Cultura desde la guerra

La UNESCO crea un grupo de expertos en conservación del patrimonio cultural
Acuerdo firmado el 16 de febrero de 2016

En 1945 leíamos el horror desde las voces de los supervivientes y, tras una lección mal aprendida, lo hacemos de nuevo a través de las imágenes y testimonios de los refugiados que huyen de la guerra. Theodor Adorno afirmaba entonces que «escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie», pero actualmente mientras se suceden los viajes sin destino, los muros y el drama humano, el arte continua aportando un extraño sentido. Desde la UNESCO esta cuestión despierta, una vez más, la voluntad por conservar el patrimonio en las zonas de conflicto como símbolo de la cultura y la identidad, para establecer quizás un lenguaje común por encima del caos.

Por esta razón, hace unos meses conocíamos la noticia sobre la creación de una fuerza operativa que actuará en casos de «emergencias culturales» (y cito textualmente la curiosa expresión). El 16 de febrero, Irina Bokova (Directora General de la UNESCO) y Paolo Gentiloni (ministro italiano de Relaciones Exteriores) firmaban el acuerdo para establecer un grupo especial de expertos en conservación, con el fin de poder desplegarlos en lugares cuyo patrimonio cultural esté en peligro de destrucción o de saqueo. De esta forma, la estrategia se incluiría en las acciones humanitarias y de paz, como elemento para promocionar la diversidad y la cohesión social.

Palmira Decumanus.

Imagen de Palmira Decumanus.

Sin embargo, esta respuesta no es nueva y contamos con antecedentes cercanos que indican el destacado papel de la Guerra Civil Española en los primeros pasos de los estudios técnicos para la protección del patrimonio. En ese contexto, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes ofreció custodia oficial a todos los bienes integrantes del patrimonio histórico y artístico de la época. Las primeras medidas de protección puestas en práctica por los arquitectos conservadores de los edificios públicos, bajo la dirección de Josep Renau, se realizan según los principios técnicos establecidos por la Office International des Musées (OIM), organismo creado en 1926 por Naciones Unidas con el objetivo de promover la cooperación internacional de los museos. La segunda de las reuniones de la OIM, la conferencia de Atenas celebrada en 1931, estuvo dedicada a la preservación de momumentos y constituyó un hito en la historia de la conservación. De ese encuentro nacía la Carta de Atenas, primer documento internacional sobre criterios de restauración y políticas de protección, que sería la base de muchas legislaciones europeas sobre patrimonio.

Cinco años después, los centros de cultura oficiales españoles eran bombardeados (Museo del Prado, Museo Arqueológico Nacional, Academia de Bellas Artes de San Fernando o Biblioteca Nacional, entre otros). Las acciones realizadas entonces consistieron básicamente en el traslado de las obras a los sótanos de los museos y edificios públicos, en la protección de objetos de grandes dimensiones mediante sacos de tierra apilados y puntales, así como en el refuerzo de los servicios de vigilancia y contraincendios (el traslado de las obras a Valencia merecería otro artículo).

Imagen de Aleppo.

Imagen de Aleppo.

Actualmente sabemos que la influencia que tuvo la experiencia española en la orientación para el proyecto de la OIM y en las recomendaciones técnicas fue decisiva y, como resultado, en 1939 se publicaría el manual La Protection des Monuments et Oeuvres d’Arte en Temps de Guerra. A pesar de la suspensión de actividad de la Oficina Internacional de los Musos durante la ocupación nazi de París y el cierre definitivo en 1946, su labor tendrá importante repercusión en la Convención de la Haya de 1954. En este marco, la aprobación de la Convención para la Protección de Bienes Culturales en Caso de Conflicto Armado, fue el primer tratado internacional, tras la Segunda Guerra Mundial, centrado exclusivamente en esa función.

Si en aquellos momentos el comité de expertos lo formaban juristas, militares y museólogos, en esta ocasión, los llamados cascos azules de la cultura estarán integrados por profesionales en patrimonio cultural y miembros de la policía italiana, Carabinieri, especializados en la lucha contra el tráfico ilegal de bienes culturales. El objetivo de la llamada Operación Unite4Heritage (unidos por el patrimonio), consistirá en activar el despliegue cuando lo solicite un Estado miembro de la ONU que sufra un conflicto y que pueda afectar a su patrimonio histórico y cultural. Esta fuerza especial trabajará para conservar y restaurar las obras dañadas, y contarán con un centro de formación en Turín.

Templo Baal Palmira.

Templo Baal Palmira.

