008), el Ayuntamiento de Valencia (2010) y el diario Levante-EMV (2013).

José Martín, biógrafo de Jesús Martínez Guerricabeitia, le describe como “una persona de rasgos admirables por la sorprendente recuperación del golpe que supuso para él y para su familia el fin de la guerra, por su capacidad de reponerse tras salir de la cárcel, las ganas de superarse y luchar por una vida mejor”.

En su biografía, editada en 2013, por la UV (dentro de la colección Paranimf) y la Conselleria d’Educació, Cultura i Esport, a través de la Biblioteca Valenciana, dejó patente que Martínez Guerricabeitia ha sido una persona “que ha sabido luchar con tenacidad y optimismo para sobreponerse a las dificultades hasta mejorar su estatus y poder volver a España, donde hizo realidad su amor por los libros, con la construcción de una amplia biblioteca, y por el arte, con una exquisita colección de pintura de temática social”.

Imagen de Jesús Martínez Guerricabeitia, de la portada del libro editado por la Universitat de València.

Imagen de Jesús Martínez Guerricabeitia, de la portada del libro sobre su figura editado por la Generalitat Valenciana y la Universitat de València.

Europa Press

El primer fotógrafo del amanecer

Una nueva visión de la fotografía española
La obra de José Martínez Sánchez (1807-1874)
Editado por Railowsky

Retratista de la alta sociedad madrileña de mediados del siglo XIX, uno de los primeros reporteros gráficos y viajero e inventor de técnicas fotográficas como la leptografía. José Martínez Sánchez (1807-1874), nacido y fallecido en Valencia aunque ejerció su oficio en Madrid, es uno de los pioneros de la fotografía sobre papel en España, cuya obra quedó eclipsada por fotógrafos extranjeros. Una de las fotos que realizó en el Puerto de Valencia, con motivo del viaje de la reina Isabell II, en 1858, está considerada como la primera que se tomó de un amanecer.

María José Rodríguez y José Ramón Sanchis, ambos archiveros valencianos y amantes de la fotografía, han rastreado en documentos gráficos, como la famosa Colección Castellano a fin de recuperar la obra y memoria de este artista que, tras una época de gloria en su estudio madrileño, murió arruinado en un hospital de Valencia.

Una nueva visión de la fotografía española. La obra de José Martínez Sánchez (1807-1874), editado por Railowsky.  El libro se divide en tres apartados: la biografía del autor y el contexto de la fotografía española de su época, el estudio de las más de 22.000 fotografías de la Colección Castellano de la Biblioteca Nacional en su mayor parte obra de este fotógrafo, y un apéndice sobre las fotografías de obras públicas de Martínez Sánchez para la Exposición Universal de París de 1867 realizado por Marta López. El diseño y la maquetación son de Eugenio Simó.

Retrato del actor Julián Romea. Colección FBS.

Retrato del actor Julián Romea. Colección FBS.

Retratos y reportajes

Martínez Sánchez gozó de gran éxito. En las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo XIX pasaron a retratarse por sus estudios los más destacados personajes de la sociedad madrileña. “En sus álbumes en la Colección Castellano figuran miembros de la casa real, nobles, ministros, diputados, senadores, diplomáticos, gobernadores civiles, militares, cardenales, obispos, clérigos, funcionarios”, dicen Rodríguez y Sanchis. “Pero también aparecen actores, actrices, artistas de circo y gente del pueblo llano como libreros, relojeros, comerciantes, etcétera”.

Una de sus obras más difundidas fue el reportaje que realizó, junto al mejicano Antonio Cósmes, del viaje de la reina Isabel II a Valencia, en 1858. “Este trabajo fue descrito por Lee Fontanella como el primer ejemplo de reportaje en España, en el sentido de que ‘narra un solo acontecimiento con ilación sincrónica: el recibimiento del barco de la reina en el puerto. No son vistas sacadas diacrónicamente que requieran luego para ser comprendidas la narración de un cronista’. Una de estas fotografías que capta el alba en el Puerto de Valencia ha sido calificada por los expertos como el primer amanecer fotografiado en España”.

Retrato de Valentín Montes y Soriano. Colección Javier Sánchez Portas.

Retrato de Valentín Montes y Soriano. Colección Javier Sánchez Portas.

Expo Universal de París

Martínez Sánchez también estuvo presente en la Exposición Universal de París de 1867. “Otro de sus proyectos cumbre fue la realización de casi un centenar de fotografías de obras públicas en equipo con otro famoso fotógrafo de la época, Laurent”, señalan Rodríguez y Sanchis.

