Los Fantasmas de «Prácido Domingo»

‘No hay que ser una casa para tener fantasmas’, de la compañía Prácido Domingo
Espacio Inestable
Aparisi i Guijarro 7, Valencia
5 y 6 de Julio de 2018

El pasado 5 de Julio tuvo lugar la interpretación de la danza teatro ‘No hay que ser una casa para tener fantasmas’, realizada por la compañía Prácido Domingo en la sala Espacio Inestable. La sala, en este 2018, ha cumplido su 20 aniversario como compañía teatral y 15 años como sala de exhibición. A modo de celebración realizaron un ciclo de obras de danza para acabar la temporada.

‘No hay que ser una casa para tener fantasmas’ es una obra que nos habla de nuestros fantasmas, de cómo forman parte de nosotros y cómo pasan de un cuerpo a otro sin que nos demos cuenta. Esta obra trata del amor, el dolor, el sufrimiento, la angustia, la calma y todas esas sensaciones que nos causan las experiencias que vivimos en nuestro día a día y que nunca se separan de nosotros. Estos fantasmas toman el control de nuestro cuerpo convirtiéndonos en sus marionetas, simples desechos de carne a su merced, dejándonos dos opciones: seguir bajo su control o luchar contra ellos.

Fotografía de la obra 'No hay que ser una casa para tener fantasma'. Imagen cortesía de Prácido Domingo.

Fotografía de la obra ‘No hay que ser una casa para tener fantasma’. Imagen cortesía de Prácido Domingo.

La obra se asienta en tres pilares fundamentales: la danza butoh, el Aikido y la danza contemporánea. La danza butoh tiene su origen tras finalizar la II Guerra Mundial; se buscaban nuevas formas de expresión con el cuerpo que representaran la situación que se vivía en Japón durante la década posterior a la explosión de las bombas atómicas. El bailarín se convierte en una marioneta y con ella intentan expresar los temas más internos del yo, nuestros fantasmas. La danza butoh es una danza tranquila y muy expresiva que, en esta obra, se ve interrumpida por el Aikido, de movimientos bruscos y secos. El Aikido es un arte marcial que busca la defensa personal y el conocimiento total del individuo tanto corporal como espiritualmente. La danza contemporánea actúa de aglutinante final entre el Aikido y el butoh.

La obra se debate entre esta dualidad. Los actores pasan de la tranquilidad al conflicto y viceversa. El Aikido y la danza butoh forman un todo en el escenario al igual que lo hace el yin y el yang en el taoísmo. Esta dualidad explica nuestro eterno conflicto con nuestros fantasmas. En la obra, el control es total cuando hacen de marionetas, formando figuras imposibles y agarrándose de formas impensables, siendo arrastrados por quien les controla en ese momento. El contraste del Aikido nos lleva a una danza frenética, pero silenciosa, acompañada simplemente por las pisadas de los bailarines y sus jadeos.

La obra tiene lugar en un escenario vacío, con unos pocos focos que iluminan los cuerpos de los bailarines de una forma tenue. Los focos forman luces y sombras por todo el escenario, con las que juegan, creando, así, formas abstractas acompañadas con susurros y risas de los intérpretes, posibilitando un espacio onírico perfecto para recrear nuestra relación con los fantasmas que nos rodean.

Fotografia de la obra 'No hay que ser una casa para tener fantasmas'. Imagen cortesia de Prácido Domingo.

Fotografia de la obra ‘No hay que ser una casa para tener fantasmas’. Imagen cortesia de Prácido Domingo.

Prácido Domingo es una compañía teatral gallega compuesta por Belén de Bouzas, Francisco y Diego Martínez, exalumnos de la ESAD de Galicia. Con esta obra consiguieron el primer premio en el certamen Xuventude Crea, organizado por la Xunta de Galicia.

Espacio Inestable cerró la temporada con ‘La femme qui marche’, de Natalia Fernades, una obra que trabaja con la idea del conocimiento a través del cuerpo y la experiencia física como motor del pensamiento. El 4 de Septiembre de 2018 volverán a abrir sus puertas con el Festival Internacional de Teatro y Danza.