La propuesta italiana para activar el trabajo de la UNESCO viene provocada tras la reciente destrucción de los vestigios arqueológicos en Irak y Siria, y la trágica devastación de la ciudad de Palmira. Sin embargo, mientras se consolidaba este proyecto en la 38ª Conferencia General, alcanzando su aprobación por 53 países, la vida en las regiones asediadas continuaba su curso. Desde ese día a día, algunos artistas han desarrollado acciones de recuerdo o de salvaguarda sobre al patrimonio local.

Destaca por un lado el grupo de artistas refugiados en Jordania que reproducen miniaturas de monumentos históricos que la guerra en Siria ha reducido a polvo (rincones de la antigua ciudad de Palmira, el puente colgante de Deir ez-Zor, la Ciudadela de Alepo, o la Gran Mezquita de los Omeyas en Damasco). Por otra parte, la voluntad de supervivencia en un entorno de desesperación provocó que el escultor Assem Al Bacha enterrara gran parte de sus esculturas en un lugar del desierto sirio durante la noche. El artista, que en la actualidad reside en Granada, ocultó sus obras antes de dejar su país, con la esperanza de protegerlas de los bombardeos y recuperarlas al volver. Pudimos ver su exposición de Casa Árabe en 2013, donde sólo mostró las piezas que cabían en unas maletas.

La destrucción deliberada del patrimonio cultural puede considerarse un crimen de guerra (en virtud del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional) y, desde este alcance, la protección de los monumentos y de la producción artística es un factor más, generador de paz. Por lo tanto, las leyes quedan establecidas y la coordinación de acciones diplomáticas también, pero el núcleo parece un tanto absurdo cuando dependerá únicamente de la decisión de un combate. El presidente de la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual resumía esta idea en la siguiente frase, pronunciada en 1932: «Si se tiene la suficiente sensatez para respetar los monumentos y las obras de arte, sería mejor comenzar por tener la sensatez de no hacer la guerra».

Palmira.

Ciudad de Palmira.

Maite Ibáñez

Sade y sus mujeres

Les dones de Sade, por Pep Sanchis
Assaig Grup de Teatre de la Universitat de València
Sala Matilde Salvador de La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Del 9 al 11 de marzo, 2016, a las 19.30h

ASSAIG (Grup de Teatre de la Universitat de València) presenta la reposición de ‘Les dones de Sade’ hasta el 11 de marzo, en la Sala Matilde Salvador de La Nau. El montaje se enmarca dentro de la programación teatral de la Universitat, en conmemoración del 25 aniversario del grupo y de las actividades organizadas con motivo de la Semana de la Mujer.

Dirigido por Pep Sanchis, el espectáculo se estrenó en 1997 y representa uno de los grandes hitos en la historia de ASSAIG. Este montaje ha sido reconocido con premios, como el concurso de Teatre Vila de Mislata y con una gira que recorrió varias ciudades españolas, con presencia en grandes citas teatrales, como por ejemplo el Grec Festival de Barcelona. ‘Les dones de Sade’ vuelve a escena 19 años después con la participación de dos de las actrices de la representación original en la dirección y el reparto.

Escena de 'Les dones de Sade', de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

Escena de ‘Les dones de Sade’, de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

La obra, una versión libre de la obra ‘Madame de Sade’, de Yukio Mishima, está protagonizada por seis mujeres, seis representaciones del Marqués de Sade, seis formas de entender las relaciones humanas y sociales en la Francia de finales del siglo XVIII.

Cada una vive una relación diferente con el Marqués y, en un texto cargado de sentimientos y pasiones, se enfrentan al amor puro, la hipocresía, el odio, la injusticia, la frivolidad, la barbarie, la ternura, la inocencia y la corrupción.

ASSAIG, creado en 1990 para representar a la Universitat de València dentro de las artes escénicas, se ha convertido en una de las agrupaciones teatrales más importantes de la escena universitaria española. Junto con ‘Les dones de Sade’, el grupo celebra su 25 aniversario con la reposición de tres de sus espectáculos más representativos: ‘Per Sant Lluc, ‘El dia que Bertolt Brecht va morir a Finlàndia’ y ‘Parelles de fet’, escogidos por haber supuesto puntos de inflexión en la trayectoria de la formación.

Antes de la representación del próximo viernes día 11, tendrá lugar un foro en torno a la obra, a las 18.00 horas, en las Aulas Seminario del Centre Cultural La Nau, de acceso gratuito hasta completar el aforo.