En su libro, Rodríguez y Sanchis constatan que el procedimiento leptográfico, una de las principales aportaciones españolas a las técnicas fotográficas en la Europa del momento, considerado hasta ahora un invento conjunto de Martínez Sánchez y Laurent, fue una aportación exclusiva del valenciano.

También han averiguado que nació un año antes de lo que se pensaba, el 25 de septiembre de 1807. Hijo del escribano del Ayuntamiento de Bicorp, que alrededor de 1816 se trasladó a vivir a Valencia, donde ejerció de notario. Su maestro fue probablemente  Pascual Pérez Rodríguez, otro valenciano que abrió un estudio en Madrid, en 1850, para dar a conocer la fotografía sobre papel.

Durante mucho tiempo las fotografías de obras públicas para la Exposición de París de Martínez Sánchez se atribuyeron exclusivamente a Laurent, pues éste las comercializó en parte firmadas sólo con su nombre. Además de las obras públicas, Martínez Sánchez realizó una serie de fotografías paralelas durante el viaje.

Rodríguez y Sanchis, licenciados en Historia y archiveros de profesión, son también autores del libro ‘Un segle de fotografia i fotògrafs a Torrent (1839-1939). La seua relació amb la ciutat de València’, editado por el Ajuntament de Torrent, y de la obra en dos volúmenes ‘Directorio de fotógrafos en España’ (1851-1936), editado por el Archivo General y Fotográfico de la Diputación de Valencia.

Autorretrato de José Martínez Sánchez. Colección Particular Ciudad Real.

Autorretrato de José Martínez Sánchez. Colección Particular Ciudad Real.

Bel Carrasco

Buñuel, la imposible relación sexual

Él, de Luis Buñuel
Básicos de la Filmoteca
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 19 de febrero, a las 19.00h

Luis Buñuel dirige en 1929 con Salvador Dalí su primera película, ‘Un perro andaluz’ que, junto a ‘La edad de Oro’ (1932), representa al movimiento vanguardista surrealista. En ‘Un perro andaluz’ está recogido uno de los planos más estremecedores de la historia del cine: aquél en el que una mano de hombre corta con una navaja de afeitar un ojo femenino.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

En 1977, Luis Buñuel rueda su última película, ‘Ese oscuro objeto del deseo’. Un film que termina con otro potente primer plano de una mano de mujer zurciendo el desgarro de un encaje ensangrentado, un instante antes de que la explosión de una bomba ponga fin a la historia. “Es el último plano que yo he rodado, me conmueve (…)”, declaró Buñuel.

Fotograma de 'Ese oscuro objeto del deseo', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Ese oscuro objeto del deseo’, de Luis Buñuel.

Estos dos planos condensan y connotan la filmografía de Luis Buñuel. El primero nos remite al ‘cine-navaja’, que desgarra la mirada del espectador a través de la escritura surrealista que atraviesa la obra del realizador de Calanda. Y el segundo hilvana metafóricamente ese oscuro objeto femenino de deseo que arrebata el universo fílmico del director.

Surrealismo y pulsión

Luis Buñuel quedó fascinado con el movimiento surrealista desde que lo descubre en su primer viaje a París (1929-31). “Por primera vez en mi vida, había encontrado una moral coherente y estricta, sin una falla. Por supuesto, aquella moral surrealista, agresiva y clarividente solía ser contraria a la moral corriente, que nos parecía abominable, pues nosotros rechazábamos en bloque los valores convencionales. Nuestra moral se apoyaba en otros criterios, exaltaba la pasión, la mixtificación, el insulto, la risa malévola, la atracción de las simas”.

Si las proclamas del surrealismo en torno a esa total libertad, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, prendaron a Buñuel, su cine cautivó igualmente al líder y pensador del movimiento surrealista, André Breton: “El genio de Buñuel siempre me ha parecido que radicaba en lo que exaltado y exasperado hasta el límite tiene en él el conflicto entre el instinto sexual y el instinto de muerte”.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

El cine de Luis Buñuel está, de hecho, surcado por esa mirada surrealista y atravesado por cierta pulsión. Una pulsión que proviene de esa visión surrealista que está más allá de cualquier límite. Y, como señala el catedrático Jesús González Requena, un surrealismo abocado a la representación favorable “de toda manifestación pulsional, primaria, violenta y destructiva”. Representación pulsional que sólo puede conducir “a la aniquilación inevitable, en un solo y único movimiento, de la cultura, del sujeto y del deseo”. Porque la pulsión refleja la violencia que nos habita como sujetos, al no querer saber nada del límite de la represión.

