Segundo premio. Isaki Lacuesta. Los Planetas

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‘Segundo premio’, de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez
Con Daniel Ibáñez, Cristalino, Stéphanie Magnin, Mafo y Eduardo Rejón, entre otros
109’, coproducción España-Francia, 2024
Biznaga de Oro a la mejor película, dirección y montaje en el 27 Festival de Málaga

“’Sé tú mismo’ / Repetimos una y otra vez /
Pero para ser yo mismo no tengo que ser”
(‘Un mundo de gente incompleta’, Los Planetas)

“Esto no es una película sobre Los Planetas. Esto es una película sobre la leyenda de Los Planetas”, rezan los títulos iniciales de la nueva obra de Isaki Lacuesta. Y es que ‘Segundo premio’, dirigida junto a Pol Rodríguez (‘Quatretondeta’), no es un biopic sobre la banda granadina de rock indie. Ni tampoco es una ficción. Los límites se difuminan; todo puede ocurrir. En este vasto terreno no hay contornos que coarten la vida, la fantasía, la música.

Se podría narrar una sinopsis sobre ‘Segundo premio’. La creación de un disco, las musas. Problemas entre los miembros del grupo. La hermandad. Los diablos que acechan en la noche. Los fantasmas. Nueva York. Pero sería un esfuerzo en vano. No importa tanto lo acontecido ni la veracidad de los hechos. Hay algo más trascendental, más significativo. La película de Lacuesta fomenta la fábula del grupo. Libre. Como sus letras, como sus discos.

La obra se sitúa principalmente en Granada. La ciudad, con sus muros y pedregosas calles, se convierte en un castillo envuelto por una niebla tan misteriosa como natural. Por sus angostos pasillos desfilan vampiros trasnochados al son de himnos generacionales. En sus almenas cohabitan lo documental y lo imaginario. Las puertas suspiran lastimosamente. A veces por un sueño con final confuso. Otras, por un recuerdo manifiesto.

Segundo premio. Isaki Lacuesta
‘Segundo premio’, de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez.

Al inicio del largometraje, Jota (Daniel Ibáñez) discute con su bajista (Stéphanie Magnin) por la inminente marcha del grupo de esta última. La cámara proyecta un crudo plano/contraplano con jump cuts para infringir frustración real. Ruptura, dolor. La historia verídica puede que no ocurriera así. No importa. Las sensaciones son certeras. La misma cámara, no obstante, se aleja de esta realidad cuando, de forma consciente, decide desenfocar el fondo que rodea a los integrantes de Los Planetas. Nada de lo de alrededor existe. Solo su historia, su quimera. Ocurren levitaciones, los fantasmas atraviesan paredes. Magia y tristeza.

Ya se trate de un documental ficcionado o de una ficción documental, en ‘Segundo premio’ existe un componente vital: el musical. Son los propios protagonistas del filme los que interpretan las canciones del largometraje. Se huye de postizos playbacks y se depositan las voces y los instrumentos del elenco. No se escucharán canciones propias de Los Planetas, tampoco son versiones. En su lugar se encuentran temas de ‘Segundo premio’. Existen única y exclusivamente en este extraño cuento.

No solo es importante la naturaleza de la música en el filme, sino también su colocación. La trama nunca se supedita a las canciones. Tampoco estas son un mero adorno. Surgen en los momentos adecuados y abrigan la obra, sea cual sea la atmósfera que esta requiera. Se amoldan a la naturaleza cambiante de la película y la dotan tanto de sensación de espejismos y ensueños como de crudeza y materialismo.

‘Segundo premio’ actúa como un trovador de la Edad Media. Se coloca en mitad de la plaza y con su laúd canta su propia versión de la historia de Los Planetas. Inexacta, a veces incongruente. Como ocurre con todas las leyendas, contiene el mismo porcentaje de biográfico como de fantástico. Pero, pese a su imprecisión, el público que escuche esta sonata repetirá su interpretación de la canción a las siguientes generaciones. Se aviva la llama. Se reviven los mitos.