Miguel Rael, espacios de diálogo

Miguel Rael. El Desacuerdo
Centro Párraga, Murcia
Inauguración: 12 de diciembre, 20.30 h.
Hasta el 13 de febrero de 2015

El filósofo francés Jacques Rancière en su obra El desacuerdo. Política y filosofía nos ofrece una visión distintiva de la imposibilidad de consenso. Éste entiende por desacuerdo «un tipo determinado de situación del habla: aquella en el que uno de los interlocutores entiende y a la vez no entiende lo que dice el otro. El desacuerdo no es el conflicto entre quien dice blanco y quien dice negro. Es el existente entre quien dice blanco y quien dice blanco pero no entiende lo mismo o no entiende que el otro dice lo mismo con el nombre de blancura».

El desacuerdo de Miguel Rael (Lorca, 1974) parte del concepto elaborado por el filósofo francés para someter a una continua revisión distintas cuestiones referidas a los aspectos formales de la propia obra de arte. Así como también convirtiendo dichos elementos y su representación en un lugar desde donde cuestionar su propia identidad como sujeto.

Imagen cortesía Centro Párraga.

Miguel Rael. Imagen cortesía Centro Párraga.

La muestra se articula a través de tres series. Aunque no deben ser entendidas como compartimentos estancos, sino todo lo contrario. Se trata de distintas formas del artista de contradecir o de llevar a cabo su desacuerdo. Así estas tres series se enriquecen o complementan entre sí. Por una parte, encontramos la serie Manifiestos. Rael cuestiona los materiales usados en las esculturas –cemento, nogal, telas…–, presentándolas como si se tratasen de antimonumentos. Y es que este desacuerdo cuestiona las formas y las reglas académicas y perpetuadas en este soporte mediante los elementos utilizados.

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Miguel Rael. Imagen cortesía Centro Párraga.

Por otra parte, este desacuerdo con los medios tradicionales también se recoge en tres lienzos envueltos con plástico negro, sustitutivo éste de la pintura. Estos dos primeros grupos, quizá revelen al espectador un conflicto formal. Sin embargo, la introducción de ciertos objetos en sus esculturas acercarán al visitante a otro desacuerdo más personal y lírico, que aludirán al último grupo de trabajos: La Mésentente. Ésta se compone de una serie fotográfica y de una pieza audiovisual de dos canales en la que unas manos empuñan navajas y se enfrentan entre sí, en un verdadero acto de reto y provocación con el movimiento balisong (arte de lucha arraigado sobre todo en el sur de China y Filipinas). En el vídeo la intensidad de las imágenes queda plasmada por los movimientos rápidos, precisos y armónicos efectuados por el volteo de las navajas. Un diálogo abocado a la incomunicación.

La obra de Miguel Rael nos traslada a los espacios de diálogo de sí mismo con sus miedos o desasosiegos, es decir, a un diálogo consigo mismo; o también a esa disputa con el otro. En definitiva, distintas formas de entender ese acuerdo imposible.

Imagen cortesía Centro Párraga

Miguel Rael. Imagen cortesía Centro Párraga.

José Luis Giner Borrull

Juan Sánchez, como todo el mundo

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda
Galería T20
C/ Victorio, 27, bajo. Murcia
Hasta el 26 de septiembre

Me llamo Erik Satie, como todo el mundo.

Erik Satie

Se llama Juan Sánchez, como todo el mundo, y esta es su primera exposición individual en una galería, una exposición que con su flamante título: A veces confundir la Historia ayuda, parte de una curiosa tesis: ser despistado ayuda y puede ser cojonudo; una tesis que —según explica— se articula desde dos confusiones, a saber:

Confusión 1. Cuando el joven Kandinsky visitó la exposición de los impresionistas en Moscú en 1895 y quedó fascinado delante de uno de los almiares pintados por Monet. No entendió eso que veía, por raro, no veía lo que había pintado en la tela pero los contrastes de color y aquellas pinceladas le sorprendieron tanto que confundió la forma sin alcanzar a averiguar la imagen hasta que buscó el título de aquel pequeño lienzo entre la nómina de cuadros expuestos. Bueno, como decían los papeles era sólo un montón de heno pero resultaba muy hermoso.

 

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

Confusión 2. Cuando en 1908, Kandinsky regresó al estudio de uno de sus paseos vespertinos por Murnau y contempló sorprendido, quizás alarmado, la belleza y la potencia de un cuadro sobre el caballete en el que veía sólo una superficie coloreada sin ningún rastro de representación. Al acercarse para cogerlo entre las manos, descubrió confuso que se trataba de uno de los paisajes en los que estaba trabajando que había quedado invertido y que, al verlo así boca abajo, había perdido todo anclaje a la realidad y al suelo.

 

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

El recuerdo de estos dos momentos epifánicos en la trayectoria de Kandinsky —que los relata en su biografía Mirada retrospectiva— sirven pues para entender mejor la propuesta de Juan Sánchez si pensamos que 1) Kandinsky no vio de primeras lo que había pintado realmente Monet en su cuadro porque estaba más pendiente del trabajo de pintura que de la imagen pintada, necesitando de las palabras de un título para contrastar aquello que veía; y 2) Kandinsky se acercó a las bases de la abstracción leyendo a Worringer, escuchando a Schönberg y dándole la vuelta a sus cuadros, lo que los hacía diferentes, extraños, nuevos. ¿Viéndolos del revés? ¿Quizás a contraluz? Esto resultará fundamental puesto que la confusión primera de Juan Sánchez fue pensar que Kandinsky descubrió esa cosa rara en su paisaje —como el almiar de Monet— no por estar volteado sino del revés, visto por detrás y a contraluz, confundiendo la historia.

