La banda sonora de Podemos

Mitin de Podemos
Pabellón Fuente de San Luis. Valencia
Domingo 25 de enero, 2015

La puesta en escena del mitin de Pablo Iglesias en el pabellón Fuente de San Luis fue apoteósico. Más de 10.000 personas lo aclamaron, entre las que llenaron las gradas y quienes rodearon el escenario a pie de pista. Un clamor que arrancó con el ‘People have the power’ (La gente tiene el poder) de Patti Smith y terminó con ‘Al vent’ de Raimon. En medio, una sola interferencia: la de quien portó una pancarta que decía: “Espero no tener que cantarle Cuervo ingenuo”. Se refería, claro está, a la canción de Javier Krahe, que éste dedicó a Felipe González cuando incumplió su promesa de sacarnos de la OTAN.

Algunos de los jóvenes en el mitin de Podemos, sosteniendo algunas de las letras que conformaban la frase Ahora es el momento.

Algunos de los jóvenes en el mitin de Podemos, sosteniendo algunas de las letras que conformaban la frase Ahora es el momento.

Pablo Iglesias cantó hace bien poco esa canción con Krahe, sustituyendo en la letra a González por los socialistas y la OTAN por Angela Merkel, a la que los socialistas, en la versión de Iglesias, rendían sumisión. Se entiende que el joven que se coló en el mitin de la Fonteta acabara despedido entre gritos de ¡fuera, fuera!, cuando miembros de seguridad lo expulsaron del pabellón. Era la única nota discordante de un mitin que transcurrió en todo momento por senderos de gloria.

Había pancartas de Podemos Russafa, Rocafort, Pobla de Valldigna, Utiel-Requena, Massanassa, Aldaia, Alaquas, Orihuela, Calp, Paterna o Algiròs. Y había muchos globos y camisetas color lila. Una puesta en escena sobria, pero enardecida cuando Pablo Iglesias compareció por uno de los laterales del pabellón aclamado como las estrellas del rock. Los organizadores prefirieron el ‘People have the power’ de Patti Smith que el ‘We are the champions’ de Queen, para calentar el ambiente. Tema éste último quizás reservado para lo que Pablo Iglesias aventuró después: “Tic, tac, tic, tac, comienza la cuenta atrás para Mariano Rajoy”.

Pablo Iglesias, líder de Podemos, rodeado de la multitud que llenó la Fonteta  de San Luis, al acabar su alocución.

Pablo Iglesias, líder de Podemos, rodeado de la multitud que llenó la Fonteta de San Luis, al acabar su alocución.

Y como un reloj, el líder de Podemos fue desgranando las tropelías del gobierno de Rajoy, en medio de las interrupciones del clamor popular. “En noviembre de 2014 sólo una de cada tres personas que dejaba el paro lo hacía por haber encontrado un empleo (…) Constructores y mafiosos compran el partido del gobierno para que legislen a su favor (…) Según la Agencia Tributaria, el 76,4% de los asalariados ganan menos de 1.000€ al mes”.

Y de nuevo el tic, tac: “El 70% de los fondos que ha recibido Grecia ha ido a pagar intereses y deuda privada, y el 19% a los bancos. En Grecia esta noche ya se escucha, tic, tac, tic, tac, tic, tac, y queremos que se escuche en España muy pronto también”. E insistió, a ritmo de metrónomo, que romper España era “vender la soberanía a la troika”, entregársela “a constructores, a mafiosos y a corruptos”. Por lo que tocaba darle cuerda a ese otro reloj que empuñaba con pasión el líder de Podemos: “A la corrupción le decimos: tic, tac, tic, tac, tic, tac”.

Iñigo Errejón, con gafas, abriéndose paso detrás de un tapado Pablo Iglesias, en el mitin de Valencia.

Iñigo Errejón, con gafas, abriéndose paso detrás de un tapado Pablo Iglesias, en el mitin de Valencia.

El reloj que anunciaba el esperado cambio de política en España (“a veces David le puede ganar a Goliat”), dejó paso al emotivo, incluso sensiblero recurso de leer la carta de una niña, Nerea, de Ribarroja, en la que, entre otras cosas, daba las gracias a Pablo Iglesias “por devolver la ilusión a mis padres”. Si no fuera por lo enardecido del mitin, más de uno recordaría aquella niña de Rajoy, sin duda más ficticia que la real Nerea, pero igualmente utilizada para tocar corazones que deberían, pum, pum, pum, pum, regirse por razones menos tiernas y con más sustancia.

