Paola Ruiz
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Todavía recuerdo tus primeros pasos por la Facultad de Bellas Artes de Altea… Siempre tan ilusionada y creativa, ya destacabas entre la primera generación de artistas que comenzó su formación en la UMH.

Si, ¡Que buenos tiempos¡ Me imagino el primer día de clase, transportando los 12 kilos de arcilla para la clase de escultura con la ayuda de mi madre, mientras caminaba por el jardín, viendo a mis compañeros dibujar. Y pensé: “Este es mi lugar, mi elemento, donde quiero estar”.

En 1999 iniciaste tu trayectoria artística, compaginado la investigación, la formación y la docencia. Terminaste la licenciatura en la UPV en 2003 y el doctorado en la UCM en 2009. ¿Si tuvieras que enfundarte una piel de artista, cual sería tú traje mas representativo?

Parafraseando a la científica Louise Elisabeth de Meuron –conocida como Madame de Meuron, científica suiza excéntrica, inspirada por la Bióloga Suzanne Simard y el científico Ramón y Cajal–: escultora e investigadora excéntrica, ya que me gusta alejarme del centro, de lo conocido y abrir nuevos campos de experimentación, en los que relaciono el arte, ciencia y ecología.

Paola Ruiz
‘Laberinto entre montañas, materia, cuerpo y
espacio’ (Kh Messen, Noruega 2019), de Paola Ruiz. Fotografía cortesía de la artista.

En tus proyectos anteriores no has dejado de investigar con materiales orgánicos y fibras vegetales textiles y has tejido instalaciones escultóricas sostenibles. ¿Qué quieres decir cuando hablas de ‘Arquiescultura’?

Siento gran conexión con la naturaleza y entiendo la instalación escultórica como una experiencia, una nueva percepción del espacio temporal, huyendo de la ciudad panorámica como modelo, para construir nuevas realidades. Un camino de doble dirección entre la arquitectura y la escultura.

El doctorado me aportó poder desarrollar la investigación, centrada en el espacio, el vacío y la materia, culminando en la tesis ‘El vacío como síntesis del lenguaje sonoro’ (UCM), cuyo objetivo fue la redefinición del espacio escultórico y las conexiones entre este y el arte sonoro.

¿Cuáles han sido tus primeros momentos constelación de proyecto? Qué ha marcado tu trayectoria a lo largo de los años?

Si cierro los ojos y pienso en mis puntos cardinales….

El primer punto cardinal. Recuerdo una cita de Carmen Laforet: “La casa se quedó llena de ecos, gruñendo como un animal viejo”. Una vez terminada de leer su novela ‘Nada’, múltiples pensamientos me invadieron y surgieron los primeros bocetos del proyecto, que dieron lugar al proyecto ‘Espacios vividos’, seleccionado con la beca de creación artística y estancia en la Casa Velázquez, seleccionada directamente por el Ministerio de Enseñanza Superior e Investigación de Francia, con sede en Madrid, durante 2008 y 2009.

‘Espacios vividos’, Casa de Velázquez 2008. (Izda) Trabajando en el jardín para la exposición durante jornada de puertas abiertas con motivo de ARCO’08. Al fondo, el taller y residencia de la artista. (Drcha) Pieza dentro del taller.

Interpretando la técnica artesanal ancestral, bajo una mirada artística contemporánea. Dibujando con mis manos, esculturas en el espacio vacío. Piezas en las que historia, tradición y ecología sirvieron como pretexto temático para la instalación escultórica.

El segundo punto cardinal. Cuando salí de España, emprendí un viaje en tren; metafóricamente hablando, cada parada que hacía estaba llena de experiencias, estancias en centros de investigación internacionales de reconocido prestigio, en países como China (Pekín), Noruega, Finlandia y Países Bajos, destacando la beca postdoctoral del Ministerio de Cultura de promoción de arte en el extranjero, dándome la oportunidad de estancia en el centro de arte en la profundidad de los Fiordos [Noruega, 2013], así como la estancia en la Casa Museo de Van Gogh, Centro de Arte y Cultura Brabante (en Zundert, Holanda).

