‘Mosquito’ llega a la Mostra con olor a ‘Apocalypse Now’

Mostra de València
Del 22 de octubre al 1 de noviembre
Domingo 30 de agosto de 2020

Mostra de València empieza a dar forma a su Sección Oficial a competición. El festival, que arranca el 22 de octubre y se celebrará hasta el 1 de noviembre, consolida su apuesta por actuar como rastreador del mejor cine producido en los países de la cuenca del Mediterráneo. 

El festival adelanta las primeras incorporaciones de su sección a concurso, que optarán a la Palmera d’Or. Seis estrenos absolutos en España, que representan una panorámica de las diferentes propuestas narrativas y visuales del ecosistema cinematográfico y geográfico que abarca la Mostra. “En un año tan complicado para el sector, estamos muy contentos de poder ofrecer al público una selección de títulos de alto nivel, que abordan temas muy diversos y no dejarán indiferente a nadie”, asegura Eduardo Guillot, responsable de programación del festival.

Mostra, Mostra de València,
Fotograma de ‘Zana’. Imagen cortesía de la Mostra de València.

Desde Kósovo llega ‘Zana’, ópera prima de Antoneta Kastrati. Una mirada novedosa sobre el conflicto de los Balcanes, que recurre de manera puntual al elemento fantástico para reflexionar sobre el horror de la guerra. Con una impresionante Adriana Matoshi como protagonista, el rotundo debut de la realizadora kosovar afincada en Estados Unidos fue seleccionado para representar a su país en los Oscar y obtuvo el Gran Premio del Jurado en Los Ángeles.

Fotograma de ‘Mosquito’. Imagen cortesía de la Mostra de València.

‘Mosquito’ del director luso João Nuno Pinto, se inspira en hechos reales y está ambientada en 1917, durante la Primera Guerra Mundial. La crítica la ha calificado como una mezcla entre ‘Apocalypse Now’, ‘Aguirre, la cólera de Dios’ y ‘Senderos de gloria’, ya que narra el viaje al corazón de las tinieblas de un joven que se alista en el ejército en busca de gloria y se encuentra con el infierno de las colonias portuguesas en África. Fue la película inaugural del último Festival de Rotterdam.

Fotograma de ‘La viajante’. Imagen cortesía de la Mostra de València.

La participación española llega de la mano de ‘La viajante’, debut del cineasta canario Miguel A. Mejías, que en su recorrido internacional ha suscitado comparaciones con Víctor Erice, Theo Angelopoulos o Carlos Reygadas. Una road movie interior, protagonizada por Ángela Boix (‘Diamond Flash’, ‘Gente en sitios’), que se sirve del paisaje para describir la soledad y el vacío de los personajes. Cuenta la historia de una joven fotógrafa embarcada en una huida existencial y enfrentada a situaciones inesperadas que documenta a través de las imágenes que capta con la antigua cámara de su madre. 

Fotograma de ‘The End will be Spectacular’. Imagen cortesía de la Mostra de València.

También podrá verse en la Mostra de València el primer film de ficción producido por la Comuna de Cine de Rojava (Siria), ‘The End will be Spectacular’, de Ersin Çelik. Una película bélica en el sentido clásico del término, que relata el sitio de cien días a que fueron sometidos los kurdos por parte del ejército turco en la ciudad de Diyarbakir en 2015. Algunos de los supervivientes de aquellos hechos encarnan a los personajes, lo que aumenta la fuerza dramática de una película narrada a través de los ojos de una joven kurda que regresa a su lugar de origen.

La diversidad continental de la selección se pone de manifiesto a través de la presencia árabe, una de las señas de identidad del festival, que contará con la última película del prestigioso director argelino Merzak Allouache, ‘Paysages d’automne’, y con ‘Between Heaven and Earth’, de la directora palestina Najwa Najjar.

Fotograma de ‘Between Heaven and Earth’. Imagen cortesía de la Mostra de València.

