Carrasco y Arahal

#MAKMAMúsica
Sandra Carrasco y David de Arahal
‘Recordando a Marchena’
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán 23, València
13 de febrero de 2026

Se intuía el soplo tibio de la noche. Caprichos de esa jornada, la misma noche no sabía cuándo debía dejarse caer porque el sol llevaba varios días sin fichar, descuidando calles, campos, mercados y ruidos, y el tiempo valenciano los recibió con mala cara.

Quería asomarse con gemidos al Centro Cultural Bancaja. Ya en la prueba sonido llegó a los móviles una alerta de Protección Civil por viento provocando la parálisis de un fandango dulcísimo que apenas había echado los primeros acordes.

La cantaora Sandra Carrasco y el guitarrista David de Arahal trajeron a esta orilla del mediterráneo una gavilla de cantes de Pepe Marchena, un cantaor agraciado por su talento y, también, por su inmodestia 
—si era bueno y lo sabía, qué iba a hacer el hombre con su agigantamiento—, recogidos en su disco ‘Recordando a Marchena’.

La tarde se quedó atrapada en los amarillos y rojos del ‘Tríptico de los dos horizontes’, de Juan Navarro Baldeweg. Quevedo dejó dicho que las palabras son como las monedas, que, una, vale más que muchas, como muchas no valen por una.

Como pasa a veces con las navajas, solo al final de algunas personas se encuentra su verdad. Ahí, justo ahí, entre una exquisita versión de, ay, ‘Pena penita’ y una primavera adelantada en un muro de colores, fue donde ocurrió la conversación que sigue, con las manos de un sevillano y la voz de una onubense como únicas maletas de este viaje al interior de cada uno y al pasado.

La cantaora Sandra Carrasco, durante la entrevista en Fundación Bancaja de València. Foto: Sergio Lacedonia.

Pepe Marchena, a quien Bobby Deglané llamaba “Maestro de maestros”, contaba que sus primeras referencias en el cante fueron los pájaros de su pueblo. ¿A quiénes consideráis los vuestros?

Sandra Carrasco (SC): Los albañiles de mi padre en la obra, porque recuerdo que la primera vez que me sentí impresionada por el cante fue un sábado que fui donde estaba trabajando. Mi padre era constructor y lo acompañé a supervisar una obra. Allí había un pintor y yo no me podía creer lo que estaba escuchando.

Me quedé sorprendida, le pregunté a mi padre quién era ese hombre, y me dijo: “Pues se llama Antonio y es un buen amigo mío, y si quiere, que venga a casa”. Y ese hombre estuvo viniendo muchísimas veces a mi casa, pues mi padre hacía muchas fiestas y Antonio venía a cantar, a celebrar la vida.

David de Arahal (DA): La guitarra estaba en mi casa cuando nací y era un regalo de la abuela de mi padre a mi padre. Fue él quien nos la puso en las manos, tanto a mis hermanos como a mí, que soy el pequeño. La verdad es que era un juguete para la edad de tres, cuatro años… Y esa misma guitarra, años después, ya con 10 u 11, se convirtió en el amor más grande.

La historia de este disco está llena de sutiles señales que lo han hecho posible. Surgió de un sueño, tras el fallecimiento de tu padre. Como si te diera fuerza desde otro sitio que ya no era el mundo. Pero antes ya había un deseo compartido de grabar a Marchena, durante el disco ‘Mar verde’.

S.C: El aliciente siempre fue Marchena. La unión nuestra siempre fue Pepe Marchena. A mí me llamó un amigo que tenemos en común, que es con el que hemos hecho el nuevo disco de sevillanas [‘Nunca me olvides’], Domi Serralbo, de Morón de la Frontera, para preguntarme si quería hacer ‘La Rosa’, de Marchena, en su estudio.

Le apetecía mucho que lo hiciera. Me dijo si sabía con quién podía hacerla y le contesté que con David de Arahal. Y él me contestó: «Pues qué bien, porque está aquí al lado». Y entonces —esto es curioso de contar— me encuentro a David en Cajasol, después de una actuación a la que fui a cantar de artista invitada con [la bailaora] Ana Morales.

