Elogio del amor

Cold War, de Pawel Pawlikowski
Palma de Oro en el Festival de Cannes
Polonia. 2018

‘Cold War’, el sexto largometraje del director polaco Pawel Pawlikowski, es un doble elogio del amor. Un elogio, por una parte, de la pasión amorosa, hasta la muerte, entre un hombre y una mujer y, por otra, de la mirada cinematográfica.

La letra de la canción ‘Cuatro ojos y dos corazones’ simboliza la doble llama de amor, como diría Octavio Paz. La protagonista canta los versos “cuatro ojos y dos corazones que  lloran día y noche”, de manera sensual y a ritmo de folk o de jazz, como metáfora del amor apasionado que une a los dos amantes protagonistas. Un amor que el director transfiere en blanco y negro y con amplias elipsis, con una mirada cinematográfica contenida y austera, sin aspavientos de  cámara, pero a la vez sostenida con una silenciosa  pasión. ‘Cold War’ no es simplemente una historia de amor, es una historia de amor atravesada por la realidad socio-política.

Fotograma de 'Cold War', de Pawel Pawlikowski.

Fotograma de ‘Cold War’, de Pawel Pawlikowski.

Los variables y cambiantes acontecimientos históricos que ocurren entre 1949 y 1964 en  Europa están de fondo en la tortuosa relación entre Zula (Joanna Kulig) – cantante y bailariana de un grupo de folk tradicional polaco- y Wiktor (Tomasz Kot) -director y compositor musical-.  Una relación de quince años  vivida con atormentados encuentros y desencuentros en el tiempo y en el espacio, de Polonia a París, de París a Polonia. Encuentros y desencuentros apasionados que el espectador no puede evitar relacionar con la novela de Mario Vargas Llosa, Travesuras de la niña mala.

Fotograma de 'Cold War', de Pawel Pawlikowski.

Fotograma de ‘Cold War’, de Pawel Pawlikowski.

La pasión destructora de los amantes se entrelaza, a modo de metáfora, con la fría posguerra de Polonia, con la siniestra sombra del regimen dictatorial comunista y con la incomunicación de la guerra fría, de ahí el título de la película.

El director Pawel Pawlikowski retrata con una apasionante mirada cinematográfica, un amor convulso en un periodo histórico igual de convulso. La historia de ‘Cold War’ rezuma una cierta verdad: cuando los relatos éticos son destruidos, las convulsiones de las pasiones amorosas, al igual que las convulsiones ideológicas históricas, van encarriladas a la tragedia.

Fotograma de 'Cold War', de Pawel Pawlikowski.

Fotograma de ‘Cold War’, de Pawel Pawlikowski.

Begoña Siles

Lo siniestro del fantasma femenino

Cátedra Berlanga
XVIII Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico
Amores Letales. ‘La boutique’, Luis García Berlanga (1967) y ‘Peppermint Frappé’ (1967),
Carlos Saura
Palacio de Colomina
C / Almudín, 1. Valencia
Lunes 3 y martes 4 de diciembre de 2018

‘Retrato imaginario de Brigitte Bardot’ es el título de una de las obras que el pintor Antonio Saura realizó sobre una actriz que, al igual que otros iconos eróticos cinematográficos de mediados del siglo XX, como Marilyn Monroe o James Dean, remite a ser pintada bajo la explosiva estética del arte pop. Sin embargo, para Saura, la espectacular belleza de la actriz quedó plasmada bajo su enérgica, gruesa y oscura pincelada.

Saura pinta en el lienzo ‘Retrato imaginario de Brigitte Bardot’, al igual que en los otros de la serie homónima, las palabras del poeta Rainer María Rilke, cuando dice que “lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”. Refleja así lo terrible que el velo de la belleza y del amor ocultan. Y una vez que este velo se desvanece, lo siniestro, por cruel, horroroso y espeluznante, aparece, tal y como el poeta Schelling lo definió: “Aquello que debiendo permanecer oculto, se ha revelado”.

Retrato imaginario de Brigitte Bardot, de Antonio Saura.

Retrato imaginario de Brigitte Bardot, de Antonio Saura.

Si Saura pintó el verso de Rilke en su serie Brigitte Bardot, Luis García Berlanga en ‘La boutique’ y Carlos Saura en ‘Peppermint Frappé’ absorben el espíritu de la obra del pintor aragonés: el amor y la belleza no pueden contener que lo espeluznante aflore en el relato. No es baladí que ‘Retrato imaginario de Brigitte Bardot ‘(1962) y ‘Brigitte Bardot’ (1959) estén citados diegéticamente en ‘La boutique’ y ‘Peppermint Frappé’, respectivamente.

Luis García Berlanga (1921-2010) y Carlos Saura (1932) son dos de los directores más influyentes de la historia del cine español. Cada uno con un estilo, obviamente único, ha creado un universo cinematográfico bañado por una pátina esperpéntica propia de la más pura tradición cultural española.

Brigitte Bardot, de Antonio Saura.

Brigitte Bardot, de Antonio Saura.

