La cara oculta de la fuerza femenina

Y llegas a perforarme en el blanco de mi sed, de Paula Bonet
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 4 de junio de 2016

Paula Bonet (Villa-Real, 1980) ha alcanzado la meta con la que sueña todo joven artista. Un objetivo que va más allá del triunfo y la fama. Acuñar un estilo propio que la define y la  identifica en medio de la vorágine que es hoy el arte y que, además, conecta con la sensibilidad artística imperante. Afincada en Barcelona desde hace un par de años, la artista pasó por Valencia para presentar en la Galería Pepita Lumier una exposición muy especial. ‘Y llegas a perforarme en el blanco de mi sed’ es el título poético y excesivo de esta muestra que reúne 11 óleos, 24 grabados y 30 dibujos que se podrán ver hasta el 4 de junio. Se trata de un adelanto del próximo proyecto de Bonet, el libro ilustrado La Sed, que publicará Lunwerg en octubre 2016. El texto reúne un coro de  voces de varias poetas y escritoras presididas por la dramática figura de Anne Sexton que se suicidó en 1974.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

“Lo que más me fascinó de ella es el hecho de que tratara con tanta crudeza y sin ningún tipo de censura temas dolorosos de la experiencia de ser mujer que siempre habían sido considerados tabú”, dice Bonet. “También que utilizara la autobiografía para este fin, con total libertad, sin tapujos. Me fascinó el uso que hace de la literatura para entenderse a sí misma, cómo a través de ésta conseguía encontrar cierta serenidad y alivio en el drama en el que le tocó vivir”.

Poeta suicida

Junto a su amiga Sylvia Plath, Clarice Lispector o Virginia Woolf, Sexton pertenece a la estirpe de las autoras marcadas por un sino fatal y tendencias autodestructivas. Lo tenía aparentemente todo. Belleza, talento, éxito, dos hijas, pero algo  en su interior le impedía disfrutarlo felizmente. El 4 de octubre de 1974 se puso un abrigo de pieles que heredó de su madre y, después de beberse un par de vodkas, se encerró en su garaje y puso en marcha el motor de su Cougar rojo.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

“Sexton es una de las autoras que siento como refugio, que me ayudan a entenderme y a aceptarme”, añade Bonet. “Y es una de las voces que intenta contener el personaje principal del proyecto editorial en el que estoy trabajando, La Sed. Para reflejar su angustioso universo lo que he hecho es buscar los lugares comunes, aquellos en los que me siento retratada a través de su trabajo. Una vez localizados he intentado ser tan sincera en mis imágenes como lo fue ella en sus textos”.

‘El problema está/ en que dejé helarse a mis gestos./ El problema no estaba/ en la cocina o en los tulipanes/ sino sólo en mi cabeza/ mi cabeza.’ Es uno de los poemas de Sexton que aparecen en la exposición orlado de dibujos de pájaros muertos o agonizantes, almejas fuera de temporada, lenguas humanas. “Las que presento son imágenes dibujadas con puntas de acero”, escribe la artista. “Grabadas a golpe de baño de ácido. Estampadas sobre el papel a fuerza de ser reventadas contra el tórculo”.

Domina lo sombrío, tétrico y oscuro, apenas unas cuantas pinceladas de color, ella que era tan amante del rojo. Pero asegura que no refleja un estado de ánimo depresivo, ni se trata de un punto de inflexión en su obra. “Siento una armonía y una plenitud que nunca había experimentado hasta ahora”, afirma rotunda.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Tiene motivos sobrados para sentirse satisfecha. Y uno de ellos es su estancia en Barcelona. “Allí  he encontrado una serenidad y calma que no había disfrutado antes. Es un lugar perfecto para la creación. Desde que llegué me vi participando de un clima sano en el que el respeto por el trabajo ajeno, la suma de fuerzas entre creativos de distintos ámbitos y las ganas por seguir y por construir me hicieron sentir muy cómoda. Es un lugar perfecto desde el que continuar cuestionándose y continuar trabajando”.

Licenciada en Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia, Bonet amplió su formación en Santiago de Chile, Nueva York y  Urbino. Comenzó su carrera centrándose en el óleo y el grabado y, a partir de 2009, decidió dedicarse a la ilustración. Sus retratos de mujeres, de los que ella misma ha sido modelo algunas veces, expresan una atinada combinación de fragilidad y fortaleza femenina que conecta con el sentir de las jóvenes de hoy. Practica un tipo de ilustración aparentemente sencilla de líneas limpias y tintas de color sólo en algunos puntos de la imagen en blanco y negro. Como ella mismo ha dicho en varias entrevistas, es un concepto de dibujo “muy íntimo”.