‘Paysages d’automne’ supone un complemento perfecto del ciclo ‘Les batalles d’Algèria’, ya que es un retrato del país después de las primaveras árabes. Utiliza maneras de thriller para mostrar una Argelia a merced de una red criminal en la que están involucrados miembros de los principales partidos políticos, policías y organizaciones criminales. El personaje principal es una periodista que investiga una serie de asesinatos de niñas vinculadas a una red de prostitución, y que sufre la fuerte presión de diversos grupos que protegen a los proxenetas responsables.

En cuanto a la palestina ‘Between Heaven and Earth’, propone una mirada sin maniqueísmos a la complejidad política, ideológica y religiosa de la Palestina actual, a través de una pareja en proceso de divorcio. Los protagonistas viven en territorio palestino y llevan cinco años casados, pero en cuanto logran cruzar un puesto de guardia israelí, él pide la separación. A partir de este momento, comienzan a desvelarse impactantes misterios sobre la vida de su padre. Una singular película de carretera, poblada por personajes en permanente estado de bloqueo, que ganó el premio al mejor guion en el Festival del Cairo y acaba de ser preseleccionada para los galardones anuales de la Academia del Cine Europeo.

Fotograma de ‘Mosquito’. Imagen cortesía de la Mostra de València.

MAKMA

Tratado de la condición humana

De Homero a Coppola
En torno a ‘Apocalypse Now’, de Francis Ford Coppola
Domingo 14 de junio de 2020

En términos biológicos, los tres mil años que separan a Homero de F.F. Coppola son un breve espacio temporal. Es quizá por ello que la antinomia de la doble vertiente que nos convierte en humanos, esto es, la confluencia de elementos racionales e irracionales de nuestro ser, apenas si ha cambiado durante ese breve lapso de tiempo. Antaño como ahora, cuando tratamos de explicar nuestra condición humana recurrimos a inferencias lógicas que, como tales, pertenecen exclusivamente a nuestra faceta racional y, por ende, resultan ser necesariamente incompletas. En efecto, cuando la maquinaria racional humana se adentra en el análisis del comportamiento irracional de nuestra naturaleza híbrida, lo hace desde una óptica y con elementos del raciocinio que indefectiblemente buscan un sentido, una explicación, o un simple relato.

Homero recurre a la narrativa épica en ‘La Odisea’ al rescate de Odiseo, héroe transmutado en monstruo por la guerra de Troya. F.F. Coppola, por su parte, recurre al relato cinematográfico en ‘Apocalypse Now’. Ambos relatos, cada cual con su marchamo particular, intentan transitar la “afilada hoja de la navaja” (‘Apocalypse Now’) en el al empeño por relatar lo que no tiene palabras ni explicación racional posible. El horror y la irracionalidad tienen su propia dinámica narrativa; las acciones que ambos desencadenan, desprecian la coherencia de cualquier relato.

Fotograma de ‘Apocalypse Now’, de Francis Ford Coppola.

Odiseo fue afortunado. Su necesidad íntima de supervivencia, a la par de la no menos despreciable de rescatar para la memoria colectiva de su reino al héroe de Troya, lograron, tras un largo periplo de cuarentena por el Egeo, rehabilitar a persona y personaje; Ave Fenix de las cenizas de Troya. Fueron necesarios diez años para aplacar al monstruo engendrado durante el largo asedio de Troya, producto de la íntima y antagónica lucha entre la lúcida inteligencia de Odiseo y su instinto de supervivencia. ‘La Odisea’, desde este punto de vista, es el relato de la terapia náutica de lo que hoy calificaríamos como un síndrome postraumático. Homero, con habilidad manifiesta, recurre a la narración épica fantástica para transitar por el convulso mundo interior humano, propio de los cuentos y leyendas; hábil recurso literario que permite fagocitar las narraciones al límite de lo tolerable, al borde mismo del trauma.

La voluntad de los dioses omnipresentes trata de explicarnos tanto el decurso de todo evento incierto de ‘La Ilíada’, como los designios y tormentos que atribulan el alma del protagonista de ‘La Odisea’.  La brutal crónica bélica de la guerra de Troya narrada por ‘La Ilíada’ encuentra su contrapunto subjetivo en la narración fantástica de ‘La Odisea’, como solución al tenebroso colapso irracional de un alma herida a la búsqueda de una salida victoriosa a la cordura. 