Fotografía de los tres actores de la obra: Belén de Bouzas, Francisco y Diego Martínez. Imagen cortesía de la compañía Prácido Domingo

Fotografía de los tres actores de la obra: Belén de Bouzas, Francisco y Diego Martínez. Imagen cortesía de la compañía Prácido Domingo

José Antonio López

20 años dando caña

20 Anys amb Patrícia Pardo
Teatre Micalet
C / Guillem de Castro, 73. Valencia
Del 20 al 24 de septiembre de 2017

Patricia Pardo (Alaquàs, Valencia, 1975) es una cápsula concentrada de teatralidad. Un cóctel de esencias escénicas. Dramaturga, escritora teatral, pedagoga y directora de la compañía que lleva su nombre, se considera clown más que actriz, incluso ahora que la coulrofobia está tan en boga a causa de la película ‘It’. Gracias a una inquebrantable vocación, esfuerzo y tesón lleva dos décadas presente en los escenarios.

Un éxito que bien merece una celebración como la que tiene lugar esta semana en el Teatre Micalet, del 20 al 24 de septiembre:  ’20 anys amb Patrícia Pardo’. Una selección de sus montajes y la presentación del libro ‘Patrícia Pardo. Obra escollida. 1996-2017’, un resumen de su obra teatral, circense y poética ilustrada con cómics, dibujos y collages de Alba Cobo, Esteban Hernández, Po Poy y César Sebastián, que incluye artículos de Isabel Marcillas y Ramon X. Rosselló.

El fandango de Marx, de Patrícia Pardo. Imagen cortesía de la compañía.

El fandango de Marx, de Patrícia Pardo. Imagen cortesía de la compañía.

“He organizado este aniversario con normalidad y mucho ajetreo, como una fase más de mi trabajo, pero con el deseo de visibilizar mi trayectoria, que las mujeres creadoras no debemos escondernos tras cortinas de falsa modestia”, dice Pardo, cuya compañía ha sido recientemente galardonada en el Gothenburg Fringe Festival.

A principios de septiembre viajó a Suecia, donde presentó su montaje ‘Cul Kombat’ en dos de los tres festivales que componen la red Nordic Fringe Network. En el Gothenburg Fringe Festival ganó el Premio Most Mesmerizing Award, mientras que en el Stockholm Fringe Festival fue seleccionado para abrir el certamen.

“Como compañía de teatro independiente que somos, vamos ligeros de equipaje en nuestras giras”, comenta Pardo, “entre dos y cinco intérpretes, según el montaje”. El secreto de la supervivencia está en “vivir plenamente la vocación, una pasión que da sentido a todo. Conformarse con cierta precariedad y cubrir las necesidades básicas manteniendo el equilibrio entre épocas de vacas gordas (las menos) y vacas flacas. El pago que se obtiene es la resistencia. Se consigue vivir dignamente a base de diversificarse en distintas facetas”.

El fandango de Marx, de Patrícia Pardo. Imagen cortesía de la compañía.

El fandango de Marx, de Patrícia Pardo. Imagen cortesía de la compañía.

La semana Pardo se inició el día 20 con la presentación de su libro y de ‘Cos Mortal’, “una selección de escenas incluidas en él que trazan una especie de cartografía de la ciudad combinando su cuerpo social y su cuerpo íntimo, y que constituye un homenaje indirecto a Vicent Andrés-Estelles”, explica Pardo. Serán interpretadas por Rosanna Espinós, Verònica Andrés, Amparo Oltra, Begoña Tena y Pau Gregori bajo la dirección de Eva Zapico, Jaume Pérez y la propia Patrícia Pardo, con música en directo a cargo de Luna y Panorama de los Insectos.

El jueves 21 se pondrá en escena ‘El fandango de Marx’, un canto a la periferia que combina la gestualidad del clown y los malabares y equilibrios circenses con el teatro delirante, salpicado de música tradicional valenciana interpretada por Begoña Tena. Jotas, fandangos, malagueñas, cant d’estil, con participación de la Banda Sinfónica de la Unió Musical d’Alaquàs dirigida por Enric Parreño.