‘La boutique’ y ‘Peppermint Frappé’, estrenadas ambas en 1967,  comparten con mayor o menor intensidad ciertos trazos de esa mirada esperpéntica. Lo absurdo y lo ridículo describen los rasgos miserables de los personajes de la película de Berlanga; en cambio, lo grotesco y lo extravagante revelan el mundo austero y fetichista de Julián, papel interpretado por José Luis López Vázquez en el film de Saura. Mirada esperpéntica que desvela, con patética ironía en ‘La boutique’ y con frialdad sórdida en ‘Peppermint Frappé’, a unos personajes masculinos tan atraídos por la mujer, como impotentes hacia ella.

Ricardo, protagonista de ‘La boutique’ que interpreta el galán argentino Rodolfo Bebán, disimula su impotencia tras la máscara de una virilidad más interesada en jugar a las carreras de coches y en seducir de manera insustancial y vacua a toda mujer, que en mantener relaciones sexuales con su esposa o cualquier otra mujer. Porque el sexo para Ricardo es, tal y como él mismo lo expresa, “puro aburrimiento”.

Julián, protagonista de ‘Peppermint Frappé’, encubre su incapacidad sublimando a la mujer, bajo el ritmo estrepitoso producido por el resonar de  los tambores  del Viernes Santo de Calanda. Un homenaje explícito al gran director español Luis Buñuel. En ambas películas, con sus abismos estilísticos, tras la belleza de la mujer  late  un cierto foco de amenaza. Una amenaza que  deja entrever con total sarcasmo el otro título de la película de Berlanga, ‘Las Pirañas’.

Fotograma de 'Peppermint Frappé', de Carlos Saura, con la obra 'Brigitte Bardot', de Antonio Saura, al fondo.

Fotograma de ‘Peppermint Frappé’, de Carlos Saura, con la obra ‘Brigitte Bardot’, de Antonio Saura, al fondo.

Para sofocar el temor ante lo femenino, tanto Carmen (Sonia Bruno), como Elena y Ana (Geraldine Chaplin), protagonistas de ‘La boutique’ y ‘Peppermint Frappé’, respectivamente, son cubiertas por los rasgos fantasmáticos del deseo masculino, evocando en ambas películas el mito de Pigmalión.

En ‘La boutique’, tal evocación se realiza como un perverso juego de muñecas. Carmen es moldeada por Carlos (Lautaro Murúa), su amante y decorador de la boutique. Para Carlos, Carmen es una muñeca, un objeto más de decoración. Sólo hay que oír sus propias palabras: “A las mujeres sólo las aguanto cuando no entra lo sexual. Las mujeres me gustan de lejos, como amigas para vestirlas, cambiarles el peinado. Para mirarlas como objetos hermosos”.

En ‘Peppermint Frappé’, el mito de Pigmalión está citado en su versión más siniestra, al igual que sucede en la película ‘Vértigo. De entre los muertos’ (1958), de Alfred Hitchcock. Julián queda fascinado por Elena, esposa de su mejor amigo Pablo (Alfredo Mayo), la cual abrasa a Julián, no por su condición de mujer real, sino por representar su imaginario de mujer: el fantasma femenino toma cuerpo en ella. Por tanto,  Julián transformará a Ana, su tímida y triste enfermera, en la imagen simulada de Elena, accediendo a representar y someterse a ese fantasma femenino. Una construcción que el director Carlos Saura muestra con elegante precisión fetichista.

En ‘La boutique’ y en ‘Peppermint Frappé’, tan fecunda es la referencia subliminal al mito de Pigmalión, en tanto metáfora de la dificultad para el encuentro sexual entre lo masculino y lo femenino,  como la cita literal de los lienzos ‘Retrato imaginario de Brigitte Bardot’ y ‘Brigitte Bardot’ de Antonio Saura lo es, de esa belleza femenina como antesala de lo siniestro.

Fotograma de 'La boutique', de Luis García Berlanga, con la obra 'Retrato imaginario de Brigitte Bardot, al fondo.

Fotograma de ‘La boutique’, de Luis García Berlanga, con la obra ‘Retrato imaginario de Brigitte Bardot, de Antonio Saura, al fondo.

Begoña Siles

¿Por qué hay amores que son letales?

Cátedra Berlanga
XVIII Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico
Palacio de Colomina
C / Almudín, 1. Valencia
Lunes 3 y martes 4 de diciembre de 2018

Al sociólogo Edgar Morin lo que más le sorprendió de Mayo del 68, del que ahora se celebra su 50 aniversario, era la paradoja de sentir una gran insatisfacción en la opulenta sociedad del bienestar. Hijos de burgueses acomodados manifestando un profundo malestar, cuya ira desbordaba los amables cauces democráticos en los que vivían. En las acolchadas paredes de los hogares parisinos, tenía lugar una insurrección contra ese orden burgués que reunía en sí la contradicción antes señalada: el confort propiciando la irrupción de cierta violencia.

Medio siglo después, la paradoja continúa. Y, con ella, la dificultad de comprender el malestar que nos aqueja cuando, asegurada la más estricta supervivencia, sentimos insuficiente ese bienestar. Lo mismo sucede en el marco privado de las relaciones personales. Alcanzadas ciertas cotas de igualdad, descubrimos de pronto una diferencia insalvable entre hombres y mujeres, e incluso entre sujetos de idéntica condición sexual. Para abordar todo ello, la Cátedra Berlanga pone en diálogo dos películas de 1967, Peppermint Frappé, de Carlos Saura, y La boutique, de Luis García Berlanga, sintomáticas de esa crispación hoy todavía no resuelta, cuando no agravada.