Martin Sheen en un fotograma de ‘Apocalypse Now’.

Cuando Odiseo pudo soportar su propio reflejo sobre el espejo, la mirada de Penélope, la de su hijo Telémaco y la de todos sus súbditos de Ítaca, volvió como rey a la majestad, el honor y la dignidad exigibles a todo líder político y héroe guerrero. Muchos de sus compañeros no lograron regresar, no como resultado de la aniquilación del enfrentamiento armado, sino como víctimas de sí mismos. La responsabilidad que pesara sobre Odiseo frente a sus seres más queridos y frente a su pueblo, quizá le ayudaran a buscar la coherencia racional o el acopio de carácter necesario con el que arrostrar su propio periplo y existencia, aquietándose lo suficiente para soportar la incómoda compañía de su propio monstruo, pero evitando –siempre– doblegarse a su merced. La falta de esa fuerza o sentido de la responsabilidad impuesta por el destino, quizá la ausencia del carácter necesario, llevó a muchos de sus acólitos y compañeros de armas a la extenuación, a rendirse a sus respectivos monstruos y entregarse derrotados a la muerte sin gloria, al anonimato de la historia.

El destino del coronel Kurtz no pudo ser como el de Odiseo. Cuando decidió explorar más allá de lo aparente, de la cómoda ortopedia de las culturas en cuyo seno ningún logro pudo escapar a sus excepcionales capacidades, sin reto digno alguno, aceptó el vértigo de confrontarse con su propio monstruo, sabedor de que no gozaría de una cuarentena como la de Odiseo en el mundo del que procedía. Hombres como él, con el cuajo y el carácter necesario para renunciar a la excelencia más elevada en pos de toda la verdad, lúcidos conocedores de la incapacidad de las culturas para aceptar sus propias limitaciones, son siempre “condecorados” con la mácula del monstruo que debe ser aniquilado físicamente o, si no queda otra alternativa, reciclado para la memoria colectiva.

Marlon Brando en ‘Apocalypse Now’, de Francis Ford Coppola.

Toda cultura humana transida de su doble e híbrida naturaleza, si quiere sobrevivirse, debe lograr contener e incluso ignorar ese lado oscuro que siempre las acecha. Con habilidad, debe transmutar esa tétrica faceta indigerible en contradicción tolerable y, llegado el caso, declarar orgullosamente con hipócrita autocomplacencia que esa vertiente ingobernable y salvaje es, precisamente, la que nos hace verdaderamente humanos. Seres invencibles frente a la adversidad, incluso frente al disfraz del enemigo “bien intencionado” que pretende “salvar” a nuestros hijos de nuestro retrasado conocimiento vacunándolos, buscando de matute doblegar el espíritu de la cultura conquistada; aquella, cuyo último hálito de dignidad la lleva a una salvaje poda de brazos infantiles (historia Kurtz/Willard; ‘Apocalypse Now’). Empapados por la selva y extenuados, “un poco de arroz y un pedazo de rata fría” (»Apocalypse Now’) servirán para seguir avanzando hasta la victoria o la muerte. La fortaleza no la dan las armas sino las convicciones y las creencias; aquellas magníficas ortopedias mentales que nos hacen superar lo biológicamente intolerable y cuyos procesos mentales de autoafirmación nos llevan inevitablemente a convertirnos en víctimas de sus postulados, al horror de las consecuencias de nuestras acciones, al desvarío humano.

Kurtz esperó pacientemente a un verdugo que no fuera un simple “recadero”, aquél que supiera «poner fin» «con extremo perjuicio» (‘Apocalypse Now’) y derecho subrogado a su atribulada existencia, dándole muerte como a un soldado, con honor y en coherencia con su pasado. No aceptó la muerte derivada de la justicia aparente y amañada con la que toda civilización, incapaz de aceptar sus propias contradicciones, con soberbia y amparada por la sobriedad de la toga, ajusticia a aquellos que tienen el valor de navegar por el proceloso océano de su naturaleza sin disfraz y ambages, transformados en dioses o en demonios.