Comissura, de Patrícia Pardo. Imagen cortesía de la compañía.

Comissura, de Patrícia Pardo. Imagen cortesía de la compañía.

El viernes le toca el turno a ‘Comissura’ de gira por todo el mundo desde 2012. Siete números de clown en los que confluyen una trapecista sin bragas, una mujer depilada ahogada en 20 litros de cera y un bocadillo XXL. Junto a Patrícia Pardo, que asume las labores de autoría, dramaturgia y dirección, Roge Magdaleno en el doble papel de guitarrista y excéntrico. Esta representación contará con un intérprete de signos en el escenario para hacer accesible la obra a la comunidad sorda.

La mencionada ‘Cul Kombat’ llegará el sábado al Micalet. Un duelo interpretativo, incluso físico, entre Eva Zapico y Patrícia Pardo que, bajo la apariencia de una función de circo para mayores, reivindica con humor la eliminación de las categorías de género y denuncia la falta de derechos sobre el cuerpo en un mundo en el que la palabra desigualdad cada vez tiene más presencia. Una vez finalizada la representación se llevará a cabo un debate con el público. Un nuevo pase de ‘Cos Mortal’, en esta ocasión acompañado de subtítulos en valenciano, cerrará el domingo 24 de septiembre la semana Pardo.

“Patrícia Pardo es una de las mejores autoras que tenemos en València”, afirma Guadalupe Sáez también dramaturga. “No hay nadie que escriba como ella, nadie que tenga su universo, ni tampoco nadie que consiga transmitir la belleza que existe en lo feo, el humor de lo perverso y la melancolía de lo alegre”. Según la actriz Amparo Oltra, “trabajar con Patrícia Pardo es firmar un compromiso, un matrimonio con la realidad. Una relación íntima con la poética, una exigencia corporal, rigurosa. Una manera de amar el arte, desesperada”, señala Oltra.

Cul Kombat, de Patrícia Pardo, con Eva Zapico. Imagen cortesía de la compañía.

Cul Kombat, de Patrícia Pardo, con Eva Zapico. Imagen cortesía de la compañía.

Bel Carrasco

Elogio de Satori a Tanizaki

‘El elogio de la sombra’, de Junichiro Tanizaki
Satori Ediciones
Colección Clásicos Satori
Prólogo de Yayoi Kawamura
Traducción y epílogo de Javier de Esteban Baquedano

En pleno curso conmemorativo del 130 aniversario del nacimiento del autor tokiota Junichiro Tanizaki y tras la efeméride, el pasado estío, del quincuagésimo de su fallecimiento -en la prefectura de Kanagawa-, el sello gijonés Satori, especializado en cultura y literatura niponas, hace eclosionar de entre el mapa de novedades editoriales la revisitación de uno de los títulos eximios de la letras japonesas, erigiendo la reexaminación en ineludible acontecimiento: ‘El elogio de la sombra’.

Portada de Satori para 'Elogio de la sombra', de Junichiro Tanizaki. Fotografía cortesía de la editorial.

Portada de Satori para ‘Elogio de la sombra’, de Junichiro Tanizaki. Fotografía cortesía de la editorial.

La peculiaridad más eminente de esta singular edición en cartoné reside en su traducción directa del original al castellano, proveniente de la pluma del japonólogo Javier de Esteban Baquedano, quien rubrica lúcidamente el epílogo (sobre el que se hará referencia inexcusable en párrafos ulteriores). En su prólogo, la profesora de Arte de la Universidad de Oviedo y académica de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, Yayoi Kawamura, diserta con precisión acerca de esta excepcionalidad, entendida como progreso: “La madurez de la japonología en España nos brinda una generación muy prometedora de traductores y editores que nos liberan, por fin, de aquellas traducciones realizadas a través del inglés, francés o alemán, para que los lectores puedan acceder, sin el romanticismo de ciertas traducciones, a la sombra de Tanizaki, y para que esa sombra sirva como fuente inagotable de experiencias estéticas para muchos”.

