Metro cuadrado. La fuerza gravitacional del movimiento

Metro Cuadrado
Grupo de danza 33 Volts
Teatre Carme
Carrer de Gregori Gea, 6. València

El Carme Teatre acoge en sus residencias las distintas investigaciones y actuaciones en torno a la danza y el movimiento. En este marco, entre los días 18 y 21 de octubre pudimos disfrutar de ‘Metro Cuadrado’. Una incisiva pieza que interpela al espectador para desplazarlo de los límites de su zona de confort y confrontarlo con la incomodidad de la realidad misma.

 Iván Colom ataviado con escafandra espacial representando Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

Iván Colom ataviado con escafandra espacial representando Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

El grupo de danza 33 Volts consiguió llenar la sala del Carme Teatre de luces y sombras, de cacofonías y sonidos melódicos que llevaban al espectador a una realidad paralela en la cual todo se regía por las delgadas líneas que componen un metro cuadrado. De tela o de fieltro, iluminado o bruno, el cuadrado se convirtió en el regente del espacio y del tiempo de la obra teatral.

Detalle del centro del escenario de la sala Carme Teatre. Fotografía de Alain Dacheux.

Detalle del centro del escenario de la sala Carme Teatre. Fotografía de Alain Dacheux.

Imbuidos por una atmósfera oscura y confusa el espectáculo comenzó desde la calma para pasar a estados de extremo dinamismo en el que los cuatro bailarines conjugaban sus desplazamientos al unísono, generando pulsaciones que fluctuaban entre la bradicardia y la arritmia más absoluta.

Los cuerpos combinados de sugerentes maneras, jugaban con la mente del espectador, quien en las construcciones corpóreas podía vislumbrar las anatomías de un ser monstruoso que avanzaba con ritmo severo hacia el cuadrado, epicentro del cosmos creado por 33 Volts para esta pieza. En torno a esta zona orbitaban los movimientos y desplazamientos de los bailarines, atraídos y a la vez repelidos por la gravedad que ejercía el cuadrilátero.

Iván Colom, Cristina Martí y Edwin Valentín representado Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

Iván Colom, Cristina Martí y Edwin Valentín representado Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

La apoteosis final llegó de la mano de la imagen proyectada que ponía el acento en el marcado carácter ecológico de la obra. ‘El lamento de Dido’ de Henry Purcell, impelía al espectador a transitar por sus emociones, mientras contemplaba los estragos del ser humano sobre La Tierra.

Bailarines del grupo de danza 33 Volts representando Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

Bailarines del grupo de danza 33 Volts representando Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

“Metro Cuadrado”, transforma danza y movimiento en el catalizador idóneo para experimentar con las emociones del individuo en su paso por  el espacio. La obra en definitiva, permite el deleite de la belleza ecléctica de un espectáculo en el que las Bellas Artes se funden para conformar una crítica reflexiva del espacio, el yo y el nosotros.

Cristina Martí bailarina de 33 Volts. Fotografía de Manu Ramírez.

Cristina Martí bailarina de 33 Volts. Fotografía de Manu Ramírez.

Andrés Herraiz Llavador

Metro cuadrado. Danza, espacio y reflexión

Entrevista a Edwin Valentín, director de Metro cuadrado
Grupo de danza 33 Volts
Teatre Carme, Carrer de Gregori Gea, 6, Valencia
Del 18 al 21 de octubre de 2018

¿Somos conscientes del espacio que ocupamos?
La velocidad con la que transitamos los lugares apenas deja tiempo para una toma de conciencia real del espacio que habitamos. En el mundo en que vivimos, se impone más que nunca repensar la forma en la que consumimos tiempo y espacio, conocedores de que ambos son compartidos y en muchas ocasiones efímeros. El arte, y más concretamente la danza, siempre interesada en el movimiento, ha investigado y conformado la manera en que vemos el cuerpo. Ahora, la concepción de este ha cambiado para terminar fundiéndose en un todo. Fagocitados por una rutina opresora que vacía de sentido nuestros trayectos, sumergiéndonos en dinámicas donde se desdibujan los límites de nuestra frontera de contacto.

Sin duda, la danza es el mejor catalizador a través de la cual el ser humano puede expresar sus ansiedades y miedos, experimentar con sus emociones y dirigir su fuerza, tanto hacia lo individual como a lo colectivo. Las residencias del Carme Teatre acogerán en este mes octubre la práctica e investigación en torno al movimiento hecho danza. Gracias al grupo 33 Volts, dirigido por Edwin Valentín, podremos disfrutar de la belleza ecléctica de un espectáculo en el que las Bellas Artes se funden para conformar una crítica reflexiva del espacio, el yo y el nosotros.

Edwin Valentín estudió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, su país de origen, de donde parte la inspiración de sus obras. Licenciado y especializado en Antropología Física, sus proyectos ahondan en los fenómenos sociales y culturales que tienen como punto de referencia el cuerpo y su relación con el entorno. Su formación artística comenzó en un Bachillerato de Artes y Humanidades, ligado al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), en el que se especializó en danza.

En 2014 quedó en 4º lugar en la primera edición del concurso “Encuentro Creadores de Danza, Premio Movimiento Original”, de la Ciudad de México, en la cual presentó por primera vez el proyecto Metro cuadrado, que estrena en Valencia el próximo jueves 18 de octubre.

Fotografía de Edwin Valentín, cortesía del director.

Fotografía de Edwin Valentín, cortesía del director.

 ¿De dónde surge Metro cuadrado?

El contexto de la ciudad de México es el de vivir en una ciudad enorme en la cual las dinámicas que tu generas o que la propia ciudad te genera, te ponen en un estado de alerta. Más allá de la situación del país, el hecho de cómo convivir con tanta gente, es lo que me inspiró. Cuando has de ocupar el transporte público para moverte a cualquier lado, entras en relación con un todo, en un estado en el cual ves a las personas y no te queda otra opción que estar cuerpo a cuerpo, en una ciudad en la que todas las horas se han vuelto “hora pico”, en algunas líneas de metro. Por mucho que trates de evitarlo el espacio personal se pierde y termina por generarse una masa. El hecho de cruzarme la ciudad de México, de norte a sur para trabajar me hizo pensar en esas personas que hacen todos esos tránsitos constantemente.

Un día que estuve en un paradero de autobús esperando el trasporte, empecé a agobiarme por el ruido de los puestos ambulantes, el tráfico, la gente, el cansancio etc. y traté de voltear la cabeza hacia arriba para respirar y ver hacia el cielo. Me encontré con una enredadera de cables y me di cuenta de que no había espacio por ningún sitio. De ahí sale Metro cuadrado, de esa sensación en la que te preguntas ¿estamos viviendo esto?, ¿de dónde viene? y ¿para dónde vamos? En ese momento, mi punto de apoyo fue el metro de la ciudad que sirvió para la primera exploración de la obra.

Al momento de mudarme a Valencia, me encuentro con una ciudad en la que se siente totalmente lo contrario, en la cual yo tengo espacio, mi cuerpo lo vive distinto, se llega a relajar de otra manera. Descubro esta ciudad, nueva para mi y la siento totalmente contraria, los mismos traslados se hacen sin tanta gente, y no siento la misma sensación que en México. Entonces fue cuando me planteé ¿cómo estas personas viven  la relación con la sobrepoblación mundial?, ¿cómo se vive la sobrepoblación mundial en una ciudad como Valencia? y ¿qué pasa con este concepto?, ¿se piensa? De ahí, decido retomar Metro cuadrado aprovechando la oportunidad que generan las residencias del Carme Teatre. Estas me permiten generar un proyecto para trabajar las visiones de cómo los habitantes de una ciudad más pequeña sienten la sobrepoblación aunque, tal vez, pueda parecer que no está tan presente ese concepto o imagen. Tenia todavía esa sensación de que se podía indagar más en Metro cuadrado, explorando los distintos ángulos de donde tratar este tema. Desde un principio me interesó tener bailarines de aquí para que ellos me hablaran de sus vivencias y ver cómo sus cuerpos las expresan.

 Háblanos de la obra ¿en que consiste?

La obra parte de la danza contemporánea y podría definirse como tal porque el principal elemento del cual comunicamos es el cuerpo y el movimiento. Nos apoyamos de video, de artes plásticas, etc. La música es esencial ya que el espectáculo es mudo. La piezas sonoras no son del todo melódicas y hay algunas que transmiten sonidos ambientales con el fin de generar una sensación concreta. El sentido del oído está muy presente dentro de la pieza, por lo tanto, hablamos de danza contemporánea apoyada en otras artes.