Fotograma de ‘Apocalypse Now’.

El relato cinematográfico de F.F. Coppola, entreverado por la subjetividad del narrador (Capitán Willard) en el seno de una prolongada vigilia fantástica, desbordan permanentemente la frontera de lo inteligible o lo moralmente aceptable para el espectador. El estrafalario desvarío de un comandante surfero con una doble faz de monstruo en ciernes -su perfume favorito resulta ser el de la “barbacoa” de soldados vietcong abrasados por el napalm- vertebra por ejemplo, lo increíble, lo absurdo y lo nauseabundo, socorrido por el inestimable recurso de los rostros de las grandes estrellas del celuloide. Auténtico as en la manga de este formato, posiblemente el más idóneo para una penetración amable y popular de la dificultosa tarea de “digestión” de cualquier expresión artística que trate de sondear el oscuro y complejo páramo de nuestra naturaleza más áspera.

Los conflictos entre humanos precisan de héroes, de relatos coherentes que puedan explicar las hazañas más sangrientas con un argumentario a medio camino entre lo real y lo ficticio, siempre con un poso amable que explique, justifique y aliente a sus coetáneos. El héroe es instrumento aglutinador de un propósito, protagonista sobreactuado de acciones arriesgadas; exponente ilustrador del sentido que se quiere dar a un sinsentido. Para aquellos que viven en su cercanía, que divisan su debilidad humana, el héroe, cuando flaquea y frustra esas expectativas, se convierte en objetivo y pieza de caza. Llegados a este punto, los acontecimientos se precipitan. El héroe desaparece aniquilado o se transmuta en la única alternativa capaz de mantener prietas las filas, sustituyendo la otrora admiración y sincera lealtad por un aglutinante más poderoso: el miedo. El monstruo entra en escena, y con él, todos los horrores que lo acompañan: la sin razón del hambre por la violencia, por la lujuria violadora… El escenario del horror levanta su telón.

Fotograma de ‘Apocalypse Now’, de F. F. Coppola.

Rescatar monstruos y convertirlos en héroes posconflicto es una de las actividades creativas humanas más socorridas. En el imaginario colectivo de cada cultura, la tarea civilizatoria de las leyendas y los héroes son garantía de pervivencia. El relato o la leyenda se llevarán al límite de lo política y socialmente tolerable en cada momento, al borde mismo de la náusea, sin traspasar la frontera que nos lleve a vislumbrar el abismo del miedo, la incertidumbre, el caos o la sinrazón. La civilización necesita creerse que está a salvo y por encima de la selva, más allá del puro instinto de animalidad. Las historias del monstruo que acompañan a cada héroe son únicamente territorio de sus protagonistas; historias de horror susurradas, si acaso, a sus seres más cercanos y queridos con la esperanza de que no repitan el aciago destino de desolación y desconsuelo que los aprisiona. Historias de enaltecimiento interesado de los propios y de desprecio de los ajenos, dicotomía habitual que depende de la oportunidad y la óptica cultural que sirve a cada cual.

Y así, Vlad el Empalador, el terrible Conde Drácula para el imaginario colectivo occidental, puede ser al mismo tiempo un héroe nacional rumano. Atila, azote y diablo para el occidente romanizado, un héroe nacional húngaro. El Cid Campeador, mercenario sin escrúpulos de musulmanes y cristianos, héroe elevado a los altares de la leyenda por mor de haber elegido, en última instancia, el bando de los vencedores. El coronel Kurtz y muchos otros a los que cinematográficamente representa, nunca lo lograron. El destino es un absurdo juego de azar que ningún ser humano, ninguna cultura, quiere aceptar.

Marlon Brando en ‘Apolypse Now’, de F. F. Coppola.