Su primer trabajo como autora, ‘Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End’ es un libro muy personal acerca de las cosas o situaciones que se acaban en el momento que menos se espera  destrozando los planes presentes y futuros. El duelo y el dolor por esa situación ilustrado con delicadeza y realismo en la misma proporción. También ilustró ‘La petita Amèlia es fa gran’ (La pequeña Amelia se hace mayor), un relato infantil de Elisenda Roca.

Paula Bonet. Fotografía de Noemí Elías.

Paula Bonet. Fotografía de Noemí Elías.

Bel Carrasco

El poder de la sombra de María José Moreno

Presentación libro ‘El poder de la sombra’
Editorial Versátil, María José Moreno
Librería Soriano
C/ Játiva, 15. Valencia
Jueves 12 de mayo 2016, a las 19.30h

El jueves 12 de mayo se presenta en la Librería Soriano la segunda entrega de la serie de libros ‘La Trilogía del Mal’, titulada ‘El poder de la sombra’. La autora es María José Moreno profesora de la Universidad de Córdoba que atiende a pacientes en su consulta psiquiátrica desde hace más de 30 años. Desde la ficción, María José Moreno aborda el asunto de los abusos sexuales a menores en el ámbito familiar. La tercera entrega de esta serie, ‘La fuerza de Eros’, se publica el 19 de septiembre.

Imagen del booktrailer de 'El poder de la sombra', de María José Moreno.

Imagen del booktrailer de ‘El poder de la sombra’, de María José Moreno.

Sinopsis del libro

‘El poder de la sombra’ es un thriller vertiginoso. La psicóloga Mercedes Lozano solo tiene 15 días para averiguar qué esconde la mente de Rosa María Luque, que se enfrenta a una doble acusación por asesinato y, aunque se cree inocente, tiene una defensa legal muy complicada: su ADN está en las escenas del crimen y ella no recuerda absolutamente nada.

Varios asesinatos con idéntico modus operandi señalan como sospechosa a Rosa María Luque, novia de un reputado político, famosa escultora y heredera de una familia muy conocida Córdoba. Aunque mantiene su inocencia con absoluta convicción, todas las pruebas recaen sobre ella y su hermetismo psicológico no es de gran ayuda.

¿Es cierto o fingido?¿Puede una mente aferrarse al vacío estando al borde de la cor- dura?¿Puede la mente olvidarse del ayer, vivir el hoy y no prever el mañana?

Rosa, acarrea un pasado bastante turbulento y lleno de mentiras e incógnitas. Su mente es un puzle incompleto, desordenado y al que faltan fragmentos de suma importancia. Tan solo recuerda tres palabras que aparentemente no tienen ningún sentido entre sí.

Su amnesia, su angustia y su inestabilidad emocional complican su defensa en el in- minente juicio por lo que su abogado defensor, Felipe Castilla, contrata los servicios de Mercedes Lozano, psicoterapeuta interpersonal, y Miguel Vergara, psiquiatra, con la intención de demostrar la inocencia de su cliente o su falta de cordura. Ante ellos se presenta la difícil tarea de reconstruir su pasado, para entender el presente y solventar el futuro de Rosa.

Portada del libro 'El poder de la sombra'. Imagen cortesía de la organización.

Portada del libro ‘El poder de la sombra’. Imagen cortesía de la organización.

¿Somos todos hombres grises?

El hombre gris, de Cayetano Ferrández
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

“Todos somos hombres grises. Yo, el primero”. Cayetano Ferrández trabaja en la banca (“ahora tan mal vista”), donde asume una labor “monótona, aburrida”. He ahí el hombre gris al que alude de múltiples formas y maneras en su exposición en el Centro del Carmen, titulada, cómo no, ‘El hombre gris’. Pero resulta que ese hombre gris sale de su trabajo, se quita el anodino traje que le angustia por dentro, y se lanza a reproducir como un poseso la serie de figuras, convertidas en personajes de desgarradas historias, que al modo de “madelmans tuneados” le ayudan a quitarse tanto pesar de encima.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen de Valencia. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen de Valencia. Imagen cortesía del autor.

Todo ese existencialismo gris, comisariado por José Luis Pérez Pont, se muestra entre penumbras, para que la escasa luz revele aspectos esenciales de esa angustia que palpita en cada una de las obras de Ferrández. “Reflejo mi forma de entender la vida”. Y la entiende gris, porque ya sea el poder (y señala su figura ecuestre) o el dinero (en forma de dólar que estrangula a uno de sus personajes) así nos lo hacen saber. “Pongo el acento en las personas que nos manejan y nos utilizan”. También lo pone en el “engranaje social al que nos vemos abocados”.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

Y de esos hombres grises está repleta una de las salas del Centro del Carmen, ya sea arrastrando pesadas carretillas, caminando sobre cabezas, congelados, como marionetas o presos de la propia mente. Figuras convertidas en personajes que le sirven a Ferrández “para contar historias”. Historias que Pérez Pont relacionó con la sociedad de consumo, la crisis y el poder, y que el artista extendió “a la totalidad de la civilización y la gente”.

