Árbol y Arte: hermano vegetal en el MuVIM

En Arborar! Grandes árboles para la vida
Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 23 de marzo

El tronco nudoso y retorcido de un olivo milenario. Las exuberantes crestas de un círculo de palmeras que se cimbrean con la brisa. La frondosa copa de un ficus gigante a cuya sombra se reúnen los vecinos del pueblo generación tras generación. La naturaleza imita al arte e inspira a los artistas y en el caso de los árboles singulares esa sinergia puede adoptar un mensaje ecológico que conjuga necesidad y belleza. No hay mayor monumento que uno de esos ejemplares portentosos que han sobrevivido durante décadas a las plagas, los incendios forestales y, sobre todo, al afán destructivo del hombre. Cada uno de ellos no es sólo una criatura viva, sino también cuna de vida que alberga y alimenta a infinidad de seres vivos.

Fomentar el aprecio por estos héroes silenciosos del planeta y la conciencia sobre la necesidad de protegerlos es el objetivo de En Arborar! Grandes árboles para la vida, una exposición itinerante que se presenta en el MuVIM hasta el 23 de marzo. Divulgación y arte se conjugan con la aportación de dos importantes artistas: el dibujante valenciano Paco Roca y el acuarelista e ilustrador de la naturaleza, colaborador del proyecto Atapuerca y diversas revistas, Fernando Fueyo.

Detalle de la ilustración de Paco Roca para 'Arbolarte'. Imagen cortesía de Imelsa de la Diputación de Valencia.

Detalle de la ilustración de Paco Roca para ‘Arbolarte’. Imagen cortesía de Imelsa de la Diputación de Valencia.

Organizada por la Diputación del Valencia junto a la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, con fondos europeos, esta muestra coincide con la celebración del Año Internacional de los Bosques. Su faceta didáctica la integran fotografías de gran formato, documentación y proyecciones audiovisuales, en las que se visualizan algunos ejemplares monumentales, los paisajes arbolados y agrícolas más significativos de la provincia de Valencia, así como varios jardines. Se completa con paneles que informan de los mecanismos que existen en la actualidad para proteger, conservar y difundir ese valioso patrimonio.

Paco Roca aporta su inconfundible estilo con cuatro grandes láminas que rinden homenaje a tres especies carismáticas de la Comunidad Valenciana: la palmera, el olivo y el naranjo. Y una cuarta dedicada a La Lloca (Clueca) de Canals en el centenario de su plantación, que incluye el poema que le dedicó en su día Vicent Andrés Estellés.

Fernando Fueyo, ilustrador y acuarelista de la naturaleza, ha recreado una veintena de árboles monumentales de España. Ejemplares únicos con nombre propio e historia, entre ellos, una decena de la Comunidad Valenciana, como el Garrofer de Lluixent, el Pi del Salt de Serra, las sabinas blancas de Puebla de San Miguel (Rincón de Ademúz) o La Xuca del Jardín Botánico.

Acuarela de Fernando Fueyo para 'Arbolarte'. Imagen cortesía de Imelsa de la Diputación de Valencia.

Acuarela de Fernando Fueyo para ‘Arbolarte’. Imagen cortesía de Imelsa de la Diputación de Valencia.

En la muestra se exponen documentos originales y reproducciones facsímiles de libros, revistas y fotografías, desde  la Ilustración a nuestros días, destacando la labor de botánicos valencianos, como Antonio José Cavanilles, Simón de Rojas Clemente o la obra pionera del ingeniero agrónomo de la Diputación de Valencia Rafael Janini Janini, Algunos árboles y arbustos viejos de la provincia de Valencia, editada en 1914.

«La situación de los árboles ha mejorado mucho con la última Ley de Protección que da opción a los ayuntamientos de proteger los ejemplares que hay en su territorio, comenta Bernabé Moyà, director del Departamento de Árboles Monumentales de Imelsa, responsable del montaje de la muestra en la que se han invertido ocho meses de trabajo. «Cada día aparecen nuevos ayuntamientos que se suman a esta tarea, últimamente, el de Algemesí o el de Alcoi», indica Moyà. En la actualidad existen catalogados 880 ejemplares, la mayoría en Castellón, donde se produjo en años pasados un importante expolio de olivos centenarios al que se ha logrado poner fin.  

La exposición se ha visto ya en Toledo, Orense y Salamanca y durante los próximos tres años visitará las principales ciudades españoles, para sensibilizar sobre la importancia de los árboles singulares y bosques maduros de España. En Valencia podrá visitarse en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM) hasta el 23 de marzo (de martes a sábado de 10.00 a 14.00 horas y de 16.00 a 20.00 horas, y domingos y festivos de 10.00 a 20.00 horas).