El corazón de las tinieblas no se halla únicamente en los campos de batalla. Agazapada en la mediocridad de nuestras culturas, en los intersticios de la rutina, de la ignorancia autoinfligida frente al miedo a saber o de la comodidad que proporciona la seguridad de una paz artificial cimentada sobre la mansedumbre, nuestras sociedades son el habitat ideal para engendrar monstruos. Máxime, cuando los héroes de referencia son adalides alicatados de un éxito cifrado en la capacidad de tenencia, o de un poder tan infantil como inútil que solo persigue el propio beneficio fingiendo servir al interés general.

La respuesta a tan meliflua existencia de héroes de papel cuché opera desde lo más profundo de las civilizaciones adormecidas, larvando monstruos del desencanto dispuestos a romper la ortopedia cultural de lo políticamente aceptable. La mínima oportunidad, la más leve catástrofe, libera el espíritu primigenio del monstruo que cada cual alberga inopinadamente en su interior y nos transforma en protagonistas a la búsqueda de respuestas vívidas y auténticas cuajadas de salvajismo y horror.

Marlon Brando en ‘Apocalypse Now’, de Francis Ford Coppola.

Gonzalo H.

Un viaje al corazón del cine

‘Notas a Apocalypse Now. Crónica de un rodaje maldito’, de Eleanor Coppola
Barlin Libros, 2020
Sábado 13 de junio de 2020

El 3 de julio llega la versión definitiva de una obra cumbre de Francis Ford Coppola, ‘Apocalypse Now Final Cut’, más larga que la original, pero más corta que ‘Redux’. Parece una señal o una ironía del destino que, en estos tiempos de pospeste o pospandemia, regrese una de las películas que mejor describe el horror desencadenado por otro de los cuatro terribles jinetes.

No es la única buena noticia para los fans de Coppola y el séptimo arte. El sello independiente valenciano Barlin Libros ha editado por primera vez en España un libro imprescindible: ‘Notas a Apocalypse Now. Crónica de un rodaje maldito’, de Eleanor Coppola. Un viaje al corazón del cine.

El 20 de marzo de 1976 se inició en Filipinas una de las producciones cinematográficas más largas, costosas y accidentadas de la historia. Los cuatro meses previstos se convirtieron en 16, concluyó al 21 de mayo del año siguiente, y el filme no se estrenó hasta mayo de 1979, en el Festival de Cannes. El presupuesto superó los 30 millones de dólares. 

Martin Sheen y Francis Ford Coppola en un receso de la película. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Desde el primer momento, Eleanor estuvo al pie del cañón para grabar un documental, ‘Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse’, que ganó un Emmy en 1992. Las notas que tomaba a modo de diario, publicadas por primera vez en 1979, constituyen un relato fascinante que desvela el tormentoso proceso creativo de un director fuera de serie. 

Más que un trabajo periodístico, la obra de Coppola es una narración muy personal que seduce por su fluida prosa e hipnótico ritmo. Al principio, la autora adopta una mirada neutra y objetiva sobre los acontecimientos. Pero a medida que se adentra en una selva de calor húmedo, explosiones y contratiempos, asume un mayor protagonismo.

Eleanor va mostrando las distintas facetas de su personalidad y los conflictos que sufre por la tensión entre su papel de esposa y madre, y su vocación artística. Como madre de familia la vemos consagrada al cuidado de sus hijos –Gio, Roman y Sofía–, que al inicio del rodaje contaban con doce, diez y cuatro años, respectivamente. Como profesional de la cámara reflexiona sobre la magia del cine: «Quizá filmar películas sea un paso adelante hacia la posibilidad de avanzar y retroceder, de entrar y salir en el tiempo», y se debate entre las dudas que le asaltan: «La única forma que tengo de captar la grandiosidad de la realización de ‘Apocalypse Now’ es mostrando los detalles y esperar que den sentido a la imagen global».

 

Marlon Brando caracterizado como el coronel Kurtz en ‘Apocalypse Now’. Imagen cortesía de Barlin Libros.

La autora representa también la imagen de la mujer occidental acomodada imersa en un mundo desconocido: «Mi realidad cotidiana parece una película exótica», afirma. Y lo hace con una gran sensibilidad que le permite captar su belleza y plasmarla en palabras. En su diario ofrece magníficas descripciones de pueblos pintorescos, de las vibrantes escenas de rodaje entre explosiones y deslumbrantes luces. O estampas de un potente primitivismo, como la fiesta de  los indios ifugaos contratados como extras, que culmina con la matanza ritual de varios cerdos y un carabao, que inspiró una impactante escena de la película.