Para corroborar esta idea sólo hay que leer las palabras de André Bretón y Luis Buñuel recogidas en la biografía del director, ‘Mi último suspiro’: “Decía Breton, por ejemplo, que el gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar a la gente. Por lo que a mí respecta, no olvido haber escrito que ‘Un chien andalou’ no era si no un llamamiento al asesinato”.  Y Buñuel agrega: “El símbolo del terrorismo, inevitable en nuestro siglo, siempre me ha atraído; pero del terrorismo total cuyo objetivo es la destrucción de toda sociedad, es decir, de toda especie humana”.

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Así pues, el cine de Luis Buñuel, influenciado por el pensamiento surrealista, como señala González Requena, “no ve en la civilización otra cosa que el sistema de mascaras hipócritas con las que se reprime y somete el deseo del individuo hasta la aniquilación total de su libertad. Y, por eso, en la medida en que hace de la liberación absoluta de su deseo su bandera, proclama su rechazo a toda restricción, a toda represión”.

Por tanto, podríamos pensar que en el cine de Luis Buñuel no hay límite a la satisfacción de los deseos de los personajes. En cambio, como comenta el propio director, la estructura de su cine conlleva “la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo. En ‘La edad de oro’, una pareja quiere unirse sin conseguirlo. En ‘Ese oscuro objeto de deseo’, se trata del deseo sexual de un hombre en trance de envejecimiento, que nunca se satisface”. A estas dos películas que cita el director podemos añadir ‘Un perro andaluz’ (1929), ‘Susana’ (1950), “Él” (1952) –la película que se presenta este jueves en Básicos de la Filmoteca- y ‘Ensayo de un crimen’ (1955).

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Las palabras de Luis Buñuel reflejan una curiosa paradoja y abren una inquietante pregunta: ¿Cómo es posible que un universo narrativo cuyo sentido tutor está habitado por las premisas surrealistas de libertad total, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, los personajes se hallen ante la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo, como que una pareja pueda consumar la relación sexual?

¿No será porque en el cine de Luis Buñuel el deseo no moviliza a los sujetos, sino la pulsión, como muy bien alabó André Breton cuando habló del genio de Buñuel?

Como subraya González Requena: “Si la represión de la pulsión es la condición de la civilización, no por ello el concepto de represión debe ser concebido como antagónico con el deseo. Por lo contrario: la represión no es lo opuesto al deseo, sino su condición; es la represión de la pulsión lo que determina la configuración del deseo, no menos que del inconsciente”.

Razón por la cual, la cámara de Luis Buñuel, que graba a nivel del inconsciente surrealista, sin represiones, ni límites, termina finalmente narrando historias donde el encuentro sexual se torna imposible.

Fotograma de la película 'Él', de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Fotograma de la película ‘Él’, de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Begoña Siles

Juan Eslava: “Hitler era un holgazán”

La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos
Juan Eslava Galán
Editorial Planeta

Una inmensa biografía, cientos de películas y novelas, estremecedores documentales. ¿Queda todavía algo por descubrir de la Segunda Guerra Mundial? El último libro de Juan Eslava Galán responde afirmativamente a esta pregunta. Con su inconfundible estilo desenfadado y desmitificador ‘La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos’ reúne 158 episodios increíbles, inéditos, insólitos, rocambolescos y surrealistas. La letra pequeña de la historia que abarca lo mejor y peor del ser humano desde el heroísmo y la ternura a la más vil abyección.

Juan Eslava Galán. Imagen cortesía de Planeta.

Juan Eslava Galán. Imagen cortesía de Planeta.

“No, no me preocupa que me acusen de frivolizar un tema trágico”, asegura. “Se puede usar el humor y la ironía para contarlo todo. Es la marca de la casa ya que he escrito otras tres historias para escépticos: la del mundo, la de la guerra civil española y la Primera Mundial. Todas ellas están dirigidas a personas que no acaban de creerse la historia tal cómo se cuenta en las versiones oficiales”.

A la vista del volumen de 750 páginas ilustradas con imágenes de las que no se encuentran en Internet es lógico pensar que el autor ha necesitado años de trabajo. No es así. Eslava Galán lo escribió en el tiempo récord de seis meses. “No necesité documentarme, sólo confirmar algunos datos”, afirma. “Desde que tengo uso de razón me ha interesado mucho la historia, especialmente las dos guerras mundiales y la civil española. He visitado muchos campos de batalla y museos militares, mientras acopiaba información e imágenes de estas contiendas”.

