David Moragas: «mi prioridad es cuestionar la norma»

#MAKMAEntrevistas | David Moragas
‘A Stormy Night’
75′
España, 2020
D’A Film Festival Barcelona | Filmin
5 de mayo de 2020

La 69 edición de la Berlinale, celebrada en febrero de 2019, rindió oportuno y afortunado tributo a la grand-mère de la nouvelle vague Agnès Varda, proyectando su último documental ‘Varda por Agnès’, una escritura cinematográfica con la que revisar y sumergirse en su personalísimo y edificante horizonte de fundamentos artísticos y cinematográficos, desarrollados, a la postre, a lo largo de tres etapas: “En toda película entran tres fases: la idea, la creación a partir de esta y cómo compartirla”.

Sustentado, entre otras ascendencias, por el influjo de su figura y compromiso, el cineasta tarraconense David Moragas (Almoster, 1993) incursiona en el largometraje, mediante ‘A Stormy Night’, con la destacada prez de clausurar, el próximo 10 de mayo, la presente edición del D’A Film Festival Barcelona –cuya programación adquiere carácter excepcional (tanto por razones cualitativas como insólitas) al celebrarse a través de la siempre excelsa plataforma de video bajo demanda Filmin–.

Filmada, en blanco y negro, con un sugestivo naturalismo que enaltece las cualidades del guion y las aptitudes interpretativas, ‘A Stormy Night’ cobra morfología argumental mediante el encuentro de Marcos –un cineasta debutante (encarnado por el propio Moragas) en tránsito hacia San Francisco para la proyección de su película, cuyo vuelo desde Nueva York es cancelado por razones climatológicas– y Alan (Jacok Perkins) –programador informático de una red social gay y compañero de piso de una amiga universitaria de Marcos, a quien acoge durante una noche de virulento temporal–.

Por ello, desde MAKMA cumplimos con el tercero de los preceptos literales de Varda y compartimos con Moragas la travesía hacia las dos primeras fases de la película para esclarecer y reflexionar en torno de los propósitos y determinaciones de su ópera prima.

¿En qué momento eclosiona como proyecto de largometraje ‘A Stormy Night’?

Me encontraba en el último año del máster de dirección de cine en Nueva York. Había rodado un par de cortos, siempre bajo la misma premisa: aprovechar los recursos que tenía a mano para contar historias. Se habían proyectado en algunos festivales de cine y tenía ganas de arriesgar y probar algo un poco más ambicioso. Le planteé a mi amigo y director de foto del proyecto Alfonso Herrera-Salcedo la posibilidad de rodar algo un poco más ambicioso que un corto. Todo el mundo en la universidad nos dijo que esa no era la forma natural de hacerlo y que no saldría bien; excepto un reducido grupo de amigos que terminaron formando el equipo de rodaje. En el momento en el que decidimos tomar nuestra propia iniciativa, sin esperar el permiso de nadie, eclosionó el proyecto: íbamos a rodar una película.

¿Qué influjos y referencias han sido determinantes en tu formación/mirada cinematográfica para aventurarte con este filme?

Uno de mis géneros favoritos es el de la comedia romántica, y todas las mutaciones que ha tenido el género a lo largo del tiempo. Me apasiona el mumblecore: los hermanos Duplass. El minimalismo extremo de Hong Sang-Soo.

Concretamente, cuando estudiaba la forma de realizar este filme, me inspiraron mucho las primeras obras de cineastas a los que admiro. Kelly Reichardt con ‘Old Joy’, por ejemplo. Me apasiona ese filme, e inspiró de forma muy generosa tanto el proceso de escritura como el proceso de realización. ¡O la idea de que se puede contar una gran historia sobre el afecto con muy pocos recursos!

Alan (Jacok Perkins) y Marcos (David Moragas) durante un instante de la película. Fotografía cortesía de Filmin.

¿Cuáles han sido las complejidades de afrontar tu ópera prima?

Cuando empiezas a hacer cine crees que necesitas el permiso de tus mentores, compañeros o de la industria para hacerlo. ¡Y no es verdad! Lo que necesitas es un contexto socioeconómico suficientemente privilegiado como para encontrar el tiempo y los recursos para rodar. Y una educación previa. Todo lo demás es una construcción sistemática que cuesta mucho de romper, o cuestionar. Cuando afrontas tu ópera prima, la principal complejidad es la duda de que no tienes la capacidad para hacerlo. O de que no deberías estar haciéndolo.

¿Confiere el presente confinamiento una razón de mayor peso para empatizar con tus personajes?

