La autenticidad siniestra de José Hernández

José Hernández
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 6 de septiembre, 2015

José Hernández, lo recordó Manuel Chirivella, era un pintor del “soñar despierto”. De manera que cabría entroncarlo con el movimiento romántico, allí donde éste se hace cargo de la irrupción de lo siniestro como fenómeno estético allá por el siglo XIX. Romanticismo que viene a su vez a dar voz a todo aquello que la Ilustración, en tanto discurso de la racionalidad científica, negaba. De ahí que José Hernández (Tánger, 1944, Málaga, 2013) pintara despierto los sueños que sin duda nos atemorizan. La objetividad exacerbada de la vigilia dándose paradójicamente la mano con la no menos intensa visión subterránea de los sueños. ¿O habría que decir, para ser más exactos, pesadillas?

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Porque en José Hernández se aprecia el encuentro, después de todo, de ambas tendencias disociadas de la mente humana. Por un lado, cierto naturalismo extremo, que se puede ver en la proliferación de extraños bichos y monstruos tan propios de la literatura fantástica. Y, por otro, cierto desgarro existencial, sin duda proveniente de esa misma pasión por alcanzar las capas más profundas del inconsciente. No es extraño, por ello, que ‘La metamorfosis’ de Kafka sea uno de los libros ilustrados por Hernández y, sin duda, de los mejores.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Los artistas como José Hernández no se encuentran cómodos en los juegos de seducción y comunicación que ahuyentan lo real de la experiencia humana, para ofrecernos a cambio una visión reconfortante de nuestro paso por la tierra. Frente a esos otros discursos más amables de la lógica comunicativa o el glamour publicitario, Hernández contrapone el áspero acercamiento a la vida corrupta que el tiempo inexorablemente impone. Lo auténtico, parece decirnos José Hernández con su obra, se encuentra próximo a lo siniestro, nunca cerca de la almibarada realidad.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Esta práctica artística, que sin duda entronca igualmente con la prolongación del romanticismo que supuso la emergencia de las vanguardias, tiene mucho que ver con ese soñar despierto antes aludido. José Hernández, del que su viuda Sharon Smith dijo que trabajaba diez horas diarias en su estudio, se limitaba a plasmar lo que su mente afloraba durante su apasionada vigilia. De manera que más que interpretar los sueños que cristalizan en su premiada obra, lo que Hernández hace es dejar que estos emerjan a borbotones para captarlos al vuelo en estado de hipnosis.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

El Centro del Carmen del Consorcio de Museos y el Palau de Valeriola de la Fundación Chirivella Soriano han tenido que sumar sus espacios para acoger tamaña cantidad de seres monstruosos, a mitad de camino entre el sueño de la razón y su pesadilla siniestra. Más de 150 obras, entre las de su primera etapa (acogidas en Valeriola) y las realizadas a partir de los 80 (en el Carmen), que dan cuenta del desgarro existencial que provoca el encuentro de ambas exacerbaciones: la realista científica y la surrealista romántica.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Pinturas, dibujos, ilustraciones, carteles, esculturas y diseños de escenografías teatrales (conoció a Bacon, Buñuel, Ginsberg, Kerouac y Orson Welles, entre otros), que dejan espléndida huella del quehacer artístico del que fuera, con todo merecimiento, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1981. Un quehacer basado en la autenticidad que, al estar ligada al horror, daría pie a otra historia no menos apasionada acerca de lo siniestro como destino del arte vaciado de dimensión simbólica. José Hernández la promueve con su obra inquietante y sin duda fantástica en todos los sentidos.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres

Lafosse: “El cine debe molestar al espectador”

Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia
29ª edición del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Celebrado del 20 al 27 de junio de 2014

A Joachim Lafosse le haces una pregunta y, lejos de tomarse el encuentro con los periodistas como un acto de obligado cumplimiento promocional, medita cada respuesta como si estuviera disfrutando de un buen solomillo. Sería una falta de decoro, pero a Lafosse se le ve tan a gusto respondiendo, que diríase tentado a rebañar cada palabra con la lengua. De manera que cada pregunta, en la distendida comida con el director de  perdre la raison (Perder la razón) en el restaurante Mar de Avellanas, se convertía en una aventura, quizás debida al impacto que le había producido el rodaje en Marruecos de su última película Les chavaliers blancs (Los caballeros blancos).