Aún me emociono al trasladarme en el tiempo y pensar: “He dormido en la habitación de Van Gogh, en el lugar de su residencia familiar. ¿Cómo ha sido posible? He desayunado en el jardín de los girasoles, vivido en la casa familiar”… No me lo creo.

Revisando tus aventuras, nos encantaría conocer cómo una chica como tú llevó a cabo un proyecto en una ciudad como Pekín.

Fue una experiencia que me dio alas y aprendí a volar. China da mucho para hablar; me quede tan impactada y fascinada al llegar al aeropuerto que fui para tres meses y me quede dos años. Los primeros días no podía ni cruzar la calle… Utilizaba el dibujo como estrategia para recordar los nombres de las calles, la comida… Aprendí de su cultura, el origen del papel, surgieron esculturas de hilo dentro de los libros…

Como a todo artista, me encantaría conocer alguna de tus historias más peculiares. Algún detalle anecdótico…

Algo de todo ello nos llevaría al tercer punto cardinal: la exposición colectiva ‘Sustratos’, con la obra ‘Refugio‘, en la Sala Muralla del IVAM, en 2013, trasladando el campo de trigo a la ciudad, donde el público podía caminar dentro de la pieza, dejándose llevar por un mundo de sensaciones, un lugar de recogimiento, piezas que se podían oler, tocar, escuchar, pisar…

‘Refugio’, de Paola Ruiz, en el marco de la exposición ‘Sustratos’ (Sala Muralla del IVAM, 2013-14).

Estaba en Finlandia, en la residencia situada en medio de un parque nacional, Kolin Ryynänen, cuando se puso en contacto conmigo el comisario de la muestra, Nilo Casares. Desde pequeña, mis padres me llevaban todos los domingos a las exposiciones del IVAM y me sentaba horas disfrutando de las obras de los artistas; nunca imaginé que, algún día, tendría la oportunidad de realizar un proyecto in situ dentro de la Sala Muralla, trabajar dentro del museo.

¿Qué te ha motivado más en el momento de iniciar un proyecto?

Mi padre siempre me dice que la vida es como montar en bicicleta: mientras sigas pedaleando, no te caes. Me interesa la colaboración con otros artistas, conocer otras culturas, experiencias que vas acumulando a lo largo del tiempo y la constancia y trabajo, perseverancia, la pasión, la lucha …

Por ejemplo, en línea con trabajos anteriores, la obra ‘Refugio’ surge tras mi participación en un campo de trabajo en Grado, recogiendo el cereal escanda, colaborando junto con otros jóvenes para preservar la cultura de la zona. Fue la génesis de esta exposición, en el Museo Barjola de Gijón, en 2009 (proyecto becado en ALNORTE’09, en la VIII Semana Nacional de Arte Contemporáneo en Asturias, comisariado por Ángel Antonio Rodríguez), instalación adaptada al lugar de intervención, como en la Delegación de Asturias en Madrid, en 2009.

¿Qué figura geométrica escogerías para hablar de tu recorrido?

El círculo, ya que estoy en continuo movimiento y estoy volviendo a mis orígenes; me interesa desarrollar conceptos planteados en mi tesis doctoral, en el que toma protagonismo el vacío y el espacio sonoro. Un intento de poner en obra un pensar del ‘Vacío’: he aquí una tarea de tensión en la que me he planteado muchas preguntas.

Proceso de investigación durante la estancia de Paola Ruiz en la residencia internacional Joutsa de Tuotuo (Finlandia, 2020). Fotografía cortesía de la artista.

¿Cómo vuelves a tus orígenes?

Mediante la simbiosis con el entorno que me rodea. Una conexión con la naturaleza, el mar. Experimentos entre el “ruido” y “no-sonido”, el dibujo como método de documentación y formas de preservar la práctica, recolección, tratamiento y conservación de las algas, creando notaciones gráficas musicales, que transformo en no-sonido, en las que imagino cómo se comunican las algas entre sí, estableciendo una red bajo los océanos, a través de sus raíces.