Fotograma de 'La boutique', de Luis García Berlanga.

Fotograma de ‘La boutique’, de Luis García Berlanga.

“Si la obsesión de un hombre reprimido por el franquismo es a lo que se reduce la trama de Peppermint Frappé, entonces la obra de arte queda suprimida en aras del debate ideológico y del contexto en que fue creada”, asegura Luis Martín Arias, profesor de la Universidad de Valladolid que participa en las jornadas  Amores Letales: La Boutique y Peppermint Frappé, que acoge el Palacio Colomina de Valencia durante los próximos días 3 y 4 de diciembre. Organizadas por la Universidad CEU Cardenal Herrera, el Institut Valencià de Cultura y la Fundación Aisge, en colaboración con la Asociación Cultural Trama y Fondo, reúne a una serie de expertos y profesionales del audiovisual que analizarán ambos textos para desentrañar lo que en ellos sucede.

“Si una película no es simple debate ideológico, sino que plantea el debate eterno de la naturaleza humana, más allá del contexto, será una obra de arte que nos interroga pasado el tiempo”, añade Martín Arias. De lo contrario, dice, quedará como texto para su valoración histórica. De manera que si la obsesión de Julián (José Luis López Vázquez) por Elena (Geraldine Chaplin) en la película de Saura, merece la pena estudiarse, es por ese carácter transversal que lo sitúa en la actualidad como perfil asociado a cierto deseo masculino.

Fotograma de Pepermint Frappé, de Carlos Saura.

Fotograma de Pepermint Frappé, de Carlos Saura.

Otro tanto cabe decir de La boutique, película que analizará Jesús González Requena, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, en su ponencia Máquinas crueles. “Maquinitas egoístas”, matiza, dado que a su juicio, en la película de Berlanga, “todos los personajes son malas personas”. Y dentro de ese mundo de “maquinitas malvadas”, los hombres “son igual de malos que las mujeres, pero infinitamente más torpes”, asegura. Le sorprende esa deriva de Berlanga cada vez que realiza sus películas fuera de España: como pasa en La boutique, rodada en Argentina, o Tamaño natural, en Francia. “Cuando sale de España todo resulta más desabrido; desaparece el lado humano que ves en sus otras películas”.

Begoña Siles, directora de la Cátedra Berlanga, pone el acento en algo que vincula a una y otra película: la aparición de ciertas obras de Antonio Saura, hermano del cineasta, en ambos textos. En concreto, obras de la serie Brigitte Bardot, icono sexual de los años 60 y 70, que el pintor realiza quebrando su imagen seductora para que aparezca cierto desgarro de su figura. “Por utilizar la frase del poeta Rilke, cuando dice que lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar, diríase que en ambas películas aparece el fantasma femenino ligado con la muerte”.

Fotograma de 'La boutique', de Luis García Berlanga.

Fotograma de ‘La boutique’, de Luis García Berlanga.

“Todo deseo remite al fantasma del otro”, apunta Siles. Fantasma que “desemboca en la destrucción” cuando el sujeto “es incapaz de alcanzar al sujeto que hay detrás de ese imaginario”. Precisamente de Antonio Saura, cuya obra viene a coincidir en ambas narraciones, se ocupa Maite Ibáñez, doctora en Historia del Arte, que hablará de la “pintura rebelde” del artista aragonés, del que se cumplen ahora 20 años de su fallecimiento. Pintura rebelde que vuelve a rimar con ese carácter insurgente de Mayo del 68, que alcanza a nuestros días.

El crítico de cine Jorge Castillejo abordará La boutique desde la óptica de la guerra de sexos. Como se recoge en el Berlanga Film Museum, creado por Rafael Maluenda bajo la coordinación del propio Castillejo, la película narra la estrategia perversa de una madre (Ana María Campoy) que hace creer a su yerno (Rodolfo Beban) que su mujer Carmen (Sonia Bruno) padece una enfermedad terminal, con el fin de que el joven playboy deje sus amoríos y se centre en su esposa.

Fotograma de 'Peppermint Frappé', de Carlos Saura.

Fotograma de ‘Peppermint Frappé’, de Carlos Saura.

El director de cine Óscar Aibar (Platillos volantes, El Gran Vázquez o El bosque) incidirá en el humor de la dupla Berlanga Azcona y su influencia en los directores actuales, de los que él mismo se considera un buen ejemplo. “Invierte el humor de directores como Mario Monicelli, maestro de la comedia a la italiana, para adaptarlo a la psicología española”, señala quien se halla en estos momentos dirigiendo uno de los capítulos de la serie televisiva Cuéntame.

Paco Belda, por su parte, en tanto director de fotografía que ha trabajo con Carlos Saura (“me gusta más hablar de Cinematographer o Dirección Fotografía que de director”), rastreará la luz que emplea en sus películas el autor de Peppermint Frappé, La caza, Cría cuervos o Bodas de sangre. Para ello, se servirá de imágenes creadas por José Luis Alcaine, Teo Escamilla, Vittorio Storaro o el propio Luis Cuadrado, encargado de la fotografía de la película analizada en las jornadas de la Cátedra Berlanga. Dos días de ponencias, charlas, coloquios y proyecciones, en torno a esas diferencias entre lo masculino y lo femenino, entre lo clásico y lo moderno, tan difíciles de articular en la sociedad posmoderna.