Para aquellos profanos, inquietos por desentrañar qué papel desempeña la sombra en este celebrado texto -escrito en 1933-, baste sentenciar que no sólo asume un rol de obscuridad proyectada por un cuerpo opaco, sino que determina por completo el raquis de la perspectiva asumida por Tanizaki,  para implementar una insólita argumentación estética del costumbrismo nipón -emparentado con lo telúrico-, y fiscalizar la irrefrenable injerencia tecnológica de Occidente, cuyo sentido clínico y refulgente de la armonía pervierte y metamorfosea los espacios de introspección y desnorta la sustantividad pragmática de lo consuetudinario.

En ‘Elogio de la sombra’, Tanizaki reflexiona sobre notables o prosaicos temas, acerca de la arquitectura, la artesanía o los rudimentos domésticos, merodea estancias predeterminadas para el ejercicio social o se inmiscuye en espacios íntimos, refiere conclusiones sobre las artes escénicas, delibera sobre la belleza femenina, cavila sobre la mundología de los fantasmas y apostilla consejos culinarios; todo ello vertebrado por una omnipresencia determinante de la in’ei (sombra), en torno a la que, según el autor nipón, el resto de elementos que reportan morfología a la objetividad se polarizan. Preeminencia esencialista de la in’ei, cuya acepción en el popular diccionario japonés Daijirin -como bien registra Esteban Baquedano en ‘Las sombras (in’ei) y su significado’ (segundo apartado del epílogo)- apunta: “1) Parte oscura, donde no da la luz. Sombra. 2) Peculiar gracia que procede de sutiles variaciones en el color, el sonido o los sentimientos.”.

Tanizaki. Makma

Tanizaki, desde una pretendida posición displicente -”lo que hago no es más que pedir cosas ya imposibles, no es más que refunfuñar”- para con sus coetáneos -subyugados estos a los céfiros occidentales-, perfila su dietario de revelaciones domésticas tras los shojis (paneles correderos de los vanos) no sólo describiendo las insoslayables penurias para construir al más puro estilo japonés, sino aventurándose por territorios inopinados, el evacuatorio, verbigracia: “el chanoma (espacio del té) tiene, ciertamente, su encanto, pero es el retrete japonés lo que está de verdad concebido para solazar el espíritu”, prescribiendo que “estos lugares, como imaginábamos, conviene inundarlos de una luz vagamente penumbrosa, que difumine el límite donde termina la limpieza y empieza la suciedad”.

Se encuentran en ‘Elogio de la sombra’ lúcidas reflexiones que merodean la ucronía tecnológica -”hasta qué punto mostraría nuestra sociedad un aspecto diferente al actual si Oriente hubiera desarrollado una civilización científica propia, por completo independiente de la occidental”-, asociada a conceptos como la física, la química, el átomo, la electricidad, la cinematrografía -cabe señalar su ejercicio de ponderación acerca de cómo la fotografía de un filme asienta diferencias en el modo de registrar el diverso carácter de los países-, los gramófonos, las radios o la música -“lo que hacemos es distorsionar nuestras artes para adaptarlas a estos aparatos y no a la inversa”-.

Tanizaki se complace, además, de contemplar la turbiedad de los rudimentos domésticos, los objetos no bruñidos, que dejan de resplandecer, encomia la pátina del tiempo, el sólido “lustre de las cosas manoseadas”, el shutaku (brillo de manos) -”la elegancia es roñosa (…) esa forma de elegancia que tanto nos gusta lleva en sí algo en cierta medida sucio, poco higiénico. Frente a los occidentales, dispuestos siempre a exponer a la luz la mugre y eliminarla de raíz, los orientales la atesoramos, la idealizamos en sí misma (…) y la fatalidad nos lleva a amar las cosas que portan esa mugre humana”-.