Eleanor no habla mucho de los actores, pero sus comentarios plasman la atmósfera caótica que reinaba en los sets. El alcoholismo de Martin Sheen, que sufrió un infarto en marzo de 1977, la dependencia de Denis Hooper de la cocaína –25 gramos diarios para funcionar–, o el sobrepeso de Brandon, que aterrizó en Filipinas con 136 kilos. 

Del tifón al tigre

La privilegiada perspectiva de Eleanor, testigo del rodaje y esposa del director, le permite acometer una doble tarea: el registro de los hechos y, a la vez el retrato íntimo de una pareja de artistas, su historia de amor y de desencuentros, y también su lucha para sobreponerse a múltiples adversidades. Son conocidas las calamidades que sufrió el costosísimo equipo de rodaje, con escenas multitudinarias que movilizaban hasta un millar de extras y cientos de operarios, efectos especiales carísimos y escenografías espectaculares. Se rodaron nada menos que 457,3 kilómetros de metraje.

El tifón Olga destruyó uno de los sets, hubo problemas con los helicópteros del ejército filipino, que tenía que combatir a la vez una guerrilla, un incendio consumió un gran almacén, y un tigre estuvo a punto de provocar una tragedia. Antes de empezar a rodar, Coppola negoció durante cuatro meses con grandes estrellas a las que deseaba contratar para los papeles de capitan Willard y coronel Kurtz. Steve MacQueen, James Caan, Robert Redford, Jack Nicholson y Al Pacino declinaron la oferta por tener otros proyectos o por temer la dureza de un rodaje en un clima extremo.

Cubierta de ‘Notas a Apocalypse Now’, de Eleanor Coppola. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Las primeras escenas se rodaron en Baler, el lugar donde un puñado de españoles, los últimos de Filipinas, resistieron los ataques de lo tagalos, en 1899. Después el equipo se trasladó a Ibar y, al final, a Pagsanjan, donde se construyó el reducto del coronel Kurtz.

Eleanor siguió a su marido en un «viaje personal hacia el yo», siendo su paño de lágrimas, pero también su antagonista. Discutían a menudo y estuvieron a punto de divorciarse. Ella confiesa el conflicto entre su papel de esposa, madre y anfitriona, y sus inclinaciones artísticas siempre subordinadas a los proyectos de su marido. Y aunque lo adora y admira, es muy consciente de sus debilidades. De sus cambios de humor que lo llevan de la depresión a «una especie de histerismo». De sus miedos a arruinarse, a defraudar a sus seguidores, a no tener el tipo de talento que desea tener, a ser incapaz de terminar una historia en la que se había involucrado demasiado.

Eleanor Coppola fue durante parte de su vida un caso paradigmático de apéndice del genio, a la sombra del gran hombre. Pero en este libro refleja el proceso de empoderamiento de una mujer capaz de brillar con luz propia. Lo demostró con varios libros, uno de ellos dedicado a la muerte de su hijo mayor y una película que rodó con más de 80 años, ‘París puede esperar’.

«Me gusta dejar el pasado en el pasado», escribe en sus notas. «Francis, en cambio, se alimenta muchísimo del pasado. Somos tan opuestos. Pasé muchos años resistiéndome a ver las diferencias, enfadándome, demostrando que yo tenía razón y él se equivocaba. Pero ahora disfruto con asombro de la atracción que sienten los polos opuestos. Y más lo quiero».