Él estaba en la puerta. Entonces, le dije: “Domi me ha dicho de grabar ‘La Rosa’. Y David: «Sí, lo sé, te quería dar las gracias…». Mira si lo teníamos tan claro que nunca grabamos ‘La Rosa’ de Pepe Marchena, ahí se quedó. O sea, que es toda una sucesión de momentos extrañísimos que quiero pensar que son guiños del destino, guiños divinos.

‘La Rosa’ era la canción que Pastora Pavón solía pedirle a Marchena que le cantara. Otro guiño curioso, si tenemos en cuenta que estabais preparando un trabajo con la Niña de los Peines como divina excusa.

SC: Intentamos hacerle un homenaje a Pastora, pero nos surgió seguir con la segunda parte de ‘Recordando a Marchena’ y en eso estamos más centrados. Yo creo que Pastora vendrá, pero en otro momento.

¿Por dónde empezó la indagación en la obra de Marchena, tan enorme, tan variopinta y en algunos puntos tan espectacular? ¿Cómo se adaptan las sonoridades, se entallan los temas a la voz de Sandra y la guitarra de Arahal?

SC: Bueno, una mañana, nada más levantarme, me metí en internet y puse a Pepe Marchena y el primer vídeo que me salió, lo juro tal cual, lo vi como una señal y me puse a estudiar. Era el del polo del Tobalo. Automáticamente después llamé a David y le dije “me ha pasado esto, he tenido un mensaje de mi padre en sueños y además me ha dicho que fuera contigo”.

O sea, mi padre me dio todo tipo de indicaciones para que fuera con David, porque la última vez que mi padre me vio cantar fue la primera vez que trabajé con David. Me acuerdo de que a la vuelta me dijo: “Este es tu guitarrista, no lo pierdas porque esta es tu guitarra”. Esa voz la hemos integrado en el disco de sevillanas.

¡Qué maravilla! Y qué inquietante…

SC: Es todo… es todo sumamente perfecto. Como la naturaleza, como la vida…

El guitarrista David de Arahal, durante la entrevista en Fundación Bancaja. Foto: Sergio Lacedonia.

Parece que haya una predestinación a trabajar juntos y embarcarse en unos desafíos impresionantes.

DA: Sobre lo que comentabas del trabajo de selección de los cantes, la verdad es que no existe ningún método a nivel histórico o alguna pretensión que vaya más allá de provocar emoción. Escuchábamos sin pensar, toda la obra. Y de repente, algún cante nos emocionaba. Por ejemplo, a mí, la ‘Canción de los Luises’… se la enviaba a Sandra y le decía: “Escucha esto, yo lo veo por aquí, por allí…”. El afán era más de compartir…

SC: …Y de pasarlo bien. De hecho, muchas cosas de ‘Recordando a Marchena’ se quedaron en un cajón porque evidentemente tienes que sacrificar piezas, por eso ahora estamos eligiendo los cortes para la segunda parte que estrenaremos en la Bienal el 2 de octubre.

Ahora estamos haciendo rescate de las cosas que dejamos a medias y nos apetece mucho hacer. Como dice David, no hay cronología ni estudio histórico ni nada. Es todo mucho más sencillo y natural: te enamoras de un tema y lo haces tuyo.

Para esta segunda parte queremos recuperar dos cosas importantísimas que hizo Pepe y que no hizo nadie más: la doble malagueña y la doble taranta, que ya las tenemos casi.

DA: Entre medias también vamos a apuntar un cante que, que sepamos, sólo se ha grabado dos veces, porque ya la Niña de los Peines le puso otro título.

Y es…

DA: Hasta ahí podemos leer.

SC: Es un reto mayúsculo. Nos tenemos que poner a trabajar como esclavos.

¿Esa reflexión sobre la obra ajena ha ayudado a descubrir una parte de vosotros que desconocierais?

SC: Por supuesto. Es que ni siquiera lo sospechaba. Ha sido una sorpresa total, ha sido un asombro. Estamos con la inocencia de un niño al que todo le sorprende. Solo puedo darle las gracias a Pepe por haber aparecido en nuestra vida, habernos dado la oportunidad de conocernos más a nosotros mismos y de sanarnos, de sanar mi duelo.

Para mí, mi estudio fue haciendo ligero el doloroso duelo de mi padre y me sanó. Me encontré otro padre que me abrazó con su genialidad musical porque al final no deja de ser un genio, el genio de los genios de la época.