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

“Ha sido impresionante trabajar en un campamento con 50 niños de un montón de familias, mientras sobrevolaban helicópteros. Un caos del que todavía no me he repuesto”, dijo para abrir boca con los periodistas. Un caos que, sin embargo, parece gustarle a Lafosse, puesto que en varias de sus películas, sin duda en menor grado, participan niños con los que siempre resulta difícil trabajar. “Me gusta llevar las cosas al límite”, reconoció, para enseguida explicar su tendencia a mostrar personajes igualmente sometidos a excesos y contradicciones.

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

Fotograma de À perdre la raison, de Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de Cinema Jove.

“El cine debe molestar al espectador”, por eso admitió que los personajes que más le gustaban eran aquellos que en principio parecían “luminosos y encantadores”, pero que luego terminaban siendo “malvados”. Un rasgo de carácter que el director de Nue propieté (Propiedad privada) suele inscribir en el marco de la familia. En esta película, por ejemplo, se ve al matrimonio protagonista recoger los cristales de una mesa rota durante el enfrentamiento entre dos hermanos. La fragilidad como denominador común de un cine que él entiende siempre al límite de lo permitido.

“Me gusta que el espectador se sienta incómodo con el comportamiento de los personajes”. Que no entienda, por ejemplo, la deriva de una pareja primero felizmente enamorada y luego en franco proceso depresivo, tal y como sucede en À perdre la raison. “Creo que es la película más dura que he hecho”. No se mostraba Lafosse especialmente satisfecho con la utilización del encuadre en esta película, estrechándolo mediante la aparición lateral de franjas borrosas. “Quise dar la impresión de que alguien acechaba a esa pareja, pero no creo que logré ese efecto”, admite con total sinceridad.

Fotograma de 'Lecciones privadas', de Joachim Lafosse.

Fotograma de ‘Lecciones privadas’, de Joachim Lafosse. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Para Lafosse, los personajes son el material del que se nutre, “como el periodista busca los hechos o el juez la verdad”. Pero matiza que, a diferencia de estos, los protagonistas de sus películas “no se instalan cómodamente en la realidad, sino que provocan emociones muchas veces contradictorias”. A Joachim Lafosse, que recibió el Premio Especial Luna de Valencia en la recién concluida 29ª edición de Cinema Jove, le gusta explorar esas contradicciones de sus personajes, hasta el punto de dibujar el perfil de lo que le gustaría ver en una pantalla: “Un superhéroe de los de Hollywood que a medida que avanza la película da un vuelco, desconcertando al espectador con su lado más oscuro”. Y agregó: “Una especie de Batman que al quitarse la máscara resulta ser el Joker”.

En À perdre la raison explora en esta dirección, aunque de forma muy sutil. El personaje benefactor, médico y amigo de la joven pareja protagonista, va descubriendo poco a poco su faceta opresiva. “Es quien va imponiendo sus normas y provocando el triste desenlace”, que Lafosse dijo haber tomado prestado de una noticia en prensa. Les chavaliers blancs dijo que se despegaba de esa tendencia en su cine por mostrar la doble faz, luminosa y oscura, de sus personajes. Y terminó de hablar para salir en busca de algún recuerdo de su visita a Valencia. Objeto de un deseo que, apuntó suavemente, “conviene también alimentar”.

El director belga Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de la 29ª edición del Festival Internacional de Cine de Valencia. Imagen cortesía de Cinema Jove.

El director belga Joachim Lafosse, Premio Especial Luna de Valencia de la 29ª edición del Festival Internacional de Cine de Valencia. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Salva Torres