El existencialismo de Cayetano Ferrández se nutre de ese “sistema social que nos oprime unos a otros”. Pero también del Freud que señala al propio sujeto como enemigo de la civilización, en tanto habitado por una pulsión de muerte autodestructiva. Energía que prolifera en la sociedad de Internet. “Hay tantas voces y tanto murmullo que ya no sabes lo que está bien y lo que está mal”, reduciéndolo todo “a una especie de sordera”.

El hombre gris, de Cayetano  Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

‘El hombre gris’ aparece replicado en el Centro del Carmen metamorfoseado en las múltiples caras kafkianas del tedio y la violencia, haz y envés de esa triste grisura. Fotografías, esculturas y videos que sirven al artista para enjugar su angustia y, de paso, conectar con la del espectador. “Si la exposición conmueve, entonces la comunicación es perfecta”. Y conmueve. Conmueven esas figuras que juegan a las sillas, a competir, a martirizarse unos a otros, a doblegarse por el peso de un poder inmisericorde.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

¿Le queda alguna salida al hombre gris? ¿Alguna salida que no sea asistir impávido a su propia esclavitud, antaño forzada y hoy enteramente asumida por el narcótico del consumismo? “Ser consciente de ello ya es suficiente”, subraya el autor de tanta figura gris. Y añade: “Lo que es un impedimento puede ser también lo que te impulsa”. La figura del ‘cucurucho volador’, hombre que parece precipitarse al vacío con un gran helado a su espalda, sería ese signo esperanzador, “de lucha por salir de la situación”. Frente al horror, la ilusión por toda mochila.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Laura Iniesta, apego a la tierra

Mujer Tierra, de Laura Iniesta
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 31 de marzo, 2015

‘Mujer Tierra’. He ahí el binomio que Laura Iniesta trabaja en su última exposición, así mismo titulada, en la galería Alba Cabrera. Diríase que la artista catalana, dejándose llevar del carácter conflictivo que encierra todo buen texto artístico, utilizara las 21 piezas que integran la muestra para interrogarse acerca de esa conexión entre la mujer y la tierra. Porque haberlas haylas. De hecho, se suele hablar de la madre tierra, en femenino, al igual que del cuerpo femenino como recinto primordial del origen de vida en esa tierra.

Laura Iniesta en la presentación de 'Mujer Tierra'. Cortesía de galería Alba Cabrera.

Laura Iniesta en la presentación de ‘Mujer Tierra’. Cortesía de galería Alba Cabrera.

En este sentido, por si hiciera falta alguna justificación, la obra más reciente de Laura Iniesta transita por esos derroteros. Derroteros, en todo caso, nada extraños para una artista que lleva tiempo interrogándose en su trabajo por esa materia que, en mayor o menor medida, nos conmueve por igual a hombres y mujeres. Materia de la que Shakespeare anunció que estábamos hechos a semejanza de los sueños y, sin duda, de no pocas pesadillas. Se entiende, pues, el interés de Iniesta por explorar esa materia, haciendo tangible en su obra las múltiples contradicciones que nos asolan.

Obra de Laura Iniesta en la exposición 'Mujer Tierra'. Galería Alba Cabrera.

Obra de Laura Iniesta en la exposición ‘Mujer Tierra’. Galería Alba Cabrera.

Las evocaciones a la luna, el sol, la mar y el terreno que pisamos son frecuentes en ‘Mujer Tierra’. Están ahí a modo de fuerzas telúricas cuyo influjo atrae y espanta, ya sea por el sentimiento oceánico de intensa armonía que a veces producen o por su signo contrario: la de remover cierta angustia derivada de su excesiva potencia. Laura Iniesta lo sabe. Sabe que encontrar un equilibrio en medio de ese torbellino de formas, colores y temperaturas que nos envuelven no es tarea fácil. De hecho, una de sus obras, ‘Equilibrio en blanco con la luna’, ya dice a las claras ese esfuerzo por contener el poderoso influjo lunar tras un laborioso esfuerzo creativo.

Como apunta Jesús González Requena, en ‘El texto y el abismo’, un artista es, después de todo, “alguien que necesita desesperadamente crear formas para sobrevivir y eso tiene que ver con que vive muy cerca del caos”. A Laura Iniesta le atraen poderosamente las fuerzas naturales del sol, la luna, los mares y los vastos territorios, como por ejemplo África o la isla griega de Milos. Y atraída por esa fuerza que le conmueve, en tanto se halla rodeada e incluso empapada de todo ello, se mete en su estudio para tratar de contener en su obra lo que previamente le anonada.