Con tanta emoción acumulada, las señales de las que hablábamos, los recuerdos adheridos a este trabajo… ¿se canta diferente? ¿Condiciona? ¿Os pegan a veces unos bajones fabulosos?

SC: No… al revés. Para mí fue una maravilla. Mientras mis hermanos lloraban, yo estudiaba porque sabía que era lo que tenía que hacer, porque era lo que él me había dicho que hiciera. Entonces me dijo: “No llores más, ponte a estudiar a Pepe Marchena”. Y fue lo que hice.

Para mí, este repertorio me encuentra con una sanación muy grande, ya te digo. Y, además, cada sílaba, cada palabra, es un reto también para el cante, pero yo sé que al final lo hemos hecho tantas veces que lo tenemos incorporado y lo único nos que queda es disfrutarlo.

DA: Es muy mágico porque partiendo del diálogo de guitarra y voz, o voz y guitarra, como lo queramos ver, se ha tratado la obra de Marchena con todo el cariño del mundo, la admiración y el respeto al flamenco. Cada sílaba que hay en este espectáculo está estudiada y vivida, de manera que nada es casualidad. No hemos querido un producto perfecto que quede hermético. La magia del arte es que a veces uno y uno no suman dos.

Hay días que se alarga un tercio y esa nota, ese acorde, hay que esperar a darlo. Hay otros en los que ni aparece. Siempre hay que estar intuyendo y eso necesita un rigor, un conocimiento y un estudio, en este caso de Pepe y de la figura de Sandra. Como guitarrista, intentar conocerla lo máximo posible. Raíces y alas…

La cantaora Sandra Carrasco, durante la entrevista. Foto: Sergio Lacedonia.

Juan Ramón Jiménez…

DA: Es importante tener las dos, identidad y libertad.

¿Sois de los que necesitan desconectar o de los que siempre están “creando” aunque no se den cuenta?

SC: Mi cabeza es una máquina de pensar muy fuerte, muchas veces me canso de mí misma, porque me brotan las ideas. Una cosa que encuentro también en la obra de Pepe es la creatividad que me aporta. A David, el pobre, le pongo la cabeza loca. Le digo: “David, mira esto, mira lo otro, aquí he pensado esto”, y él es el que siempre me aplaca.

Es verdad que somos buenísimos amigos y que nos vamos a comer y nos reímos de todo y claro que desconectamos. Lo que pasa es que en realidad es muy difícil desconectar a Sandra o a David Rodríguez. Somos apasionados de nuestro trabajo, vivimos para esto.

DA: También, al estar ella en Madrid y yo en Arahal compartimos mucho lo que nos pasa, ya sea en un taxi o en una actuación en Roma. La cabeza siempre está en funcionamiento, sea de camino a algún sitio o esperando dos horas en un aeropuerto. Por eso, cuando nos vemos aprovechamos muchísimo el tiempo.

SC: Vivir cada uno en un sitio nos obliga a aprovechar cuando coincidimos. ¿Has visto nuestra prueba de sonido? Buena parte de nuestro espectáculo está hecho con ensayos en las mismas pruebas, en los camerinos… montamos las cosas cuando podemos. Eso sí, hablamos mucho y guardamos alguna idea todos los días, la comentamos, la dejamos en favoritos para que repose…

Esto que te voy a contar es muy gracioso. Cuando allá por enero estábamos en Roma, a David se le ocurre una letra y le digo: “Grábala, corre”. La grabó en el taxi y él ese momento no se dio cuenta de la genialidad que estaba haciendo. Pues también lo hemos incorporado, la letra entera, en la nueva parte del disco de Marchena. Para mí es lo mejor de las alegrías, y no es de Pepe, es de David. Pepe también decía eso, que los artistas están obligados a crear dentro de lo que ya está hecho.

Sandra Carrasco y David de Arahal, durante la entrevista con Sergio Moreno, con la obra ‘Tríptico de los dos horizontes’, de Juan Navarro Baldeweg, al fondo, en Fundación Bancaja. Foto: Sergio Lacedonia.

Ensanchar los márgenes…

SC: Eso es, tal cual.

DA: En cuanto a las formas, cada artista le puede dar la suya, pero el concepto es lo que creo que en este caso dejó Pepe Marchena. Los artistas que lo seguimos, con toda la humildad y el respeto del mundo y el cariño, tenemos que intentar llevarlo a nuestro terreno, a nuestra creatividad.