Fotograma de 'Peppermint Frappé', de Carlos Saura.

Fotograma de ‘Peppermint Frappé’, de Carlos Saura.

Salva Torres

Dos mundos, dos géneros

Cuando se extinga la luz, de Dioni Arroyo
Editorial Huso
Madrid, 2018

Imagina una novela donde la Revolución Rusa es ganada por los mencheviques y se expande por todo el planeta. Imagina una novela donde Trotski lidera la implantación del proyecto revolucionario ruso por toda la tierra, tras la muerte de Lenin y el asesinato de Stalin en manos de unos sicarios anarquistas bajo las órdenes del propio Trotski.

Imagina una novela donde el proyecto de revolución soviética ha liberado a todos los pueblos de las huestes capitalistas y ha abolido todo régimen burgués. Imagina una novela donde la supresión de la propiedad privada tiene como consecuencia el fin del patriarcado y la instauración de una sociedad ginocéntrica. Pues esa novela es ‘Cuando se extinga la luz’, escrita por Dioni Arroyo y publicada por Huso.

Cuando se extinga la luz, de Dioni Arroyo.

Cuando se extinga la luz, de Dioni Arroyo.

La historia de ‘Cuando se extinga la luz’ tiene su origen en una especulación ucrónica de los hechos históricos de la Revolución Rusa. Y desde esa especulación ucrónica, Dioni Arroyo crea una sociedad ginocéntrica, antiburguesa, anticapitalista, militarizada, con una férrea estructura burocrática y cuyo progreso tecno-científico está sustentado en máquinas de vapor que contaminan el aire, hasta hacerlo irrespirable. La sociedad que Arroyo imagina es la realidad frustrada de la utopía revolucionaria  marxista, pero también  feminista. Y es por ello, al mostrar que toda utopía realizada engendra la cara siniestra de la distopía, que la novela adquiere toda la fuerza narrativa de una obra de ciencia-ficción.

La sociedad creada por Arroyo en ‘Cuando la luz se extinga’ no muestra un pasado abortado, ni un futuro posible. Muestra la realidad presente desde una perspectiva ucrónica y distópica. La interesante ciencia-ficción, como es esta novela de Arroyo,  observa  el presente con una mirada crítica; constituye, como señala el sociólogo Jesús Ibáñez, “la avanzadilla del pensamiento crítico”. Arroyo escribe con “total libertad discursiva”, sin restricciones ideológicas, ni coacciones morales, como caracteriza a los autores de la ciencia ficción, según subraya Ibáñez.

Dioni Arroyo, durante la presentación de su libro, y Begoña Siles. Festival Sindokma.

Dioni Arroyo, durante la presentación de su libro, y Begoña Siles. Festival Sindokma.

Del vértigo racional a la irracionalidad 

‘Cuando la luz se extinga’ narra la historia de Milena: una teniente y antropóloga del ejercito de Infantería -y, por ser mujer, perteneciente al género superior en esta imaginada sociedad ginocéntrica-, que debe llevar a cabo una misión etnográfica en otro planeta. Para contar su historia, Arroyo divide la novela en dos partes: la primera se titula ‘El mundo mecánico de Milena”, y la segunda ‘El inhóspito mundo de los Aflueiis’.

Cada parte narra dos mundos opuestos: por un lado, el mundo de Milena, el del planeta tierra, mecánico, militarizado, industrializado, gris y oscuro debido a la contaminación, laico, un progreso tecno-científíco sustentado en la energía del vapor, y, por otro, el de los Aflueiis, un mundo prehistórico, preindustrializado, arcaico, tribal, nómada, religioso -adoran a diosas ancestrales-, matriarcal, luminoso, verde.

Dos mundos opuestos que nos sumergen en dos universos narrativos diferentes. En ‘el mundo mecánico de Milena’, Arroyo introduce a los lectores, y a los personajes, en el vértigo de la racionalidad propia de la literatura de ciencia-ficción. Los acontecimientos narrados adquieren toda su verosimilitud desde la triada razón, ciencia y técnica, propia del pensamiento de la modernidad que da origen al género de la ciencia ficción. En ‘el inhóspito mundo de los Aflueiis’, Arroyo abisma a los lectores, al igual que a los protagonistas, en el vértigo de la irracionalidad propia de la literatura fantástica. Los sucesos, crueles y horrorosos, mostrados sólo pueden comprenderse desde la creencia en lo sobrenatural.

Dos mundos, dos géneros, que Arroyo engarza, por una parte, a través de la fascinante y terrorífica historia en la que se ve envuelto el personaje Milena, y, por otra, a través de una escritura apasionante, elegante y precisa.

Dioni Arroyo, junto a Begoña Siles. Festival Sindokma.

Dioni Arroyo, junto a Begoña Siles. Festival Sindokma.

Begoña Siles

Cortometrajes por un mundo mejor

XII Edición de Cortometrajes por la Igualdad
Paraninfo de La Nau (C / Universitat, 2). Valencia
Filmoteca de Valencia (Plaza del Ayuntamiento, 17). Valencia
Miércoles 7 de noviembre de 2018, a las 18.00 y las 20.00h, respectivamente

“Es nuestro deber hacer de este mundo un lugar mejor para las mujeres”. Estas palabras de la sufragista Christabel Pankhurst, citadas en el documental ‘Lo que contamos’, de Laura Uría Arranz, contienen la esencia temática de los seis documentales seleccionados en esta doceava edición de Cortometrajes por la Igualdad.