Obra de Laura Iniesta en la exposición 'Mujer Tierra'. Galería Alba Cabrera.

Obra de Laura Iniesta en la exposición ‘Mujer Tierra’. Galería Alba Cabrera.

Decimos contener en el doble sentido de dotar de contenido aquello que tan fuertemente le motiva y de contenerlo, esto es, darle un sentido a lo que tiende a desbordarse. Y Laura Iniesta lo logra en su obra equilibrando formas y colores, y propiciando la emergencia de texturas tras las que se adivinan tenues grafismos al modo de restos arqueológicos. Hay ocres, grises, blancos y negros, pero también azules, amarillos y un rojo menos apabullante que en su anterior trabajo mostrado en Alba Cabrera (‘De puño y letra’). Colores que pretenden reflejar, sabiamente dispuestos, la geología de cierta memoria.

‘Mujer Tierra’. He ahí el binomio con el que Laura Iniesta trabaja, interrogándose por su condición femenina asociada a esa tierra y sus elementos naturales. Ninguna biología de por medio. Tan sólo el afán de comprender, disponiendo esa materia de la que están hechos los sueños, las tensiones que nos habitan.

Obra de Laura Iniesta en la exposición 'Mujer Tierra'. Galería Alba Cabrera.

Obra de Laura Iniesta en la exposición ‘Mujer Tierra’. Galería Alba Cabrera.

Salva Torres

Timbuktu y la dignidad humana

Película: Timbuktu.

Director: Abderrahmane Sissako.

Resulta muy, muy, muy reconfortante que entre tanta bazofia cinéfila americana que impera entre los estrenos aparezcan films de la talla de “TIMBUKTU” que se apartan de lo ordinario. Supongo, intuyo, que no durará mucho en la cartelera, esta clase de pelis no son demandadas por una mayoría de público entregado a causas más mediocres o comerciales aunque cierto es que juega a su favor el que haya sido nominada para los Oscars como mejor película extranjera de lengua no inglesa y, sobre todo, estrenada en unos tiempos en los que existe cierta sensibilidad sobre el tema que gira alrededor de la misma.

De su director, el mauritano Abderrahmane Sissako, conocía de oídas la existencia de su anterior film “Bamako” y poco más. En “Timbuktu” lo primero que se ha de tener en cuenta es que está basada en hechos reales que acaecieron en esa ciudad de Mali a lo largo del 2012. Después toca situarnos y para ello hay que hacerlo cerca del río Níger, con palpable proximidad al desierto del Sahara, entre tormentas de arena y entre poblaciones nómadas bereberes y árabes. Mención especial para una magnífica fotografía o para esos brotes de música étnica que tanto ayudan a ubicarnos en el lugar de los hechos.

- TIMBUKTU - makma 1

La primera escena, tan importante en el desenlace, sobre la persecución de un cervatillo al que se le intenta cazar por acoso y cansancio hace presumir que las imágenes y secuencias van a poseer una expresión artística, digamos, sensible y, en cierto modo, poética.

A partir de ahí se desarrolla una película que circula entre el integrismo musulmán y la dignidad humana, entre creencias, dependencias u obediencias religiosas o culturales y deseos más mundanos o profanos que se alejan de esos principios. Si te dicen que estás obligado a llevar calcetines, a llevar guantes, que no puedes fumar, que no puedes escuchar música, que no puedes jugar al fútbol, que no puedes, que no puedes, que no puedes, que no puedes… Visto desde la cultura y sociedad occidental suena bastante inconcebible y resulta difícil ponerse en el pellejo de seres tan humanos como cualquiera de otra latitud.

- TIMBUKTU - makma 3

Hay escenas tremendamente impactantes para cualquier espectador con un mínimo de impresionabilidad o susceptibilidad, como por ejemplo los niños jugando a fútbol sin balón, las lapidaciones con entierros hasta la cabeza, los azotes,… Ellas conviven en la trama argumental con situaciones cotidianas de un lugar que resulta una encrucijada cultural de diversos pueblos, de diversos idiomas. Los rostros, tan valiosos y trascendentales en esta película, se suceden como contrastes que reflejan angustia, indecisión, inquietud, ternura,…

Son muchas más cosas las que se pueden extraer, y muchas más las que habré omitido. Cualquiera de las teorías sobre el origen etimológico del nombre de una ciudad como Timbuktu puede hallarse entre las secuencias de la misma, desde la honradez de la mujer a un lugar lejano entre dunas. Por otra parte resulta interesantísimo el modo en que se humaniza a los radicales guerrilleros islamistas por las dudas y las resistencias que en privado realizan sobre las prohibiciones. Ah, y si atendemos a la traducción literal de su titulo original en francés “Le chagrin des oiseaux” tiene mucho significado ese dolor, esa pena de las aves de corral.