¿Metro cuadrado tiene un punto experimental?

Si, los bailarines van a ser quienes a través de su cuerpo trasladen una serie de sensaciones al público. Siempre les pido que hablen y que conozcan el concepto que trabajamos en la obra, con el fin de que ellos lo reflexionen e investiguen y me vayan contando a través de sus experiencias y su vida cómo sienten esta relación entre ellos y la reducción de espacio. A partir de esta reflexión previa, comienzan a investigar el movimiento que posteriormente integrarán dentro del discurso. Este proceso a mi me enriquece tanto a nivel personal como profesional, nutriendo también el trabajo y la obra en sí, en la que se pueden ver un conjunto de emociones diversas.

Detalle de los bailarines ensayando Metro cuadrado. Fotografía cortesía de Edwin Valentín

Detalle de los bailarines ensayando Metro cuadrado. Fotografía cortesía de Edwin Valentín

¿Cómo fue el proceso de selección del equipo de Metro cuadrado?

El proceso de selección de bailarines fue un poco largo, porque al principio tuve que buscar personas que quisieran integrarse dentro del proyecto. Buscaba en primer lugar, que más allá de que fueran bailarines tuvieran una buena condición física, porque la propuesta tiene varios momentos de mucha fisicalidad, en la cual el cuerpo se pone muy al límite. El equipo lo conformamos Cristina Martí (Conservatorio Superior de Danza del Institut de Teatre Barcelona), Ivan Colom (Conservatorio Superior de Danza de Valencia), Pablo Caracol (Ilustrador y bailarín), Natalyd Altamirano (Asistente de dirección, actriz y bailarina y yo mismo como antropólogo físico, director, coreógrafo y bailarín.

¿Qué te pareció el espacio del Carme Teatre?

Tenía mucha ilusión de representar en el Carme Teatre. La primera vez que conocí la sala, en su sede actual, me provocó bastante. Es una sala no muy grande en la cual el público está muy cerca de lo que está sucediendo. Cuando entré inmediatamente lo pensé, “aquí yo podría representar Metro cuadrado”. Desde un primer momento, la sala en mi mente se prestaba para realizar esta obra en la que quería que la gente estuviera cercana a lo que hiciéramos en escena. El Carme Teatre es el espacio perfecto.

¿Podríamos afirmar que hay un tono crítico en la obra?

Mi intención es que el público reflexione sobre la sobrepoblación y llegue a pensarlo como algo que no está tan lejano, que se vea como un espejo que refleja una sociedad. En nuestro planteamiento, confluyen muchos elementos que sirven para hablar de este tema y hacer pensar al público que somos distintos elementos. Existe una complejidad mayor, no por estar separados unos de los otros y que aquí en Valencia no se viva esta situación de sobrepoblación, no significa que en otro lado no esté pasando.

El fin último es que el arte comunique alguna emoción, sentimiento o imagen, que mueva al público hacia esta reflexión. Nosotros a partir de las emociones, el movimiento y las imágenes pretendemos que al público se le genere algo en su ser que lo haga reflexionar. Para mi es muy importante este tema y considero que es algo relevante de que hablar. La población mundial va en aumento. No está mal que vaya en aumento, pero hemos de darnos cuenta que no somos los únicos, la humanidad no es lo único que habita en este espacio.

¿Crees que Metro cuadrado se podría lanzar a la calle?

Sí, es una buena manera de acercar la danza al público en general. Yo creo que el arte debe ser más accesible, con apoyo del gobierno y de las instituciones, y tiene que haber un hábito y una educación por consumir arte en la sociedad. Creo que ahora más que nunca la gente necesita ser muy empática, sentir y saber qué es lo que están sintiendo los demás. En estos tiempos todo es tan rápido que la gente necesita tomarse un tiempo para reflexionar eso que está sintiendo, y el arte ayuda en este proceso.

¿Si te dieran la oportunidad de lanzar Metro cuadrado a la calle lo harías?

Sí, sin pensarlo, lo haría.

¿Para cuándo la próxima obra? ¿Alguna idea de futuro en mente?

Tengo varias ideas en mente, pero hay una en especial que me está moviendo mucho desde hace unos meses atrás. Primero habría que terminar Metro cuadrado, seguir representando la obra hasta donde se pueda y una vez asentada, empezar otra investigación. Yo que veo México en la distancia y me genera muchas emociones y pensamientos, hay algo sobre mi país de lo que quiero hablar, quizás no sobre él, pero sí partiendo del mismo. Creo que en el próximo proyecto México estará más explícito que en Metro cuadrado, que ya está más globalizado. Considero que la obra debería estar abierta y continuar. Se puede adaptar a otras circunstancias, espacios y bailarines.

Logotipo del grupo de danza 33 Volts. Imagen cortesía de Edwin Valentín

Logotipo del grupo de danza 33 Volts. Imagen cortesía de Edwin Valentín

Andrés Herraiz Llavador

Adiós a Miguel Ángel Campano

Miguel Ángel Campano Mendaza (Madrid, 1948-Cercedilla, 2018), Premio Nacional de Artes Plásticas en 1996, destacó principalmente por sus obras pictóricas pertenecientes a la llamada renovación de la pintura española, en los años ocheinta.

Artista pictórico reconocido internacionalmente y cercano a pintores como Miquel Barceló, Ferrán García Sevilla, José Manuel Broto o José María Sicília, nos deja con tan solo 70 años.

Miguel Ángel Campano. Sabari Malai, 1997. Pintura. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid

Miguel Ángel Campano. Sabari Malai, 1997. Pintura. Colección Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

En su primera etapa, en los años setenta, su obra se inicia desde el automatismo surrealista evolucionando hasta la abstracción geométrica, donde crea obras que recuerdan a Gustavo Torner o a Gerardo Rueda. Más tarde, de la abstracción evoluciona a un realismo total practicando así, por una parte, la pintura abstracta y, por otra parte, el realismo naturalista.

Imagen obra 'Mistral I' (1981), Miguel Ángel Campano.

Imagen obra ‘Mistral I’ (1981), Miguel Ángel Campano.

Se formó en estudios de Arquitectura, en Madrid, y Bellas Artes, en València. Fue seleccionado en las exposiciones ’1980′, en la Galería Juana Mordó, y ‘Madrid. D.F.’, en el Museo Municipal de Madrid, que tuvieron lugar en la década de los ochenta, donde se clasifica entre los artistas jóvenes más significativos de cara a la nueva década.
Su lugar de residencia principal fue Francia, donde profundizó en el Action Painting. Vivió durante un largo período de tiempo entre París y Soller (Mallorca) aunque sus últimos años de vida tuvieron lugar en Madrid, donde continuaba su producción.
Sus pinturas se encuentran en importantes colecciones privadas y públicas, en España y en el extranjero. El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) sería un evidente ejemplo, el cual le dedicó una exposición retrospectiva en el Palacio de Velázquez con obras realizadas entre los años 1991 y 1996. También destaca su presencia en el Centro Pompidou de París, en el British Museum de Londres, en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, en los museos de Bellas Artes de Bilbao y Barcelona y, también, en la Fundación Juan March.

De este modo, el artista se ha ido de entre nosotros pero sus obras pictóricas permanecerán a modo de recuerdo.

El artista Miguel Ángel Campano.Fotografía de Jordí Avellá.

El artista Miguel Ángel Campano.Fotografía de Jordí Avellá.

Cristina Tro Pacheco

La introspección en tránsito de Rosa Padilla

‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla
Casa del Cable
Sala de exposiciones
Av.Marina Española 6, Jávea
Hasta el 23 de abril de 2017

En la Casa del Cable, en Jávea, cerca del mar que ella ha mirado, vivido y pintado tanto, cuelga su última obra la artista Rosa Padilla (Valencia, 1949). Esta entrevista tiene lugar semanas antes de la inauguración en su estudio de Valencia. Es una mañana soleada y la luz se cuela tamizada en el local en el que –entre botes de pintura, pinceles, bastidores, cartones…–, descansan ya, apoyados en las paredes, los cuadros que pronto viajarán a la exposición.