¡No lo sé! Cuando reflexionábamos la opción de hacer la presentación de la película online hicimos un visionado colectivo en el comedor de la casa donde estaba confinado.

De repente, ver la película desde la intimidad del hogar, a través de la pantalla del ordenador, creaba una nueva relación con los personajes. En el fondo, se trata de una película contada desde una mirada un poco privada. Con muchas reflexiones sobre quién mira, y cómo mira. Hacerlo desde la soledad y aislamiento de un confinamiento puede ser una forma muy interesante de acercarse a esta noción.

Me intriga mucho cuál será la respuesta creativa a esta crisis. De una forma muy similar a como un acontecimiento como el 11S tuvo un impacto notable en el arte del momento, y el posterior.

Aparentemente, Marcos (introspectivo, lacónico e inmutable) y Alan (expansivo, locuaz y vacilante) se erigen en perfiles ineludiblemente antagónicos. Sin embargo, ¿estás de acuerdo con que su convivencia indoor bajo el diluvio propicia una mutación de sus respectivos caracteres, desnudando sus fragilidades y encontrando un nexo inopinadamente común?

Absolutamente. Con Marcos y Alan quería explorar las contradicciones que he vivido desde mi propia experiencia. Lo bonito del cine es que me permite personalizar cada argumento, forzarles a pasar una noche juntos y esperar a que la tormenta llegue a su calma. A través de sus historias personales, y las relaciones afectivas que se establecen entre ellos, consiguen cuestionar sus valores: incluso los más interiorizados. El reto para mi sería que el mismo efecto surgiese sobre el espectador. Y que al llegar al final de la cinta todxs nos hayamos cuestionado las mismas ideas. Sin necesidad de cambiarlas. Solo explorarlas…

Marcos (David Moragas) y Alan (Jacok Perkins) durante su tormentoso y efímero confinamiento. Fotografía cortesía de Filmin.

¿Debe bucear un espectador avezado entre la teoría de lo simbólico de Slavoj Žižek o, por contra, la referencia al controvertido filósofo esloveno es mera predilección personal?

Me encanta esta pregunta. Me gusta mucho leer a Žižek porque su discurso se plantea desde un acercamiento a las contradicciones, y una invitación a cuestionar los extremos. Mientras escribía el guion releía algunos de sus textos y ensayos. Sobre todo en torno a las cuestiones del amor, el deseo y la clase. Fue por eso que decidí incluirle en la escena. Me parecía graciosísimo que alguien como Marcos le idolatrara, pero escogiera usar una camiseta como abanderamiento. Para mí era también una forma de reírme del carácter adoctrinador de este.

Una frugal afirmación de Žižek ha terminado mutándo en aforismo: “Si tienes razones para amar a una persona, entonces no la amas”. ¿Es plausible para definir la deriva vital de Marcos?

¡Lo es! Y constituye la tesis que sustenta la película.

El problema de Marcos es que asume esta afirmación como forma de darle sentido a la vida.

En el momento en el que dichas contradicciones son cuestionadas, tiene que replantear todo su sistema de valores. Pero, al final del día, la teoría y la práctica no suelen ir por caminos sincrónicos. La deriva vital de Marcos empieza con el cuestionamiento de estas afirmaciones. Alan se convierte en el catalizador de la noche. Pero lo bonito de la confrontación es que hasta él tiene sus propias dudas.

¿Sucede lo propio con Agnès Varda y ‘Cleo de 5 a 7’ que con Žižek?

La referencia a la película de Agnès Varda sirve como contrapunto a otra referencia fílmica, la de ‘Annie Hall’, de Woody Allen. Me parecía bonito que, al final de su encuentro, Alan tuviese su momento Marcos, adoctrinándole esta vez en cuestiones de diversidad. Para ser completamente honesto, al principio de la película Marcos le explicaba a Alan que había dejado de ver películas de Woody Allen a raíz de su toma de conciencia con la problemática presente. En el montaje final, decidimos quitar la explicación para mantener un poco más la sutileza del personaje. He sido un gran admirador del cine de Varda, que falleció justo antes de empezar el rodaje de la película. Me pareció una forma entrañable de rendirle homenaje. Del mismo modo, la película está llena de pistas para entender mis obsesiones fílmicas. Una pista: hay unas cuántas en las pinturas de las paredes… Como director me gusta jugar con todos estos elementos. Me gusta pensar en la idea de que con cada visionado el espectador encuentra nuevas pistas para entender el universo donde ocurre la historia. Ningún objeto es arbitrario.

Elucubraba Goethe que “al entrar en contacto con un color determinado, éste se sincroniza de inmediato con el espíritu humano, produciendo un efecto decidido e importante en el estado de ánimo”. ¿Eran esas tus intenciones con el empleo del blanco y negro en tu película?