- TIMBUKTU - makma 2

La justicia, la igualdad, la libertad, la irracionalidad, la realidad, la pasión, la desesperación, la humanidad,…, entre algo de comedia y bastante drama hay demasiadas cosas atractivas para no dejar de recomendar este peliculón valiente y comprometido que contiene un final muy duro, demasiado duro, tanto como puede ser la vida.

JJ Mestre

 * Publicado también en Espacio Woody/Jagger

Cherry Pie, a la deriva

Cherry Pie, de Lorenz Merz
Sección oficial de largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

Si Violet, de Bas Devos, nos mostraba el grado de melancolía de un quinceañero abatido por la muerte de un amigo, Cherry Pie, de Lorenz Merz, lleva esa melancolía al extremo. En la primera, la angustia no alcanza el paroxismo porque el joven, aunque a duras penas, siente cierta compañía. Nada de eso le sucede a Zoé (Lolita Chammah), que arranca la película huyendo crispada de un apartamento y su trayecto hacia ningún lugar lo hará en la más absoluta soledad. Ambos directores plasman esa melancolía mediante planos de interiores, paisajes y lugares prácticamente vacíos, fruto del ensimismamiento de sus protagonistas, pero Merz lleva esa poética del alma herida al más hondo desgarro emocional.

Fotograma de la película 'Cherry Pie', de Lorenz Merz. Cinema Jove.

Fotograma de la película ‘Cherry Pie’, de Lorenz Merz. Cinema Jove.

“Yo soy este lugar”, escuchamos decir a Zoé. También: “Soy una niña que aún no ha nacido”. Zoé, en su huida crispada, se siente parte del paisaje, porque en el fondo ansía alcanzar, aunque se tome su tiempo, ese vacío existencial que antecede al nacimiento y prolonga definitivamente la muerte. De eso, he ahí la angustia, sabemos igualmente en vida; en esos instantes de impotencia que suelen ir acompañados del sinsentido del lenguaje. Por eso Zoé llega a decir: “Lo que oigo no es lo que oigo”. Las palabras que escucha dejan de tener sentido.

Lorenz Merz acompaña a la protagonista de su película en ese trayecto a la deriva. Se pega a ella, para mostrarnos su crispación, abandono, rabia y apatía, mediante inquietos movimientos de cámara y una mirada enfocada toda ella a ilustrar el sinsentido del viaje hacia ninguna parte emprendido por Zoé. Hay momentos en los que no sabemos si la joven está viva o muerta, lanzando pensamientos deshilvanados que parecen proceder de una criatura venida del más allá. En el fondo se trata de eso: de hacernos ver lo que siente alguien que, sin estarlo, vaga como el muerto que ya prácticamente es.

Lolita Chammah en un fotograma de 'Cherry Pie', de Lorenz Merz. Cinema Jove.

Lolita Chammah en un fotograma de ‘Cherry Pie’, de Lorenz Merz. Cinema Jove.

Tampoco la realidad con la que se va encontrando Zoé ayuda a despejar la incógnita del por qué de su deriva. O sí. Cuando la joven entra de noche en una casa, para sentarse sigilosa junto a un matrimonio que ve la tele sin percatarse de su presencia, sentimos que los fantasmas están por todas partes; que el mundo de los vivos está sospechosamente dormido, alienado, cariacontecido. Lorenz Merz se limita a levantar acta de esa defunción con su cámara, dejando que sea esa cámara la auténtica protagonista de una historia sin relato posible.

Zoé irá de aquí para allá, usurpando incluso el lugar de una mujer desaparecida, dejando que el aire, como a una hoja, la lleve de un sitio a otro. No espera nada de la vida, máxime cuando ésta sólo le va mostrando personajes a los que poco parece importarles esa vida. Personajes abúlicos, suicidas, derrotados, violentos. Sólo el pastel de cerezas (cherry pie) al que alude el título de la película, parece ofrecer cierta tregua en ese trayecto desencantado.

Lo demás es una concatenación de imágenes que, como los pensamientos sueltos y amargos de Zoé, muestran el desgarro existencial de una mujer sin punto de retorno. No hay hogar, ni siquiera casa a la que regresar, porque un tal Toma (al que nunca veremos) ya le advirtió al dejarle que su puerta se cerraba para siempre. A la deriva, sintiendo la intemperie en su cuerpo, Zoé dejará que la cámara de Lorenz Merz la explore en su extrema melancolía.