Escena de Les dones de Sade, de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

Escena de ‘Les dones de Sade’, de Pep Sanchis. Imagen cortesía de La Nau.

Buñuel, la imposible relación sexual

Él, de Luis Buñuel
Básicos de la Filmoteca
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 19 de febrero, a las 19.00h

Luis Buñuel dirige en 1929 con Salvador Dalí su primera película, ‘Un perro andaluz’ que, junto a ‘La edad de Oro’ (1932), representa al movimiento vanguardista surrealista. En ‘Un perro andaluz’ está recogido uno de los planos más estremecedores de la historia del cine: aquél en el que una mano de hombre corta con una navaja de afeitar un ojo femenino.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

En 1977, Luis Buñuel rueda su última película, ‘Ese oscuro objeto del deseo’. Un film que termina con otro potente primer plano de una mano de mujer zurciendo el desgarro de un encaje ensangrentado, un instante antes de que la explosión de una bomba ponga fin a la historia. “Es el último plano que yo he rodado, me conmueve (…)”, declaró Buñuel.

Fotograma de 'Ese oscuro objeto del deseo', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Ese oscuro objeto del deseo’, de Luis Buñuel.

Estos dos planos condensan y connotan la filmografía de Luis Buñuel. El primero nos remite al ‘cine-navaja’, que desgarra la mirada del espectador a través de la escritura surrealista que atraviesa la obra del realizador de Calanda. Y el segundo hilvana metafóricamente ese oscuro objeto femenino de deseo que arrebata el universo fílmico del director.

Surrealismo y pulsión

Luis Buñuel quedó fascinado con el movimiento surrealista desde que lo descubre en su primer viaje a París (1929-31). “Por primera vez en mi vida, había encontrado una moral coherente y estricta, sin una falla. Por supuesto, aquella moral surrealista, agresiva y clarividente solía ser contraria a la moral corriente, que nos parecía abominable, pues nosotros rechazábamos en bloque los valores convencionales. Nuestra moral se apoyaba en otros criterios, exaltaba la pasión, la mixtificación, el insulto, la risa malévola, la atracción de las simas”.

Si las proclamas del surrealismo en torno a esa total libertad, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, prendaron a Buñuel, su cine cautivó igualmente al líder y pensador del movimiento surrealista, André Breton: “El genio de Buñuel siempre me ha parecido que radicaba en lo que exaltado y exasperado hasta el límite tiene en él el conflicto entre el instinto sexual y el instinto de muerte”.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

El cine de Luis Buñuel está, de hecho, surcado por esa mirada surrealista y atravesado por cierta pulsión. Una pulsión que proviene de esa visión surrealista que está más allá de cualquier límite. Y, como señala el catedrático Jesús González Requena, un surrealismo abocado a la representación favorable “de toda manifestación pulsional, primaria, violenta y destructiva”. Representación pulsional que sólo puede conducir “a la aniquilación inevitable, en un solo y único movimiento, de la cultura, del sujeto y del deseo”. Porque la pulsión refleja la violencia que nos habita como sujetos, al no querer saber nada del límite de la represión.

Para corroborar esta idea sólo hay que leer las palabras de André Bretón y Luis Buñuel recogidas en la biografía del director, ‘Mi último suspiro’: «Decía Breton, por ejemplo, que el gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar a la gente. Por lo que a mí respecta, no olvido haber escrito que ‘Un chien andalou’ no era si no un llamamiento al asesinato”.  Y Buñuel agrega: “El símbolo del terrorismo, inevitable en nuestro siglo, siempre me ha atraído; pero del terrorismo total cuyo objetivo es la destrucción de toda sociedad, es decir, de toda especie humana”.

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Así pues, el cine de Luis Buñuel, influenciado por el pensamiento surrealista, como señala González Requena, “no ve en la civilización otra cosa que el sistema de mascaras hipócritas con las que se reprime y somete el deseo del individuo hasta la aniquilación total de su libertad. Y, por eso, en la medida en que hace de la liberación absoluta de su deseo su bandera, proclama su rechazo a toda restricción, a toda represión”.

Por tanto, podríamos pensar que en el cine de Luis Buñuel no hay límite a la satisfacción de los deseos de los personajes. En cambio, como comenta el propio director, la estructura de su cine conlleva “la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo. En ‘La edad de oro’, una pareja quiere unirse sin conseguirlo. En ‘Ese oscuro objeto de deseo’, se trata del deseo sexual de un hombre en trance de envejecimiento, que nunca se satisface”. A estas dos películas que cita el director podemos añadir ‘Un perro andaluz’ (1929), ‘Susana’ (1950), “Él” (1952) –la película que se presenta este jueves en Básicos de la Filmoteca- y ‘Ensayo de un crimen’ (1955).