Edición que está compuesta, además, por los siguientes títulos: ‘Humana, el cuerpo fuera del cuerpo’, de Josep Gresa Alemany; ‘Te´n podría dir mil’, de Laura Capsir Maiques, Mención Especial;  ‘Youtubers por la igualdad’, de Sara Gallardo, también Mención Especial; ‘Simbiosis Carnal’, de Rocío Álvarez Valera, y ‘Patis vius, patis coeducatius’, Sandra Molines y Paqui Méndez, cedido por la Associació per la Coeducació. Todos estos cortometrajes, salvo el de Gresa, se podrán ver en la Filmoteca de Valencia el 7 de noviembre, a las 20.00h.

Cartel del cortometraje 'Humana'. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Cartel del cortometraje ‘Humana’, de Josep Gresa. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Temáticas que se podrían resumir, según la directora del certamen, Paqui Méndez, con las siguientes palabras: “Violencias de género, empoderamiento y estrategias transformadoras.” Una edición no sólo caracterizada por esos contenidos, sino porque las piezas audiovisuales abordan dichos temas desde diferentes estilos del género documental. Probablemente, porque el género de no-ficción se ajusta, con más acierto, al lema de esta edición: ‘Un #Metoo colectivo, mucho por contar’.

Considerar, por una parte, que el movimiento Metoo nació para contar, denunciar, concienciar y erradicar el acoso sexual que sufren las actrices en Hollywood, hasta hacerse viral en la denuncia de otras prácticas discriminatorias hacia las mujeres en todos los ámbitos públicos y privados. Y, por otra, recordar que  el género documental en los años sesenta del siglo XX fue el medio de expresión de las directoras feministas para contar, denunciar, concienciar y erradicar la desigualdad de las mujeres.

El documental es, junto con las narraciones experimentales, la vanguardia de la escritura feminista. A través del documental, las mujeres, como señala el lema de esta XII edición de Cortometrajes por la Igualdad, tienen mucho que contar.

Fotograma de 'Te'n podria dir mil'. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Fotograma de ‘Te’n podria dir mil’, de Laura Capsir. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Muchas historias de mujeres “valientes, orgullosas, peleonas, buenas“, como reconoce una de las protagonistas de ‘Humana, el cuerpo fuera del cuerpo’, que se proyectará en el Paraninfo de La Nau el 7 de noviembre, a las 18.00h, con la presencia del director Josep Gresa y la artista plástica Susana Gutiérrez. Un cortometraje que, a través de  la propuesta  de la ceramista Sweet Sue, nos convoca a la reflexión “sobre la percepción y autopercepción del cuerpo de las mujeres y sobre los cánones estéticos que impone la sociedad”, según señala Paqui Méndez.

Historias ‘Te´n podria dir mil’, tal y como enuncia el título y el contenido del cortometraje de Laura Capsir. La directora muestra el proyecto educativo ‘Igualem-nos’, llevado a cabo por el profesorado y el alumnado de IES Càrcer (València). Un proyecto que tiene como objetivo “cambiar la historia para vivir en igualdad”, palabras de la canción que ha creado el grupo musical ‘Igualem-nos’, para evidenciar la falta de referentes femeninos en los textos educativos, de investigación, etc…

Cartel de 'Lo que contamos'. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Cartel de ‘Lo que contamos’, de Laura Uría. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Lo que se cuenta, lo que se narra, no es sólo lo que existe, lo que hace historia, sino, también, lo que nos configura como humanos. Por eso al principio fue la palabra. De ahí, que otro de los cortos de esta edición se titule ‘Lo que contamos’. En él diferentes mujeres cuentan las situaciones de acoso y agresiones violentas que han sufrido por ser mujeres. Un tema que también trata, desde una perspectiva juvenil, el corto ‘Youtubers por la igualdad’.

Cartel de 'Youtubers por la igualdad', de Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Cartel de ‘Youtubers por la igualdad’, de Sara Gallardo. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Y si la palabra nos hace humanos, ella también nos determina como sujetos de deseo. Y sobre el deseo habla el documental de animación ‘Simbiosis carnal’. Con un ritmo vertiginoso e ingenioso recorre toda la historia de la humanidad, desde el punto de vista del deseo femenino y masculino. La directora Rocío Álvarez coloca una mirada crítica sobre el modelo patriarcal de construcción del  erotismo, de las relaciones de pareja, de los roles de género, y, sobre todo, de la sexualidad y el placer femenino.

'Simbiosis carnal'. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

‘Simbiosis carnal’, Rocío Álvarez. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad.

Cortometrajes, todos ellos, narrados con una mirada y una palabra feminista para abolir la diferencia sexual y transformar la sociedad en un espacio para una convivencia más igualitaria entre hombres y mujeres.

Una transformación que se debe iniciar ya en los primeros años de socialización de los niños y las niñas en la escuela. El documental ‘Patis vius, patis coeducatius’ muestra la experiencia que se está llevando a cabo en diferentes escuelas de la Comunidad Valenciana, de transformar los patios escolares en espacios de recreo pensados desde propuestas de igualdad.

Los cortometrajes de la XII Edición de Cortos por la Igualdad narran con valor estético y teórico la posibilidad de “hacer un mundo mejor”,  parafraseando a Pankhurst no sólo para las mujeres, sino también para los hombres.