Lolita Chammah en un fotograma de la película 'Cherry Pie', de Lorenz Merz. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Lolita Chammah en un fotograma de la película ‘Cherry Pie’, de Lorenz Merz. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres

Pablo Bellot: estudio de mancha negra

No sé qué pasa que lo veo todo negro, de Pablo Bellot
Casa Bardín
C / San Fernando, 44. Alicante
Hasta el 30 de junio
Actividades
27 de mayo: visita guiada
10 de junio: encuentro con el artista y la comisaria de la muestra
17 de junio: visita guiada

El Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, junto el programa Arte en la Casa Bardín, iniciativa que pretende conocer y acercar las artes visuales los martes en la ciudad de Alicante, presentan la obra de Pablo Bellot (Alicante, 1976), una exposición individual que reúne su serie de tránsito entre el Mini yo y los nuevos proyectos titulada ‘No sé que pasa que lo veo todo negro’, un estudio sobre la mancha negra, sus percepciones y sus descomposiciones que nos transportan a un mundo de reminiscencias barrocas y goyescas, donde lo gore es perceptible a través de unas manos y de unos ojos camuflados por la violencia gráfica de la escena.

El mundo mínimal de Pablo Bellot, mucho más minimalista que sus Mini-yo anteriores, se reduce a la expresión única del negro, color que representa lo antivisual (1). Pero no por ello este color deja de ser un color expresivo, porque gracias a lo que intuimos frente a las imágenes, vislumbramos un mundo que nos sitúa en un espacio determinado y ante una acción concreta que permite la posibilidad de reconocer un cuerpo.

Obras de Pablo Bellot, en la exposición 'No sé qué pasa que lo veo todo negro'. Imagen cortesía de la comisaria Irene Ballester.

Obras de Pablo Bellot, en la exposición ‘No sé qué pasa que lo veo todo negro’. Imagen cortesía de la comisaria Irene Ballester.

La negación nihilista, la cual reside en la base de su trabajo, nos adentra en un itinerario cuya línea de la vida es el vehículo expresivo a través del cual se representa el caos y con ello la complejidad, una línea de la vida que por otra parte alberga sus seres deformes insertos en una crisis global, negra, al igual que nuestro futuro.

Estas formas oscuras, por otra parte, nos acercan al concepto freudiano de lo siniestro como experiencia abrumadora de lo desproporcionado. Generan atracción y repulsión, a la vez que miedo y familiaridad, comodidad e incomodidad, porque lo monstruoso, como apunta Pablo Bellot, también es real, también nos es familiar, y por ello nos perturba y nos angustia.

Obra de Pablo Bellot, en la exposición 'No sé qué pasa que lo veo todo negro'. Imagen cortesía de la comisaria Irene Ballester.

Obra de Pablo Bellot, en la exposición ‘No sé qué pasa que lo veo todo negro’. Imagen cortesía de la comisaria Irene Ballester.

Sus manchas negras son historias que se están narrando dentro de un contexto complejo, pero no por ello dejando de ser chistoso, pues su guiño al metalenguaje yeyé de los años sesenta desdramatiza la realidad llena de violencias y de injusticias.

De ahí su objetivo de rodear con una línea negra el interior del espacio que sus trabajos habitan en la casa de arte Bardín, los cuales, a pesar de estar colocados en un orden cronológico, nos invitan a una reflexión dentro de una obra en la que el título ha desaparecido para dar paso sólo a las manchas numeradas, generando de esta manera un estudio más racional, donde la continuidad negra genere un proceso de creación pseudoanárquico cuyo resultado desemboque en un proyecto vivo y mutante.

(1) Hernández-Navarro, Miguel Á: “El arte contemporáneo entre la experiencia, lo antivisual y lo siniestro”, Observaciones filosóficas, nº 3, 2006 http://www.observacionesfilosoficas.net/elartecontemporaneo.html 16-4-2014

Obras de Pablo Bellot, en la exposición 'No sé qué pasa que lo veo todo negro' en Casa Bardín. Imagen cortesía de la comisaría Irene Ballester.

Obras de Pablo Bellot, en la exposición ‘No sé qué pasa que lo veo todo negro’ en Casa Bardín. Imagen cortesía de la comisaría Irene Ballester.