El gato y la bailarina

Los alemanes lo llamaban Klaus, los ingleses Oscar y los americanos Sam. El gato de los tres ejércitos y los tres nombres y de las 7.000 vidas. Sobrevivió al hundimiento del Bismarck donde ejercía de mascota. De los 2.200 tripulantes sólo se salvaron 114, 115 si se incluye al gato rescatado por un barco de guerra que cinco meses después fue hundido por un torpedo. El gato se salvó de nuevo y pasó a formar parte del equipo de un portaaviones, uno de los que acabó con el Bismarck, que a los 20 días acabó en el fondo del océano. Un equipo de socorro rescató a Sam flotando en una canasta y fue recibido como héroe por el mismo Churchill, que le concedió, no una medalla pero sí un tranquilo retiro en una residencia de marinos de Belfast donde vivió por fin en paz once largos años.

En contraste con la increíble y tierna historia del gato, la tremebunda de una bailarina judía polaca que improvisó un strip tease cuando la obligaron a desnudarse antes de pasar a la cámara de gas. Aprovechando el desconcierto de los soldados, arrebató la pistola a uno de ellos y mató a un par de sus verdugos.

Imagen del Submarino U-1206 referido en el libro de Juan Eslava 'La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos'.

Imagen del Submarino U-1206 referido en el libro de Juan Eslava ‘La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos’.

Como ejemplo de la obsesión tecnológica y a veces algo excesiva de los alemanes, Eslava Galán relata la peripecia del U-1.206, un submarino ultramoderno que debido precisamente a su sofisticación técnica se hundió al final de la guerra cuando su capitán tiró de la cadena del retrete. Una auténtica cagada germánica.

Eslava Galán dedica varios capítulos a la figura siniestra de Hitler y sus infames secuaces, desde su ascenso al poder a su anómala vida amorosa.

“Hitler era un tipo bastante vago”, comenta. “Hasta los 30 años no tuvo oficio ni beneficio estable, y se sabe que acudió a comedores sociales y albergues para pobres. Cuando empezó la  guerra se vio obligado a trabajar, se empeñó en dirigirla sin tener estudios militares y cometió bastantes fallos que fueron providenciales. Pensar en la posibilidad de que hubiera ganado es espeluznante”.

Los ingleses aportaron la determinación, los americanos los dólares y los materiales y los rusos la sangre. Con esta frase resume Eslava Galán la aportación de los respectivos aliados. “Sin los rusos la victoria hubiera sido imposible”, señala.

Portada de un libro anterior de Juan Eslava, 'El catolicismo explicado a las ovejas'. Editorial Planeta.

Portada de un libro anterior de Juan Eslava, ‘El catolicismo explicado a las ovejas’. Editorial Planeta.

España y Franco

¿Y España? Nuestro país estuvo presente a través de la División Azul, el comercio del wolframio o personajes novelescos como el espía Juan Pujol, alias Garbo, que fue condecorado por la Reina Isabel II en 1984.

“Al principio de la guerra Franco quiso apuntarse pero Hitler lo despreció”, explica Eslava Galán. “Tras la Batalla de Inglaterra, Hitler pasó al plan B, intentar tomar Gibraltar para ahogar el comercio británico, pero por entonces Franco recurrió a sus argucias de gallego y se escaqueó”.

¿Todavía queda algo por descubrir de la Segunda Guerra Mundial? “Tenemos un conocimiento bastante exacto de los hechos, pero se puede mejorar. Ahora están saliendo a la luz los archivos rusos y quedan por estudiar gran parte de los alemanes que los americanos trasladaron a su país”, concluye el veterano autor de ensayos transgresores, como ‘Una historia civil que no va a gustar a nadie’ o ‘El catolicismo explicado a las ovejas’, además de media docena de magníficas novelas históricas.

Portada del libro de Juan Eslava 'La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos'. Editorial Planeta.

Portada del libro de Juan Eslava ‘La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos’. Editorial Planeta.

Bel Carrasco

Arte y literatura en el Cine d’Estiu del Carmen

Cine d’Estiu
Claustro Gótico del Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Del 18 de julio al 30 de agosto
Entrada gratuita. 22.00 horas

La película ‘Los amantes de Montparnasse’, de Jacques Becker, sobre la vida del afamado pintor Amadeo Modigliani inaugura la tercera edición del Cine d’Estiu en el Centro del Carmen de Valencia. En esta ocasión, el ciclo se centrará en películas de arte y literatura que acoge el claustro gótico del antiguo convento, al aire libre y de forma gratuita.