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Las palabras de Luis Buñuel reflejan una curiosa paradoja y abren una inquietante pregunta: ¿Cómo es posible que un universo narrativo cuyo sentido tutor está habitado por las premisas surrealistas de libertad total, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, los personajes se hallen ante la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo, como que una pareja pueda consumar la relación sexual?

¿No será porque en el cine de Luis Buñuel el deseo no moviliza a los sujetos, sino la pulsión, como muy bien alabó André Breton cuando habló del genio de Buñuel?

Como subraya González Requena: “Si la represión de la pulsión es la condición de la civilización, no por ello el concepto de represión debe ser concebido como antagónico con el deseo. Por lo contrario: la represión no es lo opuesto al deseo, sino su condición; es la represión de la pulsión lo que determina la configuración del deseo, no menos que del inconsciente”.

Razón por la cual, la cámara de Luis Buñuel, que graba a nivel del inconsciente surrealista, sin represiones, ni límites, termina finalmente narrando historias donde el encuentro sexual se torna imposible.

Fotograma de la película 'Él', de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Fotograma de la película ‘Él’, de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Begoña Siles

El Nombre o esa cena salvaje

El Nombre, de Mathieu Delaporte y Alexandre de la Patellière
Versión de Jordi Galcerán
Dirección: Gabriel Olivares
Con Amparo Larrañaga, Antonio Molero, Jorge Bosch, Kira Miró y César Camino
Teatro Olympia
C / San Vicente, 44. Valencia
Hasta el 25 de enero

Que la violencia nos habita es un hecho mayor de nuestra existencia. No sólo por la implosión terrorista en el corazón del mundo civilizado. También por las numerosas muestras de crispación, a las que basta una chispa para prender un gran incendio. Los ejemplos se multiplican, en prensa, televisión y cine. Incluso en el teatro. Como es el caso que nos ocupa: ‘El Nombre’, de Mathieu Delaporte y Alexandre de la Patellière.

De izquierda a derecha, Antonio Molero, Jorge Bosch, Kira Miró, Amparo Larrañaga y César Camino, protagonistas de El Nombre. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

De izquierda a derecha, Antonio Molero, Jorge Bosch, Kira Miró, Amparo Larrañaga y César Camino, protagonistas de El Nombre. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Lo de menos es la excusa que proporciona ese nombre. Amparo Larrañaga, Antonio Molero, Jorge Bosch, César Camino y Kira Miró (esta última ausente de la rueda de prensa en el Teatro Olympia) explicaron que tal nombre es el de cierta criatura a punto de nacer. Su revelación será el desencadenante de la crispación entre el grupo de amigos reunidos para cenar. “Por el nombre que le van a poner a esa criatura, salen todas las rencillas y trapos sucios”, subrayó Molero.

Yasmina Reza se encargó de esa misma violencia, a raíz de un hecho insignificante, en sus obras ‘Arte’ y ‘Un Dios salvaje’. A esta última se refirió el propio Molero, como referente de ‘El Nombre’. “El detonante es igual de absurdo, pero permite abordar temas como la guerra de sexos, la política, la hipocresía o la lucha social”. De manera que una cena habitual entre amigos se acaba convirtiendo en una batalla campal.

Una escena de El Nombre. Cortesía de Teatro Olympia.

Una escena de El Nombre. Cortesía de Teatro Olympia.

La referencia a la Navidad también apareció en las explicaciones de los protagonistas de ‘El Nombre’, que se presenta en el Olympia en versión de Jordi Galcerán y dirección de Gabriel Olivares. Larrañaga y Bosch se refirieron a ella como esa fecha en la que se reúne la familia y, al igual que sucede en la obra, puede dar lugar a “situaciones conflictivas” y a “gente que explota después de muchos años”. “En el 90% de las familias y amigos nunca se dice nada. Las cosas se retienen y hace falta una tormenta perfecta para que salga todo”, señaló Molero.

‘El Nombre’, según César Camino, “es una catarsis”. La violencia se desencadena, a partir de un comentario en apariencia intrascendente, y vuelve a su cauce tras arrasar una cena cordial. “Habla de las  miserias humanas”, destacó Bosch. “Más cosas no se pueden decir”, reconoció Larrañaga. Seres civilizados, con las necesidades básicas cubiertas, poniendo en solfa la educación recibida por un “detonante absurdo”.