Fotograma de 'Humana'. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad

Fotograma de ‘Humana’, de Josep Gresa. Imagen cortesía de Cortos por la Igualdad

Begoña Siles

King Kong, la bella y la bestia

Básicos de la Filmoteca
King Kong, de Ernest Schoedsack y Merian C. Cooper
Presentación a cargo de Begoña Siles
Filmoteca de València
Plaza del Ayuntamiento, 17. València
Jueves 10 de mayo de 2018, a las 19.00h

El Institut Valencià de Cultura presenta en la Filmoteca, este jueves 10 de mayo, ‘King Kong’ (1933), de Ernest Schoedsack y Merian C. Cooper, dentro del ciclo ‘Básicos Filmoteca. Del kinetoscopio al smartphone: cine y tecnología’. La historiadora del cine y profesora universitaria Begoña Siles será la responsable de la presentación de la sesión y del posterior coloquio con el público. ’King Kong’ podrá volver a verse el viernes 11 de mayo, a las 20.30 horas, y el sábado 15 de mayo, a las 20.00 horas.

En esta edición, ‘Básicos Filmoteca’ se centra en la evolución tecnológica del cine desde sus inicios hasta la actualidad. El ciclo se distribuye en bloques temáticos en los que se abordan aspectos de esta evolución. En esta ocasión, el ciclo analiza la evolución de los efectos especiales a través de un programa formado por el clásico ‘King Kong’ y la exitosa producción de superhéroes ‘Wonder Woman’ (2017), de Patty Jenkins, que podrá verse el viernes 11 de mayo a las 18.00 horas y el sábado 12 de mayo a las 20.00.

Fotograma de King Kong. Imagen cortesía de la Filmoteca de València

Fotograma de King Kong. Imagen cortesía de la Filmoteca de València

Este programa es una oportunidad para ver en pantalla grande ‘King Kong’, uno de los grandes clásicos de la década de los treinta, protagonizado por Fay Wray, que después ha sido objeto de nuevas adaptaciones y secuelas. Además de crear uno de los más poderosos símbolos cinematográficos con el gorila gigantesco, la película destacó en su momento por la utilización de la técnica de la ‘stop motion’ en los efectos especiales.

El programa también es una oportunidad para ver ‘Wonder Woman’, no solamente por sus sofisticados efectos especiales, creados por Amber Kirsch, en las escenas de acción, sino por su singular relectura en clave feminista del popular personaje de cómic, gracias a la interpretación de la actriz Gal Gadot.

Las sesiones del ciclo ‘Básicos Filmoteca’ se celebran los jueves a partir de las 19.00 horas y están centradas en la revisión de la historia del cine, con un marcado carácter reflexivo y pedagógico, ya que cuentan con una presentación y un coloquio a cargo de un especialista cinematográfico. Igual que en las anteriores ediciones, algunas de las películas son presentadas por críticos de la revista ‘Caimán Cuadernos de Cine’, colaboradora del proyecto. La entrada de las sesiones de los jueves es gratuita con la presentación del carné de estudiante.

Fotograma de King Kong. Imagen cortesía de la Filmoteca de València.

Fotograma de King Kong. Imagen cortesía de la Filmoteca de València.

Ready Player One: La realidad existe

Ready Player One, de Steven Spielberg
EEUU, 2018

Steven Spielberg en su última película, ‘Ready Player One’, corrobora las ideas que el filósofo francés Jean Baudrillard expuso en 1987 en su libro ‘Cultura y simulacro’: “El mundo entero ya no es real, sino que pertenece al orden de lo hiperreal y de la simulación. No se trata ya de interpretar falsamente la realidad (ideología) sino de ocultar que la realidad ya no es necesaria”.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

‘Ready Player One’ narra una historia distópica ambienta en 2045. En esa sociedad, los ciudadanos están la mayor parte del tiempo conectados a una omnipresente y omnipotente realidad virtual llamada OASIS, controlada por una corporación multinacional sin ningún tipo de escrúpulos éticos para  conseguir los máximos beneficios en Bolsa.

‘Ready Player One’ tiene, como toda película de ciencia ficción, una mirada visionaria sobre el presente. La historia coloca la lupa sobre la reciente y potente industria de entretenimiento de realidad virtual y deja entrever una posible y probable consecuencia social: los ciudadanos de esa sociedad virtual han dejado de ser los sujetos políticos de la Modernidad y los sujetos consumidores de la Posmodernidad, para ser sujetos jugadores de una cultura “hiperreal y simulada” donde, obviamente, “la realidad no es necesaria”.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

OASIS no es solamente un complejo mundo virtual de videojuegos y diversas redes sociales, sino un espacio, como literalmente su nombre define, de tregua, de evasión para las penalidades de la vida.  OASIS es la única realidad posible. Una realidad virtual donde cada ciudadano vive atrapado en la simulación imaginaria de su avatar. Y, por tanto, nada sabe del dolor, del placer que se inscribe en el cuerpo real.

‘Ready Player One’ es una reflexión integradora, nada apocalíptica, sobre la realidad virtual, en general, pero en particular sobre los videojuegos. Un nuevo formato de entretenimiento y de espectáculo, principalmente disfrutado por adolescentes y jóvenes. Por eso, Spielberg crea la narrativa y la estética de la película pensada para ese público.