Mientras me va mostrando uno a uno sus lienzos más recientes, nos sumergimos en una charla que fluye como su pintura; introspectiva, lírica y serena. Sus palabras traducen el ejercicio previo de reflexión y análisis de sus propios sentimientos y en su obra, lo esencial se crece frente a lo anecdótico y en su búsqueda por atrapar y transmitir visiones que salen del alma, su iconografía más íntima se alía con el color y emerge espontáneamente componiendo en las telas paisajes a golpe de trazos evocadores, ritmos, equilibrios y emociones. Brochazos contundentes, pinceladas enérgicas y firmes irrumpen en sus cuadros frente a otras más delicadas y sutiles creando composiciones en las que alegría y belleza comparten, como en la poesía y en la vida, espacio con el dolor, la rabia y la tristeza.

‘El alma en tránsito’, ¿por qué has elegido este título para la exposición?

Se me ocurrió a partir de leer una frase de Samuel Bresson relacionada con el proceso creativo que hacía referencia a lo que puedes transmitir al observador mediante tus obras, el sentimiento de emoción que a través de un cuadro puedes provocar. Hablaba Samuel Bresson de “el alma en tránsito” y me gustó porque mi obra no es premeditada sino que es una obra creada a partir de rasgos emocionales, directa y que intenta expresar mis vivencias.

¿En qué momento pictórico te encuentras?, ¿cómo te has enfrentado al reto de llevar a cabo esta exposición?

Creo que es un buen momento después de haber superado etapas de mi vida bastante difíciles donde la enfermedad ha tenido un protagonismo importante y ha hecho que me detuviera en varias ocasiones impidiéndome desarrollar algunos proyectos. Ahora tengo más tiempo, más energía y los años te dan un bagaje desde el que puedes reflexionar y analizar lo que has hecho, corregir errores y analizar la evolución de tu trabajo. Todas las experiencias son importantes, tanto las buenas como las malas, de todas se aprende y todo conforma un “legado vital” que es lo que realmente se transmite.

Imagen de una de las piezas presentes en la exposición. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen de una de las piezas presentes en la exposición. Fotografía cortesía de la artista.

Esta nueva etapa vital se refleja en tus últimos cuadros en los que la pintura se ha desprovisto de capas, se ha hecho más etérea, más ligera y luminosa…

Sí, es que la vida y la pintura están estrechamente relacionadas. Personalmente también me he desprendido de muchas cosas materiales. Si realmente lo que más queremos son las personas y… ¡es inevitable que vayan desapareciendo! Cuando perdí a mi madre tuve una sensación de claridad acerca de lo material que nunca olvidaré, cualquier problema me parecía minúsculo comparado con su ausencia. En la pintura también se refleja ese afán de eliminar lo superfluo y atrapar la luz, lo esencial.

Has sido siempre muy coherente en tu trayectoria artística, has seguido siempre un estilo que te identifica perfectamente, ¿te sientes cómoda cuando definen tu obra como “abstracción lírica”?

Sí, porque es una abstracción del paisaje que me rodea y lírica porque de alguna manera narra mis emociones, las cosas que veo a través de mis sentimientos en una labor de introspección.  Realmente me considero fiel más que a un estilo a una forma de hacer, pienso que cada un tiene su propio lenguaje y es en el que se debe profundizar, pulir y evolucionar sin perder nunca la curiosidad y el interés por seguir indagando nuevas propuestas.

No se puede hablar de tu obra sin hablar de mar, ¿siempre ha sido así?, ¿concebirías vivir lejos del mar?

Me sería realmente difícil. Bueno, cuando era muy pequeña veraneaba en un sitio de montaña, en La Cañada, hasta los doce o trece años, pero como a mi padre le gustaba el mar y le encantaba pescar siempre nos escapábamos a El Saler, a El Perelló, o algunas noches al Puerto donde “tiraba las cañas” mientras mis hermanos y yo cogíamos gambas. A veces íbamos unos días a Tavernes de la Valldigna  donde teníamos familia. En La Cañada pasábamos temporadas porque veraneaban sus amigos pero nunca quiso comprar nada allí, siempre alquilábamos. Cuando un día conocimos Moraira, mis padres dijeron: “aquí sí” y fue cuando adquirieron el terreno e hicimos una casa y ya se convirtió en nuestro destino. Luego, cuando conocí a Moncho, mi marido, ya fue “mar adentro”, porque él es un amante de la navegación y me contagió esa pasión. Al principio pasaba mucho miedo en el barco…

…y ahora te has convertido en una experta marinera.

Es muy bonito, me llena de sensaciones especiales, en varios de mis cuadros reconozco la costa vista desde el mar, muchos horizontes, amaneceres, puestas de sol…

En algunas de tus últimas exposiciones en el Museo del Ruso de Alarcón, en Doce Islas… pudimos ver algunos collages que reflejaban paisajes más introspectivos, ligados a tu familia o a estados de ánimo relacionados con momentos vividos felices y también dolorosos.

Eran trabajos de mesa, dibujos y collages. Me gusta hacerlos porque ahí no sueltas de golpe la expresión sino que son más meditados, más íntimos y es otro tipo de técnica porque es muy diferente trabajar sobre el papel que trabajar sobre la tela. Los formatos también condicionan mucho, el formato grande te permite accionar de otra manera, el formato pequeño te recoge y te invita a probar técnicas, componer.  Me gusta mucho utilizar el collage, me abre un mundo de posibilidades.

Han escrito textos sobre tu obra importantes críticos como Juan Ángel Blasco Carrascosa, Rafael Prats Rivelles, Wences Rambla, Francisco Agramunt…, también el gran pintor Michavila, ¿crees que en general se ha entendido bien tu obra o que hay aspectos de los que aún no se ha hablado?

Guardo esos textos como tesoros. Sí, puede ser que falte profundizar, decir algunas cosas. Yo también he ido madurando con los años y afianzando paso a paso mi trabajo.

¿No te has sentido nunca dirigida, ninguna galería o marchante ha intentado marcar tu trayectoria?

Nunca he tenido marchante, llevo muchos años con Galería Thema, casi desde sus inicios, su directora y yo somos amigas y alguna vez me ha dicho que le gustaba una etapa más que otra pero mi evolución es mi evolución aunque eso signifique vender menos. Nunca podría pintar algo que no surja de la más absoluta sinceridad, a veces da vértigo no saber qué puede pasar pero ahí está la emoción y la magia. Me siento completamente libre haciendo lo que hago y hago lo que me gusta, procuro estar informada, visitar exposiciones, ferias y museos, es necesario conocer las tendencias y lo que hacen los artistas, todo aporta y enriquece.

Imagen general de la exposición 'El alma en tránsito', de Rosa Padilla. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

Imagen general de la exposición ‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

¿Qué importancia ha ejercido en tu obra el pintor Joaquín Michavila?

Joaquín Michavila fue mi profesor en la asignatura de Dibujo Decorativo cuando estudiaba Bellas Artes en San Carlos. Guardo un cariñoso recuerdo y una profunda admiración como profesor, artista y persona. Escribió un texto para una de mis primeras exposiciones. Siempre he sido admiradora de su obra que sin duda ejerció una gran influencia en mis primeros pasos hacia la abstracción.

Además de Michavila, ¿qué referentes tienes?

Otros referentes fueron los pintores del grupo El Paso que configuraron la vanguardia española de posguerra, Manolo Millares, Antonio Saura, Manuel Viola etc. El Museo de Arte Abstracto de Cuenca, iniciativa de Fernando Zóbel, fue uno de los lugares fetiche en mi recuerdo.

¿Sigues en contacto con compañeros de Bellas Artes?, ¿tu vida se mueve en ambientes artísticos?

Durante años no he tenido la suerte de tener a mi alrededor gente ligada al mundo del arte. Iba más por libre. Ahora, sin embargo, estoy en un grupo en el que disfruto, compartimos muchas inquietudes artísticas, muchos momentos buenos, mucho cariño. La verdad es que de mi generación salió gente interesante pero cada uno después de la carrera tiró por su lado. Sí conservo contacto con un grupo de compañeros capitaneados por nuestra querida amiga Francisca Lita Sáez. Hace unos años compartí un periodo interesante con la galerista y amiga Pilar Marcellán, la pintora Helga Dietrich y la ceramista y escultora Marisa Herron, juntas visitábamos exposiciones, viajábamos a Madrid para ver la feria de Arco y nos reuníamos periódicamente. Fue una etapa bonita pero por unas cosas u otras fuimos poco a poco dejándolo.