Entiendo la escultura como un ser vivo, cuyas arterias transmiten agua y energía, en la que la red eléctrica funciona como un sistema nervioso. Me planteo: ¿cómo nos relacionamos nosotros, como artistas, con los entornos, sin alterar los ecosistemas?.

¿Cuál es tu momento actual?

Actualmente, pertenezco al área de didáctica de la expresión plástica, en la figura de ayudante doctor tipo II, miembro del Departamento de Educación y Didácticas Específicas, en la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la UJI.

En estos momentos, estoy explorando la relación entre la estructura intracelular de las algas con el sistema nervioso humano en la zona intermareal, escuchando el ‘Lenguaje de las algas’. Investigo las ondas de sonido que producen las células y tejidos vegetales que nos rodean, su estructura interna, “su energía”, dando lugar a imágenes visuales, las cuales transformo en código de sonido 2D, dando forma a una composición: ‘Psicografía sonora. El Lenguaje de las algas’.

Un proyecto que se aproxima a un trabajo pseudocientífico de neurobiología y sinapsis de las plantas, reproduciendo fenómenos imperceptibles de la naturaleza, cuya interpretación gráfica transformamos en biosonido, utilizando el “ruido” y “no-sonido” como medio performático.

Todo ello dio lugar a una instalación escultórica sonora, cuyo objetivo es “escuchar el lenguaje de las algas” por medio de la construcción de un laboratorio ficticio. De este modo, obtengo los colores tras un proceso experimental, práctica que deriva de la alquimia, un trabajo experimental del cual desconozco el final.

Su inicio se remonta a mi participación en el ‘Congreso de las algas’ durante el Festival Internacional de Arte en las Islas Lofoten, en Noruega (LIAF), en 2019, y lo retomo durante la pandemia, en la residencia internacional de artistas TUO TUO, en Finlandia, durante 2020, culminando en la residencia del Museo de la Universidad de Alicante (MUA) el pasado septiembre, donde se establecen relaciones y vínculos bajo una nueva mirada, en el entorno cercano de las playas de Alicante inanciado por Ayudas a la creación, Fondo Asistencial y Cultural de VEGAP, dentro del programa ‘Ayudas a la creación SOS. Arte/Cultura 2020/2021’].

‘El lenguaje de las algas’, de Paola Ruiz, en el Museo de la Universidad de Alicante, en 2020.

Si habláramos de magia, poesía sensorial y tecnología, hablaríamos también de tu obra.

¿Podrías comentarnos algo sobre tus partituras y dibujos?

Utilizo el código de barras 2D para generar el audio de la instalación, al traducir los dibujos como notaciones gráficas ‘musicales = biosonido’. Inspirada en artistas como John Milton Cage, siendo la representación gráfica del sonido –una analogía con el código QR (el código se puede leer en tiempo real con los móviles)–.

Utilizando una app libre que se basa en el motor virtual ANS: un simulador de software del exclusivo sintetizador ruso ANS –un instrumento musical fotoelectrónico creado por Evgeny Murzin de 1938 a 1958–. El ANS hizo posible dibujar música en forma de espectrograma (sonograma) utilizando la aplicación PhonoPaper. El uso del teléfono nos da inmediatez jugando con el concepto aquí/ahora. Por otro lado, me pregunto sobre el uso de la tecnología y la influencia que esta tiene en el ser humano, en la naturaleza y la transformación al entender nuevas concepciones del paisaje.

El espectador deja de ser un visitante para convertirse en parte de la obra sonora, ya que puede escuchar el código, las fotografías sonoras en tiempo real usando sus móviles y se generarán diferentes composiciones musicales, que se reproducirán entre el proceso intencional y accidental, al moverse mas rápido o lento.

Formarán así, parte de la creación de la ‘Orquesta emocional de las algas’.

Visto desde fuera, vas afianzando tus pasos en un mundo tridimensional que afecta a tu mirada personal. Si te dijeran: “Te queda un minuto”, ¿qué nos contarías?

Terminaría con una pregunta: ¿mirar nuestro entorno es la escultura?

Silvia Mercé

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