Una escena de El Nombre. Cortesía de Teatro Olympia.

Una escena de El Nombre. Cortesía de Teatro Olympia.

La obra de Delaporte y De la Palletière, como antes las de Yasmina Reza y tantas otras, no deja de mostrar la violencia que anida en el ser humano, para la cual apenas basta una simple y absurda chispa. “Choca que gente burguesa, o lo que entendamos por burguesa, que defiende la cultura del bienestar, pierda los papeles y se comporte como animales”, indicó Molero. “Es una cena que se sale completamente de madre”, subrayó Larrañaga.

Más que un aviso para navegantes, ahora que las aguas de la democracia vienen turbias, ‘El Nombre’ es la constatación de cuán próximos se hallan civilización y barbarie. “Va de la amistad y de la familia”, y de cómo “amigos que tienen ideologías distintas se terminan desahogando sin más”, insistió Amparo Larrañaga. Y añadió: “Es una función coral, en la que cuentan mucho los gestos y las miradas”. Gestos y miradas como antesala de la violencia desencadenada por un nombre, que los actores prefirieron mantener en secreto.

Una escena de 'El Nombre', versión de Jordi Galcerán y dirección de Gabriel Olivares. Cortesía del Teatro Olympia.

Una escena de ‘El Nombre’, versión de Jordi Galcerán y dirección de Gabriel Olivares. Cortesía del Teatro Olympia.

Salva Torres

Divorcio con hijo, ¿puro teatro?

De mutuo desacuerdo, de Fernando J. López
Intérpretes: Toni Acosta e Iñaki Miramón
Dirección: Quino Falero
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 5 de octubre

El divorcio ya no es lo que era. Cuando el gobierno de Adolfo Suárez lo aprobó hace ya 33 años, se vivió como un canto de libertad. Y a principios de los 80 el director Mariano Ozores ya se hacía eco de tamaña explosión al grito de ‘¡Qué gozada de divorcio!’, con Andrés Pajares corriendo detrás de numerosas faldas una vez liberado del supuesto yugo conyugal. Juan Bosch hizo lo propio con otra película encabezada por Fernando Esteso: ‘¡Caray con el divorcio!’ Humor al primer mordisco, jaleado por cierta pulsión carpetovetónica.

Iñaki Miramón y Toni Acosta en una escena de 'De mutuo desacuerdo', dirigido por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Iñaki Miramón y Toni Acosta en una escena de ‘De mutuo desacuerdo’, dirigido por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Pasado el tiempo y conquistados ya ciertos derechos, el divorcio ha perdido aquella agitación hormonal y se sirve con humor más frío. Los padres separados, principalmente si tienen hijos, lo viven como un punto y aparte en sus vidas, plagado, eso sí, de numerosas interrogaciones. Que es lo que hace Fernando J. López en un texto que Quino Falero lleva al teatro de la mano de Toni Acosta e Iñaki Miramón: dos divorciados condenados a entenderse por el bien de su hijo Sergio, ausente de la función pero muy presente en la comedia ‘De mutuo desacuerdo’, que estará hasta el 5 de octubre en el Teatre Talia.

“El hijo es lo más importante de la obra, porque lo está pasando mal en el colegio por culpa de la separación de los padres”, explica la actriz que encarna a Sandra, una madre arrebatada por la situación. “¡Es increíble cómo podemos llegar a perder los papeles!”, agrega Acosta, actualmente en Antena 3 con la serie ‘Con el culo al aire’. “Todos nos creemos buenas personas, hasta Hitler, porque pensamos que tenemos razones para ello”, señala Miramón. De manera que tanto Sandra como Ignacio, los personajes de la obra, discutirán desde sus respectivas trincheras.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de 'De mutuo desacuerdo', de Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de ‘De mutuo desacuerdo’, de Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

A pesar de ello, “tendrán que ponerse de acuerdo”, afirma Quino Falero, para quien ‘De mutuo desacuerdo’ no es una obra “de parejas”, sino que se trata de una comedia en la cual “se reflexiona sobre las diferencias y el modo de relacionar dos vidas opuestas por exigencias del hijo común”. Tampoco es una obra sobre lo masculino y lo femenino, porque “en esta función muchas veces esas posiciones se trasgreden”. Todo lo cual provoca que haya “momentos de risa y también de gran soledad”, precisa Iñaki Miramón: “Se ve la fragilidad de los dos”.