Qué frase tan maravillosa. Honestamente, me cuesta teorizar sobre el uso del blanco y negro en la película, porque para mí no parte de un análisis formal previo. Como muchas decisiones en la dirección, parte de una intuición sobre qué acompaña mejor a la historia.

Cuando planteábamos la película con Alfonso, el director de foto, la visualizamos así sin cuestionarlo. Para nosotros se trataba de una película de un minimalismo extremo: dos personajes, una localización, dos valores que se ponen en duda. Dos razones de un argumento que entran en contradicción. El blanco y negro nos pareció una forma efectiva de expresar esta noción. Algo así como el yin y el yang.

En el rodaje, la luz y la oscuridad son nuestros dos aliados, como si de acordes menores y mayores se tratase. Alfonso tiene una sensibilidad muy meticulosa y premeditada; que a la vez consigue traducir en decisiones prácticas muy efectivas: ¿qué personaje se encuentra en el origen de la luz, y quién recibe la luz en cada escena? Y lo mismo se aplica a la dirección de arte, a cargo de Juliana Barreto, que tuvo mucho en cuenta esta misma cuestión: ¿qué colores visten? ¿Cuándo?

En buena medida, ‘A Stormy Night’ procura una reflexión en torno de la actitud del colectivo LGTBI frente a la idiosincrasia del mundo heteronormativo. ¿Marcos y Alan encarnan dos modos de ser/estar/actuar en él? ¿Cuál es tu posición al respecto?

Vivir una identidad que queda al margen de la norma es vivirla en resistencia y lucha. Esta noción se aplica a la gran diversidad sociocultural de la sociedad. Por lo que la lucha, por definición, asume la intersección de muchos colectivos, y muchas causas. Para mí, la prioridad es cuestionar la norma. Y promover este mismo mensaje a través de mis películas, y de las historias que decido compartir. Esa es la visión que presenta Marcos.

Pero, por otro lado, a veces asumo la conclusión de que el hecho de pertenecer a un colectivo minoritario no me responsabiliza necesariamente de todas las demás causas. Son días un poco amargos en los que me levanto un poco enfadado con el mundo y, como Alan, parto de una visión un poco más gruñona que opina que a lo mejor todxs seríamos más felices segregándonos “como monjas en un convento”. Esos días los disfruto yendo a espacios exclusivamente gays y enorgulleciéndome mucho de mi colectivo tan pequeñito. ¡Y no pasa nada! Como todo en esta película, las dos visiones se informan entre ellas, y al final del día lo importante es que no se escapen comportamientos sin cuestionar.

David Moragas.

Jose Ramón Alarcón

La mirada libre de Agnès Varda

Agnès Varda, la mirada lliure
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Del 26 de enero al 19 de mayo de 2019

La Filmoteca de Valencia presenta el ciclo ‘Agnès Varda, la mirada lliure’, en el marco de su colaboración anual con Donostia Kultura. Después de los ciclos organizados en 1998 y 2012, la Filmoteca vuelve a prestar atención a una de las realizadoras más destacadas del cine europeo y una de las pioneras del cine feminista. ‘Agnès Varda, la mirada lliure’ podrá verse en la Sala Berlanga del 26 de enero al 19 de mayo.

Fotograma de 'Murs Murs', de Agnès Varda. Imagen cortesía de Filmoteca.

Fotograma de ‘Murs, murs’, de Agnès Varda. Imagen cortesía de Filmoteca.

Compuesto por ocho largometrajes y cinco cortos, el ciclo se inicia el sábado, 26 de enero, a las 18 horas, con la proyección de ‘Murs, murs’ (1980). Ensayo fílmico sobre los murales de la ciudad de Los Angeles, la película es también un retrato de la vías de expresión de la cultura chicana y una aproximación a la multiculturalidad de la ciudad californiana.

El ciclo incluye las tres películas que Varda dirigió en Estados Unidos y los retratos que dedicó a su pareja, el cineasta Jacques Demy, a la actriz Jane Birkin y a la escritora Elsa Triolet. También figuran los audaces ensayos fílmicos que rodó, ya en el nuevo milenio, en los que utilizó la tecnología digital con la cual ha conseguido un grado mayor todavía de libertad expresiva.

Agnès Varda y Jacques Demy. Imagen cortesía de Filmoteca de Valencia.

Agnès Varda y Jacques Demy. Imagen cortesía de Filmoteca de Valencia.

