«Asesinaría a los autores de libros de autoayuda»

Los muertos viajan deprisa
Nieves Abarca y Vicente Garrido

Las Semanas Negras de Gijón y A Coruña son escenarios de tres brutales asesinatos de los que son víctimas otros tantos escritores.  La inspectora Valentina Negro y el criminólogo Javier Sanjuán entran de nuevo en liza, a la caza de un asesino implacable y escurridizo. Los muertos viajan deprisa, última entrega de la serie noir de Nieves Abarca y Vicente Garrido, sigue fiel al estilo de esta pareja literaria. Más allá de la trepidante intriga policial los autores ofrecen una amena crónica de estos encuentros de escritores de novela negra hoy tan en boga, de las complicidades y rivalidades que se establecen entre ellos. Abordan el tema del plagio y la impostura, al tiempo que ahondan en el corazón del mal. Un aliciente añadido es descubrir la clave oculta en la identidad de los personajes.

“Nos lo pasamos muy bien pensando en si los lectores adivinarían quiénes son los escritores y sus modelos reales”, confiesan. “Pero mantendremos el secreto, cada lector tiene que adivinarlo por sí mismo”. En el caso de que se hiciera una película o serie inspirada en sus novelas, piensan que “Bárbara Lennie sería la Valentina ideal y para Sanjuán podría servir muy bien Rodolfo Sancho”. En cuanto a sus series preferidas, la de Abarca es Sherlock, “la adaptación moderna del detective más grande es brutal, imaginativa, novedosa y excelentemente actuada”. La de Garrido es 22/11/63, adaptación de la magnífica novela de Stephen King, “por la ambientación magnífica y la intriga incesante que ya estaban en el libro”.

Cubierta del libro 'Los muertos viajan deprisa', de Nieves Abarca y Vicente Garrido.

Cubierta del libro ‘Los muertos viajan deprisa’, de Nieves Abarca y Vicente Garrido.

¿Algún autor o autora al que les apetezca asesinar…hipotéticamente hablando?

Sólo a los autores de libros de autoayuda. Los escritores de novela negra por lo general somos poco asesinables, buena gente que madruga y se acuesta prontito. Tenemos nuestras rarezas, eso sí. Pero por lo general procuramos tener un perfil bajo. La maldad va por dentro.

Si en el Festival VLC Negra se hubiera producido un crimen este año ¿cuál sería la víctima, el escenario y el modus operandi ideal?

Sin duda Pierre Lemaitre. Sería una noticia de alcance mundial. En el Hotel Reina Victoria, asfixiado en su habitación con las páginas de su última novela. Una de las chicas de la limpieza lo encontraría al amanecer en un escenario dantesco. Pero solo es imaginación. No creo que Lemaitre se dejase asesinar fácilmente.

¿Por qué nos fascinan las historias de crímenes cuando en la vida real somos cada vez más pusilánimes, sensibleros con los animales y súper protectores con los niños?

Por eso mismo. El crimen afecta a la esencia del ser humano, al miedo, a la supervivencia. Nos gusta leer en el sofá cosas que jamás seríamos capaces de mirar a la cara en la realidad. Leemos como un niño es secuestrado y violado pero un segundo de exposición a un acto parecido nos destruiría psicológicamente, si somos personas normales, por supuesto.

Portada de 'El hombre de la máscara de espejos'.

Portada de ‘El hombre de la máscara de espejos’, de Nieves Abarca y Vicente Garrido.

¿Qué ventajas e inconvenientes tiene seguir fiel durante cuatro libros a los mismos protagonistas? 

¿Ventajas? Da gusto hacer evolucionar a los personajes, se les coge cariño, el escritor se divierte haciéndolos sufrir o haciéndolos felices, se convierten en hijos a los que amas y odias. Las desventajas son el aburrimiento. Si eres un creador necesitas cambiar de aires y buscar nuevas metas. Saber que puedes escribir otras cosas diferentes.

Muerte y sexo, Eros y Thanatos. ¿Cómo establecen la dosis de erotismo de cada novela? 

Cada novela tiene un pulso distinto que, en realidad, depende del tipo de asesino. Si el asesino es un sádico sexual, describimos los crímenes tal y como ocurren en la realidad. Si creamos otro tipo de criminal, las muertes ocurrirán de otro modo. El erotismo deviene de la creación del personaje. En Los muertos viajan deprisa hay menos carga sexual que en las anteriores por el tipo de trama y también para variar el clima de lectura. Nos gusta experimentar, hacer cosas nuevas, tanto en lo que respecta a las tramas como en el uso del lenguaje.

¿Se producen muchos crímenes de este tipo en el mundo real? 