Con la artista Marisa Casalduero también tuviste mucha amistad. En el 2015, al cumplirse dos años de su muerte, vuestra obra compartió espacio en una bonita exposición en Moraira…

Sí, con Marisa Casalduero tuve mucha amistad, la conocí siendo alumna mía en el colegio donde yo daba clases de dibujo. Cuando terminó la carrera vino a decirme que había acabado, recuerdo ir a su primera exposición, procuraba acudir cada vez que me llamaba. Había mucho cariño entre nosotras, mucha conexión, nos gustaban las mismas cosas. La culminación fue la exposición que hicimos en Moraira, lugar tan querido por las dos, pero unos años antes hubo una casualidad que nos unió más; un día viniendo de Moraira me suena el teléfono y era ella para decirme: “Rosa, ¡que tu hijo sale con mi sobrina, que somos familia! A raíz de ahí, retomamos el contacto, nos veíamos más, hablábamos por whatsapp, que entonces empezaba a utilizarse, y quedábamos para ir a ver las exposiciones en El Carmen, en el IVAM, disfrutábamos mucho. En esa época conocí a varios de sus amigos que hoy lo son también míos. Otras de mis alumnas también artistas a las que tengo un especial cariño son Cristina Alabau y Rocío Villalonga.

Tus años como profesora, ¿qué aportaron a tu formación como pintora?

Mucho, el trabajo me obligaba a reciclarme año tras año. Tuve que ponerme las pilas, por ejemplo con el dibujo técnico que no me gustaba nada. Empecé queriendo enseñar y transmitir lo que yo más dominaba, el dibujo artístico. Yo quería enseñar a dibujar, incluso a las que no sabían dibujar, y buscaba los procedimientos para que de alguna manera pudieran disfrutar aprendiendo. Aparte, me sirvió para documentarme mucho, fue cuando empecé a ir a Cuenca, a buscar en libros, a estudiar las vanguardias, la Bauhaus que me interesaba mucho, quería contar a mis alumnas todo aquello que a mí no me habían enseñado, todo eso que yo no había vivido. Poderlo transmitir y hablarles de lo importante que era la creatividad, el poder desarrollar ideas, expresarse con libertad.

En el año 2009, mostraste tu obra en una gran muestra en La Gallera titulada “La magia de lo casual”, ¿qué supuso para ti esta exposición?

Pues absolutamente supuso una motivación, porque cuando estás transmitiendo, lo que quieres es que tu obra llegue al máximo número de gente o al menos que se te dé cobertura, que la gente lo pueda ver, que te conozcan. No tanto que se te reconozca como que se te conozca, el reconocimiento vendrá o no, pero sí, fue fundamental para mí, cuando expuse en La Gallera ya tenía 52 años y era la primera exposición realmente importante que yo hacía en toda mi carrera y llevaba pintando desde los veinte años, empecé la carrera con 16 años y mis primeras muestras las hice mientras estudiaba.

Un instante de la inauguración de la exposición 'El alma en tránsito', de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

Un instante de la inauguración de la exposición ‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

¿Crees que muchas veces las instituciones valencianas se olvidan de artistas comprometidos con su obra que llevan trabajando tantos años?

Pues, yo creo que sí, pero a veces es estar en el lugar idóneo, conocer a la gente adecuada. Yo no culpabilizo solamente a las instituciones, yo pienso que hay gente que tiene más oportunidades porque se maneja mejor en esos ambientes, tiene más facilidad. Yo quizás, en ese sentido, he estado más alejada, más apartada y a veces cuando he querido solicitar esos espacios institucionales, el procedimiento era complicado, no lo ponían fácil. Ahora con las nuevas tecnologías, piden presentar todo en unos formatos en los que a veces yo me pierdo, menos mal que cuento con la ayuda de amigos, como en este caso la de Juanra Bertomeu que me facilita tanto las cosas.  Me acuerdo, hace años, que para participar en concursos tenías que prepara unos dosieres que para mí suponían un esfuerzo. A mí que me pidieran meterme un mes en un cuarto a pintar murales o a hacer lo que sea, pero manejar el ordenador… A esa burocracia, a ese papeleo, se refería una artista, creo que Rebeca Plana, cuando decía que a veces a los artistas para llegar a algún sitio nos hacen hacer casi una oposición. Eso y la competitividad que hay a veces te desmotiva.

A lo largo de tu carrera, ¿te has sentido arropada por tu entorno, por tu familia?

Sí, siempre me apoyaron. Yo desde muy pequeña siempre estaba con un lápiz en la mano, me pasaba horas dibujando, además tenía un déficit atencional –lo descubrí décadas más tarde– y a mí en esa época eso me acomplejaba y pensaba ¿por qué me cuesta tanto estudiar? Y claro, ese complejo se me iba, se me diluía, con los buenos resultados en dibujo –sacaba matrículas–, en el colegio me encargaban hacer los murales… Mis padres vieron pronto que tenía facultades y a los diez años me apuntaron a clases particulares en el piso en el que enseñaba la misma profesora del colegio, allí empecé a pintar mis primeros cuadritos, copias al óleo …y después me matricularon en Barreira en verano, cuando acababan las clases. Yo vivía en la calle Salamanca y Barreira estaba muy cerca, en la Gran Vía. Luego, la casualidad hizo que años después fuera compañera de Vicente Barreira y de su mujer, Esperanza, en la carrera de Bellas Artes.

Yo no he estado rodeada de personas que fueran entendidas, de gran cultura artística. Mi familia y mis amigos han pertenecido a otro mundo pero siempre les ha gustado, han entendido y apoyado mi trabajo, –no les ha quedado otro remedio, no han sido muy objetivos… –. La ayuda de Moncho, mi marido, ha sido fundamental para mí. Recuerdo, hace tiempo, cuando expuse en Luxemburgo, que nos alquilamos una furgoneta, cargamos los cuadros y allá que nos fuimos. Siempre viene conmigo, me ayuda a colgar, siempre para arriba, para abajo. No le ha importado nunca que yo me pasara el tiempo que fuera metida en el estudio pintando.

Tienes dos hijos y cinco nietos, ¿ves a alguno de ellos siguiendo tus pasos?

Sí, a mi nieta Laura, es idéntica a mí. Me identifico muchísimo con ella. Le encanta dibujar y lo hace muy bien. Con seis años compone cuentos en tres dimensiones recortando y pegando materiales. Tiene muchísima imaginación.

Tras esta exposición, ¿cómo ves el futuro?, ¿cuáles son tus próximos retos?

Voy a experimentar un momento de cambio, nos vamos a vivir a Moraira. Si antes vivíamos aquí e íbamos mucho a Moraira, a partir de ahora Moraira será mi casa pero seguiré viniendo a la ciudad porque lo que tengo aquí no lo voy a dejar. Ahora que por fin he encontrado gente con la que comparto gustos, que conectamos tan bien, que hacemos tantos planes juntos… eso no lo quiero perder. Esos lazos son importantes. Mi rutina variará, el estudio de Valencia, en el que he trabajado siempre tan a gusto, pasará a ser básicamente almacén y el estudio de Moraira tendrá todo el protagonismo. Espero que esta nueva etapa sea fructífera, me enfrento a ella con ilusión.

La artista Rosa Padilla y la comisaria Marisa Giménez durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía de la artista.

La artista Rosa Padilla y la comisaria Marisa Giménez durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía de la artista.

Marisa Giménez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Just in Heaven: Inma Coll en ‘La maleta de Victoria’

‘También los ángeles tienen alas’, de Inma Coll
La maleta de Victoria
Buenos Aires 5, Valencia
Hasta el 31 de marzo de 2017

“¡Quién, si yo gritase, me escucharía entre la jerarquía de los ángeles!”
‘Elegías de Duino’, Reiner María Rilke

‘También los ángeles tienen alas’ es el título de la exposición de la artista Inma Coll en el delicadísimo espacio del barrio de Ruzafa ‘La maleta de Victoria’: una veintena de obras de distintas técnicas y formatos de una estupenda pintora de larga trayectoria, con más de 56 exposiciones y ferias nacionales e internacionales, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Valencia (1980) y diplomada en Diseño por la Università Internazionale dell’Arte de Firenze (Italia) (1983), Inma Coll también cursó estudios de grabado calcográfico en el Instituto de Artes Gráficas de Santa Reparata (Florencia).

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición 'También los ángeles tienen alas'. Fotografía cortesía de la artista.