Detalle de una de las acuarelas de Fernando Fueyo para 'Arbolarte'. Imagen cortesía de Imelsa de la Diputación

Detalle de una de las acuarelas de Fernando Fueyo para ‘Arbolarte’. Imagen cortesía de Imelsa de la Diputación

Bel Carrasco

Ese oscuro ‘Objeto de deseo’ etnológico

Objeto de deseo. 50 piezas del Museu de la Pilota de Genovés

Museu Valencià d’Etnologia

C / Corona, 36. Valencia

Hasta el 15 de septiembre 

Pieza dedicada de Gomaespuma. Objeto de deseo. Museu d'Etnologia

Pieza dedicada de Gomaespuma. Objeto de deseo. Museu d’Etnologia

En tiempos en los que toca apretarse el cinturón y racionalizar el gasto, ya sea público o privado, sorprenden ciertas elecciones a la hora de invertir tan escaso dinero. Objeto de deseo, la exposición recién inaugurada en el Museu Valencià d’Etnologia de la Diputación de Valencia, es un claro ejemplo. ¿Con tanta austeridad del gasto público no había exposiciones más relevantes que merecieran tal inversión? Incluso saliendo gratis, ¿no pueden ocupar ese espacio muestras de mayor rigor? Aceptando la importancia que desde el punto de vista antropológico, social e incluso psíquico tienen los objetos en tanto conformadores de cultura, mezclar la corbata de Julio Iglesias con un fragmento del muro de Berlín resulta, cuando menos, sintomático del grado de confusión actual. La frivolidad y el pensamiento, juntos y revueltos.

Foto dedicada de Gemma Mengual. Objeto de deseo. Museu d'Etnologia

Foto dedicada de Gemma Mengual. Objeto de deseo. Museu d’Etnologia

Hecha esta aclaración, vayamos a ese Objeto de deseo que hasta el 15 de septiembre se expone en el Museu Valencià d’Etnologia. Se trata de alrededor de 50 piezas del Museu de la Pilota de Genovés, cedidas y dedicadas por personajes y celebridades del mundo de la cultura, el deporte y la política. Objetos que son expuestos en paneles y vitrinas al modo de hallazgos fósiles que algún día servirán para entender nuestro mundo actual. Desde una pelota de tenis firmada por Rafa Nadal a una carta de la NASA o de Naciones Unidas, pasando por una batuta dedicada del maestro Enrique García Asensio, un ladrillo de la prisión de Carabanchel, una visera de Severiano Ballesteros, una serigrafía de Norman Foster o una maquinilla de afeitar, cuando no un dedal souvenir de Valencia.

Balón firmado por los jugadores del Barça. Objeto de deseo. Museu d'Etnologia

Balón firmado por los jugadores del Barça. Objeto de deseo. Museu d’Etnologia

Un bazar de objetos que Joan Seguí, director del museo etnológico, entronca con el bifaç hallado en Atapuerca. De manera que así, por los siglos de los siglos, tanto vale un hacha de piedra fósil que la gorra de Dani Pedrosa, en un ejercicio de síntesis antropológica que bien merece la correspondiente investigación sociológica. Objeto de deseo puede ser cualquier cosa que levante emocionadas expectativas de poseerlo. Una guitarra de los Beatles se ha vendido, de hecho, por 300.000 euros. Pero tomar en igual consideración la pasión coleccionista que la esforzada tarea investigadora, da que pensar.

Objeto de deseo es una exposición que, bien planteada, hubiera servido precisamente para discernir entre el glamour y la ciencia; entre las piezas más frívolas y las huellas de un pasado necrófilo. En el museo etnológico, juntas y revueltas, en alegre comandita, se dan cita libros firmados por Rosa Regàs, Antonio Gala o Isabel-Clara Simó, un IPhone 3GS, un plato dedicado de Ferràn Adrià, una camiseta de David Villa, dos monos de Jorge Martínez Aspar, una cinta de Roger Federer, un CD firmado por Sole Giménez, una fotografía dedicada de Gemma Mengual o una estatuilla de Felipe González. En las paredes, algunas frases alusivas a la “notoriedad” social que otorgan ciertos objetos y a la propia fama, según la define wikipedia. Objetos todos ellos de deseo, algunos ciertamente oscuros, si de lo que se trataba era de arrojar una luz antropológica que brilla por su ausencia.

Estatuilla obra de Felipe González. Objeto de deseo. Museu d'Etnologia

Estatuilla obra de Felipe González. Objeto de deseo. Museu d’Etnologia

Salva Torres

Historia de España en 70 minutos

Sala Russafa

Valencia

Estreno: jueves 24 de enero, a las 20.30 horas

Hasta el 3 de febrero

¿Se puede conocer en poco más de una hora el devenir histórico de un millón de años? Sala Russafa estrena en la Comunidad Valenciana un espectáculo que lo demuestra, “Historia de España en 70 minutos”. Una alocada carrera en la que tres actores interpretan a 70 personajes que van dándose el relevo para contar la vida de nuestro país desde los primeros homínidos asentados en Atapuerca hasta la llegada de la democracia.

La compañía madrileña 7Seven Inks produce este divertido espectáculo en el que, apoyados por proyecciones en vídeo y constantes cambios de vestuario, Carlos Fapresto, Javi Rodenas y Luna Paredes realizan un intenso trabajo corporal y vocal para dar vida a hombres neolíticos, fenicios, romanos… Amadeo de Saboya, Antonio Cánovas del Castillo…. Emilio Castelar, Fernando el Católico, Juana la Loca, Francisco Franco o Felipe González.

Unas anécdotas van llevando a otras en el devenir histórico, describiendo una línea continua entre los primeros pobladores de la península ibérica y la Transición que recorre más de un millón de años.

“Historia de España en 70 minutos”, escrita y dirigida por Ernesto Filardi, nos permite encontrar puntos en común entre todos los que, a lo largo de los siglos, habitaron la península ibérica. Una ocasión para hacer un repaso con sentido crítico, objetividad y mucho sentido del humor a nuestra Historia que, al fin y al cabo, no es más que una historia que puede contarse, a vuela pluma, en setenta minutos.