¿Cómo ha cambiado el flamenco estos últimos 20 años? ¿Hay nostalgia de las noches en Cardamomo, Casa Patas, Villa Rosa…?

DA: Entre nosotros ha surgido algo mágico. Se ha establecido una especie de marca que forman Sandra Carrasco y David Arahal. El tratamiento y el lugar que Sandra le da a la guitarra me hace mucha ilusión y me da mucha alegría. Me la da por mí y, por responderte a la pregunta, por todos los compañeros guitarristas que hace cinco o seis que no aparecían en los carteles de ningún festival.

SC: Se ha contagiado, de forma positiva. Eso lo he defendido siempre porque yo he sentido que no hacía nada sin él, que era mi equipo, no una persona que viene a tocarme como ocurre en los tablaos, donde que cada uno hace lo suyo. El caso es que aquí hay una creación de dos.

Mi cabeza no para, pero la de él tampoco. A lo mejor pongo una idea sobre de la mesa y él la remata o al revés. Es lo que ha ocurrido con el disco de sevillanas. Yo le doy un montón de ideas desordenadas y él me las devuelve convertidas en una sevillana como no se había hecho otra.

DA: El flamenco en eso tiende más al individualismo. Se dice mucho: “Cómo toca, cómo canta…”. Cuando toca una orquesta entera no dices: “Joer, el del violín cómo lo está haciendo”. Suena grupal, colectivo…

Si el del violín tiene un solo…

SC: Claro, pero al final es un equipo sonando.

DA: Nosotros lo vemos como varios corazones sonando, pero con un mismo mensaje.

SC: De alguna manera, esa energía del individualismo desaparece. Hacemos esto a favor de la música. Yo no quiero que me escuchen a mí más que a la guitarra ni al revés.

No como una sucesión de monólogos para lucirse cada uno e impresionar al resto.

SC: No nos gusta ver la música así. David es una persona que cuando nos ponemos a trabajar no hace nada para que la guitarra salga ganadora, sino el cante.

DA: Cante y toque tienen que darse la mano y reforzar el mensaje de las letras. Si trata sobre la luna no puede haber guitarrazos que destrocen esa atmósfera y esa intención. O con una tragedia no se pude poner una guitarra ambigua, que no diga nada.

SC: David tiene un don. Hay guitarristas, hay tocadores, hay concertistas, hay repetidores y hay creadores que te tocan la fibra bien fuerte.

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¿Hay algo, estrictamente musical o promocional, que no estaríais dispuestos a hacer ni por una cantidad de dinero mareante?

SC: Pues mira, vestirme como no quiero, enseñar alguna parte de mi cuerpo que no me apetece, hacer dúos con gente que no admiro y que para mí están fuera completamente de la idiosincrasia del flamenco. Esto no quiere decir que, por ejemplo, no me parezca bien el Omega, de Enrique Morente; esas cosas me parecen una genialidad. Pero es que hoy en día no la hay, el criterio está completamente en otro sitio.

DA: El arte tiene que sobresalir, no puede ser un complemento del personaje. Eso me hace cuestionarme muchas veces en qué dirección vamos.

SC: Al final somos espejos y a la vez el reflejo de la generación que viene. Si no aprovechamos y cuidamos lo que nos han dejado nuestros mayores y dejamos algo bueno, de calidad, entramos en lo efímero.

La fama puede durar un día. Pero el arte, el gusto por la música y la dignidad no pasan nunca de moda. Eso perdura. Lo importante es que, si nos vamos a morir, que dejemos aquí algo bonito, importante, bien hecho. Y dejarnos de pamplinas y tonterías.

DA: Yo siempre digo que la madre de la guitarra flamenca son pequeños gestos en la música de los que rara vez daremos con la autoría exacta. Y fíjate qué cosa tan grande que a partir de esos pequeños gestos se han creado los estilos y de esos estilos las grandes obras que después han dejado todos los grandes maestros. ¿Qué te quiero decir? Que han importado más las aportaciones, la música, que los nombres. Esa es la auténtica revolución del flamenco.

Carrasco y Arahal
Sandra Carrasco y David de Arahal, guitarra en mano, en la entrevista en Fundación Bancaja de València. Foto: Sergio Lacedonia.