‘Al vent’ de Raimon puso el colofón musical de un mitin continuamente interrumpido por gritos de “Sí-se-puede” o “Sí, sí, sí, nos vamos a Madrid”, en referencia a la movilización programada para el próximo día 31. Porque como dijo Iñigo Errejón, que antecedió a Iglesias en el escenario de La Fonteta: “En España va a haber un cambio y lo va a protagonizar la gente, no Podemos”. Y la gente que abarrotó el pabellón municipal se fue pensando, como rezaba en una pancarta, que ¡És l’hora de la gent! Lástima que entre esa gente no hubiera ninguna alusión a los científicos ni a los artistas cuyo talento se desperdicia por anemia del I+D+i y el lamentable IVA cultural. Ciencia y cultura que Podemos descuidó en el mitin de Valencia. Tic, tac, tic, tac, tic, tac…

Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, durante el mitin en el pabellón Fuente de San Luis en Valencia. Europa Press.

Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, durante el mitin en el pabellón Fuente de San Luis en Valencia. Europa Press.

Salva Torres

El sexo mandamiento de Pepe Yagües

Galería Alba Cabrera
Pepe Yagües
Hasta el 16 de marzo
Valencia
C/ Félix Pizcueta, 20

No cometerás actos impuros. Ese sexto mandamiento católico es el que Pepe Yagües (Murcia, 1968) se salta a la torera en su exposición La voz del deseo que hasta el 16 de marzo acoge la galería Alba Cabrera. Más que una voz, lo que Yagües hace es gritar a los cuatro vientos la importancia de la sexualidad en nuestra civilización. A diferencia de los animales, que tienen sus periodos de celo, los seres humanos, quizás para compensar la represión sexual que figura en la base de toda cultura, nos mantenemos en celo permanente a base de erotizarlo todo. Es la manera que tenemos de transformar la violencia o pulsión sexual en acto creativo.
De ahí que Pepe Yagües tenga como principal objetivo de su trabajo el disfrute o placer carnal: su sexo mandamiento. Y lo hace desde dos vertientes: una, lúdico festiva, y la otra, sarcástico mordaz. Ambas atravesadas por el hilo conductor de la violencia. Porque si violento es el acto sexual (reducido en los programas educativos a simple fisiología o comunicación de fluidos), no menos agresivas son las relaciones que se dirimen en el terreno político (diversas ideologías enfrentadas entre sí). Pepe Yagües lo que hace es alzar su voz para que todo ese deseo, más bien pulsión, se manifieste sin tapujos.
Y, al hacerlo, consigue a su vez dos cosas: liberar lo que a todas luces nos constituye (la sexualidad reproductiva y recreativa), y trasgredir el orden (incorrección política) como catarsis diríamos carnavalesca. Para lo primero utiliza dibujos, esculturas e instalaciones que bien pudieran resumirse con el título de una de sus obras: Todos los caminos conducen a Gomorra. A base de maderas, metacrilatos, nogalinas, esmaltes e incluso varillas de paraguas, Yagües construye un universo casi totémico regentado por la sexualidad. Una sexualidad que, lejos de excluir la fornicación pura y dura, la subraya con encuentros pletóricos y cuerpos entregados al goce. Un camino chispeante merced al humor que aportan los títulos de las obras: Tro-pezón (se lo pueden imaginar), o Pensando con la cabeza (no precisamente la de pensar, sino la otra más genital).
Para lo segundo, esa trasgresión del orden, se sirve de políticos en activo, en activísima posición social. Por su obra les conoceréis o reconoceréis: el Rey Juan Carlos, Mariano Rajoy, Ana Botella, Artur Mas, Carlos Fabra o Angela Merkel. Todos ellos dando rienda suelta a su promiscuidad sexual, nacional o simplemente depredadora. En algunas de estas piezas, basta tirar de un hilo para que se establezcan las más diversas y grotescas copulaciones. Aquí sí que Yagües parece referirse al sexto mandamiento para denunciar ciertos actos impuros. Y lo hace, una vez más, inyectando de humor lo que seminalmente produciría cierta mala leche.
La galería Alba Cabrera ha preferido guardar en su armario algunas de las más hilarantes escenas de promiscuidad política. Es el decoro que Pepe Yagües violenta alzando La voz del deseo que atraviesa la treintena de obras expuesta. Un deseo carnalmente sexual y políticamente incorrecto que conviene no pasar por alto, dada su intensa carga creativa y su no menos gratificante descarga adrenalítica.
Salva Torres