Russafa Escènica, principio y final feliz

La felicidad. Russafa Escénica

Diversos espacios del barrio de Russafa. Valencia

Balance del festival concluido el 29 de septiembre

Parecía una premonición. ‘La felicidad’ que se utilizó como lema para la tercera edición de Russafa Escènica significó de entrada una visión optimista del teatro, el arte y la cultura, en tiempos de crisis, para terminar siendo una película con final feliz. Según los datos facilitados por la organización del festival, 10.000 han sido los pases repartidos para ver los 25 estrenos absolutos programados durante los diez días del festival, lo que significa un incremento de público del 60% con respecto a la edición del pasado año. Y todo eso con una fórmula bien sencilla, que anima y mucho en medio de tanto recorte y tanto proyecto de hojarasca: un festival hecho con escasos recursos económicos, pero con una enorme voluntad, sacrificio y creatividad.

El gran arco, de Víctor García Aranda. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

El gran arco, de Víctor García Aranda. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

A buen seguro que CulturArts y AISGE, la asociación que gestiona los derechos de los actores, habrán tomado buena nota. Su primera colaboración en Russafa Escènica ha coincidido con los mejores resultados de un festival que crece año tras año, merced a ese trabajo cooperativo de cuantos participan en su organización, con Jerónimo Cornelles a la cabeza. La donación desinteresada de los espectadores ha permitido, según explican sus organizadores en una nota, una recaudación de 40.000 euros. Y para que se vea el carácter cooperativo de Russafa Escènica, sin duda uno de los pilares de su éxito, esa cantidad se repartirá entre los espacios colaboradores, los artistas y la organización. Pero no nos llevemos a engaño: esa dotación apenas cubre los gastos de producción de las compañías, tal y como precisan los responsables del festival.

La fragilidad de Eros, de Miguel Serrano. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

La fragilidad de Eros, de Miguel Serrano. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

¿Felicidad? Sin duda. Ahí están los resultados, que se han traducido en diez días de gran efervescencia teatral en los diferentes espacios del barrio de Russafa. Pero felicidad que para resultar del todo gozosa necesita de ese pequeño salto que permita a las compañías, no sólo recuperar el gasto producido, sino obtener los lógicos beneficios por su trabajo creativo. Troya: la conquista de la felicidad ha reunido a un millar de espectadores en la Sala Russafa, donde se produjo esta obra dirigida por Chema Cardeña con la participación de jóvenes actores valencianos. Al experimento se le llamó Invernadero y no ha podido dar mejores frutos.

Faràs tard, de Perros Danenes. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Faràs tard, de Perros Danenes. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Russafa Escènica ha consolidado su apuesta, de la que deberían tirar en próximas ediciones con más dotación económica las instituciones públicas y privadas sabedoras del potencial de un festival sin techo. El mal tiempo de la crisis no es que amaine, pero, como Russafa Escènica demuestra, se puede capear el temporal con imaginación, talento y una voluntad cooperativa a prueba de políticas con estrechez de miras. La cuarta edición, una vez comprobados los efectos de la felicidad, invita a la proclamación del deseo como fuente de poderosa energía.

De Titulos, de Gabriel Delgado y Laura Romero. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

De Titulos, de Gabriel Delgado y Laura Romero. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Salva Torres

Russafa Escènica: la felicidad entre la crisis

Russafa Escènica. La felicidad
Diversos espacios y lugares del barrio de Russafa, en Valencia
Del 20 al 29 de septiembre

La dama de la felicitat, Usted es feliz, La isla de la felicidad, Voy a ser feliz porque es bueno para la salud, Proyecto TFA (transitando felicidades ajenas), y así hasta un total de 25 títulos en torno a esa felicidad anunciada como lema de Russafa Escènica. Y no es para menos. En plena crisis económica, el festival de teatro que cumple este año su tercera edición no sólo sobrevive al desencanto generalizado, sino que esboza una sonrisa de oreja a oreja por el éxito acumulado. Empezaron con apenas seis compañías y ahora, entre lo que llaman Viveros (espectáculos de 25 minutos) y Bosques (de 60 minutos), superan la veintena. O lo que viene a ser lo mismo: “¡25 estrenos absolutos!”.

La fragilidad de eros, de Miguel Serrano. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

La fragilidad de eros, de Miguel Serrano. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

No hay fórmula mágica. “Es el festival de las personas”, repite una y otra vez Jerónimo Cornelles, director artístico de Russafa Escènica. A base de la voluntad y el esfuerzo de decenas de esas personas comprometidas con la cultura, el teatro y las artes plásticas, el festival crece a pasos agigantados, hasta el punto de llamar la atención por primera vez de CulturArts o la Fundación Aisge, por citar a dos de sus patrocinadores. Con apenas 10.000 euros de presupuesto, los organizadores de Russafa Escènica obran milagros, si bien no alcanza todavía para pagar como se merece a las compañías que estrenan sus obras en el marco del festival: alrededor de 500 representaciones en 10 días, finalizando el domingo 29.

De títulos, de Álvaro de Juan. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

De títulos, de Álvaro de Juan. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Con esos magníficos mimbres (las personas) y una transparencia económica, cuyo calco a otras actividades e instituciones públicas y privadas sería solución de muchos problemas, Russafa Escènica se ha convertido en un festival de referencia, no sólo en Valencia sino en el conjunto de España. “No tenemos dinero para pagar la estancia de las compañías, pero son muchas a las que les gustaría venir de fuera de la Comunidad Valenciana”, subrayan los organizadores. A este paso (“cada edición, un pequeño avance”) terminarán lográndolo. Como han logrado, antes de que el festival comenzara el pasado viernes, una ocupación del 30%. “3.000 pases ya es un éxito de partida”, afirmó Cornelles.