‘Ready Player One’ es un relato de iniciación, donde el protagonista debe recorrer, apoyado por amigos, un arduo camino virtual hasta adquirir el conocimiento que le permita aprender a discernir entre la experiencia real -aquella que hace huella, marca en el cuerpo- y la experiencia virtual –aquella que hace apariencia en el cuerpo.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Fotograma de Ready Player One, de Steven Spielberg.

Begoña Siles

El cine singular de Pedro Sancho

La madrina, de Pedro Sancho
Cortometraje adquirido por la plataforma HBO
Febrero de 2018

La mirada cinematográfica del director Pedro Sancho está impregnada de cierta autenticidad. Una autenticidad artística y narrativa que ha conseguido atrapar la atención de la internacional y popular plataforma digital HBO y de la asociación francesa L´Agende Du Court Métrage, Agencia del Cortometraje para la promoción y la difusión del cortometraje en Francia.

Fotograma de 'La Madrina', de Pedro Sancho.

Fotograma de ‘La madrina’, de Pedro Sancho.

La plataforma HBO adquirió  ‘La madrina’, título del último corto de Pedro Sancho, para la emisión en el canal latino de Estados Unidos y Latinoamérica en febrero de 2018.  Además, ‘La madrina’ participó en la Sección Oficial del Festival de Cans de Pontevedra, donde la actriz protagonista, Arancha Aranguren, obtuvo el premio del jurado a la mejor interpretación femenina; y también fue preseleccionado en los Premios Mestre Mateo, galardones anuales a la excelencia de las producciones audiovisuales de Galicia, organizados por la Academia Galega do Audiovisual (AGA).

Fotograma de 'Pato extraterrestre', de Pedro Sancho.

Fotograma de ‘Pato extraterrestre’, de Pedro Sancho.

La asociación francesa L´Agende Du Court Métrage compró su cuarto cortometraje ‘Pato extraterrestre’,  para el pase  previo a la proyección en los cines franceses de la magnífica película española ‘Magical girl’, dirigida por Carlos Vermut en 2014.

Ahora bien, nos debemos preguntar qué autenticidad estética y temática expresa la breve y reconocida obra cinematográfica de Pedro Sancho. Breve, no sólo porque el formato narrativo sea el cortometraje, sino también porque su carrera cinematográfica como director está constituida en total por cinco piezas audiovisuales: cuatro cortometrajes -’La madrina’ (2017), ‘Pato extraterrestre’ (2014) (previamente mencionados), ‘Llena eres de gracia’ (2013),  ‘Era tu madre’ (2010) y el videoclip ‘Coming home’ (2011).

Fotograma de 'La madrina', de Pedro Sancho.

Fotograma de ‘La madrina’, de Pedro Sancho.

El aura

Hay en la obra de Pedro Sancho un aura. Ese aura que desprenden ciertas imágenes y que las hacen únicas, tal y como señala Walter Benjamin en su ensayo ‘La obra de arte en la época de su reproducción mecánica’. Una unicidad que desde su primer corto, ‘Era tu madre’, hasta el último ‘La Madrina’, percibe el espectador.

Una singularidad que surge, por una parte, de unas historias sencillas, estructuradas en una única y efectiva trama, que desembocan en un sorpresivo giro final; y, por otra, de unos elementos expresivos, como  el montaje, la iluminación, la música, la interpretación, la escenografía,  que se manifiestan con una gran sutileza estética.

Ese aura que sopla apacible, sin grandes aspavientos, y que hace que las historias resulten especiales y humanamente  cercanas, es, probablemente, el que ha atrapado a la plataforma HBO y a la asociación L´Agende Du Court Métrage. La mirada de Pedro Sancho crea historias sin ostentación, ni artificio, pero envueltas en un hálito artístico, dignas  de contemplación.

Fotograma de 'La madrina', de Pedro Sancho.

Fotograma de ‘La madrina’, de Pedro Sancho.

Begoña Siles

Valie Export y el goce femenino

The practice of love, de Valie Export
Dentro del ciclo ‘El cos com a arma’
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Martes 6 y miércoles 7 de marzo de 2018

“Texto de placer: el que contenta, colma, da euforia; proviene de la cultura, no rompe con ella y está ligado a una práctica confortable de la lectura (intriga de predestinación). Texto goce: el que pone en estado de pérdida, desacomoda (tal vez incluso hasta una forma de aburrimiento), hace vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector, la congruencia de sus gustos, de sus valores y de sus recuerdos, pone en crisis su relación con el lenguaje”.

Esta cita de Roland Barthes de su libro libro ‘El placer de texto’ deja en evidencia los efectos de la escritura en aquel que la recorre. Los textos de la emblemática artista feminista Valie Export movilizan cierto goce tanto en su forma, como en su contenido.

Valie Export. Imagen cortesía de Filmoteca de Valencia.

Valie Export. Imagen cortesía de Filmoteca de Valencia.

El espectador de cortos y performances como ‘Man&Woman&Animal’ (1970), ‘Remote…Remote…’ (1973), ‘Syntagma’ (1984), ‘Tapp und Tastkino’ (1968), ‘Hyperbulie’ (1973), ‘Adjunt dislocations’ (1973), ‘The voice as performance, acta and body’  (2007) o de sus dos experimentales largometrajes, ‘Invisible Adversaries’ (1977) y ‘The practice of love’ (1984), será desbordado por el brío gozoso de las texturas y narrativas de estos. Y será a través de ese brío por donde penetre, como señala Barthes, la ideología. Y la ideología que hace penetrar con fuertes oleadas Valie Export es la ideología feminista, tal y como ella manifiesta.