 

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

El desenfado, la ironía y la necesaria libertad de interpretación de la historia de la pintura y su tradición reciente no están para nada reñidos con esta serie de cuadros en los que con una factura impecable, por pulcra, aún la poca pintura y la extrema sencillez primera, revela obras muy concretas, compactas y efectivas que hacen del cuadro un índice —siguiendo a Benjamin H. D. Buchloh— que se juega la vida consigo mismo sólo con sus valores, un todo, con sus claves, las que les ha ido dando la historia.

 

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

Una de ellas es la forma, que será autónoma o no será. Pero esto que se lo explique él si fuera necesario.

Otra, la importancia dada a la objetualidad del cuadro como soporte de la pintura. Una importancia que radica en denunciar su presencia, la que da forma y superficie al lienzo pero dándole la vuelta a su frontalidad; en subrayar su estar, dejando que el bastidor se vea y participe activamente en la composición, por trasparencia, decidiéndola incluso; en darle buena parte del protagonismo al separar espacios y articular su instalación diferenciada en la pared o sobre el suelo o en rincones o combinado con objetos encontrados.

Una tercera: la incorporación de la luz como fenómeno, a modo de leve veladura desde atrás, esa luz eléctrica —a veces un simple reflejo— que a su manera desnuda todo el cuadro como dispositivo y hace saltar por los aires la caja de su teatro —como si viéramos al trasluz, confusos con Kandinsky, aquel paisaje de Murnau una tarde cualquiera de 1908.

 

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

Escribo esto mientras amanece en las playas del Mediterráneo, lo que daría lo mismo si no fuera tan tarde ahora tan pronto y si no me sintiera como Ortega escribiendo cerca de Lisboa sobre Velázquez, sin sus libros ni sus notas, de memoria. Escribo sin mis libros ni mis notas ni conexión a Internet, incapaz de visitar por la ventanita del ordenador el estudio de Juan Sánchez que es su blog, donde se pueden encontrar las bases de su trabajo, su abecedario plástico hecho paso a paso, la definición de la forma autónoma y casi todas las pruebas o posibilidades para seguir pintando confundiendo la Historia, como todo el mundo, aunque sea casi sin pintura.

 

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

Juan Sánchez. A veces confundir la Historia ayuda. Imagen cortesía del artista.

Ricardo Forriols

 

Antonio Fernández Alvira: las apariencias

Antonio Fernández Alvira. Lo que parecía indestructible
Centro Párraga. Sala de Máquinas. Murcia.
Hasta el 25 julio de 2014

Exposición de Antonio Fernández Alvira en el Centro Párraga, Murcia. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Exposición de Antonio Fernández Alvira en el Centro Párraga, Murcia. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Antonio Fernández Alvira  muestra con este proyecto la fragilidad de las estructuras y las construcciones sociales que parecían estables e inamovibles. A través de un ejercicio delicado y a la vez preciosista, este artista muestra los edificios como decorados, como tramoya, como espacios abandonados o desestimados. Como señala el propio artista “Mi trabajo ahonda en el análisis del uso de lo escenográfico y lo teatral en los ámbitos del poder y su propaganda. En la utilización de ciertas herramientas teatrales para hacernos creer en la realidad de esa potestad, de esa autoridad y por lo tanto de ciertas clases y status. Analizar que sucede en la trastienda, en la tramoya, cuando se pierde esa superioridad pretendida. Acceder a la visión de ese decorado desde la parte de atrás, abriendo los ojos a esa realidad, cuando se cae desde lo más alto, y se intenta por todos los medios perpetuar y conservar algo que en el fondo no deja de ser irreal”.

Antonio Fernández Alvira. Lo que parecía indestructible, 2014. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Antonio Fernández Alvira. Lo que parecía indestructible, 2014. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Antonio Fernández Alvira. Lo que parecía indestructible, 2014. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Antonio Fernández Alvira. Lo que parecía indestructible, 2014. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Las piezas se sitúan dentro del dibujo y su experimentación. Son imágenes realizadas en acuarela sobre papel que construyen diversos decorados que vistos desde la trasera, desde la tramoya, nos muestran espacios decadentes y ruinosos. Unas estancias opulentas y ricas, que se caen y derrumban, mostrándonos ese poder y status ruinoso y perdido, haciéndonos visible su fragilidad. El hecho de realizar todo en papel ahonda más en la sensación de debilidad y de imitación o teatralización. Las maquetas por su parte, realizadas también en papel, y colocadas dentro de vitrinas nos hablan de ese momento congelado, antes de que se derrumbe todo, en un último intento desesperado de parar lo inevitable y salvaguardar lo poco que queda en pie, a la vez de poder admirar no sin cierta visión nostálgica y romántica lo que pudo ser.

Exposición de Antonio Fernández Alvira en el Centro Párraga, Murcia. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.

Exposición de Antonio Fernández Alvira en el Centro Párraga, Murcia. Imagen cortesía del artista y Espai Tactel.