Francis Ford Coppola dirigiendo una de las últimas escenas de la película. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Bel Carrasco

Aragó Cinema, mejor que en casa

Aragó Cinema
Reapertura de los antiguos Cines Aragón
Avenida del Puerto, 1. Valencia
Viernes 27 de noviembre de 2015

“El home cinema no es suficiente”. Así lo entiende Ignasi García Piera y sus otros ocho socios de la cooperativa La Cinemista encargada de revitalizar los antiguos Cines Aragón, ahora reconvertidos en Aragó Cinema. Su intención es recuperar para la gran pantalla al público más hogareño: “Creemos que el cine debe ser una experiencia compartida” en una sala grande. También la de proyectar películas de difícil distribución comercial, al tiempo que recuperar aquellas otras que han tenido un estreno efímero. Todo ello bajo el espíritu del propio nombre que anima su singladura.

Cartel de Barry Lyndon en la entrada junto a la cafetería de los nuevos Aragó Cinema.

Cartel de Barry Lyndon en la entrada junto a la cafetería de los nuevos Aragó Cinema.

“La Cinemista es un concepto del poco conocido director José Val del Omar, para quien el cine tenía la capacidad de transformar a los individuos”, señaló García Piera durante la presentación del proyecto que arranca este viernes 27 de noviembre con un soberbio plantel de películas, entre ellas ‘B’ de Bárcenas, de David Ilundain. Junto a él estuvieron en la presentación Alicia Serrano, presidenta de La Cinemista, y Mentxu Suárez, encargada de comunicación. Los tres subrayaron esa apuesta de Aragó Cinema por abrirse al público valenciano, a sus creadores y a todas esas películas que de una u otra forma “han pasado desapercibidas”.

Eso sí, Piera advirtió que el tipo de educación de La Cinemista no tenía nada que ver “ni con la prepotencia, ni con la soberbia”, sino con la promoción “de la igualdad”. Para ello, tienen pensado abrir una línea pedagógica con colegios e institutos de manera que el cine sirva de complemento a las asignaturas. Un ejemplo: “Un profesor puede enseñar a sus alumnos la Guerra Mundial viniendo a ver al cine Sin novedad en el frente o Apocalypse Now”, precisó Piera.

Las películas se proyectarán en formato digital y en 35mm, al contar con uno de los antiguos proyectores de los Cines Aragón. También habrá en los nuevos cines, literatura, pintura y arquitectura, con el fin de compartir experiencias utilizando los diferentes medios creativos. En cuanto a la rentabilidad del proyecto, estimaron que para cubrir gastos la afluencia de público debía estar en torno a los 10.000 espectadores al mes. Cuentan para ello con lo atractivo de la propuesta y con precios populares, que van de los 3,5 a 4€ los días laborables, al “sablazo”, afirmó Piera con ironía, de los 5€ los fines de semana. Habrá bonos de 5€, de 10+1 y una edición limitada de 300 bonos al precio de 100€ para ver películas durante un año en cualquier sesión.

Aragó Cinema arrranca con B de Bárcenas, de David Ilundain.

Cartel de la película B de Bárcenas, de David Ilundain, con la que arranca Aragó Cinema.

Los nuevos Aragó Cinema dispondrán de cuatro salas con un total de 750 butacas, en las que se proyectarán de siete a ocho películas por semana. Arrancan con la polémica ‘B’ de Bárcenas, del navarro David Ilundain, que ha tenido serios problemas de distribución en muchas capitales, entre ellas Valencia. La película contará el día de su estreno con la presencia del director, junto al que estará el periodista Sergi Tarín.

Algunos carteles de las películas con las que arranca la programación de Aragó Cinema.

Algunos carteles de las películas con las que arranca la programación de Aragó Cinema.

Además de la película de Ilundain inspirada en la obra teatral Ruz-Bárcenas, se proyectarán Puro vicio, de Paul Thomas Anderson, la colombiana Los Hongos, de Óscar Ruiz Navia, Les Combattants, de Thomas Cailley, El Gran Lebowski, de Ethan y Joel Coen, y La señora Brackets, la niñera, el nieto bastardo y Emma Suárez, de Sergio Candel, quien estará igualmente presentando su película. También habrá sesiones matinales para el público infantil, empezando el sábado 28 con Mi vecino Totoro, animación japonesa de Hayao Miyazaki.

