Antonio Alcaraz y sus espacios industriales

Antonio Alcaraz
Espacios industriales. De la arquitectura a la obra artística
Sala Pintor Rafael Calduch
Villar del Arzobispo (Valencia)
Hasta el 9 de octubre de 2016

De puertas cerradas y huecos rotos, descarnadas fachadas ocultas entre la naturaleza, levantadas junto a la fuerza hidráulica de los ríos; recónditos lugares, hábitats olvidados por el hombre y que el paso del tiempo devora ferozmente. Son así los espacios que retrata con pasión Antonio Alcaraz. Un pintor de arquitecturas, más preciso visualmente que el fotógrafo, más exacto que el proyecto de un ingeniero. Escarba las entrañas del ayer más reciente dejando de lado la pintura de paisaje puro, idealizada y llena de ensoñación para adentrase en un mundo mucho más real.

Ruinas transformadas en poéticos elementos que inmortalizan un mundo inerte, un pasado que hoy se cubre de polvo. Trasladando detalles tanto físicos, arquitectónicos, como las sensaciones de la atmósfera y el silencio que reina tras los muros que cierran campos de auténtica soledad. Telas que en definitiva documentan un pasado que no volverá. (…) Con sus propuestas artísticas relacionadas con la arqueología industrial se suma a los hombres que salieron en defensa del rico patrimonio industrial en la Gran Bretaña de los años sesenta, al grupo de intelectuales procedentes de diferentes campos que protestaron ante la desidia en la que se dejaba algunos monumentos levantados por la revolución industrial. Así fue como surgió esta disciplina a la que el pintor alicantino ha dedicado casi toda una vida artística.

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Más allá de discursos sobre el paso del tiempo o la inconstancia del hombre, la muestra Espacios Industriales. Patrimonio de futuro. Antonio Alcaraz se marca como objetivo principal mostrar el trabajo plástico más reciente del artista, pero, también, de llamar la atención sobre el importante legado patrimonial que ha generado el progreso industrial a través de los restos físicos generados por las actividades productivas de los sectores industriales, los destinados a la explotación de recursos naturales, a la producción de energía, industria química y bienes manufacturados, así como los referidos a transporte y a los bienes y servicios públicos.

En definitiva, su pintura pretende llenarse de otra utilidad que vaya más allá del hecho de pintar. Se trata de hacer reflexionar y debatir sobre la sostenibilidad de ese patrimonio industrial desde un punto de vista transversal e interdisciplinar, pensando en arte, en identidad histórica, en arquitectura y urbanismo, en explotación turística y paisaje. En definitiva, significa sensibilizar sobre la puesta en valor y reutilización de ese patrimonio del que somos herederos mirando siempre al futuro.

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Felisa Martínez

La sala municipal de exposiciones de Villar del Arzobispo, lleva el nombre del artista Rafa Calduch, y su programación  ha sido elaborada por el propio Calduch. En dicha programación, y durante la presente temporada, están previstas exposiciones de artistas como: Mau Monleón, Elias Pérez, Rubén Tortosa o Vicente Ortí, entre otros.

En el principio no fue el paisaje

Paisajes de dentro afuera
Fernando López 2007-2014
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta el 16 de enero, 2015

Como cualquier otro internetés de primera hornada, es decir, 1.0, antes fui un simple homínido; y el primer día que caí en ello tropecé contra una realidad que no era la mía, mejor dicho, que no era yo, porque llegar a ser cosas mías, o yo del todo, viene mucho más tarde. Ese día del primer tropiezo, que se ha de repetir hasta consolidarse y confirmarlo, ese día supe que afuera no estaba yo, y ese día fui uno.

El lector pensará que eso no es nada nuevo; no lo es, pero ocurre cada vez que un homínido salta de la cuna para abordar la realidad que le circunda, a cada golpe contra el entorno se descubre uno, y aprende que no es lo otro. Aunque existe un momento de importancia mayor, cuando se comprende como individuo autónomo y bien diferente al resto.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

La literatura no se pone de acuerdo sobre cuándo surge la conciencia de lo individual entre nosotros (un nosotros que deberíamos ceñir a los europeos que se expandieron por ahí dando lugar a distintos modos de entender el mundo, pero siempre en nuestro idioma) y, según quien, lo presentan como conciencia alumbrada en el Renacimiento del siglo XII europeo, otros lo trasladan al Renacimiento, que echa los dientes en el XIV, pero no habla con autoridad hasta bien entrado el XV, y resulta llamativo que esa conciencia de individualidad, de un ser yo muy distinto, tanto a la realidad que se nos enfrenta cuanto al resto del mundo, surja y se consolide en el XVI, para después dejarnos ver las cosas del exterior de manera enteramente ordenadas, bajo la forma de paisajes, primero urbanos con la plenitud del Renacimiento, y más tarde naturales, a raíz de su decadencia.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

En ese momento el individuo cobra protagonismo en la historia de Europa, mucho antes de la aparición del burgués por la Francia del XVIII, quien aprende a mirar atrás y verse muy distinto, ya no a lo otro, sino de lo anterior, de nuestro pasado, como bien supo mostrar Giovanni Battista Piranesi, nuestro primer contemporáneo.

¿Por qué me doy una vuelta por el tiempo, a mí que no me interesa nada la historia? Para desandar la mía y explicar mi entusiasmo con el paisaje de datos (el datascape de este internetés de primera hornada).

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

Obras de Fernando López. Imagen cortesía del Aula de Cultura La Llotgeta.

El día que empecé a flipar con el paisaje, y sus representaciones más estáticas, el jardín en todas sus variantes, o dinámicas, paisaje puro más tarde hecho land-art, ese día salí de paseo con Fernando López y comencé conversaciones interminables sobre la naturaleza de la representación y su capacidad para plasmar conceptos; incluso, cuando todavía me permitía tales excesos, llegué a explorar con él las fuentes mismas de la naturaleza en los parajes olvidados de Riópar, en su Albacete natal, bajo la excusa de la exploración de arquitecturas industriales abandonadas, con la carga romántica que tiene asomarte al pasado.

Hoy, cuando los interneteses 1.0 escapamos de la conexión perpetua, volver sobre esos paisajes, que insisten en hallar el mejor acomodo sobre maderas encontradas a las que se pregunta qué imagen podrían recibir; hoy, regresar sobre todo eso, me sigue dejando con idénticos interrogantes y ninguna respuesta, pero me enseña cuándo, por qué, e incluso con quién, comencé a tratar de verme a mí proyectado sobre el orden de formas y colores que es el paisaje y, como contraparte interesada en ahormarme, soy yo como individuo. Porque mirar no es ver; y cuando ves, miras de otro modo.

Detalle de una de las obras de Fernando López. Imagen cortesía de La Llotgeta.

Detalle de una de las obras de Fernando López. Imagen cortesía de La Llotgeta.

Nilo Casares