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición ‘También los ángeles tienen alas’. Fotografía: FreeZia Estudio

La presencia de los ángeles como tema del arte, especialmente de la pintura, ha permitido la creación de todo un imaginario de símbolos bajo la insoslayable mirada de aquel archiconocido detalle de la ‘Madonna Sixtina’, el cuadro que Rafael Sanzio pintó en el siglo XVI; un imaginario que tiene como hitos más hermosos, por citar sólo algunos gustos personales ubicados en El Prado, la ‘Santa Cecilia’ de Nicolas Pussin, el boceto sobre la felicidad eterna de José de Madrazo y Agudo o la multitud angélica concentrada bajo la ‘Inmaculada niña’ de Francisco de Zurbarán.

Sin embargo, una primera mirada a la obra tan clásica como brutal de Inma Coll emplaza de inmediato al visitante a la apertura de ese referente alado, que posiblemente desde la penúltima revolución científica no sea ya sino una expresión efímera del contradictorio estado del espíritu más humano y a cuya imposible disección le ha dedicado tantas páginas la angeología. Así, desde ‘Nacer de un ángel’, el collage de gran tamaño con el que se inicia el inquietante paseo por el cielo a través de las obras de Inma Coll, todo nuestro cuerpo y no sólo el tradicional destino de las emociones –el corazón y la cabeza– se tensa y pone en guardia.

Inma Coll. Makma

Ángeles, como la propia pintura de Coll, nada inocentes. Ángeles, como la propia pintura de Coll, poco convencionales. Ángeles impuros, ángeles de complejas revelaciones. Hay un ángel negro entre tela metálica y zinc que atestigua el cosido que remienda un corazón quizás también quebrado y el impulso de esta artista de largo y coherente recorrido por la fina línea que separa (o que une) el horror y la belleza, esto es, la determinación por aprehender sobre el papel, la tabla y el lienzo el impacto último de lo sublime.

Hay problemas ontológicos (‘El sexo de los ángeles’), primitivismo, cuerpos, provocación, símbolos, pintura despojada de cálculos, de toda jactancia, de toda petulancia; hay grabados de dos ángeles, ecos de sexo y ángeles caídos, trapecistas (ángeles metafóricos), ángeles ilustres (Ícaro) y hay bestiarios (‘Mujer sobre glifo’, ‘El ángel exterminador’), hay autobiografía y erotismo, animalidad y delicadeza y en todos esos casos, los ángeles de Coll tienen, sobre todo, algo urgente que decirnos.

Los ángeles que orbitan sobre su obra no son blancos ni puros, sino llenos de palabras y obsesiones; el ángel es también o, sobre todo (recordémoslo), un mensajero de alegrías o de cataclismos, de textos crípticos o de amor hacia los hombres como en el bello filme de Wim Wenders ‘El cielo sobre Berlín’. Poder de la palabra, incluso cuando ésta cae sobre una sima invisible de la comunicación y desaparece (‘Ha pasado un ángel’). Hay, de hecho, en aquel ángel negro una de las piezas centrales de esta hermosa exposición, ecos de las ‘Elegías de Dunio’, el poema removedor de tripas y conciencia, que debió movilizar en su momento el pincel clásico, primitivo, moderno y contemporáneo de Inma Coll: de nuevo la fuerza primordial de las palabras.

Fotografía de una de las piezas que conforman la exposición 'También los ángeles tienen alas'. Fotografía cortesía de la artista.

Fotografía de una de las piezas que conforman la exposición ‘También los ángeles tienen alas’. Fotografía: FreeZia Estudio

Efectivamente, nada en el repaso del currículo de los ángeles (desde el anuncio del embarazo más complejo de la historia a la eminente llegada del apocalipsis) permite confiarnos demasiado en su gracilidad, en sus alas o en su peso. Ligeros, pero nada predecibles, son los ángeles, por eso, y porque algo semejante a una celebración es lo que suele ocurrir en el particular espacio de Victoria (un espacio donde la artista y artesana colombiana despliega toda la magia de su personal escenografía), una última nota debe recogerse: Inma Coll, que ha expuesto en tantos lugares, ha acertado al integrar esta excelente muestra de su arte en un espacio personalísimo y angélico, con ecos de Venecia, Florencia y Estrasburgo, lleno de ángeles que se confunden con la propia obra de una pintora (volvemos a Inma Coll) cercana a los espíritus celestes, a los códices y al arte románico, pero también a Grosz, a Bacon y a sus demonios, a los sentimientos febriles como cuerpos deformados, al derroche del arte y la lujuria, a Rilke y a toda su poesía.

‘El cielo está vacío’ es el nombre de, en mi opinión, una de las obras más emocionantes de Inma Coll, sin embargo, como ocurre con los mejores artistas, Coll también se contradice: su cielo, alborotado de cuerpos, Eros, sueños y desvelo, figuras clásicas, terror, belleza y fantasía no está vacío sino repleto de ángeles… terribles.

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición 'También los ángeles tienen alas'. Fotografía cortesía de la artista.

La artista Inma Coll frente a una de las piezas que conforman la exposición ‘También los ángeles tienen alas’. Fotografía: FreeZia Estudio

Jesús García Cívico

 

La Cabina se duplica por obra de Lawerta

Cartel del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina 2016
Autor: Jorge Lawerta
Presentado en La Fábrica de Hielo
C / Pavia, 37. Valencia
Viernes 22 de julio de 2016

Carlos Madrid, director de La Cabina – Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia, y el ilustrador Jorge Lawerta presentaron el viernes 22 de julio el cartel de la novena edición del festival en La Fábrica de Hielo. La imagen representa una escena del mediometraje dirigido por Antonio Mercero en 1972, protagonizado por José Luis López Vázquez y cuyo título ha tomado el festival, La cabina.

El cartel del festival es, desde hace unos años, un acontecimiento en sí mismo. En las últimas ediciones, artistas y diseñadores de la talla de Paula Bonet, Luis Demano, Escif o Carla Fuentes (Littleisdrawing) han sido los encargados de llevarlo a cabo. Para esta novena edición, que se celebrará del 3 al 13 de noviembre, La Cabina ha contado con el ilustrador valenciano Jorge Lawerta.

Madrid destaca del cartel que “integra perfectamente todos los elementos dentro de la imagen” y que “es muy dinámico en cuanto a los colores utilizados por Lawerta que representan las tres secciones del festival: Sección Oficial, Amalgama e Inèdits”. Además, añade que “es una buena reinterpretación de la película de Mercero, aunque en nuestro cartel José Luís López Vázquez aparece encantado de estar encerrado en la cabina, al igual que esperamos que el público esté encantado de encerrarse con nosotros los días del festival”.

Lawerta está titulado en Bellas Artes por la UPV, ha sido Director de Arte en agencias como CuldeSac™: Espacio Creativo, Comunicación, Experience o Global Works y ha colaborado en El País, Eleven Magazine, ICON – EL PAÍS o Panenka entre otras publicaciones. Además, ha realizado diseño de marca para clubes como el Valencia CF y el Levante UD. Esta faceta deportiva de su trabajo se manifestó recientemente en su primera exposición -Amor por los colores- en la galería Pepita Lumier art&shop.

Cartel de La Cabina 2016, obra de Jorge Lawerta. Imagen cortesía del festival La Cabina.

Cartel de La Cabina 2016, obra de Jorge Lawerta. Imagen cortesía del festival La Cabina.

VI Encontro Artistas Novos Cidade da Cultura #EAN6

Convocante: Cidade da Cultura, Xunta de Galicia
Dotación: residencia y actividades gratuitas
Modo de presentación: a través de e-mail
Plazo de admisión: hasta el 1 de julio 2016

La Cidade da Cultura pone en marcha el VI Encontro de Artistas Novos, en el que un total de cuarenta creadores emergentes tendrán la oportunidad de dar a conocer sus trabajos y debatir alrededor del arte contemporáneo a lo largo de cuatro días de convivencia e intercambio de experiencias con otros agentes culturales.

Dirigido a jóvenes nacidos entre 1981 y 1998 (ambos inclusive), el VI Encontro de Artistas Novos tendrá lugar del 28 de agosto al 1 de septiembre y podrán optar a una plaza estudiantes y licenciados en Bellas Artes o afines y todos aquellos que demuestren tener una trayectoria o proyecto artístico.