La igualdad de derechos abriendo múltiples interrogaciones, porque la ley nada sabe de la siempre complicado diferencia sexual. “Esta igualdad en los roles crea problemas en la relación”, señala Toni Acosta. Ahora, por ejemplo, ¿quién hace la comida tras un duro día de trabajo para ambos? “El humor de ‘De mutuo desacuerdo’ nace de situaciones tremendas”, reconoce Falero, para quien precisamente el humor es “vehículo de reflexión”.

El espectáculo se estructura mediante diez escenas y “cada una no tiene mucho que ver con las otras”, apunta Miramón. “No teníamos que estar todo el tiempo discutiendo”, sostiene el actor. Para ello, Toni Acosta destaca el lenguaje “muy cinematográfico” del espectáculo, merced a “la luz y los espacios”. Vale, terminará diciendo Acosta, “es una pareja muy complicada”, que “siempre discute sobre lo mismo”, pero como destaca Quino Falero “al final tenemos que ponernos de acuerdo”. Rajoy y Mas deberían, entonces, ver el espectáculo ‘De mutuo desacuerdo’, un título sin duda apropiado.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de 'De mutuo desacuerdo', dirigida por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de ‘De mutuo desacuerdo’, dirigida por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Salva Torres

Sagunto viste la túnica clásica

‘Antígona’, de Sófocles, ‘El Eunuco’, de Terencio y ‘Pluto’, de Aristófanes
Festival d’Estiu Sagunt a Escena
Hasta el 22 de agosto

El Festival d’Estiu Sagunt a Escena llega a su recta final en clave clásica, combinando el drama con la comedia. Piezas que beben en las fuentes del teatro de todos los tiempos, compartiendo cartel con festivales como Mérida, Almagro o Peralada: ‘Antígona’ de Sófocles, ‘El Eunuco’ de Terencio y ‘Pluto’ de Aristófanes.

El 16 de agosto Sennsa Teatro presentó ‘Antígona’ de Sófocles en una versión de José Manuel Mudarra. El montaje recreó un escenario dominado por la destrucción de la guerra y el odio, personajes profundamente humanos regidos por sus ideas y sus pasiones. ‘Antígona’ es un símbolo de libertad y de oposición a la tiranía, que hace de la violencia y el miedo su escudo protector y su fortaleza.

Cartel de 'El eunuco'. Festival d'Estiu Sagunt a Escena.

Cartel de ‘El eunuco’, de Terencio. Festival d’Estiu Sagunt a Escena.

La ‘Antígona’ de Sennsa Teatro se presentó como una propuesta de creación libre, expresiva y poética, una propuesta sensible a la injusta condición de sumisión de la mujer por parte de los poderes. Una propuesta contra la barbarie. La de ahora, la de ayer y  la de siempre.

El crítico George Steiner destaca la persistencia del mito de Antígona en la cultura de Occidente y lo explica por su rico contenido, ya que en él se condensan los cinco conflictos fundamentales que a su juicio dan origen a todas las situaciones dramáticas. El enfrentamiento entre Antígona y Creonte sobre el destino de los restos de Polinices plantea a la vez los conflictos entre hombres y mujeres, entre la vejez y la juventud, entre la sociedad y el individuo, entre los seres humanos y la divinidad, y entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Sandra Pozo, Juanra Real, Javier Martín, Marta Díez, Thais N. Izquierdo, Marina Miranda y Ángela G. Olivencia fueron sus intérpretes, con el coro de Shaula Lasarte, Eva Losada y Amelia Flores.

Rostros muy conocidos de la televisión, como Pepón Nieto, Anabel Segura o Antonio Pagudo estarán en el escenario del Teatro Romano el 20 de agosto. Interpretan ‘El Eunuco’ de Terencio en una divertida versión de Jordi Sánchez y Pep Antonio Gómez dirigida por este último. Nueve personajes enloquecidos por el amor, el dinero, la pasión, el orgullo, los celos y los equívocos. Nueve personajes y otras tantas historias que se entrecruzan en un montaje que transita sin rubor por el teatro clásico grecolatino y el musical, la comedia de situación y el vaudeville. Un ritmo endiablado en lo que pretende ser y será toda una fiesta de principio a fin. Otros intérpretes: Jorge Calvo, Marta Fernández Muro, Alejo Sauras y Eduardo Mayo.

Cartel de 'Pluto', de Aristófanes. Festival d'Estiu Sagunt a Escena.

Cartel de ‘Pluto’, de Aristófanes. Festival d’Estiu Sagunt a Escena.