Vinculada en sus orígenes a la ‘nouvelle vague’, Agnès Varda (Bruselas, 1928) ha realizado siempre un cine muy personal, entre la experimentación vanguardista y el ensayo documental, pero con un tono realista y una clara intención social. La cineasta lleva seis décadas realizando un cine que transgrede las fronteras entre documental y ficción mucho antes de que hacerlo se convirtiera en tendencia.

Su trayectoria cinematográfica ha sido reconocida en numerosas ocasiones y entre los premios que ha obtenido figura el León de Oro del Festival de Venecia por ‘Sin techo ni ley’ (1985) y el César por su biografía documentada en ‘Las playas de Agnès’ (2009). En 2017 recibió el Oscar honorífico por su carrera.

Jane Birkin y Agnès Varda (reflejada en el espejo). Imagen cortesía de Filmoteca de Valencia.

Jane Birkin y Agnès Varda (reflejada en el espejo). Imagen cortesía de Filmoteca de Valencia.

Cine de mujer, ¿un nuevo género?

¿Por qué lo llaman cine de mujeres cuando quieren decir cine?

Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM)

C / Quevedo, 10. Valencia

Hasta el 16 de abril

Nietzsche definió al hombre libre (y ya puestos, a la mujer) como “aquel que piensa de otro modo de lo que podría esperarse en razón de su origen, de su medio, de su estado y de su función o de las opiniones reinantes de su tiempo”. La libertad no entiende de identidades excluyentes, discursos autoafirmativos y mapas territoriales de indudable homogeneidad étnica. La libertad es otra cosa, sin duda peligrosa por cuanto viene a cuestionar la cerrazón corporal y mental que la inseguridad ha promovido a lo largo de los tiempos. Cerrazón provocada por el miedo a ese otro rabiosamente distinto que se halla en el origen de todo.

Hacer ciclos, exposiciones o festivales dedicados a la mujer pueden servir para reivindicar cierta igualdad, pero acarrea también caer en la “trampa” sugerida por la propia Áurea Ortiz, directora del sugerente ¿Por qué lo llaman cine de mujeres cuando quieren decir cine? “Por un lado, pretende decir que el cine que hacen las personas del sexo femenino es cine y no ‘cine de mujeres’, esa etiqueta reduccionista, pero por otra, el único vínculo de unión de las películas que lo conforman es el hecho de estar dirigidas por mujeres”.

Las mujeres directoras de las películas que conforman el ciclo del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM), atrapadas en esa red lanzada por Áurea Ortiz, discreparían igualmente. Ninguna pondría objeción, lógicamente, a la visibilidad de su cine en aras de la igualdad, pero en tanto creadoras libres (y Agnès Varda es un sobresaliente ejemplo) les traería al pairo su condición femenina: el cuerpo que habitan no dice nada a favor o en contra de su talento. Es más: Varda, a punto de cumplir los 85 años, lleva casi 60 rompiendo moldes artísticos, empujada por su espíritu libertario más que por su corporalidad femenina.

Pensar a contracorriente de “su origen” y de las “opiniones reinantes de su tiempo” es lo que hace a esas mujeres libres. Y encorsetarlas en este nuevo género de “cine de mujeres”, tan del gusto de la corrección política, es hacer un flaco favor a su espíritu, digamos, indomable. “La comedia romántica ¿es cosa de mujeres?”, como se pregunta Nacho Moreno, en la conferencia que acompaña a la proyección de El amigo de mi hermana (Lynn Shelton). “El cine bélico, ¿es cosa de hombres?”, como se cuestiona Carlos Losilla, para la presentación de En tierra hostil (Kathryn Bigelow). Y vuelta a empezar: ¿cosas de hombres? ¿cosas de mujeres? ¿Y…? La libertad escapa a esos encapsulados, y la libertad es el riesgo que han de correr unos y otras para tratar de articular sus rabiosas diferencias, entre sí y para sí.

Que es lo que hacen, por otra parte, Agnès Varda, Lucía Puenzo, Lynn Shelton, Kathryn Bigelow y Greta Schiller en las películas del, ahora sí, estupendo ciclo: Las playas de Agnès, XXY, El amigo de mi hermana, En tierra hostil y París era una mujer, respectivamente. Películas que entre el 10 y el 16 de abril se proyectarán en el MuVIM, acompañadas de conferencias: las ya citadas de Nacho Moreno y Carlos Losilla, junto a las de la propia Áurea Ortiz, Santi Barrachina y Luci Romero.  Películas todas ellas que, de una u otra manera, cuestionan precisamente los compartimentos estancos a los que pretenden reducirnos tanta corrección política. ¿Cine de mujeres? No, por favor. Simplemente cine y del bueno. 

Salva Torres