Además, diez de las 40 plazas disponibles estarán abiertas a artistas mayores de 35 años con el objetivo de establecer un diálogo entre artistas de varias generaciones en un proceso creativo abierto.

El Encontro de Artistas Novos vuelve al Gaiás de la mano de Rafael Doctor con el objetivo de apoyar y promover su labor creativo y el intercambio de conocimientos, seguiendo dos de las líneas estratégicas de la consellería que dirige Román Rodríguez: la apuesta por la educación y el conocimiento como ejes de progreso y bienestar.

Encuentros con artistas y “art followers”

La Cidade da Cultura de Galicia se convertirá, del 28 de agosto al 1 de septiembre, en escenario de intercambio en el que reflexionar sobre aspectos esenciales de la creación artística y otros más concretos y relacionados con la construcción de una obra y su proyección.

Los participantes podrán entrar en contacto con otras trayectorias y procesos de producción artística a través de una serie de conferencias impartidas por artistas de reconocido prestigio en los circuitos nacionales e internacionales del arte contemporáneo como Alicia Martín, Lino Lago y Ruth Montiel. Junto a ellos, los participantes convivirán con observadores que apoyan a los nuevos creadores y que quieren estar al corriente de las novedades del artista emergente y sus proyectos artísticos. Javier Díaz-Guardiola, Guillermo Espinosa, Ángel Calvo Ulloa y Nerea Ubieto serán los críticos o comisarios que, en este evento, actuarán de “art followers”.

Esta nueva edición del Encontro de Artistas Novos recupera las visitas a centros de arte contemporáneo de Galicia, por lo que los participantes conocerán de primera mano el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC), el MAC de A Coruña y la Fundación Luis Seoane.

Inauguración de una nueva intervención en las Hejduk

Este VI Encontro de Artistas Novos celebrará un Foro Abierto en el que todos los participantes tendrán la posibilidad de realizar una presentación pública centrada en su trabajo y proyecto creativo personal, sirviendo de plataforma y escaparate de sus creaciones.

A mayores, la Cidade da Cultura abre la posibilidad de que uno o varios de los participantes sea elegido para realizar una intervención artística en las Torres Hejduk del complejo. Con esta iniciativa, el Gaiás busca apostar por el talento emergente, cediéndole un espacio expositivo no convencional para que puedan dar rienda suelta a su creatividad.

De hecho, y por primera vez, el Encontro de Artistas Novos finalizará con la inauguración del proyecto ganador de la anterior edición: Homo ludens, de Miguel Benjumea y Román Corbato. A través de esta intervención, los dos participantes en el V EAN convertirán las Torres Hejduk en un nuevo paisaje dedicado al ocio a través de una ‘site specific’ en la que juegan con dos elementos clave: plástico y aire. De esta forma, a través de una arquitectura efímera basada en dos instalaciones hinchables, Homo ludens convertirá este espacio arquitectónico en un punto de encuentro y socialización.

La mitad de las plazas para artistas gallego

El VI Encontro de Artistas Novos convoca un total de cuarenta plazas, de las que el 50% estarán destinadas a los solicitantes nacidos o residentes en Galicia y el otro 50% a los solicitantes de procedencia estatal e internacional. La obtención de una plaza incluye matrícula de inscripción, estancia en régimen de pensión completa desde el domingo 28 de agosto al jueves 1 de septiembre, transportes diarios hasta la Cidade da Cultura y a los diferentes centros de arte.

Solicitudes hasta el 1 de julio

Pueden optar a una plaza todos los nacidos entre 1981 y 1998 y que no hayan participado en las cinco ediciones anteriores. La convocatoria es abierta y podrán participar tanto estudiantes y licenciados en Bellas Artes y afines como todos aquellos que mediante la documentación presentada demuestren tener una trayectoria o proyecto artístico. Además, diez de las cuarenta plazas disponibles estarán abiertas a artistas mayores de 35 años, que deberán cumplir los mismos requisitos que los emergentes

La solicitud deberá efectuarse antes de las 15:00 horas del viernes 1 de julio junto a la documentación requirida: boletín de inscripción, fotocopia del DNI o pasaporte, curriculum vitae abreviado (máximo una hoja) y dossier de presentación del trabajo artístico en formato papel (máximo 15 hojas) al mail encontro@cidadedacultura.org.
El nombre de los seleccionados se dará a conocer el viernes 22 de julio y deberán confirmar su participación antes del 29 de julio. Las bases completas del VI Encontro de Artistas Novos pueden consultarse en www.cidadedacultura.gal, así como bajar el boletín de inscrición.

El EAN viaja hasta Segovia

El Encontro de Artistas Novos ‘Cidade da Cultura’ nació en septiembre de 2011 bajo la dirección de Rafael Doctor en el marco de la primera programación cultural del Gaiás. Tras cinco ediciones, el EAN es hoy un formato consolidado en el que alrededor de 400 creadores presentaron sus propuestas artísticas. Además, reconocidos creadores como Jorge Perianes, Lois Patiño o Nuria Güell fueron participantes en su día de alguna de las ediciones del EAN cuando aún comenzaban a abrirse paso en el mundo del arte.
Ahora, el Encontro de Artistas Novos viajará hasta Segovia. La Fundación Villalar de Castilla y león decidió importar este modelo creado en la Cidade da Cultura para celebrar su I Encuentro de artistas de Castilla y León, que tendrá lugar del 27 de junio al 1 de julio de este año en La Casona del Pilar.

El EAN se consolida así como un modelo de convivencia entre creadores emergentes después de que durante el 2015 tuviese lugar el primer Encontro fuera de nuestras fronteras. Concretamente en Uruguay, donde el Centro Cultural de España en Montevideo, organismo de cooperación cultural que realiza la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), reunió a un total de cuarenta artistas jóvenes del 24 al 28 de junio de 2015 en el Parque Vacacional de Agadu, localizado en la Atlántida.

Bases completas

González Garrigues, Premio BBAA San Carlos

Levitas, de María González Garrigues
Premio Nacional de Pintura
Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia

La joven artista María González Garrigues (Gandia, 1992) ha resultado ganadora del XVII Premio Nacional de Pintura Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, que se convoca anualmente con el patrocinio de Ámbito Cultural de El Corte Inglés.

El jurado, que tuvo que elegir entre 53 obras presentadas, ha destacado el alto nivel artístico de la convocatoria y ha elegido como ganadora ‘Levitas’ de María González Garrigues.

Artista nacida en El Grau de Gandia en 1992, María González Garrigues realizó sus estudios de Bellas Artes en la Universitat Politècnica de València y ha obtenido el primer premio dotado con 6.000 euros con una obra realizada con técnica mixta sobre tabla.

El jurado, encabezado por Manuel Muñoz Ibáñez, presidente de la  Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, estuvo formado por los académicos, Román de la Calle, Aurora Valero, Felipe Garín y Rafael Armengol.

Omnia In Sublimi Sunt.

Omnia In Sublimi Sunt, de David Marqués Serra. Imagen cortesía de la organización.

El jurado falló también dos accésits dotados con 3.000 euros cada uno a favor de David Marqués Serra (Valencia, 1988) por Omnia In Sublimi Sunt y de Isidoro Moreno López  (Valladolid, 1975) por su obra Duero.

Las obras ganadoras y las otras siete seleccionadas permanecerán expuestas hasta el 24 de julio en Nuevo Centro Espai d´Art.

Levitas, de María González Garrigues.

Levitas, de María González Garrigues.

 

“La pintura nos hermana a todos”

‘Pintar en los tiempos del arte. La persistencia de la pintura’
Conversación con Antonio López
Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia
Auditorio Alfons Roig
6 de mayo de 2016

Antonio López -artista eximio por antonomasia-, coadyuvado dialécticamente por dos referentes de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos, como son Ricardo Forriols -Vicedecano de Cultura- y José Saborit -Catedrático del Departamento de Pintura-, ha acontecido por el Levante portando consigo los céfiros continentalizados de Tomelloso, el lustre del oficio y la palabra octogenaria -de prosodia honda y naturaleza límpida-, para regresar a la corte (surcando La Mancha con un puñado de chufas) tras haber insuflado su impronta y convertir su prédica en acontecimiento.