Fotograma de 'Los amantes de Montparnasse', de Jacques Becker, en el Cine d'Estiu del Centro del Carmen.

Fotograma de ‘Los amantes de Montparnasse’, de Jacques Becker, en el Cine d’Estiu del Centro del Carmen.

Cada viernes y sábado, desde el 18 de julio al 30 de agosto, el Consorcio de Museos proyectará 14 películas basadas en la vida y obra de artistas, así como novelas que han sido trasladadas a la gran pantalla. A ‘Los amantes de Montparnasse’ le seguirán títulos como ‘La Banda Picasso’, de Fernando Colomo, dedicada al autor malagueño; ‘La Pasión de Clamille Claudel’ (Bruno Nuytten), sobre la escultora del siglo XIX Clamille Claudel, musa de Rodin, y ‘Renoir’ (Gilles Bourdos), sobre el autor impresionista francés.

Fotograma de 'La pasión de Camille Claudel', de Bruno Nuytten, en el Cine d'Estiu del Centro del Carmen.

Fotograma de ‘La pasión de Camille Claudel’, de Bruno Nuytten, en el Cine d’Estiu del Centro del Carmen.

Este año se incluye un conjunto de películas de género bélico coincidiendo con el aniversario de la I Guerra Mundial, con títulos como ‘Senderos de gloria’, de Stanley Kubrick, o ‘La Gran Guerra’, de Mario Monicelli. Además, dentro de las películas de arte, se ofrecerá un pequeño guiño a la conmemoración del IV Centenario de El Greco con la película ‘El Caballero de la mano en el pecho’, de Juan Guerrero Zamora.

Previamente a cada película, habrá una breve presentación que introducirá a los espectadores en la obra de los artistas y los enmarcará en el entorno de la época. El profesor y guionista valenciano, Javier Bosch, será el encargado de presentar los filmes. Bosch es Master en Guión Cinematográfico por la UAB, y ejerce como profesor, asesor y guionista. Actualmente se encuentra preparando una película documental sobre la vida en los años de la Siderurgia de Altos Hornos en el Puerto de Sagunto.

Fotograma de 'La Banda Picasso', de Fernando Colomo, en el Cine d'Estiu del Centro del Carmen.

Fotograma de ‘La Banda Picasso’, de Fernando Colomo, en el Cine d’Estiu del Centro del Carmen.

‘Los amantes de Montparnasse’ muestra los últimos años de vida del pintor Amadeo Modigliani y de su joven amante, la estudiante de pintura Jeanne Hébüterne. Hoy día admirado, reconocido y muy cotizado, Modi (como le llamaban sus amigos) no vendió prácticamente un sólo cuadro antes de su muerte.

Dirigida por Jacques Becker en 1958, ‘Los amantes de Montparnasse’ propone un acercamiento naturalista, intenso, atmosférico y romántico a la vida del pintor más que estrictamente biográfico. Becker realiza un retrato veraz de la vida bohemia, el amor trágico y la ciudad, temas y ambientes que le eran afectos desde ‘París Bajos Fondos’ (Casque D’or, de 1952).

Kirk Douglas en un fotograma de 'Senderos de gloria', de Stanley Kubrick, en el Cine d'Estiu del Centro del Carmen.

Kirk Douglas en un fotograma de ‘Senderos de gloria’, de Stanley Kubrick, en el Cine d’Estiu del Centro del Carmen.

Lleva la trágica vida de Modigliani a su terreno con una dirección sobria pero envolvente y, sin dejar de ser fiel a la vida real del artista, elude los detalles que no sirven propósito de su película: realizar un retrato no sólo de Modigliani sino también de la misma condición del artista moderno ante la comercialización del arte. Un retrato, a su vez, del hombre y de la mujer ante la crueldad del mercado.

La progresión dramática de la película va in crescendo, golpe a golpe, y es impensable sin la inspirada interpretación de Gérard Philipe, Lilli Palmer y Anouk Aimée. Imposible olvidar, igualmente, la intervención de Lino Ventura como el oportunista y malvado tratante de arte Morel.

Christa Théret en un fotograma de 'Renoir', de Gilles Bourdos, en el Cine d'Estiu del Centro del Carmen.

Christa Théret en un fotograma de ‘Renoir’, de Gilles Bourdos, en el Cine d’Estiu del Centro del Carmen.