Tanizaki. Makma

Amén de merodear el tokonoma -“espacio que llega del suelo al techo y tiene algunos decímetros de fondo. (…) A veces se presenta en Occidente como espacio sagrado” (n. del t.)- y otros territorios de lo doméstico, así como las bondades estéticas del metal dorado -”el hombre moderno vive en casas bien iluminadas y nada sabe de esta belleza del oro”-, el escritor japonés se prodiga en asentar una claridivente comparativa de las mírificas artes escénicas del teatro del Noh (drama lírico) -”la oscuridad que rodea al Noh y la belleza que de ella nace forman un peculiar mundo de sombras que solo es posible encontrar en un escenario”- y del kabuki (drama estilizado) -”el escenario del kabuki es un mundo absolutamente falso, no relacionado con nuestra belleza natural. (…) Todo ello se debe a la excesiva claridad”-.

Erigido en sencillo diagrama de una parte de la cosmogonía nipona, una de las razones que pueden argüirse para justificar el refrendo popular y la pervivencia contumaz del ensayo de Tanizki es perfilada por Esteban Baquedano en su colofón: “(…) ‘El elogio de la sombra’ no resulta tan escueto como habría podido serlo si el autor no lo hubiera mechado, por muy literarias razones, con anécdotas, digresiones e incisos rayanos en lo ocioso”, para concluir que “esos kilos de más que adornan su talle parecen cumplir la función de lastrar las reflexiones de Tanizaki para mantenerlas a ras de lo cotidiano, de lo prosaico. (…) Y no habrá que entender como una paradoja que pasados más de ochenta años desde que vio la luz (…) este atípico ejercicio intelectual (…) haya conservado su sentido y oportunidad”.

“¿Por qué será que solo los orientales tenemos una marcada tendencia a buscar, de esta manera, la belleza dentro de la oscuridad?”

Jose Ramón Alarcón

Cicuta demócrata para paladares socráticos

Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano
Coproducción de Teatre Romea, Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Grec 2015
Teatro Olympia
San Vicente Mártir 44, Valencia
Hasta el domingo 15 de noviembre

En pleno ejercicio de conmemoración de su centuria, el Teatro Olympia -otrora teatro de ópera y sala de exhibición cinematográfica, ambigú de referencia marmolada en los sótanos y más de medio siglo bajo la gestión de la familia Fayos- acoge durante el presente fin de semana una de las giras teatrales más esperadas por provincias, al calor protagónico del conspicuo molletense Josep María Pou y la regencia escénica de una voz ilustre tras las bambalinas como Mario Gas, ‘Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano’.

El elenco de la obra a las puertas del Teatro Olympia, tras la rueda de prensa. Fotografía: Merche Medina.

El elenco de la obra a las puertas del Teatro Olympia, tras la rueda de prensa. Fotografía: Merche Medina.

Gran parte de cuanto aditamenta de partida esta coproducción se antoja atractivo. A saber: recuperar para los escenarios la diluida figura del mayéutico Sócrates de Atenas -distante en el tiempo el ‘Sócrates’ cubista del ceremonioso Marsillach, bajo la dirección de Enrique Llovet en 1972-, para asentar un ejercicio reflexivo sobre el legado moral de su conducta (emparentado con la razón vertebral de su naturaleza filosófica) y ajusticiamiento a manos del Estado ateniense; la batuta de Gas, las riendas interpretativas de Pou y el complemento de aplaudidas segundas voces, como son Amparo Pamplona, Carles Canut y Pep Molina.

El texto de la obra -rubricado a manos del director y del también actor Alberto Iglesias- se gesta inspirado en las ‘apologías socráticas’ legadas por Platón y el ágil e impreciso historiador Jenofonte, en las que se ofrece una versión del alegato de defensa de Sócrates frente a los tribunales atenienses, acusado de impiedad por razones de escepticismo respecto de los dioses de la polis, así como de corromper intelectual y pedagógicamente la moral de la juventud, distanciándola de los vigorosos fundamentos de la democracia ateniense. La obra permite, de este modo, procurar un incisivo escenario de iniquidad consanguíneo del convulso horizonte coetáneo del espectador, henchido de atribuladas y viles corruptelas semejantes morfológicamente a cuantas trufaban las entrañas ocultas y las asaduras viscerales de la democracia y la ciudadanía en la Antigua Grecia.

Josep María Pou (Sócrates) y Carles Canut (Critón) durante un instante de la representación. Imagen cortesía de la compañía.