Ante un auditorio ahíto de incipientes universitarios, profesores y foráneos del ámbito académico, Antonio López -quien comenzó la jornada evocando su parentesco de recuerdos y devoción por Valencia, los primeros años de María Moreno (artista y esposa) en la ciudad, su exposición por estos lares con Lucio Muñoz y Amalia Avia, etc- se manejó con campechanía en los coloquialismos y con mundología en los filosofemas, para aventurarse, a la postre, por los recodos de diversos temas suscitados durante la conversación: la realidad/el tema/la impronta, la tarea, la técnica, la libertad vs la ortodoxia, el azar y ‘Realistas de Madrid’.

Antonio López, acompañado de Ricardo Forriols y José Saborit, durante un instante de la conversación. Fotografía: Merche Medina.

Antonio López, acompañado de Ricardo Forriols y José Saborit, durante un instante de la conversación. Fotografía: Merche Medina.

LA REALIDAD/ EL TEMA /LA IMPRONTA

Partiendo de Ernst Gombrich -referencia de José Saborit- y, en particular, del ensayo del historiador británico ‘Los criterios de fidelidad: imagen fija y el ojo en movimiento’, en el que reflexiona sobre el “principio del testigo ocular” -“se trata del principio que, a la luz de la antigua estética, se solía considerar de mímesis, la imitación de la naturaleza” (E. Gombrich)-, Antonio López sentencia que, como espectador, “todo ha surgido del mundo real” y, tanto por su experiencia como por sus múltiples referentes -menciona a Ingres, George de La Tour (ambos en el Museo Nacional del Prado) y Andrew Wyeth (Museo de arte Thyssen-Bornemisza), en tanto que coincidentes temporales en la capital con ‘Realistas de Madrid’ (compartiendo galpón con ‘Wyeth: Andrew y Jamie en el estudio’)-, afirma que “a lo largo de la realización del cuadro nunca se ha interrumpido esa relación”, puesto que “el mundo real te aporta tal cantidad de elementos para ir dialogando con él que es incomparable”.

No obstante, López reflexiona acerca de la conveniente o inapropiada presencia del modelo para la materialización de la obra, ejemplificado en artistas como Francis Bacon -sobre el que afirma que “no puede pintar teniendo al modelo allí, Lucian Freud, por ejemplo. Le va a quitar libertad”, concluyendo que “para qué quiere el mundo real si, después, lo va a romper todo”- o en el recurso de la fotografía como vehículo de auxilio -”el mundo real te aporta tal cantidad de elementos para ir dialogando con él que es incomparable”. Se adentra, entonces, en los fundamentos de su formación artística: “yo me eduqué en la mitad de los años cincuenta, trabajando sobre el modelo. Llegué a tener una facilidad de trabajar sobre el modelo que no me creaba ninguna dificultad. Coger a mi hermana, a los 17 años, en Tomelloso, y hacer un cuadro a tamaño natural, leyendo un libro, sin pensar que estaba haciendo algo excesivamente complicado”.

En plena digresión, cita a Miguel Ángel y al pintor del siglo XVII Juan Sánchez Cotán -”¿qué es pintar un bodegón de Sánchez Cotán si no lo habitas con el espíritu que tiene? Lo importante es que los objetos, este vaso, te diga cosas del mundo”-, o reflexiona acerca del tercer personaje de las obras de Edward Hopper -”lo que decide todo”-, la clarividencia de Velázquez y la insólita frescura de las pinturas de Altamira -”la inmediatez, extrañeza y fascinación que tienen las cosas que nos gustan. Cuando el hombre casi no sabía nada, sabía expresarse con la pintura. Se nota que todo eso se hace con el hígado, una segregación de los sentimientos”-.

Partiendo de este ineludible vínculo con la realidad como génesis de la obra, de la que “todo lo que coges es una mínima parte de lo que la vida es”, admite que “ copiar la realidad no bastaba, no ibas a ningún sitio”, por lo que, en pleno ejercicio de materialización de la pintura, “tenía que pasar algo”, de esta forma “se crea una especie de tercer personaje, que es el contenido del cuadro, que es lo que decide todo. Que se haga cercano y paralelo al mundo real, que se invente, como Rothko”. En este orden de cuestiones, el pintor persiste en vindicar su fidelidad con el tema de sus trabajos. De un modo u otro “todo tiene relación con la realidad. La pintura nos hermana a todos”.

Imagen de 'Ventana de noche', de Antonio López, que puede contemplarse en la exposición 'Realistas de Madrid'. Fotografía cortesía del Museo de arte Thyssen-Bornemisza.

Imagen de ‘Ventana de noche’, de Antonio López, que puede contemplarse en la exposición ‘Realistas de Madrid’. Fotografía cortesía del Museo de arte Thyssen-Bornemisza.

LA TAREA

A modo de orientación teleológica, Antonio López polariza los fundamentos del quehacer artístico en torno de la tarea, como si se tratase de una revelación metafísica que cobra sentido morfológico, verbigracia, en la praxis pictórica de Wyeth y Hopper -”se sienten con una tarea para hacer. En Europa no teníamos ninguna tarea, como si no fuéramos necesarios. (…) Ellos me dan mucho aire, mucho oxígeno. Sabían que tenían que pintar su mundo, con sus limitaciones, con sus sacrificios. (…) El retrato de América lo han hecho ellos, desde los márgenes ni los fotógrafos ni los pintores abstractos”-, rememorando, de este modo, sus primeros vestigios de conciencia emparentados con una causa pictórica final, desvestida por un lúcido delirio, como “una atracción y fascinación, sin poderlo describir más que pintando. (…) Desde los 17 años, sentí que ya tenía una tarea, algo que pintar (…) la gente anda muy perdida. Hay gente que la encuentra y no la nota. Eso es tan  importante como aprender el lenguaje de la pintura”.

LA TÉCNICA

López, amén de ser inquirido por los nuevos medios digitales en el microcosmos de la creación artística -”parece que todo lo que ha ido surgiendo ha estado bien (…) óleo, tempera, huevo, la perspectiva (…) nunca sobro nada. El error es pensar que hay una cosa mejor en arte”-, transita livianamente sobre el plano rudimentario de su técnica pictórica, entendida como una “burocracia del cuadro. (…) Esa primera parte la paso lo más rápido posible para entrar en lo esencial y de qué manera todo aquello que te ha llevado allí -la luz- pueda atraparlo. (…) Toda la parte de la precisión la realizo con la mayor facilidad posible”.

LA LIBERTAD VS LA ORTODOXIA

Durante el flujo conversacional se manejan conceptos, reflexiones y anécdotas cuyo raquis común se encuentra vertebrado por esta ineludible dicotomía, tras la que se solidifican los mecanismos fundamentales del devenir histórico y artístico -movimiento y metamorfosis-, ejemplificado en los impresionistas -”decidieron romper con la historia”-, los surrealistas -René Magritte, Salvador Dalí-, y, en el horizonte coetáneo, la insurrección del grafiti; “saltarse los controles” como común denominador, puesto que “hay una forma de pudor que es una especie de atadura, una forma de ir a donde no debes. Eso sucede en el arte, eso va contra los mejores”.

López responsabiliza aquí tanto al imperio acaudillado por los portadores de un talento horizontal -”hay una gente media que aprovecha ese esperanto, esa especie de idioma (…) esa gente que tiene que ir hasta el extremo no puede ir hasta él”- como a los encorsetados preceptos de la ortodoxia artística circundante -”hay una policía en el arte que es como la Gestapo. Hay que salvar el escollo de los que deciden lo que hay que hacer. No somos libres”-. Fruto de estos grilletes, Antonio López asevera que “los mejores siempre pierden con esa especie de inspección. (…) La sociedad nos está señalando caminos que no son los nuestros. Hay gente se salva y gente que se condena para siempre”.

Vista general del público que completó el aforo del Auditori Alfons Roig. Fotografía: Merche Medina.

Vista general del público que completó el aforo del Auditori Alfons Roig. Fotografía: Merche Medina.

EL AZAR

La estocástica, erigida en uno de los conceptos capitales que vertebra, en penumbra, la transmutación creativa, cobra, a la postre, una presencia indispensable. El azar habita, de este modo, como un accidente, en las transparencias de Velázquez, en la luz de Vermeer, en Sorolla o en la propia obra de Antonio López -”es una emoción que tiene que ver con la psicología de la historia, que se da de una manera natural. Hay quien quiere sistematizar el azar; yo prefiero no hacerlo, pero cuento siempre con él. Es mi aliado, el de todos, no sólo en pintura, sino en la vida”-.

