Esa negra que me cautiva

Festival Valencia Negra
Del 5 al 15 de mayo de 2016

El Festival más oscuro del calendario enfila su recta final dejando una estela de llenazos y ovaciones. Largas colas para ver al escritor francés Lemaitre, el padre de Camille, e intenso fervor ante la presencia, en vivo y en directo, de autores como Juan Carlos Somoza, Rosa Montero, Lorenzo Silva entre otros muchos hasta casi medio centenar. Este fin de semana se celebra el colofón, una firma colectiva en el Paseo Russafa y la representación de La Soga, inspirada en la película homónima de Hitchcock en la sala del mismo nombre. La respuesta del público a esta cuarta edición de VLC Negra ha sido apabullante. Delata una  insaciable sed de mal, crímenes y sangre imaginaria en una sociedad cada vez más pusilánime y sensible, que se blinda ante el horror real.

¿Qué es lo que tanto nos seduce de esa negra de labios sensuales pintados de sangre, pezones duros como balas, que esconde una dosis letal de arsénico en el guardapelos y un estilete en el corsé? Una negra de piel ardiente que a veces muda en princesa de los hielos de mirada gélida. Esa otra dama misteriosa que vino del norte revitalizando un género que languidecía a finales del pasado siglo tras el furor del cine negro y la novela negra americana con Hammett, Chandler y toda la basca.

Pierre Lemaitre en Valencia Negra.

Pierre Lemaitre en Valencia Negra. Europa Press.

Hay que reconocerles el mérito a autores como Stieg Larsson y Henning Mankell que con La quinta mujer y las muchas que siguieron nos dejó con la boca abierta. Gracias a ambos, ya fallecidos, supimos lo mucho que madrugan los escandinavos, las cantidades ingentes de café que consumen, y lo sistemático y minucioso de su trabajo policial. De septentrionales latitudes proceden grandes magos del crimen de ficción algunos de nombres casi impronunciables.

Cajón de sastre

No hay duda ni discusión posible. La novela negra reina en las librerías donde compite con la romántica-erótica y la histórica en el ránking de literatura popular. Una de las claves de su éxito es que funciona como una especie de caja de Pandora, un cajón de sastre si lo prefieren, de paredes permeables que absorbe los contenidos más diversos. Relatos que denuncian la corrupción de las altas esferas, aliadas en ocasiones a los bajos fondos, hoy lógicamente muy en boga, thrillers más o menos truculentos protagonizados por asesinos en serie que van muy en serio, tramas de intriga de estilo más clásico ambientadas en el presente o en otras épocas. Lo social se entrelaza con lo costumbrista, con lo histórico y lo científico, etcétera, en una  amalgama cuyo resultado final depende, naturalmente, del talento literario de cada escritor. Porque no hay que olvidar que estamos hablando de literatura, y aunque las palabras hieren más que las espadas, todavía no pueden matar.

Dice Vicente Garrido que para escribir buenas novelas negras, además de una técnica depurada, hay que tener un alma oscura. No sé si estoy del todo de acuerdo. Creo que algunas personas, como él mismo, poseen una especie de empatía negativa que les permite ahondar en el corazón del mal sin que éste les perturbe. Aunque a larga sea una actividad peligrosa, pues el que se asoma al abismo acaba atraído por él. Así surgen fenómenos como Thomas Harris, con dos obras cumbres del género, El dragón rojo y El silencio de los corderos.

VLC Negra. Cartel de Fernando Cervera.

VLC Negra. Cartel de Fernando Cervera.

Espejo deformante

Amo la novela negra. He leído miles y miles de títulos, seducida por esa negra cautivadora que siempre lleva un as en la manga. Un espejo deformante en el que se refleja nuestro lado más malévolo reprimido en lo más hondo y ofrece en bandeja el desafío intelectual de un estimulante enigma. No importa el número de  muertos que aparezcan, ni los litros de sangre derramada, sino el proceso que sigue el protagonista, bien sea madero, detective, periodista o ama de casa metida a sabuesa. Investigar, ponderar,  poner orden en el caos, dilucidar los hechos y descubrir la verdad con mayúsculas. Sea cual sea su calidad literaria, toda novela negra representa la eterna pugna entre lo racional y los instintos más primarios. La mente y la bestia.

Me pondrían en un brete si me obligaran elegir mis autores preferidos, pues son legión y mis gustos eclécticos. En estos momentos me viene a la mente Lemaitre por sus turbadoras y magistrales descripciones, como la espeluznante batalla de Álex contra las ratas mientras pende colgada en una jaula. También Fred Vargas que maquina prodigiosos argumentos rayanos en lo inverosímil, casi cuentos de hadas, pero tan bien relatados que los disfrutas y te los crees a pies juntillas. Desde Francisco García Pavón, creador de Plinio, Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, a los ingeniosos jeroglíficos de John Verdon, algo artificiosos pero resultones, la historia de mi vida está jalonada de títulos negros a todo color. Y espero poder añadir muchos más a esta siniestra y seductora biblioteca.