Se producen muchos crímenes sexuales en el mundo, aunque gracias a Dios no es una constante en nuestro país. Pero violaciones, asesinatos de mujeres, trata…Es una lacra a nivel mundial, y en muchos países no está ni siquiera perseguido.

¿Hay peligro de que este boom de la negra estalle y muera de éxito?

En realidad no. Lo único que ocurrirá es que, como pasa siempre en la vida de los libros, solo sobrevivirán los que tengan algo que decir literariamente. Los demás escritores buscarán otros caminos que estén de moda o vendan, como ocurrió con el sado en la erótica. Para escribir buena novela negra hace falta, además de técnica un alma negra. No vale cualquiera. Por no hablar del exceso de tramas absolutamente iguales, escenas calcadas de otros libros o de series de televisión, personajes cliché, y lo peor, la búsqueda del favor del lector mayoritario sin mayor esfuerzo. La novela negra pertenece al mundo de la oscuridad, a lo marginal, disecciona lo peor del ser humano. Edulcorarla no hace otra cosa que pervertir su esencia.

Nieves Abarca y Vicente Garrido. Imagen cortesía de los autores.

Nieves Abarca y Vicente Garrido. Imagen cortesía de los autores.

Bel Carrasco

La conquista del lector adolescente

La sepultura 142, de Juan Ramón Barat
Editorial Bruño

¿Cómo conquistar al reacio lector adolescente? ¿Cómo conseguir que los chicos  entre los 12 y 17 años dejen de atender el móvil y escrutar pantallas para centrarse en la lectura? El escritor valenciano Juan Ramón Barat tiene una fórmula que da buenos resultados. Tras casi 30 años como profesor de Literatura en el Instituto de Benimámet, conoce a fondo los sueños e inquietudes de sus alumnos y por ende los de la gente de esa conflictiva edad. Eso le permitió hace tres años crear un personaje que engancha a los chavales, un detective con un sexto sentido por el que percibe lo que los demás no ven. Intriga detectivesca, fantasía, amor, amistad y una dosis de cultura, que siempre va bien.

Daniel Villena en apariencia es un chico de lo más normal. Estudia Ciencias de la Información en Madrid, tiene una novia y compañera de clase, una hermana algo insoportable y una típica familia de clase media, su padre es médico. Pero Daniel también posee una faceta oculta y cierta propensión a meterse en líos que Barat sabe explotar como experto narrador. Es el protagonista de su trilogía juvenil editada por Bruño que le ha proporcionado muchas satisfacciones.

Portada del libro 'Deja en paz a los muertos', de Juan Ramón Barat. Cortesía del autor.

Portada del libro ‘Deja en paz a los muertos’, de Juan Ramón Barat. Editorial Bruño. Cortesía del autor.

“Daniel Villena me va a dar muchos quebraderos de cabeza”, comenta Barat. “Lo digo con amor, porque me he encariñado mucho con él. Se trata de un muchacho entrañable: noble, serio, responsable, inteligente, guapo. Un muchacho que se mete en problemas sin buscarlos. Problemas de muertos, desaparecidos, asesinatos. Y es que Daniel tiene unas cualidades especiales que nadie más posee. Es intuitivo, astuto, pero sobre todo tiene la capacidad de comunicarse con el más allá y penetrar en el tenebroso mundo de los muertos. Eso le genera problemas sin límite”.

El primer volumen de la serie, Deja en paz a los muertos recibió el Premio Hache, concedido por los propios lectores, y existe el proyecto de llevarlo a la gran pantalla. José Enrique March, profesor del CEU San Pablo y director de cine y el productor Antonio Mansilla ya han escrito el guión y están planificando la primera fase de la producción.

Portada del libro 'La sepultura 142', de Juan Ramón Barat. Editorial Bruño. Cortesía del autor.

Portada del libro ‘La sepultura 142’, de Juan Ramón Barat. Editorial Bruño. Cortesía del autor.

Contacto con los jóvenes

Barat reconoce que parte del éxito de la serie –La sepultura 142 es la segunda parte ya en las librerías, y este verano escribirá la tercera—se debe a su contacto diario con los jóvenes. “Sé cómo piensan, qué les gusta, por dónde van sus preferencias”, dice. “Sólo tengo que observarlos, escucharlos, fijarme en los libros y géneros que más les atraen”.

La clave para conectar con los jóvenes, según Barat es “ponerse en su lugar, observar el mundo con sus ojos”. No vale decir ‘en mi época, los jóvenes volvíamos a casa antes de las diez de la noche’, o cosas parecidas. El mundo ha cambiado. Está cambiando siempre.  Hablo con ellos, juego con ellos, riño, discuto, río, bromeo. Sé por dónde van los tiros”.