REALISTAS DE MADRID

En relación a ‘Realistas de Madrid’ -exposición temporal exhibida en el  Museo de arte Thyssen-Bornemisza, que reúne, amén de a Antonio López, a coetáneos de estrecho vínculo, como son María Moreno, Julio y Francisco López, Esperanza Parada, Isabel Quintanilla y Amalia Avia- el artista manifiesta que “nunca ha estado en nuestra voluntad formar un grupo. Nos han unido por generación, que vivió la guerra y la posguerra”, experiencia decisiva que “tiene algo muy tremendo todo. Una España que no la han podido vivir los demás. Todo nace de ahí, de la elementalidad de las cosas, del respeto a como son”.

Allende divagar sobre la perspectiva curvada como uno de los motivos capitales de su trabajo en pro de su contumaz pretensión por una representación verídica de lo real -tarea inconclusa que puede apreciarse en ‘Ventana de noche’, pieza que cierra el recorrido expositivo-, una de las cuestiones subyacentes y anecdóticas de ‘Realistas de Madrid’ ha sido, para Antonio López, reencontrarse, medio siglo después, con la obra ‘El cuarto de baño’ (1966) -propiedad de un coleccionista norteamericano-, así como con ‘Lavabo y espejo’ (1967) -cedido para la muestra por el Museum of Fine Arts de Boston-, experiencia que le provocaba “miedo y zozobra ante la posibilidad de que no me gustaran a mí, el hecho de verlos juntos, encontrarlos ajenos a tu sensibilidad de ahora mismo, verlos equivocados”.

Sin embargo, a pesar de que “reunirlos todos, mezclarlos con la obra de otros, es un riesgo tremendo”, concluye que “me ha gustado vivirlo. Visto ahora todo lo que hemos hecho al cabo de muchos años me inspira mucho respeto, no solamente desde el punto de vista técnico, sino que hay una mirada al mundo de un peso, una razón de ser que no me imaginaba”.

El pintor Antonio López, tras la conversación. Fotografía: Merche Medina.

El pintor Antonio López, tras la conversación. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

 

 

 

Cultura desde la guerra

La UNESCO crea un grupo de expertos en conservación del patrimonio cultural
Acuerdo firmado el 16 de febrero de 2016

En 1945 leíamos el horror desde las voces de los supervivientes y, tras una lección mal aprendida, lo hacemos de nuevo a través de las imágenes y testimonios de los refugiados que huyen de la guerra. Theodor Adorno afirmaba entonces que “escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie”, pero actualmente mientras se suceden los viajes sin destino, los muros y el drama humano, el arte continua aportando un extraño sentido. Desde la UNESCO esta cuestión despierta, una vez más, la voluntad por conservar el patrimonio en las zonas de conflicto como símbolo de la cultura y la identidad, para establecer quizás un lenguaje común por encima del caos.

Por esta razón, hace unos meses conocíamos la noticia sobre la creación de una fuerza operativa que actuará en casos de “emergencias culturales” (y cito textualmente la curiosa expresión). El 16 de febrero, Irina Bokova (Directora General de la UNESCO) y Paolo Gentiloni (ministro italiano de Relaciones Exteriores) firmaban el acuerdo para establecer un grupo especial de expertos en conservación, con el fin de poder desplegarlos en lugares cuyo patrimonio cultural esté en peligro de destrucción o de saqueo. De esta forma, la estrategia se incluiría en las acciones humanitarias y de paz, como elemento para promocionar la diversidad y la cohesión social.

Palmira Decumanus.

Imagen de Palmira Decumanus.

Sin embargo, esta respuesta no es nueva y contamos con antecedentes cercanos que indican el destacado papel de la Guerra Civil Española en los primeros pasos de los estudios técnicos para la protección del patrimonio. En ese contexto, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes ofreció custodia oficial a todos los bienes integrantes del patrimonio histórico y artístico de la época. Las primeras medidas de protección puestas en práctica por los arquitectos conservadores de los edificios públicos, bajo la dirección de Josep Renau, se realizan según los principios técnicos establecidos por la Office International des Musées (OIM), organismo creado en 1926 por Naciones Unidas con el objetivo de promover la cooperación internacional de los museos. La segunda de las reuniones de la OIM, la conferencia de Atenas celebrada en 1931, estuvo dedicada a la preservación de momumentos y constituyó un hito en la historia de la conservación. De ese encuentro nacía la Carta de Atenas, primer documento internacional sobre criterios de restauración y políticas de protección, que sería la base de muchas legislaciones europeas sobre patrimonio.

Cinco años después, los centros de cultura oficiales españoles eran bombardeados (Museo del Prado, Museo Arqueológico Nacional, Academia de Bellas Artes de San Fernando o Biblioteca Nacional, entre otros). Las acciones realizadas entonces consistieron básicamente en el traslado de las obras a los sótanos de los museos y edificios públicos, en la protección de objetos de grandes dimensiones mediante sacos de tierra apilados y puntales, así como en el refuerzo de los servicios de vigilancia y contraincendios (el traslado de las obras a Valencia merecería otro artículo).

Imagen de Aleppo.

Imagen de Aleppo.

Actualmente sabemos que la influencia que tuvo la experiencia española en la orientación para el proyecto de la OIM y en las recomendaciones técnicas fue decisiva y, como resultado, en 1939 se publicaría el manual La Protection des Monuments et Oeuvres d’Arte en Temps de Guerra. A pesar de la suspensión de actividad de la Oficina Internacional de los Musos durante la ocupación nazi de París y el cierre definitivo en 1946, su labor tendrá importante repercusión en la Convención de la Haya de 1954. En este marco, la aprobación de la Convención para la Protección de Bienes Culturales en Caso de Conflicto Armado, fue el primer tratado internacional, tras la Segunda Guerra Mundial, centrado exclusivamente en esa función.

Si en aquellos momentos el comité de expertos lo formaban juristas, militares y museólogos, en esta ocasión, los llamados cascos azules de la cultura estarán integrados por profesionales en patrimonio cultural y miembros de la policía italiana, Carabinieri, especializados en la lucha contra el tráfico ilegal de bienes culturales. El objetivo de la llamada Operación Unite4Heritage (unidos por el patrimonio), consistirá en activar el despliegue cuando lo solicite un Estado miembro de la ONU que sufra un conflicto y que pueda afectar a su patrimonio histórico y cultural. Esta fuerza especial trabajará para conservar y restaurar las obras dañadas, y contarán con un centro de formación en Turín.

Templo Baal Palmira.

Templo Baal Palmira.

La propuesta italiana para activar el trabajo de la UNESCO viene provocada tras la reciente destrucción de los vestigios arqueológicos en Irak y Siria, y la trágica devastación de la ciudad de Palmira. Sin embargo, mientras se consolidaba este proyecto en la 38ª Conferencia General, alcanzando su aprobación por 53 países, la vida en las regiones asediadas continuaba su curso. Desde ese día a día, algunos artistas han desarrollado acciones de recuerdo o de salvaguarda sobre al patrimonio local.

Destaca por un lado el grupo de artistas refugiados en Jordania que reproducen miniaturas de monumentos históricos que la guerra en Siria ha reducido a polvo (rincones de la antigua ciudad de Palmira, el puente colgante de Deir ez-Zor, la Ciudadela de Alepo, o la Gran Mezquita de los Omeyas en Damasco). Por otra parte, la voluntad de supervivencia en un entorno de desesperación provocó que el escultor Assem Al Bacha enterrara gran parte de sus esculturas en un lugar del desierto sirio durante la noche. El artista, que en la actualidad reside en Granada, ocultó sus obras antes de dejar su país, con la esperanza de protegerlas de los bombardeos y recuperarlas al volver. Pudimos ver su exposición de Casa Árabe en 2013, donde sólo mostró las piezas que cabían en unas maletas.

La destrucción deliberada del patrimonio cultural puede considerarse un crimen de guerra (en virtud del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional) y, desde este alcance, la protección de los monumentos y de la producción artística es un factor más, generador de paz. Por lo tanto, las leyes quedan establecidas y la coordinación de acciones diplomáticas también, pero el núcleo parece un tanto absurdo cuando dependerá únicamente de la decisión de un combate. El presidente de la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual resumía esta idea en la siguiente frase, pronunciada en 1932: “Si se tiene la suficiente sensatez para respetar los monumentos y las obras de arte, sería mejor comenzar por tener la sensatez de no hacer la guerra”.

Palmira.

Ciudad de Palmira.

Maite Ibáñez