Momento de la obra Faras tard. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Momento de la obra Faras tard, de Perros Danenes. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Además de los 18 espectáculos de Viveros y los seis de Bosques, Russafa Escènica estrena Invernadero, producción propia del festival a cargo de Chema Cardeña y un grupo de actores que han terminado este año sus estudios en escuelas de arte dramático de Valencia. Troya (la conquista de la felicidad) es el resultado de este montaje iniciático. También habrá jornadas escénicas en la Sala Russafa, con ponencias y mesas redondas; una exposición fotográfica de José Luis Abad; una charla del pintor y escenógrafo Pepe Agost en Espai Tactel, así como actividades paralelas coordinadas por Ana Sanahuja, de Hat Gallery, entre las que destacan una serie de conciertos y una visita guiada por el barrio junto al arquitecto Ximo Quixal, que invita a la reflexión: “Los barrios de gran crecimiento cultural pueden morir de éxito si no se gestionan bien, como ya sucedió con el Soho de Nueva York”, apunta Sanahuja. Russafa Escènica, tiempo habrá de pensarlo, apela a la felicidad por su gran momento.

El gran arco, de Víctor García Aranda. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

El gran arco, de Víctor García Aranda. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Salva Torres

 

Russafa Escènica, más sonriente que nunca

Russafa Escénica 2013

Varios espacios del barrio de Russafa. Valencia

Del 20 al 29 de septiembre de 2013

Russafa Escénica 2013

Russafa Escénica 2013

“La ilusión, de momento intacta, puede igualmente acabarse”, reconocía el pasado año Jerónimo Cornelles, director artístico de Russafa Escénica. Era lógico, teniendo en cuenta el enorme esfuerzo en tiempos, no ya de arenas movedizas, sino de tierra, trágame. Pues ni arenas movedizas, ni tierras volcánicas por tanta erupción corrupta, ni nada: Russafa Escènica ha sido presentada en su tercera edición, en la sede de Obra Propia, con las fuerzas, no sólo intactas, sino aumentadas por el vigor de unos organizadores cuya pasión por las artes escénicas no tiene límite.

Y lo hace con un lema que habla por sí solo de esa pasión a prueba de crisis económica: la felicidad. Y no es para menos: Russafa Escènica tiene motivos para sentir esa felicidad. De los 17 espectáculos seleccionados el pasado año, de entre un total de 30, se ha pasado a 25, de los casi 70 presentados. Como consecuencia de ese incremento, se multiplicarán las actuaciones durante el próximo mes de septiembre, cuando del 20 al 29 se celebre esta felicísima tercera edición.

Espectáculos de teatro, danza, performances, obras infantiles y musicales, repartidos por comercios, galerías de arte, viviendas particulares y la Sala Russafa del inquieto y efervescente barrio valenciano, para acoger las más de 400 representaciones que tendrán cabida en los diez días del festival, superando así los seis del pasado año. Y, en lógica proporción, hasta 15.000 serán los pases disponibles, lo que supone ir acercándose al clásico oficial Sagunt a Escena.

La insistencia y pasión de sus organizadores tiene además este año el merecido respaldo de CulturArts de la Generalitat Valenciana y la delegación de AISGE en Valencia, entidad encargada de la gestión de los derechos de actores, bailarines y directores de escena. CulturArts se encargará de la organización de unas jornadas de artes escénicas, que se celebrarán los días 23 y 24 de septiembre en la Sala Russafa. AISGE patrocinará lo que se ha dado en llamar Invernadero, un taller de arte dramático gratuito para estudiantes que hayan finalizado este año sus estudios de interpretación.

Imagen de Blues, camino de Cempasúchil. Foto: Mayte Piera. Russafa Escènica 2013

Imagen de Blues, camino de Cempasúchil. Foto: Mayte Piera. Russafa Escènica 2013

CulturArts y AISGE son las piezas estructurales de un festival que, para todo lo demás, necesitará del micromecenazgo a través de la plataforma Verkami y de la recaudación obtenida mediante las aportaciones, que no entradas, del público. Ese “todo lo demás” que será cubierto por estas fuentes de ingresos tiene que ver con la dignidad de los artistas y compañías que hacen posible el festival. Porque Russafa Escènica no sólo es un festival de tan maltratadas artes escénicas, sino la plataforma que viene a impulsar ese reconocimiento de cuantos Trabajan (con mayúsculas) por la cultura como industria creativa. El globo rojo que sirve de imagen al certamen, diseñado por Julián Romero, de la Galería Trentatres, apunta en esa misma dirección: la de volar por encima de las adversidades e imaginar que algún día los artistas serán pagados, al menos, como quien te viene a arreglar la lavadora, el calentador o la nevera, con su factura siempre por delante.

La felicidad con la que Russafa Escènica encara su tercera edición quizás sea premonitoria. Imagina, como cantaba John Lennon, que el próximo año hasta los artistas y compañías cobren de forma digna por lo que hacen. Entretanto, seamos prácticos, gocemos con los 18 espectáculos programados en la sección Viveros, los seis del apartado Bosques y el montaje que Chema Cardeña viene ya preparando en el taller de investigación que verá sus frutos en el Invernadero. Todo eso ya mismo: a la vuelta del verano, allá por septiembre. Que vaya corriendo la voz y alcanzado altura ese globo rojo lanzado felizmente por los organizadores de Russafa Escènica. Hasta pronto…

Imagen de Blues, camino de Cempasúchil. Russafa Escénica 2012. Foto: Mayte Piera

Imagen de Blues, camino de Cempasúchil. Russafa Escénica 2012. Foto: Mayte Piera

Salva Torres