El tándem Emilio Hernández / Magüi Mira conduce la versión de ‘Pluto’ de Aristófanes sobre el dinero, un tema  a la orden del día, protagonizada por Javier Gurruchaga y Marisol Ayuso. ‘Pluto’, el dios del dinero, canta ciego por las calles. Está triste porque no sabe a quién se da. Quisiera repartirse con justicia entre toda la gente honesta. Los que no lo tienen lo reclaman, y los que ya lo tienen no lo quieren soltar.

Crémilo, un agricultor arruinado, le devuelve la vista y empieza la fiesta. Un sueño para unos, una pesadilla para otros. ‘Pluto’ es la historia de una utopía, del sueño del reparto justo de la riqueza, del dinero. Humor que hace reflexionar. Un humor ácido, satírico, deslenguado, que nos invita a la fiesta de la utopía. Intérpretes: Javier Gurruchaga, Marisol Ayuso, Marcial Álvarez, Jorge Roelas y Ana Labordeta.

El 22 de agosto culmina el festival con ‘Per Sempre Nino Bravo’, un homenaje en el 40 aniversario de la muerte del cantante. Un concierto en vivo con canciones interpretadas conjuntamente por el propio Nino Bravo en pantalla y destacados artistas invitados, todos ellos valencianos. Inhumanos, Javier Agulló, Ximo Tébar, Isabel Julve, David Pastor, entre otros. Canciones de Nino Bravo en clave de jazz, flamenco, lírico, reggae, pop y rock. Dirección artística y musical: Nacho Mañó i Ximo Tébar. Homenatge de la Generalitat Valenciana.

Una escena de 'Antígona', de Sófocles, en versión de José Manuel Murrada. Imagen cortesía de Sagunt a Escena.

Una escena de ‘Antígona’, de Sófocles, en versión de José Manuel Mudarra. Imagen cortesía de Sagunt a Escena.

Bel Carrasco

El gran hotel Budapest, entre dos Europas

El gran hotel Budapest, de Wes Anderson
Gran Premio del Jurado del Festival de Berlín 2014

La película “El gran hotel Budapest”, además de la hermosa historia de amistad y amor que se narra, es un homenaje a un acto esencial y diferenciador de la especie humana: el hecho de contar y de escuchar historias como experiencia trascendental del ser humano. Esta es la esencia de la película de Anderson, basada en un cuento de Stefan Zweig, cuya obra de ficción o biográfica, de este autor, es ante todo una reflexión sobre la importancia de ese acto, de contar y de escuchar historias, como vehículo para comprender la esencia del sujeto.

La historia de ‘El gran hotel Budapest’, reciente Premio del Jurado en el Festival de Berlín, empieza como todas las historias: con una interrogación existencial provocada por cierta sorpresa que viene a quebrar el orden de la anodina realidad cotidiana. En la película de Anderson todo se inicia cuando un joven escritor, interpretado por Jude Law, huésped del decrépito Hotel Budapest, se queda fascinado por la presencia de otro huésped: ¿Quién es ese hombre mayor, de mirada melancólica, sentado en el hall?, pregunta al botones.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Ese hombre (Mr. Moustafa / Murray Abraham) es el actual dueño del hotel, cuya historia dará a conocer el pasado tanto del propio hotel como del singular director que lo precedió. Será la figura de éste, Gustave (Ralph Fiennes), el centro de una narración que desvelará cierto acto heroico fundador del relato moderno. Esto es, el relato de valores tales como la racionalidad y el impulso artístico, base de la civilización europea, que tendrá su correlato siniestro en forma de totalitarismo.

Gustave representa la figura del hombre que, en medio de la barbarie, logrará con sus actos preservar la vida del emigrante Moustafa, botones del hotel, posibilitando que éste continúe su digna labor al frente del Gran Hotel Budapest junto a su esposa Agatha (Saoirse Ronan). He ahí la importancia del relato, en tanto espacio de transmisión de experiencias que merecen la pena ser vividas.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Contada en tono de comedia esperpéntica, muy del gusto de Anderson, tal y como ya demostrara en ‘El viaje a Darjeeling’, ‘El gran hotel Budapest’ sigue las peripecias de Gustave y su botones Moustafa, en medio de la guerra europea, para reflejar lo que cuesta mantener la dignidad humana cuando se desata la pasión bélica. Gracias al coraje, tan ingenuo como genuino, de Gustave, el emigrante Moustafa logrará salvar la vida.