Salva Torres

El Festival de Cannes, por Pedro Hernández

Cannes, Boulevard de la Croisette (1980-1991)
Pedro Hernández
Festival de Cannes
La 67ª edición concluye el sábado 24 de mayo

Como no podía ser de otra manera, el Festival de Cannes arrancó el miércoles 14 con polémica, debida a la presentación de la película Grace de Mónaco, de Olivier Dahan, protagonizada por Nicole Kidman. Forma parte del ADN del certamen. Polémica no exenta del grado de provocación que los organizadores del festival han ido alimentando edición tras edición, hasta llegar a la 67ª que concluye el próximo sábado 24 por exigencias del guión: al día siguiente hay elecciones europeas.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

El Festival de Cannes nació al hilo de declararse la II Guerra Mundial, a modo de protesta por lo acontecido en Venecia, donde triunfaron películas italianas y alemanas arropadas por el contexto de exaltación patria. Tuvo que pasar la contienda bélica para ver la primera edición en Cannes. En 1954, justo ahora hace 60 años, se produjo otro revolcón decisivo en la imagen del certamen: la actriz Simone Silva mostraba sus pechos al aire, abrazándose jovial a un no menos jovial Robert Mitchum. Nacía la sensualidad provocadora que ha caracterizado al Festival de Cannes, y de la que Brigitte Bardot dio buena cuenta citándose con los periodistas cada año en la playa objeto de intensas sesiones fotográficas.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Pedro Hernández, nacido en El Cabanyal de Valencia, se adentró en ese mundo de erotismo cinematográfico, tras recalar en Marsella por exigencias del guión franquista. Armado con su cámara de reportero gráfico, acudió al Festival de Cannes durante 11 años para retratar como ninguno esa atmósfera de libertad, no exenta de calculada provocación, que se respiraba por dentro y por fuera del certamen. Aquellas imágenes, que Simone Silva inauguró para deleite de la prensa y del público voyeur, con actrices y modelos haciendo topless y mostrando sus encantos más allá de toda prenda, serían hoy en día políticamente incorrectas.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Los desnudos playeros, taladrados por los objetivos de un sinfín de periodistas, han pasado a mejor vida, transformados ahora en grandes escotes y transparencias sobre una atiborrada y más glamurosa alfombra roja. No está bien visto que la mujer pose semidesnuda en la playa de Cannes, objeto de lascivas miradas. Quien desee recuperar esa visión cuya carnalidad hoy sigue asombrando, deberá depositar su mirada en vestidos cuyo coste marea, enfundados en actrices que brillan engalanadas con joyas de cifras igualmente mareantes.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Pedro Hernández retrató durante años esa cara lúdica, publicitaria, provocativa, sensual y, debidamente encuadrada y trabajada la luz radiante que venía de esa Cannes florida, sin duda artística. Lo hizo a contracorriente, situándose allí donde nadie lo hacía; captando del Festival de Cannes, no sólo el glamour de las estrellas, sino el halo que dejaba en las miradas e incluso el silencio que, una vez pasado ese primer fulgor, Pedro Hernández reflejaba en forma de simetrías y composiciones de indudable cualidad estética.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Aprovechando los días que aún quedan para que concluya la 67ª edición del Festival de Cannes, mostramos un buen puñado de aquellas imágenes que Pedro Hernández ha expuesto en diversos espacios bajo el título de ‘Cannes. Boulevard de la Croisette (1980-1991)’. Imágenes cuyo visionado resume el pasado del certamen que premió Viridiana, de Luis Buñuel, La Dolce Vita, de Federico Fellini, Blow-up, de Michelangelo Antonioni, Taxi Driver, de Martin Scorsese, Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, Bailando en la oscuridad de Lars von Trier o El Pianista, de Roman Polanski, pero que se alarga hasta el presente, dejando huella de las transformaciones del festival bajo un mismo corolario de industria que se alimenta a partes iguales de cierto imaginario, cierta economía del derroche y el trasfondo artístico que parece quedar eclipsado por el glamour y las cifras.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández

Foto: Pedro Hernández

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández

Marie Trintignant. Foto: Pedro Hernández

Vittorio Gassman. Foto: Pedro Hernández.

Vittorio Gassman. Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Salva Torres