El autor es indulgente con los menores. “La mayoría de chicos que van al instituto son buena gente, incluso los que no estudian. No se han planteado en serio su futuro y todavía piensan que la vida les va a dar oportunidades sin cuento”.

Juan Ramón Barat. Imagen cortesía del autor.

Juan Ramón Barat. Imagen cortesía del autor.

Crítica a la ESO

No lo es tanto con los políticos, a los que acusa de alargar la ESO de forma contraproducente. “Los que no quieren estudiar deberían comenzar un módulo o formación profesional a los catorce años, incluso antes”, afirma. “Es una barbaridad que tengan que cursar la ESO obligatoriamente antes de meterse en un ciclo profesional. Los que no quieren estudiar no terminan la ESO a los dieciséis años, sino a los diecisiete o dieciocho, porque repiten uno o dos cursos. En resumen, no empiezan un módulo profesional de grado medio hasta los diecisiete o dieciocho años. Esto es una barbaridad”.

Autor versátil

Natural de Borbotó, Juan Ramón Barat, es un escritor versátil que cultiva todos los géneros y escribe tanto para jóvenes como para adultos. Ha publicado un par de libros de poesía: El héroe absurdo (Hiperión) y La brújula ciega (Pre-Textos) y ha ganado varios premios: el Ateneo Jovellanos de Gijón, el Leonor de Soria o el Ciudad de Torrevieja. También tiene poemarios infantiles y juveniles como Sólo para niños, Palabra de juglar o Poesía para gorriones. Piezas dramáticas: Anfitrión y el otro, una versión actual sobre la obra de Plauto llevada a los escenarios por el grupo Alquibla de Murcia, Una de indios y El reino de los mil pájaros. Se siente especialmente satisfecho de sus novelas: 1707 el sueño perdido, de tipo histórico e Infierno de neón, que denuncia el tráfico de mujeres en la España actual.

Amor de madre

“Fue mi madre la que, sin ella saberlo, sembró para siempre en mi alma el amor por la literatura”, cuenta. “Nunca olvidaré aquellas tardes junto al brasero, mientras caía la lluvia sobre la plaza donde creció mi infancia. Vivíamos en una casa campesina y pobre de un pueblo de la huerta llamado Borbotó. Nos envolvía un olor de naranjas y de hierba recién cortada, de paja seca y estiércol de vacas. Mi madre cosía y yo escuchaba embelesado aquella tierna voz suya que me narraba lejanísimas e inolvidables historias de hadas, duendes, brujas y príncipes encantados que jamás han dejado de circular por mi corazón. Una tarde de aquellas me fue revelado el secreto de la felicidad: el amor que mi madre me ofrecía en cada uno de sus gestos era un amor sin condiciones, absoluto. El mejor legado que un adulto puede entregar a un niño”.

Barat.

Juan Ramón Barat. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Stanbrook, 1939: la memoria a flote

Stanbrook, 1939. El exilio republicano hacia el norte de Àfrica
EX.IL exiliados e ilustrados
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 30 de noviembre

Hay maletas, objetos, documentos, mapas, fotografías y material audiovisual. “La mayor parte inédito y muy íntimo”, subrayó Ricard Camil, comisario de la exposición ‘Stanbrook, 1939. El exilio republicano hacia el norte de África’. Maletas en las que apenas cabía lo imprescindible para sobrevivir e imprescindibles recuerdos. Objetos tan hacinados como los propios exiliados republicanos en el carguero británico ‘Stanbrook’, que a duras penas zarpó del puerto de Alicante salvando los proyectiles franquistas.

Fotografía de la exposición 'Stanbrook, 1939', en la que se pueden ver las condiciones de los exiliados republicanos en los campos de trabajos forzados de Argelia. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de la exposición ‘Stanbrook, 1939’, en la que se pueden ver las condiciones de los exiliados republicanos en los campos de trabajos forzados de Argelia, en la muestra de La Nau de la Universitat de València.

La dura travesía de las 2.638 personas que huían a bordo del ya mítico buque, sin reparar en el cruel destino que les aguardaba en Orán (Argelia), es recreada en La Nau de la Universitat de València con motivo del 75 aniversario del exilio republicano. “No es una conmemoración, sino la rememoración de un pasado que tratamos de rescatar de forma digna”, señaló Camil. Junto a él, haciendo de tripas corazón, estaba Laura Gassó, hija de Antoni Gassó Fuentes, internado en varios campos de trabajos forzados y de castigo en el desierto argelino.