Irene Ballester Buigues

 

“Quiero que el público sienta a Nora”

Casa de muñecas, de Henrik Ibsen, bajo la dirección de Ximo Flores
Versión y adaptación: Jerónimo Cornelles y Ximo Flores
Intérpretes: Rebeca Valls, Jerónimo Cornelles, Teresa Crespo, Albert Forner, Miquel Mars y María Minaya
Teatro Rialto
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Estreno: Viernes 18 de octubre, a las 20.30h
Hasta el 10 de noviembre

Un café cerca del Teatro Rialto nos acompaña a la valenciana Rebeca Valls y a mí cuando hablamos  de su último trabajo. Tras una temporada encima de las tablas madrileñas, la actriz vuelve a su tierra natal para interpretar uno de los papeles más importantes de su carrera, o al menos eso afirma ella. Rebeca Valls dará vida a Nora Helmer, protagonista de la obra teatral Casa de muñecas escrita por el dramaturgo Henrik Ibsen, que cambió el teatro y su contenido. El trabajo más famoso y reconocido de Ibsen es precisamente éste que desde un primer momento negó que fuese feminista, a pesar de que muchos críticos lo considerasen así, algo que vuelve a recalcar Rebeca Valls, que afirma sentirse orgullosa de interpretar a este personaje y que para ella ha sido todo un reto.

Rebeca Valls, frente al cartel de Casa de Muñecas

Rebeca Valls, frente al cartel de Casa de Muñecas. Foto: Laura Alfaro

¿Qué significa para ti interpretar a Nora Helmer, uno de los iconos del teatro?

Hay un paralelismo entre Nora y yo. El secreto de Nora es su miedo y su orgullo para ella misma y es casi lo mismo que sentí yo cuando me ofrecieron el papel. Por un lado es la oportunidad de mi vida, porque es una suerte que a una actriz de mi edad le den este personaje y, a la vez, está el miedo porque hay que hacerlo bien y meterse en el mundo de Nora y en el de los Helmer.

¿Cuál es el mundo de los Helmer?

Me refiero al mundo de Henrik Ibsen, aunque no es el mismo que hemos planteado nosotros que lo hacemos desde la actualidad. El papel de la mujer en la sociedad de aquel entonces es muy diferente al que vivimos ahora. En ese momento la frase: “Torvaldo, siéntate aquí, tenemos que hablar”, fue una revolución. La gente se levantó del teatro, se paró la función porque que una mujer se plantara a su marido y le dijese eso, no se concebía.  Ahora esto ya no es así, pero sí que es verdad que no está del todo normalizado. Sigue existiendo violencia de género, desigualdad en el trabajo, en algunas familias e incluso en nosotras mismas está instaurado por educación. El director de nuestra obra se ha centrado más en la lucha por esos roles que siguen existiendo, incluso en el masculino, que para algunos hombres también es difícil de asumir.

Entonces se plantea que la igualdad es buena tanto para los hombres como para las mujeres.

Nosotros hablamos del individuo y no le ponemos sexo. Es ir hacia la libertad del ser humano, sin ser hombre o mujer, y completamente fuera de los roles que marca la sociedad.

El no estar obligado a tener un rol sino crearte el tuyo propio.

Exacto. Muchas veces se nos instaura uno, el cual asumimos, y construimos nuestro mundo en base a ese rol. Nosotros intentamos romper con todo esto y lo que hacemos es llevarlo hacia la espiritualidad y la pureza, porque a partir de ello nos enfrentaremos a un mundo sin tener prejuicios y podremos tener otras visiones que no sean las que nos marcan los demás.

El interpretar una obra con tanto trasfondo, ¿qué te ha aportado como actriz y como persona?

Si no me involucrase en Nora a nivel personal no valdría de nada y esta es la lucha que tengo que hacer cada segundo en el escenario. A pesar de que me meta en el mundo de Nora desde el principio, también tengo que ver lo que pienso yo para que mi personaje pueda liberarse de su rol y llegar al público.

¿Cómo definirías a Nora Helmer?

Tiene ingenuidad e inocencia pero también cosas vanidosas, a veces dice lo primero que se le viene a la cabeza porque no tiene algunos filtros por no pensar por sí misma y los que tiene se los han impuesto. Desde que ella oculta una cosa aprende a mentir y no le da importancia. Al hacerlo se oculta parte de lo que ella es en realidad y en el final se enfrenta a esa verdad. Es una mezcla rara y difícil pero muy rica porque tienes muchos matices. Por otra parte, el viaje que vive Nora a lo largo de la obra es radical porque empieza en un punto y termina en otro completamente diferente y el motivo de ese trayecto es el amor, sin él no tendría sentido. Lo bueno de Nora es que todo pasa en presente y en el escenario y no tienes que inventarte absolutamente nada.

Imagen de la obra 'Casa de muñecas', dirigida por Ximo Flores. Imagen cortesía de Teatro Rialto

Imagen de la obra ‘Casa de muñecas’, dirigida por Ximo Flores. Imagen cortesía de Teatro Rialto

¿Qué diferencia hay entre la Nora del siglo XIX y la del XXI?