Y como corresponde a la cadena de tareas que envuelve al relato, Moustafa corresponderá a tamaña actitud heroica de su jefe, continuando su labor al frente del Hotel Budapest, por el que dará la fortuna heredada con el fin de mantener en pie un hotel amenazado por la voracidad destructora del comunismo radical. La amistad, una vez más, privilegiando el recuerdo del amigo muerto y de la mujer amada, por encima de consideraciones crematísticas hoy tan en boga. La Europa ilustrada, entonces, como ahora, amenazada por intereses espurios: del totalitarismo bélico al económico. Siempre nos quedarán los relatos como antídoto frente a la devastación.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Begoña Siles

Los ojos de Ariana en Railowsky

Proyección de ‘Los ojos de Ariana’, de Ricardo Macián
Fotolibrería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Jueves 8 de mayo, a las 20.00h

Los ojos de Ariana es un documental que cuenta la historia de cómo algunos de los trabajadores del Afghan Film (La Filmoteca Nacional de Afghanistan) salvaron de la destrucción el archivo fílmico de su país, escondiéndolo en dobles techos que construyeron ellos mismos ante la constante amenaza del Gobierno Talibán, arriesgando sus vidas para que “los ojos de Ariana” (antiguo nombre de Afghanistán) no se cerraran para siempre.

En un país devastado por 23 años de guerra, hubo gente que arriesgó su vida por salvar la vida del archivo fílmico que los talibanes pretendían destruir, fruto de su ideología contraria a la cultura en sus múltiples facetas, entre ellas, el cine. Sayd, uno de los protagonistas de la película, recuerda con temblor cómo logró engañar a los talibán, ocultando el archivo fílmico en una doble pared, mientras entregaba películas comerciales de escaso valor para la destrucción programada.

Los ojos de Ariana es una película sobre la historia de una lucha por mantener viva la memoria histórica de un país sometido a la devastación por la cerrazón ideológica, de la que debiéramos tomar buena nota. Es una historia de supervivencia, de héroes, de cine y de sueños. Una historia de seres humanos comprometidos con la cultura frente a la barbarie.

Cartel de la película 'Los ojos de Ariana', de Ricardo Macián. Imagen cortesía de Railowsky.

Cartel de la película ‘Los ojos de Ariana’, de Ricardo Macián. Imagen cortesía de Railowsky.

Un déu salvatge en el Teatre Micalet

Un déu salvatge, de Yasmina Reza, dirigido por Carles Sanjaime
Teatre Micalet
C / Mestre Palau, 3. Valencia
Del 7 al 25 de mayo

La comedia Un déu salvatge se representará en el Teatre Micalet de Valencia tras el «éxito de público y crítica» que ha alcanzado en otros escenarios, según informaron fuentes del teatro valenciano. Se trata de un «éxito internacional» que se podrá ver ahora en versión en valenciano.

Un déu salvatge, una producción de Olympia Metropolitana en colaboración con la Companyia Teatre Micalet, ha cosechado «un enorme éxito internacional» y ha sido traducida a más de 35 idiomas. Además, ha sido llevada al cine por Roman Polanski. El montaje que se podrá ver en el Micalet cuenta con la dirección de Carles Sanjaime y con Pilar Almeria, Pep Ricart, Empar Canet y Jaime Linares en su desarrollo.

Escena de 'Un déu salvatge'. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

Escena de ‘Un déu salvatge’. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

La obra transcurre en torno a dos matrimonios, adultos y civilizados, que se encuentran para resolver un incidente protagonizado por sus hijos de once años después de que uno de ellos le haya partido dos dientes al otro en una pelea en un parque.

Teatre Micalet ha asegurado que Un déu salvatge es «una inteligente comedia» en la que sus cuatro actores «interpretan a cuatro adultos ponderados y reflexivos que, poco a poco, van transformándose en auténticos salvajes». De este modo, se conforma una «sátira de la pareja y de la relación con los hijos» que «disecciona con gran sentido del humor la sociedad contemporánea, a veces atrapada en un deseo de corrección política».

Yasmina Reza es una autora reconocida mundialmente. La mayoría de sus textos se han estrenado en ciudades como Madrid, Barcelona, París, Berlín, Nueva York o Buenos Aires, siguiendo Un déu salvatge la misma línea que cautivó al público con Art, obra que gira en torno a la disputa que se desata entre tres amigos por «culpa» de un cuadro totalmente blanco.

De izquierda a derecha, Empar Canet, Pep Ricart, Jaime Linares y Pilar Almeria, protagonistas de 'Un déu salvatge'. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

De izquierda a derecha, Empar Canet, Pep Ricart, Jaime Linares y Pilar Almeria, protagonistas de ‘Un déu salvatge’. Imagen cortesía de Teatre Micalet.