Instalación de las maletas usadas por los exiliados republicanos en su huida hacia Argelia en el carguero Stanbrook, en la exposición 'Stanbrook, 1939' de La Nau.

Instalación de las maletas usadas por los exiliados republicanos en su huida hacia Argelia en el carguero Stanbrook, en la exposición ‘Stanbrook, 1939’ de La Nau.

También estaba presente Rosa Brines, de la Plataforma Stanbrook. “Es de justicia”, aclaró, con respecto a la exposición rememorativa. “En este país no se está por la labor de reconciliación nacional. Y eso nos duele”. Como le dolía comprobar el apoyo de las instituciones argelinas, a la hora de acceder a los lugares de aquel exilio, mientras el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo “ni respondió a nuestras cartas”. Finalmente fue el embajador de Argelia en España quien facilitó los visados.

Instalación imitativa de las traviesas de tren en las que trabajaron los exiliados republicanos para la construcción del Transahariano, en la exposición 'Stanbrook, 1939' de La Nau de la Universitat de València.

Instalación imitativa de las traviesas de tren en las que trabajaron los exiliados republicanos para la construcción del Transahariano, en la exposición ‘Stanbrook, 1939’ de La Nau de la Universitat de València.

A pesar de los pesares, y de ese “velo para que no se conozca la República impuesto por la Transición”, según Camil, la memoria de aquella lamentable huida de los exiliados y posterior abandono en tierras argelinas sale a flote en La Nau. Como si fueran restos de un cruento naufragio, la Sala Estudi General recoge testimonios escritos de quienes vivieron aquella triste odisea, gracias a diarios como el de Antoni Gassó, pasajero 753 del Stanbrook. Fotografías de familiares ilustran las penosas condiciones de trabajo en los campos de concentración (centros de acogida, según las autoridades francesas).

En primer plano, Manuel Azaña, del ilustrador Micharmut, con Francisco Ayala al fondo, obra de Juan Miguel Aguilera, en la exposición 'EX.IL exiliados e ilustrados' de La Nau.

En primer plano, Manuel Azaña, del ilustrador Micharmut, con Francisco Ayala al fondo, obra de Juan Miguel Aguilera, en la exposición ‘EX.IL exiliados e ilustrados’ de La Nau.

Traviesas ferroviarias, a modo de instalación, recuerdan la construcción del ferrocarril transahariano pactado entre Francia y Alemania. Allí se dejaron la piel, y en muchas ocasiones la vida, los exiliados republicanos forzados a un trabajo tan cruento como ignominioso. Algunas de las imágenes sepia lo rememoran. Como hay objetos que recuerdan el interior del Stanbrook. Camil destaca, procedente del Museo Histórico Militar de Cartagena, la cola del torpedo alemán que hundió el carguero británico, meses después de su odisea hacia Argelia.

Max Aub, ilustrado por Ajubel, y Angelí Castanyer i Fons, obra de Txemacantropus, en la exposición 'EX.IL exiliados e ilustrados' de La Nau.

Max Aub, ilustrado por Ajubel, y Angelí Castanyer i Fons, obra de Txemacantropus, en la exposición ‘EX.IL exiliados e ilustrados’ de La Nau.

Paco Roca se suma a la rememoración con las viñetas de su cómic ‘Los surcos del azar’, que narra la odisea de la partida hacia Orán. Y, de la mano de Paco Roca, Mac Diego introdujo la particular visión que 36 ilustradores valencianos ofrecen de otras tantas figuras ilustres del exilio republicano en la muestra ‘EX.IL exiliados e ilustrados’, en la Sala Oberta de La Nau. La lista es larga, pero valgan a modo de ejemplo, los nombres de Max Aub, Josep Renau, Manuel Azaña, Clara Campoamor, Pedro Salinas, Dolores Ibarruri, Federica Montseny, Luis Buñuel o Amado Granell, ilustrados respectivamente por Ajubel, Rafa Fonteriz, Micharmut, Luis Demano, Carlos Ortín, María Herreros, Juan Almela, Mique Beltrán y el propio Paco Roca.

En primer plano, Castelao, del ilustrador Ortifus, en la exposición 'EX.IL exiliados e ilustrados' de La Nau.

En primer plano, Castelao, del ilustrador Ortifus, en la exposición ‘EX.IL exiliados e ilustrados’ de La Nau.

Imagen del carguero británico Stanbrook en la exposición 'Stanbrook, 1939. El exilio republicano hacia el norte de África'. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Imagen del carguero británico Stanbrook en la exposición ‘Stanbrook, 1939. El exilio republicano hacia el norte de África’. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

 

Salva Torres