Una de las partes es que no hay nadie bueno ni malo. Todos son víctimas y tienen un rol contra el que tienen que luchar desde la individualidad. En un principio no hay mucha diferencia porque la Nora nuestra también está encerrada en esa casa de muñecas, no es una Nora moderna que mire Internet ni el móvil. Ella hace y piensa lo que le dicen y actúa como una muñeca, dando placer, haciendo reír y teniendo un protocolo. Tiene que mostrar siempre felicidad y, por otro lado, no tiene ningún valor porque no ha hecho nada por sí misma. Por eso su secreto es a la vez su orgullo, porque es la primera vez que hizo algo sola, pero es algo que no puede contar.

Es fácil sentirse identificada con este personaje, ¿no?

Es muy fácil. Nora tiene un punto más espiritual o supersticioso y más fe que yo, por ejemplo, pero todas nos hemos visto en el rol de esposa y madre, porque casi va unido, pero no debería ser así, deberíamos sentirnos seres humanos. Deberíamos ser lo que queramos y no lo que nos impongan.

¿Cuál es la evolución que veremos de Nora?

La evolución ocurre en tan sólo tres días y en este tiempo ella es capaz de cambiar mucho. Esta es otra complicación que se añade y que realmente es un reto. El espectador vive el vía crucis con Nora. La transformación, la angustia y el miedo; el enfrentarse con uno mismo que es de lo que habla Ibsen. Este cambio llega en un momento que es necesario, porque la angustia casi es insoportable y es, o cortar esto, o suicidarte: hay dos caminos posibles y decide vivir marchándose. Me gustaría dar en esa última escena algo realmente auténtico, que cualquier mujer pueda sentir las palabras que está sintiendo Nora y las pudiera decir.

A mí la obra, en un principio, me recuerda un poco a Shirley Valentine, una mujer que vive en un rol y decide liberarse.

Puede haber semejanzas, pero la diferencia es el secreto inconfesable de Nora que es enfrentarse a sí misma. El modo de transcurrir y el motor va a ser diferente.

¿Qué opinaría Nora del asalto de las feministas que hubo en el Congreso de los Diputados hace unos días?

Es tan difícil eso. En el punto en el que acaba la obra, ella va a empezar a aprender por sí misma y se va a liberar de lo que tenía para no juzgar y no tener filtros. Esa pregunta se la tendrías que hacer a Nora tiempo después, porque al principio de la obra ella está, seguramente, en contra del aborto. Al final de la obra ella se enfrenta a sí misma y se va dándole igual la sociedad y eso es muy valiente.

¿Cómo crees que revolucionó Henrik Ibsen el teatro?

Ibsen a partir de Los pilares de la sociedad, que es una obra que escribió antes de Casa de muñecas, cambió el modo de escritura y modificó el teatro de cinco actos a tres. Transformó el modo de escribir, las historias que contaba no hablaban de héroes clásicos sino que empezó a mirar desde la introspección, lo que tenía delante y darle opinión a eso que veía. Ibsen decía que un espíritu de rebeldía verdadero es aquel que busca la felicidad en esta vida. Por eso creo que debíamos cambiar a la hora de interpretar esta obra, porque si Ibsen quería que fueran los problemas de aquí y del ahora, debíamos mostrarlos en el escenario. Por ello tengo que unirme tanto a Nora y pensar en lo que siento con respecto a lo que estamos hablando y sobre qué quiero luchar y cambiar.

Cartel anunciador de la obra 'Casa de muñecas', dirigida por Ximo Flores y protagonizada por Rebeca Valls. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

Cartel anunciador de la obra ‘Casa de muñecas’, dirigida por Ximo Flores y protagonizada por Rebeca Valls. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

¿Cómo es volver a actuar en tu tierra después de estar trabajando tanto tiempo en Madrid?

A mí me encanta volver aquí y me gustaría que se hicieran más cosas. Creo que se están esforzando para que sobreviva aquí el teatro. Si se fomentase, Valencia podría ser muy rica culturalmente. Para que la gente vaya más al teatro hay que darle más importancia, tanta como a la educación, aunque se debería dar más, como se hace en Francia o en otros países europeos. Si desde arriba no se le da esa importancia, nosotros también le iremos dando menos.

Has trabajado en muchas obras de teatro en Madrid, ¿qué diferencia ves de Madrid a Valencia con respecto al público?

En Madrid todo el mundo va a al teatro y aquí no hay placer ni ganas por ver cosas diferentes. No hablo sólo de teatro comercial, hablo de todo tipo como El Matadero, Microteatro, El Teatro Español… que siempre están llenos. Como actriz me encantaría hacer más teatro, pero como espectador creo que también gusta ver la sala llena y compartir ese viaje, de ver al actor en directo y disfrutar.

La actriz Rebeca Valls, frente al cartel de Casa de muñecas.

La actriz Rebeca Valls, frente al cartel de Casa de muñecas. Foto: Laura Alfaro

Laura Alfaro