Rachel McAdams en Sherlock Holmes, versión cinematográfica de la novela de Arthur Conan Doyle.

Rachel McAdams en Sherlock Holmes, versión cinematográfica de la novela de Arthur Conan Doyle.

Bel Carrasco

Suspense más que negro en el Olympia

10 Negritos, de Agatha Chistie, bajo la dirección de Ricard Reguant
Teatro Olympia
C / San Vicente, 44. Valencia
Hasta el 13 de diciembre de 2015

10 Negritos es uno de los clásicos de género policial más conocidos y solicitados por el espectador de Agatha Christie. En esta ocasión la trama se desarrolla en una época cercana: los años 60. Es “la mejor idea de Agatha Christie”, reconocido por la propia autora, siendo la única pieza teatral que escribió (aunque se basara en su propia novela).

Escrita en 1943, ha batido todos los récords de espectadores y lectores, con unos 100 millones de copias vendidas, hasta el momento; siendo la novela de misterio más vendida de la historia y considerado dentro de los 10 libros más demandados de todos los tiempos. En teatro ha tenido el mayor de los éxitos junto al también emblemático título de esta misma autora, La Ratonera.

10 Negritos se ha estrenado en nuestro país tan solo en tres ocasiones a lo largo de los 70 años transcurridos desde su estreno en Londres. En el año 1958, de la mano de Arturo Serrano, en el Teatro Infanta Isabel. En 1973, de la mano de Esteban Polls, en el Teatro Alcázar de Madrid. La última, en el año 2000 bajo la dirección de Ricard Reguant y producida por Enrique Cornejo, con miles de representaciones en todo España.

Escena de 10 Negritos, de Ricard Reguant. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de 10 Negritos, de Ricard Reguant. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

De nuevo,  se unen  en este proyecto el director Ricard Reguant y los productores Enrique y Alain Cornejo, para atender una demanda del gran público teatral en torno a un género que nunca defrauda y que, como en esta ocasión, mantiene en vilo la atención e intriga del espectador.

Diez personas -el juez Lawrence Wargrave, la institutriz Vera Claythorne, el aventurero Philip Lombard, el general retirado John MacArthur, la solterona Emily Brent, el play boy Anthony Marston, el doctor en medicina Edward Armstrong, el detective privado y ex policía William Blore y los sirvientes Thomas y Ethel Rogers- reciben una invitación para pasar unas vacaciones en la Isla del Negro.

La invitación es sumamente atractiva, ya que se trata de una pequeña isla en la que solo existe una hermosa y gran mansión que fue construida por un millonario norteamericano, quien luego la vendió y nadie sabe hoy quién es el nuevo dueño. A cada uno de los invitados les llega la invitación por carta, firmada por una persona que dice haberlos conocido en el pasado en una situación que para todos es familiar aunque no recuerdan bien a la persona en cuestión. Sin embargo, todos aceptan gustosos la invitación, ya que la persona que los invita describe detalladamente el lugar y las circunstancias en que los conoció.

Escena de 10 Negritos. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de 10 Negritos. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Todos llegan a la isla el día señalado, y descubren que sus anfitriones, el señor y la señora U. N. Owen, no se encuentran allí, pero serán atendidos por los sirvientes, el señor y la señora Rogers, que hacen las funciones de mayordomo y cocinera respectivamente. Cada uno de los invitados encuentra en su habitación una copia de la canción infantil de los diez negritos enmarcada y colgada en la pared.

Esa noche, durante la cena, los invitados observan diez pequeñas figuras de porcelana, diez negritos, sobre la mesa del comedor. Tras la cena, una grabación les acusa uno por uno de haber sido culpables directa o indirectamente de la muerte de diversas personas en el pasado. Los invitados niegan las acusaciones y alegan que las muertes fueron accidentales y que, aunque quisieron ayudar a las víctimas, no pudieron.

Entonces se dan cuenta de que han sido engañados para ir a la isla con diversos pretextos, como una oferta de trabajo o el encuentro con una persona conocida. También se dan cuenta de que no pueden marcharse, ya que el barco que trae las provisiones, y supone la única comunicación con la costa no puede llegar debido a la tormenta. A partir de ese momento, los invitados empiezan a ser asesinados uno a uno, de forma similar a lo que dice cada estrofa de la canción, y cada vez que alguien muere, una de las figuras de los negritos desaparece.

¿Estos 10 personajes encerrados en la Isla del Negro son en realidad víctimas… o son asesinos? En estos 15 años hay al menos cuatro generaciones nuevas de espectadores que aún no conocen el final… y no vamos a desvelarlo, ¿verdad?

Escena de 10 Negritos. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de 10 Negritos. Imagen cortesía de Teatro Olympia.