“De alguna manera me enteré por revistas y periódicos que existía algo llamado feminismo, en concreto por medio de revistas americanas. (…) Me puse a trabajar sobre la manera en que la Historia del Arte muestra los comportamientos femeninos, en cómo trata a las mujeres o los temas femeninos. A través de ello pude hacer que mi arte llevase un mensaje social”.

Fotograma de 'Invisible adversaries', de Valie Export. Imagen cortesía de Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Invisible adversaries’, de Valie Export. Imagen cortesía de Filmoteca de Valencia.

Valie Export, a través de diferentes técnicas artísticas, performance, cine, fotografías, dibujos, instalaciones y vídeos, tiene la voluntad de cuestionar el rol de la mujer, del cuerpo femenino, tal y como ha sido pensado, representado por el arte y la sociedad patriarcal. Un cuestionamiento que lleva a la agresión y a la provocación, tal y como ella declara: “Yo inserto el sujeto femenino dentro de las estructuras masculinas de poder. La penetración, la agresión y la provocación son todavía importantes elementos del arte dramático, porque ellos retan el diálogo y la discusión”.

La penetración, la provocación y la agresión son las técnicas dramáticas para poner en un “estado de pérdida y desacomodar” al lector de su obra; a la vez que para tambalear -deconstruir- los  “fundamentos  culturales, históricos, psicológicos”, con respecto a la representación de lo femenino y de la mujer.

Igual deberíamos pensar que la provocación y la agresión, esas técnicas dramáticas de la obra de Valie Export, evidencian además un cierto deseo femenino. Un deseo que hace huella en el goce del propio cuerpo femenino.

Su obra no sólo habla desde la conciencia ideológica de la crítica feminista de la artista, sino también desde la lengua inconsciente del sujeto artista. Y será esa lengua la que hace que la obra de Valie Export rasgue los velos de la máscara femenina, para mostrar un cuerpo femenino descarnado en su goce.

Fotograma de 'The practice of love', de Valie Export. Imagen cortesía de Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘The practice of love’, de Valie Export. Imagen cortesía de Filmoteca de Valencia.

Begoña Siles

Dirección femenina: coraje de mujer

La librería, de Isabel Coixet (Goyas a Mejor película, dirección y guión adaptado)
Verano 1993, de Carla Simón (Goyas a Mejor dirección novel, actor de reparto y actriz revelación)
Premios Goya
Sábado 3 de febrero de 2018

“Lo que más valoro de un ser humano es la virtud que comparte con dioses y animales: el coraje”. Estas son las palabras del Sr. Brundish, personaje de ‘La librería’, que dirige a su interlocutora la Sra. Green, protagonista de la película, para añadir a continuación: “Y usted Sra. Green posee esa cualidad en abundancia”.

Fotograma de 'La librería', de Isabel Coixet.

Fotograma de ‘La librería’, de Isabel Coixet.

Y verdaderamente hay que tener mucho coraje no sólo para abrir una librería en un pueblo pequeño de la costa norirlandesa en los años cincuenta, sino también para colocar en el escaparate y recomendar abiertamente la lectura de la polémica obra de Vladimir Nabokov, ‘Lolita’.

Un estado de ánimo que comparte Frida, la niña protagonista de la opera prima, ‘Verano 1993′, de Carla Simón. En ella, relata el valor de la citada Frida, una niña de seis años, para adaptarse a su nueva vida tras la muerte de su madre. ‘Verano 1993′ narra la experiencia de un duelo vivido con llanto silencioso, inocente y valiente.

Fotograma de 'Verano 1993', de Carla Simón.

Fotograma de ‘Verano 1993′, de Carla Simón.

Oda a la creación

‘La librería’ y ‘Verano 1993′ son una oda al coraje para vivir, para creer y crear en la vida. Un coraje que las dos directoras han transmitido a sus personajes femeninos y a sus respectivas historias. Un coraje exhalado de la intensa y personal mirada creadora de ambas realizadoras. Así, la experimentada mirada de Isabel Coixet -16 películas reconocidas y premiadas a nivel nacional e internacional- y la novel de Carla Simón han conseguido conmover al público, a los miembros de la Academia de Cine español y a los miembros de los jurados  de diversos festivales.

Un impetuoso valor creativo que supera cualquier impedimento que la industria cinematográfica pueda imponer a las mujeres, demostrando que  cuando la creación está adherida a las entrañas angustiosas del creador, ésta consigue derribar todas las barreras hasta ofrecer la obra al mundo.

Ahora bien, se deberían impulsar ciertas políticas sociales, económicas y educacionales para que ese tránsito sea menos abrupto y el camino de la creación fuese menos intrincado y más llano en su andadura. De ese modo, probablemente, más mujeres se animarían a adentrarse por esa senda de la creación y, con ello, quién sabe, tal vez habría más mujeres nominadas y galardonadas en los festivales.

Fotograma de 'La librería', de Isabel Coixet.

Fotograma de ‘La librería’, de Isabel Coixet.

Begoña Siles