Josep María Pou (Sócrates) y Carles Canut (Critón) durante un instante de la representación. Imagen cortesía de la compañía.

Planteado el corpus de la obra, resta la compleja y decisiva tarea de convertir sus fundamentos en texto dramático, territorio en el que se adivinan ciertas ortopedias prosódicas, carestías de ritmo y dificultad para trasladar al público los preceptos elementales del pensamiento socrático (cuestión esencial para comprender los cimientos del juicio), no tanto por la complejidad del discurso -cuestión ineludible que debe agradecerse- sino en lo que respecta a la integración de la prédica en la materialización del diálogo sin que éste parezca, más bien, una sucesión de soliloquios como réplica.

Mario Gas, conducido por diversos principios del distanciamiento brecthiano, emplea un par de recursos de anacronismo durante el proemio y el colofón de la obra con cuestionable resultado (relacionado con el empleo de los dispositivos móviles de los espectadores), aunque acierta al desproveer a ‘Socrates, juicio y muerte de un ciudadano’ de una carga emotiva que transformaría en cuita lo que debe ser en todo momento ironía socrática -embrión de su metodología dialéctica-, en pro de suscitar las cavilaciones de la platea. Resta descubrir el motivo por el que Gas, Iglesias o la propia Amparo Pamplona transforman a Jantipa -esposa de Sócrates- en una rústica mujer de maneras oprobiosas, tendiendo en cuenta su noble abolengo (la insolencia y el desprecio no deben ser entendidos como análogos de la simpleza).

Sea encomiable el intrincado propósito de hacer gira de escenarios de la mano de un icono de la filosofía clásica y excelso personaje de los manuales de la historia del filosofía occidental (ocasión práctica para adolescentes instruidos y profesores que se precien de serlo).

Josep María Pou durante un instante de 'Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano'. Imagen cortesía de la compañía.

Josep María Pou durante un instante de ‘Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano’. Imagen cortesía de la compañía.

Jose Ramón Alarcón

 

Estreno en Valencia de Globe Story

Globe Story, de Jorge Padín
Produce: El Perro Azul (La Rioja)
Sala Russafa
C / Dènia, 55. Valencia
Sábado 25 (20.30h) y domingo 26 de abril (19.00h).

Esta semana, Sala Russafa acoge el estreno en la Comunitat Valenciana de ‘Globe Story’, un sorprendente homenaje al cine mudo que tiñe de color sepia el escenario y al que acompaña la música creada por la pianista Elena Aranoa para contar con ternura y mucho humor una historia de amor sencilla, alejada de artificios, que navega entre las emociones de lo cotidiano.

Esta propuesta de la compañía riojana El Perro Azul comienza en el instante en que surge el flechazo al conocerse Greta y Max. A partir de entonces, el espectador asiste en primera persona a los momentos más importantes de su vida en común: se casan, se van en crucero de luna de miel, tienen un hermoso bebé, bailan, ríen, lloran… Y todo ello sin una sola palabra, pero con una rítmica y pegadiza melodía de piano que se convertirá en la banda sonora de sus vidas.

Imagen de Globe Story, de Jorge Padín, producción de El Perro Azul. Sala Russafa.

Imagen de Globe Story, de Jorge Padín, producción de El Perro Azul. Cortesía Sala Russafa.

Echando mano de una cuidada estética ambientada en los principios del siglo XX y de un impactante lenguaje gestual, sello de la compañía riojana, la puesta en escena es capaz de emocionar y hacer reír a carcajadas a espectadores de todas las edades.

Jorge Padín escribe y dirige esta pieza llena de creatividad, en la que con dos escaleras, un baúl y un montón de globos, los actores Gema Viguera y Fernando Moreno transportan al espectador a playas, océanos, montañas y jardines para vivir la emoción, la diversión y la aventura que supone enamorarse (y mantenerse enamorado).

Escena de Globe Story, de El Perro Azul. Sala Russafa

Imagen de Globe Story, de El Perro Azul, dirigida por Jorge Padín. Cortesía Sala Russafa.